lunes, 22 de junio de 2020

Evento del mes de junio

Redactado y publicado por David Arbizu

LA ENERGÍA NUCLEAR EN EL MUNDO
La historia de la energía nuclear desarrollada por el ser humano empezó con las investigaciones y descubrimientos que se realizaron a finales del siglo XIX. A principios del siglo XX se hicieron pruebas que producían transformaciones nucleares, y a finales del año 1938 se demostró que algunas pruebas, en las que se había utilizado el uranio, habían producido una fisión atómica, y a partir de aquí se avanzó con gran rapidez hacia lo que se considera una reacción nuclear en cadena controlada en una máquina (reactor nuclear), que puede generar una gran energía, pero también se avanzó para utilizar esa reacción como forma de generar una explosión nuclear, algo que impulsó los programas dirigidos a aplicaciones militares. Las principales investigaciones y programas se desarrollaron en Alemania, aunque también había investigaciones en Dinamarca, Francia, Rusia, Gran Bretaña y Estados Unidos; de hecho, estos dos últimos países fueron los que a partir de aquí intensificaron sus esfuerzos para avanzar en las investigaciones en todos los niveles.

No se tardó en concebir que si una instalación podía soportar esa reacción en cadena, donde un material básico era el uranio, se obtendrían otros materiales resultantes como el plutonio, de enorme poder explosivo, y el neptunio. Se acordó dar estos nombres al ser planetas que están más allá de Urano, que sirvió para denominar al uranio cuando fue descubierto en 1789. Más tarde, en 1942, Estados Unidos encabezaba y aceleraba las investigaciones enfocadas casi únicamente en métodos de fabricación de material fisionable y extracción de plutonio con fines militares.

Después de la Segunda Guerra Mundial, con las explosiones de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, se impulsó un nuevo enfoque de la energía nuclear para producir electricidad, aunque continuaron los programas nucleares militares. En 1951, en Ohio (EE. UU.) se puso en marcha el primer reactor nuclear destinado a producir electricidad. Desde entonces y hasta 1965, Canadá, Rusia, Francia e Inglaterra, junto con Estados Unidos, empezaron a potenciar el desarrollo de las centrales nucleares. Aunque se construyeron muchos reactores, también se cancelaron muchos proyectos, y no fue hasta finales de la década de 1990, con la construcción de reactores de tercera generación, cuando aumentó el interés por impulsar la energía nuclear en muchos países. A pesar de todo, durante el siglo XXI se han construido pocos reactores, y solo China, con un proyecto de construcción de más de cien nuevos reactores, y otros países asiáticos están ampliando su volumen de electricidad de fuente nuclear. Con todo ello, actualmente hay unos 450 reactores de energía nuclear en el mundo y se están construyendo unos 50 más.

Central de Shippingport, primera planta de energía nuclear comercial de EE. UU. (1957) 

Desde los gobiernos y la industria nuclear, siempre se ha intentado convencer de la seguridad de las centrales, de que es una energía limpia y asequible que no provoca emisiones de carbono y por lo tanto no acelera el cambio climático. Pero junto a la historia del desarrollo nuclear en el mundo también hay una historia de graves accidentes, de estudios científicos que demuestran el gran peligro de la radiactividad para la salud del ser humano y de los seres vivos, de la biosfera. En enero de 1959, Abel Wolman, profesor de la Universidad Johns Hopkins, hacía estas declaraciones durante la primera consulta del Congreso de Estados Unidos sobre los residuos nucleares: “En términos generales su toxicidad, tanto radiactiva como química, es muchísimo mayor que la de cualquier otro material industrial que hayamos encontrado hasta la fecha en este o en cualquier otro país”.
La mayoría de las personas saben que, en caso de accidente, las centrales nucleares son verdaderas bombas con un poder de destrucción inimaginable, que los residuos nucleares pueden mantenerse activos durante millones de años, que no existen almacenes adecuados donde guardarlos y los que se han construido se deterioran con el paso del tiempo, que no existe la tecnología ni para poder supervisar el almacenamiento ni tampoco para poder desmantelar correctamente reactores que hayan sufrido un accidente o fusión parcial o total, tal como se está observando en Chernóbil y ahora especialmente en Fukushima.

Por desgracia, el accidente de Fukushima nos ha permitido ser mucho más conscientes de que se está trabajando con un tipo de energía que el ser humano no es capaz de controlar porque ni siquiera existe todavía la tecnología para hacerlo. En Fukushima hemos podido ver cómo los robots enviados a los reactores accidentados no soportaban la radiación, y eso teniendo en cuenta que eran robots especialmente fabricados para realizar ese trabajo. También estamos viendo cómo se apilan y aglomeran toneladas y toneladas de residuos radiactivos en enormes bolsas de plástico, y en octubre de 2019 pudimos comprobar cómo las inundaciones provocadas por el paso del tifón Hagibis arrastraron decenas de sacos que fueron a parar a un río, donde después se pudieron recuperar algunos, pero no todos, y donde se pudo comprobar que varios se habían roto. También Fukushima nos muestra el gran peligro de toda el agua radiactiva que se va almacenando en gigantescos contenedores una vez queda contaminada al contactar con los reactores, y ahora sabemos que para el año 2022 ya no se dispondrá de espacio para guardar más agua y se tendrá que verter al océano y posiblemente también generar algún tipo de operación para que se vaya evaporando en la atmósfera. Al mismo tiempo, hay zonas de la central donde todavía no se puede acceder debido a la alta radiactividad, y el desmantelamiento y limpieza se va retrasando mientras todavía no se sabe cómo se podrá almacenar tanto material radiactivo con seguridad, y tampoco dónde.
Otra cuestión muy grave que nos ha mostrado tanto Fukushima como Chernóbil es la radiación que queda impregnada en la naturaleza, especialmente en los bosques, y cómo los incendios forestales provocan que la radiación contenida llegue a la atmósfera y pueda viajar con el humo y otras partículas tóxicas.

Junto a los dos accidentes nucleares de Chernóbil (1986) y Fukushima (2011), otro accidente nuclear de alta peligrosidad fue el de la central de Three Mile Island de Estados Unidos (1979), considerado el primer gran accidente nuclear de la historia. Hubo una fusión parcial del núcleo del reactor y una enorme emisión de gases radiactivos a la atmósfera. Aunque destaquen estos tres accidentes, ha habido muchos más en muchas centrales nucleares del planeta desde donde ha habido emisiones radiactivas a la atmósfera y también a vías fluviales y océanos. La necesidad de enfriar los reactores nucleares significa que las centrales necesitan ubicarse cerca de algún cuerpo de agua, ya sea cerca de un río o de la costa oceánica, y esto implica una alta posibilidad de contaminación radiactiva que llegue al agua. Cuando hay un escape, algunos químicos radiactivos se quedan pegados a la tierra, o a plantas y árboles y no se expanden con facilidad, pero si entran en contacto con el agua sí que existe un alto nivel de expansión y pueden entrar en ciclos oceánicos desde donde acaban llegando a todo el planeta, tal como se considera que ha sucedido con la gran fuga radiactiva que hubo desde Fukushima.

Fukushima: Una de las zonas de almacenamiento de sacos llenos de residuos radiactivos

Además de la falta de tecnología para lidiar con la energía nuclear, el origen de muchos accidentes está en errores humanos. En algunos casos, los responsables del control de la seguridad de las operaciones no tienen la capacidad y preparación adecuada para llevar a cabo ese trabajo. Muchos accidentes han sucedido debido a algún fallo de la maquinaria o válvulas de seguridad frente al cual los operarios no reaccionaron adecuadamente, empeorando la situación. Actualmente, esta falta de profesionalidad se podría ver incrementada debido a que muchas centrales nucleares del mundo están obsoletas, son muy viejas y la energía nuclear es cada vez menos rentable. A esta situación, algunos expertos la han llamado “camino nuclear suicida”, un camino que implica a muchas empresas de servicio y miles de empleos vinculados al negocio nuclear. La consecuencia de esta situación complicada es que la mayoría de las centrales requieran ayudas gubernamentales para poder seguir funcionando, e incluso que se alargue la vida operativa de centrales que deberían apagarse y entrar en el larguísimo proceso de desmantelamiento, pero parece que se opta por la solución de seguir funcionando incluso para no tener que afrontar las operaciones de desmantelamiento, de valor exorbitado, y también para no afrontar el consecuente problema del almacenamiento de residuos. Son muchos los países con proyectos para construir grandes espacios de almacenamiento de residuos, pero normalmente no se están llevando a cabo por varias razones, entre las que destacan la oposición popular, las dudas de expertos sobre la seguridad del lugar escogido para el almacenamiento, que normalmente es subterráneo, y todo el gran peligro y volumen de actividad que representa el transporte de los residuos desde las centrales nucleares y otros laboratorios o lugares donde se puedan haber hecho todo tipo de pruebas, como por ejemplo detonaciones de armas nucleares. Para hacerse una idea, se calcula que cada año, a nivel mundial, se realizan alrededor de 20 millones de envíos de material radiactivo, que se transportan a través de vehículos por vías públicas o mediante ferrocarriles y barcos.

Otro aspecto negativo es que la energía nuclear está directamente vinculada con la minería y extracción especialmente de uranio. Las minas de uranio son puntos de alta toxicidad, y en muchos casos operan a cielo abierto. Además, existen muchas minas abandonadas porque dejaron de ser rentables que se han convertido en verdaderos polvorines radiactivos. Un ejemplo de esto lo encontramos en el Gran Cañón del Colorado (EE. UU.), donde hay muchas minas abandonadas sin ningún tipo de control.

Por desgracia, la energía nuclear y la radiactividad forman parte de nuestro mundo, y a pesar del trabajo de importantes organizaciones y movimientos anti-nucleares, que en algunas ocasiones han conseguido detener proyectos de construcción de centrales nucleares, como es el caso de la zona de la costa oeste de Estados Unidos, muchos países siguen apostando por este tipo de energía y mantienen proyectos de construcción de nuevos reactores. Las últimas innovaciones tecnológicas son los reactores modulares pequeños (SMR, por sus siglas en inglés). Estos reactores pueden formar una central de un módulo o de varios módulos. Se consideran más seguros y también económicamente más asequibles, se pueden combinar con otras fuentes de energía alternativas y ofrecen la posibilidad de ser trasladados e implantados en cualquier zona, ya que se pueden trasladar en camiones o contenedores de transporte. A pesar de todos estos aspectos que pretenden mostrar una opción más positiva e impulsar esta nueva tecnología, no dejan de ser reactores donde hay una fisión nuclear y van a generarse residuos radiactivos y químicos de alta peligrosidad.

Gran parte de la radiación que se ha expandido por el planeta, y de forma muy ostensible en zonas concretas, se debe a todas las pruebas de armas nucleares que se han realizado en muchos lugares. Aunque es ampliamente conocido que se hicieron muchas detonaciones de bombas nucleares en islas del Pacífico, en muchos países se han detonado armas en lugares subterráneos. Actualmente, muchos países tienen proyectos militares de armamento nuclear, sin importar si han firmado o no el “Tratado de No Proliferación Nuclear” o si están sometidos a sanciones y controles, como es el caso de Irán. Estos proyectos implican la manipulación del uranio y otros componentes para poder producir el plutonio necesario para las armas nucleares, así que en algunos casos se realizan operaciones de alta peligrosidad en instalaciones secretas. Y hay que añadir que cuando se consigue crear algún tipo de arma nuclear, normalmente lo que sigue es hacer una prueba y una detonación, algo que, por ejemplo, sabemos que ha sucedido en varias ocasiones en Corea del Norte.

Detonación nuclear realizada en 1946 por Estados Unidos en el Atolón Bikini (Islas Marshall)

Como conclusión, está claro que la energía nuclear representa una fuerza y un poder que van más allá de la capacidad del ser humano de contención, control y manipulación. El ser humano no es consciente de todos los efectos de esta energía, ni tampoco quiere serlo, porque ¿cómo se puede construir algo que va a contener algunos materiales tremendamente peligrosos que pueden llegar a tardar incluso cientos de millones de años en desintegrarse?
Muchas centrales nucleares se han construido sobre fallas tectónicas o excesivamente cerca de fallas tan importantes como la falla de San Andrés (California), o en zonas costeras de gran sismicidad, como sucede en Japón. En muchas ocasiones, antes de la construcción de una central nuclear, o incluso de un almacén de residuos, se han hecho estudios sobre las posibilidades de un terremoto en el lugar, incluso de un tsunami u otros eventos peligrosos, y se ha considerado que el lugar era adecuado, pero, tal como se vio en Fukushima, las protecciones contra el oleaje fueron insuficientes frente al tsunami, y siempre puede suceder un evento natural que exceda cualquier estimación hecha por el ser humano, porque es justamente esa imprevisibilidad la que supera cualquier cálculo, estadística y tecnología humana.

Actualmente la mayoría de las centrales nucleares del mundo almacenan sus propios residuos y combustible gastado, materiales que seguirán siendo radiactivos durante varios miles de años como mínimo. Según Greenpeace, hay más de 250.000 toneladas de combustible gastado repartido en instalaciones de 24 países. Entonces, ¿qué estudio y previsión científica puede realizarse para contener, controlar y resguardar estos materiales durante miles de años? Seguro que nadie puede hacer este tipo de previsión, pero todos podemos discernir que se están creando sin parar verdaderas bombas mortales de enorme capacidad de destrucción y con tiempo de actividad tan desmesurado que excede nuestra comprensión y nuestro nivel de conciencia para seguir operando con todo ello.


Fuentes:

viernes, 29 de mayo de 2020

Evento del mes de mayo

Redactado y publicado por David Arbizu

LAS PLAYAS: LOS ECOSISTEMAS MÁS FRECUENTADOS Y MENOS CONOCIDOS

Una playa es un espacio geográfico formado por un depósito de sedimentos no consolidados que está situado en la costa, que es la zona de interacción y transición entre una superficie terrestre, ya sea un continente o una isla, y el mar, entre los sistemas terrestres y los marinos. Se considera que las playas son biotopos costeros totalmente dinámicos, tanto por su formación y continuos cambios morfológicos como por su composición y los diversos tipos de vida que habitan en ellas o que las utilizan en parte de sus procesos vitales, como es el caso del desove de algunos animales. En general, se desconoce la complejidad de estos ecosistemas, su importancia como punto clave de equilibrio entre la relación “tierra-mar” e incluso “aire”, porque estos tres elementos aportan las condiciones ambientales determinadas que configuran una playa, además de todo lo relacionado con la radiación solar que pueda recibir y las temperaturas habituales correspondientes a su ubicación en el planeta.

Aunque para nosotros la playa es la parte de arena que nos permite llegar al mar desde una parte terrestre más interna, en realidad se considera que el espacio abarca toda la zona influenciada por los procesos marinos junto con el viento. Esto significa que se extiende desde el límite terrestre de las mareas, las olas y las dunas costeras formadas y arrastradas por el viento, hasta el punto en el mar donde las olas interactúan significativamente con el lecho marino, un punto a partir del cual, mar adentro, ya no hay un movimiento notable de sedimentos. Las playas forman verdaderos ecosistemas que desempeñan un papel importante en la regulación química de nuestra atmósfera y llevan a cabo funciones de gran importancia entre las que destacan el almacenamiento y transporte de sedimentos; el filtrado del agua, relacionado con la descomposición de materiales orgánicos y todo tipo de contaminantes, y también con el proceso de mineralización y reciclaje de nutrientes; el almacenamiento de agua en acuíferos de dunas junto con la descarga de agua de acuíferos subterráneos; el sostenimiento de una estructura vital para muchos animales que viven en la playa y para que otros puedan anidar, criar, desovar, encontrar un lugar de reposo en sus migraciones y también un lugar donde alimentarse; y el amortiguamiento del oleaje y la protección frente a eventos climáticos severos.

Lighthouse Beach (Nueva Gales del Sur-Australia)

Las características de las zonas terrestres y de las marinas, así como los vientos habituales de cada lugar, son las que generan que cada playa sea diferente, que puedan habitar diversas especies, que se aglomeren o se desplacen continuamente los sedimentos, que varíe toda su capacidad de filtración y también que sea distinta su forma de amortiguar la energía y fuerza del oleaje al llegar a la zona terrestre. Aunque esta función de protección y amortiguamiento es común para todas las playas, existen tres tipos de playas dependiendo de cómo sea este proceso: por un lado están las “playas disipativas”, de perfil suave, grano de arena fino, gran amortiguación de las olas y pocas corrientes de resaca; por otro lado están las “playas reflectivas”, de perfil pronunciado, grano de arena grueso, menor amortiguación de las olas y con corrientes de resaca; y entre estos dos tipos están las “playas intermedias”, que a su vez se pueden dividir en cuatro subtipos y son las que presentan formas y estados que no son claramente disipativos ni reflectivos. La imagen superior nos muestra un tipo de playa intermedia con partes de disipación del oleaje y zonas de corrientes de resaca, de canales más profundos y de color más oscuro, formadas entre las zonas donde se ven las olas rompiendo.

La arena de la playa está formada por partículas acumuladas fruto de la erosión de piedras y minerales junto con fragmentos de conchas marinas. Gran parte de estos materiales son sedimentos transportados por las corrientes y las olas, pero también se ha comprobado que una parte importante ha llegado desde la erosión de zonas internas terrestres y el transporte de sedimentos que llegan al mar desde los ríos y luego se trasladan por la línea costera gracias a las corrientes marinas que se mueven a lo largo del litoral. Se considera que una playa está formada cuando ha alcanzado naturalmente un ciclo equilibrado entre la acreción y la erosión.

En la imagen que sigue a continuación se puede ver la playa del Ahuir (Valencia-España) como un ejemplo de playa disipativa con su parte de arena y la parte posterior de dunas, con su especial vegetación adaptada a esas condiciones, hasta que llega la elevación del terreno que significa la transición del final de la playa hasta un nuevo terreno y ecosistema más interior, con otra vegetación y otro funcionamiento.

Playa del Ahuir (Valencia-España)

En las playas habitan una gran variedad de organismos vivos, desde microorganismos hasta peces que viven principalmente en aguas poco profundas y cerca de la línea costera. Las especies más numerosas son los moluscos, como las almejas y los caracoles, los crustáceos, como los cangrejos y las pulgas de arena, que no son pulgas sino crustáceos que tienen ese nombre por su capacidad de saltar, y muchos tipos de gusanos; a nivel vegetal también destacan las algas y diversos pastos marinos. 
El estado de la playa es muy importante para la supervivencia de los seres que la habitan. Por ejemplo, los cangrejos de arena se mueven arriba y abajo de la playa con la marea, siguiendo las condiciones del agua que prefieran. Estos animales altamente móviles utilizan más del 60% del ancho total de la playa en el transcurso de un año y se retiran a la playa superior para escapar de eventos extremos como tormentas. Otros animales, que pueden llegar a ser tan pequeños como los granos de arena, tienen hábitos cavadores y se mueven verticalmente, enterrándose más o menos según sus necesidades, por protección en los momentos de bajamar o incluso para mantener el grado de humedad que requieran o las zonas a alcanzar para encontrar alimentos.

Cada vez que llega y se expande una ola sobre la playa, trae nuevos recursos importantes para todos los seres vivos que la habitan, porque está transportando alimentos, nutrientes y oxígeno. Cuando la ola se eleva y avanza por la ladera de la playa, el agua de mar se hunde en la arena y drena hacia el océano mientras se realiza un gran filtrado que elimina partículas diminutas de algas y otros materiales orgánicos que proporcionan una fuente de energía para la comunidad de la playa.

Las playas son fuentes de alimento para muchas aves y peces que aprovechan especialmente la subida y bajada de las mareas para alimentarse, y también sirven como importantes zonas de reproducción para animales que no residen permanentemente en ellas, como es el caso de algunos peces que desovan en la arena, al igual que las tortugas. Las playas también pueden ser zonas de paso y descanso para aves migratorias y también para otros animales como los leones marinos, que usan las playas para descansar, criar, dar a luz o simplemente para calentarse al sol. Incluso en el momento de escribir este artículo, durante la pandemia del coronavirus Covid-19 y el confinamiento correspondiente, se han visto muchas imágenes de animales que se dirigen al mar y a las playas, animales que no esperábamos ver cerca del mar, algo que habitualmente no sucede porque la presencia del ser humano lo impide. Esto demuestra que muchos animales aprovechan las playas y entran en el agua para refrescarse, además también pueden encontrar alimentos como pastos y peces muertos que el mar haya expulsado hasta la arena.

Hasta aquí todo son aspectos positivos que muestran la capacidad e importancia de estos ecosistemas y cómo encuentran su equilibrio en la adaptación a las condiciones que lo forman. Desgraciadamente ahora hay que hablar de otro ser vivo que también accede a la mayoría de las playas: el ser humano. Las playas representan uno de los puntos de mayor concentración de contaminación provocada por el hombre, especialmente en las áreas urbanizadas, que son muchas en el planeta. Muchos vertidos, tuberías de drenaje, de expulsión de residuos de todo tipo, desde aguas residuales hasta sustancias químicas tóxicas, acaban en el mar y moviéndose hacia las costas. Otras contaminaciones llegan al mar y a las playas desde la desembocadura de los ríos, desde vertidos ilegales de barcos o accidentes de plataformas petroleras, por ejemplo. A todo esto hay que añadir la propia basura y contaminación que los seres humanos dejan en la arena e incluso en el agua a través de la contaminación causada desde los productos de protección solar, etc.

Las playas, como ecosistema y hábitat, también soportan en muchos casos la contaminación lumínica de las zonas urbanizadas, la contaminación acústica causada por el hombre, que llega tanto desde la tierra como desde el mar. El ser humano también ha facilitado la llegada de especies invasoras, tanto en la zona terrestre de la playa, al plantar especies vegetales no autóctonas que se han reproducido y han aniquilado las propias del lugar, como en la zona de agua con la gran acumulación de algas que en muchos casos son tóxicas y destruyen la vida de la zona costera, tanto por su toxicidad como al crear hipoxia y matar a muchos seres por la falta de oxígeno en el agua.

Playa Collaroy (Nueva Gales del Sur-Australia)

Tal como muestra la imagen superior, el exceso de urbanización cerca de la costa, esa necesidad de estar en primera línea de mar, ha causado una gran devastación en las playas de todo el mundo. Tanto las edificaciones como todos los diques, rompeolas, construcción de puertos de todo tipo, de paseos marítimos, etc. acaban destruyendo las playas y, en muchos casos, tal como se ve en la imagen, la playa va desapareciendo porque todo blindaje y protección del oleaje realmente solo consigue provocar una mayor erosión y el avance del agua tierra adentro, de manera que el resultado es el contrario del esperado porque se bloquea la energía de las mareas y el oleaje, que en muchos casos, en lugar de liberarse armoniosamente, vuelve hacia el mar incrementando su fuerza. Ahora, con el aumento constante del nivel del mar y de las tormentas que provocan oleajes muy potentes, muchas playas van desapareciendo conforme avanza el agua y va engullendo toda la arena.

La urbanización y toda acción del hombre para adecuar las playas a sus intereses también ha provocado la destrucción de la zona de dunas y vegetación, una parte importante del equilibrio del ecosistema. Toda desestabilización provoca una pérdida, que en muchos casos es de arena en la zona donde las personas ponen sus toallas, tumbonas, parasoles, etc., y esto significa que muchas playas necesitan lo que se conoce como “alimentación o relleno de la playa”, que consiste en agregar grandes cantidades de arena o sedimento para combatir la erosión o para alargar o ensanchar la playa. Estas aportaciones de grandes cantidades de arena no autóctona pueden matar a muchos animales y desestabilizar todavía más el ecosistema, ya que es muy probable que la arena nueva no tenga el mismo tamaño de grano o composición química que la arena natural, algo que cambia el hábitat del que dependen los animales de playa. Además, a medida que el mar va erosionando la arena nueva y la va engullendo, esta puede convertirse en un fango que asfixie la vida marina tanto por el deterioro de la calidad del agua como por el cubrimiento de pastos y algas que forman parte de la cadena de vida del ecosistema. Cuando se realiza la alimentación de la playa también se utiliza maquinaria pesada que bloquea y ahoga las capas de arena, algo que también sucede cuando pasan máquinas para allanar y limpiar la arena; todo ello provoca mortandad y destrucción del ecosistema.

La imagen que sigue a continuación muestra una parte de la playa de Benidorm (Alicante-España), uno de los lugares más devastados por la urbanización, la sobreexplotación de recursos naturales y la ejecución de cambios solo para intereses turísticos y económicos, algo que ha provocado que prácticamente ya no exista la playa como un ecosistema vivo, sino que realmente sea lo que solo es capaz de ver el ser humano, un montón de arena a utilizar para su propio bienestar y como forma placentera de llegar al mar.

Playa de Benidorm (Alicante-España)

Las playas también son víctimas de la explotación minera. Se considera que la extracción de arena es la mayor actividad de minería del mundo, además de una de las más destructivas. La arena es un recurso fácil de conseguir y la extracción la pueden realizar grandes empresas con maquinaria especializada, pero también individuos que solo requieren una pala para cogerla. La mayor parte de la arena se usa para hacer hormigón, pero también para ganar terreno al mar; un ejemplo de ello lo encontramos en Dubai, un lugar famoso por sus islas artificiales, que requirieron millones de toneladas de arena. La extracción de arena destruye las playas y provoca movimientos no naturales de sedimentos que pueden causar daños al llegar a otros lugares como, por ejemplo, arrecifes de coral. Esta actividad de extracción también se realiza en ríos y lagos, porque el tipo de arena erosionada por el agua es más adecuado para la construcción que la arena del desierto, erosionada por el viento, que es demasiado redonda y no tiene tanta capacidad de adherencia.

Debido a los efectos del cambio climático, con el aumento del nivel del mar y el fortalecimiento de los fenómenos climáticos extremos, se calcula que la mitad de las playas del planeta van a desaparecer a lo largo de este siglo. De momento la acción del hombre no ayuda a mitigar estos efectos sino que los acelera. No se comprende la importancia de toda acción, no se comprende que cada paso implica una pisada y que es necesario ser consciente de qué va a causar esa pisada, especialmente en un planeta que ahora, con el confinamiento, nos ha demostrado su fuerza de recuperación, de explosión de vida saludable, algo de lo cual también depende nuestra salud. En algunos lugares se está consiguiendo una mayor comprensión y respeto de las playas como ecosistema completo, y se está dando más espacio, tierra adentro, para que las playas puedan reformarse y reequilibrarse, incluso para que puedan desplazarse conforme aumenta el nivel del mar, porque no hay que olvidar su capacidad de protección e intermediación entre las energías del mar y de la tierra. Esperemos que aumente el conocimiento y comprensión de estos ecosistemas y que todo ello impulse que se vayan tomando cada vez más medidas para cuidar las playas y permitir que se desarrollen todos sus procesos, todo su dinamismo vital del cual también dependen muchos seres vivos y, consecuentemente, la biosfera y todo el planeta.


Fuentes:

jueves, 30 de abril de 2020

Evento del mes de abril

Redactado y publicado por David Arbizu 

EL DETERIORO DE LA SALUD DEBIDO A LA CONTAMINACIÓN, LOS DISRUPTORES ENDOCRINOS Y EL ABUSO DE LOS ANTIBIÓTICOS. RELACIÓN DIRECTA CON LA ACTUAL PANDEMIA DEL CORONAVIRUS COVID-19 DEBIDO A LA DEBILIDAD DE NUESTROS SISTEMAS ENDOCRINO E INMUNITARIO


La pandemia del coronavirus Covid-19 potencia nuevas investigaciones y publicaciones relacionadas con nuestra forma de vida, con la tecnología y ciencia que nos envuelve e influencia y con el trato que le damos al planeta y a sus seres vivos, así como el que nos damos a nosotros mismos. Estamos observando los graves efectos de la contaminación sobre nuestro estado de salud, y cada vez coge más importancia todo lo que representa y conduce a un deterioro de los sistemas de nuestro cuerpo implicados en mantener nuestro bienestar físico, en fortalecer nuestra protección frente a posibles agresiones externas de todo tipo. Junto a todo lo relacionado con la contaminación, especialmente la atmosférica, los disruptores endocrinos y el abuso de los antibióticos representan un impacto muy negativo sobre nuestra salud que pone en peligro nuestra supervivencia.


Por si no quedaba claro todo el daño que provocamos sobre el planeta en todos los sentidos, el confinamiento de gran parte de la población mundial, o de gran parte de las zonas más pobladas y también industrializadas, nos ha mostrado cómo se limpia y recupera la atmósfera cuando dejamos de intervenir o lo hacemos con menor intensidad, cómo los animales recuperan espacios naturales que les hemos arrebatado, cómo el mundo vegetal emerge con una fortaleza sorprendente gracias a un nivel de purificación más elevado del ambiente, del aire del planeta. Al mismo tiempo, esta pandemia nos permite ser conscientes de la verdadera globalidad en la que vivimos, cómo las fronteras no son barreras para que se expanda un virus, cómo dependemos de las telecomunicaciones, en especial de Internet, y cómo las investigaciones científicas deberían estar siempre dirigidas y enfocadas hacia el beneficio global, siendo compartidas y recibiendo el aporte e impulso de lo que debería ser una verdadera comunidad internacional, algo que por desgracia está claro que no sucede.

Esta gran crisis de salud actual también está aportando aprendizajes sobre el funcionamiento de nuestro cuerpo físico, de cómo responde frente a intrusiones externas peligrosas y de la importancia de mantenerlo lo más saludable posible. Al mismo tiempo, observamos que hay que tomar decisiones personales importantes para sostener y desarrollar un estado de salud óptimo, como todo lo relacionado con la alimentación, con el ejercicio físico, con nuestra relación con la naturaleza, pero también observamos cómo hemos creado una sociedad y un ambiente que nos rodea y del que formamos parte que es enfermizo en todos los sentidos, y aquí se podría hablar no solo de los aspectos físicos sino también de los emocionales y mentales que también afectan a nuestro estado de salud.

En muchas entrevistas y artículos publicados durante las últimas semanas se habla de la importancia del sistema inmunitario, de tener un sistema inmunitario fuerte para combatir el virus, pero también se enfatiza la importancia de la realidad y visión holística y no enfocarse únicamente en un sistema, en un órgano o en una reacción. Así que un sistema inmunitario fuerte depende del estado de todo nuestro cuerpo y, especialmente, de otros sistemas con los que tiene una relación muy directa, como son los sistemas endocrino y nervioso, porque ningún órgano o sistema trabaja de forma independiente sino que se modulan y equilibran entre sí. Entonces, toda atención y cuidado que pongamos en fortalecer una parte de nuestro cuerpo va a afectar positivamente al resto, pero también sucederá igual con todo tipo de agresión o deterioro que nos afecte. En este sentido, personalmente podemos poner nuestra atención es nuestra salud y cuidarnos desde todo lo que hacemos en nuestra vida y depende de nosotros mismos, pero existe una parte que no podemos controlar tanto, que nos rodea y nos enfermiza y debilita, y esta parte está representada por el mundo que los humanos hemos creado, con los altos índices de contaminación en la atmósfera, en el agua, en la tierra, con la fabricación de materiales tóxicos que forman parte de nuestro día a día, como el plástico, materiales que en algunos casos incluso consumimos directamente a través de los alimentos e incluso de los antibióticos. Y todo ello ha ido ganando cada vez más poder y espacio, es algo realmente global, algo que nos enferma a nosotros y al planeta, y el planeta nos muestra cómo se recupera de esa enfermedad cuando nosotros estamos confinados y reducimos toda actividad humana. Hay que ver todo eso en nosotros mismos, hay que comprender que si los árboles y las plantas están más verdes, también nuestros cuerpos estarían más saludables si hubiera menos contaminación rodeándonos continuamente.

En estos momentos ya son varias las investigaciones que demuestran la relación directa entre la contaminación ambiental por partículas en suspensión y la velocidad de propagación del coronavirus. Se ha observado que las concentraciones de partículas atmosféricas en suspensión funcionan “como factor vehicular del virus” y que la mortalidad del virus ha aumentado en zonas con un alto índice de contaminación. La inhalación de partículas tóxicas presentes en el aire es un factor de alto riesgo y cada vez es mayor el número de muertes relacionadas con la contaminación atmosférica. Pero existe otro tipo de contaminación química que nuestro cuerpo está recibiendo constantemente, en ocasiones a través del aire que respiramos pero también a través de los alimentos que ingerimos, el agua que bebemos y todas las emisiones que entran en nuestro cuerpo incluso a través de la piel. Me refiero a los disruptores endocrinos, que son sustancias químicas capaces de alterar el sistema hormonal y ocasionar diferentes daños sobre la salud. Estos disruptores afectan directamente al sistema endocrino, debilitando también el sistema inmunitario y provocando enfermedades diversas en el cuerpo. Los disruptores endocrinos contaminan el medio ambiente sobre todo a través de los vertidos industriales, agrícolas y urbanos, y también a través de la incineración y vertido de basuras. El ser humano está expuesto a esta contaminación del medio ambiente y a toda la que le llega desde los pesticidas y aditivos que contienen muchos productos alimenticios, desde los plásticos que manipulamos, desde algunos detergentes, productos de limpieza personal, utensilios de cocina y otros productos habituales en las viviendas; incluso la mayoría de los tickets de compra contienen sustancias dañinas que se adhieren a la piel al tocarlos y que son difíciles de eliminar y acaban entrando en nuestro organismo bien por vía digestiva, cuando utilizamos las manos al tocar los alimentos que ingerimos, o mediante la migración hacia el torrente sanguíneo a través de la piel.

En el año 2013, se publicó un informe desde el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el cual se alertaba del peligro de estas sustancias sobre el sistema hormonal y se aconsejaba que se hicieran investigaciones más concretas y determinantes para adoptar medidas frente al uso de estas sustancias. Pero desde entonces no se han hecho grandes avances ni tomado medidas restrictivas adecuadas, y la mayoría de productos y acciones se pueden seguir fabricando y realizando al quedar dentro de los límites legales establecidos.

Tal como muestra la imagen que sigue a continuación, los disruptores endocrinos actúan frente a nuestras hormonas al igual como estos días estamos viendo que lo hace el virus del Covid-19 con nuestras células, engañándolas para poder entrar en ellas, infectarlas y manipularlas. Todo esto conduce a desequilibrios y enfermedades que pueden llegar a ser muy graves e incluso mortales.


Otro tema que está cogiendo cada vez más importancia y que también está relacionado con la actual crisis del coronavirus Covid-19 es el del abuso de los antibióticos y la consecuente resistencia que desarrollan los patógenos. En el año 2014, la Organización Mundial de la Salud declaró que la resistencia a los antibióticos se tenía que considerar una amenaza mundial para la salud pública. Desde entonces han ido aumentando los casos de las llamadas superbacterias, que prosperan en hospitales e instalaciones médicas y pueden ser resistentes a todos los antibióticos conocidos.

Desde la perspectiva de la crisis actual del Covid-19, lo que está sucediendo es un exceso del uso de antibióticos, tanto en hospitales como por personas que los toman por su cuenta a nivel particular. Aunque el Covid-19 es una enfermedad viral que no se ve afectada por los antibióticos, los datos preliminares de los hospitales muestran que muchos pacientes están siendo tratados con esos medicamentos para curar o proteger contra infecciones secundarias bacterianas. Esta medida tiene su lógica debido a que está demostrado, históricamente, que a partir de pandemias virales se desarrollan graves infecciones bacterianas, como la neumonía. Un ejemplo de esto lo vemos en un estudio realizado en París, que ha demostrado que el 33 por ciento de los pacientes con Covid-19 también estaban infectados con aspergillus, un hongo frecuentemente resistente a los medicamentos que se apodera de personas con sistemas inmunes comprometidos. Otro ejemplo llega con las cifras del examen de un grupo de pacientes chinos, donde el 27 por ciento tenía una infección bacteriana secundaria. Por lo tanto, aunque todavía falta saber con certeza qué proporción de pacientes infectados con el Covid-19 desarrollan neumonías causadas por bacterias, sí que hay indicios bastante claros de que las infecciones bacterianas pueden estar jugando un papel tan importante como en pandemias pasadas y, por lo tanto, tendría que aumentar el uso de antibióticos.

La resistencia a los antibióticos conlleva otra complicación, que es la necesidad de tener nuevos antibióticos más eficaces y desarrollados especialmente para reemplazar a los superados por los patógenos, y esto es algo que no está sucediendo. Desarrollar nuevos antibióticos es muy costoso y las empresas desarrolladoras de antibióticos no reciben el apoyo financiero adecuado. Muchas empresas farmacéuticas se enfocan primordialmente en mantener los productos que les son más rentables o hacer variaciones para actualizarlos y poder sostener la demanda y su cuota de mercado, incluso aunque con el paso del tiempo y las nuevas condiciones de vida hayan quedado en parte obsoletos o se haya demostrado que no son los más adecuados. Además, muchos hospitales también tienen problemas económicos y tienen que someter la calidad del servicio a la estabilidad financiera, y eso supone mantener el uso de antibióticos antiguos, aunque sean menos eficaces, porque son más económicos que los nuevos.

De lo que sí que podemos ser cada vez más conscientes, tanto si analizamos la crisis del Covid-19 como los otros problemas conjuntos presentados en este artículo, es que estamos en un mundo conectado, global, y que se tiene que sacar partido a esa globalización potenciando la unidad, el trabajo común, el compartir intereses por un bien mayor. El Covid-19 también nos nuestra la importancia de la naturaleza, de la biodiversidad, de la salud de todos los sistemas que componen la biosfera, y cómo el ser humano ha invadido y devastado el planeta hasta el punto de enfermarlo, de permitir que estemos en una sexta extinción masiva, de permitir que la contaminación provocada por el hombre ya haya llegado a todos los rincones del planeta, de permitir que se estén quemando los pulmones de la Tierra, de permitir que estemos haciendo extracciones y perforando el suelo que nos sostiene. Esto no va a ser un camino fácil si no somos conscientes de que cuando quemamos los bosques, esos pulmones planetarios, también estamos quemando nuestros pulmones, de que cuando contaminamos las aguas, estamos contaminando el agua de nuestro cuerpo, y de que llegamos a un punto en que las agresiones que estamos realizando van a volverse hacia nosotros cada vez con más contundencia y rapidez. Esperemos que acabe rápida y efectivamente esta pandemia del Covid-19, pero también esperemos y deseemos que realmente se implementen cambios de conducta desde cada habitante de este planeta hasta los gobiernos y personas dirigentes que puedan llevar a cabo acciones con un mayor nivel de conciencia que el demostrado hasta ahora.


Fuentes:

martes, 31 de marzo de 2020

Evento del mes de marzo


Redactado y publicado por David Arbizu 

LAS FUENTES RADIACTIVAS HUÉRFANAS

Cuando uno piensa en radiactividad, normalmente piensa en centrales nucleares, o incluso en materiales y armamento militar, pero se pueden encontrar muchos materiales radiactivos en dispositivos que podemos tener más cerca, en máquinas u objetos que pueden estar haciendo un buen servicio en el campo de la medicina, de la agricultura, de algunas industrias, como las relacionadas con producción de electricidad, y también en instrumentos de medición diversos que, por ejemplo, pueden ser muy importantes para la aviación. Todos estos dispositivos que contienen materiales radiactivos, o que también pueden crearlos durante su funcionamiento o bajo ciertas condiciones, pueden llegar a ser un verdadero peligro para la salud si no están controlados, si no se hace un seguimiento de su vida útil, de su estado mediante revisiones y, por supuesto, si no se recogen y almacenan correctamente cuando han quedado obsoletos, son reemplazados o simplemente desestimados por cualquier causa. Cualquier fallo relacionado con este control, con la posibilidad de que haya dispositivos que no estén regulados, que no se hayan tratado ni almacenado correctamente, que se hayan perdido o robado, o incluso que ni tan siquiera se conozca su existencia, nos dirige al concepto de “fuentes radiactivas huérfanas”. 

Uno de los grandes inconvenientes de la radiación, relacionado con la falta de control y de recuperación de estas fuentes, es que el ser humano no siente su impacto ni sus efectos en el momento de la exposición, así que además de enfermar, se puede convertir en un transmisor radiactivo. Pero también agrava el problema la falta de información, porque hay personas en todo el mundo que ni siquiera reconocen el símbolo que se usa para advertir que un dispositivo o cualquier utensilio contiene una carga radiactiva peligrosa y no tan solo no se debe manipular, sino que se debe alertar a la policía y a las autoridades correspondientes para que pueda ser retirado eliminando así un gran riesgo para la salud.

Una fuente radiactiva que vaya a ser almacenada debe ser sellada y guardada en un contenedor adecuado y en un lugar de almacenamiento adecuado. Por desgracia, tal como se puede observar a nivel global, ni tan siquiera hay lugares ni tratamientos apropiados para gestionar los residuos tóxicos y radiactivos de las centrales nucleares, que en la mayoría de las ocasiones, y en todo el mundo, acaban permaneciendo en la central, mayormente dentro de las piscinas de refrigeración, que se van colapsando y siendo un punto de enorme peligro. Esta falta de previsión y gestión correcta de todo residuo o material nuclear se agudiza cuando hablamos de fuentes radiactivas utilizadas en la industria, la medicina, la investigación, en algunos tipos de maquinarias y dispositivos, porque normalmente son de un tamaño reducido, fáciles de mover e incluso de depositar en cualquier lugar si por alguna razón no interesa cumplir con las normas legales de protección y gestión de este tipo de residuos. Además, en muchas ocasiones, las personas que utilizan y manipulan esos dispositivos desconocen su parte radiactiva, su nivel de peligrosidad, y todavía más cómo tratar el dispositivo, cómo almacenarlo y cumplir con los protocolos de control y declaraciones establecidos por las normativas existentes; todo ello debido a la falta de responsabilidad para que esas personas reciban las instrucciones y aprendizaje correspondientes para realizar sus trabajos correctamente, con seguridad para ellas y para los demás.

Existen unas normas básicas internacionales de seguridad para la protección contra la radiación ionizante y para la seguridad de las fuentes de radiación, para asegurar su utilización, su almacenamiento y su transporte. Una de las principales instituciones para el desarrollo de estas normativas y el apoyo a los estados para su implementación es el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que está vinculado directamente a la ONU y es el principal foro mundial intergubernamental de cooperación científica y técnica en la esfera nuclear. Dentro del OIEA se encuentra la Red Global de Seguridad y Protección Nuclear (GNSSN, por sus siglas en inglés), que es una red humana que opera a nivel mundial, regional y nacional. El GNSSN es un elemento clave de apoyo del Marco Global de Seguridad y Protección Nuclear, que se define como “el marco institucional, legal y técnico para garantizar la seguridad de las instalaciones nucleares en todo el mundo”. Además, cada país también tiene sus propias leyes y organismos encargados de esta gestión y control, pero la realidad indica que en la mayoría de países estas leyes no se cumplen adecuadamente y por esta razón se habla de las fuentes radiactivas huérfanas. Las fuentes radiactivas huérfanas no pueden estar cubiertas bajo esas normativas y control, justamente porque no están registradas o se desconoce su ubicación, y esto es lo que las hace tan peligrosas. A esto hay que añadir esa posibilidad de que sean manipuladas por personas sin capacitación para hacerlo, algo que se hace mucho más extremo cuando se han perdido y alguien las encuentra y manipula o cuando han sido robadas por personas que desconocen sus características, porque también hay robos intencionados y preparados para obtener esas fuentes radiactivas, que pueden ir a parar a industrias armamentísticas o grupos terroristas.

En la imagen que sigue a continuación se observa la parte de una cámara de radiografía que es radiactiva abandonada en un bosque. Las cámaras de radiografía son dispositivos de categoría 2 (las categorías van de 1 a 5), lo cual significa que hay fuentes más peligrosas, pero igualmente pueden causar lesiones permanentes a una persona que las maneja de manera insegura por períodos de minutos a horas, y pueden matar a una persona que permanece cerca y sin protección durante horas o días. También se observa el símbolo que indica la presencia de material radiactivo peligroso, el trébol de tres hojas de color negro sobre fondo amarillo.


Voy a poner algunos ejemplos de fuentes radiactivas huérfanas enumerados según el país donde ha sucedido o sigue sucediendo alguna situación peligrosa y fuera de control:

- Brasil: En 1987 sucedió lo que se considera uno de los mayores accidentes radiactivos que hayan sucedido fuera de una instalación nuclear, y es un ejemplo del peligro existente cuando una fuente radiactiva cae en manos de un ciudadano común. Sucedió en la ciudad de Goiânia, después de que dos recolectores de basura entraran en un hospital abandonado y desmontaran una máquina llevándose una unidad de radioterapia, de plomo, para venderla como chatarra. Desmontaron esa unidad y encontraron un cilindro que contenía 19 gramos de cesio-137. Desde ese cilindro se desprendía un material azul brillante que ellos guardaron en su casa y que muchos vecinos pasaron a ver e incluso se pusieron sobre la piel. Al poco tiempo muchas personas enfermaron. Cuando finalmente un físico detectó la radiación ya habían pasado muchos días y el material había pasado por muchos lugares y por medios de transporte, de forma que los niveles de radiación eran muy elevados en muchos sitios donde trabajaban y vivían muchas personas. Se puso en confinamiento a más de 500 personas que podían estar contaminadas mientras se hacían pruebas a miles de personas, y se encontraron 249 personas con niveles elevados de material radiactivo en sus cuerpos. Todo ello mientras toda la ciudad entró en pánico. Al cabo de un mes ya habían muerto 4 personas y otras contaminadas se salvaron al recibir tratamiento en varios hospitales. Se considera que muchas personas pudieron enfermar gravemente con el paso de los años, pero la falta de información sirvió para que esos trastornos de salud e incluso fallecimientos no se relacionaran con esa expansión radiactiva. El depósito de chatarra y decenas de casas fueron derruidos y también todo tipo de utensilios, vehículos, electrodomésticos y muebles se destruyeron y desecharon como residuos nucleares, incluyendo una capa de 2 centímetros de tierra de las zonas más afectadas, llegando a una suma de 6.000 toneladas de desechos que se enterraron en un lugar especialmente preparado. Un ejemplo de la falta de control y responsabilidad es que, al igual que en años anteriores, durante ese año la Comisión Nacional de Energía Nuclear de Brasil envió cartas pidiendo informes de la situación de los más de 1.400 aparatos de radioterapia repartidos por todo el país, y menos de un 40% de los responsables respondieron. Se sabe que el cesio 137 causante de la tragedia llevaba tres años abandonado.

- Ucrania: En este país, a partir del accidente de Chernóbil, se dictaminaron normativas más rígidas en busca de un mayor control de todo tipo de fuente radiactiva, algo que se realiza desde el Comité Estatal de Regulación Nuclear. En el Registro Estatal están declaradas 12.462 fuentes radiactivas y 15.838 dispositivos generadores, pero en todo el país se han llegado a detectar 500.000 fuentes de radiación, de las cuales ya se han retirado y almacenado 450.000. Se potencia el trabajo para localizar fuentes de radiación huérfanas y se cuenta con programas y ayudas internacionales para poder recopilarlas. El problema principal es que anteriormente no había el actual control regulatorio y puede haber muchas fuentes desconocidas, incluso cerca del área de Chernóbil. Por esta razón hay equipos especializados en lo que se denomina “búsqueda activa”, con personas buscando físicamente estas fuentes, y también existe lo que se llama “búsqueda pasiva” basada en monitores de medición de radiación ubicados en fronteras, empresas de desguaces y punto concretos relacionados con actividades de exportación.

- Estados Unidos: Durante 18 años, desde su inauguración en el año 2000 hasta finales de 2018, en una sala del Museo del Parque Nacional del Gran Cañón (Arizona) se almacenaron 3 cubos llenos de uranio altamente radiactivo. Estos cubos estaban en el área de visitantes y uno estaba tan lleno que ni siquiera estaba sellado. Antes de la inauguración del museo los cubos estaban en un sótano de la sede del parque, y por razones desconocidas se trasladaron al museo. Durante 18 años miles de personas visitaron el museo y pasaron mucho tiempo cerca de esa fuente radiactiva, pudiendo recibir altas dosis de radiación, ya que una exposición de menos de 30 segundos ya se considera peligrosa para la salud. Cuando se descubrió que había ese uranio, al cabo de 18 años, se decidió tirar esos cubos en una mina de uranio cercana, una de las muchas minas de uranio del Gran Cañón, pero además una mina que tiene un grupo de hoteles y tiendas a menos de 4 kilómetros. Para complicar todavía más toda la situación, el gerente de seguridad del parque se dio cuenta, cinco meses después de que ese uranio se arrojara a la mina, que los trabajadores que lo habían transportado habían devuelto los cubos vacíos al museo, así que parte de la emisión radiactiva continuó durante esos meses. Personas de todo el mundo han pasado por ese museo durante 18 años y, como es normal, varios médicos y expertos han declarado que era poco probable que esa exposición al uranio hubiera sido peligrosa para los visitantes.
Estados Unidos es quizás el país que más fuentes de radiación huérfanas ha provocado durante muchos años, especialmente desde la Segunda Guerra Mundial, con todas las pruebas nucleares realizadas en muchas partes y países del mundo, con el establecimiento de bases militares que luego fueron abandonadas dejando materiales y armamentos muy peligrosos. Un ejemplo es el de la base de Camp Century, en Groenlandia, donde muchos materiales, algunos radiactivos, quedaron enterrados en el hielo y últimamente, con el deshielo, están apareciendo de nuevo en la superficie y Estados Unidos no se hace responsable de la recuperación y limpieza de esos materiales. Durante la etapa conocida como Guerra Fría se hicieron pruebas y produjeron grandes cantidades de materiales para fabricar explosivos nucleares y solo durante esta época se descontrolaron, se perdieron, seis toneladas de material que en lugar de considerarse fuentes radiactivas huérfanas se pasó a catalogarlas como Material No Contabilizado (MUF), un material que sigue perdido y repartido por muchos lugares del estado.

- Rusia: Al igual que Estados Unidos, en Rusia se hicieron muchas pruebas e investigaciones relacionadas con armas nucleares y hay muchos lugares abandonados, sin control y sin conocimiento real de la cantidad y tipo de materiales que albergan, pero sí que se han hecho mediciones constatando que hay muchos lugares que tienen altos niveles de radiación. Rusia también utilizó islas del Océano Ártico como bases, lugares de pruebas y almacenes, y muchos de esos lugares también fueron abandonados quedando enterrados y ahora algunos también vuelven a aparecer con el deshielo y no se sabe realmente todo lo que contienen. Además, el ejército de la antigua URSS, que ocupaba un territorio en el que ahora hay otros países, dejó muchos puntos de contaminación que se consideran fuentes de radiación huérfanas y siguen siendo muy nocivas.
Al igual que ha sucedido con otros países, también ha habido muchos accidentes de aviones y hundimiento de barcos que llevaban cargamento radiactivo que no fue localizado. Incluso partes de los dispositivos de barcos y aviones pueden contener pequeñas cantidades de material radiactivo, que si no se almacena correctamente y se acaba liberando, puede ser muy nocivo.
En la imagen que sigue a continuación se observa un reloj y un altímetro que contienen pintura luminiscente radiactiva.


- México: Este ejemplo es el de un robo de material radiactivo. Sucedió a finales del 2014, cuando unos hombres armados aprovecharon que dos camioneros habían parado en una estación de servicio para hacer la siesta y robaron el camión, que iba cargado con una unidad de teleterapia desmantelada que alguna vez se usó para el tratamiento del cáncer y que aún contenía una pequeña cápsula de material altamente radiactivo de categoría 1, ya que contenía cobalto-60. Las fuentes de categoría 1 pueden matar, en menos de una hora, a cualquiera que esté expuesto a ellas a corta distancia. Al cabo de dos días del robo se encontró la cápsula radiactiva abandonada en un campo de maíz, de forma que quien extrajo esa capsula recibió una dosis de radiación posiblemente mortal. Este ejemplo muestra la falta de preparación e información sobre el personal que realiza el transporte, ya que las normas no permiten que un vehículo con ese tipo de carga pueda estacionarse fuera de lugares adecuados y restringidos al público en general.

- Turquía: Este es un ejemplo de una fuente controlada que pasa a ser huérfana. En 1993 se embalaron tres fuentes de teleterapia para ser reexportadas a Estados Unidos, pero el envío no se realizó inmediatamente y se almacenó. El descontrol provocó que dos de esos tres bultos se llevaran a Estambul y se guardaran en unos locales vacíos, todo ello sin seguir ningún tipo de norma de seguridad. Al cabo del tiempo se vendieron esos locales y los bultos con el material radiactivo se vendieron como chatarra. Entonces se desmontaron esas fuentes de teleterapia afectando a los que las manipulaban, que al sentirse mal abandonaron algunas de sus partes cerca de una zona de viviendas. Cuando empezó a sospecharse de una fuga radiactiva ya había 18 personas hospitalizadas y por suerte ninguna falleció. Pero el tercer bulto todavía no se ha encontrado.

- Tailandia: En el año 2000, una fuente de teleterapia no controlada y abandonada en un lugar donde había todo tipo de residuos, llegó hasta un depósito de chatarra, donde se desmontó y se cortó el blindaje protector. Las personas que estaban allí se empezaron a sentir mal y las que habían tocado alguna parte del material empezaron a sentir quemaduras. Al cabo de 10 días se constató que había habido una fuga radiactiva que acabó con 10 personas lesionadas, de las cuales 3 murieron a pesar del tratamiento médico. Además, casi 2.000 personas que vivían en un radio de 100 metros alrededor del depósito de chatarra estuvieron expuestas y muchas de ellas solicitaron atención médica.

Otros lugares donde hay muchas fuentes radiactivas huérfanas son los grandes basureros donde muchos países envían su chatarra electrónica. Este es el caso del Basurero Agbogbloshie, en Ghana, considerado el mayor del mundo.
En algunos casos, el robo de material radiactivo no es accidental, sino que se roba para poder utilizarlo para fabricar algún tipo de arma o con intenciones que puedan suponer una amenaza a la seguridad. Otras situaciones son las de países sin la tecnología ni los recursos adecuados para gestionar estas fuentes radiactivas. Entonces, cuando quedan obsoletas, requieren la asistencia de otras organizaciones o países para retirar esas fuentes y almacenarlas, algo que en algunos casos puede ocasionar gastos importantes y lleve a una gestión errónea de esos materiales, almacenándolos inadecuadamente y generando una fuente radiactiva que fácilmente, con el paso del tiempo, cambios de gobiernos, conflictos o incluso eventos climáticos severos, pueda pasar a ser una fuente radiactiva huérfana. Y un último ejemplo muy grave es el de los residuos tóxicos y radiactivos retirados por la mafia napolitana de algunas empresas alemanas. Esto sucedió a finales del siglo pasado, cuando algunas organizaciones mafiosas retiraron, desde Alemania, toneladas de materiales muy peligrosos y las trasladaron y descargaron ilegalmente en muchas zonas alrededor de Nápoles, enterrándolas cerca de campos agrícolas, arrojándolas al interior de cuevas, e incluso vertiéndolas en un lago cercano a lugares habitados o en el mar. Desde entonces, los casos de cáncer en toda la región se han multiplicado.

La radiactividad es extremadamente nociva y peligrosa para la salud de todo ser vivo y de la biosfera. Se sabe que, aparte de provocar muchas enfermedades diversas entre las que destaca el cáncer, afecta el ADN, todas nuestras células, todos nuestros sistemas. En el momento de escribir este artículo estamos padeciendo globalmente la pandemia del Coronavirus Covid-19 y estamos viendo la importancia de tener un sistema inmunitario fuerte, algo complicado debido a que toda la contaminación de la atmósfera, de los alimentos, del agua, de la tierra, de las propias ciudades y todos sus dispositivos, están debilitando y estresando nuestro sistema inmunitario al tener que hacer frente a demasiados problemas a la vez. También se sabe que la radiación afecta al sistema inmunitario y, de hecho, cuando alguien recibe radioterapia y/o quimioterapia empieza a bajar sus defensas y a tener un sistema inmunitario muy débil. Así que todo lo relacionado con posibles emisiones y fugas radiactivas es cada vez más peligroso para la vida, y mucho más si se trata de fugas que estén sucediendo continuamente desde dispositivos que no están registrados ni localizados, pero que, por desgracia, sabemos que están en muchas zonas del planeta. Es un alto precio por un abuso más del ser humano y de la falta de conciencia al tratar con el desarrollo tecnológico, y esperemos que se puedan aplicar acciones contundentes para que cada vez sean menos la fuentes radiactivas huérfanas, tanto por su detección y recogida como por el hecho de no provocar que vayan aumentando, algo difícil en este mundo donde vemos que la globalidad sí que sirve para expandir rápidamente un virus pero no para llegar a acuerdos buscando intereses comunes al servicio del planeta y de toda forma de vida. 


Fuentes: