miércoles, 30 de octubre de 2019

Evento del mes de octubre

Redactado y publicado por David Arbizu

LOS "STORMQUAKES" O "TORMENTAMOTOS": SISMICIDAD VINCULADA CON TORMENTAS Y HURACANES 
Durante muchos años, los científicos han trabajo para demostrar hasta qué punto las tormentas tienen un efecto directo sobre los movimientos sísmicos y, por lo tanto, sobre las placas tectónicas. Hasta hace poco, muchos expertos defendían que era muy difícil confirmar que pudiera haber una relación entre un fenómeno como las tormentas, cuya formación, desarrollo y avance depende de la atmósfera y los océanos, y otro fenómeno como los terremotos, que se basan en movimientos de la tierra sólida, de las placas tectónicas, placas que en parte pueden estar o no bajo los océanos. Pero actualmente el estudio de las tormentas y huracanes está permitiendo descubrir los efectos y cambios que producen sobre las costas, sobre las profundidades del océano, incluso sobre corrientes oceánicas potentes e importantes, tal como últimamente se comprobó con la Corriente del Golfo, que se debilitó y se redujo casi en un 50% con el paso del huracán Dorian.

Hasta ahora no se había prestado atención a la sismicidad provocada por las tormentas, aunque sí se detectaba que había un tipo de olas resultantes que afectaban el fondo del mar causando temblores, pero los científicos los consideraban “ruido de fondo sísmico” y no los analizaban como terremotos. En un estudio publicado a principios del año 2018 se describía cómo las lluvias torrenciales que se acumulan sobre la superficie desde una tormenta tropical representan un enorme peso que conduce a una deformidad de la corteza terrestre, generando tanto una compresión como una dilatación, lo cual puede llegar a afectar al movimiento de placas tectónicas pero de una forma más lenta, generando una tensión que puede necesitar horas o días para llegar a manifestarse, en caso de hacerlo.

En un estudio publicado el pasado 14 de octubre de este año, 2019, se demuestra realmente cómo una fuerte tormenta puede desencadenar eventos sísmicos en el océano, de manera que la energía de las tormentas y del oleaje llega a interactuar con la superficie terrestre. El profesor Wenyuan Fan, profesor de Ciencias de la Tierra, el Océano y la Atmósfera de la Universidad Estatal de Florida, es el autor principal de este estudio y quien ha explicado que a estos eventos les han dado el nombre de “stormquakes” (“tormentamotos”). El estudio se ha basado en la revisión de más de una década de registros sísmicos y oceanográficos, en especial del oeste del Océano Atlántico, dirigidos tanto a fuertes tormentas tropicales como extratropicales.

Huracán Florence (2018). Fotografía: NASA

También se constató que la actividad sísmica se generaba cerca de los márgenes de la plataforma continental, que es la parte sumergida de los bloques continentales que forma un fondo submarino próximo a la costa, y también en zonas de formación de bancos oceánicos, que son zonas donde hay una elevación y, por lo tanto, menos profundidad en relación con el área que las rodea. Estas zonas poco profundas facilitan que se vayan acumulando los pulsos de ondas sísmicas que se generan a partir de la energía de las tormentas, a partir de los efectos de las grandes olas que se forman en la superficie y afectan el fondo de los océanos. Esta acumulación de ondas sísmicas puede llegar a provocar un cambio en su frecuencia y longitud, y entonces, en lugar de avanzar enormes distancias en forma de ondas largas y de menor frecuencia, que pueden durar desde horas a días, se concentran como una energía de presión que se transfiere al suelo. Así lo explica Wenyuan Fan al hablar de su estudio: “Estas colinas planas bajo el agua pueden concentrar la energía para que la presión de las olas se transfiera al suelo y llegue a crear una explosión uniforme de meneos, similar a un martillo golpeando en el océano”.

También se ha comprobado que no toda tormenta potente o huracán necesariamente tiene que causar terremotos, ya que la causa no solo depende del sistema atmosférico y del oleaje provocado, sino que intervienen otras condiciones oceanográficas concretas, la topografía del fondo marino y la estabilidad de todo lo relacionado a la tectónica de placas, donde no solo hay que tener en cuenta las grandes placas tectónicas sino también todas las placas menores y fallas que se convierten en vías de acumulación de presión. El avance de un huracán va a afectar el suelo terrestre debido a toda la energía que en algunos puntos impactará como una presión baja y en otros como una presión más elevada. Todo ello estará afectando el terreno y las condiciones de las fallas, provocando deformaciones tanto a nivel de compresión como de dilatación. En cualquier caso, va a representar una acumulación de tensión sobre la falla y, dependiendo de cuál sea la tensión acumulada en ese momento concreto, podrá actuar como un gatillo o punto cúspide para que se genere un movimiento sísmico.
En la imagen que sigue a continuación se observa el huracán Sandy (2012), como ejemplo de un huracán que ha sido uno de los más fuertes registrados pero no provocó ningún seísmo.


Las tormentas y huracanes también provocan otros efectos importantes, tanto sobre áreas próximas a la tormenta como a nivel global. Tal como he indicado al inicio de este artículo, los vientos huracanados pueden llegar a obstruir temporalmente el flujo de la Corriente del Golfo, algo que provoca que enormes cantidades de agua se dirijan hacia la costa, aumentando el nivel del mar y causando mayores inundaciones y destrucción. Además, como parte de la Circulación Termohalina, que es la circulación oceánica de ámbito planetario imprescindible para la regulación y equilibrio de los patrones climáticos de todo el planeta, este bloqueo o debilitamiento de la Corriente del Golfo afectará a nivel global y, especialmente, a toda la zona del Atlántico Norte, donde todas las aguas que llegan fruto del deshielo masivo también están dificultando el buen funcionamiento de la Circulación Termohalina o Cinturón Transportador Oceánico. Además, la Corriente del Golfo es básica para regular y suavizar las temperaturas de invierno de parte de Europa.

Otro efecto de los huracanes es la aceleración del proceso llamado “bomba biológica”. Esto sucede cuando los vientos generan intensas y duraderas corrientes submarinas que empujan los nutrientes del fondo del océano hacia la superficie provocando una floración de algas. Al cabo de un tiempo, las algas mueren y se hunden de nuevo en el océano proporcionando una gran cantidad de alimento para la vida marina de los fondos oceánicos.

Algo que en algunos casos también se ha observado en el Atlántico Norte es cómo los restos de algunos huracanes o tormentas afectan a la corriente Jet Stream. Esto sucede después de que se debiliten al moverse hacia el norte cerca de la costa este de Norteamérica y se dirijan hacia el centro del océano. Cualquier efecto sobre la corriente Jet Stream va a ser de ámbito global y podrá ser beneficioso o perjudicial dependiendo de si colabora en su estabilidad o si por el contrario acelera su desequilibrio y que se formen las ondulaciones que facilitan la llegada de altas temperaturas al Ártico y el descenso de tormentas polares hacia latitudes bajas del hemisferio norte. En la imagen que sigue a continuación se puede observar cómo los restos del huracán Dorian alteraron el Jet Stream provocando el descenso de una gran masa de aire frío que formó la potente DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) o gota fría que causó graves inundaciones y devastación especialmente en la zona mediterránea de la Península Ibérica.


El estudio publicado recientemente abre el camino a nuevas investigaciones y a una mayor comprensión del funcionamiento de las tormentas, de sus efectos y de la conexión que existe entre todos los sistemas y estructuras que sostienen la biosfera, algo que es muy importante para que haya un verdadero avance científico desde un enfoque global aunque sea desde estudios de áreas concretas, viendo al planeta como un sistema dinámico, complejo y completo. Creo que sería muy interesante realizar este tipo de estudios con tormentas que se forman en otras zonas del planeta, como las que se forman frente a las costas mexicanas del Pacífico, donde domina la subducción entre placas tectónicas, o también en las que se forman en el oeste del Pacífico y pueden afectar toda la zona de placas que representa el arco insular de Japón y las profundas fosas marinas de Japón y de las Marianas. Como siempre, ¡queda mucho por aprender de nuestro amado y precioso planeta!


Fuentes:
Mapa "La secuela del huracán": https://www.lavozdegalicia.es


lunes, 30 de septiembre de 2019

Evento del mes de septiembre

Redactado y publicado por David Arbizu

LOS MEGAINCENDIOS
Todos estamos siendo testigos de los grandes incendios que están arrasando enormes partes de nuestro planeta. Algunos tienen mucha repercusión mediática y otros menos, pero creo que durante este verano del hemisferio norte serían muy pocos o ninguno los países donde no haya habido incendios, incluso en muchos encontraríamos cifras que mostrarían un incremento de la superficie quemada respecto a años anteriores y que ha aumentado la cantidad de incendios de gran tamaño y difícil control y extinción. Además, la gran crisis climática, el gran desajuste de los patrones climáticos, nos está mostrando que también en el hemisferio sur ha habido incendios aunque estuvieran en su temporada de otoño-invierno, porque de pronto puede haber una aumento inusual de las temperaturas en cualquier parte del planeta y generarse una ola de calor de efectos muy perjudiciales en todos los sentidos, tal como durante las últimas semanas hemos visto, por ejemplo, en Australia.

Las altas temperaturas también afectan especialmente a los océanos y a los casquetes polares, lo cual incide directamente en el equilibrio de los patrones atmosféricos, en el equilibrio de los vientos que impulsan y mantienen las corrientes que transportan humedad o sequedad, que dan forma a estructuras climáticas sobre las que se han desarrollado y se mantienen las diversas zonas que forman la naturaleza y ecosistemas del planeta. Hace meses que estamos viendo el desarrollo de tormentas con un potencial inimaginable, con precipitaciones que en muchas zonas han superado todos los récords registrados, generando inundaciones impresionantes. Pero también observamos cómo en algunos casos, a pesar de las grandes lluvias, no se recupera el déficit hídrico, como es el caso de España tras la reciente gota fría, donde uno se espera encontrar noticias informando de la recuperación de los niveles del agua de los embalses del país y en cambio sucede lo contrario y los niveles siguen bajando.

La actividad humana ha ido degradando sin cesar las grandes masas forestales, destruyendo y urbanizando, explotando, abusando de la vegetación y también de los recursos hídricos: de arroyos, ríos, acuíferos y pozos subterráneos, de manera que en muchas zonas las características de los suelos han ido cambiando, volviéndose inactivos, pereciendo conforme también han ido disminuyendo o desapareciendo muchas formas de vida que son imprescindibles para la salud de la tierra, para su respiración, para su capacidad de fertilidad, de ser una base y un cimiento para la vida y para la absorción correcta del agua de lluvia, del mantenimiento de acuíferos y pozos naturales. Todo ello conduce a desajustes fenológicos, a cambios en las especies que dominan los hábitats y ecosistemas, a posibles llegadas de especies invasoras que estarán afectando el equilibrio natural y que, en el caso de los incendios y hablando de especies vegetales, pueden ser especies que faciliten la expansión del fuego, que provoquen llamas más altas y destructivas, que hayan provocado cambios en el sotobosque haciéndolo más denso, más combustible, de manera que zonas donde podían haber incendios esporádicos de manera natural, como parte de un ciclo de regeneración, ahora son arrasadas por incendios que encuentran otro tipo de combustible y se vuelven demoledores y enormes. Un ejemplo de esta situación lo encontramos en zonas de España y Portugal con la introducción del eucalipto, que con el paso de los años ha ido sustituyendo especies autóctonas, empobreciendo el suelo y aumentando la posibilidad de incendios por su alta facilidad de combustión y su proliferación formando verdaderos puntos de alimentación para el fuego.

Toda esta situación que se refleja y forma parte de la crisis climática que sufre el planeta y que se va agravando por la falta de conciencia del ser humano, por no haber la correcta implementación de medidas para frenar el gran deterioro que afecta a todos los sistemas que forman parte del funcionamiento de la biosfera, conduce a unas condiciones que propician la aparición de un nuevo tipo de incendio que llamamos “megaincendio” o también “megaincendio climático”. Este término tiene una relación directa con otros que también definen incendios muy graves y poderosos, como “incendio de alta intensidad” y “fuego eruptivo”, términos que se utilizan para calificar incendios donde el fuego es prácticamente ingobernable.


Los megaincendios se clasifican como incendios de nueva generación. Son incendios muy agresivos, con una gran fuerza energética, con una gran capacidad de movimiento y extensión, incendios que en unas cuantas horas pasan de ser un pequeño fuego a un incendio de gran tamaño y alto índice de peligrosidad, formando varios frentes activos, donde en muchos casos podrán poner en peligro zonas habitadas y además extenderse por lugares de muy difícil acceso para las labores de extinción.

De algún modo, los megaincendios son una respuesta en forma de lección dura frente a la falta de responsabilidad del ser humano, no solo por todos los abusos sino por la falta de cuidado y gestión de las masas forestales, por la falta de comprensión e interés por adaptarse y convivir con los ciclos naturales de cada ecosistema, porque una de las causas que se consideran propulsoras de los megaincendios es que durante muchos años, desde el siglo pasado, el hombre ha intentado apagar todos los incendios lo más rápido posible, incluso deteniendo incendios que formaban parte de esos ciclos y procesos de regeneración natural, y causando una densidad forestal desequilibrada y artificial. A todo ello hay que añadir toda la codicia de agrandar las zonas agrícolas y ganaderas abarcando e invadiendo espacios naturales. En este sentido, se considera que algunos de los grandes incendios que hace semanas, e incluso meses, afectan al planeta han sido provocados, como los de la Amazonia y otras regiones de Brasil y Bolivia, especialmente, también los de países africanos como la República Democrática del Congo y Angola y los de Indonesia. En algunos casos, los campesinos incendian sus campos como una forma de regenerar la tierra antes de la siguiente siembra, pero en otros se quema el bosque para ganar terrenos para cultivar y, sea como sea, está demostrado que un porcentaje de estos incendios se descontrolan y acaban extendiéndose. Y aquí deben añadirse todos los incendios provocados por las redes criminales para ampliar sus negocios lucrativos. Lo que sucede ahora es que las condiciones climáticas y de los ecosistemas provocan que los incendios que se descontrolan se vuelvan fácilmente megaincendios. Por otro lado, las tormentas cada vez llevan más carga eléctrica y mayor cantidad de rayos que en ocasiones también representan el punto de ignición de un incendio y que ese punto pueda ubicarse en lugares de difícil acceso y más desprotegidos.

Con toda la información que está llegando a raíz de los incendios de la Amazonia, cada vez somos más conscientes de la gran mortandad que provocan sobre muchos animales de todas las especies, porque la velocidad del fuego resta posibilidades a los animales más rápidos y toda su fuerza energética y temperaturas elevadísimas impide que otros animales puedan protegerse, incluso bajo tierra. En el caso de los incendios de Brasil y Bolivia, nos llegan cifras espeluznantes sobre los millones de animales que han perecido. Además, cuando tratamos de megaincendios, dependiendo de la estructura del bosque o del ecosistema, el fuego también sigue a nivel subterráneo y va quemando raíces y combustible que encuentra bajo la superficie. Esto hace muchos años que sucede y se ha estudiado con los incendios de Siberia, donde domina la taiga, con grandes bosques de coníferas, y donde se forman enormes turberas, que son cuencas lacustres repletas de material vegetal más o menos descompuesto y que constituye la primera etapa del proceso por el que la vegetación se transforma en carbón mineral. En algunos casos se puede haber iniciado un fuego por un descuido humano y las personas no ser conscientes de ello ya que no se hace visible, pero el incendio puede ir ardiendo y avanzando lentamente y salir a la superficie a kilómetros de distancia del lugar donde se originó.

Incendio extendiéndose en una turbera

Los últimos grandes incendios que está habiendo en el planeta también nos muestran la grave contaminación atmosférica que provocan y cómo el humo denso y tóxico se extiende alcanzando grandes extensiones y también llegando a lugares que pueden estar muy lejos del fuego. Hace pocos días que hemos visto en los medios imágenes de cielos rojos con un aire irrespirable en muchas zonas de Indonesia y de otros países próximos a islas, como la de Borneo, donde continuamente hay enormes incendios provocados para ganar terreno para así plantar la especie de palmera de donde se obtiene el aceite de palma. También, el pasado 19 de agosto, en la ciudad brasileña de São Paulo se hizo de noche en pleno día debido a las enormes columnas de humo que llegaron desde los incendios de la Amazonia, a más de 2500 km de distancia; esas columnas de humo se combinaron con un frente frío y fuertes nubes de tormenta.

Cielo rojo sobre la Isla de Sumatra (Indonesia)

Dentro de esa contaminación atmosférica que provoca el incendio, hay que valorar que la combustión de la masa forestal emite dióxido de carbono que había sido absorbido y que justamente esa pérdida de masa forestal va a representar menor absorción de dióxido de carbono de la atmósfera. También se liberan otras partículas y gases tóxicos como el monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno y los compuestos orgánicos no metanos.
Los incendios también pueden contaminar acuíferos y flujos de agua cuya capacidad de filtrado ya está normalmente muy mermada tanto por la falta de caudal como por toda la contaminación provocada por el ser humano y por todos los impedimentos artificiales que provocan que el flujo no siga ni su camino natural ni pueda sostener su dinámica y regeneración.

Unos de los mayores perjudicados por los grandes incendios que ocurren en zonas extensas naturales y de vegetación de la Tierra, son las comunidades indígenas, las tribus nativas del lugar, que reciben directamente el impacto del fuego, con la posible destrucción de sus poblados, y también reciben toda la contaminación atmosférica, además de la devastación de su hábitat, de su lugar de residencia, de todo lo que forma parte de su vida y subsistencia.
En algunos casos, los incendios también arrasan campos de cultivo, explotaciones ganaderas e instalaciones que son importantes y están dentro del proceso creado por el ser humano para la producción y comercialización de alimentos. Si unimos estos efectos a los que provocan las enormes inundaciones que causan las precipitaciones torrenciales que está habiendo en muchas partes del planeta, todo ello conduce a situaciones de hambruna, de emergencia para lugares que ya de por sí sufren situaciones muy complicadas. De esta forma, se va incrementando el éxodo hacia las ciudades e incluso hacia otros países u otros continentes y aumenta y se agrava la circunstancia y realidad de los refugiados climáticos.

Si no somos capaces de cuidar el planeta, de comprender que nuestra salud y supervivencia están directamente relacionadas con la salud y supervivencia de la Tierra, de su biosfera, de cada ser vivo que la forma y la sostiene en interrelación con todos los demás, entonces cada vez tendremos que ir utilizando con mayor frecuencia el prefijo “mega”, tal como ya vamos viendo con las tormentas, con los incendios, con los movimientos sísmicos y magmáticos, con las olas de calor y de frío, con el deshielo. Esperemos que no tengamos que experimentar mayores mega-catástrofes y que, como seres humanos, lleguemos a actuar por el bien del planeta y de todos sus sistemas, de todos sus seres, incluidos nosotros mismos.    



Fuentes:


viernes, 30 de agosto de 2019

Evento del mes de agosto

Publicado por David Arbizu

AUMENTO CONSTANTE DE LOS PROBLEMAS CAUSADOS POR LA INTRUSIÓN DE ANIMALES SALVAJES EN ZONAS URBANIZADAS
Desde hace décadas, la expansión humana sobre el planeta ha llegado a un punto en el que ya no deja un mínimo espacio vital para los otros seres vivos que lo habitan. Esto significa un proceso casi imparable de extinción de muchas especies, pero también significa que, con la pérdida de sus hábitats, de sus fuentes de alimentos, de todo lo que representa poder desarrollarse y vivir dentro de un equilibrio natural, lejos del “mundo antropocéntrico”, los animales acaban adentrándose en zonas colonizadas por el ser humano, zonas que en muchos casos les pertenecían, eran sus hogares, y a las que ahora vuelven a adentrarse por mera supervivencia, porque se les acaban otras opciones y ellos también tienen derecho a jugar sus cartas buscando su propio beneficio, aunque sea bajo un juego forzado e inevitable.

Creo que no es necesario entrar a fondo en todo lo que las actividades humanas provocan sobre el equilibrio de los ecosistemas y hábitats, sobre los ciclos de la vida animal, causando desajustes fenológicos e incluso muertes directas a través de la caza, la propagación de plagas para exterminar especies que de repente se vuelven incómodas, la deforestación, las grandes contaminaciones de todo tipo, las extracciones del subsuelo y toda la destrucción necesaria para su establecimiento, y los incendios provocados, tal como en este momento estamos observando que sucede en muchas partes del planeta y, en especial, en la Amazonia; en resumen, todo el exterminio que el ser humano está provocando en el planeta atribuyéndose unos derechos especiales a través de los cuales ha expulsado y exterminado completamente algunas especies de sus hábitats, pero también ha facilitado la expansión y procreación explosiva de otras que se han convertido en plagas difíciles de gestionar. En muchas ocasiones, sobre todo desde hace pocos años, se han puesto en marcha iniciativas para reinsertar y recuperar especies autóctonas que se habían exterminado, como es el caso de los lobos y los osos en algunas partes de España, pero la situación de los espacios naturales ya no es la misma que cuando estos animales vivían en estos lugares y ahora generan problemas de convivencia con el ser humano que antes no pasaban con la misma intensidad. Al mismo tiempo, la falta de depredadores ha permitido que otras especies se adueñen y se expandan en muchas zonas en las que el espacio se ha ido mermando por las actividades y urbanización humanas, y ahora esta situación ha conducido a verdaderos y graves conflictos de difícil solución. Uno de los ejemplos más claros y que afectan prácticamente a todo el planeta, tal como se verá más adelante, es el caso del jabalí.


El ser humano parece que pueda controlarlo todo, pero la fuerza de la naturaleza y de la vida es extremadamente poderosa. Se sabe que no es fácil controlar la fuerza del instinto vital de los seres vivos y que muchas especies tienen grandes capacidades de adaptación, de modificar conductas y mostrarnos un nivel de inteligencia y de toma de decisiones que en muchas ocasiones no se reconoce pero que es elevado, está enfocado totalmente en su supervivencia y en su reproducción, y se transmite de generación en generación para que la especie tenga cada vez mayores posibilidades en un mundo cambiante y, como sucede ahora mismo, devastador. En este sentido, es interesante ver cómo algunas especies han avanzado su ciclo reproductivo, sus períodos de hibernación e incluso de migración. También se ha observado cómo algunas especies han modificado su tamaño para adaptarse a los pueblos y ciudades, incluso cómo ha habido hibridación entre especies, como es el caso del “coyolobo”, una especie que se ha generado especialmente en Norteamérica a partir del cruce de coyotes, lobos y perros domésticos y cuyos ejemplares se ha constatado que son de mayor tamaño cuando viven en áreas naturales, donde pueden cazar presas grandes en manada, y de menor tamaño cuando viven cerca de ciudades, donde sus presas son más pequeñas y también necesitan pasar más desapercibidos frente a los humanos.

Ya hace años que, con la pérdida de hábitats y de fuentes de recursos, algunas especies empezaron a acercarse cada vez más a las zonas habitadas por el ser humano. Algunas de ellas ya hace incluso siglos que se han instalado en grandes urbes, donde encuentran refugio, alimento y facilidades para su reproducción, como es el caso de muchos insectos que normalmente habitan subterráneamente, de algunas especies de aves como las palomas y también de roedores, pero otros animales que no pasan tan desapercibidos también están entrando en las zonas habitadas y utilizando los recursos que allí encuentran. También hay otras especies que se han expandido por muchas ciudades debido a accidentes o falta de conciencia del ser humano, que en algunos casos ha alimentado ocasionalmente a algunos animales salvajes provocando un cambio de conducta y de acercamiento que ellos no hubieran tenido por sí mismos. Es impactante el caso de las cotorras argentinas, originarias de Sudamérica, que en muchos lugares han provocado una baja significativa de aves autóctonas y cuya expansión, en muchos casos, ha empezado por ejemplares que se han escapado de jaulas particulares y también de zoológicos. Pero también se pueden encontrar otros animales que en su momento fueron comprados como mascotas y luego se abandonaron por varios motivos, como es el caso del cerdo vietnamita, que luego se ha cruzado con el cerdo europeo y también con el jabalí. También es notable el problema que causan los mapaches, traídos de Norteamérica a Europa como mascotas y que ahora se considera una de las especies invasoras más problemáticas y extendidas. Otro ejemplo lo tenemos en Florida con la boa constrictor y pitón africana, que se han expandido peligrosamente por gran parte del estado debido a que las personas que las habían comprado acabaron abandonándolas en los Everglades, una zona natural de pantanos donde se adaptaron con gran facilidad y desde donde empezaron a reproducirse y expandirse para convertirse en una verdadera amenaza que se adentra en muchas localidades. También en Florida encontramos el problema de la superpoblación de iguanas verdes, una especie invasora muy perjudicial para los ecosistemas de esa región, cuyos ejemplares se empezaron a detectar en 1960 y se considera que también fueron liberadas por personas que las tenían como animales de compañía y las abandonaron.

En estos momentos, hay dos especies de animales que son las más representativas del conflicto con el ser humano por su intrusión en las zonas habitadas: los jabalíes y las gaviotas.
Los jabalíes están incluidos en la lista de especies más invasivas de la Unión Mundial para la Naturaleza. Es un animal que crece bien en cualquier entorno y que, desde los bosques  y zonas naturales, se ha ido acercando a las ciudades por varios motivos, entre los que destacan la propia expansión de las ciudades y la pérdida de sus hábitats naturales, la falta de depredadores y, consecuentemente, un gran aumento de sus poblaciones y todo lo que a partir de la actividad humana representa un beneficio para su supervivencia al poder acceder a contenedores de basura, huertos y jardines particulares, zonas agrícolas cercanas a las ciudades y parques públicos donde encontrar comida abandonada. Aunque son animales que normalmente no atacan al ser humano, en muchas ciudades de todo el mundo, entre las que se pueden destacar: Barcelona, Berlín, Roma, Hong Kong, Houston y Toronto, van aumentado los conflictos conforme estos animales se aventuran más en el interior de las poblaciones y se vuelven más atrevidos, lo cual significa que podrían ponerse más agresivos ante un obstáculo frente a lo que quieran obtener. Por otro lado, los jabalíes también perjudican la vida silvestre y la biodiversidad y se ha constatado que muchas especies de animales desaparecen de las zonas dominadas por los jabalíes. Además, los jabalíes son portadores de una serie de enfermedades, incluidas la tuberculosis, la hepatitis E y la gripe A, que pueden dar el salto a los humanos, y también pueden transmitir a otros cerdos la peste porcina africana (PPA), un virus incurable y altamente contagioso. Muchas de las ciudades afectadas han puesto en marcha diversos procedimientos para frenar esta invasión, pero finalmente la gran mayoría está contando con cazadores entrenados para actuar dentro del perímetro de la ciudad. Al mismo tiempo, hay programas, como el de Barcelona, dirigido por veterinarios, que se enfocan en cazar a las hembras dejando manadas libres donde la mayoría sean machos adultos y al mismo tiempo realizan una labor de culturalización sobre la ciudadanía para que su comportamiento ayude a evitar las incursiones en la ciudad. En otros municipios se ha empezado a pulverizar orina de lobo en puntos de paso y de manera perimetral para que los jabalíes no se atrevan a acercarse a las zonas habitadas, pero todavía no hay pruebas concretas de que esta técnica sea efectiva, aunque sí que es quizás la más ecológica y sin efectos nocivos sobre otros animales.


La otra especie que está causando graves problemas de convivencia con el ser humano es la gaviota. En este caso, las gaviotas han entrado en muchas ciudades con más fuerza que los jabalíes porque han anidado en los techos y se han vuelto completamente urbanas. Son animales poderosos y muy inteligentes que hace años empezaron a abastecerse en los vertederos, cambiando su alimentación al encontrar comida fácil, lo cual también provocó que estas aves se adentraran más de lo normal hacia el interior, aunque su área de predominancia sigue siendo las costas y, por lo tanto, las ciudades costeras. Además, el alumbrado público facilita que puedan alimentarse tanto de noche como de día, y el clima más cálido del interior de las ciudades les permite comenzar su temporada de reproducción antes de lo normal. Se sabe que las gaviotas buscan comida rasgando bolsas de basura y rastreando las playas, y también que atacan a palomas e incluso a gatos, pero la osadía y violencia de estas aves por conseguir alimento fácil y por proteger a sus crías está llegando a extremos peligrosos para el ser humano, algo que este verano de 2019 se ha observado y ha sido noticia en varias ciudades, destacando algunas del Reino Unido, como Cardiff, y de Estados Unidos, como Ocean City, en Nueva Jersey. En Cardiff se sabe que han atacado a carteros y a personas al salir de su casa debido a que tenían cerca sus nidos y quizás algún polluelo había caído al suelo, pero en ambas ciudades destacan sus conductas cada vez más agresivas, tanto con las personas para conseguir comida como con otros animales pequeños, como es el caso de un chihuahua, que una gaviota cazó y se llevó, y el de un yorkshire, que fue herido mortalmente al ser atacado por varias gaviotas.


Algo que está claro es que las gaviotas asocian al ser humano con la comida y, tal como señalan algunos expertos, el problema viene de cómo tratamos la comida y los desperdicios. En muchos lugares, como las dos ciudades nombradas anteriormente, este verano las gaviotas se han abalanzado sobre personas que estaban comiendo por la calle, ya que ellas no diferencian si esa comida está abandonada o no, solo saben que es accesible aunque esté sostenida por las manos de una persona y han aprendido a intimidar a las personas para que suelten la comida y así poder cogerla. En Ocean City se pidió a los comerciantes del paseo marítimo que proporcionaran a sus clientes contenedores cerrados para llevar la comida que compraran, ya que de lo contrario muy posiblemente serían atacados por una o dos gaviotas para que la soltaran y eso provocaría que todavía más gaviotas se acercaran. En esta ciudad de Nueva Jersey incluso se vio a gaviotas perseguir a personas que estaban comiendo helados, y la situación se ha vuelto tan grave que se han contratado los servicios de una empresa de aves rapaces, como halcones y búhos, para ahuyentar a las gaviotas, ya que no las cazan sino que su sola presencia las asusta y hace que se alejen, tanto de la ciudad como de otros lugares como granjas, aeropuertos y estadios, donde estaban creando situaciones peligrosas.

En todo el mundo podemos encontrar situaciones parecidas e incluso más peligrosas debido a la naturaleza de cada animal y las medidas de protección que pueden conseguir los habitantes de cada zona del planeta. Voy a enumerar, por países, algunos ejemplos concretos de problemas con animales que tienen una relación directa con el lugar donde suceden y que entran en conflicto con los humanos que habitan la zona debido al cambio climático y a los abusos y expansión del ser humano, algo que da como resultado la pérdida de hábitats, la dificultad de encontrar alimentos y otros cambios de conducta que los animales deben realizar para adaptarse a un medio ambiente más duro e inestable.  
- Tanzania: Problemas con hipopótamos y cocodrilos por parte de personas que viven cerca de cuerpos de agua y tienen ganadería y cultivos, aunque también ha habido ataques directos a personas. 
- Estados Unidos: Aumento de mordeduras de serpientes en todo el país, pero en especial en estados del sur, vinculadas a la crisis climática y los suburbios en expansión.
- Archipiélago de Novaya Zemlya (Rusia- zona Ártica): Se han hecho virales las imágenes de osos polares paseando y tratando de entrar en las viviendas.
- México: Se ha detectado un cambio de conducta de las serpientes de cascabel en el noroeste del país, relacionado con el aumento de las temperaturas, que está provocando que se suban a arbustos y árboles para aliviar el calor y que aumenten su actividad, de forma que las mordeduras de estas serpientes ahora será más fácil que puedan ser en la cabeza y el cuello de las personas y una mayor actividad facilitará mayor movilidad para acercarse más a zonas habitadas en estado de caza y alerta.
- Florida (Estados Unidos): Se ha constatado mayor movimiento y aproximación de los caimanes a zonas habitadas. Incluso hay imágenes mostrando cómo intentan entrar en viviendas por las puertas para los perros, saltan vallas y nadan en los charcos que se forman en carreteras y calles cuando llueve. Cuando hay inundaciones pueden buscar cobijo y seguridad en jardines elevados, algo que también se ha observado que hacen las serpientes, que incluso suben por las paredes de las viviendas.
- Australia: También en muchas zonas ha sido noticia el avistamiento de caimanes y serpientes en calles de ciudades costeras inundadas.
- Zimbabwe: Algunas comunidades agrícolas han puesto en marcha granjas con riego solar que están dando sus frutos, pero eso también atrae especialmente a los elefantes, que tienen dificultades en encontrar pasto y otros forrajes debido a la sequía y acaban invadiendo y destruyendo los campos de cultivo.
- India: El enorme crecimiento demográfico acelera la expansión de las zonas urbanas, que limita los entornos naturales y conduce a tensos choques entre humanos y animales salvajes. En algunas ciudades han entrado elefantes y otros felinos salvajes que han causado gran devastación y alarma.

Estos son algunos ejemplos, pero en todas las zonas urbanizadas están aumentando los conflictos con todo tipo de animales. Y, tal como he mencionado al principio, hay una sabiduría e inteligencia animal que se enfoca completamente en la supervivencia de la especie y puede llevar a cabo acciones y cambios no esperados, tal como se observa en algunas hibridaciones espectaculares, como la del coyolobo, que actualmente se considera el animal más adaptable del planeta, con una capacidad de convivencia con el ser humano llevada desde un alto nivel de inteligencia, donde muchas veces no se capta su presencia ni siquiera en grandes ciudades como Nueva York; un animal que sabe viajar siguiendo las vías férreas y que mira a ambos lados antes de cruzar autopistas y carreteras.

Esperemos que la inteligencia y conciencia del hombre se pongan a la altura necesaria para que disminuyan los conflictos con los animales y se encuentren los procedimientos necesarios para encontrar el equilibrio adecuado para la existencia y supervivencia de todas las especies, antes de que la situación se agrave mucho más y abarque más zonas del planeta y se tenga que llegar a una verdadera batalla por el espacio y los recursos y fuentes de subsistencia. Todo está directamente relacionado con el Antropoceno y con cómo el ser humano va a gestionar la crisis climática que cada vez se va agravando más en todo el planeta. 



Fuentes:
https://www.elmundo.es/ciencia/2016/02/13/56bdad36ca47416b768b461a.html

martes, 30 de julio de 2019

Evento del mes de julio

Publicado por David Arbizu

MATERIALES QUE FORMAN EL NÚCLEO TERRESTRE ASCIENDEN HASTA LA SUPERFICIE DEL PLANETA
Actualmente es ampliamente conocido el hecho de que la superficie de la Tierra está formada por placas tectónicas y que estas placas se mueven, se desplazan. Ese desplazamiento da origen a la “deriva continental”, una teoría desarrollada en 1912 por Alfred Wegener, meteorólogo y geofísico alemán, que en su momento no fue reconocida por la mayoría de la comunidad científica porque carecía de explicaciones verdaderamente verificables. La teoría de la deriva continental representó el origen de lo que ahora conocemos como “tectónica de placas”, que se desarrolló en la década de 1960 y explica los diversos movimientos e interacciones de las placas tectónicas al desplazarse sobre el manto terrestre fluido y, consecuentemente, la formación de la orogénesis, del relieve de la superficie, junto con todo lo relacionado con los movimientos sísmicos y las erupciones volcánicas.

Las placas tectónicas forman la litosfera, la parte rígida de la corteza terrestre que incluye la corteza y la parte superior del manto. Las placas flotan sobre la astenosfera, que es la capa que está bajo la litosfera y que en parte está fundida y por lo tanto es mucho menos rígida. Existen varias fuerzas que provocan el movimiento de las placas tectónicas, como la fuerza de la gravedad, las diferencias de temperatura y densidad entre las capas e incluso dentro de una misma capa, el impacto de los rayos solares, eventos climáticos poderosos como grandes huracanes, los movimientos del planeta, etc. Todas estas fuerzas y condiciones provocan la creación de corrientes de convección, desde las que los materiales más calientes y menos pesados se elevan hacia la superficie y los más fríos, densos y pesados descienden hacia el interior del manto.

Estas corrientes de convección son verdaderas corrientes de renovación y reposición de nuevos materiales “reciclados” que llegan a la superficie desde diversas capas del manto terrestre, pero también representan enormes energías de absorción de materiales de la superficie hacia el interior, con lo que se cierra todo el ciclo convectivo. Los lugares donde los límites de las placas tienen un movimiento divergente, de separación entre ellas, algo más frecuente en zonas oceánicas, son los de salida de material del interior del manto, mientras que las zonas de subducción, donde una placa se hunde bajo otra, representan los lugares donde la superficie de una placa se introduce hacia el interior, normalmente provocando una gran tensión que acaba repercutiendo en movimientos sísmicos e incluso presiones sobre el magma que pueden encontrar una salida a través de chimeneas volcánicas.

Lo que hasta ahora no se sabía con certeza era si otras capas más profundas del planeta también intercambian materia entre ellas, pero gracias a una nueva investigación sobre las interacciones químicas del núcleo terrestre con el manto, publicada en la revista Geochemical Perspectives Letters en junio de 2019, se ha demostrado que material del núcleo terrestre llega hasta la superficie a través de movimientos y corrientes ascendentes, y que esto es algo que ha estado sucediendo especialmente durante los últimos 2.500 millones de años.

Para llegar a esta conclusión, el estudio se centró en los componentes que forman el núcleo terrestre, donde, aparte del hierro y el níquel, destacan otros elementos como el platino, el oro y el tungsteno. Mediante el examen de rocas volcánicas muy antiguas de zonas concretas de Australia, de la Isla Reunión (Océano Índico oeste) y del Archipiélago Kerguelen (Océano Índico sur), se ha detectado la presencia de isótopos de tungsteno, que se sabe que se encuentran en el núcleo externo del planeta pero no en capas superiores, lo cual ha llevado a los investigadores a la conclusión de que este material llegó a la superficie pasando y subiendo a través del manto y que, por lo tanto, existe una interacción en forma de fugas y emisiones desde el núcleo hacia las capas superiores.

La investigación también aporta otros datos curiosos, como que este movimiento de material empezó hace 2.500 millones de años, pero prácticamente no lo hubo anteriormente (hablamos de hace entre 2.700 y 4.300 millones de años). También se considera que existe un aumento de la concentración de oxígeno en la parte que separa el núcleo del manto y que eso puede favorecer la salida del tungsteno. Por otro lado, otras observaciones señalan que el núcleo interno se está solidificando y eso también provocaría la concentración de oxígeno en el núcleo externo.

En todo caso, queda probado que existe esa interacción a través de lo que sería un gran movimiento ascendente que empuja el material desde el núcleo hacia el exterior y que ese movimiento estaría a su vez formado por otros movimientos de convección entre capa y capa, como parte de una gran pluma ascendente que no solo se limita a las ya conocidas entre las capas inferiores del manto y la litosfera y superficie del planeta.


También es interesante que este inicio del movimiento ascendente de material desde el núcleo de la Tierra empezara hace unos 2.500 millones de años y que esto coincida con la formación de partes de la superficie del planeta que, en algunos casos, se han mantenido y se siguen manteniendo en la actualidad. Dicho de otro modo, anteriormente a los 2.500 millones de años que representan ese inicio de la filtración desde el núcleo hacia el exterior, hubo mucho menos movimiento en la corteza en cuanto a lo que llamaríamos la formación de continentes, se podría decir que las grandes masas de tierra se mantuvieron estables durante mucho más tiempo, aunque estemos hablando de un período de unos 2.000 millones de años y de fechas más próximas al nacimiento del planeta, por eso hay una coincidencia directa entre ese inicio de interacción desde el núcleo, que el estudio señala que empezó hace 2.500 millones de años, y todos los grandes movimientos más seguidos, con sus fusiones y separaciones, que a partir de entonces han generado formas diversas de continentes y océanos sobre nuestro planeta.

Algo que creo que es muy importante es que se sigue desconociendo la verdadera naturaleza del planeta, tanto a nivel científico como a cualquier otro nivel. No se considera que el planeta es una entidad viva, con sistemas que se rigen por respuestas y reacciones a las situaciones que van afectando su equilibrio, tanto desde la capa más externa de la atmósfera hasta el punto más interno de su núcleo. Además, se trata de un planeta de 4,7 mil millones de años, con ciclos y pautas de funcionamiento que pueden durar cientos, miles, quizás millones de años y que nosotros, los humanos, todavía no somos capaces de asimilar ni de comprender y, por lo tanto, tampoco de respetar. Así que algo que para nosotros es sorprendente y que por supuesto es importante y nos acerca más a esa comprensión e interés por el planeta, como es ese movimiento e interacción desde el núcleo hasta la superficie, para el planeta puede representar haber puesto en marcha un nuevo ciclo que considera necesario para su buen funcionamiento, para su estabilidad, para su evolución, incluso para la supervivencia y futuro de los seres que lo habitamos. Si llegamos a observar la realidad del ser planetario como esa entidad viva, también lo podremos observar como un cuerpo planetario, como una gran estructura compleja que se rige por unos ciclos que pueden ser difíciles de comprender desde nuestra mente pequeña, que solo hace mediciones desde puntos de vista reducidos a nuestra propia realidad y basándose en un conocimiento que consideramos muy avanzado pero que no es capaz de tener esa necesaria amplitud de visión y de comprensión.


A raíz de este estudio que se acaba de publicar, también se espera que los resultados aporten información más precisa sobre el funcionamiento y evolución del núcleo de la Tierra, algo muy importante porque representa el origen del campo magnético de la Tierra, de una de nuestras principales capas protectoras, pero que también está directamente relacionado con la gravedad, con los movimientos del planeta, con toda la estabilidad que requiere la biosfera. Para mí, si existe un movimiento ascendente también existe la otra parte que forma la convección, la parte descendente, la parte que vuelve de camino al núcleo, hacia las partes más internas, desde la superficie. Seguro que este gran movimiento, tal como ya se ha comprobado que sucede con las corrientes de convección entre el manto y la superficie, también forma parte de la regulación y equilibrio de los patrones climáticos, de ciclos imprescindibles que todavía desconocemos y que forman parte de este magnífico y bello planeta que hemos de dejar de destruir para empezar a reconstruir, a reparar, a purificar, sacando también a nuestra propia superficie toda la energía pura de nuestro núcleo personal, humano, para poder seguir disfrutando de la vida y de toda la belleza de la Madre Tierra.


Fuentes:
https://amp.europapress.es/ciencia/habitat-y-clima/noticia-evidencia-fugas-nucleo-terrestre-20190710172315.html?__twitter_impression=true&fbclid=IwAR0Xdt0qGzAeCfxAw0GK5W8lun_Nh-5HXqB6mNO9S9FiIkW_RNFVLayMuqQ
https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_supercontinents
https://actualidad.rt.com/actualidad/320920-detectar-fugas-nucleo-tierra-afectar-magnetosfera?fbclid=IwAR0eh8Zy8LvMw3nJJkr9wvsKRH3XzijK8mdhE4FGM2GCmk7RdVChP-yfQgo
https://www.lifeder.com/corrientes-de-conveccion/
https://geografiaplena.wordpress.com/2013/07/02/placas-tectonicas-celdas-de-conveccion/
https://www.meteorologiaenred.com/nucleo-de-la-tierra.html

domingo, 30 de junio de 2019

Evento del mes de junio

Publicado por David Arbizu

LAS CIUDADES Y EL CAMBIO CLIMÁTICO: LAS ISLAS DE CALOR 
Hoy en día, alrededor del 55 por ciento de la población mundial vive en áreas urbanas, áreas desde donde se generan, aproximadamente, el 70 por ciento de todas las emisiones anuales de carbono. Para el año 2030, se prevé que la cifra de personas viviendo en ciudades se acerque al 65% de la población mundial y que, si no se desarrollan y ponen en marcha potentes cambios para evitarlo, se multiplicarán las emisiones de carbono de las ciudades y, consecuentemente, las de todo el planeta.

En muchos países ya hace muchos años que se experimenta una migración de zonas rurales a zonas urbanas y, en especial, a grandes ciudades. Conforme aumentan las consecuencias de la crisis climática que sufre nuestro planeta, irá en aumento lo que se conoce como "migración climática" o movimiento de "refugiados climáticos", de manera que las ciudades serán, cada vez más, una pieza clave del futuro próximo que vamos a afrontar y será de vital importancia su rol y su responsabilidad para convertirse en piezas clave de la implementación y consolidación de medidas y avances que aseguren la supervivencia de sus habitantes pero también la de todo el planeta.

Uno de los fenómenos y términos que cada vez es de más actualidad es el de “islas de calor” o “islas de calor urbano” (UHI, por sus siglas en inglés) de las ciudades. Una isla de calor urbano es un área urbana o área metropolitana que es significativamente más cálida que sus áreas rurales circundantes debido a actividades humanas, al propio establecimiento y crecimiento de la ciudad y a su relación con el entorno, con la naturaleza, a si ha imperado la fuerza de la expansión y la construcción por encima del estudio y respeto de cada ecosistema, de cada parte de la superficie que iba a ser absorbida y urbanizada.

Cada ciudad necesitaría un estudio concreto debido a sus condiciones particulares, a todo lo que forma su medio ambiente. En este sentido, se podría analizar si la ciudad está en una zona elevada o baja, si tiene montañas o no a su alrededor, si es una ciudad costera o de interior, así como todo lo relacionado con los patrones climáticos correspondientes a su ubicación geográfica en el planeta. Al mismo tiempo, hay algunos factores que impulsan las islas de calor que se pueden considerar generales y todos están directamente relacionados con la gestión y desarrollo que han tenido las ciudades, por eso se observa cómo las islas de calor son impactantes en grandes ciudades con cascos antiguos, con núcleos o centros históricos desde donde la ciudad se ha ido expandiendo sin respetar la naturaleza circundante, eliminando o cubriendo zonas que ahora serían clave para la buena respiración de la ciudad. Tal como indica la doctora Elda Luyando, investigadora del grupo de Cambio Climático y Radiación Solar del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México): "Es importante señalar que este fenómeno es un producto de la forma en que han crecido las ciudades y no algo propio de las cuestiones meteorológicas".


Está claro que la urbanización de las ciudades, sus patrones operativos, el respeto que se haya tenido por las partes de tierra, de áreas verdes y también de cuerpos de agua, van a ser determinantes para que se desarrollen islas de calor, por eso se considera que la principal causa de la isla de calor urbano es la modificación de las superficies donde se ubica la ciudad, algo completamente vinculado al “albedo” o capacidad de reflejar la radiación solar. El ser humano se ha dedicado a cubrir la tierra, incluso los afluentes y ríos, alterándolos y encauzándolos, haciendo variaciones a su antojo sin preocuparse por otros seres, por otros intereses, por el equilibrio de los sistemas que rigen el planeta y cada una de sus áreas. Dentro de ese cubrimiento de las superficies, se han utilizado exageradamente el cemento y el asfalto, materiales que no reflejan la radiación sino que la absorben y la vuelven a emitir en forma de calor. También la construcción de grandes edificios, que en muchos casos son de colores oscuros, y toda su concentración, que bloquea el paso del viento, aumentan esa absorción de calor. Otros factores que provocan las islas de calor están relacionados con el tráfico, con todos los vehículos absorbiendo calor y liberándolo al aire. También las actividades industriales que se llevan a cabo en la ciudad son fuentes de calor y todo lo hasta ahora expuesto, además, involucra factores altamente contaminantes que crean bolsas de humo insalubre sobre las ciudades y un potente efecto invernadero que favorece que todos esos gases se mantengan sobre la ciudad con consecuencias nefastas para la salud de sus habitantes. Por último, nombrar la importancia de que haya mayor o menor densidad de población y todo lo relacionado con el consumo, especialmente el de productos que consumen energía como ordenadores, aparatos de refrigeración y otros electrodomésticos que liberan calor, algo que en muchos casos conduce a un círculo vicioso donde aumenta el consumo de energía por el uso de sistemas de enfriamiento que a su vez están provocando una gran emisión de calor sobre la ciudad.


Podría exponer muchos más factores cuyos efectos están relacionados con las islas de calor, como la luz nocturna, toda la energía que mueven los residuos que genera la ciudad a diario, incluso si la ciudad tiene muchas instalaciones subterráneas, como, por ejemplo, red ferroviaria y de transporte subterráneo, con estaciones donde se forman grandes acumulaciones de calor, zonas subterráneas de estacionamiento de vehículos, etc. Todos son factores fruto de la actividad antropogénica y esta actividad y expansión del ser humano y de sus ciudades también ha provocado la eliminación, disminución y/o deterioro de la vegetación del área donde se ubica la ciudad. Para los científicos, los árboles y las plantas tienen un papel crucial debido a la evapotranspiración, a través de la cual se transporta el calor hacia arriba desde las zonas más cercanas al suelo, algo que se añade al beneficioso proceso de transpiración de árboles y plantas. Además, la vegetación absorbe humedad y agua, incluso desde sus raíces, y el aire seco aspira esa agua convirtiéndola en vapor de agua gaseoso, de manera que este proceso provoca el enfriamiento del aire, ya que hay que diferenciar humedad de calor. Junto con la vegetación, encontramos el cubrimiento de la tierra por materiales que no permiten que respire, materiales que absorben y emiten calor y evitan una correcta absorción de la refrescante agua de lluvia, que acaba en los sistemas de alcantarillado sin aportar sus beneficios al ambiente. En algunas ciudades también se han eliminado o cubierto caminos naturales de agua, incluso se ha permitido que se secaran cuerpos de agua como estanques o pequeños lagos, afectando al equilibrio de la atmósfera de la zona, al nivel de humedad y de control de las temperaturas, aparte de todo el daño que se ha podido causar sobre acuíferos naturales subterráneos y reservas de agua que ahora sí que se querrían tener porque se vuelven muy necesarios para el abastecimiento de agua general.

Las soluciones que se pueden desarrollar e implementar van a ser diferentes para cada ciudad, aunque algunas puedan ser de más fácil aplicación por la mayoría. Está claro que se van a tener que plantar más árboles y plantas y cuidar y fomentar las zonas ajardinadas y parques. Los árboles son seres que, además de la importancia de la sombra que generan, aportan sostenibilidad a la ciudad: limpian y enfrían el aire, regulan las temperaturas, respaldan la calidad del agua y administran el flujo, así que contrarrestan el efecto de la isla de calor y además brindan beneficios notables y contrastados sobre la salud mental y física de los habitantes. También es importante que las ciudades tengan zonas de agua cuidadas y que todo flujo de agua mantenga su pureza y movimiento natural. Algunas ciudades, tanto por su situación como por su economía y peor planificación de su crecimiento, no van a poder cuidar, recuperar y aumentar sus zonas verdes y sus zonas o corrientes de agua, pero en todo caso hay un movimiento global y una mayor comprensión para enfocarse en ello y aprovechar las cualidades propias de cada ciudad. Para ello es importante que haya comunicación y coordinación entre los diversos departamentos que rigen la ciudad en cuanto a parques y naturaleza y los departamentos enfocados a la expansión y construcción urbana, al control de la contaminación y también de la salud pública.


Estamos siendo testigos de cómo muchas ciudades están liderando muchas acciones contra el cambio climático y todo lo relacionado con emisión de gases de efecto invernadero y la implantación de fuentes de energía más limpias y saludables. Algunas soluciones que se están llevando a cabo para afrontar el fenómeno de la isla de calor, que además provoca que las olas de calor puedan ser cada vez más fuertes y persistentes, incluyen pintar las calles de blanco, que es una iniciativa de algunas ciudades como Los Ángeles, o reemplazar algunos pavimentos por materiales permeables que absorben el agua de lluvia y aumentan la capacidad de evaporación, como se ha hecho en Melbourne. Otro movimiento que se ha hecho muy popular es el conocido como “techos verdes” o “techos frescos”, que significa cubrir los techos de los edificios con vegetación, algo que enfría el aire próximo y además reduce la necesidad de utilizar sistemas de enfriamiento en el edificio. También, como se está haciendo en Nueva York, miles de voluntarios han pintado techos de edificios con materiales más reflectantes.

Al mismo tiempo, aumenta la preocupación por el cuidado y mantenimiento de los espacios verdes de las ciudades y por evitar al máximo la utilización de aparatos que consuman energía y contaminen el aire. También hay un movimiento importante para que el ciudadano sea consciente del consumo que realiza, ya que lo que se compra tiene un impacto sobre el clima de su ciudad, pero también de otros lugares y de todo el planeta, y muchos estudios y organizaciones hablan de que es la hora de aprender a consumir menos. Tal como expresa Jeroen van der Heijden, experto en clima e investigador de la Universidad Victoria de Wellington (Nueva Zelanda): "La gente tiende a olvidar que la mayoría de los productos que consumimos y nuestras huellas de carbono personales se importan de otros lugares para darnos una gran vida en las ciudades modernas en las que vivimos", y añade: "Si realmente queremos hacer una contribución significativa para reducir las emisiones de carbono, debemos hacerlo mucho mejor que construir casas ecológicas y "verdes". Tenemos que repensar cómo vivimos y lo que consumimos".

Muchas ciudades importantes se están agrupando para formar una red fuerte y compartir y poner en marcha medidas basadas en una voluntad de cambio para afrontar la crisis climática y para que la ciudad sea un punto avanzado, de un alto nivel de conciencia, donde el bienestar de sus habitantes pueda ir de la mano de una forma de vida responsable, de respeto por la propia ciudad y por el planeta. Una red importante es la organización “C40”, que está principalmente enfocada en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La C40 engloba a 94 grandes ciudades de todo el mundo que aglutinan a más de 700 millones de habitantes. Los análisis realizados por esta organización también exponen la importancia de la reducción del consumo y el control para utilizar formas sostenibles sobre la construcción, el transporte y la electrónica. Para alcanzar los objetivos deseados, que también significan una reducción de las islas de calor, es necesario que los gobernantes de las ciudades se acerquen a los ciudadanos, a los habitantes, para que el movimiento sea fuerte, desde abajo y desde arriba, desde el día a día de cada ser humano que habita una ciudad hasta la creación e implementación de leyes que defiendan esos objetivos que, conforme avanza el tiempo y se acentúa la crisis climática del planeta, se van haciendo imprescindibles para la propia supervivencia. Esperemos que se consiga y las ciudades puedan ser el gran e importante referente para el desarrollo evolutivo del ser humano en equilibrio y respeto con su planeta y todos sus seres vivos.


Fuentes:


jueves, 30 de mayo de 2019

Evento del mes de mayo

Publicado por David Arbizu

LA CONTAMINACIÓN LUMÍNICA
La contaminación lumínica se describe como la alteración de la oscuridad natural del medio nocturno producida por la emisión de luz artificial generada por la actividad humana. Esta luz artificial, considerada “contaminación antropogénica”, provoca efectos negativos tanto por su intensidad, dirección y/o rangos espectrales que afectan muchos aspectos diversos de la biosfera, de la salud y equilibrio sobre el que se sostienen y regulan las formas de vida del planeta y toda relación natural entre ellas, de manera que también se puede considerar que afecta a los ecosistemas, a los patrones climáticos y a la estabilidad necesaria para el correcto funcionamiento del engranaje que mueve y condiciona la vida en la Tierra, ya que sabemos que todo está interrelacionado. Además, el proceso de dispersión de esta luz se debe a su interacción con las partículas del aire y es más intenso si existen partículas contaminantes en la atmósfera.

Se considera que hay dos tipos de contaminación lumínica: Un tipo es la “contaminación lumínica astronómica”, que es la que altera la vista y percepción del cielo nocturno, de lo que también se denomina la “bóveda celeste” que nos rodea. El otro tipo es la “contaminación lumínica ecológica” y se refiere a la alteración de los regímenes de luminosidad naturales en los ecosistemas terrestres y acuáticos. En ambos casos, actualmente no tenemos un conocimiento de toda la gama de consecuencias derivadas de esta contaminación, especialmente de las consecuencias de la pérdida de calidad del cielo nocturno, pero se puede pensar que para nosotros, como seres humanos, representa un aumento del ya excesivo y antinatural distanciamiento con nuestra propia naturaleza como especie terrestre, con toda una serie de condicionantes que seguro que afectan nuestra calidad de vida conforme perdemos contacto con nuestro instinto natural. Muchas tribus nativas han demostrado y siguen demostrando la conexión natural y necesaria con el cielo nocturno, con las estrellas, con los mensajes que la forma y distribución de esa bóveda celeste envía y que contienen información básica para la toma de decisiones relacionadas con el bienestar y la supervivencia. Además, perder la visión y la conciencia del cielo nocturno perjudica y degrada nuestra comprensión de que habitamos un planeta dentro de un sistema solar, de una galaxia y de un universo y quedamos encerrados y limitados al mundo creado artificialmente, ya que la mayoría, además, estamos desconectados de la naturaleza de nuestro planeta, de su vida, de su ritmo biológico y vivimos cada día y cada noche rodeados de cemento y de esas pantallas también llenas de luces contaminantes a todos los niveles, sin levantar la mirada, sin elevar la vista y la conciencia a toda una luz de la cual hemos dejado de ser conscientes pensando que la evolución se encuentra en esa luz artificial y nociva que ha ido mermando el brillo de los astros, de las estrellas, incluso de la luz que hay en la propia oscuridad de la noche. De hecho, podemos decir que prácticamente solo entramos en contacto con ese cielo luminoso cósmico a través del cine o de noticias con imágenes que se vuelvan virales y que tengan que ver con descubrimientos científicos astronómicos.

La contaminación lumínica coincide con el desarrollo y constante aumento de la utilización de la luz eléctrica desde que fue descubierta por Edison en 1879. El ser humano ha concebido y relacionado el poder de mantener zonas iluminadas durante la noche con el concepto de bienestar y evolución, pero conforme van apareciendo estudios e investigaciones sobre los efectos perjudiciales de la contaminación lumínica, también se va entendiendo que se ha generado una involución en muchos sentidos, tal como explicaré más adelante. Por poner un ejemplo: nuestros ojos se adaptarían mejor a la oscuridad si se lo permitiéramos, ya que junto a nuestra retina tenemos los “bastones” o “bastoncillos”, que son células fotorreceptoras responsables de la visión en una baja condición de luminosidad, pero que apenas les damos oportunidad de ejercer su función.

Tal como se observa en la imagen que sigue a continuación, la contaminación lumínica coincide con las zonas del planeta más desarrolladas, pero el acceso a la luz eléctrica no para de expandirse y llegar a más lugares del globo que estén habitados por el ser humano.


Al igual que han hecho durante muchísimos años la mayoría de seres vivientes de la Tierra, el ser humano ha ido adaptando sus procesos biológicos de acuerdo con dos ciclos astronómicos fundamentales: la sucesión de las estaciones y la alternancia día-noche. Junto al ser humano, muchos animales, plantas, hongos, bacterias e incluso algunas algas, tienen en su cuerpo una hormona llamada melatonina, que es la encargada de detectar los ciclos luz-oscuridad y las estaciones para modular los patrones del sueño y los ritmos circadianos y estacionales. Además, el ser humano produce esta hormona desde la glándula pineal, una glándula que, a nivel espiritual, se relaciona con la conexión álmica, la evolución de la conciencia del ser humano y la apertura a una perspectiva superior de la realidad del ser, algo que también estaría relacionado con el hecho de que se la relacione con el chacra del Tercer Ojo y, por lo tanto, con un punto importante de conexión con la luz, de manera que una intrusión de luz artificial y contaminante también afectará al buen funcionamiento de esta glándula y a su producción de melatonina forzando la adaptación del ser a procesos biológicos que puedan llevar a desequilibrios diversos. En este sentido, se ha comprobado que, en el ser humano, la contaminación lumínica puede alterar el sueño y provocar insomnio, diabetes, obesidad, depresión, acelerar el envejecimiento y reducir la fertilidad.

Si analizamos los efectos sobre otros seres vivos, efectos que en algunos casos también incluyen al ser humano, se observa que el ciclo de luz y oscuridad, día y noche, es un regulador influyente de la conducta, algo que se refleja en actividades como el cortejo, la reproducción, la migración y el estrés o la energía vital para superar situaciones de adaptabilidad y supervivencia.
En muchos animales y plantas, la luz inadecuada también provoca desorientación y desarrollo de conductas inapropiadas. Por ejemplo, se ha comprobado que desorienta a las aves migratorias y a las tortugas marinas, también a los anfibios haciendo que estén menos activos, con más estrés e incluso con más parásitos y, consecuentemente, con más probabilidades de enfermar, algo que también se ha observado en las aves, que sufren un aumento de la transmisión de enfermedades. Pero los que más sufren los efectos de la contaminación lumínica son los insectos, que en su mayoría se siente totalmente atraídos por la luz y acaban pereciendo al chocar contra las lámparas o quemarse por el exceso de calor. Este terrible efecto sobre los insectos afecta a muchos otros animales que se alimentan de ellos. Algunos de estos animales, como los murciélagos, son otros de los grandes perjudicados por el exceso artificial de luz y además son polinizadores, así que el daño y desequilibrio provocado es enorme y de efectos globales.

En el reino vegetal se ha comprobado, por un lado, que la iluminación nocturna provoca que los árboles y plantas florezcan antes de tiempo, pero, por otro lado, un estudio realizado en granjas de soja de Illinois (Estados Unidos) demostró que la luz proveniente de las carreteras adyacentes y de los automóviles que circulaban por ellas podía retrasar la maduración de los cultivos hasta siete semanas y también reducir el rendimiento.

Otro exceso de luz que es extremadamente perjudicial es el que hay en muchas playas y costas. Hay organismos marinos, como los anfípodos, que son pequeños crustáceos que también se sitúan en la base de la cadena trófica, cuya actividad está totalmente relacionada con los ciclos naturales de día y noche, de manera que durante el día se mantienen en zonas más profundas y durante la noche salen a la superficie para desplazarse y evitar a los depredadores, pero pueden cambiar sus desplazamientos al sentirse atraídos por la luz artificial creando desequilibrios que afectan a todo el ecosistema al romper la cadena trófica y afectar a otros seres que dependen de ellos para su supervivencia. También hay estudios que han demostrado que el zooplancton vive en aguas profundas y oscuras durante el día y migra a aguas menos profundas durante la noche para alimentarse de algas, pero este movimiento, que se considera la mayor migración de biomasa que se realiza en el mundo, se ve afectado por el brillo de las luces, que provocan que el zooplancton reduzca esa actividad y que también ascienda 2 metros menos de lo habitual, lo cual supone un desajuste para el ecosistema, un menor consumo de algas y una mayor probabilidad de floraciones de algas que acaban deteriorando la calidad del agua y generando problemas de salud e incluso hipoxia y muerte de muchos animales acuáticos.

Como siempre, el desarrollo tecnológico del ser humano no va de la mano ni respeta el equilibrio de los hábitats ni de los seres vivos. Un ejemplo de ello son las luces Led, que son más eficientes y rentables que otras bombillas, pero también las que producen mayor contaminación lumínica y pueden perjudicar nuestra salud por su radiación y el tipo de luz blanca-azulada brillante que daña la retina y también afecta negativamente a la producción de melatonina. La gran iluminación que existe especialmente en las ciudades, donde se añade la construcción de enormes rascacielos cubiertos de cristales reflectantes, también representa un gran peligro para las aves, que se sienten atraídas por esas luces y reflejos durante sus vuelos y migraciones y acaban chocando con los edificios, en ocasiones al confundir el reflejo y la luz con el cielo abierto. Los científicos estiman que se producen entre cien y casi mil millones de víctimas anuales por estos accidentes, especialmente contra edificios cubiertos de cristal o iluminados por la noche.


Es necesario que desde los gobiernos e instituciones responsables se tomen medidas para reducir la contaminación lumínica, tanto a nivel de localidades y zonas concretas como a nivel global, planetario. Se debe buscar el equilibrio entre no dejar todo a oscuras y mantener la iluminación justa y bien enfocada allí donde sea necesario, sin contaminar otras zonas cercanas o lejanas, si pensamos en esa bóveda celeste de la que he hablado al principio. También hay que preservar, especialmente, los espacios naturales protegidos, todas las reservas y parques naturales, y algunas ciudades deberían tener en cuenta que están situadas en espacios que forman parte de rutas migratorias de muchas aves y que están destruyendo esas rutas y provocando una gran mortandad.

Ya existen muchas organizaciones, en muchos países, que defienden lo que llaman la "calidad de los cielos nocturnos" y también se han creado normativas que se están aplicando, en forma de leyes, para regular el uso que se hace de la luz y avanzar hacia una iluminación que sea lo menos dañina posible. Un ejemplo de campaña internacional para abrir la conciencia a los efectos negativos de la contaminación lumínica es la Iniciativa Starlight, que defiende el derecho general a la observación de las estrellas y busca involucrar a instituciones y asociaciones científicas, culturales y ciudadanas para que se enfoquen en la defensa del firmamento, de tener cielos nocturnos limpios como patrimonio de la humanidad y de todo ser vivo del planeta y como factor imprescindible de una buena calidad de vida.


El ser humano debe comprender todo el perjuicio que provoca la contaminación lumínica, que forma parte de la contaminación atmosférica, y tiene que empezar a cambiar, desde cada individuo, sus comodidades y hábitos que generan destrucción y aceleran la sexta extinción masiva y el desequilibrio de la biosfera, algo que también se acaba reflejando en los patrones climáticos, porque ese exceso de luz también representa un derroche energético con el consecuente incremento de la emisión de carbono y un aumento de los vertidos y residuos contaminantes con los que se fabrican las lámparas.

¡Ojalá tengamos las suficientes "luces" como para actuar y evolucionar hacia una iluminación en equilibrio con el ritmo natural de la biosfera, reconociendo dónde está el límite donde debemos pararnos para dejar de ser la especie destructora que somos y empezar a ser la que gestiona la tecnología para alcanzar el equilibrio, armonía y salud que se merece este planeta y todos sus seres vivos!