jueves, 29 de noviembre de 2018

Evento del mes de noviembre

Publicado por David Arbizu

LA RECUPERACIÓN DE LOS POLINIZADORES Y OTRAS ESPECIES FUNDAMENTALES PARA EL EQUILIBRIO DE LA BIOSFERA 
Desde mediados de noviembre se está celebrando la Conferencia de la ONU sobre Biodiversidad bajo el tema: “Invertir en biodiversidad para las personas y el planeta”. Cuenta con la participación de 80 ministros de medio ambiente, infraestructura, energía, industria y otros sectores y se realiza para que se traten las cuestiones problemáticas en cuanto a la integración de la biodiversidad en sus respectivas áreas de trabajo. Una de las cuestiones principales aborda el problema de las especies polinizadoras, donde se tiene que afrontar que, por un lado, son imprescindibles para la supervivencia del mundo vegetal y, consecuentemente, de toda la cadena alimenticia global y que, por otro lado, están sufriendo un gran exterminio principalmente ocasionado por el uso de fertilizantes y pesticidas que grandes empresas y sectores de agricultura y ganadería no quieren dejar de utilizar. Hay que tener en cuenta que tres cuartas partes de los cultivos que alimentan el mundo dependen de la polinización de insectos y otros animales para producir semillas y frutos y que en la mayoría de los países del mundo se ha constatado una disminución alarmante del número de polinizadores, especialmente de insectos y, concretamente, de abejas.


Una de las personas que han intervenido en esta conferencia es Stefanie Christmann, investigadora del Centro Internacional de Investigación Agrícola en Áreas Secas, que ha presentado los resultados de un nuevo estudio que muestra ganancias sustanciales en el ingreso y la biodiversidad al dedicar una cuarta parte de las tierras de cultivo a cultivos económicos en floración, como especias, semillas oleaginosas, plantas medicinales y forrajeras. Durante los últimos cinco años, Christmann ha realizado ensayos en campos de Uzbekistán y de Marruecos y los resultados demuestran que, en comparación con los campos de monocultivos puros, aumentan los beneficios para los agricultores y también aumenta la presencia y diversidad de polinizadores, al mismo tiempo que hay menos plagas y los campos rinden con mayor calidad y cantidad. Ahora Christmann va a empezar un nuevo estudio financiado por el Ministerio de Medio Ambiente de Alemania y espera que más países se interesen y haya un cambio de gestión, una mayor conciencia sobre los beneficios económicos de los polinizadores que fomente una mayor plantación de flores silvestres, arbustos de bayas y árboles en flor, porque todo ello repercutiría en la supervivencia y aumento de las poblaciones de pájaros y de todas las especies en general.

En el caso concreto de las abejas, la ciudad de Ámsterdam (Holanda) demuestra los resultados de implementar políticas para favorecer la supervivencia de las abejas. Desde hace varios años, en Ámsterdam ha aumentado la plantación de flores nativas en parques públicos, se ha prohibido el uso de pesticidas químicos en tierra públicas y se han instalado hogares para abejas en la ciudad, ya que hay especies de abejas que no viven en colmenas sino en solitario, pero siguen siendo polinizadoras. De esta forma, se ha conseguido una notable recuperación de estos insectos y también de la flora natural y la salud de los cultivos. También encontramos un ejemplo de la aplicación de medidas protectoras en Francia, donde se ha prohibido el uso de los cinco pesticidas neonicotinoides que afectan al sistema nervioso de las abejas y otros insectos polinizadores, además de que los desorienta y altera sus capacidades reproductoras.

Ejemplo de un hotel para abejas

Otra especie muy importante para el equilibrio y subsistencia de muchas otras y para la salud de los océanos, son los corales, que están siendo diezmados por la contaminación del agua, el aumento de las temperaturas y la acidificación. En este caso también existen organizaciones e investigadores plenamente dedicados al estudio de los corales y a conseguir estrategias y acciones para su supervivencia. Gracias a un descubrimiento accidental que sucedió hace unos cuatro años, ahora hay una gran esperanza de que se puedan repoblar las zonas oceánicas donde los corales están pereciendo y se puedan sostener los hábitats que crean. Este “accidente” sucedió en el Laboratorio de Investigación Tropical de Mote (Florida-USA), donde se trabaja para la supervivencia y repoblación de los corales, cuando al biólogo marino David Vaughan se le rompieron accidentalmente varios corales y al cabo de un tiempo, en lugar de haber perecido, habían crecido rápidamente, como multiplicándose. Este “accidente” ahora ya se ha convertido en una técnica que se llama “microfragmentación” que funciona para todas las especies de corales y consigue que, además de que crezcan con rapidez, se fusionen entre ellos si pertenecen a la misma familia, formando así un coral adulto. Gracias a estas investigaciones y resultados, ahora hay planes ambiciosos de replantar zonas de Hawái, de Florida y otras zonas del Caribe para que se recuperen los arrecifes y los hábitats que forman los corales.
Otro sistema de recuperación y repoblación que se va a poner en marcha en Australia, en la Gran Barrera de Coral, es el de recolectar millones de gametos (células reproductoras masculinas y femeninas) en zonas con corales sanos para liberarlos en zonas que hayan quedado muy dañadas por el blanqueamiento, de manera que se restaure el ciclo reproductivo de los corales y aumenten sus poblaciones.


Muchas organizaciones, investigadores, científicos y defensores de la biosfera, de la naturaleza y de los seres vivos, están poniendo en marcha muchas acciones para luchar contra la extinción masiva, para frenar el deterioro de la biosfera y de ecosistemas y hábitats que son vitales para todos, para nuestra propia supervivencia. También se hacen estudios e investigaciones sobre el mundo vegetal y ahora, por ejemplo, se acaban de publicar los resultados de un estudio que ha durado dos años y se ha hecho en Estados Unidos donde se detalla una gama de estrategias que incluye plantar árboles en las ciudades, evitar la conversión de pastizales naturales en tierras de cultivo y cambiar a fertilizantes que produzcan menos emisiones de gases de efecto invernadero, además de la restauración de parte de las tierras forestales. Todo ello consigue reducir la emisión de carbono y de gases de efecto invernadero a la atmósfera y aumentar la capacidad de almacenamiento de carbono a través de lo que llaman “soluciones climáticas naturales”, donde también se ha tenido en cuenta no afectar la producción de alimentos.

Todos estos estudios, todas estas acciones, expresan un interés por la biosfera, por la vida de este planeta, por su salud, por su recuperación, algo que es una alegría, una gran satisfacción. Pero desgraciadamente estas acciones, este interés, no es suficiente en este momento de crisis planetaria, en este momento de gran desajuste y desequilibrio de los patrones climáticos, de aceleración del calentamiento global, de aceleración de la extinción masiva, una extinción que es más rápida y potente que cualquiera de las soluciones encontradas. Esta insuficiencia también se está demostrando en la Conferencia de la ONU sobre Biodiversidad, donde se siguen discutiendo detalles técnicos y, especialmente, el gran reto de la financiación de cualquier acción positiva que se pueda pactar, además de que se están afrontando los problemas como si hubiera mucho tiempo para solucionarlos y, tal como ha dicho una de las personas que están participando en la conferencia, con un “lenguaje blando” que no evoca la gravedad de los problemas, sino que los expone de forma simplista, sin enfocarse plenamente en la búsqueda e implementación de soluciones.

La verdadera solución pasa por una acción global concisa, definitiva, marcada por una comprensión y una conciencia del ser humano, de la humanidad, que signifique el final, la detención de todo abuso, agresión y deterioro de cualquier espacio natural, de cualquier ecosistema, de cualquier forma de vida. Tal como expresa Mark Eakin, coordinador de Coral Reef Watch para la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos: “Si aparte de estas acciones no lidiamos con el rápido aumento de CO2 y de las temperaturas a nivel global, entonces hacer este tipo de trabajo es como reorganizar las sillas de cubierta en el Titanic”. Por lo tanto, el ser humano tiene que concebir que debe vivir de otra forma para respetar y conservar el planeta, incluso para proteger su propia supervivencia, y esto pasa por grandes cambios que fácilmente podemos considerar que tienen que hacerse desde los gobiernos y las grandes empresas que dominan el mundo, pero que también tienen que hacerse desde cada ser humano que es partícipe de lo que llamamos humanidad, desde cada acto por pequeño que parezca, porque todo va a formar parte de una acción mayor, global, de un pensamiento colectivo que tiene que detener la destrucción y alentar y generar el equilibrio, el respeto y el amor por este planeta y por nosotros mismos.



Fuentes:

miércoles, 31 de octubre de 2018

Evento del mes de octubre

Publicado por David Arbizu

GRAN IMPACTO DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN EL MEDITERRÁNEO
El pasado lunes, 22 de octubre de 2018, se publicó un estudio en la revista "Nature Climate Change" que analiza la situación que se está experimentando en toda la Cuenca Mediterránea debido a los efectos del cambio climático planetario, unos efectos que han provocado que la temperatura media de toda la zona haya aumentado 1,4ºC desde la era preindustrial, que el nivel del mar se haya elevado 6 centímetros en las últimas dos décadas y que sus aguas se hayan ido acidificando dramáticamente. La publicación de este estudio coincide, de algún modo, con un aumento de la sensación de inestabilidad, de desequilibrio de los patrones climáticos e incluso de peligro, para los seres que habitamos en toda la zona, por la posibilidad de ser afectados por eventos catastróficos cuya probabilidad y proximidad anteriormente no se había sentido con tanta fuerza, como si de pronto, especialmente desde el inicio del otoño, todo pasara muy cerca y se hubiera entrado en un gran caos climático en el que las tormentas son huracanadas, con precipitaciones torrenciales que causan gravísimas y destructivas inundaciones, con un notable aumento de la formación de tornados y trombas marinas, con un oleaje cada vez más elevado que impacta y penetra en las costas y zonas urbanizadas, con cambios de temperatura que muestran una mayor llegada de vientos árticos y también de vientos saharianos, con impactos de huracanes o restos de tormentas Atlánticas que antes no cambiaban su trayectoria hacia el este, tal como se observó con el huracán Leslie, e incluso con movimientos sísmicos de mayor potencia, como el terremoto de 6,8 grados que el jueves 25 de octubre sacudió el Mar Jónico, cerca de Grecia. Y tampoco hay que olvidar la actividad volcánica, donde destacan las erupciones del volcán Etna (Isla de Sicilia-Italia) y del volcán Strómboli (Islas Eolias-Italia), ni los incendios forestales que, tal como ha sucedido el pasado verano en Grecia, se vuelven cada vez más potentes, alimentados por la sequedad y los vientos y la propia deforestación al construir zonas urbanizadas en lugares inapropiados, donde de pronto las viviendas, las instalaciones y las calles se vuelven caminos por donde el fuego corre de forma descontrolada.

El estudio publicado por la revista "Nature Climate Change", que ha contado con la participación de 18 instituciones de investigación de 10 países, también pretende poner de manifiesto el impacto climático dando una visión integrada de la Cuenca del Mediterráneo frente a otras evaluaciones más globales, como las que resultan de los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). A partir de este estudio y con la finalidad de poder seguir con las observaciones y análisis de los riesgos climáticos, se ha establecido la red MedECC (Expertos del Mediterráneo sobre el Clima y el Cambio Ambiental), que actualmente cuenta con 400 expertos y con el apoyo de agencias gubernamentales, entre otros socios, y cuya finalidad es aportar información científica a gobiernos y administraciones y poder influenciar en la toma de medidas efectivas contra el cambio climático y la degradación ambiental.


Cuenca Mediterránea

A través del estudio se han determinado los cinco mayores riesgos asociados al impacto de los cambios ambientales que van a agravar un entorno seriamente afectado por la urbanización, la agricultura y la pesca intensiva, la industrialización, la contaminación, las crisis políticas y financieras y las migraciones de personas como parte de la crisis social y humana. Estos riesgos están interconectados y son: la escasez de agua, la pérdida de biodiversidad, la seguridad alimentaria, los problemas de seguridad y la salud pública. 
Voy a analizar brevemente cada uno de ellos:
- Escasez de agua: La previsión es que se reduzcan notablemente las precipitaciones en verano, especialmente en los países del sur del Mediterráneo, y que al mismo tiempo vaya aumentando la demanda de agua, tanto por el crecimiento de la población humana como para satisfacer las necesidades de la agricultura. El conflicto de la escasez de agua puede verse agravado por actividades como el turismo, una mayor industrialización y la expansión urbana, que además son actividades directamente relacionadas con la contaminación del agua, ya que a la escasez se le añadirá el problema de la potabilidad, algo a lo que ya nos estamos enfrentando.
Aunque ahora se estén formando grandes tormentas con fuertes precipitaciones, hay que tener en cuenta que la línea tropical está subiendo hacia el norte del planeta, de manera que la zona tropical es cada vez más ancha a nivel global y el desierto del Sahara se va expandiendo hacia el norte; esto también coincide con las previsiones que indican, por ejemplo, que amplias zonas de la Península Ibérica serán cada vez más áridas y que esta sequía irá expandiéndose desde el sur hacia el norte. Algo que también se observa en otras áreas del planeta es que, cuando se alcanzan niveles de sequía críticos, la recuperación es extremadamente difícil incluso con la llegada de abundantes precipitaciones, ya que la sequedad del terreno y el deterioro de los acuíferos y corrientes subterráneas puede llegar a puntos de no retorno, de que prácticamente sea imposible su recuperación.

- Pérdida de biodiversidad: Este riesgo está relacionado con la sexta extinción masiva, con la destrucción de ecosistemas, de hábitats cuyas condiciones climáticas son vitales para muchas especies. Una de las principales causas de la desaparición de muchas especies es el aumento de las temperaturas, tanto a nivel terrestre como marino, pero también la contaminación es una causa que puede llegar a ser mortal. Algunas especies son capaces de emigrar hacia otras zonas del planeta donde pueden sobrevivir, pero otras no y se extinguen. Al mismo tiempo, las especies que emigran pueden convertirse en especies invasoras en otros ecosistemas, al igual que sucede con la llegada al Mediterráneo de muchas especies invasoras que están alterando el equilibrio biológico en muchas áreas.
En la foto que sigue a continuación se observa la planta acuática "posidonia", que está en peligro de extinción debido a la contaminación y a la destrucción que las anclas y cadenas de los barcos hacen sobre el fondo marino. Las praderas de posidonia son una fuente imprescindible de oxígeno, se las llama el "pulmón del Mediterráneo". Además, estas plantas filtran sedimentos, crean barreras que evitan la erosión de las playas y mantienen la calidad y oxigenación del ecosistema submarino.


- Seguridad alimentaria: Es algo que ya están experimentando los países del norte de África, donde hay menos recursos y programas para adaptarse a situaciones que agravan la vulnerabilidad de sus habitantes. Muchos de estos países son políticamente inestables, con habitantes emigrando a las ciudades porque ya no pueden subsistir de la agricultura y la ganadería y desde donde se generan grandes movimientos migratorios hacia Europa, algo que está creando una situación que cualquier día puede estallar en cualquier lugar y que cada vez va teniendo más relación con el creciente número de personas que son "refugiados climáticos", aunque el incremento de los eventos catastróficos nos está mostrando que los refugiados climáticos pueden aumentar en zonas hasta ahora consideradas más seguras o protegidas.

- Problemas de seguridad: En este punto el estudio no tan solo se refiere a la inseguridad que puede llegar desde los conflictos humanos sino también, en especial, a los problemas derivados del aumento del nivel del mar. El estudio señala que el deshielo de los Polos y de las grandes masas de hielo, como los glaciares, afectarán directamente al Mediterráneo y que el aumento del nivel del mar pondrá en peligro muchas de las costas que están densamente pobladas. Además, la entrada de agua salada también dañará suelos agrícolas y generará grandes pérdidas de todo tipo.

- Salud pública: El aumento de las temperaturas, la acidificación del mar y la contaminación harán que aumente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y/o respiratorias. Estas condiciones climáticas también favorecerán la llegada y propagación de especies transmisoras de enfermedades que hasta ahora no se han acabado de establecer en toda la zona. 

Desde el estudio se quiere dejar clara la relevancia de estos riesgos y también su interconexión, ya que se considera que hasta ahora solo se habían analizado independientemente. Personalmente, creo que es importante hacer este análisis comprendiendo que todo está directamente relacionado, en interdependencia y que no se pueden poner en marcha acciones de ningún tipo sin tener en cuenta todos estos factores y también todos los que tengan que ver con el equilibrio y salud de los ecosistemas, de todos los hábitats y de todos los seres vivos que los habitan, no solo de la especie humana y no solo pensando en la agricultura, la ganadería y la pesca como base de nuestra subsistencia, sino pensando en todos los seres vivos como parte vital e imprescindible del equilibrio y salud de la biosfera, que es algo de lo cual depende nuestra supervivencia. Todo dependerá siempre del grado de conciencia con el que se desenvuelva, con el que actúe, el ser humano, porque de nada va a servir la nueva red de "Expertos del Mediterráneo sobre el Clima y el Cambio Ambiental" si solo se presentan soluciones parciales, específicas, para zonas concretas de la Cuenca Mediterránea sin tener en cuenta que, por ejemplo, las aguas del Atlántico siguen calentándose y aumenta el número de huracanes que empiezan a afectar a los países mediterráneos o que la corriente polar atmosférica Jet Stream, que regula y sostiene las corrientes del aire del Ártico, sigue desequilibrada y se producen enormes gotas frías que cubren grandes partes de Europa llegando hasta el sur del continente cada vez con más fuerza, recordándonos que, tal como indican muchos científicos, nos encontramos ante un patrón que conduce a una mini-glaciación, aunque parezca lo contrario.

Justamente la lección que ahora nos llega desde los desequilibrios climáticos que se están experimentando en el Mediterráneo es la de que en cualquier parte del planeta se pueden generar todo tipo de eventos y que cada vez queda menos tiempo para tomar decisiones importantes y definitivas para impedir un desequilibrio irrecuperable de la biosfera y de todos los sistemas y patrones climáticos que forman parte de su estructura y funcionamiento. La lección también nos demuestra que los cálculos científicos se pueden ir volviendo menos fiables porque los valores de la ecuación, de todos los patrones que hasta ahora se consideraban definidos, pueden cambiar en cualquier momento y, de repente, por poner un ejemplo, una temporada de huracanes del Atlántico que en primavera se preveía muy intensa, después, en pleno verano, pasa a considerarse baja, con pocos huracanes, y entonces, de golpe, a finales del verano y ya con el inicio del otoño, se empiezan a formar huracanes y a cambiar sus trayectorias fuera de todos los cálculos y previsiones que hasta ahora habían sido un patrón a seguir que daba pocos errores. Y, para finalizar, la lección también nos muestra la gran potencia de las fuerzas de este planeta, unas fuerzas que no podemos controlar y que nos advierten para que no sigamos con el abuso, la agresión y la destrucción de la Tierra, de su biosfera, si no queremos pasar a formar parte de un final catastrófico para todos. 



Fuentes:


domingo, 30 de septiembre de 2018

Evento del mes de septiembre

Publicado por David Arbizu

EL DESPLAZAMIENTO DEL EJE DE ROTACIÓN DE LA TIERRA 
Nuestro planeta no es una esfera perfecta, no es la esfera que podemos imaginar y observamos cuando se dibuja o incluso a través de las imágenes tomadas desde el espacio, que no muestran todo su relieve y mucho menos sus movimientos. Sabemos que uno de los movimientos de la Tierra es el de “rotación”, una rotación que hace a 1700 kilómetros por hora y que está relacionada con un movimiento de bamboleo, como el de una peonza, movimiento que se debe a las oscilaciones que hace el planeta sobre su línea de rotación trazada a partir del eje, un eje que atraviesa el globo desde el Polo Norte al Polo Sur y que tiene un movimiento, un desplazamiento que provoca un cambio en la ubicación de los polos geográficos, algo que se conoce como “movimiento polar”.


Hasta ahora, la explicación científica a esta desviación del eje de rotación de la Tierra daba por hecho que solo existía un proceso principal que causara ese movimiento y este proceso es el “rebote glacial” o “ajuste glacial”. El rebote glacial es el movimiento de elevación de las masas terrestres hacia lo que se considera su “posición original” antes de la última glaciación, que finalizó hace unos 11 000 años, ya que el peso de las enormes y espesas capas de hielo que se formaron, sobre todo en los casquetes glaciares pero también sobre otras partes del planeta, presionaron y hundieron la corteza terrestre en el manto y tras la glaciación se inició un proceso de recuperación, de elevación, algo que se considera que todavía puede durar unos 10 000 años más.

Un estudio publicado recientemente y elaborado por un grupo de investigadores de la NASA ha identificado otros dos procesos que, junto con el rebote glacial, son los más importantes impulsores del desplazamiento del eje de rotación. Estos otros dos procesos son el deshielo global, especialmente el que sufre Groenlandia, y la convección del manto terrestre, que es responsable del movimiento de las placas tectónicas debido a la circulación del material contenido en el manto, de todo lo que forma el magma que provoca movimientos en la superficie, en las placas, tanto cuando asciende como cuando desciende.

Todos estos factores inciden plenamente en la redistribución de la masa terrestre, tanto a nivel de superficie como en sus capas más internas, y todo gran cambio de masa afecta al eje de rotación. Los datos calculados del deshielo que ha habido en Groenlandia durante el siglo pasado y, concretamente, desde que el aumento de temperaturas fue más notable, superan nuestra capacidad de imaginación y asimilación, porque se considera que se han derretido y, por lo tanto, llegado al océano, 7 500 gigatoneladas de hielo, una cantidad que representa el peso de más de 20 millones de edificios como el Empire State. Todo ese peso enorme ha pasado al océano, ha provocado el aumento del nivel del mar y que hubiera una redistribución de la masa planetaria con la correspondiente deriva del eje de rotación. También se está derritiendo parte del hielo de la Antártida, pero la ubicación de Groenlandia hace que su deshielo tenga un efecto más impactante.


Las mediciones astrométricas y geodésicas han demostrado que, durante el siglo XX, el eje de rotación de la Tierra se desplazó hacia la región de Labrador, al este de Canadá, pero a partir del año 2000 cambió y las mediciones realizadas entre 2003 y 2015 demuestran que ahora se mueve a lo largo del meridiano de Greenwich. Los científicos consideran que este cambio se debe a que se ha acelerado el deshielo, no solo en Groenlandia y el Ártico, sino también en grandes áreas donde han desaparecido grandes lagos, enormes superficies de agua e incluso grandes acuíferos debido a la extrema sequía, tal como sucede en Oriente Medio y el suroeste de Asia, donde han mermado ostensiblemente los grandes glaciares y capas de hielo y nieve, algo que también está sucediendo en los Alpes y, principalmente, en el Himalaya. De hecho, se considera que una parte importante del movimiento polar actual se debe al déficit de agua de Eurasia y, en concreto, de la zona de India y del Mar Caspio.

En la imagen que sigue a continuación podemos observar, a la izquierda, el desplazamiento del eje de rotación antes del año 2000 y, a la derecha, el desplazamiento sobre el meridiano de Greenwich calculado según los datos obtenidos entre los años 2003 y 2015. La imagen central nos muestra cómo cada situación estira o desplaza el eje hacia una dirección concreta, de manera que el resultado final es la suma de todos esos vectores. También se puede observar, en color azul, la pérdida de masa en Groenlandia y en Oriente Medio y el suroeste de Asia, así como en la Antártida, donde la parte oeste sufre un fuerte deshielo mientras que la parte este oscila entre temporadas en que se mantiene o incluso aumenta la superficie helada y temporadas donde se debilitan los glaciares y se teme por la rotura de las plataformas heladas, algo que en estos momentos sí que está alarmando a los científicos debido a que están observando unas condiciones que podrían dar como resultado una gran aceleración del deshielo.
El estudio publicado recientemente también expone la relación con todos estos desequilibrios y la actividad humana y habla del “cambio climático antropogénico” como una de las causas principales del movimiento del eje de rotación de la Tierra, ya que puede llegar a afectar a los tres procesos principales que antes he mencionado. El cambio climático, el calentamiento global que estamos experimentando y que está directamente relacionado con el Antropoceno, con los excesos que la humanidad está haciendo sobre el planeta, está acelerando el deshielo, está provocando una contaminación atmosférica que afecta también a la masa de la atmósfera, cuyo peso enorme también incide sobre la rotación del planeta y su eje. Además, la humanidad altera completamente la estructura de la masa terrestre con la deforestación, con toda la extracción de recursos y el consumo de combustibles fósiles, con la sismicidad que provocan actividades como el fracking, con la rotura de la superficie terrestre, provocando falta de compacidad del suelo, con todas las presas e incluso la puesta en marcha de programas de geoingeniería que afectan la llegada de los rayos solares y provocan cambios atmosféricos y desequilibrio en patrones que también tienen un gran impacto sobre el movimiento de masas, como por ejemplo el cinturón oceánico o circulación termohalina, que distribuye y mueve enormes corrientes oceánicas a escala global. Así que no solo aceleramos el deshielo con el calentamiento global, sino que estamos desequilibrando capas de la superficie y capas más internas afectando la sismicidad y, por lo tanto, el movimiento de placas y del magma terrestre. Se ha comprobado que los terremotos también afectan al eje de rotación de la Tierra y a su velocidad de rotación; por ejemplo, se calcula que el terremoto de Indonesia del año 2014, que afectó la isla de Sumatra, causó que la Tierra girara un poco más rápido acortando la duración del día en 6,9 microsegundos y que el eje de rotación se desplazara unos 7 centímetros.

Tras leer estas cifras, creo que es importante ser conscientes de que estamos hablando de centímetros y metros. En este sentido, el mayor desplazamiento puntual observado hasta ahora del eje de la Tierra ha sido de unos 12 metros. Quizás puedan parecer cifras ridículas y, tal como algunos científicos indican, inofensivas, pero seguimos sin tener un buen conocimiento de los sistemas que hacen funcionar los patrones climáticos y que sostienen la biosfera y no sabemos ciertamente qué consecuencias puede tener un desplazamiento que nos parezca mínimo del eje de rotación de la Tierra, así como un pequeño aumento o disminución de su velocidad de rotación. Tampoco sabemos qué pasaría si hubiera un evento más catastrófico o varios seguidos de gran magnitud que provocaran que ese desplazamiento pasara de ser de unos cuantos metros a cientos de metros. Lo que sí vemos cada vez con más claridad es que estamos viendo cómo los patrones atmosféricos están cambiando y cómo un cambio o desequilibrio de un patrón puede afectar a otros patrones y sistemas sin importar lo cerca o lejos que estén geográficamente, porque todo está entrelazado, vinculado, para sostener la biosfera. 

Relacionado con todo esto, vale la pena recordar las declaraciones de algunos miembros de la tribu Inuit (tribu del Ártico canadiense, Groenlandia, Siberia y Alaska) cuando hace unos cuantos años ya alertaban del cambio de posición de la Tierra porque habían constatado que el Sol ya no salía por el mismo lugar, que los días se volvían más calientes y que también la Luna y las estrellas estaban situadas de forma distinta en el cielo. Para ellos ese cambio sí que está relacionado con la supervivencia, porque afecta sus capacidades de navegación, sus estrategias de pesca, incluso que algunas especies que no llegaban a sus aldeas, como los osos polares, ahora sí lo hagan. Mientras tanto, una gran mayoría de la humanidad no es consciente de todo ello, pero algún día veremos cómo los movimientos de la Tierra, el desplazamiento de su eje de rotación, tiene relación con la estabilidad y salud de la biosfera, de la vida y nos encontraremos con un factor más a tener en cuenta si queremos reequilibrar el planeta, frenar la sexta extinción masiva y que finalmente el Antropoceno pueda llegar a ser la época donde el hombre, la humanidad, detiene la destrucción y el abuso que está haciendo sobre la Tierra y pone en marcha acciones basadas en el respeto, el cuidado y la limpieza y reequilibrio de todo lo dañado.


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jueves, 30 de agosto de 2018

Evento del mes de agosto

Publicado por David Arbizu

DESPERTANDO AL GIGANTE
El título de este artículo: “Despertando al Gigante” corresponde a la traducción de la parte principal del título del libro de Bill McGuire: Waking The Giant - How a Changing Climate Triggers Earthquakes, Tsunamis, and Volcanoes; Londres: Oxford University Press (2012).
Bill McGuire es un escritor académico y científico, es Profesor Emérito de Riesgos Geofísicos y Climáticos en el University College London y es uno de los principales vulcanólogos de Gran Bretaña. Sus principales intereses incluyen el estudio de los volcanes, la naturaleza y el impacto de los eventos geofísicos mundiales y el efecto del cambio climático en los peligros geológicos.

En el libro explica las épocas por las que ha pasado el planeta, el Gigante, a lo largo de toda su historia y cómo se han ido desarrollando las situaciones que han desembocado en crisis planetarias con grandes eventos destructivos y extinciones masivas. También analiza especialmente situaciones concretas, en lugares concretos, que se están observando y estudiando en la actualidad y desde el principio del libro se percibe que el estudio principal, la propia finalidad del libro, es, por un lado, poner de manifiesto todo el impacto que el ser humano ha tenido y sigue teniendo sobre la biosfera y el equilibrio y la salud de todo el planeta y, por otro lado, hacer referencia a ese “Gigante” que sería mejor no despertar pero que en realidad ya se ha despertado.

Portada del libro

Como muchos otros científicos, Bill McGuire hace referencia al período que se ha vivido en la Tierra desde el final de la última glaciación, hace unos 12 000 años, hasta el momento actual y en especial desde que el ser humano empezó a expandirse, a urbanizar el planeta, mientras avanzaba su evolución y también su tecnología. Durante este período las condiciones en la Tierra han sido muy favorables para la supervivencia, para el crecimiento, para el impulso de una raza humana que ha llegado a ser la especie dominante y ha considerado suyo todo lo que tiene a su alcance apoyándose en la tecnología y, de alguna manera, en el despotismo. De hecho, una de las palabras que más se repiten en el libro es “antropogénico”, refiriéndose a los efectos, procesos o materiales que son el resultado de actividades humanas, a diferencia de los que tienen causas naturales sin influencia humana. Esto enlaza con el “Antropoceno”, que es el nombre con el que se conoce la época que ahora estamos viviendo, una época donde la actividad del hombre está provocando serias y graves consecuencias que están afectando a toda la biosfera, a toda forma de vida y al equilibrio de todo el planeta, una época que para algunos empieza con la Revolución Industrial y para otros con las primeras pruebas atómicas y otros ensayos científicos y tecnológicos que han dejado una huella estratigráfica, geológica, en la mayor parte de nuestro planeta.

El libro de Bill McGuire se publicó en el año 2012 y desde entonces hemos ido experimentando un continuo aumento de la inestabilidad en todos los sentidos, en todos los elementos: tierra, agua, aire y fuego. En estos momentos, a finales de agosto de 2018, la mayoría de nosotros, especialmente los que vivimos en el hemisferio norte, habrá experimentado un verano con temperaturas muy elevadas, con olas de calor extremas y también con lluvias torrenciales, caída de granizo e inundaciones. También hemos podido recibir información sobre un notable aumento de la actividad volcánica a la que ahora se ha añadido un incremento de la actividad sísmica, con varios terremotos casi a diario de más de 6 grados. Sabemos que sigue aumentando sin parar la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera y que hay continuas fugas de gases y productos químicos tóxicos y radiactivos desde empresas y centrales nucleares que no pueden satisfacer ni alcanzar el grado de seguridad necesario que requeriría el trato con ese tipo de productos y su manipulación. También, si queremos, podemos estar bien informados del deshielo en los polos y también en los glaciares y montañas de todo el mundo y muchas noticias alertan de la ralentización del Cinturón Oceánico o Circulación Termohalina junto con el desequilibrio de la Corriente del Golfo, algo vital para sostener las corrientes oceánicas, la formación estructurada y correcta de tormentas y para que en Europa y Norteamérica, principalmente, los inviernos sean menos duros. Para hablar también sobre el elemento tierra, se puede decir que estamos siendo testigos de enormes deslizamientos de tierra que, aunque muchas veces son provocados por las lluvias, muestran la falta de compacidad del terreno, algo relacionado con la deforestación, la minería, el fracking, el abuso de los acuíferos, la construcción de presas, etc. También hemos visto cómo la superficie de la Tierra se rompe en lugares donde las fallas tectónicas están recibiendo aumentos o cambios de presión que en muchos casos pueden estar relacionados con la sequía, con la desaparición de grandes lagos que quedan totalmente secos, con el aumento del nivel del mar y todos los excesos antropogénicos llevados a cabo durante demasiados años consecutivos, sin respeto y sin descanso.

Es imposible nombrar todos los eventos y situaciones, ya que también tendríamos que observar las influencias externas como, por ejemplo, el impacto que supone el comportamiento del Sol y la llegada de rayos cósmicos, pero todo ello está afectando la biosfera del planeta y se podría englobar en lo que llamamos “calentamiento global”, un patrón de ámbito planetario de aumento de las temperaturas que puede conducir a situaciones más catastróficas como un aumento del nivel del mar que afecte a millones de personas, una olas de calor que puedan llegar a ser intolerables para la supervivencia, la falta de agua potable y, además de todos los efectos extremos sobre todos los patrones climáticos, la pérdida de grandes extensiones dedicadas al cultivo de alimentos y la expansión de especies invasoras, algunas de ellas muy perjudiciales para la salud por su capacidad de transmitir enfermedades y que, habitualmente, son devastadoras para las otras especies autóctonas y se convierten en verdaderas plagas.


El mapa que aparece en la imagen superior, incluido en la “Evaluación del clima global del mes de julio de 2018”, realizado por la agencia científica del Departamento de Comercio de los Estados Unidos "NOAA" (National Oceanic and Atmospheric Administration), lleno de termómetros de color rojo, transmite el calentamiento que está dominando la mayor parte del planeta y tal como informa el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) en uno de sus informes: “El calentamiento antropogénico se está extendiendo y van a ir extremándose los eventos a nivel general”. 
Todos estos análisis y estudios se basan en el pronóstico de un aumento de las temperaturas y un desenlace dramático en cuanto a desertización de amplias zonas del planeta y subida del nivel del mar que en muchas ocasiones se sitúa a largo plazo, después de varias décadas, pero lo que estamos observando es que los cambios pueden ser repentinos, muy rápidos. Nadie esperaba que este verano se rompieran tantos récords de calor en tantos lugares de Europa, de Estados Unidos, de África y de Japón y otras zonas de Asia. Tampoco se calculaba con suficiente exactitud que sería una temporada con pocos huracanes en el Atlántico ni en las costas del Pacífico de México, pero sí que ha habido muchos tifones en el oeste del Pacífico y la temporada de monzones ha sido larguísima y devastadora para muchos países asiáticos. Tampoco se esperaba esta temporada de incendios terribles, incontrolables, que alertan sobre la sequedad de los bosques, sobre el exceso de urbanización, sobre la deforestación y la plantación de especies no autóctonas. Tampoco se preveía que muchas costas se llenarían de algas tóxicas hasta niveles extremos y que veríamos una gran mortandad de especies además de sentir en nuestra propia piel los efectos de esa toxicidad fruto del desequilibrio causado por las “actividades antropogénicas”. Tal como expresa Bill McGuire en su libro (recordemos que se publicó en el año 2012, hace ya 6 años): “En lugar de un aumento lineal constante en la respuesta geológica, esa respuesta puede proceder en saltos y saltos repentinos a medida que se cruzan los umbrales críticos y se exceden los puntos de inflexión… Tan complejo e intrincado es el Sistema de la Tierra que, mirando al futuro, nada puede considerarse inmune a la influencia del calentamiento antropogénico. Lo que sí está claro es que ahora todo el planeta se está movilizando”. (página 241) Y todo ello mientras ya está aceptado científicamente que estamos ante la sexta extinción masiva y están pereciendo, desapareciendo a gran velocidad, muchas especies de animales y plantas del planeta.


La imagen superior nos muestra la belleza de este planeta visto desde el espacio, pero también me gustaría que sirviera para transmitir que es una estructura única, compacta. Con esto quiero introducir la idea del planeta como un organismo biológico con sistemas desarrollados para evolucionar, para sostener sus estructuras, para adaptarse a nuevas situaciones, incluso a nuevas influencias externas, por ejemplo. En este sentido nos encontramos con la “Hipótesis Gaia”, que fue ideada por el químico James Lovelock en 1969 y luego apoyada y extendida por la bióloga Lynn Margulis. Esta teoría se basa en la idea de que la biosfera autorregula las condiciones del planeta para hacer su entorno físico más hospitalario con las especies que conforman la “vida”. La Hipótesis Gaia define esta “hospitalidad” como una completa homeostasis, donde Gaia representa un enorme sistema de control global retroalimentado cuya función es conseguir y mantener un entorno físico y químico óptimo para la vida en el planeta. La Hipótesis Gaia no reconoce al planeta como un organismo vivo, sino como un sistema interactivo cuyos componentes son seres vivos y que es la propia vida la que provoca cambios en el planeta en pleno acuerdo con el sistema de control retroalimentado planetario. En palabras de James Lovelock: “La vida claramente hace más que adaptarse a la Tierra, cambia la Tierra para sus propios fines. La evolución es una danza estrechamente unida, con la vida y el entorno material como socios. Del baile emerge la entidad Gaia”.

Otra declaración de James Lovelock que demuestra la estructura de ese sistema completo interactivo es la siguiente: “Toda la gama de materia viviente en la Tierra, desde las ballenas hasta los virus y desde los robles hasta las algas, podría considerarse como una entidad viviente única capaz de mantener la atmósfera de la Tierra para satisfacer sus necesidades generales y dotada de facultades y poderes que van mucho más allá de sus componentes partes”, lo cual  nos transmite la idea de “entidad planetaria” y de que “todo está conectado”. Independientemente de estar o no de acuerdo con todo lo que comprende la Hipótesis Gaia, ya que muchas personas consideramos que la Tierra sí que es un ser vivo que toma decisiones y que tiene vida y por lo tanto “vive” un proceso evolutivo, las palabras de Lovelock demuestran cómo toda forma de vida es imprescindible y forma parte de esa entidad viviente única que se mueve y desenvuelve para que existan las condiciones de supervivencia más favorables en el planeta. Si observamos la conducta y actividades del ser humano, de todo lo que define el Antropoceno, podemos afirmar que nos hemos apartado de esa unidad, de ese sistema y que hemos provocado una crisis planetaria, un “despertar del gigante”, cuya solución cada vez parece más lejana debido a que no se percibe un cambio de conciencia en el ser humano, sino que persisten y aumentan las actividades perjudiciales y desequilibrantes de los sistemas de la Tierra, de Gaia. Y junto con esta grave crisis planetaria también aumenta la crisis de la humanidad, de sus propios valores y vemos cómo cada vez son más conocidos a nivel general los casos de abusos, de esclavitud, de pederastia y otro tipo de violaciones y enfrentamientos entre seres humanos. Mientras se va agravando toda esta situación, los eventos planetarios nos muestran que cada vez habrá más “refugiados climáticos”, personas que por diferentes motivos no podrán seguir viviendo en sus hogares, en sus tierras, personas que tendrán que desplazarse para sobrevivir, pero además también nos están demostrando que toda la superficie del planeta está cada vez más expuesta a estos eventos, de una u otra forma, no solo las zonas donde ya estamos acostumbrados a que, de tanto en tanto, pase alguna tragedia, así que vamos a sentir más cerca el desequilibrio que da forma a la crisis planetaria actual.

Protesta en Estados Unidos por la construcción de oleoductos

Al mismo tiempo, parte de esta humanidad que ha “despertado al gigante” al llegar a un punto límite de explotación del planeta, también está despertando, abriendo su conciencia, preocupándose por todo el daño que se está causando y empezando a movilizarse para defender a Gaia, a ese sistema, a ese planeta que, en conjunto y unidad con todas las formas de vida que contiene en su superficie, mantiene una biosfera para que sea posible la vida, la propia existencia. Es el momento de comprender el respeto y amor que la mayoría de tribus nativas siempre demuestran por el planeta, por la “Madre Tierra”, como muchos la llaman para mostrar que ella nos cuida, nos protege, nos da la vida; es el momento de actuar desde ese respeto y amor por el planeta, sus sistemas y todas sus formas de vida recordando que “todo está conectado”, que hay una relación interdependiente entre todos para sostener la biosfera y todos sus mecanismos en equilibrio. Para ello el ser humano tiene que elevar su conciencia y ser responsable de sus actos, porque tal como declaraba James Lovelock en el año 2010: “Si hubiera mil millones de personas viviendo en el planeta, podríamos hacer lo que quisiésemos. Pero hay casi 7000 millones. En esta escala, la vida tal como la conocemos hoy no es sostenible”. Y hay que tener en cuenta que ahora ya somos más de 7600 millones.

Por otro lado, es importante ser conscientes de que la ciencia sigue sin comprender cómo funciona el planeta, cómo se mueven sus sistemas para reequilibrarse. El ser humano sigue haciendo pruebas y ejercicios de geoingeniería sin realmente saber cuáles pueden ser verdaderamente los resultados a nivel global, porque todavía no ha comprendido que está interfiriendo en un todo holístico, en una entidad planetaria, no en partes o zonas del planeta. Y el planeta es un gigante de dimensiones colosales con un cuerpo que, al igual que el nuestro, funciona como una totalidad. Así que no podemos pensar solo en la biosfera, en esa parte donde existe la vida en el planeta, esa franja de unos 20 kilómetros que rodea al planeta y que va desde las más profundas fosas marinas hasta las capas habitables de la atmósfera, sino que hemos de pensar en todas las capas del planeta, en las capas magmáticas subterráneas, en la influencia que el núcleo del planeta también tiene sobre la biosfera, sobre su equilibrio, sobre su salud. Incluso está probado científicamente que el núcleo de la Tierra juega un papel primordial sobre la estructura del campo magnético que rodea y protege al planeta y también sobre los movimientos planetarios de rotación, etc. Todo ello es imprescindible y forma parte de la estructura y sistemas de la Tierra.

Es el momento de dejar de ser la pieza del puzle que no encaja y que se mueve por su cuenta desequilibrando y destruyendo todo lo establecido en armonía y equilibrio. Es el momento de ver la oportunidad de cambio, de progreso, como humanidad, como ser humano, que nos da esta crisis planetaria para que seamos realmente la especie más evolucionada del planeta, la especie que lo respeta y se mueve para que esa interrelación que da forma a todo este maravilloso sistema planetario en el que vivimos se sostenga y funcione en plenitud y magnificencia, de lo contrario nos acercaremos a lo que Bill McGuire explica al final de su libro: “A menos que haya un cambio dramático y completamente inesperado en la forma en que la raza humana se maneja a sí misma y al planeta, entonces las perspectivas futuras para nuestra civilización se ven cada vez más desalentadoras”. (página 270) Espero que sepamos aprovechar la oportunidad antes de que sea demasiado tarde y que conectemos con amor y respeto con el “Gigante” para que su despertar no llegue a un punto insostenible para la supervivencia de todos los seres vivos, incluidos los seres humanos.



Fuentes:
Libro: Bill McGuire - Waking The Giant - How a Changing Climate Triggers Earthquakes, Tsunamis, and Volcanoes; Londres: Oxford University Press (2012).

lunes, 30 de julio de 2018

Evento del mes de julio

Publicado por David Arbizu

LAS ÁREAS PROTEGIDAS DEL PLANETA
Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), un área protegida es “un espacio geográfico claramente definido, reconocido, dedicado y gestionado, mediante medios legales u otros tipos de medios eficaces, para conseguir la conservación a largo plazo de la naturaleza y de sus servicios ecosistémicos y sus valores culturales asociados”. Esta definición implica una implementación de acciones enfocadas en el cuidado, mantenimiento y protección de un área protegida, algo que forma parte de las responsabilidades de los gobiernos de cada país, pero también, especialmente, del nivel de conciencia con el que lo seres humanos se relacionan e interactúan con esas áreas.

Actualmente en la Tierra hay más de 200 000 áreas protegidas terrestres que en total cubren un 15% de su superficie terrestre. En el mapa que sigue a continuación se muestran las áreas protegidas terrestres (color rojo) y las áreas protegidas marinas y costeras (color azul).


La primera área protegida se creó en 1872 y fue el Parque Nacional de Yellowstone (USA). A partir de entonces empezó el movimiento mundial de creación de áreas protegidas. La UICN considera que la denominación “área protegida” abarca las siguientes categorías de espacios dependiendo del grado de protección que el área requiere:
1. Reserva Natural Estricta o Área Natural Estricta: Son lugares donde es necesaria una gran protección para la supervivencia de ecosistemas, especies y otros rasgos de geodiversidad que se degradarían y/o destruirían si se vieran sometidos a cualquier impacto humano significativo.
2. Parque Nacional: Áreas donde el objetivo es proteger la biodiversidad natural junto con la estructura ecológica subyacente y los procesos ambientales sobre los que se apoya. El objetivo también es promover la educación y el uso recreativo. 
3. Monumento Natural: Lugares donde se quieren proteger los rasgos naturales específicos sobresalientes y la biodiversidad y los hábitats asociados a ellos.
4. Áreas de Manejo de Hábitat/Especies: Áreas donde hay mayor interacción con actividades humanas enfocadas en el mantenimiento, conservación y restauración de especies y hábitats.
5. Paisajes Terrestres y Marinos Protegidos: Lugares donde el objetivo es proteger y mantener el paisaje (terrestre y/o marino) y la conservación de la naturaleza del lugar y también promover la interacción con actividades humanas desde valores de respeto y conservación.
6. Áreas Protegidas con Recursos Manejados: Son zonas donde el objetivo es que se haga un uso sostenible de los recursos naturales. Es la categoría de menor grado de protección. El enfoque sigue siendo la protección y conservación pero con actividades humanas enfocadas en el uso de los recursos del lugar.

Parque Nacional de Yellowstone (USA)

A pesar de que cada vez hay más áreas protegidas y el objetivo de que para el año 2020 se llegue a un 17% de superficie terrestre planetaria protegida, la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas, hábitats y estructuras que forman la naturaleza del planeta están cada vez más dañados por la actividad humana y sigue avanzando con gran rapidez la sexta extinción masiva. Hace pocos días hemos sabido que el “Overshoot Day” o “Día del Exceso Terrestre”, que representa el día del año en el cual el consumo de recursos naturales por parte de los seres humanos excede la capacidad del planeta de regenerar tales recursos durante ese mismo año, es el próximo 1 de agosto, la fecha más temprana jamás registrada y que para mantener nuestro apetito devastador actual por los recursos necesitaríamos el equivalente a 1,7 Tierras.

Relacionado con esta perspectiva pesimista, un estudio publicado en la revista Science el pasado 18 de mayo revela que 3,7 millones de kilómetros cuadrados de las áreas protegidas, es decir, el 32,8%, están muy degradadas por la presión humana, otro 42% está sometido a la influencia de nuestras actividades sin que, de momento, haya constatación de perjuicios notables y solo el 10% está completamente libre de amenaza, aunque ese 10% corresponde a zonas remotas de Rusia, Canadá y una parte muy austral de la Patagonia Argentina y Chilena. Las zonas más degradadas son los lugares donde hay una intensa presión humana debido, sobre todo, a la construcción de carreteras, la agricultura intensiva y la urbanización y todo ello va de la mano de actividades devastadoras como la deforestación, la minería y la extracción de todo tipo de materiales especialmente a través de la perforación del suelo, ya sea en los continentes o en los océanos. A todo esto hay que añadir la degradación que provoca la superpoblación del planeta y el avance tecnológico que permite accesos y desplazamientos a todos los puntos del planeta junto con toda la expansión contaminante que eso conlleva y el desequilibrio que supone el desplazamiento de especies invasoras, algo que se considera una de las situaciones de mayor destrucción de ecosistemas y hábitats a nivel planetario.

Una plataforma petrolera varada junto a la isla de Sitkalidak (Alaska)

El pasado mes de mayo se celebró en Medellín (Colombia) la sexta sesión de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (IPBES). Esta Plataforma cuenta con 129 Estados Miembros y cuatro Socios Institucionales de las Naciones Unidas: UNESCO, PNUMA, FAO y PNUD. En la sesión se expusieron y aprobaron informes de evaluación correspondientes a tres años de trabajo y estudio sobre la biodiversidad y los ecosistemas. Estos informes constatan la devastación de la biosfera y cómo esta situación alarmante pone en peligro la propia subsistencia humana, de manera que apuntan a proporcionar una base de conocimiento para la acción global sobre la biodiversidad, de la misma manera que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas es utilizado por los legisladores para establecer objetivos de emisión de carbono.

Estas son algunas declaraciones interesantes de dos personas relevantes del IPBES: Según la Dra. Anne Larigauderie, Secretaria Ejecutiva de IPBES: “Actuar para proteger y promover la biodiversidad es al menos tan importante para lograr estos compromisos (acuerdos de la Plataforma) y para el bienestar humano como lo es la lucha contra el cambio climático global”. Robert Watson, presidente de IPBES, declaró: “El momento de actuar fue ayer o anteayer” y añadió: “Los gobiernos reconocen que tenemos un problema. Ahora necesitamos acción, pero desafortunadamente la acción que tenemos ahora no está en el nivel que necesitamos”.

Realmente el momento de actuar fue hace mucho tiempo. De hecho, desde 1977 ha habido más de 140 informes científicos advirtiendo sobre el deterioro del clima y de la naturaleza, de toda la biosfera y sus sistemas, sin contar todos los informes alarmantes que año tras año van saliendo a la luz, muchos de ellos realizados por grandes empresas, en los que se reconoce el gran perjuicio que va a representar seguir adelante con políticas enfocadas solo en los beneficios y ganancias de dichas empresas, en la mayoría de los casos también involucradas con los gobiernos de cada país afectado. Ahora el desafío ambiental exige una respuesta del ser humano de ámbito global, donde toda la humanidad adopte la firme postura y convicción de que se acaba el plazo para poder mantener ese “bienestar humano” a costa de la destrucción del planeta, porque esa destrucción, ahora ya a corto plazo, también va a ser la del propio ser humano.