sábado, 31 de julio de 2021

Evento del mes de julio

 Redactado y publicado por David Arbizu

ACELERACIÓN GLOBAL DEL DESEQUILIBRIO CLIMÁTICO 
Una de las noticias interesantes del mes de julio de 2021 ha sido la publicación de una carta de Bill McGuire, profesor emérito de Riesgos Geofísicos y Climáticos en la UCL (University College de Londres), dirigida a los científicos del planeta. El título del escrito es: “Es hora de decir las cosas como son”, y se refiere a la falta de conciencia, seriedad y rigor que una parte importante de los científicos han mostrado y siguen mostrando al tratar y dar sus opiniones respecto al cambio climático actual. Bill McGuire los acusa de la ocultación de lo que realmente piensa la clase científica, de que la gran mayoría sabe sin ninguna duda que la situación planetaria es muy complicada, que se deberían tomar medidas basadas en un nivel de ciencia al servicio de la supervivencia y la recuperación, de la reparación de todo lo necesario para intentar reequilibrar todo el daño causado, todos los puntos de inflexión que ya se han superado. Un contundente párrafo del escrito manifiesta: “No hace falta que les diga que el abismo que existe entre lo que se necesita para hacer frente a la emergencia climática y las medidas que se están adoptando en la actualidad pone de manifiesto la extraordinaria magnitud de la batalla que tenemos por delante”.

A pesar de que ya llevamos años observando todo el desequilibrio de los patrones climáticos y cómo los eventos son cada vez más extremos y destructivos, durante el mes de julio hemos sido testigos de un desbordamiento de sucesos dramáticos en todo el planeta, siendo prácticamente imposible encontrar alguna zona no castigada por severas sequías e incendios, olas de calor, tormentas con lluvias torrenciales nunca vistas, caídas de granizo o tornados. Algunos artículos publicados en medios reconocidos han expresado cómo ya es difícil valorar en qué zona del planeta sería mejor vivir para tener la seguridad de estar a salvo, y que todo lo que se está viendo seguramente va a empeorar. Michael E. Mann, director del Centro de Ciencias del Sistema Terrestre de la Universidad Penn State, ha declarado que los patrones climáticos han llegado a límites de desestructuración que no pueden negarse, y que demuestran un proceso climático que potencia lo que antes eran situaciones locales poco importantes para convertirse en eventos históricos, tal como hemos visto con las terribles inundaciones en Alemania y Bélgica, los enormes incendios que siguen castigando el noroeste de Estados Unidos, las inundaciones de China, los incendios del norte de Rusia y Siberia y muchos otros eventos similares que han pasado en muchas partes del planeta.

Aunque en general las temperaturas son muy elevadas, especialmente ahora en el hemisferio norte, hace pocos meses que se daba por finalizado el fenómeno La Niña del Pacífico, y ahora se prevé que vuelva a reproducirse entre el próximo otoño e invierno. Curiosamente, La Niña es un patrón frío, y algunos expertos han señalado que posiblemente este año será uno de los más fríos del siglo XXI, pero ahora mismo creo que no sirven predicciones ni tampoco conceptos que se han podido mantener por ser correctos y coherentes. Así que el próximo patrón de La Niña estará señalando un enfriamiento de las aguas en la zona ecuatoriana del Pacífico, con vientos moviendo las aguas superficiales calientes del océano hacia las costas e islas de Asia, donde podrá haber muchas más tormentas, pero las estimaciones ya no tienen datos fiables para ser mínimamente establecidas. Por ejemplo, está claro cómo los trópicos son cada vez más anchos, cómo la diferencia necesaria de temperatura entre los Polos y el Ecuador cada vez es menor, cómo las altas temperaturas del Ártico, junto con el deshielo, la debilidad de corrientes que forman parte de la estabilidad de los grandes océanos Atlántico y Pacífico y todos los problemas que causan los incendios, provocan la desestabilidad de la corriente jet stream.


Todo ello implica destrucción de hábitats, desajustes fenológicos y cambios demasiado contundentes para la supervivencia de muchas especies, y una parte importante de la destrucción la lleva a cabo el ser humano con sus explotaciones, urbanizaciones y abuso del planeta. El ser humano de este tiempo, lo que significa el Antropoceno, ha cambiado, incluso me atrevería a decir “desfigurado”, la Tierra. Tal como advertían los Inuit a la NASA en el año 2010, muchas cosas ya no se comportan como antes: “Los vientos llegan desde otras zonas, el Sol se pone lejos de su punto habitual, las estrellas ya no están donde deberían estar”.

A pesar de todos los avances tecnológicos y científicos, parece que todavía no se comprende que el planeta es una entidad con una estructura, sistemas y ciclos preparados para sostener un estado de salud óptimo, una correcta homeostasis, y que nosotros dependemos totalmente de ese estado de salud. Y ese mecanismo que sostiene la energía y el poder que transmite la Tierra a través de la formación de su biosfera, de toda su biodiversidad, de todas las relaciones que favorecen las condiciones tan espléndidas de este planeta, es un mecanismo extremadamente preciso y con todas sus partes interrelacionadas y dependientes entre ellas. Por lo tanto, un pequeño desajuste del eje de rotación del planeta puede crear un enorme desequilibrio, pero también la desaparición de una especie, el aumento inusual y extremo de la temperatura del agua de un río, la pérdida de un acuífero, el exceso de emisiones de ceniza y gas si entran en erupción muchos volcanes al mismo tiempo, etc. Y esta lista se llena de energía negativa y destructiva si añadimos todo lo que representan las actividades humanas sobre los elementos de la Tierra, con todas las contaminaciones, extracciones, deforestaciones, emisiones desde centrales nucleares, pruebas armamentísticas y todo el gran desarrollo que ahora está teniendo la geoingeniería.

En una noticia reciente se informa de que se ha detectado que el núcleo interno de la Tierra se está deformando al crecer más de un lado que de otro. El núcleo interno de la Tierra es una masa compacta de hierro y níquel que tiene un radio de 1.200 kilómetros, una medida que aproximadamente corresponde a tres cuartas partes del tamaño de la Luna. Según los expertos que han publicado este estudio, esto puede tener implicaciones en la formación y estabilidad del campo magnético de la Tierra, que se genera gracias a los movimientos de convección del núcleo externo, unos movimientos que están impulsados por la liberación de calor desde el núcleo interno. Al igual que observamos la interconexión que existe en todo lo que podemos considerar la superficie del planeta, incluyendo las zonas que sostienen la biosfera, desde la atmósfera hasta el subsuelo, también existe una interconexión entre las diversas capas del planeta, entre su núcleo interno y la capa atmosférica llamada exosfera, que es el lugar donde también se forma la magnetosfera. La exosfera representa la zona de tránsito entre la atmósfera terrestre y el espacio interplanetario, es el primer lugar de recepción y relación con el polvo cósmico, con la radiación solar que llega desde los vientos solares que impactan con el flujo o plasma que sostiene la magnetosfera para así formar los Cinturones de Van Allen.


En uno de los Cinturones internos de Van Allen existe una región denominada “Anomalía del Atlántico Sur”, donde ese cinturón está más cerca de la superficie y por lo tanto cumple menos con su labor protectora, permitiendo la llegada de una mayor intensidad de radiación solar a la superficie del planeta. Esta región cubre gran parte del centro de Sudamérica, especialmente parte de Chile, Brasil y Argentina, y también toda la zona del Atlántico que corresponde a estas latitudes hasta llegar a la zona costera de Sudáfrica. Volviendo a lo comentado sobre el desequilibrio del núcleo interno de la Tierra, “curiosamente” la zona donde se ha detectado la deformación, donde está creciendo el núcleo interno de la Tierra, corresponde a la parte que se considera que está debajo de esta misma zona de la anomalía, concretamente debajo de Brasil.

El planeta nos está mostrando que es una entidad completa, que no se puede estudiar solo el desequilibrio de la corriente jet stream sin tener en cuenta, por ejemplo, el deshielo del Ártico, o la debilidad de la Corriente del Golfo, o que se haya desplazado el eje de rotación y que se siga desplazando el eje magnético de la Tierra. Y así se podría estar enumerando todo suceso, todo desajuste, donde también hablaríamos del impacto del ser humano, un impacto que no solo es físico, con todo el daño provocado continuamente en todas las áreas diversas de la Tierra, sino que también es emocional y mental, con la falta de amor y respeto por el planeta y la falta de conciencia para no cambiar y detener la devastación. Un ejemplo de esta falta de conciencia llegaba a finales de junio desde una noticia cuyo titular es: “Fukushima no le enseñó nada a Japón: el mundo ya está asustado”. La noticia hacía referencia a cómo el gobierno y responsables de Japón se van abriendo de nuevo a la energía nuclear, y que se acababa de otorgar el permiso para reiniciar el reactor que corresponde a la tercera unidad de la central nuclear de Mihama, después de estar parado casi diez años y siendo uno de los más antiguos no solo de Japón sino del mundo. Todo esto sucede mientras se alerta de las reacciones de fisión nuclear que pueden estar sucediendo en Chernóbil, después de 35 años de la catástrofe, y que si se siguen multiplicando estas reacciones podrían conducir a un incidente muy grave.

El planeta también muestra la enfermedad del ser humano, la simetría de ambos cuerpos, y cómo la debilidad del sistema inmunitario del ser humano también se expresa en la debilidad de la respuesta y reacción del planeta frente a la recuperación de espacios y el sostenimiento de ciclos, patrones y ecosistemas que enferman y pierden el potencial de reequilibrio y sanación, especialmente con un ser humano que sigue estresando y llevando al límite toda capacidad de respuesta, de resiliencia de la Tierra. No comprender el cuerpo planetario, no respetarlo y cuidarlo, acaba expresándose en la crisis climática que estamos sufriendo, y la ciencia y tecnología siguen sin tener un mínimo nivel de conciencia como para ponerse al servicio para detener la crisis, algo que enlaza de nuevo con el escrito de Bill McGuire con el que he empezado este artículo. El futuro se decide ahora más que nunca, mientras no paran de llegar las advertencias sobre todos los puntos de inflexión que se van superando y que aceleran todavía más un cambio climático cuya solución se va alejando.






Fuentes:

lunes, 28 de junio de 2021

Evento del mes de junio

Redactado y publicado por David Arbizu

EL DESEQUILIBRIO ENERGÉTICO DE LA TIERRA
Conforme avanzan los descubrimientos y estudios científicos sobre el funcionamiento de nuestro planeta, especialmente respecto a su estabilidad climática y a sus patrones y ciclos que permiten la existencia y sostenimiento de la biosfera y, por lo tanto, de la vida, también aumenta la comprensión sobre la importancia de la relación del planeta con el Sol y cómo esa relación es la que realmente y definitivamente marca que un planeta pueda existir con unas condiciones apropiadas para el desarrollo de formas de vida.

Junto a todos los estudios sobre esta gestión vital que expresa la relación Tierra-Sol, algunos científicos centran sus investigaciones en planetas como Venus para averiguar cómo ese planeta se encuentra en las condiciones actuales, con una atmósfera tóxica, densas nubes de ácido sulfúrico y altas concentraciones de CO2. Aunque no se prevé que la Tierra pueda llegar a esas condiciones, con una temperatura media de 500ºC, el estudio del proceso que ha conducido a Venus a la situación actual puede ser de utilidad para analizar y prevenir posibles cambios negativos en la Tierra conforme aumentan el calentamiento global y los eventos climáticos severos y devastadores.


El clima de la Tierra está principalmente determinado por el equilibrio entre la cantidad de energía que recibe del Sol, que absorbe en la atmósfera y en la superficie, y la cantidad de esa energía, llamada radiación infrarroja térmica, que la Tierra refleja y emite al espacio. Este es un equilibrio extremadamente delicado porque la vida en la Tierra no podría existir sin la energía del Sol, pero tampoco podría hacerlo si el planeta no irradiara hacia el exterior la mayor parte de la energía recibida. Cuanto mayor sea el equilibrio, mayor será la estabilidad planetaria, la calidad y estado de salud de la biosfera, la regularidad y armonía de los patrones climáticos y cualquier ciclo o sistema que sea parte de toda esa regulación de energías, de calor, tanto a nivel de absorción como de emisión. A partir de un cierto desequilibrio, cualquier mínima alteración puede conducir a cambios que van a representar un calentamiento o enfriamiento global. En la Tierra no se ha registrado un equilibrio exacto entre esa absorción y reflejo o emisión, y por eso al tratar este tema se hace refiriéndose al “desequilibrio energético de la Tierra”, también llamado “forzamiento radiativo” o “forzamiento climático”.

Un estudio publicado el 15 de junio de 2021 en Geophysical Research Letters demuestra que la cantidad de calor que absorbe la Tierra se ha duplicado desde 2005 hasta 2019. Se sabe que la Tierra absorbe 240 vatios por metro cuadrado de energía solar, y cuando empezó este estudio, en el año 2005, el reflejo o irradiación era de 239,5 vatios por metro cuadrado, lo cual significaba un desequilibrio positivo de aproximadamente 0,5 vatios por metro cuadrado. Al finalizar el estudio, en 2019, el desequilibrio se había duplicado prácticamente a 1 vatio por metro cuadrado, algo que impulsa el calentamiento del planeta y que significa que el planeta está capturando energía que no refleja hacia el exterior.

Este estudio se llevó a cabo utilizando datos satelitales comparando dos mediciones independientes realizadas por científicos de la NASA y la NOAA de Estados Unidos, y las coincidencias mostrando datos y tendencias calificadas de “alarmantes” dan una mayor seguridad sobre los resultados obtenidos. Tal como señala Gregory Johnson, oceanógrafo del Laboratorio Ambiental Marino del Pacífico de la NOAA y coautor del estudio: “Es una cantidad enorme de energía y es un número difícil de entender”. Él explicó que el aumento de energía es equivalente a cuatro detonaciones por segundo de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima, así que son valores extremadamente elevados y complicados de asimilar.

Los científicos consideran que una parte importante de este aumento del desequilibrio se debe a lo que llamamos “forzamiento antropogénico”, a las actividades humanas que están impulsando el calentamiento global con el aumento de gases de efecto invernadero y todo el abuso y devastación que se está haciendo sobre el planeta, afectando a su estabilidad y a todo lo que sostiene la biosfera, que sin duda es fruto de sistemas y ciclos en los que interviene el planeta completo, desde su núcleo hasta la parte más externa de la atmósfera y su campo de energía. También hay patrones que influyen en la relación absorción-emisión de energía que hace el planeta y que en principio no son de origen antropogénico, aunque seguro que podríamos encontrar relaciones con los desajustes provocados por la humanidad. Algunos de estos patrones tienen una relación directa con los vientos y especialmente con los océanos, con el calor y energía que acumulan, con sus fases frías y cálidas, tal como se observa con las formaciones de El Niño y La Niña en el océano Pacífico. Hay que tener en cuenta que los océanos absorben la mayor parte del calor acumulado por el cambio climático, y de hecho se calcula que el 90% del exceso de energía fruto del desequilibrio energético acaba almacenado en los océanos.


En la imagen superior se observa la instalación de un flotador Argo para entrar a formar parte de un conjunto de flotadores oceánicos colocados para medir la velocidad a la que se están calentando los océanos del mundo. La temperatura de los océanos también tiene una relación directa con la cobertura de nubes, que en general disminuyó durante el período del estudio, dejando pasar más radiación solar, y con la formación de vapor de agua, que atrapa la radiación reflejada, saliente.

El propio calentamiento global favorece las condiciones para que aumente la absorción y disminuya el reflejo, algo que sucede con el aumento del deshielo, tanto de los polos como de los glaciares, y con la formación irregular de tormentas y sistemas nubosos que se focalizan repentinamente en zonas concretas del planeta, en algunos casos ayudados por la geoingeniería, mientras que en otras zonas se forman sequías extremas y se secan lagos, impulsando el calentamiento de amplias áreas terrestres que en muchos casos, además, sufren de incendios y deforestación.

Otro factor importante al analizar este aumento del desequilibrio energético es que ha sucedido durante un período donde la actividad solar ha sido bastante baja. Por lo tanto, si persisten las condiciones de desequilibrio observadas en las mediciones satelitales y con la previsión actual de que el Sol vaya aumentando su actividad, especialmente a partir de los años 2024 y 2025, la diferencia puede aumentar conforme la Tierra absorbe más energía y pierde sus capacidades de emisión hacia el exterior.

Al principio de este artículo hablaba de Venus y sus extremas condiciones actuales, y también de que no se prevé que la Tierra pueda llegar a una situación tan terrible e imposible para la vida tal como la conocemos. Pero el ser humano no parece ser consciente de todo lo que está aconteciendo y de que el desequilibrio climático afecta a todo el planeta y va empeorando. Y la geoingeniería no puede ser la solución, en realidad parece que esté causando efectos negativos a nivel global y es un gran peligro si no se deja en manos de verdaderos expertos que puedan calibrar y deliberar conscientemente todos sus efectos, no solo en una zona sino a nivel planetario y teniendo en cuenta esta vital relación Tierra-Sol. Además, tal como explica la doctora Karina von Schuckmann, oceanógrafa y autora de un informe sobre el desequilibrio energético publicado por el Sistema Global de Observación del Clima (GCOS, por sus siglas en inglés): “Este calor que se almacena en el sistema de la Tierra es, de hecho, “calor en la tubería”, que significa que el sistema de la Tierra aún no ha respondido a este calor, aunque haya aumentado rápidamente”. Así que de momento observamos una respuesta leve y tenemos que ser conscientes de que si en algún momento hay una respuesta mayor, una liberación súbita y potente de energía y calor acumulado, se pueden desencadenar muchos puntos gatillo que conduzcan a eventos mucho más destructivos de los que ya estamos siendo testigos.





domingo, 30 de mayo de 2021

Evento del mes de mayo

 Redactado y publicado por David Arbizu

LA INFERTILIDAD DE LAS ESPECIES DEBIDO AL CALENTAMIENTO GLOBAL, UNA DE LAS CAUSAS PRINCIPALES DE LA SEXTA EXTINCIÓN MASIVA

Desde hace años, muchas investigaciones focalizadas en la extinción de especies de todo tipo se han focalizado en lo que se llama “temperatura letal” de una especie, que es la temperatura a partir de la cual la especie ya no puede sobrevivir, y cómo esto provoca migraciones forzadas, si la especie está capacitada para hacerlo y lo hace a tiempo, y reajustes para intentar adaptarse a temperaturas demasiado elevadas para su supervivencia, o mortandad y en algunos casos extinción.

Varios artículos científicos publicados recientemente, durante el mes de mayo de 2021, alertan sobre un aspecto al que no se le había dado excesiva importancia y que puede ser más determinante que la temperatura letal, y es la temperatura, el grado de calor a partir del cual existe un grave deterioro de las condiciones reproductivas de una especie, algo que demuestra con rotundidad cómo el calentamiento global afecta gravemente al funcionamiento de los sistemas reproductivos, que este grado de calor está por debajo de la temperatura letal y que puede ser una causa determinante de extinción de especies que requiere una atención prioritaria. Tal como señala el doctor Steven Parratt, investigador principal de la Universidad de Liverpool: “Desgraciadamente, no tenemos forma de saber qué organismos son fértiles hasta su temperatura letal y cuáles se esterilizan a temperaturas más bajas. Así que muchas especies pueden tener una vulnerabilidad oculta a las altas temperaturas que ha pasado desapercibida. Esto dificultará la conservación, ya que podemos estar sobrestimando el rendimiento de muchas especies a medida que el planeta se calienta”.

El estudio publicado recientemente se realizó sobre 43 especies de moscas de la fruta, y se pudo constatar que los machos de casi la mitad de las especies se volvían estériles a partir de una temperatura concreta, algo que se denomina “infertilidad térmica”. La infertilidad afecta más a los machos y antes que a las hembras en relación con el aumento de temperatura, pero en las hembras también se advierten disminuciones de reservas ováricas y sobre todo aumento de riesgos durante el embarazo. Esto tiene una relación directa con otro estudio publicado este mes que relaciona el aumento de las temperaturas con el incremento de mortinatos, algo que se ha comprobado en varias especies de animales y en el ser humano, porque se ha constatado que mujeres embarazadas que estuvieron expuestas a temperaturas ambientales muy elevadas durante su embarazo presentaban un mayor riesgo de muerte fetal.


Aunque los estudios actuales respecto a la infertilidad térmica se centran en animales, es lógico que también suceda lo mismo en el mundo vegetal. Para poder sobrevivir y reproducirse, la propia inteligencia e instinto de cada especie va a generar un tipo de respuesta concreta dependiendo de las capacidades de la especie, incluso de su genética y su rapidez y dinamismo para realizar cualquier cambio de aclimatación o migración. Lo que ahora se está viendo en el planeta son grandes migraciones de especies que abandonan las zonas y ecosistemas, donde siempre habían existido, para desplazarse a zonas más frescas y húmedas del planeta, algo que normalmente significa un movimiento hacia los polos. Cada una de estas migraciones está expresando un “efecto mariposa”, y es un cambio que provoca un reajuste completo de la biodiversidad y la cadena alimenticia global, aunque pueda parecer que solo incida sobre la zona que abandona la especie y sobre la que ingresa.

La rapidez y efectividad de ese reajuste necesario también dependen del estado de salud de la biosfera del planeta, porque todo está interconectado y en plena dependencia. Con todo el deterioro causado por el ser humano sobre la naturaleza, podemos pensar que ese reequilibrio va a ser muy complicado y que, por el contrario, se van a crear desajustes fenológicos, pérdida de otras especies o migraciones de otras siguiendo a la que forma parte de su alimentación y supervivencia, además de formación de plagas y transmisión de enfermedades, y todo ello va a seguir impulsando la extinción masiva.

Ya hace muchos años que se investiga la pérdida de fertilidad a altas temperaturas en todo tipo de animales, desde cerdos hasta avestruces, pasando por peces, flores, abejas e incluso seres humanos, pero hasta ahora eran investigaciones aisladas, sin una perspectiva global ni relacionadas con la extinción de cada especie ni su relación con la extinción masiva. Ahora se considera que posiblemente la mitad de las especies del planeta sean vulnerables a la infertilidad térmica.

Normalmente los estudios se centran más en los machos, que son los que muestran con más claridad las señales de infertilidad. Ahora es ampliamente conocido que hay un gran aumento de infertilidad en el género masculino del ser humano, con un deterioro y disminución constante de la cantidad y calidad de sus espermatozoides, pero también en el género femenino se han observados alteraciones en la ovulación y especialmente durante el embarazo. Muchos estudios demuestran que este aumento de la incapacidad reproductiva está relacionado con toda la contaminación que entra en nuestros cuerpos continuamente, desde la alimentación hasta toda la exposición diaria a sustancias químicas e incluso elementos sensoriales. Muchos productos químicos, además de provocar enfermedades como el cáncer, perjudican nuestros sistemas de reproducción, y cada vez está más claro todo el daño que causan los plásticos, toda la contaminación atmosférica, la contaminación lumínica y la acústica. A esto hay que añadirle todo el estrés que nos llega desde la forma de vida insalubre que hemos creado en nuestras urbes, al que se añade el que nos llega por la propia crisis climática, porque tanto instintivamente como subconscientemente sabemos que las condiciones de vida se van a deteriorar cada vez más en todos los sentidos, de manera que también hay que considerar todas las preocupaciones emocionales y mentales.

Dejando a un lado al ser humano, que ha perdido su parte de conexión con el planeta y la biosfera, y también con su propia naturaleza como ser vivo que requiere unas condiciones que no va a poder fabricar artificialmente, algunas especies ya están reaccionando para poder cumplir con su instinto de reproducción, que es el que va a mantener la existencia de la especie integrando los ajustes necesarios para llevarla a cabo. Uno de los ejemplos más claros es el que nos muestran las tortugas, que están cambiando sus lugares de anidación buscando zonas más frías, algo que se ha constatado con una disminución de tortugas desovando en litorales del norte de África, lugares hasta ahora preferidos para hacerlo, y un aumento de desoves en playas del norte del Mediterráneo español.


Al igual que sucede con otros reptiles, las temperaturas externas que afectan al huevo determinan el sexo de la cría. Cuanto más elevadas son las temperaturas, mayor es el aumento del nacimiento de hembras y menor el de machos, y esto significa un desequilibrio para la especie con signos de extinción si no hay suficientes machos para cumplir su parte reproductiva. Por lo tanto, existe un discernimiento que está en la conciencia de la especie, y la hembra actúa y decide buscar zonas más frías que no pongan en peligro su especie por falta de nacimiento de machos; por lo tanto, se puede decir que hace lo posible para corregir los efectos negativos del clima. Esto ha sido fácil de observar con las tortugas al desovar en las playas, pero pueden estar haciéndolo muchas otras especies, tanto de reptiles como de anfibios. También otras especies de animales, mamíferos, peces y/o aves, pueden estar cambiando rutinas, hábitats o haciendo migraciones diversas para poder mantener su nivel de apareamiento y fertilidad. 
Esto también es interesante si se analiza desde ese aspecto de toma de decisiones, donde los individuos más líderes o atrevidos de una población son los que van a implementar en primer lugar ese cambio para que luego esa modificación sea integrada y adquirida por toda la población o por toda la especie, así que nos encontramos ante un “Efecto del Mono número 100” muy interesante y demostrativo de una inteligencia y conciencia de los seres vivos, que al menos en este caso se podría decir que supera a la del ser humano.

La relación entre especies también va a ser fundamental para que esos cambios sean efectivos. Por ejemplo, si las tortugas desovan en playas con temperaturas más adecuadas pero que son hábitats de especies que pueden devorar sus huevos o atacar a las tortugas recién nacidas, ya sea en la arena como en el agua, el cambio no va a ser tan positivo, pero al mismo tiempo es comprensible que el animal buscará todas las condiciones óptimas, no solo la temperatura sino todas las características y formas de vida del lugar para que sus huevos y los recién nacidos estén en el menor riesgo posible.
Desgraciadamente, un riesgo que los animales evitan, pero no siempre consiguen hacerlo, es la presencia del ser humano con su falta de respeto y de conciencia para invadir y destruir en un momento lo que para otra especie es el fruto de un proceso evolutivo donde se refleja la fuerza de vida de la biosfera, del campo de energía equilibrado que forma toda la vida interconectada con ciclos, sistemas, patrones climáticos, estaciones, etc. y que es uno de los valores tan maravillosos de este planeta.

Como un apunte interesante relacionado con este tema, ahora se está investigando cómo el entorno acústico afecta al embrión, cómo la escucha transmite la información de las condiciones externas y eso también implica cambios que afectan a su desarrollo y nacimiento. En este sentido, Mylene Mariette, de la Universidad de Deakin (Australia), explica: “Hemos encontrado pruebas de que esto ocurre en las aves, donde las llamadas de los padres pueden advertir a los embriones sobre las olas de calor o los depredadores”, y añade: “Por ejemplo, en todos los grupos de animales que ponen huevos, como los insectos, las ranas, los reptiles y las aves, los embriones utilizan el sonido o la vibración para saber cuándo es el mejor momento para eclosionar. Esto sugiere que es probable que la programación acústica del desarrollo se produzca en muchas especies animales y en toda una serie de condiciones. Pero, hasta hace poco, no sabíamos que ocurría”.

Así que el sonido es muy importante, es el mensajero del mundo externo en el momento presente y también en el futuro si los padres están advirtiendo de la llegada de posibles depredadores u olas de calor. El feto humano también escucha los sonidos externos, y hay un estudio interesante sobre bebés de padres chinos, que durante la gestación habían escuchado el idioma mandarín y que justo al nacer fueron adoptados por padres franceses, así que durante sus primeros años de vida solo escucharon francés, pero al escuchar el mandarín eran capaces de entender la diferente entonación semántica de ese idioma, una entonación que no tiene el francés.

Entonces, la contaminación acústica es muy negativa para el desarrollo de las especies. Imaginemos huevos de tortuga en una playa donde se hacen actividades con motos de agua, o huevos de aves en bosques donde hay deforestación y tala de árboles con sierras eléctricas y otra maquinaria pesada, o el embrión de una ballena recibiendo todo el impacto de las ondas emitidas por los barcos que buscan petróleo en el fondo oceánico, o todas las pruebas militares tanto en la atmósfera, en tierra o en los océanos. 

Todo forma parte de la crisis planetaria y la sexta extinción masiva, y de momento la situación global sigue en continua degradación debido a todo lo que significa el Antropoceno. Hace pocos días que se ha publicado una actualización climática realizada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) que indica que existe una probabilidad del 40% de que el planeta alcance un incremento de temperatura global de 1,5ºC con respecto a niveles preindustriales en, al menos, uno de los próximos 5 años. Si el ser humano no cambia y esto no se detiene, ningún ser vivo, el humano incluido, va a encontrar condiciones mínimas adecuadas para la vida y la reproducción en ninguna parte del planeta, y si no hay posibilidad de engendrar vida, la biosfera colapsará. Esperemos no tener que llegar a un nivel de destrucción mucho mayor del que ya hay ahora para no sobrepasar más puntos de inflexión de los que ya hemos sobrepasado, y que la posibilidad de reequilibrio y de reparación sean una verdadera realidad en este espléndido planeta lleno de vida.




Fuentes:

domingo, 25 de abril de 2021

Evento del mes de abril

Redactado y publicado por David Arbizu

REWILDING: LOS GRANDES BENEFICIOS DE RESILVESTRAR Y RENATURALIZAR ECOSISTEMAS DEGRADADOS
Una de las noticias impactantes publicadas durante el mes de abril de 2021 hace referencia a que solo un 2,8% de la superficie del planeta se mantiene con una huella humana baja, con un hábitat intacto y una mínima pérdida de especies, algo que se define como “integridad ecológica”. Esta integridad ecológica solo se encuentra en regiones prístinas donde no ha habido una actividad o influencia humana que haya desequilibrado el ecosistema provocando cambios estructurales y biológicos, dañando esa integridad. El porcentaje estimado en estudios anteriores era de entre el 20% y el 40%, pero no tenía en cuenta cualquier pérdida o reducción de especies, algo que ahora sí se ha contabilizado, especialmente si tiene relación con esa influencia antropogénica negativa como, por ejemplo, la llegada de especies invasoras fruto de actividades humanas, aunque a veces no se califique como “impacto humano” directo.

Frente al deterioro de ecosistemas, e incluso frente al avance de la sexta extinción masiva, ya hace muchos años que científicos, expertos y estudiosos de áreas naturales, de la biodiversidad y también del planeta como una entidad dinámica, con áreas con su propia idiosincrasia, con su forma de operar específica pero vinculadas a un equilibrio global que define a este planeta que cada vez más personas denominan Gaia, empezaron a impulsar iniciativas que iban más allá de las protecciones que ofrecen los parques naturales, las reservas, o la atención enfocada en recuperar y/o preservar una especie animal o vegetal concreta. Estas iniciativas, estudios y planteamientos se basan y dan forma al concepto de “Rewilding”, que se podría traducir como “resilvestración”, aunque muchos artículos que tratan este tema lo denominan “reconstrucción” o también “restauración ecológica”.

En todo caso, la meta del rewilding es conseguir que una zona o espacio, que normalmente se considera un ecosistema, se conserve salvaje o recupere su estado salvaje restaurando todo lo que formaba parte del estado silvestre del lugar antes de cualquier influencia humana. Por lo tanto, al hablar de reconstrucción o restauración, queda claro que normalmente no se trata de un abandono súbito de un lugar para que la naturaleza haga su curso sin ningún tipo de control o análisis de la situación y estado de salud de cada ecosistema, sino que se estudian y deciden unas pautas a seguir para que el rewilding sea efectivo y se pueda generar un espacio que recupere su estado silvestre de forma equilibrada y saludable, con una asistencia del ser humano para impulsar la recuperación facilitando que vuelva a tener la estructura biótica y la biodiversidad que había tenido antes de la depredación y de cualquier tipo de desajuste provocado directa o indirectamente por el propio ser humano, pero también desde el conocimiento de que todo espacio natural es dinámico y crea sus flujos y compensaciones frente a los diversos efectos que van surgiendo por el simple hecho de ser un ecosistema, un espacio vivo.


La experiencia obtenida gracias a muchas acciones realizadas en muchas partes del mundo demuestra que se trata de una acción compleja. De hecho, este tipo de restauración ecológica también tiene muchos detractores, mayormente porque consideran que de algún modo sigue siendo una intrusión sobre ecosistemas que ya han cambiado, que no son los mismos que cuando, por ejemplo, había bisontes y lobos en esas tierras, o cuando las ballenas llegaban a unas costas concretas para alimentarse o parir a sus crías, o cuando un tipo de ave rapaz dominaba los cielos de un lugar y fue exterminada por cacerías realizadas durante el siglo XIX. Estos son factores que tienen que ver con la reintroducción de especies de animales o plantas que fueron exterminadas y pertenecían al ecosistema que se esté evaluando, y son acciones que en muchos casos se llevan a cabo al realizar una restauración ecológica. En este sentido, efectivamente ha habido casos con resultados negativos, como la reintroducción de bisontes en la isla de Børnholm (Dinamarca), donde se habían extinguido hace 10.000 años y ahora contraen un parásito que ataca su hígado y los acaba matando, un parásito que seguramente no estaba allí hace 10.000 años. Otro caso sobre el que alertan algunos expertos es el de la posible reintroducción del lince europeo en Escocia, en lugares en los que se considera que no hay linces desde la Edad Media, donde posiblemente pueda ser útil para equilibrar el exceso de población de grandes herbívoros, pero donde pondría en peligro especies de aves como, por ejemplo, el urogallo, que ni siquiera sabría cómo reaccionar ante un depredador que no reconoce porque hace cientos de años que no interactúa con él.

Pero el rewilding también puede implicar eliminar barreras físicas como presas y grandes vallados, crear corredores para facilitar los desplazamientos de especies e incluso realizar reforestaciones concretas o reconfigurar espacios acuáticos, como lagunas o marismas, para que pueda haber una recuperación de los factores abióticos, que incluyen los componentes físicos y químicos que afectan al funcionamiento de un ecosistema, como la llegada o no de la luz solar, las condiciones y estado de salud a nivel de nutrientes del suelo, los grados de temperatura y humedad que se pueden sostener, e incluso la contaminación acústica, especialmente en ecosistemas acuáticos, algo que tiene una relación directa con otro factor importantísimo, que es la reducción y control de cualquier gestión activa humana.

Los estudios más importantes sobre el rewilding coinciden en que para realizar una correcta evaluación de reconstrucción se debe tener en cuenta la reducción de cualquier producto material que sea extraído por el ser humano, la complejidad trófica, la dispersión o conectividad del paisaje, y la restauración de la estocasticidad natural, que se refiere a la probabilidad de que, por puro azar, una población de habitantes de un ecosistema concreto se vea gravemente afectada por alguna catástrofe natural (estocasticidad ambiental) o por un vaivén demasiado marcado de la variación habitual del número de individuos (estocasticidad demográfica).
Al mismo tiempo que se evalúan todos estos aspectos, también hay que considerar lo que se denomina “atributos socioeconómicos”, porque una de las metas del rewilding también es el bienestar y mejora de la salud de los seres humanos. Para ello es necesario que las comunidades humanas cercanas a los ecosistemas restaurados puedan beneficiarse de ellos, por ejemplo con actividades turísticas u otras relacionadas con el contacto con esa naturaleza que ha recuperado su parte salvaje, mostrando los beneficios que aportan tanto la conexión como el respeto, mostrando cómo un ecosistema equilibrado en toda su estructura, sin abuso ni destrucción humana, es básico para reciclar y purificar el aire, el agua, para prevenir inundaciones, para sostener la compacidad del suelo, para contener la formación de posibles plagas de todo tipo, para almacenar carbono y ser un elemento básico de las medidas para detener el calentamiento global y la crisis climática y, algo de especial relevancia en estos momentos, para mantener la distancia saludable entre la vida salvaje y la actual forma de vida humana, una distancia que dificulta la llegada de patógenos que puedan infectar al ser humano y provocar pandemias extremadamente mortales. 

Todo ello significa un mayor nivel de conciencia y comprensión de la naturaleza por parte del ser humano, un equilibrio entre la forma de vida moderna, tanto rural como urbana, y un estado de la naturaleza más salvaje que muestra los beneficios que puede aportar y que acerca al ser humano a una percepción del planeta como una entidad viva, donde hay cabida para una enorme biodiversidad y sistemas diversos de los cuales sentirse orgulloso y con los cuales se puede cohabitar desde el respeto e incluso gracias a tecnologías bien aplicadas en busca del equilibrio más apropiado para todos los seres vivos, incluida la propia Tierra. De hecho, varias investigaciones han concluido que la restauración de un tercio de las áreas más degradadas del planeta lograría almacenar carbono equivalente a la mitad de todas las emisiones de gases de efecto invernadero emitidas desde la revolución industrial, y que, además, se evitaría el 70% de las extinciones de especies. Esto tiene una relación directa con el acuerdo “30x30” elaborado por el Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB) de la ONU, que se propuso en la Cumbre sobre Biodiversidad celebrada el 30 de septiembre de 2020. Esta propuesta, conocida como “30x30” implica convertir el 30% del planeta en áreas protegidas para el año 2030.


Frente a la gestión de control continuo que se realiza en los parques naturales y reservas, el objetivo de la restauración o reconstrucción ecológica también es dejar que la naturaleza siga su curso, permitir que gestione los ecosistemas una vez evaluados y llevadas a cabo las acciones consideradas necesarias para la correcta restauración. Se ha demostrado que los lugares autorregulados son más sostenibles a largo plazo, pero también que no se puede prever con seguridad cómo va a responder un ecosistema a partir de un proceso de restauración, porque son muchos los factores que determinan su funcionamiento y capacidad de resiliencia. Por ejemplo, cada vez son más las tierras que se abandonan en todo el mundo, y el rewilding plantea renaturalizar esos espacios para que no se pierdan al haber sido degradados por las actividades humanas. Por ejemplo, las grandes granjas abandonadas, donde vivían animales herbívoros domésticos, se degradan rápidamente cuando ya no están estos animales, se llenan de matorrales que no ayudan a la recuperación natural porque el suelo también se ha desequilibrado, pero con la introducción de animales que pertenecían a ese ecosistema se recupera el equilibrio del suelo, el crecimiento de plantas propias del lugar y la llegada de otros animales que hacen prosperar la salud de la tierra y reestablecen la cadena trófica.

Cualquier reintroducción en un ecosistema de una especie animal o vegetal que se hubiera extinguido o que ya no vivía en ese lugar por cualquier motivo, va a crear un desajuste, un movimiento de aclimatación de todo el sistema a esa nueva especie. Por ejemplo, la salud del suelo, su oxigenación y contenido de nutrientes depende en gran medida de animales que pasan parte de su vida bajo la superficie y cazan o hacen corredores y madrigueras subterráneas, como es el caso de muchos roedores pero también de la mayoría de invertebrados como caracoles e insectos, y se ha demostrado que cuando en un lugar no hay mamíferos grandes, entonces aumentan las interacciones de las otras especies y su entorno abiótico, mejorando las propiedades químicas y nutricionales del suelo, algo que permite el crecimiento de plantas que saben beneficiarse de esa situación al no ser consumidas por grandes herbívoros. Pero, por otro lado, también se ha demostrado que cuando falta cualquier especie que forma parte de un sistema ya equilibrado, entonces disminuyen las interacciones entre el mundo vegetal y las bacterias del suelo y todos los componentes del ecosistema quedan menos acoplados. Por eso no se puede obviar la importancia de los grandes herbívoros ni de los depredadores del ecosistema, pero tampoco de los carroñeros, todo forma parte de la cadena trófica y de la salud de cada enclave natural libre.

Un ejemplo destacable de recuperación salvaje de un amplio espacio, aunque en este caso sin la colaboración del ser humano, solo son su abandono, lo encontramos en Chernóbil, donde ha aumentado notablemente todo tipo de vida animal y vegetal. También hay muchos casos donde se ha realizado la restauración siguiendo una hoja de ruta bien planificada que ha logrado resultados muy positivos, como es el caso del delta del río Oder, en la laguna de Szczecin, ubicada a lo largo de la costa báltica entre Alemania y Polonia. En esta zona se han reintroducido águilas de cola blanca, bisontes y castores, y se han desarrollado rentables negocios de turismo natural. Los investigadores que desarrollaron la hoja de ruta explicaron que lo importante no es querer conseguir un ecosistema idílico, sino analizar toda la situación del sistema en la actualidad y tratar de restaurar procesos interrumpidos mientras se minimiza la actividad humana, entendiendo que hay que permitir obrar a la dinámica natural, a la resilvestración, y que hay resultados a corto, medio y largo plazo que serán los que determine la propia naturaleza.

En Europa destaca el trabajo de Rewilding Europe, una fundación independiente sin fines de lucro que se estableció formalmente en junio del 2011 en los Países Bajos y que ha ido creciendo y progresando para implementar el rewilding y también para concienciar a las personas sobre la necesidad de recuperar la naturaleza salvaje, tanto para respetarla como para reconectarse con ella desde los valores más elevados y constructivos, consiguiendo al mismo tiempo que prosperen economías locales con una nueva visión de futuro. En la actualidad, esta organización está trabajando principalmente en la restauración de ocho grandes áreas, y dos de los animales más impactantes que se están introduciendo en zonas donde se habían extinguido son el bisonte europeo y el castor. Como todas las especies, ambas son fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas. El bisonte es un gran caminador que mueve la tierra a su paso y equilibra el crecimiento de los vegetales que ingiere, y el castor es uno de los grandes “ingenieros de ecosistemas” al talar árboles y construir presas que facilitan el flujo de los ríos, evitan inundaciones y permiten que muchos animales se beneficien de sus construcciones. Otro animal que se está extendiendo rápidamente es el jabalí, que mayormente no se ha necesitado reintroducir. Estos animales también facilitan y hacen necesaria la expansión y aumento de depredadores como el lince, el lobo y el oso, de lo contrario se produciría un desequilibrio por un exceso de las especies que no tuvieran depredadores directos, algo que ya está sucediendo con el jabalí y su expansión invadiendo muchas zonas habitadas de muchos países. Al mismo tiempo, el lobo y el oso son los animales que entran más en conflicto con los intereses del ser humano, especialmente con los ganaderos, ya que al lince normalmente no le gusta salir de su hábitat para cazar. Pero también cada vez llegan más noticias de ganaderos que han encontrado formas de detener a los depredadores, muchas veces con perros adiestrados cuya misión es que el otro animal decida no acercarse a las zonas que ellos protegen.

Cuando un ecosistema está equilibrado, todos los animales forman parte de su engranaje y cualquiera es imprescindible para la existencia de un ambiente estable y con las mejores condiciones para sustentar todas las formas de vida que contiene. Un ejemplo de ello es una noticia que hace muchos años ya circuló por las redes sociales explicando cómo la reintroducción de lobos en el Parque Nacional de Yellowstone (USA), en 1995, provocó la reaparición de muchas especies vegetales que el exceso de ciervos había llevado a su extinción. Los herbívoros cambiaron su comportamiento manteniéndose en zonas más elevadas para evitar a los lobos, y esto facilitó que se empezara a regenerar la vida en los valles y praderas, que se poblaran de bosques y vegetación y consecuentemente de animales que viven gracias a esa parte del mundo vegetal, como castores, todo tipo de roedores, reptiles, nutrias, etc., que a su vez facilitaron el establecimiento de sus respectivos depredadores particulares, como algunas aves rapaces. Además, lo más significativo fue que la recuperación de la vegetación en los valles fortaleció la compacidad del terreno, de forma que el cauce de los ríos, que habían perdido parte de su fuerza y flujo debido a la debilidad de las riberas, se estabilizó al recuperarse la fuerza del suelo, facilitando la recuperación de charcas necesarias para otras formas de vida y la estabilidad de la corriente necesaria para muchas especies de peces y anfibios. Así que en realidad podemos decir que, en un ecosistema natural completo, todos los animales y plantas son ingenieros del ecosistema donde residen. Y esto también es aplicable a los ecosistemas acuáticos, donde tenemos el ejemplo de los tiburones, comparable al de los lobos de Yellowstone, como peces imprescindibles para el buen funcionamiento de la biodiversidad y el equilibrio de espacios marinos. De hecho, se considera que ver tiburones en un ecosistema es señal de su buen estado de salud.

Como conclusión, el rewilding se tiene que observar desde su perspectiva de regeneración y restauración con visión de futuro, con todo ese aspecto principal de regresar a ese estado de naturaleza más salvaje que aporta beneficios en todos los sentidos, para toda la biodiversidad, para la biosfera, para el planeta, y que también tiene en consideración los factores socioeconómicos para que sea implementable, para que se abra la mente del ser humano a esa posibilidad que aporta un amplio abanico de beneficios, donde también destacan los relacionados con la salud frente a microbios, la absorción de dióxido de carbono y el equilibrio de los patrones climáticos. También se tiene que observar reconociendo el análisis profundo que requiere cada ecosistema y que algunas partes de la Tierra pueden estar ya tan deterioradas y cambiadas que la restauración no sea la solución ideal y requieran otro tipo de acciones de recuperación y sanación. En todo caso son acertadas y celebradas estas palabras de Frans Schepers, director general de Rewilding Europe: “Rewilding devuelve la vida a nuestros paisajes. Nos ayuda a reconectarnos con las maravillas de la espectacular naturaleza salvaje de Europa. Es nuestra mejor esperanza para un futuro en el que las personas y la naturaleza no solo coexistan, sino que prosperen”.




miércoles, 31 de marzo de 2021

Evento del mes de marzo

Redactado y publicado por David Arbizu

LA SIEMBRA DE NUBES
Al hablar de geoingeniería, normalmente parece que se está hablando de tecnologías y programas que se han desarrollado recientemente, como si fuera algo de este siglo, pero hace décadas que se realizan investigaciones de todo tipo para realizar intervenciones climáticas, para intentar dominar factores climáticos, ya sea provocándolos o deteniéndolos. De hecho, ya hace muchos años que es de dominio público la existencia del HAARP (Proyecto de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia), cuya primera instalación se ubicó en Alaska en 1993 y dio paso a muchas otras estaciones similares ubicadas por todo el mundo. En general, se sabe que este tipo de estaciones de antenas apuntando a la ionosfera pueden crear distorsiones de todo tipo, y se han relacionado con el desarrollo de catástrofes naturales e incluso de problemas de salud.

Quizás el término más conocido y utilizado a nivel general es el de “chemtrails”, o estelas químicas, y aunque sigue habiendo muchas personas e incluso científicos que niegan su existencia, cada vez hay más investigaciones e incluso documentos fotográficos que lo confirman con rotundidad. Fue a finales del siglo pasado cuando en muchos países se empezó a hablar de las nubes artificiales generadas a partir de las estelas de los aviones, y durante años se consideró que su misión principal era fumigar yoduro de plata en la atmósfera con la intención de reflejar la luz solar y debilitar el calentamiento global. Con el paso de los años y las declaraciones de personas afectadas, desde ecologistas y científicos hasta agricultores y responsables de espacios naturales, se ha demostrado cómo los productos químicos rociados acaban llegando al suelo, contaminando la tierra, los sistemas acuáticos y a todos los seres vivos. Un ejemplo concreto se encuentra en las pruebas que se realizaron hace más de diez años en el suelo y las fuentes de agua del área del Monte Shasta (California-EE. UU.), que mostraron el alto nivel de contaminación provocado por el bario, el aluminio y el estroncio que había llegado desde las fumigaciones, desde los chemtrails. Al mismo tiempo, muchas personas constataban cómo tras el paso de algunos aviones se disipaban las nubes, nubes típicas de tormentas y lluvias, y no llegaba a caer la lluvia prevista.


La siembra de nubes, o siembra glaciogénica, se basa en la introducción de aerosoles en las nubes que contienen agua líquida superenfriada, lo cual provoca la nucleación de cristales de hielo y la consecuente formación de partículas de hielo, que cuando alcanzan tamaños suficientemente grandes pueden caer como gotas de lluvia o nieve. En 1955 ya se descubrió que el yoduro de plata causaba la nucleación, y que también lo hacía la introducción de hielo seco (dióxido de carbono sólido). Actualmente, aparte de la utilización de estos dos componentes, también se ha utilizado propano líquido y otros materiales higroscópicos, que son todos los compuestos que atraen agua en forma de vapor o de líquido y que incluyen la sal de mesa. Algunos de estos productos facilitan la nucleación y formación de cristales de hielo en nubes donde las temperaturas son más elevadas, ampliando así las posibilidades de realizar siembras en más tipos de nubes y con menos limitaciones relacionadas con las temperaturas.

Como sucede en gran parte de la tecnología desarrollada por el ser humano, las primeras investigaciones dentro del campo de la geoingeniería tuvieron propósitos militares y se realizaron desde los países más potentes y más ambiciosos a nivel mundial. El país más destacable dentro de esta línea tecnológica es Estados Unidos, donde desde mediados del siglo pasado se pusieron en marcha varios proyectos relacionados con la gestión de la radiación solar, la electricidad de la atmósfera, y en especial de la ionosfera, junto con otros relacionados con la fumigación de químicos en el aire para conseguir resultados como la creación de tormentas eléctricas, fuertes lluvias, huracanes o también persistentes sequías para perjudicar zonas o países enemigos. Un ejemplo de este tipo de maniobras militares fue la denominada Operación Popeye, que tenía como objetivo generar suficiente lluvia para interrumpir las rutas de suministro enemigas en la guerra de Vietnam. Después, en 1977, un tratado internacional prohibió el uso de modificaciones climáticas con fines militares.

A partir de los avances alcanzados en este tipo de proyectos, se empezó a contemplar el control del clima no solo con fines bélicos sino con fines económicos e incluso medioambientales. A principios de la década de 1960, en Estados Unidos se financió una serie de experimentos de siembra de nubes conocidos como Proyecto Skywater, destinados a impulsar los recursos hídricos en los estados occidentales de Estados Unidos. También otros países empezaron a realizar pruebas, aunque en todos los casos siempre era muy difícil poder cuantificar la eficacia de la siembra, si realmente las precipitaciones o nevadas tenían una relación directa con la manipulación realizada. Fue especialmente a partir del año 2017 cuando gracias a los avances tecnológicos, con sistemas de radar y otras tecnologías, se empezaron a realizar mediciones fiables que demostraban que la siembra de nubes daba buenos resultados. Esto estuvo ligado con el inicio del Proyecto SNOWIE en Estados Unidos, que representó una aceleración y multiplicación de las investigaciones creando mejoras a nivel tecnológico que tuvieron su repercusión a nivel global y que amplificaron el abanico de utilidades que podía ofrecer la siembra de nubes.

Además de Estados Unidos, otros países que destacan por realizar asiduamente la siembra de nubes y desarrollar proyectos para impulsar esta tecnología son China, India, Australia, Israel, Emiratos Árabes Unidos y algunos países del África subsahariana, aunque cada vez son más los países que están haciendo pruebas y considerando su implementación. Muchos países buscan el aumento de precipitaciones en forma de lluvia directa, pero también se pretende que aumenten las nevadas sobre las zonas montañosas donde ha ido disminuyendo la cantidad de nieve anual registrada. Otros beneficios obtenidos son evitar perjudiciales caídas de granizo, especialmente sobre zonas agrícolas, disipar la niebla, algo que ya se ha realizado en algunos aeropuertos, y reducir la formación de relámpagos.

Aparte de los proyectos oficiales de algunos países o regiones, actualmente existen decenas de empresas privadas que ofrecen los servicios de siembra de nubes. Normalmente la siembra se realiza desde un avión que utiliza bengalas de combustión y/o bengalas expulsables para liberar los aerosoles, algo que se puede hacer atravesando la nube o sobrevolándola por encima. Últimamente está aumentando la utilización de drones en lugar de aviones, y también se va avanzando en técnicas para elevar desde el suelo los diversos productos que se quiere que alcancen las nubes. Estas técnicas se basan en la colocación de una especie de chimenea en las partes de las montañas donde se generan corrientes de aire ascendentes. Se utiliza el propano para encender la chimenea, después se abre la válvula de entrada del aerosol, que normalmente es yoduro de plata, y así se genera su emisión y elevación hacia las zonas nubladas.


La mayoría de los estudios sobre la siembra de nubes advierten que no se debe considerar que vayan a ser la gran solución frente a déficits hídricos o sequías, ya que el aumento de precipitaciones que provocan las siembras no es muy elevado y además se requieren condiciones climáticas concretas para obtener buenos resultados. Como es lógico, hay científicos y expertos a favor y en contra, pero algo en lo que parece que coinciden ambas partes es que se está llevando a cabo con muy poco asesoramiento profesional, ya que se están realizando siembras por la simple decisión del responsable de una zona concreta, o de una región, sin necesidad de atenerse a ninguna normativa. En muchos casos esto sucede justamente porque no existen normativas diseñadas para estructurar y permitir o no la multiplicación de este tipo de acciones sin una valoración más amplia, determinada como mínimo por los responsables del medio ambiente del estado o país.

Dentro de esta forma de operar destacan los proyectos de China, cuyo gobierno ha declarado la intención de ampliar su programa de lluvia o nieve artificial para llegar a cubrir 5,5 millones de kilómetros cuadrados en 2025, casi el 60% de su territorio (casi tres veces la superficie de México), con la intención de evitar catástrofes, proteger la producción agrícola y responder a incendios, sequías o aumentos inusuales de temperaturas. John C. Moore, científico jefe de la Facultad de Ciencias del Sistema Terrestre y Cambio Global de la Universidad Normal de Pekín, explica que con el paso de los años se ha ido expandiendo la siembra de nubes sin ninguna validación científica, que es una simple cuestión operacional que se hace a nivel comunal, de ciudades y pueblos, y que hasta 50.000 municipios chinos ejercen la siembra de nubes de forma habitual. Pero el enorme programa de China ha sacado a la luz los problemas que pueden llegar al crear precipitaciones artificialmente, y que tanto India como Taiwán hayan advertido que podrían llegar a acusaciones de “robo de lluvia”, ya que estas intervenciones podrían afectar al monzón asiático, cuya llegada es vital para muchos países.

Lo primero que advierten los investigadores y expertos contrarios a la siembra de nubes es que es una intervención sobre los sistemas de la Tierra, sobre sistemas que todavía no se conocen suficientemente. Además, como la mayor parte de programas de geoingeniería de nivel planetario, no hay posibilidades verdaderas de hacer experimentos y pruebas antes de implementarlos, y los riesgos podrían ser muy elevados y catastróficos. De hecho, aumentan constantemente los eventos climáticos extremos, y puede que el origen de algunos de ellos no sea solo el calentamiento global, el deshielo, la deforestación, etc., sino también todas las intervenciones que el ser humano está realizando para manipular un sistema planetario que sobrepasa su capacidad de razonamiento y también su desarrollo tecnológico. Un ejemplo podrían ser las nevadas y precipitaciones torrenciales que se han visto en países de Oriente Próximo, en zonas desérticas que de repente se transforman en enormes lagos o ríos que cuando llegan a zonas habitadas causan una gran devastación.

Si volvemos al proyecto de China, uno de los objetivos es provocar más nevadas en el Tíbet, y se sabe que el monzón se origina gracias a las diferencias de temperatura entre la meseta tibetana y el océano Índico. Entonces, ¿cómo se puede dudar de que forzar nevadas en el Tíbet no va a provocar cambios en la atmósfera? Las temperaturas del aire, de la tierra, de las vías fluviales, incluso de los océanos, no son las mismas si hay o no una cubierta de nubes, si ha llovido o nevado, si los rayos solares pueden llegar con mayor o menor facilidad, si hay mayor o menor reflejo de los rayos solares, si las nubes están sosteniendo una gran carga eléctrica o si están evitando el reflejo de la luz solar desde la superficie del planeta hacia el exterior. Y todo esto sin tener en cuenta todo el impacto antropogénico, ya que la lluvia artificial, por ejemplo, podrá limpiar la contaminación atmosférica de un lugar, pero también provocará que otros contaminantes, como herbicidas y pesticidas, lleguen con más facilidad a acuíferos y suministros de agua de los cuales dependen todos los seres vivos.

El ejemplo de China es aplicable a todo el planeta, un planeta donde todo está relacionado, conectado, donde el ser humano se lo tendría que pensar millones de veces más antes de “mover ficha”, y más si hablamos de geoingeniería. Incluso científicamente se conoce el efecto de los rayos solares sobre las placas tectónicas y, por lo tanto, sobre la estabilidad magmática del manto del planeta. También cada vez hay más estudios que relacionan la llegada de rayos cósmicos con la formación de nubes, así como el paso de grandes tormentas y huracanes con el posterior desarrollo de movimientos sísmicos. Otras investigaciones demuestran las diversas relaciones entre las capas de la atmósfera, donde destaca la relación del estado de la capa inferior, la troposfera, donde se forman las nubes y se siembra con productos químicos, con la capa de ozono e incluso con la formación más o menos estructurada y estable del vórtice polar sobre el Polo Norte. Podría enumerar muchos otros factores que muestran esa perspectiva global que hay que alcanzar, porque desde esa perspectiva uno no puede pensar que provocar lluvia en una zona no va a afectar ni siquiera a las nubes que están a pocos kilómetros.

Por desgracia, los efectos de muchos programas y desarrollos tecnológicos que afectan al planeta no siempre son fáciles de demostrar científicamente, y eso da pie a que se investiguen y se quieran implementar nuevas tecnologías que solo han podido ser probadas a escala de laboratorio pero que están pensadas para afectar a todo el planeta. Algunos de los nuevos proyectos, que también están de alguna manera relacionados con la siembra de nubes y que ahora marcan algunos de los caminos de investigación más ambiciosos, son los que están involucrados en conseguir el enfriamiento del planeta al aumentar la reflectividad, el reflejo de los rayos solares hacia el exterior debido a la dispersión de aerosoles reflejantes en diversas capas de la atmósfera. Uno de los proyectos más actuales, financiado por Bill Gates a través de la Universidad de Harvard, consiste en lanzar un enorme globo a la estratosfera con 600 kg de carbonato cálcico, o tiza, que se rociaría a 19 kilómetros por encima de la superficie de la Tierra. Los resultados obtenidos servirían para determinar si sería efectivo hacer lo mismo a gran escala. Es posible que esta prueba se realice el próximo mes de junio desde Suecia.

Por suerte, conforme se conocen todos los nuevos proyectos y programas también cogen fuerza las manifestaciones de científicos que alertan sobre sus grandes y graves peligros. Un ejemplo llega desde las declaraciones de Sir David King, de la Universidad de Cambridge, que advirtió que la aplicación de la técnica del proyecto de la Universidad de Harvard, de rociar tiza, “podría ser desastrosa para los sistemas meteorológicos de un modo que nadie puede predecir”. Esperemos que si se aplican estos peligrosos proyectos se pueda recibir una respuesta rápida y de poca gravedad que demuestre su peligrosidad y que sirva para avanzar en el conocimiento de los sistemas que sostienen la biosfera, para realmente llegar a esa “nueva normalidad” de la que se habla cuando se supere la pandemia del Covid-19, una nueva normalidad que no debería representar buscar soluciones para sustituir unas acciones negativas por otras, o para encontrar sistemas e implementaciones tecnológicas para que todo siga igual al neutralizar algunos efectos perjudiciales, sino realmente para dejar de hacer lo que está destruyendo el planeta y sus formas de vida conforme avanzamos en la ya reconocida sexta extinción masiva, pero también conforme avanzamos hacia un nivel de conciencia que represente un ser humano que se implica completamente en detener la crisis planetaria y de la humanidad.

 



Fuentes: