martes, 30 de julio de 2019

Evento del mes de julio

Publicado por David Arbizu

MATERIALES QUE FORMAN EL NÚCLEO TERRESTRE ASCIENDEN HASTA LA SUPERFICIE DEL PLANETA
Actualmente es ampliamente conocido el hecho de que la superficie de la Tierra está formada por placas tectónicas y que estas placas se mueven, se desplazan. Ese desplazamiento da origen a la “deriva continental”, una teoría desarrollada en 1912 por Alfred Wegener, meteorólogo y geofísico alemán, que en su momento no fue reconocida por la mayoría de la comunidad científica porque carecía de explicaciones verdaderamente verificables. La teoría de la deriva continental representó el origen de lo que ahora conocemos como “tectónica de placas”, que se desarrolló en la década de 1960 y explica los diversos movimientos e interacciones de las placas tectónicas al desplazarse sobre el manto terrestre fluido y, consecuentemente, la formación de la orogénesis, del relieve de la superficie, junto con todo lo relacionado con los movimientos sísmicos y las erupciones volcánicas.

Las placas tectónicas forman la litosfera, la parte rígida de la corteza terrestre que incluye la corteza y la parte superior del manto. Las placas flotan sobre la astenosfera, que es la capa que está bajo la litosfera y que en parte está fundida y por lo tanto es mucho menos rígida. Existen varias fuerzas que provocan el movimiento de las placas tectónicas, como la fuerza de la gravedad, las diferencias de temperatura y densidad entre las capas e incluso dentro de una misma capa, el impacto de los rayos solares, eventos climáticos poderosos como grandes huracanes, los movimientos del planeta, etc. Todas estas fuerzas y condiciones provocan la creación de corrientes de convección, desde las que los materiales más calientes y menos pesados se elevan hacia la superficie y los más fríos, densos y pesados descienden hacia el interior del manto.

Estas corrientes de convección son verdaderas corrientes de renovación y reposición de nuevos materiales “reciclados” que llegan a la superficie desde diversas capas del manto terrestre, pero también representan enormes energías de absorción de materiales de la superficie hacia el interior, con lo que se cierra todo el ciclo convectivo. Los lugares donde los límites de las placas tienen un movimiento divergente, de separación entre ellas, algo más frecuente en zonas oceánicas, son los de salida de material del interior del manto, mientras que las zonas de subducción, donde una placa se hunde bajo otra, representan los lugares donde la superficie de una placa se introduce hacia el interior, normalmente provocando una gran tensión que acaba repercutiendo en movimientos sísmicos e incluso presiones sobre el magma que pueden encontrar una salida a través de chimeneas volcánicas.

Lo que hasta ahora no se sabía con certeza era si otras capas más profundas del planeta también intercambian materia entre ellas, pero gracias a una nueva investigación sobre las interacciones químicas del núcleo terrestre con el manto, publicada en la revista Geochemical Perspectives Letters en junio de 2019, se ha demostrado que material del núcleo terrestre llega hasta la superficie a través de movimientos y corrientes ascendentes, y que esto es algo que ha estado sucediendo especialmente durante los últimos 2.500 millones de años.

Para llegar a esta conclusión, el estudio se centró en los componentes que forman el núcleo terrestre, donde, aparte del hierro y el níquel, destacan otros elementos como el platino, el oro y el tungsteno. Mediante el examen de rocas volcánicas muy antiguas de zonas concretas de Australia, de la Isla Reunión (Océano Índico oeste) y del Archipiélago Kerguelen (Océano Índico sur), se ha detectado la presencia de isótopos de tungsteno, que se sabe que se encuentran en el núcleo externo del planeta pero no en capas superiores, lo cual ha llevado a los investigadores a la conclusión de que este material llegó a la superficie pasando y subiendo a través del manto y que, por lo tanto, existe una interacción en forma de fugas y emisiones desde el núcleo hacia las capas superiores.

La investigación también aporta otros datos curiosos, como que este movimiento de material empezó hace 2.500 millones de años, pero prácticamente no lo hubo anteriormente (hablamos de hace entre 2.700 y 4.300 millones de años). También se considera que existe un aumento de la concentración de oxígeno en la parte que separa el núcleo del manto y que eso puede favorecer la salida del tungsteno. Por otro lado, otras observaciones señalan que el núcleo interno se está solidificando y eso también provocaría la concentración de oxígeno en el núcleo externo.

En todo caso, queda probado que existe esa interacción a través de lo que sería un gran movimiento ascendente que empuja el material desde el núcleo hacia el exterior y que ese movimiento estaría a su vez formado por otros movimientos de convección entre capa y capa, como parte de una gran pluma ascendente que no solo se limita a las ya conocidas entre las capas inferiores del manto y la litosfera y superficie del planeta.


También es interesante que este inicio del movimiento ascendente de material desde el núcleo de la Tierra empezara hace unos 2.500 millones de años y que esto coincida con la formación de partes de la superficie del planeta que, en algunos casos, se han mantenido y se siguen manteniendo en la actualidad. Dicho de otro modo, anteriormente a los 2.500 millones de años que representan ese inicio de la filtración desde el núcleo hacia el exterior, hubo mucho menos movimiento en la corteza en cuanto a lo que llamaríamos la formación de continentes, se podría decir que las grandes masas de tierra se mantuvieron estables durante mucho más tiempo, aunque estemos hablando de un período de unos 2.000 millones de años y de fechas más próximas al nacimiento del planeta, por eso hay una coincidencia directa entre ese inicio de interacción desde el núcleo, que el estudio señala que empezó hace 2.500 millones de años, y todos los grandes movimientos más seguidos, con sus fusiones y separaciones, que a partir de entonces han generado formas diversas de continentes y océanos sobre nuestro planeta.

Algo que creo que es muy importante es que se sigue desconociendo la verdadera naturaleza del planeta, tanto a nivel científico como a cualquier otro nivel. No se considera que el planeta es una entidad viva, con sistemas que se rigen por respuestas y reacciones a las situaciones que van afectando su equilibrio, tanto desde la capa más externa de la atmósfera hasta el punto más interno de su núcleo. Además, se trata de un planeta de 4,7 mil millones de años, con ciclos y pautas de funcionamiento que pueden durar cientos, miles, quizás millones de años y que nosotros, los humanos, todavía no somos capaces de asimilar ni de comprender y, por lo tanto, tampoco de respetar. Así que algo que para nosotros es sorprendente y que por supuesto es importante y nos acerca más a esa comprensión e interés por el planeta, como es ese movimiento e interacción desde el núcleo hasta la superficie, para el planeta puede representar haber puesto en marcha un nuevo ciclo que considera necesario para su buen funcionamiento, para su estabilidad, para su evolución, incluso para la supervivencia y futuro de los seres que lo habitamos. Si llegamos a observar la realidad del ser planetario como esa entidad viva, también lo podremos observar como un cuerpo planetario, como una gran estructura compleja que se rige por unos ciclos que pueden ser difíciles de comprender desde nuestra mente pequeña, que solo hace mediciones desde puntos de vista reducidos a nuestra propia realidad y basándose en un conocimiento que consideramos muy avanzado pero que no es capaz de tener esa necesaria amplitud de visión y de comprensión.


A raíz de este estudio que se acaba de publicar, también se espera que los resultados aporten información más precisa sobre el funcionamiento y evolución del núcleo de la Tierra, algo muy importante porque representa el origen del campo magnético de la Tierra, de una de nuestras principales capas protectoras, pero que también está directamente relacionado con la gravedad, con los movimientos del planeta, con toda la estabilidad que requiere la biosfera. Para mí, si existe un movimiento ascendente también existe la otra parte que forma la convección, la parte descendente, la parte que vuelve de camino al núcleo, hacia las partes más internas, desde la superficie. Seguro que este gran movimiento, tal como ya se ha comprobado que sucede con las corrientes de convección entre el manto y la superficie, también forma parte de la regulación y equilibrio de los patrones climáticos, de ciclos imprescindibles que todavía desconocemos y que forman parte de este magnífico y bello planeta que hemos de dejar de destruir para empezar a reconstruir, a reparar, a purificar, sacando también a nuestra propia superficie toda la energía pura de nuestro núcleo personal, humano, para poder seguir disfrutando de la vida y de toda la belleza de la Madre Tierra.


Fuentes:
https://amp.europapress.es/ciencia/habitat-y-clima/noticia-evidencia-fugas-nucleo-terrestre-20190710172315.html?__twitter_impression=true&fbclid=IwAR0Xdt0qGzAeCfxAw0GK5W8lun_Nh-5HXqB6mNO9S9FiIkW_RNFVLayMuqQ
https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_supercontinents
https://actualidad.rt.com/actualidad/320920-detectar-fugas-nucleo-tierra-afectar-magnetosfera?fbclid=IwAR0eh8Zy8LvMw3nJJkr9wvsKRH3XzijK8mdhE4FGM2GCmk7RdVChP-yfQgo
https://www.lifeder.com/corrientes-de-conveccion/
https://geografiaplena.wordpress.com/2013/07/02/placas-tectonicas-celdas-de-conveccion/
https://www.meteorologiaenred.com/nucleo-de-la-tierra.html

domingo, 30 de junio de 2019

Evento del mes de junio

Publicado por David Arbizu

LAS CIUDADES Y EL CAMBIO CLIMÁTICO: LAS ISLAS DE CALOR 
Hoy en día, alrededor del 55 por ciento de la población mundial vive en áreas urbanas, áreas desde donde se generan, aproximadamente, el 70 por ciento de todas las emisiones anuales de carbono. Para el año 2030, se prevé que la cifra de personas viviendo en ciudades se acerque al 65% de la población mundial y que, si no se desarrollan y ponen en marcha potentes cambios para evitarlo, se multiplicarán las emisiones de carbono de las ciudades y, consecuentemente, las de todo el planeta.

En muchos países ya hace muchos años que se experimenta una migración de zonas rurales a zonas urbanas y, en especial, a grandes ciudades. Conforme aumentan las consecuencias de la crisis climática que sufre nuestro planeta, irá en aumento lo que se conoce como "migración climática" o movimiento de "refugiados climáticos", de manera que las ciudades serán, cada vez más, una pieza clave del futuro próximo que vamos a afrontar y será de vital importancia su rol y su responsabilidad para convertirse en piezas clave de la implementación y consolidación de medidas y avances que aseguren la supervivencia de sus habitantes pero también la de todo el planeta.

Uno de los fenómenos y términos que cada vez es de más actualidad es el de “islas de calor” o “islas de calor urbano” (UHI, por sus siglas en inglés) de las ciudades. Una isla de calor urbano es un área urbana o área metropolitana que es significativamente más cálida que sus áreas rurales circundantes debido a actividades humanas, al propio establecimiento y crecimiento de la ciudad y a su relación con el entorno, con la naturaleza, a si ha imperado la fuerza de la expansión y la construcción por encima del estudio y respeto de cada ecosistema, de cada parte de la superficie que iba a ser absorbida y urbanizada.

Cada ciudad necesitaría un estudio concreto debido a sus condiciones particulares, a todo lo que forma su medio ambiente. En este sentido, se podría analizar si la ciudad está en una zona elevada o baja, si tiene montañas o no a su alrededor, si es una ciudad costera o de interior, así como todo lo relacionado con los patrones climáticos correspondientes a su ubicación geográfica en el planeta. Al mismo tiempo, hay algunos factores que impulsan las islas de calor que se pueden considerar generales y todos están directamente relacionados con la gestión y desarrollo que han tenido las ciudades, por eso se observa cómo las islas de calor son impactantes en grandes ciudades con cascos antiguos, con núcleos o centros históricos desde donde la ciudad se ha ido expandiendo sin respetar la naturaleza circundante, eliminando o cubriendo zonas que ahora serían clave para la buena respiración de la ciudad. Tal como indica la doctora Elda Luyando, investigadora del grupo de Cambio Climático y Radiación Solar del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México): "Es importante señalar que este fenómeno es un producto de la forma en que han crecido las ciudades y no algo propio de las cuestiones meteorológicas".


Está claro que la urbanización de las ciudades, sus patrones operativos, el respeto que se haya tenido por las partes de tierra, de áreas verdes y también de cuerpos de agua, van a ser determinantes para que se desarrollen islas de calor, por eso se considera que la principal causa de la isla de calor urbano es la modificación de las superficies donde se ubica la ciudad, algo completamente vinculado al “albedo” o capacidad de reflejar la radiación solar. El ser humano se ha dedicado a cubrir la tierra, incluso los afluentes y ríos, alterándolos y encauzándolos, haciendo variaciones a su antojo sin preocuparse por otros seres, por otros intereses, por el equilibrio de los sistemas que rigen el planeta y cada una de sus áreas. Dentro de ese cubrimiento de las superficies, se han utilizado exageradamente el cemento y el asfalto, materiales que no reflejan la radiación sino que la absorben y la vuelven a emitir en forma de calor. También la construcción de grandes edificios, que en muchos casos son de colores oscuros, y toda su concentración, que bloquea el paso del viento, aumentan esa absorción de calor. Otros factores que provocan las islas de calor están relacionados con el tráfico, con todos los vehículos absorbiendo calor y liberándolo al aire. También las actividades industriales que se llevan a cabo en la ciudad son fuentes de calor y todo lo hasta ahora expuesto, además, involucra factores altamente contaminantes que crean bolsas de humo insalubre sobre las ciudades y un potente efecto invernadero que favorece que todos esos gases se mantengan sobre la ciudad con consecuencias nefastas para la salud de sus habitantes. Por último, nombrar la importancia de que haya mayor o menor densidad de población y todo lo relacionado con el consumo, especialmente el de productos que consumen energía como ordenadores, aparatos de refrigeración y otros electrodomésticos que liberan calor, algo que en muchos casos conduce a un círculo vicioso donde aumenta el consumo de energía por el uso de sistemas de enfriamiento que a su vez están provocando una gran emisión de calor sobre la ciudad.


Podría exponer muchos más factores cuyos efectos están relacionados con las islas de calor, como la luz nocturna, toda la energía que mueven los residuos que genera la ciudad a diario, incluso si la ciudad tiene muchas instalaciones subterráneas, como, por ejemplo, red ferroviaria y de transporte subterráneo, con estaciones donde se forman grandes acumulaciones de calor, zonas subterráneas de estacionamiento de vehículos, etc. Todos son factores fruto de la actividad antropogénica y esta actividad y expansión del ser humano y de sus ciudades también ha provocado la eliminación, disminución y/o deterioro de la vegetación del área donde se ubica la ciudad. Para los científicos, los árboles y las plantas tienen un papel crucial debido a la evapotranspiración, a través de la cual se transporta el calor hacia arriba desde las zonas más cercanas al suelo, algo que se añade al beneficioso proceso de transpiración de árboles y plantas. Además, la vegetación absorbe humedad y agua, incluso desde sus raíces, y el aire seco aspira esa agua convirtiéndola en vapor de agua gaseoso, de manera que este proceso provoca el enfriamiento del aire, ya que hay que diferenciar humedad de calor. Junto con la vegetación, encontramos el cubrimiento de la tierra por materiales que no permiten que respire, materiales que absorben y emiten calor y evitan una correcta absorción de la refrescante agua de lluvia, que acaba en los sistemas de alcantarillado sin aportar sus beneficios al ambiente. En algunas ciudades también se han eliminado o cubierto caminos naturales de agua, incluso se ha permitido que se secaran cuerpos de agua como estanques o pequeños lagos, afectando al equilibrio de la atmósfera de la zona, al nivel de humedad y de control de las temperaturas, aparte de todo el daño que se ha podido causar sobre acuíferos naturales subterráneos y reservas de agua que ahora sí que se querrían tener porque se vuelven muy necesarios para el abastecimiento de agua general.

Las soluciones que se pueden desarrollar e implementar van a ser diferentes para cada ciudad, aunque algunas puedan ser de más fácil aplicación por la mayoría. Está claro que se van a tener que plantar más árboles y plantas y cuidar y fomentar las zonas ajardinadas y parques. Los árboles son seres que, además de la importancia de la sombra que generan, aportan sostenibilidad a la ciudad: limpian y enfrían el aire, regulan las temperaturas, respaldan la calidad del agua y administran el flujo, así que contrarrestan el efecto de la isla de calor y además brindan beneficios notables y contrastados sobre la salud mental y física de los habitantes. También es importante que las ciudades tengan zonas de agua cuidadas y que todo flujo de agua mantenga su pureza y movimiento natural. Algunas ciudades, tanto por su situación como por su economía y peor planificación de su crecimiento, no van a poder cuidar, recuperar y aumentar sus zonas verdes y sus zonas o corrientes de agua, pero en todo caso hay un movimiento global y una mayor comprensión para enfocarse en ello y aprovechar las cualidades propias de cada ciudad. Para ello es importante que haya comunicación y coordinación entre los diversos departamentos que rigen la ciudad en cuanto a parques y naturaleza y los departamentos enfocados a la expansión y construcción urbana, al control de la contaminación y también de la salud pública.


Estamos siendo testigos de cómo muchas ciudades están liderando muchas acciones contra el cambio climático y todo lo relacionado con emisión de gases de efecto invernadero y la implantación de fuentes de energía más limpias y saludables. Algunas soluciones que se están llevando a cabo para afrontar el fenómeno de la isla de calor, que además provoca que las olas de calor puedan ser cada vez más fuertes y persistentes, incluyen pintar las calles de blanco, que es una iniciativa de algunas ciudades como Los Ángeles, o reemplazar algunos pavimentos por materiales permeables que absorben el agua de lluvia y aumentan la capacidad de evaporación, como se ha hecho en Melbourne. Otro movimiento que se ha hecho muy popular es el conocido como “techos verdes” o “techos frescos”, que significa cubrir los techos de los edificios con vegetación, algo que enfría el aire próximo y además reduce la necesidad de utilizar sistemas de enfriamiento en el edificio. También, como se está haciendo en Nueva York, miles de voluntarios han pintado techos de edificios con materiales más reflectantes.

Al mismo tiempo, aumenta la preocupación por el cuidado y mantenimiento de los espacios verdes de las ciudades y por evitar al máximo la utilización de aparatos que consuman energía y contaminen el aire. También hay un movimiento importante para que el ciudadano sea consciente del consumo que realiza, ya que lo que se compra tiene un impacto sobre el clima de su ciudad, pero también de otros lugares y de todo el planeta, y muchos estudios y organizaciones hablan de que es la hora de aprender a consumir menos. Tal como expresa Jeroen van der Heijden, experto en clima e investigador de la Universidad Victoria de Wellington (Nueva Zelanda): "La gente tiende a olvidar que la mayoría de los productos que consumimos y nuestras huellas de carbono personales se importan de otros lugares para darnos una gran vida en las ciudades modernas en las que vivimos", y añade: "Si realmente queremos hacer una contribución significativa para reducir las emisiones de carbono, debemos hacerlo mucho mejor que construir casas ecológicas y "verdes". Tenemos que repensar cómo vivimos y lo que consumimos".

Muchas ciudades importantes se están agrupando para formar una red fuerte y compartir y poner en marcha medidas basadas en una voluntad de cambio para afrontar la crisis climática y para que la ciudad sea un punto avanzado, de un alto nivel de conciencia, donde el bienestar de sus habitantes pueda ir de la mano de una forma de vida responsable, de respeto por la propia ciudad y por el planeta. Una red importante es la organización “C40”, que está principalmente enfocada en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La C40 engloba a 94 grandes ciudades de todo el mundo que aglutinan a más de 700 millones de habitantes. Los análisis realizados por esta organización también exponen la importancia de la reducción del consumo y el control para utilizar formas sostenibles sobre la construcción, el transporte y la electrónica. Para alcanzar los objetivos deseados, que también significan una reducción de las islas de calor, es necesario que los gobernantes de las ciudades se acerquen a los ciudadanos, a los habitantes, para que el movimiento sea fuerte, desde abajo y desde arriba, desde el día a día de cada ser humano que habita una ciudad hasta la creación e implementación de leyes que defiendan esos objetivos que, conforme avanza el tiempo y se acentúa la crisis climática del planeta, se van haciendo imprescindibles para la propia supervivencia. Esperemos que se consiga y las ciudades puedan ser el gran e importante referente para el desarrollo evolutivo del ser humano en equilibrio y respeto con su planeta y todos sus seres vivos.


Fuentes:


jueves, 30 de mayo de 2019

Evento del mes de mayo

Publicado por David Arbizu

LA CONTAMINACIÓN LUMÍNICA
La contaminación lumínica se describe como la alteración de la oscuridad natural del medio nocturno producida por la emisión de luz artificial generada por la actividad humana. Esta luz artificial, considerada “contaminación antropogénica”, provoca efectos negativos tanto por su intensidad, dirección y/o rangos espectrales que afectan muchos aspectos diversos de la biosfera, de la salud y equilibrio sobre el que se sostienen y regulan las formas de vida del planeta y toda relación natural entre ellas, de manera que también se puede considerar que afecta a los ecosistemas, a los patrones climáticos y a la estabilidad necesaria para el correcto funcionamiento del engranaje que mueve y condiciona la vida en la Tierra, ya que sabemos que todo está interrelacionado. Además, el proceso de dispersión de esta luz se debe a su interacción con las partículas del aire y es más intenso si existen partículas contaminantes en la atmósfera.

Se considera que hay dos tipos de contaminación lumínica: Un tipo es la “contaminación lumínica astronómica”, que es la que altera la vista y percepción del cielo nocturno, de lo que también se denomina la “bóveda celeste” que nos rodea. El otro tipo es la “contaminación lumínica ecológica” y se refiere a la alteración de los regímenes de luminosidad naturales en los ecosistemas terrestres y acuáticos. En ambos casos, actualmente no tenemos un conocimiento de toda la gama de consecuencias derivadas de esta contaminación, especialmente de las consecuencias de la pérdida de calidad del cielo nocturno, pero se puede pensar que para nosotros, como seres humanos, representa un aumento del ya excesivo y antinatural distanciamiento con nuestra propia naturaleza como especie terrestre, con toda una serie de condicionantes que seguro que afectan nuestra calidad de vida conforme perdemos contacto con nuestro instinto natural. Muchas tribus nativas han demostrado y siguen demostrando la conexión natural y necesaria con el cielo nocturno, con las estrellas, con los mensajes que la forma y distribución de esa bóveda celeste envía y que contienen información básica para la toma de decisiones relacionadas con el bienestar y la supervivencia. Además, perder la visión y la conciencia del cielo nocturno perjudica y degrada nuestra comprensión de que habitamos un planeta dentro de un sistema solar, de una galaxia y de un universo y quedamos encerrados y limitados al mundo creado artificialmente, ya que la mayoría, además, estamos desconectados de la naturaleza de nuestro planeta, de su vida, de su ritmo biológico y vivimos cada día y cada noche rodeados de cemento y de esas pantallas también llenas de luces contaminantes a todos los niveles, sin levantar la mirada, sin elevar la vista y la conciencia a toda una luz de la cual hemos dejado de ser conscientes pensando que la evolución se encuentra en esa luz artificial y nociva que ha ido mermando el brillo de los astros, de las estrellas, incluso de la luz que hay en la propia oscuridad de la noche. De hecho, podemos decir que prácticamente solo entramos en contacto con ese cielo luminoso cósmico a través del cine o de noticias con imágenes que se vuelvan virales y que tengan que ver con descubrimientos científicos astronómicos.

La contaminación lumínica coincide con el desarrollo y constante aumento de la utilización de la luz eléctrica desde que fue descubierta por Edison en 1879. El ser humano ha concebido y relacionado el poder de mantener zonas iluminadas durante la noche con el concepto de bienestar y evolución, pero conforme van apareciendo estudios e investigaciones sobre los efectos perjudiciales de la contaminación lumínica, también se va entendiendo que se ha generado una involución en muchos sentidos, tal como explicaré más adelante. Por poner un ejemplo: nuestros ojos se adaptarían mejor a la oscuridad si se lo permitiéramos, ya que junto a nuestra retina tenemos los “bastones” o “bastoncillos”, que son células fotorreceptoras responsables de la visión en una baja condición de luminosidad, pero que apenas les damos oportunidad de ejercer su función.

Tal como se observa en la imagen que sigue a continuación, la contaminación lumínica coincide con las zonas del planeta más desarrolladas, pero el acceso a la luz eléctrica no para de expandirse y llegar a más lugares del globo que estén habitados por el ser humano.


Al igual que han hecho durante muchísimos años la mayoría de seres vivientes de la Tierra, el ser humano ha ido adaptando sus procesos biológicos de acuerdo con dos ciclos astronómicos fundamentales: la sucesión de las estaciones y la alternancia día-noche. Junto al ser humano, muchos animales, plantas, hongos, bacterias e incluso algunas algas, tienen en su cuerpo una hormona llamada melatonina, que es la encargada de detectar los ciclos luz-oscuridad y las estaciones para modular los patrones del sueño y los ritmos circadianos y estacionales. Además, el ser humano produce esta hormona desde la glándula pineal, una glándula que, a nivel espiritual, se relaciona con la conexión álmica, la evolución de la conciencia del ser humano y la apertura a una perspectiva superior de la realidad del ser, algo que también estaría relacionado con el hecho de que se la relacione con el chacra del Tercer Ojo y, por lo tanto, con un punto importante de conexión con la luz, de manera que una intrusión de luz artificial y contaminante también afectará al buen funcionamiento de esta glándula y a su producción de melatonina forzando la adaptación del ser a procesos biológicos que puedan llevar a desequilibrios diversos. En este sentido, se ha comprobado que, en el ser humano, la contaminación lumínica puede alterar el sueño y provocar insomnio, diabetes, obesidad, depresión, acelerar el envejecimiento y reducir la fertilidad.

Si analizamos los efectos sobre otros seres vivos, efectos que en algunos casos también incluyen al ser humano, se observa que el ciclo de luz y oscuridad, día y noche, es un regulador influyente de la conducta, algo que se refleja en actividades como el cortejo, la reproducción, la migración y el estrés o la energía vital para superar situaciones de adaptabilidad y supervivencia.
En muchos animales y plantas, la luz inadecuada también provoca desorientación y desarrollo de conductas inapropiadas. Por ejemplo, se ha comprobado que desorienta a las aves migratorias y a las tortugas marinas, también a los anfibios haciendo que estén menos activos, con más estrés e incluso con más parásitos y, consecuentemente, con más probabilidades de enfermar, algo que también se ha observado en las aves, que sufren un aumento de la transmisión de enfermedades. Pero los que más sufren los efectos de la contaminación lumínica son los insectos, que en su mayoría se siente totalmente atraídos por la luz y acaban pereciendo al chocar contra las lámparas o quemarse por el exceso de calor. Este terrible efecto sobre los insectos afecta a muchos otros animales que se alimentan de ellos. Algunos de estos animales, como los murciélagos, son otros de los grandes perjudicados por el exceso artificial de luz y además son polinizadores, así que el daño y desequilibrio provocado es enorme y de efectos globales.

En el reino vegetal se ha comprobado, por un lado, que la iluminación nocturna provoca que los árboles y plantas florezcan antes de tiempo, pero, por otro lado, un estudio realizado en granjas de soja de Illinois (Estados Unidos) demostró que la luz proveniente de las carreteras adyacentes y de los automóviles que circulaban por ellas podía retrasar la maduración de los cultivos hasta siete semanas y también reducir el rendimiento.

Otro exceso de luz que es extremadamente perjudicial es el que hay en muchas playas y costas. Hay organismos marinos, como los anfípodos, que son pequeños crustáceos que también se sitúan en la base de la cadena trófica, cuya actividad está totalmente relacionada con los ciclos naturales de día y noche, de manera que durante el día se mantienen en zonas más profundas y durante la noche salen a la superficie para desplazarse y evitar a los depredadores, pero pueden cambiar sus desplazamientos al sentirse atraídos por la luz artificial creando desequilibrios que afectan a todo el ecosistema al romper la cadena trófica y afectar a otros seres que dependen de ellos para su supervivencia. También hay estudios que han demostrado que el zooplancton vive en aguas profundas y oscuras durante el día y migra a aguas menos profundas durante la noche para alimentarse de algas, pero este movimiento, que se considera la mayor migración de biomasa que se realiza en el mundo, se ve afectado por el brillo de las luces, que provocan que el zooplancton reduzca esa actividad y que también ascienda 2 metros menos de lo habitual, lo cual supone un desajuste para el ecosistema, un menor consumo de algas y una mayor probabilidad de floraciones de algas que acaban deteriorando la calidad del agua y generando problemas de salud e incluso hipoxia y muerte de muchos animales acuáticos.

Como siempre, el desarrollo tecnológico del ser humano no va de la mano ni respeta el equilibrio de los hábitats ni de los seres vivos. Un ejemplo de ello son las luces Led, que son más eficientes y rentables que otras bombillas, pero también las que producen mayor contaminación lumínica y pueden perjudicar nuestra salud por su radiación y el tipo de luz blanca-azulada brillante que daña la retina y también afecta negativamente a la producción de melatonina. La gran iluminación que existe especialmente en las ciudades, donde se añade la construcción de enormes rascacielos cubiertos de cristales reflectantes, también representa un gran peligro para las aves, que se sienten atraídas por esas luces y reflejos durante sus vuelos y migraciones y acaban chocando con los edificios, en ocasiones al confundir el reflejo y la luz con el cielo abierto. Los científicos estiman que se producen entre cien y casi mil millones de víctimas anuales por estos accidentes, especialmente contra edificios cubiertos de cristal o iluminados por la noche.


Es necesario que desde los gobiernos e instituciones responsables se tomen medidas para reducir la contaminación lumínica, tanto a nivel de localidades y zonas concretas como a nivel global, planetario. Se debe buscar el equilibrio entre no dejar todo a oscuras y mantener la iluminación justa y bien enfocada allí donde sea necesario, sin contaminar otras zonas cercanas o lejanas, si pensamos en esa bóveda celeste de la que he hablado al principio. También hay que preservar, especialmente, los espacios naturales protegidos, todas las reservas y parques naturales, y algunas ciudades deberían tener en cuenta que están situadas en espacios que forman parte de rutas migratorias de muchas aves y que están destruyendo esas rutas y provocando una gran mortandad.

Ya existen muchas organizaciones, en muchos países, que defienden lo que llaman la "calidad de los cielos nocturnos" y también se han creado normativas que se están aplicando, en forma de leyes, para regular el uso que se hace de la luz y avanzar hacia una iluminación que sea lo menos dañina posible. Un ejemplo de campaña internacional para abrir la conciencia a los efectos negativos de la contaminación lumínica es la Iniciativa Starlight, que defiende el derecho general a la observación de las estrellas y busca involucrar a instituciones y asociaciones científicas, culturales y ciudadanas para que se enfoquen en la defensa del firmamento, de tener cielos nocturnos limpios como patrimonio de la humanidad y de todo ser vivo del planeta y como factor imprescindible de una buena calidad de vida.


El ser humano debe comprender todo el perjuicio que provoca la contaminación lumínica, que forma parte de la contaminación atmosférica, y tiene que empezar a cambiar, desde cada individuo, sus comodidades y hábitos que generan destrucción y aceleran la sexta extinción masiva y el desequilibrio de la biosfera, algo que también se acaba reflejando en los patrones climáticos, porque ese exceso de luz también representa un derroche energético con el consecuente incremento de la emisión de carbono y un aumento de los vertidos y residuos contaminantes con los que se fabrican las lámparas.

¡Ojalá tengamos las suficientes "luces" como para actuar y evolucionar hacia una iluminación en equilibrio con el ritmo natural de la biosfera, reconociendo dónde está el límite donde debemos pararnos para dejar de ser la especie destructora que somos y empezar a ser la que gestiona la tecnología para alcanzar el equilibrio, armonía y salud que se merece este planeta y todos sus seres vivos!

martes, 30 de abril de 2019

Evento del mes de abril 

Publicado por David Arbizu

UN ACUERDO GLOBAL PARA LA NATURALEZA
Conforme aumenta el desequilibrio de los patrones climáticos que rigen y sostienen nuestra biosfera y nuestro planeta, también aumenta el número de personas que conciben que si no se actúa, si no se acepta y se afronta la crisis planetaria, el cambio climático y todo el daño y destrucción que está causando la actividad humana, nos dirigimos hacia a un punto de no retorno, sin posibilidades de recuperación, hacia una situación catastrófica global, donde ya no habrá unas partes del planeta más seguras que otras porque cualquier efecto devastador podrá llegar a cualquier lugar, algo que prácticamente ya se puede ver que está pasando.

Este incremento de lo que, de algún modo, podríamos llamar “conciencia planetaria”, se está observando en los diversos movimientos sociales que se están llevando a cabo en muchas partes del planeta para exigir que los gobiernos, las instituciones, las organizaciones con capacidad de toma de decisiones y de legislar, trabajen y pongan en marcha medidas de protección ambiental, de la naturaleza, de los ecosistemas, de nuestra Tierra. Un movimiento importante es el de las huelgas estudiantiles por el clima, que están siendo apoyadas cada vez en más partes del planeta, con organizaciones y grupos de padres, de profesores y, algo muy importante, de científicos que declaran con fuerza que hay que tomar medidas, que hay que buscar soluciones y que hay que hacerlo ya, sin más retrasos, sin más excusas y decretos improductivos que solo sirven para alargar posibles implementaciones de leyes y restricciones importantes dejándolas para el siguiente encuentro, para la siguiente reunión, mientras sigue la destrucción del planeta para beneficio de unos pocos.

Gracias a todo este movimiento social, se impulsan y salen a la luz proyectos y trabajos de organizaciones y grupos que llevan muchos años entregados al estudio e implementación de acciones para contrarrestar el cambio climático, para que sea posible que el ser humano viva en perfecta armonía en este planeta sin tener que “devorarlo”. Junto con todo este movimiento y presión social, durante este año y especialmente durante las últimas semanas, estamos siendo testigos de cómo algunos países aprueban leyes para proteger la naturaleza, tanto terrestre como marina, frente a actividades destructivas como la minería, la extracción de petróleo y gas, la deforestación o cualquier actividad que provoque contaminación y alteraciones inadecuadas. También en algunos países hay ríos que han recibido el reconocimiento de entidad con personalidad legal y, por ejemplo, hace pocos días que se ha sabido que un pueblo indígena de Ecuador, los Waorani, ha ganado un litigio con el Ministerio de Energía e Hidrocarburos, lo cual significa que ha habido un fallo judicial que prohíbe la explotación petrolífera en una parte de la Amazonía ecuatoriana. Este tipo de noticias son importantes porque impulsan nuevas demandas ante la justicia conforme aumenta la confianza en el poder judicial, conforme se conocen sentencias de jueces que defienden los espacios naturales y reconocen el daño causado y la necesidad de repararlo y detenerlo. Y, tal como he indicado antes, tenemos una parte cada vez más importante de la comunidad científica manifestándose contra la falta de acción para detener el calentamiento global, impulsando y publicando estudios para ofrecer nuevas alternativas y también para demostrar el terrible futuro que nos aguarda, un futuro que ya estamos viendo en el presente y que, con dureza, nos muestra la siguiente imagen.


Uno de los proyectos que están teniendo un rol importante dentro de la lucha contra el cambio climático es el de la Fundación Leonardo DiCaprio. DiCaprio estableció su fundación en 1998 con la misión de proteger los últimos lugares salvajes del mundo, pero con el paso de los años la fundación ha ido creciendo y enfocándose también en la investigación y búsqueda de soluciones para abordar los problemas ambientales de nuestro planeta. Todo ello ha dado forma e impulsado el proyecto de la fundación llamado “One Earth”, que muestra la posibilidad de superar la crisis climática basándose en tres acciones fundamentales que deberían estar totalmente conseguidas para el año 2050: haber alcanzado el 100% de energía renovable, la protección y restauración del 50% de las tierras y océanos del mundo y una transición a la agricultura regenerativa, todo ello de forma gradual pero con objetivos marcados en años concretos dentro de este período de tiempo.


Una gran parte de los resultados de todo este trabajo se recoge en el libro “Achieving the Paris Climate Agreement” (“Alcanzando los objetivos del Acuerdo Climático de París”). El libro, que representa la culminación de dos años de trabajo y colaboración de 17 científicos reconocidos, ha sido publicado por la prestigiosa editorial científica “Springer Nature” y ofrece una hoja de ruta para cumplir y superar los objetivos establecidos en el Acuerdo Climático de París, demostrando que se puede resolver la crisis climática global con las tecnologías actualmente disponibles y las soluciones climáticas naturales. Esta declaración de Sven Teske, coautor y editor del libro y Director de Investigación del Instituto para Futuros Sostenibles de la Universidad de Tecnología de Sídney (UTS), muestra perfectamente el objetivo principal de todo su trabajo: “Los científicos no pueden predecir el futuro por completo, pero el modelo avanzado nos permite trazar los mejores escenarios para crear un sistema energético global apto para el siglo XXI. Y dado que el impulso en torno al Acuerdo de París se está retrasando, es crucial que las personas de todo el mundo que tienen el poder de tomar decisiones puedan ver que podemos, de hecho, satisfacer la demanda mundial de energía a un costo menor con energías renovables limpias”.

Directamente relacionado con el contenido del libro y también bajo el patrocinio de la Fundación Leonardo DiCaprio y el proyecto One Earth, el viernes 19 de abril se publicó, en la revista “Science Advances”, el artículo “Un Acuerdo Global para la Naturaleza: principios rectores, hitos y objetivos”. Los coautores de este artículo son científicos líderes de instituciones de investigación, organizaciones no gubernamentales, grandes empresas tecnológicas y grupos de conservación. Uno de los aspectos importantes que aporta este artículo es que se considera que el problema de la extinción masiva y el de la crisis climática son inseparables, están totalmente vinculados, y por ello se deben abordar conjuntamente para definir las acciones que se deben tomar para frenar el calentamiento global y el deterioro de la biosfera. Por esta razón, este acuerdo muestra un objetivo unificado: proteger los ecosistemas para combatir el cambio climático y combatir el cambio climático para proteger los ecosistemas, y declara que “el presupuesto de carbono y el presupuesto de biodiversidad son dos caras de la misma moneda, ya que la degradación del hábitat representa una fuente de emisiones que es imprescindible evitar”.

El estudio afirma que es necesario implementar un plan de acción para que el planeta no se caliente 1,5ºC por encima de la temperatura de la era preindustrial, ya que superar esa cifra representaría acercarse a un punto de no retorno, a un fuerte aumento de los trastornos climáticos, de la extinción de especies y de un deterioro de partes de la biosfera que podrían poner en peligro la supervivencia en enormes áreas del planeta e incluso a nivel global. Tal como declara Thomas Lovejoy, biólogo y coautor del artículo: “La ciencia nos está diciendo que si superamos los 1,5ºC, podríamos experimentar un “tsunami de extinción” que provocaría el colapso de muchos ecosistemas clave”, y añade: “No podemos resolver la crisis de la biodiversidad sin resolver la crisis climática, y no podemos resolver la crisis del clima sin resolver la crisis de la biodiversidad. Las dos están interconectadas”.

El plan fija dos líneas de acción: una enfocada en llegar a cero emisiones netas de gases de efecto invernadero en las próximas décadas y otra enfocada en el cuidado y protección de la naturaleza, de sus hábitats y ecosistemas, sabiendo que para ello hay que frenar la deforestación, la caza furtiva y otras amenazas a las especies y todo lo que forma esos ecosistemas antes de que sea demasiado tarde. En este sentido, se establece el objetivo de controlar, preservar y restaurar, para el año 2030, el 30 por ciento de las tierras del planeta mediante diversos grados de protección contra el abuso y la destrucción, al mismo tiempo que se implementan protecciones adicionales para otro 20 por ciento, que representarían “Áreas de Estabilización del Clima” para apoyar el conjunto de tierras protegidas. Dentro de estas áreas a proteger, también se establecen objetivos para la conservación y cuidado de los océanos y los ecosistemas de agua dulce. Coincidiendo con el estudio y hoja de ruta que plantea el libro “Achieving the Paris Climate Agreement”, el Acuerdo Global para la Naturaleza también incluiría el planteamiento que se conoce como “Modelo Climático One Earth”, que incluye objetivos sobre los siguientes temas: expansión agrícola, carreteras, represas, sobrepesca, comercio de especies silvestres, especies invasoras, plásticos, toxinas y productos químicos que agotan la capa de ozono. Algo que tienen también en común todos los proyectos y estudios es el respeto y consideración por las formas de vida y de relación con la naturaleza de los pueblos nativos, ya que se considera que tienen mucho que aportar y enseñar y además ocupan el 37% de las tierras naturales que quedan en el planeta.

En el gráfico que sigue a continuación se puede observar cómo la disminución de producción de energía a partir de combustibles fósiles, junto con la disminución de producción de cemento, hacen que bajen en picado las emisiones de CO2 y, especialmente, cómo el uso de la tierra, su protección y recuperación, algo directamente relacionado con el control sobre la obtención de energía a partir de la minería y de la extracción y también sobre la agricultura intensiva, permiten que, en el año 2027, ese apartado pase de ser positivo en emisiones a ser negativo, pudiendo absorber y retener emisiones de CO2. Y también es importante toda la gestión con los sumideros naturales terrestres y marinos que almacenan y retienen carbono y otros gases de efecto invernadero, para que se mantengan intactos y sin emitir todo ese contenido a la atmósfera.


Hay otro factor o pieza clave que forma parte de este propósito, de este proyecto, que es imprescindible para que se ponga en marcha y que incluso puede parecer la parte más complicada, más enclaustrada y difícil de cambiar, de hacer avanzar. Esta parte la forman principalmente la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica y todas las Cumbres por el Clima, como la última que se celebró en Polonia a finales de 2018 (COP24). Los proyectos y acuerdos de estas organizaciones llevan un ritmo extremadamente lento y ni siquiera se enfocan y trabajan adecuadamente debido a todas las presiones de grandes grupos de poder del planeta que no quieren cambios que puedan perjudicar su control y sus ingresos. A pesar de que se han alcanzado acuerdos para proteger el planeta y su biodiversidad, parece que no avancen y siempre hay países que no los ratifican o simplemente no los implementan. Por esta razón, el Acuerdo Global para la Naturaleza busca el compromiso del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica y muestra que, frente a las dificultades que supone todo cambio sobre las estructuras políticas, económicas y energéticas de la sociedad, que requieren un tiempo para que realmente se lleven a cabo y den sus frutos, hay muchas soluciones basadas en el poder de la naturaleza que están listas para funcionar ahora, que forman lo que se llama “soluciones climáticas naturales rentables”, pero que requieren una gestión responsable y respetuosa con partes de la tierra en las que se tiene que recuperar el equilibrio que las actividades humanas han deteriorado a través de actividades como la agricultura intensiva, la ganadería intensiva, la urbanización, etc. Hay que ser consciente de que se requiere que se empiecen a respetar y cuidar los espacios naturales tal como debería hacerse, incluyendo los que ya están protegidos por la ley y siguen sufriendo los abusos de la actividad humana, cuando en realidad van a ser imprescindibles para nuestra supervivencia, porque la propia biosfera, la naturaleza, no es una alternativa a la descarbonización de los sistemas de energía, sino que es una parte esencial de la solución global de mitigación del clima. 

Así que los líderes mundiales, los grupos que interfieren en esos convenios y reuniones, podrían ver que se puede empezar con un “mínimo esfuerzo” por su parte, algo que permitiría que pudieran interesarse por la inversión en la producción de nuevas formas de energía renovables, ya que estos estudios y modelos demuestran que es posible la transición al 100% de energías renovables. Hay que tener en cuenta que la fabricación del tipo de energía actual a través de la extracción también representa un gasto de energía, una alta contaminación tóxica por la quema de combustibles, que está relacionada con millones de muertes al año, y que muchas empresas dependan de los subsidios de los gobiernos, sin los cuales no serían tan rentables, unos subsidios que además representan que los contribuyentes estamos financiando involuntariamente la crisis climática. La investigación también señala que el futuro empresarial está en las energías renovables y que van a representar la creación de muchas empresas y puestos de trabajo.


Todo lo explicado hasta aquí no tiene el potencial ni el impulso suficiente si no está respaldado por una demanda fuerte, numerosa, concienciada, de seres humanos que quieren que se tomen medidas y que el planeta alcance un equilibrio y armonía adecuados para la prosperidad de su biosfera. Ahora hay una opinión pública que exige responsabilidades, que comprende el abuso que se está haciendo sobre el planeta, sobre todos los seres vivos, que gracias a Internet y los medios de comunicación puede recibir noticias como la de la iniciativa del empresario y filántropo Hansjörg Wyss, que a través de su “Wyss Campaign for Nature” (Campaña de Wyss por la Naturaleza) donará 1.000 millones de dólares para que el 30% de las tierras y océanos del planeta sean áreas protegidas; como la de las protestas de los activistas del grupo  “Extinction Rebellion” en Inglaterra, que van a presentarse en las elecciones europeas como un nuevo grupo llamado Climate Emergency Independents (Independientes por la Emergencia Climática); como la de todas las acciones y discursos de la activista sueca Greta Thunberg; como la de una parte de la población española quejándose porque en los debates electorales que ha habido antes de las pasadas elecciones ningún político ha hablado de medidas frente al cambio climático. Debe haber una masa crítica presionando, exigiendo y también expandiendo la preocupación por la crisis que sufre el planeta, que sufrimos todos y que irá aumentando si no se toman medidas contundentes. Y esa masa crítica, al mismo tiempo que transmite esa preocupación, también debe transmitir el amor por el planeta y todos sus seres vivos, debe transmitir el reconocimiento de la interdependencia de todos como parte esencial de la biosfera, debe transmitir los verdaderos valores elevados del ser humano como especie líder y de conciencia elevada de nuestra hermosa Tierra.

Finalizo adjuntando el enlace del Acuerdo Global por la Naturaleza, por si alguna persona quiere más información o firmar la petición de este acuerdo: https://www.globaldealfornature.org/petition/es/


Fuentes:


domingo, 31 de marzo de 2019

Evento del mes de marzo

Publicado por David Arbizu

EL MÍNIMO SOLAR Y EL ENFRIAMIENTO DE LA TERMOSFERA COMO PRECURSORES DE UNA MINI-GLACIACIÓN
No es fácil imaginarse y valorar que nos dirigimos hacia una mini-glaciación cuando la mayoría de las noticias sobre el medio ambiente hablan de calentamiento global, de temperaturas récord de calor en el Ártico, de precipitaciones torrenciales y también de crisis hidrológica y severas sequías, además de que muchas tormentas también se forman por el contraste con la elevada temperatura de la superficie de los océanos y mares. También influyen todas las noticias relacionadas con el constante aumento del dióxido de carbono en la atmósfera y la publicación de mediciones que muestran datos con cifras cada vez más elevadas que se relacionan directamente con el efecto invernadero, las altas temperaturas, el deshielo y el aumento del nivel del mar. Por otro lado, hay estudios científicos que explican, detallada y rigurosamente, cómo nos encontramos en el final de un período interglacial que corresponde al Holoceno, un final donde coincide con lo que llamamos Antropoceno y que supone la entrada en una época o período glacial.

Algo que creo que es innegable es el gran desequilibrio de los patrones climáticos que estamos experimentando a nivel global. En apenas tres meses del año 2019, hemos visto la formación de terribles tormentas que han descargado precipitaciones extremas generando enormes inundaciones en muchas partes del planeta, también la devastación de enormes incendios y, especialmente en el hemisferio norte, una secuencia alterna de semanas con temperaturas frías, donde en algunos lugares han caído nevadas descomunales, seguidas de semanas con temperaturas inusualmente cálidas. También hemos visto cómo en grandes áreas de Norteamérica se llegaba a temperaturas de total congelación, con valores extremadamente bajos, y grandes extensiones cubiertas por la nieve y el hielo que sí que hacían pensar en una posible mini-edad de hielo. Pero también llegan noticias informando de la primera ola de calor del año en India, donde han llegado a los 44,5ºC y para la próxima semana, la primera del mes de abril, en varias zonas del país se esperan temperaturas por encima de los 40ºC.

En lo que sí que parece que toda la comunidad científica está de acuerdo es que el Sol pasa por los llamados “ciclos solares”, que tienen una duración promedio de 11 años y que ahora nos encontramos en el final del ciclo solar 24 y en lo que se llama “mínimo solar”, que es un período donde la actividad solar es muy baja. Ya hace años que la actividad del Sol va menguando, algo que se constata con la falta de manchas solares durante largos períodos, tal como ha pasado durante el mes de febrero de este año, con sus 28 días sin manchas solares. La previsión es que la actividad todavía disminuya mucho más durante este año, con la entrada en el ciclo solar 25 y que entre 2030 y 2040, durante lo que ya sería el ciclo solar 26, se pueda llegar a una reducción de la actividad del 60%.


Uno de los temas que sí divide a los climatólogos y científicos es la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera y todas sus consecuencias relacionadas con el cambio climático y el calentamiento global, para unos, o el enfriamiento global para otros. Muchos científicos y grandes organizaciones, como la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) consideran que las emisiones de dióxido de carbono (CO2) son contaminantes y determinantes para el calentamiento global. Por otro lado, se pueden encontrar muchas declaraciones de científicos y expertos que advierten que toda la focalización en las emisiones de dióxido de carbono forma parte de una estrategia política y económica de grandes empresas y grupos de presión de ámbito global para aumentar el control y la obtención de sus propios beneficios. 
A nivel puramente científico, encontramos declaraciones que expresan que el dióxido de carbono tiene una influencia menor sobre el clima. Por ejemplo, James Taylor, investigador principal de política ambiental en el centro de estudios del Instituto Heartland (Illinois, Estados Unidos), afirma que: “El clima del mundo real prueba que los alarmistas modelos de computadora exageran las propiedades de calentamiento del dióxido de carbono”. Incluso desde la NASA se ha aceptado y demostrado, a través de sus propias mediciones, que el dióxido de carbono es un refrigerante, no un gas de calentamiento, porque los gases de efecto invernadero en realidad bloquean la llegada a la superficie del planeta de hasta el 95% de los rayos solares dañinos, de manera que reducen el impacto del calor del Sol; esto ha provocado que ahora una parte de la NASA esté en conflicto con sus propios climatólogos. Otro ejemplo nos lo da Willie Soon, astrofísico y geocientífico de la División de Física Solar y Estelar del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica (Massachussets, Estados Unidos), que ha declarado: “Decir que el sistema climático está completamente dominado por la cantidad de dióxido de carbono que tenemos en el sistema es una locura, algo completamente erróneo. El dióxido de carbono no es el principal motor del sistema Tierra/clima” y añade: “El clima es totalmente, completamente, dependiente de lo que el Sol le está haciendo al sistema. El Sol es el principal impulsor del sistema climático de la Tierra”.

A raíz de estas declaraciones y estudios, se podría decir que “el presupuesto de radiación de la Tierra” es lo que define el clima y, consecuentemente, el cambio climático. La Tierra mantiene un clima y una temperatura adecuada para el sostenimiento y salud de su biosfera al estar envuelta en su capa protectora de gases atmosféricos contra el Sol en ebullición y el espacio helado, al tener la capacidad de reflejar, absorber y reemitir la cantidad justa de radiación solar. Entonces, para mantener una cierta temperatura global promedio, la Tierra debe emitir tanta radiación como la que absorbe y en estos momentos ese presupuesto de radiación está mostrando un exceso del reflejo de radiación, una liberación de calor hacia el espacio exterior desde las capas más externas de la atmósfera, especialmente desde la termosfera o, tal como también se conoce, ionosfera.

Imagen del satélite Timed, que controla la temperatura de la termosfera
La termosfera es la capa de la atmósfera terrestre que se encuentra entre la mesosfera y la exosfera. Su extensión comienza aproximadamente entre 80 y 120 kilómetros de la Tierra y se extiende hasta entre 500 y 1.000 kilómetros de la superficie terrestre. La termosfera absorbe gran parte de los rayos X y la radiación ultravioleta que llegan desde el Sol y tanto su tamaño como su temperatura y su capacidad de regulación e influencia sobre los patrones climáticos del planeta dependen principalmente de la actividad solar, de forma que cuando el Sol está muy activo y emite más radiación de alta energía, la termosfera se calienta y se expande, se “hincha”, pudiendo llegar a alcanzar una temperatura de 1.500ºC. En cambio, tal como sucede en la actualidad y se ha comprobado mediante las mediciones del satélite Timed, cuando nos encontramos con un mínimo solar, la termosfera se contrae y se enfría. Los científicos han establecido el “Índice Climático de la Termosfera” (TCI, por sus siglas en inglés), un número expresado en vatios que indica la cantidad de calor que las moléculas están vertiendo al espacio; así que ahora tenemos un TCI muy bajo, muy “frío”, con poca cantidad de calor absorbida y una liberación de calor que se escapa al espacio. De hecho, el Índice Climático de la Termosfera está a punto de establecer un récord de frío en la era espacial.

Pero no se puede hacer un análisis climático solo basándose en una capa de la atmósfera ni tan solo en la actividad solar. Todas las capas de la atmósfera están interconectadas, se afectan entre sí y desempeñan un rol importante para la salud y equilibrio del planeta. En este sentido, el aumento de la concentración de dióxido de carbono también afecta a las capas altas de la atmósfera, pero de forma contraria a como lo hace en la capa inferior. Mientras que en la capa inferior de la atmósfera se comporta, en parte, como un gas de efecto invernadero al retener el calor que se expulsa desde la superficie del planeta, tanto desde la superficie de los continentes como de los océanos, en las capas medias y altas de la atmósfera produce un enfriamiento y, como consecuencia, una contracción y una liberación del calor absorbido que, desde las capas más altas, se escapa hacia el espacio exterior. Entre 2002 y 2014, en las capas altas de la atmósfera ha habido un notable incremento de la cantidad de dióxido de carbono, un incremento superior al detectado en las capas bajas.

Todo esto también está relacionado con la gran importancia que tiene la formación y cobertura de nubes, tanto a baja cota como a cotas altas, ya que, tal como declara Roy Spencer, profesor, climatólogo, y científico investigador de Estados Unidos: “Las nubes son la sombrilla de la Tierra y si la cubierta de nubes cambia por alguna razón, entonces tenemos calentamiento global o enfriamiento global”. La formación de nubes depende en gran medida de la actividad solar pero también de otros factores que actualmente tienen una gran influencia sobre nuestro planeta como es la llegada de rayos cósmicos.

Representación de la llegada de rayos cósmicos al planeta
Los rayos cósmicos son una mezcla de fotones de alta energía y partículas subatómicas aceleradas hacia la Tierra por explosiones de supernovas y otros eventos violentos en el cosmos. La cantidad de rayos cósmicos que pueda llegar a la Tierra depende de la actividad solar, que va a provocar que la Tierra genere un campo magnético de mayor o menor potencia, y de la posición del sistema solar en su desplazamiento por la galaxia, que en estos momentos favorece esa llegada. Por otro lado, la capacidad de penetración de rayos cósmicos en nuestra atmósfera también dependerá de la fuerza de la magnetosfera, que actualmente está debilitada debido a la propia actividad solar y a condiciones terrestres como el desplazamiento de los polos magnéticos. Además, es importante la resistencia y capacidad de la propia atmósfera, donde el dióxido de carbono de las capas altas también va a influir al retener parte de la radiación de los rayos cósmicos.

Al igual que algunas partículas subatómicas procedentes del Sol, los rayos cósmicos tienen propiedades de “nucleación”, favorecen la formación de nubes al condensar el vapor de agua, así que tendrán un papel importante sobre el clima al provocar que la “sombrilla” generada por las nubes dificulte más o menos la llegada de los rayos solares. También tendrán un papel importante sobre la formación de tormentas y, tal como estamos viendo en la actualidad en algunas partes del planeta, sobre la formación de ríos atmosféricos cargados de grandes cantidades de agua que pueden descargar enormes y destructivas precipitaciones. Entonces, junto con estas condiciones, la emisión de dióxido de carbono que se mantiene en las capas más bajas de la atmósfera, que provoca el calentamiento de la superficie del planeta, está impulsando patrones climáticos extremos y todos los desajustes que estamos observando y que ponen en peligro la biosfera.

Analizando todo lo expuesto hasta aquí, podemos deducir que el clima de la Tierra depende en gran medida de la actividad solar, que estamos llegando al final de un período interglacial y que, aunque pueda parecer que hay un calentamiento global, en realidad el planeta está en plena fase de enfriamiento global. Todo ello también afecta a la capa de ozono como capa protectora frente a la radiación solar y ya se ha constatado un adelgazamiento de esta capa, algo que eventualmente afecta a las capas inferiores y en especial a los patrones de viento y, por lo tanto, al clima.

También es importante no olvidar toda la degradación y destrucción que la actividad humana está haciendo sobre el planeta, algo que a veces parece quedar escondido detrás de ese interés por mantener una fijación en las emisiones de dióxido de carbono, pero que está teniendo un gran impacto sobre todos los sectores que están afectando al desequilibrio de los patrones climáticos. El ser humano sigue sin comprender el funcionamiento del planeta, sus sistemas de homeostasis, su relación con el Sol y con la galaxia, todo lo que configura la biosfera, los patrones climáticos, la influencia de los cambios en el interior del planeta, todo lo que se genera desde el núcleo de la Tierra. Desde esta falta de comprensión se ponen en marcha proyectos de geoingeniería con el fin de controlar el clima. Algunos de estos proyectos se centran en la dispersión de “aerosoles con propiedades de nucleación”, tanto a cotas bajas como altas, para manipular el clima, para poder crear tormentas artificiales, muchas veces como pruebas destinadas al uso militar. También existe la “Tecnología de Ondas de Choque” para impedir la formación natural de nubes y el uso de nanotecnología con la finalidad de modificar patrones climáticos. En muchos casos, con todos estos proyectos y experimentos, se está acelerando el enfriamiento global. Además, muchas siembras de nubes (chemtrails) están destinadas a reflejar hacia el exterior los rayos solares y no hay suficiente conocimiento científico para poder saber las consecuencias que pueden tener todas estas acciones, algo que se está demostrando con la llegada de los rayos cósmicos, cuyo flujo está aumentando más de lo previsto cuando se implementaron y planificaron todos los programas de control climático y atmosférico.

Algo que manifiestan la mayoría de los científicos que defienden el enfriamiento global es que esta no va a ser una glaciación extrema, sino que va a ser una mini-glaciación o mini-edad de hielo, así que hay que esperar que el ser humano reaccione y aprenda a responder a estos cambios con mayor conciencia, encontrando la tecnología apropiada para el mantenimiento de la biosfera, de todas las formas de vida y no acelerando la destrucción y la extinción masiva. Esperemos que haya un margen de tiempo para el aprendizaje, para detenerse y cambiar, porque otro tema donde la mayoría de los científicos también está de acuerdo es que “cuando comienzan las glaciaciones, lo pueden hacer muy rápido”.


Fuentes: