sábado, 28 de noviembre de 2020

Evento del mes de noviembre

Redactado y publicado por David Arbizu

EL CONCEPTO DE ECOCIDIO

La palabra “ecocidio” se considera un neologismo que ya se puede encontrar en los principales idiomas del mundo. El término se ha formado correctamente a partir de la combinación de los elementos compositivos “eco” y “cidio”, que significan “ecológico” y “acción de matar”, respectivamente. Por lo tanto, una posible definición sería “matar el medio ambiente”, algo que abarca cualquier acción, cualquiera que sea su naturaleza, que genera un daño masivo, una destrucción ambiental que afecta severamente un territorio, ecosistema, hábitat, más allá de su capacidad de regenerarse, donde hay un exterminio de especies, de la biodiversidad que permite que esa zona pueda sostenerse y operar dentro de sus funciones naturales. Conforme el término va siendo cada vez más utilizado, también se amplía su aplicación, pudiendo llegar a definir cualquier acto de origen antropogénico que represente un deterioro significativo, justificable de ser denunciado y sancionado, de un área cuya extensión puede variar enormemente. 

A pesar de que para muchos es un término nuevo y lo vemos como un término directamente relacionado con la naturaleza, con el planeta, con los sistemas que sostienen la vida, incluida la de los seres humanos, se empezó a utilizar en 1970 al referirse a los daños causados por las guerras y la responsabilidad que se debía tener por todo daño efectuado, sobre cualquier zona, que pusiera en peligro la continuidad de la vida. Más tarde, en 1972, en una Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente celebrada en Estocolmo, el que en aquel momento era ministro de Suecia, Olof Palme, utilizó y definió así el ecocidio: “La destrucción inmensa llevada a cabo por el bombardeo indiscriminado, el uso de retroexcavadoras y herbicidas es una ofensa a veces descrita como ecocidio que requiere atención urgente”, y añadió: “Es de primera importancia, sin embargo, que la guerra ecológica cese de inmediato”. Con estas palabras, Palme ya hacía una referencia a la tecnología, tanto militar como de otros ámbitos, que impulsaba el ecocidio, un ecocidio tanto a nivel de destrucción ambiental como mortandad sobre la población no involucrada en las guerras. Las palabras de Palme también iban dirigidas a la gran devastación que Estados Unidos provocó en la Guerra de Vietnam, donde se hicieron numerosos bombardeos con napalm y otros agentes químicos que destruyeron amplias zonas de vegetación del país, contaminaron el agua y dejaron la tierra infértil y totalmente envenenada. De igual modo, también apuntaban a todo el gran daño provocado por la gran cantidad de pruebas nucleares que varios países habían realizado durante años y que sin duda han tenido efectos “ecocidas”. 

Las palabras de Palme se materializaron levemente en 1998, cuando en el Estatuto de la Corte Penal Internacional quedó establecido un concepto de crimen de guerra similar al de ecocidio, pero sin definir claramente las responsabilidades, el grado de intencionalidad e incluso facilitando el amparo si se demostraba la necesidad del uso de la fuerza militar. Desde entonces ha aumentado la utilización del término ecocidio y un enfoque de su uso relacionado directamente con el cambio climático, con la degradación de la biosfera, con la pérdida de espacios naturales fruto de la actividad antropogénica, de la agresión conflictiva, bélica, con la que el hombre explota el planeta y sus formas de vida, algo por lo cual se está empezando a pagar un precio que llega a poner en peligro su supervivencia, algo que nos hace llegar el mensaje de que también nosotros, los humanos, acabaremos siendo parte de lo que llamamos la sexta extinción masiva.

Deforestación de la Selva Amazónica

En diciembre de 2019, en la Corte Penal Internacional de La Haya, el embajador de Vanuatu en la Unión Europea expresó la necesidad de convertir la destrucción del medio ambiente en un crimen. Vanuatu es un archipiélago del Pacífico Sur severamente amenazado por el aumento del nivel del mar, donde sus habitantes, como en muchos otros lugares, ven un futuro cada vez más próximo donde tendrán que abandonar sus tierras porque no se detienen las acciones que impulsan el calentamiento global, el desequilibrio climático, el deshielo, todo lo que saben que eleva el nivel del mar. Frente a tratados y acuerdos internacionales como el Acuerdo de París, que no está dando apenas resultados porque los países se limitan a ratificarlo y luego establecen sus propios objetivos de reducción de emisiones sin verdaderos controles estrictos, sin que su incumplimiento tenga apenas consecuencias, muchos expertos, organizaciones ecologistas e incluso científicos y políticos defienden que el ecocidio debería ser considerado un crimen y procesarse bajo la jurisdicción de la Corte Penal Internacional.

En la actualidad, la jurisdicción de la Corte Penal Internacional puede procesar solo cuatro crímenes: genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y crímenes de agresión, y solo puede procesar por delitos ambientales si entran dentro del contexto de estos cuatro delitos, algo que deja la mayoría de lo que se consideraría ecocidios fuera de su jurisdicción. Aunque van aumentando las noticias relacionadas con fallos judiciales y sentencias a favor de la defensa de la naturaleza, de la protección de espacios naturales, de hábitats y especies concretas, también aumentan los abusos, los accidentes y todas las acciones que podría enumerar pero que todos conocemos, donde el beneficio y expansión empresarial, la urbanización, la explotación agrícola y ganadera, la minería, las rutas y formas de transporte e incluso el turismo y otras actividades humanas están destruyendo el planeta.

Los defensores de que la Corte Penal Internacional pueda juzgar un ecocidio como un crimen consideran que eso permitiría que los autores de ese crimen pudieran ser arrestados, procesados ​​y encarcelados, y que todo ello ayudaría a impulsar un cambio cultural, de comprensión y valoración de lo que implica dañar la naturaleza, la biosfera, el planeta. Tal como expresa Jojo Mehta, cofundador de la campaña y fundación Stop Ecocide: “Si algo es un crimen, lo colocamos debajo de una línea roja moral. Por el momento, todavía se puede acudir al gobierno y obtener un permiso para extraer o perforar la tierra en busca de petróleo, mientras que, como es lógico, no se puede simplemente obtener un permiso para matar gente, porque es un delito”, y entonces añade: “Una vez que estableces ese parámetro, cambias la mentalidad cultural y la realidad legal”.

Actualmente, durante el mes de noviembre de 2020, un panel internacional de expertos juristas ha empezado a trabajar en la definición jurídica del “ecocidio” como un posible crimen internacional que coexistiría con los crímenes de guerra, el genocidio y los crímenes contra la humanidad. Se prevé que a principios del año 2021 ya habrá una definición desarrollada y adecuada. Esta iniciativa ha sido promovida por algunos parlamentarios de partidos que gobiernan en Suecia e impulsada por la fundación Stop Ecocide, que también considera muy importantes los movimientos a favor de la causa que durante los últimos meses han llegado desde Francia y también desde Bélgica. Cabe destacar que, el domingo 22 de noviembre, el gobierno de Francia anunció que creará un “delito de ecocidio” para prevenir y sancionar los daños graves que se causen al medio ambiente. Este delito englobará principalmente los delitos de contaminación y de atentado deliberado contra el medio ambiente, que serán castigados con fuertes multas y penas de prisión, pero dentro de esta legislación también se creará el delito de “poner en peligro al medioambiente”, que podrá ser castigado incluso antes de que el acto delictivo haya tenido lugar. 

Gran fuga de petróleo frente a la Isla Mauricio (hundimiento petrolero MV Wakashio-julio 2020)

El ejemplo de Francia muestra que en realidad el impulso debe surgir desde los ciudadanos, desde los habitantes del planeta presionando a gobiernos y corporaciones. Esta presión fue la que forzó que, en octubre de 2019, el presidente francés Emmanuel Macron creara la Convención por el Clima, formada por 150 ciudadanos y sus representantes, y es desde esa convención desde donde se está haciendo presión y acelerando los cambios legislativos. Si todo esto resulta realmente efectivo, muchas organizaciones van a tener una base más fuerte para demandar, para exigir, para movilizar. Tal como expresa el lema de la organización Earthjustice: “La Tierra necesita un buen abogado” porque la emergencia climática no se ve reflejada a nivel legal y cada vez hay más acciones, eventos y planes que están devastando indiscriminadamente áreas concretas del planeta, pero también al planeta completo, todos los recursos naturales, todo el equilibrio que sostiene la biosfera. Otra organización con una gran influencia y actividad es Extinction Rebellion, desde donde reclaman que se puedan exigir responsabilidades penales a los culpables del deterioro medioambiental, del ecocidio que vive el planeta, porque aunque en ocasiones podemos ver cómo legalmente se falla a favor de los derechos de un río, o prohibiendo la explotación de un bosque, o la puesta en marcha de una mina, hay que ir más allá y alcanzar esa perspectiva global, y entonces la legislación, la defensa de derechos y la aplicación de sanciones y responsabilidades penales también debe tener la contundencia que corresponde a la consideración de ecocidio.

Está claro que debe haber una presión masiva, popular, para que se defiendan los ecosistemas, la biodiversidad, el medio ambiente, y esto implica un cambio de conciencia del ser humano, porque todavía reina el egoísmo mientras el drama suceda “lejos de casa” y no esté en peligro la propia supervivencia. Es necesario abandonar ese egocentrismo que se expresa desde cada individuo hasta cada población, cada región, cada país, cada continente, y comprender la necesidad de la visión global, de que se está acabando lo que llamamos “estado del bienestar” si solo lo contemplamos para nosotros mismos y que ahora es el momento de desear y ser consciente, en nuestra vida diaria, desde nuestros actos y pensamientos, de que lo que se requiere es el “bienestar del planeta”.

Si sigue avanzando la devastación y abuso del planeta, los resultados nefastos de estas acciones van a llegarnos a todos, no tan solo porque el planeta es un sistema interconectado y cuyo desequilibrio va a afectar todas sus zonas, sino también porque nosotros, los humanos, hemos creado un mundo global donde todo se desplaza y expande fácilmente por todo el planeta. Esto se observa en los transportes de personas y de mercancías, pero también en situaciones como la actual pandemia del Covid-19, que incluso ya puede haber llegado a la Antártida. Por lo tanto, también es necesaria una legislación global, fuerte, que defienda todo acto criminal contra el planeta, contra el medio ambiente, contra cualquier ecosistema o hábitat, porque tenemos que comprender que ese acto también se está haciendo sobre nosotros mismos. Además, el ecocidio no debería estar sometido a ninguna temporalidad o vigencia y debería ser juzgado en todo momento, independientemente del tiempo pasado desde que se llevó a cabo el delito. Tal como expresa el abogado ambientalista Roger Corbera Mestres: “Ahora mismo este tipo de delitos se enfocan desde una perspectiva muy antropocéntrica y solo se denuncian los daños contra la naturaleza que afectan directamente a las personas. Pero creo que tenemos que ir un paso más allá y recordar que la degradación medioambiental es acumulativa (así que, aunque haya ocurrido hace diez años debería poder juzgarse ahora) y que antes o después afectará a todo el ecosistema”. 



Fuentes: 

https://www.bbc.com/future/article/20201105-what-is-ecocide?

https://www.elperiodico.com/es/medio-ambiente/20191217/ecocidios-crimenes-contra-medio-ambiente-naturaleza-abogados-ecologistas-7763518

https://www.efeverde.com/noticias/ecocidio-neologismo-valido-deunvistazo/

https://www.europapress.es/sociedad/medio-ambiente-00647/noticia-grupo-internacional-juristas-expertos-redactara-definicion-ecocidio-posible-crimen-internacional-20201118173224.html

https://www.dw.com/es/francia-crear%C3%A1-el-delito-de-ecocidio-para-castigar-da%C3%B1os-al-medioambiente/a-55695368

https://es.wikipedia.org/wiki/Ecocidio

https://revistas.uchile.cl/index.php/RDF/article/view/55778/60108

sábado, 31 de octubre de 2020

Evento del mes de octubre

 Redactado y publicado por David Arbizu

LA MINERÍA DEL LITIO

Se denomina “minería” a la actividad relacionada con la explotación de las minas, que son los yacimientos desde donde se extraen y tratan los minerales o cualquier material acumulado en el suelo y el subsuelo. Se considera una de las actividades más antiguas que ha realizado el ser humano, y actualmente es una de las principales actividades económicas que desarrollan e impulsan la mayoría de los países del mundo. Hay diversos tipos de minería, dependiendo de los procesos necesarios para extraer los diversos materiales, y con el paso del tiempo ha habido grandes avances tecnológicos para llevar a cabo las extracciones, alcanzando puntos de difícil acceso o de gran profundidad y buscando también obtener el máximo de rentabilidad. Actualmente, en un mundo donde la tecnología está dominando nuestras vidas y nuestras decisiones, tanto a nivel individual como a nivel de micro y macroeconomía, algunos materiales, muchos de ellos descubiertos recientemente, se vuelven absolutamente imprescindibles para la materialización de los avances tecnológicos, y entonces hay una verdadera explosión de demanda a nivel global que acelera los proyectos mineros, la búsqueda de nuevos yacimientos y los métodos de explotación.

Desafortunadamente, como casi siempre que se habla de actividades humanas donde el objetivo prioritario son los propios beneficios, sin tener en cuenta el medio ambiente, la biosfera, los ecosistemas, el resto de seres vivos y el equilibrio necesario para sostener una estabilidad planetaria, el resultado acumulado y que va in crescendo muestra una enorme devastación y unos daños, en muchos casos irreparables, producto de las actividades mineras.

Minería de litio en Bolivia

Desde hace unos quince años, uno de los materiales más cotizados es el litio, incluso se le denomina el “oro blanco”. El gran incremento de su demanda está directamente relacionado con el desarrollo y aumento de la producción de baterías para teléfonos móviles, ordenadores portátiles, vehículos eléctricos, turbinas eólicas, placas solares y muchos dispositivos que requieran disponer de energía almacenada en baterías. Conforme parece que, a nivel global, el primer objetivo de la mayoría de expertos, países y grupos intergubernamentales es que desciendan las emisiones de dióxido de carbono junto con la quema de combustibles fósiles, el litio aparece como parte de la “solución verde y sostenible”, especialmente si se le relaciona con los vehículos eléctricos, que ahora están siempre en portada como el futuro cada vez más próximo al que tendrán que llegar todos los propietarios de vehículos por el bien del planeta. Incluso el año pasado, 2019, la Academia Sueca de Ciencias concedió el Premio Nobel de Química a los tres científicos que han desarrollado las baterías de iones de litio, y el veredicto del jurado reconocía que los laureados “han sentado las bases de una sociedad inalámbrica y libre de combustibles fósiles”.

Pero todo el proceso que implica la fabricación de una batería de litio no tiene nada de “verde” ni de sostenible, al igual que todo proceso de perforación y extracción de materiales de la Tierra. Nuestro avance tecnológico y todo el acceso a determinados productos por parte de gran parte de la sociedad, impulsando su demanda desde maniobras de márquetin de efecto global, ha provocado la introducción de las baterías recargables, pero su producción y la falta de tecnología adecuada para su reciclaje pueden provocar que se conviertan en la próxima gran crisis medioambiental.

El litio se encuentra en la naturaleza de dos formas distintas, y cada una de ellas implica un tipo de minería diferente en relación con el proceso de extracción. Una de ellas, hasta ahora la que parecía menos rentable, es a nivel subterráneo, mezclado en rocas con otros minerales, lo cual dificulta y encarece el proceso de extracción. Australia utiliza este tipo de minería y es el mayor productor de litio a nivel mundial, con grandes compañías operando y una legislación permisiva y que incentiva las inversiones. El otro tipo de extracción es el que se realiza en las salmueras naturales, que se encuentran en los lagos salinos y en los salares. Los países con este tipo de salmueras que contienen grandes cantidades de litio son Chile, Bolivia y Argentina. Estos tres países forman lo que se conoce como “Triángulo del Litio”. En Chile, el lago más explotado y con mayor producción es el Salar de Atacama, en Bolivia el Salar de Uyuni, y en Argentina el Salar del Hombre Muerto y el Salar de Olaroz, aunque hay algunos más en explotación y otros que se han clausurado por la presión popular y el aumento constante de las protestas para defender el propio salar junto con el medio ambiente y el derecho al agua, especialmente de muchas comunidades indígenas estrechamente vinculadas con el salar como parte de su realidad y subsistencia.

Estos lagos, o salares, están conectados con un cuerpo subterráneo de salmuera que los alimenta, así como con acuíferos vitales para la vida de toda la zona que rodea y depende de los lagos, ya que todos se encuentran en lugares muy áridos y estos lagos representan el principal acceso a agua potable para la mayoría de los seres vivos. En realidad, estos lagos funcionan como un oasis dentro de un ecosistema muy árido, y es a su alrededor donde se desarrolla la vida y se crean vínculos de subsistencia. 

En los salares, el proceso consiste en perforar en el salar para llegar a la capa de agua que está saturada de sal (salmuera). Entonces se bombea esa agua salada hasta la superficie, dejándola evaporar hasta que queda una masa sólida rica en litio. Esa masa se manipula para obtener carbonato de litio, el compuesto de litio más utilizado, y para ello se utilizan muchos químicos, la mayoría de ellos de alta toxicidad. Este proceso genera un gran desequilibrio, ya que al bombear desde la profundidad del salar, el agua dulce de los laterales de la cuenca se va hundiendo para llenar el espacio dejado por la salmuera extraída, de forma que cada vez queda menos agua para cultivos, animales y personas. Al mismo tiempo, los valiosos y escasos acuíferos subterráneos, que representan la recarga hídrica del salar, quedan sobreexplotados y en muchos casos pueden llegar a secarse y ser difíciles de recuperar. Por si fuera poco, el viento arrastra y desplaza por la atmósfera grandes cantidades de esas sales, que acaban con la vida de muchas plantas y organismos, además de provocar enfermedades.

Otro aspecto negativo es la enorme cantidad de agua que se evapora y que también se utiliza para los procesos finales de obtención del carbonato de litio. Hay que tener en cuenta que para la batería de un coche normal se precisan unos 6 kg de litio y conseguirlos puede representar una pérdida de unos 12.000 litros de agua. Otro dato impactante es que para producir una tonelada de carbonato de litio se evaporan aproximadamente medio millón de litros de salmuera.

Piscinas de evaporación en el Salar de Atacama (Chile)

Especialmente desde el año pasado, 2019, se han encontrado más yacimientos de litio en otros países. En Europa destacan los yacimientos de Alemania, con rocas de baja concentración de litio, Portugal, donde parece que ya han empezado las extracciones, y España (provincia de Cáceres), donde se alarga el proceso de inversión e inicio de instalaciones debido a que hay partes implicadas en contra del establecimiento de estos complejos mineros. Otro país que sí que ha entrado con gran fuerza dentro de las previsiones de explotación es México, donde se han encontrado las reservas de litio más grandes del mundo cerca de la cordillera de Sierra Madre Occidental, en el estado de Sonora. También se ha encontrado litio en Perú, donde se está preparando un proyecto de ley para regular su explotación. El tipo de extracción de estos yacimientos de Portugal, España, México y Perú, se basa en la extracción de roca del subsuelo, pero las altas concentraciones de litio encontradas hacen que sean proyectos muy atractivos para las grandes compañías mineras del mundo, que están principalmente en manos de Canadá, China, Estados Unidos, Australia y Suecia.

En la mayoría de los países con proyectos de minas o con minas ya funcionando, muchos geólogos, ecologistas y defensores de los espacios naturales hace tiempo que advierten de todo el daño que causa esta actividad. En algunos lugares, especialmente en Argentina, la presión popular ha conseguido el cierre de las minas del Salar de Salinas Grandes y de la Laguna de Guayatayoc, pero normalmente los gobiernos y las grandes compañías tienen más fuerza y frenan cualquier movilización en contra, además de que ofrecen puestos de trabajo y sueldos en zonas de alto nivel de pobreza. Como sucede prácticamente en todo tipo de actividad minera, de perforación y extracción, el primer impacto a considerar es la pérdida de biodiversidad desde el inicio del proyecto, desde la construcción de instalaciones, carreteras y todo lo necesario para llevar a cabo la actividad. Esta pérdida llega tanto desde la deforestación, desde la destrucción de espacios enormes, como desde la contaminación de los ecosistemas, empezando desde la construcción de las instalaciones y continuando con todos los movimientos de transporte de materiales necesarios para la mina y de materiales que salen ya procesados junto con todos los residuos. La contaminación y degradación siempre llega también a los sistemas acuáticos del lugar, a los acuíferos y a los ríos, que son sobreexplotados al extraer grandes cantidades de agua necesaria para los procesos químicos de filtrado, muchos de los cuales son procesos de lixiviado en ácido sulfúrico y de calcinación con sales de sulfato. Estos procesos emplean de millones de metros cúbicos de agua para la disolución del mineral y su reacción con ácidos, y generan lodos y aguas fuertemente contaminadas que deben depositarse en enormes piscinas o depósitos de decantación, que son verdaderas bombas tóxicas.

En el caso del litio, es un producto altamente tóxico para todos los seres vivos. El cuerpo humano tiene alrededor de 7 miligramos de litio y a partir de 15 miligramos ya se considera altamente tóxico. También es un producto que se utiliza en psiquiatría para enfermedades mentales, con dosis extremadamente pequeñas, así que absorber dosis mayores tiene un gran impacto sobre la salud mental. Por desgracia, desde las instalaciones mineras continuamente llegan noticias, desde todo el mundo, que demuestran que son muy frecuentes las fugas, vertidos, rotura de depósitos de residuos, explosiones y otro tipo de accidentes, así que nunca se consigue alcanzar la seguridad mínima para operar con este tipo de materiales.

Mina Greenbushes (Australia)

A esta nueva “Fiebre del Oro”, los investigadores le dan un plazo máximo de demanda de unos 20 o 30 años, algo que acelera el interés de las grandes compañías para intensificar sus inversiones y sus producciones de litio. Esto provoca la falta de valoración de la devastación que se lleva a cabo y, especialmente, de todo el legado tóxico que se va a dejar en el futuro. Muchos gobiernos solo se centran en los beneficios económicos del litio sobre la economía global del país y no controlan los impactos ambientales ni el abuso sobre las poblaciones locales, que solo acceden a puestos de trabajo poco cualificados y de baja remuneración. Normalmente, las grandes compañías mineras hacen sus inversiones, sacan sus beneficios, y cuando ya no les conviene cierran sus minas sin hacerse cargo de sus responsabilidades, unas responsabilidades muchas veces pactadas a su conveniencia, especialmente si las explotaciones se realizan en países más pobres que el de origen de esas grandes compañías.

Durante el año pasado, 2019, la oferta de litio excedió la demanda, y ahora, en 2020, con la crisis de la pandemia del Covid-19, algunas compañías están operando al mínimo de su capacidad o incluso han frenado sus planes de inversión, ya que se prevé un año complicado incluso con una caída de un 15% de su precio. Y estas son acciones con repercusiones en las propias minas, con despidos de trabajadores y abandono de los trabajos de mantenimiento, y todo ello acaba repercutiendo en el medio ambiente, en el equilibrio de los ecosistemas, en la salud de los seres vivos, además de empobrecer mucho más a la población.

Otro importante tema a tener en cuenta es el del reciclado. Actualmente, las baterías de iones de litio que equipan los vehículos eléctricos se reciclan principalmente en China, junto a otros países asiáticos, pero gran parte de los materiales no se recuperan y el proceso no está exento de riesgos ambientales. Además, los costes de transporte y almacenamiento de las baterías usadas recogidas, junto con las pobres condiciones del mercado de piezas recicladas, hacen que reciclar dé muy pocos beneficios y se mantenga por la obligatoriedad legislativa.

La conclusión es que toda actividad minera conlleva enormes daños de todo tipo. Si habláramos de otros materiales que, como el litio, ahora están muy cotizados, como el cobalto o el coltán, que también se utilizan en baterías y en la fabricación de teléfonos y ordenadores, y cuyas principales minas están en África, estaríamos hablando de situaciones de abuso extremo, de esclavitud sobre muchos pueblos. Esto sucede concretamente en el Congo, donde la mayoría de las minas son ilegales y están controladas por grupos armados que obligan a las personas a trabajar en las minas sin ningún tipo de seguridad ni mínima retribución. A algunas minas se las llama “fosas comunes” por la gran cantidad de personas que han muerto al quedar enterradas.

Creo que no van a descubrirse nuevas tecnologías más eficientes y respetuosas con el planeta, con la vida, mientras no haya un cambio de conciencia que represente que el ser humano alcanza un verdadero nivel de amor y respeto por toda la biosfera, por todos los seres vivos, por todos los espacios de este bello planeta que no le pertenecen. Cuando se llegue a ese nivel de conciencia, también aparecerán y se desarrollarán tecnologías apropiadas y alineadas con formas de pensar y actuar acordes y exigibles para un ser que debe liderar el planeta deteniendo la crisis planetaria que él mismo ha provocado y organizando su vida y subsistencia bajo la comprensión del funcionamiento de la biosfera, de los patrones climáticos, de la propia vida, de sentir amor, respeto y honor por habitar este impresionante planeta.  



Fuentes:

https://www.dw.com/es/el-impacto-medioambiental-del-litio/av-55295111?fbclid=IwAR1YQVGgHVOWK69xObD5WUY1oZIx_uSW8F0rVWWQMiKtbnFhFJA1ruMKCLc

https://www.bioguia.com/salud/que-es-el-litio-y-cual-es-el-impacto-ambiental-de-su-extraccion_29283722.html

https://www.efe.com/efe/america/mexico/alertan-sobre-impacto-en-el-medioambiente-de-la-extraccion-litio-mexico/50000545-4187073

https://www.bbc.com/mundo/noticias-50082466

https://es.mongabay.com/2019/04/litio-chile-argentina-bolivia/

https://www.foroambiental.net/litio-afecta-al-medio-ambiente-las-comunidades-originarias/

https://es.euronews.com/2019/10/10/las-baterias-de-iones-de-litio-merecen-realmente-un-nobel-por-su-ayuda-al-medioambiente

https://es.euronews.com/2019/08/16/exportando-contaminacion-quien-esta-pagando-el-coste-ecologico-de-tu-coche-electrico

https://www.sqm.com/acerca-de-sqm/recursos-naturales/nuestros-recursos/

https://www.elindependiente.com/futuro/2018/02/04/coltan-congo-antonio-pampliega/

https://www.ocmal.org/las-complicaciones-para-el-litio-este-2020/

martes, 29 de septiembre de 2020

Evento del mes de septiembre

Redactado y publicado por David Arbizu

LA MIGRACIÓN ASISTIDA DE PLANTAS Y ANIMALES

El calentamiento global está provocando graves alteraciones en muchas zonas y ecosistemas, creando situaciones muy complicadas para la supervivencia de muchas especies. Se puede decir que esto forma parte de la sexta extinción masiva, con muchos seres vivos del planeta viviendo bajo un alto grado de estrés y dificultad debido a todos los cambios que está acelerando el cambio climático, la crisis planetaria. La principal causa, tanto del calentamiento global como de gran parte de la degradación de la biosfera, es la actividad del ser humano, que además de contaminar todas las partes del planeta: agua, tierra y aire, también está destruyendo y ocupando los pocos espacios naturales que van quedando en la Tierra.

A nivel planetario, conforme las temperaturas van subiendo en cada zona, las especies se desplazan para poder establecerse en lugares con las temperaturas adecuadas para su supervivencia, para poder desarrollar todas sus funciones que están preparadas para unas características concretas del entorno. Estas características del entorno, que podríamos llamar ecosistema o hábitat, no se definen solo por las temperaturas o la humedad o aridez, o por las corrientes atmosféricas o marinas, dependiendo del ecosistema del que estemos hablando, sino también por todo lo que forma ese espacio, esa parte de la biosfera cuyo equilibrio depende de la interrelación entre especies, de toda la cadena trófica, porque todo forma parte y es una pieza básica de ese equilibrio y salud del ecosistema.

El cambio climático está impulsando una migración natural de la mayoría de las especies del planeta. Incluso el ser humano, que tiene una capacidad de desplazarse superior a las demás especies, ya está abandonando lugares donde el nivel del mar está aumentando peligrosamente, donde los incendios son constantes o hay un incremento del paso de huracanes más destructivos, y esto está provocando un aumento de lo que se llama “refugiados climáticos” en todo el planeta, no solo en lugares de conflictos armados, pobreza y hambruna, que justamente es donde las personas tienen más dificultades para poder desplazarse, sino en muchos lugares donde las condiciones del entorno muestran que en pocos años dejará de ser habitable.

En general, está comprobado que los movimientos de plantas y animales son hacia zonas más frescas, buscando temperaturas que antes tenían en sus hábitats. Esto hace años que se ha constatado, tal como demuestra un estudio realizado en 2011 en el que se pudo comprobar una tendencia global de movimiento de especies terrestres hacia los polos de casi 17 kilómetros por década, algo que equivaldría a 4,5 metros cada día. También se comprobó que las especies se desplazaban continuamente hacia terrenos más elevados a razón de 11 metros por década.


Es fácil pensar en casos de migración natural, tanto en especies animales como vegetales. Por ejemplo, sabemos que algunas especies de animales están apareciendo en ecosistemas más al norte del suyo habitual, aunque en algunos casos, como el del oso polar, es al revés y su supervivencia depende de poder adaptarse a condiciones menos frías, con un entorno con menos hielo y agua, más terrestre. Tal como demuestra el ejemplo del oso polar, en algunas ocasiones las migraciones conllevan el cruce de subespecies, y se ha observado como del cruce del oso polar con el oso grizzly ha nacido una nueva subespecie que se llama “oso grolar”. Pero no todas las especies animales tienen tanta movilidad, y algunas tienen mayor dependencia de las especies vegetales con las que interactúan, que forman parte de un hábitat de dimensiones más pequeñas. Entonces, las migraciones naturales de especies vegetales también pueden estar vinculadas con migraciones de animales, generalmente más pequeños, cuya vida tiene mayor dependencia en relación con la especie de planta o árbol que esté migrando.

Algo que está claro es que las migraciones naturales son lentas, especialmente de especies vegetales, cuyo proceso de migración se basa en la dispersión de semillas. En estos momentos, el cambio climático se está produciendo a un ritmo muy elevado, sin precedentes, de forma que muchas especies no tienen tiempo de desplazarse para evitar condiciones que amenazan su supervivencia y esto está acelerando la sexta extinción masiva y el aumento de ecosistemas desequilibrados, de especies cuya relación e interdependencia con otras es muy fuerte e importante y pueden avanzar hacia su extinción debido a que otras especies no pueden tolerar los cambios en su ecosistema. Y sabemos que no siempre la dependencia es de una especie animal respecto a otra vegetal, porque los vegetales necesitan la polinización que efectúan muchos animales, la tierra necesita la oxigenación que muchos pequeños animales subterráneos realizan al surcarla, pero también se necesita la lluvia, el aire, los rayos solares, incluso toda la gran importancia del reino de los hongos y también de los microbios. Por ejemplo, la sombra de un grupo de árboles sobre un arroyo es un factor imprescindible para muchas especies que requieren que esa sombra ayude a que el agua esté en su grado de temperatura apropiado, así que si esos árboles mueren y dejan de dar esa sombra, todo el ecosistema y toda la cadena trófica va a quedar desequilibrada, va a haber un desajuste fenológico que requerirá un tiempo para volverse a ajustar, a equilibrar. Tampoco hay que olvidar las especies que habitan los ríos ni las especies marinas, que también se están desplazando normalmente en busca de aguas más frías, que también sufren la mortandad de otras especies de las cuales dependen, y normalmente sus desplazamientos provocan desequilibrios, tanto en el nuevo ecosistema al que llegan como en su antiguo hábitat.

Actualmente, el cambio climático está muy acelerado, las temperaturas aumentan rápidamente, así como otras condiciones que alteran la biosfera, la vida. Ninguna especie de este planeta, en realidad ni siquiera el ser humano, puede adaptarse a este ritmo, y por eso hace años que se habla y se han puesto en marcha programas de migración asistida para que plantas y animales puedan sobrevivir. Además, el ser humano realiza muchas actividades que impiden y bloquean la migración natural, como la construcción de vallas y todo tipo de parcelación, la construcción de carreteras, la propia deforestación y también la construcción de presas, de puertos marítimos, la pesca, las perforaciones; resumiendo: todo lo que representa la urbanización, explotación y ocupación de espacios por parte del hombre.


La “migración asistida” se define como “la práctica de trasladar deliberadamente a miembros de una especie de su hábitat actual a una nueva región con la intención de establecer una presencia permanente allí”. A nivel del mundo vegetal, uno de los peligros de esta práctica, si es llevada a cabo solo con fines económicos, es que acaba siendo una reforestación y, peor todavía, un “monocultivo”, que acaba deteriorando el ecosistema donde se establece y cuyo objetivo final no es la recuperación de una especie sino conseguir grandes áreas que lleguen a ser bosques de los cuales sacar un rendimiento empresarial. Pero también se están llevando a cabo acciones y estudios para realizar migraciones asistidas controladas, buscando la supervivencia de una especie, valorando el lugar al que se va a desplazar teniendo en cuenta los cambios climáticos que ese lugar también va a soportar. Un ejemplo es el proyecto de Silvicultura Adaptativa para el Cambio Climático (ASCC, por sus siglas en inglés), que es un esfuerzo de colaboración para establecer una serie de ensayos silvícolas experimentales en una red de diferentes tipos de ecosistemas forestales en los Estados Unidos y Canadá. Desde este proyecto se están estudiando diferentes opciones de migraciones asistidas para diversas especies vegetales creando espacios que ofrecen las mismas condiciones que los escogidos como ideales para la migración. En esos espacios se han plantado ejemplares de la especie en concreto y se supervisa la evolución y la salud de la especie para asegurar una migración exitosa.

También se está realizando migración asistida con animales, aunque en la mayoría de casos se trata de reinserción de especies en hábitats que ya les pertenecían y de los que se habían extinguido, algo que no es lo mismo y que normalmente se hace con cautela y con un reducido número de animales, especialmente si son animales que pueden ocasionar algún problema con ganaderos o agricultores, como es el caso de la reinserción del oso en los Pirineos o del lobo en varios sistemas montañosos de España. Algunos casos que han dado buenos resultados son los que se han realizado en algunos ríos, especialmente de Estados Unidos y Canadá, donde las presas cortaban el paso de los salmones o incluso de anguilas que suben río arriba como parte de su ciclo de vida, y se empezaron a trasladar con camiones para que llegaran a su destino. En realidad, se trata de una ayuda más que de una migración asistida, y ahora en muchos lugares se están construyendo vías de paso para que los peces puedan subir y sortear las presas y otros obstáculos artificiales. Esto se puede comparar con los “pasafaunas”, lugares preparados expresamente para que los animales puedan atravesar carreteras sin peligro de ser atropellados. Un ejemplo interesante lo encontramos en algunas zonas de Wyoming (EE.UU.), donde han construido carriles para animales, especialmente enfocados en ayudar a las migraciones anuales de ciervos y alces, para que puedan desplazarse sin acercarse a las carreteras avanzando hacia su destino.

En algunos casos, la migración asistida de una planta tiene por objetivo salvar a la especie vegetal para así salvar también a una especie animal. Este es el caso de los abetos oyamel y las mariposas monarca en México, donde se han reubicado cientos de estos árboles en zonas más elevadas y frías para salvarlos de los efectos del calentamiento global y para que puedan seguir siendo el lugar principal donde habitan las mariposas monarca que vuelan hacia el sur en invierno para encontrar refugio en esos bosques que ellas requieren.


A pesar de que aumentan los estudios y algunas migraciones asistidas concretas, muchos científicos e investigadores están en contra de realizar estas acciones porque pueden empeorar la situación de la propia especie y de otras especies con las que tiene una relación de supervivencia, incluso dentro de la cadena trófica y también pueden desequilibrar trágicamente el ecosistema; y todo esto es posible tanto en el ecosistema del cual se saca a la especie como en el ecosistema en el cual se introduce.

Muchos biólogos advierten de la fragilidad de los ecosistemas, de cómo se ha llegado a una operatividad y equilibrio como expresión de formas de vida concreta que están entrelazadas, conectadas, dependientes entre ellas e incluso con ciclos naturales de la biosfera. Tal como explica Amanda Rodewald, profesora de ornitología en la Universidad de Cornell: “La introducción de nuevas poblaciones puede parecer una solución razonable, pero las especies no existen en el vacío. Cuando movemos un organismo a un nuevo ecosistema o región, podría perder acceso a recursos críticos, verse aislado de mutualistas (especies que coexisten para beneficio mutuo), o estar expuesto a nuevos depredadores, competidores, parásitos o patógenos”. Si se trata de una especie en peligro de extinción, puede que las dificultades y peligros del nuevo ecosistema sean peores que los que está afrontando en su propio hábitat. Además, otro gran peligro de la migración asistida es generar plagas y especies invasoras, algo que sucede cuando el nuevo ecosistema favorece las capacidades de la nueva especie para que se convierta en un depredador mientras, al mismo tiempo, no tiene otras especies que sean sus depredadores.

Además, es muy difícil calcular cómo interactuará una especie nueva con la flora y la fauna existente en un ambiente extraño, y siempre existe una alta probabilidad de que acabe en una invasión que cree devastación, debilitamiento del ecosistema, de su resiliencia, y muerte de otras especies. Hay que tener en cuenta que muchos científicos consideran que el problema de las especies invasoras es uno de los principales puntos clave del éxito y rapidez de la actual extinción masiva, y que el ser humano está continuamente provocando migraciones peligrosas de animales, tal como sucede con las especies que han llegado al Mediterráneo desde el Canal de Suez, o a la Antártida dentro de embarcaciones o de aviones, o incluso a los Everglades de Florida, cuando se liberaron serpientes de la especie pitón birmana que algunas personas tenían como mascotas y ahora es una de las mayores amenazas de este importante ecosistema.

También es importante un tema de actualidad en este momento de pandemia del Covid-19, que es la salud genética y el sistema inmunitario de las especies. Se ha comprobado, en especies de árboles, que existen diferencias genéticas dependiendo del lugar que habitan incluso dentro del mismo ecosistema. Por ejemplo, muestran rasgos genéticos distintos los árboles que están en una zona que pueda ser más fría, con menos llegada de rayos solares o con condiciones del suelo más pobres que los que pueden estar en zonas con mejores condiciones. Esto marca también velocidades de crecimiento y de resiliencia. Así que mover una especie con un programa genético y también inmunitario concreto a un lugar con características muy diferentes va a conducir a una degradación genética de la especie y a menores posibilidades de éxito. Esto también es así cuando se hacen plantaciones para recuperar partes devastadas en la naturaleza a partir de plantas que han sido cultivadas por el hombre, porque esas plantas pueden haber tenido una vida fácil, sin problemas de hidratación ni de competencia con otras plantas, ni de ataque de parásitos u otros depredadores, por lo tanto tienen menos posibilidades de poder subsistir. Esto también puede suceder al devolver a la naturaleza animales que han estado en cautividad o que han necesitado algún tipo de ayuda por parte del hombre y una vez recuperados son devueltos a sus hábitats.

En lo que sí que están de acuerdo los científicos es en que la técnica de conservación de todas las especies más eficaz sería acabar con el calentamiento global, sería el implementar definitivamente medidas estrictas para permitir la recuperación, la reparación de la biosfera completa y cada una de sus partes. El ser humano no conoce suficientemente cómo funciona la biosfera del planeta, ni cómo opera para buscar un equilibrio que permita la vida. El planeta nos muestra cada vez más que todo está interconectado. A pesar de que hay muchas cosas que se han descubierto y se saben, como vemos ahora con el fenómeno atmosférico de La Niña, que sucede en el Pacífico pero afecta a todo el planeta de formas totalmente diferentes dependiendo de cada lugar, siempre hay mucho más que queda por saber. Incluso parte de esa sabiduría no puede llegar si el ser humano no mira al planeta desde otro nivel de conciencia, de respeto, de amor. El amor y el respeto por toda forma de vida, por todo hábitat y ecosistema, debería empezar por “saber” que no lo sabemos todo, que todo está cohesionado, interconectado, que no se puede mover una pieza sin que se mueva todo el puzle que es la biosfera, y que ha llegado el momento de que nuestra huella como humanidad sea solo constructiva para todos los seres vivos, para el planeta, pues eso es lo que nos hará realmente humanos. 



Fuentes:

jueves, 27 de agosto de 2020

Evento del mes de agosto

 Redactado y publicado por David Arbizu


EL ÍNDICE DE RIQUEZA INCLUSIVA Y EL GRAN REINICIO


Cada vez está más claro cómo la actividad humana está afectando todo el equilibrio y la evolución de nuestro planeta y todos sus seres vivos, y que realmente es acertado llamar Antropoceno a esta época que algunos expertos consideran que empezó con la Revolución Industrial. Desde esos inicios, la actividad humana ha estado totalmente enfocada en el crecimiento económico, en un desarrollo dirigido a alcanzar unos logros cada vez mayores de lo que llamamos bienestar. Ese crecimiento imparable, basado en un abuso en todos los niveles sobre el planeta, sobre la biosfera, sobre todo un sistema del cual depende toda forma de vida, todo patrón o ciclo climático, ya sea de gran o pequeña envergadura, e incluso sobre nosotros mismos como especie humana, nos ha conducido al momento actual, a este año 2020 tan especial, donde la crisis nos toca de lleno directamente a nosotros como humanidad y donde también pueden surgir nuevos enfoques, nuevas implementaciones, nuevas formas evolutivas que hagan que nuestro crecimiento sea también el de todo el planeta, el de todas las especies, el de todos los espacios naturales, donde se instaure un nuevo equilibrio saludable, potenciado por nuestros propios intereses porque hemos comprendido que tenemos que cambiar, no solo para conseguir nuestro bienestar, sino ya incluso para sobrevivir.

La pandemia del coronavirus Covid-19 nos muestra la materialización de todas las amenazas y peligros latentes que hemos estado aparcando a un lado mientras seguíamos con nuestra devastación planetaria, con nuestra falta de conciencia planetaria. Entonces, el coronavirus tiene su origen en nuestro comportamiento, en nuestra propia enfermedad como seres que hemos desatendido y vulnerado nuestra propia naturaleza como parte de una cadena que forma la biosfera, y nos muestra cómo estamos en un punto de inflexión donde el cambio climático, los efectos de toda la gran contaminación de todo tipo realizada, la sexta extinción masiva y toda nuestra ceguera autoinfligida para sostener un sistema de consumo caduco, van a engullirnos a nosotros mismos con más pandemias, con más accidentes y explosiones de nuestras instalaciones llenas de tóxicos y radiactividad, y con más eventos climáticos catastróficos.

La situación actual también nos muestra que nuestra forma de gestionar la economía, la política, la estructura y funcionamiento de la sociedad y las relaciones entre los países, entre las diversas culturas del planeta, no puede seguir tal como lo ha hecho hasta ahora. También nos muestra que no puede seguir dominando el pensamiento y la base capitalista sobre la que funciona el mundo de la humanidad, porque ese “bienestar” prometido se ha convertido en casi una sentencia de muerte, y esto vale igualmente para países ricos como para países pobres. De algún modo, se puede decir que el PIB (Producto Interior Bruto) no puede seguir siendo un indicador vigente en esta “nueva normalidad” a la que algunas personas hacen referencia. De hecho, este término, “nueva normalidad”, va quedando obsoleto conforme se comprueba que no se implementan soluciones eficaces para salir de la crisis, y por eso se está usando un nuevo término que es el “Gran Reinicio”, donde ese bienestar no sea solo de las personas sino de todo el planeta y no se dirija hacia el crecimiento a cualquier precio sino hacia la estabilidad, el equilibrio y la armonía de la biosfera, de la naturaleza, del planeta y toda su vida como factor esencial de riqueza, como factor cuya salud y estado van a ser vitales para el nivel económico y de desarrollo que se pueda alcanzar. Esto implica avanzar hacia una perspectiva global, de soluciones globales, aunque puedan empezar a implementarse a nivel local en zonas donde sea más fácil empezar o donde haya un nivel de conciencia más acorde con este proceso donde la salud planetaria es una parte primordial del Gran Reinicio.

La Tierra es una fuente de riqueza que hasta ahora hemos utilizado solo para nuestro beneficio, pero este momento nos brinda un punto de inflexión donde se acentúan las crisis, se agotan las inversiones, los sistemas de asistencia sanitaria, las capacidades de los gobiernos de implementar soluciones verdaderas y avanzar en políticas medioambientales, ecológicas y también sociales frente a la presión de una economía que solo polariza cada vez más los extremos, que separa a los dirigentes del resto de las personas y obstaculiza el descubrimiento de nuevas formas de aprovechar la riqueza existente y de crear una riqueza que beneficie a todas las zonas del planeta, a todos sus seres. En un mundo global, no sirve de nada que los países más avanzados implementen leyes de protección de la naturaleza mientras los países más pobres tienen que aprovechar sus recursos naturales al máximo para no caer en bancarrota, porque esta es la situación que estamos viviendo, con aumento de extracciones mineras, de perforaciones petrolíferas, de incendios para tener más terrenos libres para actividades destructivas. Además, muchos países que se etiquetan de protectores de la naturaleza están devastando zonas de países más pobres, financiando todo tipo de actividades y colaborando a nivel tecnológico a cambio de poder beneficiarse y seguir con el abuso y la devastación, pero “lejos de casa y manteniendo la buena imagen”.

Todo paso y avance en unidad con el planeta es seguro y beneficioso

Por todas estas razones podemos decir, realmente, que se requiere un Gran Reinicio, y es un salto hacia adelante, en unidad con el planeta y todos sus seres como recursos únicos para que la riqueza planetaria nos llegue a todos y la pueda dirigir un ser humano con una conciencia elevada, con unas capacidades de análisis y visión de futuro basadas en la valoración del planeta como entidad completa y absolutamente rentable siendo administrada desde esa nueva conciencia y apertura global y de unificación. Así que realmente es un reinicio de mentalidad, de percepción, de conciencia, de poner las prioridades en el orden adecuado para avanzar hacia un sistema sostenible en todos los niveles, dejando atrás todo lo obsoleto y negativo que nos ha conducido hasta el grave momento de crisis actual. Ya hace años que se intentan introducir nuevas ideas, nuevas formas de estructurar la economía, pero de momento no se han consolidado porque siguen mandando los patrones de pensamiento que priorizan el crecimiento y los beneficios y no hay ninguna apertura hacia nuevas posibilidades que marcarían el camino del equilibrio, la sostenibilidad, el bienestar y la salud de las personas y del planeta, y todo ello como factores económicos de riqueza.

En este sentido, y frente al concepto del PIB, en 2012 se propuso un nuevo enfoque que se define como Índice de Riqueza Inclusiva (IWI, por sus siglas en inglés), que se calcula a partir del valor del capital humano (capacidades de generar progreso sostenible), del valor del capital natural (biodiversidad, potencial y servicios de los ecosistemas) y también del valor social de lo generado por la actividad humana (productos fabricados, construcciones, maquinaria). Por lo tanto, la Riqueza Inclusiva de un país es el valor de su capital natural, su capital humano y su capital producido, y estos tres aspectos establecen los parámetros para el desarrollo sostenible. No puede haber desarrollo sin que cada uno de estos activos tenga un valor positivo, no puede haber desarrollo si sigue la pandemia o aparecen otras debido a la devastación de la naturaleza y al estrés al que tenemos sometidos a los animales mientras avanza la sexta extinción masiva y les quitamos los pocos espacios naturales que les quedan, facilitando un contacto y una proximidad que son el trampolín de nuevas enfermedades. Tampoco puede haber desarrollo con un capital humano mermado, al servicio de un avance tecnológico destructivo en lugar de cohesionador con el entorno, de impulsor del respeto a la vida, de acelerador de políticas conservacionistas donde el capital humano dirija e influencie positivamente al capital producido.

Nada de todo lo aquí expuesto es posible sin ese cambio de mentalidad, sin una apertura especialmente de los líderes y dirigentes de este planeta hacia el gran beneficio que representa ese Gran Reinicio, la integración y entrega para impulsar la salud planetaria, comprendiendo el gran valor imprescindible de las conexiones entre el bienestar de los seres humanos con el de los otros seres vivos y los ecosistemas completos. Para ello también es necesario plantearse el concepto de “crecimiento”, porque en el sistema económico instaurado, si no hay crecimiento hay crisis económica y, por lo tanto, política y social, algo que afectará negativamente a la naturaleza, a la biosfera. Pero ya hemos comprobado dónde nos lleva el crecimiento constante y cómo ahora son totalmente visibles los “límites planetarios” a los que nos enfrentamos, unos límites donde esta vez está en juego nuestra supervivencia. Entonces, la perspectiva global, la conciencia de unidad a favor de un propósito común, de toda la humanidad y de todo el planeta, también significa comprender que habrá países donde todavía será necesario un crecimiento económico para poder generar estructuras básicas para su población, y el apoyo de países más desarrollados es el que permitiría ese crecimiento sin poner en peligro el medio ambiente de cada país.

Realmente no parece nada fácil poder ni siquiera conseguir que esto pueda ser comprendido, pero ya está habiendo iniciativas para mostrarlo con claridad, para sacar a la superficie y poner en práctica todas estas teorías de un sistema fruto del reinicio. Un ejemplo de esto es la WEALL (Wellbeing Economy Alliance-Alianza de la Economía del Bienestar), que representa la colaboración global de organizaciones, gobiernos, movimientos e individuos que trabajan juntos para transformar el sistema económico actual en uno que brinde bienestar humano y ecológico, donde las finanzas sirvan e incentiven la economía y la economía sirva a la sociedad y al medio ambiente. Esta alianza realiza trabajos y estudios en lugares concretos, pero siempre mediante la participación de una red global de individuos y organizaciones. Dentro de esta alianza se encuentra la asociación de Gobiernos de Economía del Bienestar (WEGo), donde gobiernos nacionales y regionales promueven el intercambio de conocimientos y prácticas de políticas transferibles. Actualmente participan activamente los gobiernos de Escocia, Nueva Zelanda, Islandia, Gales y Costa Rica.


Desde el Foro Económico Mundial, muchos expertos analizan y buscan soluciones para que los países puedan mantener o alcanzar una buena salud económica dentro del escenario mundial consiguiendo al mismo tiempo mitigar la crisis climática y planetaria. También se estudian las acciones y programas vinculados a ese Gran Reinicio necesario, donde entran en juego todos los países y donde, al mismo tiempo, hay que respetar la situación especial de cada uno de ellos. Uno de los problemas complicados es intentar que los países más endeudados no queden bloqueados por sus deudas y se vean obligados a explotar abusivamente sus recursos naturales para generar más capital para pagar sus deudas. En este sentido, se está estudiando la posibilidad de un mecanismo llamado “canje de deuda por clima”, donde se iría eliminando la deuda a cambio de inversiones centradas en la gente que aborden el cambio climático y la desigualdad mientras se van minimizando las explotaciones sobre los espacios naturales.

Todos estos programas, alianzas, estudios y también implementaciones son muy importantes en un momento donde a nivel mundial domina el caos y seguimos sin ver una solución a corto o medio plazo de la pandemia del coronavirus Covid-19. Es importante analizar todos los errores cometidos para poder trazar ese nuevo camino hacia el bienestar y la salud de todos y del planeta. La crisis que ha llegado con la pandemia también ha llegado a organizaciones conservacionistas, de protección de la naturaleza, de ecosistemas y especies de animales y plantas, y ha puesto de manifiesto cómo muchas de estas organizaciones dependen de las inversiones de empresas que en realidad son las más contaminantes del planeta, las que menos respetan lo que representa la riqueza inclusiva y solo se centran en sus beneficios cueste lo que cueste. Esto es algo que también entra dentro del cambio que implica ese reinicio, porque no va a ser posible si se basa en las inversiones y el apoyo de quienes representan el poder que no quiere que nada cambie aunque signifique la devastación planetaria. En este sentido, va a ser muy importante el comportamiento de los gobernantes, de ahí la importancia de que haya un acercamiento entre líderes y personas, porque el cambio y la influencia, el aprendizaje, debería llegar desde los dos lados para así empoderarse y avanzar con mayor nivel de conciencia. Lo que sí que está claro es que vamos a vivir momentos excepcionales y duros, donde esta lección que se llama “final del abuso y reinicio como salida de la crisis” va a mostrar cómo somos y si estamos dispuestos y vamos a ser capaces de impulsar lo que también podemos llamar una Nueva Tierra, donde la fase 2 del Antropoceno sea la de la especie humana actuando desde un nivel de conciencia superior en hermandad con todos los seres vivos del planeta y con la propia Madre Tierra, con Gaia.



Fuentes:

https://ensia.com/voices/gdp-inclusive-wealth-unep-sustainability-sdgs/

https://ensia.com/features/conservation-funding-tourism-covid-19-coronavirus-biodiversity/

https://freakonomics.com/podcast/doughnut-economics/

https://wellbeingeconomy.org/

https://es.weforum.org/agenda/2020/08/covid-19-las-4-claves-del-gran-reinicio/?fbclid=IwAR1hA5s0qHrARQCwQ9liqmYYRtyiWnKF_atRCeoqOV5XDl3LbbrJYOWIXIM

https://es.weforum.org/agenda/2020/06/ahora-es-el-momento-de-un-gran-reinicio/


martes, 28 de julio de 2020

Evento del mes de julio

Redactado y publicado por David Arbizu

LA AMNESIA AMBIENTAL GENERACIONAL, EL SÍNDROME DEL PUNTO DE REFERENCIA CAMBIANTE Y LA SOLASTALGIA


Estamos siendo testigos de una degradación constante del planeta relacionada directamente con esta época que se conoce como el “Antropoceno”, donde gran parte de las actividades desarrolladas por el hombre están impulsando una crisis planetaria junto con una extinción masiva sin precedentes, teniendo en cuenta que la magnitud, agravamiento y también la solución de esta crisis y de la supervivencia de muchos seres vivos dependen únicamente de lo que haga una sola especie que habita la Tierra: el ser humano.

Muchas personas ven con mucha negatividad la situación actual, cómo no se toman medidas drásticas para frenar toda esta gran devastación y deterioro, todo este desequilibrio que, tal como ahora nos muestra la pandemia del coronavirus, ya nos toca personal y directamente y nos demuestra que ya no vamos a seguir siendo solo unos observadores sino que vamos a sufrir la crisis y a tener que lidiar con situaciones difíciles si no se implementan las acciones y políticas necesarias y, además, si no se hace en el plazo más corto de tiempo posible. Creo que para muchos es sorprendente leer noticias sobre la aprobación de leyes de protección de la naturaleza, o de prohibición de acciones destructivas y altamente contaminantes, que otorgan un amplio plazo de tiempo para que se ejecuten, como si se comprendiera y aceptara que algo está siendo muy perjudicial para la biosfera, para la vida y la salud, y al mismo tiempo se le diera legalmente un plazo de varios años para que siga ocurriendo. Todo ello muestra un mundo antropocéntrico en el que se puede decir que “la antropología ha logrado desplazar a la biología, cuando ambas deberían estar elevadas y asociadas gracias a un mayor nivel de conciencia del ser humano”.

Esta gran crisis hace que muchas personas se interesen y se involucren para detener todo el daño que se está haciendo al planeta, y apoyen causas para defender los derechos de la naturaleza y de los animales y/o cambien sus rutinas o formas de vida para no apoyar la degradación sino contrarrestarla, pero en un mundo cada vez más centrado en la tecnología, donde las pantallas y los teclados están sustituyendo un contacto próximo con la naturaleza, donde aumenta sin cesar el número de personas que viven en grandes ciudades, se va perdiendo la propia esencia como ser vivo que forma parte de este planeta y que depende de todo un enorme mecanismo planetario, donde encajan todas las formas de vida, para que la existencia sea posible. Esa pérdida representa una degradación de nuestra relación con el planeta y toda la naturaleza, el clima, el medio ambiente, y se ha comprobado que conforme perdemos esa capacidad de conexión y de percepción, vamos “normalizando” el deterioro que nos rodea y se pone en marcha un mecanismo psicológico que se denomina “amnesia generacional ambiental”, desde la que se consideran normales las situaciones de degradación o incluso catastróficas que forman parte de nuestras condiciones de vida, desde donde cada generación solo toma en consideración los cambios y eventos que ha experimentado, olvidando etapas anteriores donde, por ejemplo, en un lugar podía haber más biodiversidad, más cantidad de animales, de plantas, de agua fluyendo por los ríos, de espacios verdes que acabaron siendo deforestados y urbanizados, de caminos entre bosques donde se escuchaba el canto de los pájaros o el sonido del viento moviendo las ramas de los árboles.

Peter Khan, profesor de psicología de la Universidad de Washington, fue la primera persona que utilizó la expresión “amnesia ambiental generacional” y declaró que: “Es uno de los problemas psicológicos centrales de nuestra época”. Por un lado, él observó esta falta de reconocimiento de las situaciones para pasar a “normalizarlas”, pero también que existe una negación, una resistencia a aceptar que algo negativo le esté pasando a uno mismo, como si pasara en todo el planeta pero no en la propia localidad. Por ejemplo, a raíz de una investigación que se hizo en Houston (Estados Unidos), los jóvenes entrevistados reconocían que en muchos lugares del planeta había contaminación del aire y del agua, pero menos de un tercio de los entrevistados creía que esa contaminación también afectaba al barrio donde vivían. 
Otro ejemplo expuesto por Khan se refiere al tráfico de San Francisco (California). Él explica que en la década de 1970 el tráfico ya era horrible y que pensó que, si empeoraba, habría una reacción de las personas por todo lo que representaba, pero pasaban los años y el tráfico iba empeorando, y todo el mundo iba integrando y normalizando ese deterioro que no paraba de crecer. De algún modo, el mecanismo de adaptación impulsa esa amnesia para no ser conscientes de todos los cambios negativos que se van desarrollando y fortaleciendo. 

Otro ejemplo distinto sería el del Mar de Aral (Asia Central), ahora prácticamente seco. Una persona que haya nacido cuando el lago ya estaba seco puede llegar a considerar “normal” esta situación, y próximas generaciones ni tan solo pensarán que había sido un espacio de agua enorme, de gran riqueza, lleno de vida. Incluso ahora ya hay quien dice que se tendría que denominar Desierto de Aral, algo que haría desaparecer todavía más la memoria de lo que ha sido uno de los mares más importantes del planeta.

Mar de Aral (Asia Central)

Otra expresión que está relacionada directamente con la “amnesia ambiental generacional” es el “síndrome del punto referencia cambiante”. Este concepto lo desarrolló el biólogo marino Daniel Pauly al comprobar que los expertos que investigaban áreas de pesca tomaban como referencia científica el tamaño y la composición de la población de peces que había al comienzo de su carrera. De esta forma, cada generación de investigadores no era consciente de que el estado que consideraban normal ya estaba degradado en comparación con las generaciones anteriores y por lo tanto no estaban trabajando desde una “línea de base” correcta sino desplazada respecto a la situación de esa especie o hábitat generaciones atrás, o incluso antes de la interferencia del ser humano. Esto también muestra una amnesia generacional donde va cambiando el nivel de referencia, de manera que se olvida un estado posiblemente de mayor riqueza y se acepta la desaparición progresiva de ciertas especies. En consecuencia, se establecen medidas de conservación con objetivos inadecuados, donde la situación “natural” no corresponde con el punto de referencia o meta a alcanzar que requerirían ecosistemas o especies para una recuperación adecuada y equilibrada, donde la línea de base se ha ido degradando y, por lo tanto, afectando y rebajando el nivel de los objetivos.

Tal como he indicado al principio de este artículo, se puede decir que la “antropología ha logrado desplazar a la biología”. El poder que tiene el ser humano para equilibrar o desequilibrar el planeta es enorme y cada error, cada amnesia ambiental, cada punto de referencia inadecuado, tiene efectos que pueden ser muy perjudiciales. Se puede decir que el nivel de conciencia y de percepción del ser humano sobre la naturaleza, sobre una especie, sobre un hábitat, va a condicionar su supervivencia y las acciones que se lleven a cabo para su conservación. 

Sabemos que nuestro cerebro es como un ordenador que actualiza continuamente nuestras percepciones y que cada vez lo hace con más rapidez pero con menor atención y enfoque, especialmente debido a la influencia continua de todo lo que nos llega desde la tecnología de dispositivos con pantallas que condicionan nuestros pensamientos, nuestro discernimiento, y muchas veces esa influencia nos aparta de la realidad, de la atención sobre los cambios que acontecen a nuestro alrededor y en nuestro planeta y nos conduce al olvido de patrones y niveles de equilibrio y biodiversidad más ricos y acordes a la realidad natural y primordial que ha ido quedando generacionalmente atrás. Según Philippe J. Dubois, ornitólogo y autor del libro “La grande amnesie écologique” (ed. Delachaux y Niestlé, 2015), la amnesia ambiental tiene “consecuencias aterradoras” porque impulsa la aceptación de la degradación, de la pérdida de nuestra calidad de vida, y además bloquea las posibilidades de cambio, de ampliar nuestra perspectiva para recuperar lo esencial, la esencia verdadera de nuestra relación con la naturaleza, con todos los seres vivos, con el planeta.


En su libro, Philippe J. Dubois también habla de que la degradación que observamos a nuestro alrededor, junto con la amnesia ecológica, a veces genera “solastalgia”. Este término fue desarrollado en 2003 por el filósofo ambiental australiano Glenn Albrecht, y se refiere a la ansiedad ecológica o depresión climática que se puede generar al estar en un entorno que ya no es propio, algo que produce una sensación dolorosa que no se sana con la amnesia porque es demasiado impactante, porque está muy vinculada a la propia vida, a la propia conexión existencial. Glenn Albrecht estudió el impacto de la actividad minera sobre los habitantes de un valle de Australia, donde toda la contaminación y destrucción de su medio ambiente provocada por esa actividad ha creado una gran angustia y nostalgia por el territorio perdido.

La mayoría de psicólogos y expertos que han estudiado y tratado este tema no lo consideran una enfermedad, sino algo que demuestra cómo reacciona una mente racional preocupada por todo lo que se está perdiendo frente a la inacción del propio ser humano y de toda la humanidad, pero no deja de ser un trastorno, al que también se ha llamado “Trastorno por déficit de naturaleza”, y con una depresión es más difícil tomar decisiones acertadas y tener la energía suficiente para mantener una postura elevada y constructiva. Philippe J. Dubois considera que la solastalgia es una experiencia que comporta cosas positivas y, al relacionarla con la amnesia ambiental, explica: “Es al tener conocimiento del pasado que podemos tomar buenas medidas, preservar lo que se debe conservar y evitar el colapso de los seres vivos. La naturaleza es como un tsunami: la gran ola destructiva suele ir precedida de pequeñas olas de advertencia. Si olvidamos nuestro pasado ambiental, despertar será aún más difícil”. Él también comenta la importancia de la educación ambiental y que se debería enseñar desde parvulario, algo que facilitaría no caer en la amnesia, sino que permitiría “abrir los ojos” y tomar una posición y perspectiva real de lo que está pasando en el planeta. También es muy importante mantener el contacto con la naturaleza, con la que tengamos en nuestro entorno, con la que fácilmente podamos identificarnos y establecer vínculos afectivos, algo que se llama “topofilia”, que se refiere a esos lazos existentes entre el ser humano y el lugar que habita. Todo ello podría construir una nueva forma de percibir, de discernir y, por lo tanto de actuar con mayor dignidad como ser humano, con mayor respeto por la naturaleza que nos rodea. Si entonces fuéramos capaces de unificarnos como humanidad que habita un planeta rico y espléndido, esa conciencia de respeto por la naturaleza, por la vida y por el planeta abarcaría toda la Tierra y seríamos capaces de dejar atrás y rechazar toda acción, estructura y sistema que perjudicara y bloqueara la recuperación y el final del abuso y destrucción que ahora estamos experimentando.




Fuentes:

https://www.bbc.com/mundo/noticias-38136747

https://reporterre.net/L-amnesie-environnementale-cle-ignoree-de-la-destruction-du-monde?fbclid=IwAR2KrYzsenfaOmBsyI7mqtorDCVr05HioZjj_NJjm85BDLRjWx2EeUzcjjY

https://es.qwe.wiki/wiki/Shifting_baseline

https://www.lne.es/opinion/2010/09/26/sindrome-referencias-cambiantes/972904.htmlhttps://envirobites.org/2019/08/22/shifting-baseline-syndrome/

https://www.bioguia.com/entretenimiento/que-es-la-amnesia-ambiental_29277075.html

https://physiciansfortheenvironment.wordpress.com/2017/01/03/health-and-the-environment-belong-in-the-same-box-why-health-impact-assessments-belong-in-environmental-assessments/

https://www.iagua.es/noticias/fundacion-we-are-water/mar-aral-dificil-retorno-agua