jueves, 30 de mayo de 2019

Evento del mes de mayo

Publicado por David Arbizu

LA CONTAMINACIÓN LUMÍNICA
La contaminación lumínica se describe como la alteración de la oscuridad natural del medio nocturno producida por la emisión de luz artificial generada por la actividad humana. Esta luz artificial, considerada “contaminación antropogénica”, provoca efectos negativos tanto por su intensidad, dirección y/o rangos espectrales que afectan muchos aspectos diversos de la biosfera, de la salud y equilibrio sobre el que se sostienen y regulan las formas de vida del planeta y toda relación natural entre ellas, de manera que también se puede considerar que afecta a los ecosistemas, a los patrones climáticos y a la estabilidad necesaria para el correcto funcionamiento del engranaje que mueve y condiciona la vida en la Tierra, ya que sabemos que todo está interrelacionado. Además, el proceso de dispersión de esta luz se debe a su interacción con las partículas del aire y es más intenso si existen partículas contaminantes en la atmósfera.

Se considera que hay dos tipos de contaminación lumínica: Un tipo es la “contaminación lumínica astronómica”, que es la que altera la vista y percepción del cielo nocturno, de lo que también se denomina la “bóveda celeste” que nos rodea. El otro tipo es la “contaminación lumínica ecológica” y se refiere a la alteración de los regímenes de luminosidad naturales en los ecosistemas terrestres y acuáticos. En ambos casos, actualmente no tenemos un conocimiento de toda la gama de consecuencias derivadas de esta contaminación, especialmente de las consecuencias de la pérdida de calidad del cielo nocturno, pero se puede pensar que para nosotros, como seres humanos, representa un aumento del ya excesivo y antinatural distanciamiento con nuestra propia naturaleza como especie terrestre, con toda una serie de condicionantes que seguro que afectan nuestra calidad de vida conforme perdemos contacto con nuestro instinto natural. Muchas tribus nativas han demostrado y siguen demostrando la conexión natural y necesaria con el cielo nocturno, con las estrellas, con los mensajes que la forma y distribución de esa bóveda celeste envía y que contienen información básica para la toma de decisiones relacionadas con el bienestar y la supervivencia. Además, perder la visión y la conciencia del cielo nocturno perjudica y degrada nuestra comprensión de que habitamos un planeta dentro de un sistema solar, de una galaxia y de un universo y quedamos encerrados y limitados al mundo creado artificialmente, ya que la mayoría, además, estamos desconectados de la naturaleza de nuestro planeta, de su vida, de su ritmo biológico y vivimos cada día y cada noche rodeados de cemento y de esas pantallas también llenas de luces contaminantes a todos los niveles, sin levantar la mirada, sin elevar la vista y la conciencia a toda una luz de la cual hemos dejado de ser conscientes pensando que la evolución se encuentra en esa luz artificial y nociva que ha ido mermando el brillo de los astros, de las estrellas, incluso de la luz que hay en la propia oscuridad de la noche. De hecho, podemos decir que prácticamente solo entramos en contacto con ese cielo luminoso cósmico a través del cine o de noticias con imágenes que se vuelvan virales y que tengan que ver con descubrimientos científicos astronómicos.

La contaminación lumínica coincide con el desarrollo y constante aumento de la utilización de la luz eléctrica desde que fue descubierta por Edison en 1879. El ser humano ha concebido y relacionado el poder de mantener zonas iluminadas durante la noche con el concepto de bienestar y evolución, pero conforme van apareciendo estudios e investigaciones sobre los efectos perjudiciales de la contaminación lumínica, también se va entendiendo que se ha generado una involución en muchos sentidos, tal como explicaré más adelante. Por poner un ejemplo: nuestros ojos se adaptarían mejor a la oscuridad si se lo permitiéramos, ya que junto a nuestra retina tenemos los “bastones” o “bastoncillos”, que son células fotorreceptoras responsables de la visión en una baja condición de luminosidad, pero que apenas les damos oportunidad de ejercer su función.

Tal como se observa en la imagen que sigue a continuación, la contaminación lumínica coincide con las zonas del planeta más desarrolladas, pero el acceso a la luz eléctrica no para de expandirse y llegar a más lugares del globo que estén habitados por el ser humano.


Al igual que han hecho durante muchísimos años la mayoría de seres vivientes de la Tierra, el ser humano ha ido adaptando sus procesos biológicos de acuerdo con dos ciclos astronómicos fundamentales: la sucesión de las estaciones y la alternancia día-noche. Junto al ser humano, muchos animales, plantas, hongos, bacterias e incluso algunas algas, tienen en su cuerpo una hormona llamada melatonina, que es la encargada de detectar los ciclos luz-oscuridad y las estaciones para modular los patrones del sueño y los ritmos circadianos y estacionales. Además, el ser humano produce esta hormona desde la glándula pineal, una glándula que, a nivel espiritual, se relaciona con la conexión álmica, la evolución de la conciencia del ser humano y la apertura a una perspectiva superior de la realidad del ser, algo que también estaría relacionado con el hecho de que se la relacione con el chacra del Tercer Ojo y, por lo tanto, con un punto importante de conexión con la luz, de manera que una intrusión de luz artificial y contaminante también afectará al buen funcionamiento de esta glándula y a su producción de melatonina forzando la adaptación del ser a procesos biológicos que puedan llevar a desequilibrios diversos. En este sentido, se ha comprobado que, en el ser humano, la contaminación lumínica puede alterar el sueño y provocar insomnio, diabetes, obesidad, depresión, acelerar el envejecimiento y reducir la fertilidad.

Si analizamos los efectos sobre otros seres vivos, efectos que en algunos casos también incluyen al ser humano, se observa que el ciclo de luz y oscuridad, día y noche, es un regulador influyente de la conducta, algo que se refleja en actividades como el cortejo, la reproducción, la migración y el estrés o la energía vital para superar situaciones de adaptabilidad y supervivencia.
En muchos animales y plantas, la luz inadecuada también provoca desorientación y desarrollo de conductas inapropiadas. Por ejemplo, se ha comprobado que desorienta a las aves migratorias y a las tortugas marinas, también a los anfibios haciendo que estén menos activos, con más estrés e incluso con más parásitos y, consecuentemente, con más probabilidades de enfermar, algo que también se ha observado en las aves, que sufren un aumento de la transmisión de enfermedades. Pero los que más sufren los efectos de la contaminación lumínica son los insectos, que en su mayoría se siente totalmente atraídos por la luz y acaban pereciendo al chocar contra las lámparas o quemarse por el exceso de calor. Este terrible efecto sobre los insectos afecta a muchos otros animales que se alimentan de ellos. Algunos de estos animales, como los murciélagos, son otros de los grandes perjudicados por el exceso artificial de luz y además son polinizadores, así que el daño y desequilibrio provocado es enorme y de efectos globales.

En el reino vegetal se ha comprobado, por un lado, que la iluminación nocturna provoca que los árboles y plantas florezcan antes de tiempo, pero, por otro lado, un estudio realizado en granjas de soja de Illinois (Estados Unidos) demostró que la luz proveniente de las carreteras adyacentes y de los automóviles que circulaban por ellas podía retrasar la maduración de los cultivos hasta siete semanas y también reducir el rendimiento.

Otro exceso de luz que es extremadamente perjudicial es el que hay en muchas playas y costas. Hay organismos marinos, como los anfípodos, que son pequeños crustáceos que también se sitúan en la base de la cadena trófica, cuya actividad está totalmente relacionada con los ciclos naturales de día y noche, de manera que durante el día se mantienen en zonas más profundas y durante la noche salen a la superficie para desplazarse y evitar a los depredadores, pero pueden cambiar sus desplazamientos al sentirse atraídos por la luz artificial creando desequilibrios que afectan a todo el ecosistema al romper la cadena trófica y afectar a otros seres que dependen de ellos para su supervivencia. También hay estudios que han demostrado que el zooplancton vive en aguas profundas y oscuras durante el día y migra a aguas menos profundas durante la noche para alimentarse de algas, pero este movimiento, que se considera la mayor migración de biomasa que se realiza en el mundo, se ve afectado por el brillo de las luces, que provocan que el zooplancton reduzca esa actividad y que también ascienda 2 metros menos de lo habitual, lo cual supone un desajuste para el ecosistema, un menor consumo de algas y una mayor probabilidad de floraciones de algas que acaban deteriorando la calidad del agua y generando problemas de salud e incluso hipoxia y muerte de muchos animales acuáticos.

Como siempre, el desarrollo tecnológico del ser humano no va de la mano ni respeta el equilibrio de los hábitats ni de los seres vivos. Un ejemplo de ello son las luces Led, que son más eficientes y rentables que otras bombillas, pero también las que producen mayor contaminación lumínica y pueden perjudicar nuestra salud por su radiación y el tipo de luz blanca-azulada brillante que daña la retina y también afecta negativamente a la producción de melatonina. La gran iluminación que existe especialmente en las ciudades, donde se añade la construcción de enormes rascacielos cubiertos de cristales reflectantes, también representa un gran peligro para las aves, que se sienten atraídas por esas luces y reflejos durante sus vuelos y migraciones y acaban chocando con los edificios, en ocasiones al confundir el reflejo y la luz con el cielo abierto. Los científicos estiman que se producen entre cien y casi mil millones de víctimas anuales por estos accidentes, especialmente contra edificios cubiertos de cristal o iluminados por la noche.


Es necesario que desde los gobiernos e instituciones responsables se tomen medidas para reducir la contaminación lumínica, tanto a nivel de localidades y zonas concretas como a nivel global, planetario. Se debe buscar el equilibrio entre no dejar todo a oscuras y mantener la iluminación justa y bien enfocada allí donde sea necesario, sin contaminar otras zonas cercanas o lejanas, si pensamos en esa bóveda celeste de la que he hablado al principio. También hay que preservar, especialmente, los espacios naturales protegidos, todas las reservas y parques naturales, y algunas ciudades deberían tener en cuenta que están situadas en espacios que forman parte de rutas migratorias de muchas aves y que están destruyendo esas rutas y provocando una gran mortandad.

Ya existen muchas organizaciones, en muchos países, que defienden lo que llaman la "calidad de los cielos nocturnos" y también se han creado normativas que se están aplicando, en forma de leyes, para regular el uso que se hace de la luz y avanzar hacia una iluminación que sea lo menos dañina posible. Un ejemplo de campaña internacional para abrir la conciencia a los efectos negativos de la contaminación lumínica es la Iniciativa Starlight, que defiende el derecho general a la observación de las estrellas y busca involucrar a instituciones y asociaciones científicas, culturales y ciudadanas para que se enfoquen en la defensa del firmamento, de tener cielos nocturnos limpios como patrimonio de la humanidad y de todo ser vivo del planeta y como factor imprescindible de una buena calidad de vida.


El ser humano debe comprender todo el perjuicio que provoca la contaminación lumínica, que forma parte de la contaminación atmosférica, y tiene que empezar a cambiar, desde cada individuo, sus comodidades y hábitos que generan destrucción y aceleran la sexta extinción masiva y el desequilibrio de la biosfera, algo que también se acaba reflejando en los patrones climáticos, porque ese exceso de luz también representa un derroche energético con el consecuente incremento de la emisión de carbono y un aumento de los vertidos y residuos contaminantes con los que se fabrican las lámparas.

¡Ojalá tengamos las suficientes "luces" como para actuar y evolucionar hacia una iluminación en equilibrio con el ritmo natural de la biosfera, reconociendo dónde está el límite donde debemos pararnos para dejar de ser la especie destructora que somos y empezar a ser la que gestiona la tecnología para alcanzar el equilibrio, armonía y salud que se merece este planeta y todos sus seres vivos!

martes, 30 de abril de 2019

Evento del mes de abril 

Publicado por David Arbizu

UN ACUERDO GLOBAL PARA LA NATURALEZA
Conforme aumenta el desequilibrio de los patrones climáticos que rigen y sostienen nuestra biosfera y nuestro planeta, también aumenta el número de personas que conciben que si no se actúa, si no se acepta y se afronta la crisis planetaria, el cambio climático y todo el daño y destrucción que está causando la actividad humana, nos dirigimos hacia a un punto de no retorno, sin posibilidades de recuperación, hacia una situación catastrófica global, donde ya no habrá unas partes del planeta más seguras que otras porque cualquier efecto devastador podrá llegar a cualquier lugar, algo que prácticamente ya se puede ver que está pasando.

Este incremento de lo que, de algún modo, podríamos llamar “conciencia planetaria”, se está observando en los diversos movimientos sociales que se están llevando a cabo en muchas partes del planeta para exigir que los gobiernos, las instituciones, las organizaciones con capacidad de toma de decisiones y de legislar, trabajen y pongan en marcha medidas de protección ambiental, de la naturaleza, de los ecosistemas, de nuestra Tierra. Un movimiento importante es el de las huelgas estudiantiles por el clima, que están siendo apoyadas cada vez en más partes del planeta, con organizaciones y grupos de padres, de profesores y, algo muy importante, de científicos que declaran con fuerza que hay que tomar medidas, que hay que buscar soluciones y que hay que hacerlo ya, sin más retrasos, sin más excusas y decretos improductivos que solo sirven para alargar posibles implementaciones de leyes y restricciones importantes dejándolas para el siguiente encuentro, para la siguiente reunión, mientras sigue la destrucción del planeta para beneficio de unos pocos.

Gracias a todo este movimiento social, se impulsan y salen a la luz proyectos y trabajos de organizaciones y grupos que llevan muchos años entregados al estudio e implementación de acciones para contrarrestar el cambio climático, para que sea posible que el ser humano viva en perfecta armonía en este planeta sin tener que “devorarlo”. Junto con todo este movimiento y presión social, durante este año y especialmente durante las últimas semanas, estamos siendo testigos de cómo algunos países aprueban leyes para proteger la naturaleza, tanto terrestre como marina, frente a actividades destructivas como la minería, la extracción de petróleo y gas, la deforestación o cualquier actividad que provoque contaminación y alteraciones inadecuadas. También en algunos países hay ríos que han recibido el reconocimiento de entidad con personalidad legal y, por ejemplo, hace pocos días que se ha sabido que un pueblo indígena de Ecuador, los Waorani, ha ganado un litigio con el Ministerio de Energía e Hidrocarburos, lo cual significa que ha habido un fallo judicial que prohíbe la explotación petrolífera en una parte de la Amazonía ecuatoriana. Este tipo de noticias son importantes porque impulsan nuevas demandas ante la justicia conforme aumenta la confianza en el poder judicial, conforme se conocen sentencias de jueces que defienden los espacios naturales y reconocen el daño causado y la necesidad de repararlo y detenerlo. Y, tal como he indicado antes, tenemos una parte cada vez más importante de la comunidad científica manifestándose contra la falta de acción para detener el calentamiento global, impulsando y publicando estudios para ofrecer nuevas alternativas y también para demostrar el terrible futuro que nos aguarda, un futuro que ya estamos viendo en el presente y que, con dureza, nos muestra la siguiente imagen.


Uno de los proyectos que están teniendo un rol importante dentro de la lucha contra el cambio climático es el de la Fundación Leonardo DiCaprio. DiCaprio estableció su fundación en 1998 con la misión de proteger los últimos lugares salvajes del mundo, pero con el paso de los años la fundación ha ido creciendo y enfocándose también en la investigación y búsqueda de soluciones para abordar los problemas ambientales de nuestro planeta. Todo ello ha dado forma e impulsado el proyecto de la fundación llamado “One Earth”, que muestra la posibilidad de superar la crisis climática basándose en tres acciones fundamentales que deberían estar totalmente conseguidas para el año 2050: haber alcanzado el 100% de energía renovable, la protección y restauración del 50% de las tierras y océanos del mundo y una transición a la agricultura regenerativa, todo ello de forma gradual pero con objetivos marcados en años concretos dentro de este período de tiempo.


Una gran parte de los resultados de todo este trabajo se recoge en el libro “Achieving the Paris Climate Agreement” (“Alcanzando los objetivos del Acuerdo Climático de París”). El libro, que representa la culminación de dos años de trabajo y colaboración de 17 científicos reconocidos, ha sido publicado por la prestigiosa editorial científica “Springer Nature” y ofrece una hoja de ruta para cumplir y superar los objetivos establecidos en el Acuerdo Climático de París, demostrando que se puede resolver la crisis climática global con las tecnologías actualmente disponibles y las soluciones climáticas naturales. Esta declaración de Sven Teske, coautor y editor del libro y Director de Investigación del Instituto para Futuros Sostenibles de la Universidad de Tecnología de Sídney (UTS), muestra perfectamente el objetivo principal de todo su trabajo: “Los científicos no pueden predecir el futuro por completo, pero el modelo avanzado nos permite trazar los mejores escenarios para crear un sistema energético global apto para el siglo XXI. Y dado que el impulso en torno al Acuerdo de París se está retrasando, es crucial que las personas de todo el mundo que tienen el poder de tomar decisiones puedan ver que podemos, de hecho, satisfacer la demanda mundial de energía a un costo menor con energías renovables limpias”.

Directamente relacionado con el contenido del libro y también bajo el patrocinio de la Fundación Leonardo DiCaprio y el proyecto One Earth, el viernes 19 de abril se publicó, en la revista “Science Advances”, el artículo “Un Acuerdo Global para la Naturaleza: principios rectores, hitos y objetivos”. Los coautores de este artículo son científicos líderes de instituciones de investigación, organizaciones no gubernamentales, grandes empresas tecnológicas y grupos de conservación. Uno de los aspectos importantes que aporta este artículo es que se considera que el problema de la extinción masiva y el de la crisis climática son inseparables, están totalmente vinculados, y por ello se deben abordar conjuntamente para definir las acciones que se deben tomar para frenar el calentamiento global y el deterioro de la biosfera. Por esta razón, este acuerdo muestra un objetivo unificado: proteger los ecosistemas para combatir el cambio climático y combatir el cambio climático para proteger los ecosistemas, y declara que “el presupuesto de carbono y el presupuesto de biodiversidad son dos caras de la misma moneda, ya que la degradación del hábitat representa una fuente de emisiones que es imprescindible evitar”.

El estudio afirma que es necesario implementar un plan de acción para que el planeta no se caliente 1,5ºC por encima de la temperatura de la era preindustrial, ya que superar esa cifra representaría acercarse a un punto de no retorno, a un fuerte aumento de los trastornos climáticos, de la extinción de especies y de un deterioro de partes de la biosfera que podrían poner en peligro la supervivencia en enormes áreas del planeta e incluso a nivel global. Tal como declara Thomas Lovejoy, biólogo y coautor del artículo: “La ciencia nos está diciendo que si superamos los 1,5ºC, podríamos experimentar un “tsunami de extinción” que provocaría el colapso de muchos ecosistemas clave”, y añade: “No podemos resolver la crisis de la biodiversidad sin resolver la crisis climática, y no podemos resolver la crisis del clima sin resolver la crisis de la biodiversidad. Las dos están interconectadas”.

El plan fija dos líneas de acción: una enfocada en llegar a cero emisiones netas de gases de efecto invernadero en las próximas décadas y otra enfocada en el cuidado y protección de la naturaleza, de sus hábitats y ecosistemas, sabiendo que para ello hay que frenar la deforestación, la caza furtiva y otras amenazas a las especies y todo lo que forma esos ecosistemas antes de que sea demasiado tarde. En este sentido, se establece el objetivo de controlar, preservar y restaurar, para el año 2030, el 30 por ciento de las tierras del planeta mediante diversos grados de protección contra el abuso y la destrucción, al mismo tiempo que se implementan protecciones adicionales para otro 20 por ciento, que representarían “Áreas de Estabilización del Clima” para apoyar el conjunto de tierras protegidas. Dentro de estas áreas a proteger, también se establecen objetivos para la conservación y cuidado de los océanos y los ecosistemas de agua dulce. Coincidiendo con el estudio y hoja de ruta que plantea el libro “Achieving the Paris Climate Agreement”, el Acuerdo Global para la Naturaleza también incluiría el planteamiento que se conoce como “Modelo Climático One Earth”, que incluye objetivos sobre los siguientes temas: expansión agrícola, carreteras, represas, sobrepesca, comercio de especies silvestres, especies invasoras, plásticos, toxinas y productos químicos que agotan la capa de ozono. Algo que tienen también en común todos los proyectos y estudios es el respeto y consideración por las formas de vida y de relación con la naturaleza de los pueblos nativos, ya que se considera que tienen mucho que aportar y enseñar y además ocupan el 37% de las tierras naturales que quedan en el planeta.

En el gráfico que sigue a continuación se puede observar cómo la disminución de producción de energía a partir de combustibles fósiles, junto con la disminución de producción de cemento, hacen que bajen en picado las emisiones de CO2 y, especialmente, cómo el uso de la tierra, su protección y recuperación, algo directamente relacionado con el control sobre la obtención de energía a partir de la minería y de la extracción y también sobre la agricultura intensiva, permiten que, en el año 2027, ese apartado pase de ser positivo en emisiones a ser negativo, pudiendo absorber y retener emisiones de CO2. Y también es importante toda la gestión con los sumideros naturales terrestres y marinos que almacenan y retienen carbono y otros gases de efecto invernadero, para que se mantengan intactos y sin emitir todo ese contenido a la atmósfera.


Hay otro factor o pieza clave que forma parte de este propósito, de este proyecto, que es imprescindible para que se ponga en marcha y que incluso puede parecer la parte más complicada, más enclaustrada y difícil de cambiar, de hacer avanzar. Esta parte la forman principalmente la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica y todas las Cumbres por el Clima, como la última que se celebró en Polonia a finales de 2018 (COP24). Los proyectos y acuerdos de estas organizaciones llevan un ritmo extremadamente lento y ni siquiera se enfocan y trabajan adecuadamente debido a todas las presiones de grandes grupos de poder del planeta que no quieren cambios que puedan perjudicar su control y sus ingresos. A pesar de que se han alcanzado acuerdos para proteger el planeta y su biodiversidad, parece que no avancen y siempre hay países que no los ratifican o simplemente no los implementan. Por esta razón, el Acuerdo Global para la Naturaleza busca el compromiso del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica y muestra que, frente a las dificultades que supone todo cambio sobre las estructuras políticas, económicas y energéticas de la sociedad, que requieren un tiempo para que realmente se lleven a cabo y den sus frutos, hay muchas soluciones basadas en el poder de la naturaleza que están listas para funcionar ahora, que forman lo que se llama “soluciones climáticas naturales rentables”, pero que requieren una gestión responsable y respetuosa con partes de la tierra en las que se tiene que recuperar el equilibrio que las actividades humanas han deteriorado a través de actividades como la agricultura intensiva, la ganadería intensiva, la urbanización, etc. Hay que ser consciente de que se requiere que se empiecen a respetar y cuidar los espacios naturales tal como debería hacerse, incluyendo los que ya están protegidos por la ley y siguen sufriendo los abusos de la actividad humana, cuando en realidad van a ser imprescindibles para nuestra supervivencia, porque la propia biosfera, la naturaleza, no es una alternativa a la descarbonización de los sistemas de energía, sino que es una parte esencial de la solución global de mitigación del clima. 

Así que los líderes mundiales, los grupos que interfieren en esos convenios y reuniones, podrían ver que se puede empezar con un “mínimo esfuerzo” por su parte, algo que permitiría que pudieran interesarse por la inversión en la producción de nuevas formas de energía renovables, ya que estos estudios y modelos demuestran que es posible la transición al 100% de energías renovables. Hay que tener en cuenta que la fabricación del tipo de energía actual a través de la extracción también representa un gasto de energía, una alta contaminación tóxica por la quema de combustibles, que está relacionada con millones de muertes al año, y que muchas empresas dependan de los subsidios de los gobiernos, sin los cuales no serían tan rentables, unos subsidios que además representan que los contribuyentes estamos financiando involuntariamente la crisis climática. La investigación también señala que el futuro empresarial está en las energías renovables y que van a representar la creación de muchas empresas y puestos de trabajo.


Todo lo explicado hasta aquí no tiene el potencial ni el impulso suficiente si no está respaldado por una demanda fuerte, numerosa, concienciada, de seres humanos que quieren que se tomen medidas y que el planeta alcance un equilibrio y armonía adecuados para la prosperidad de su biosfera. Ahora hay una opinión pública que exige responsabilidades, que comprende el abuso que se está haciendo sobre el planeta, sobre todos los seres vivos, que gracias a Internet y los medios de comunicación puede recibir noticias como la de la iniciativa del empresario y filántropo Hansjörg Wyss, que a través de su “Wyss Campaign for Nature” (Campaña de Wyss por la Naturaleza) donará 1.000 millones de dólares para que el 30% de las tierras y océanos del planeta sean áreas protegidas; como la de las protestas de los activistas del grupo  “Extinction Rebellion” en Inglaterra, que van a presentarse en las elecciones europeas como un nuevo grupo llamado Climate Emergency Independents (Independientes por la Emergencia Climática); como la de todas las acciones y discursos de la activista sueca Greta Thunberg; como la de una parte de la población española quejándose porque en los debates electorales que ha habido antes de las pasadas elecciones ningún político ha hablado de medidas frente al cambio climático. Debe haber una masa crítica presionando, exigiendo y también expandiendo la preocupación por la crisis que sufre el planeta, que sufrimos todos y que irá aumentando si no se toman medidas contundentes. Y esa masa crítica, al mismo tiempo que transmite esa preocupación, también debe transmitir el amor por el planeta y todos sus seres vivos, debe transmitir el reconocimiento de la interdependencia de todos como parte esencial de la biosfera, debe transmitir los verdaderos valores elevados del ser humano como especie líder y de conciencia elevada de nuestra hermosa Tierra.

Finalizo adjuntando el enlace del Acuerdo Global por la Naturaleza, por si alguna persona quiere más información o firmar la petición de este acuerdo: https://www.globaldealfornature.org/petition/es/


Fuentes:


domingo, 31 de marzo de 2019

Evento del mes de marzo

Publicado por David Arbizu

EL MÍNIMO SOLAR Y EL ENFRIAMIENTO DE LA TERMOSFERA COMO PRECURSORES DE UNA MINI-GLACIACIÓN
No es fácil imaginarse y valorar que nos dirigimos hacia una mini-glaciación cuando la mayoría de las noticias sobre el medio ambiente hablan de calentamiento global, de temperaturas récord de calor en el Ártico, de precipitaciones torrenciales y también de crisis hidrológica y severas sequías, además de que muchas tormentas también se forman por el contraste con la elevada temperatura de la superficie de los océanos y mares. También influyen todas las noticias relacionadas con el constante aumento del dióxido de carbono en la atmósfera y la publicación de mediciones que muestran datos con cifras cada vez más elevadas que se relacionan directamente con el efecto invernadero, las altas temperaturas, el deshielo y el aumento del nivel del mar. Por otro lado, hay estudios científicos que explican, detallada y rigurosamente, cómo nos encontramos en el final de un período interglacial que corresponde al Holoceno, un final donde coincide con lo que llamamos Antropoceno y que supone la entrada en una época o período glacial.

Algo que creo que es innegable es el gran desequilibrio de los patrones climáticos que estamos experimentando a nivel global. En apenas tres meses del año 2019, hemos visto la formación de terribles tormentas que han descargado precipitaciones extremas generando enormes inundaciones en muchas partes del planeta, también la devastación de enormes incendios y, especialmente en el hemisferio norte, una secuencia alterna de semanas con temperaturas frías, donde en algunos lugares han caído nevadas descomunales, seguidas de semanas con temperaturas inusualmente cálidas. También hemos visto cómo en grandes áreas de Norteamérica se llegaba a temperaturas de total congelación, con valores extremadamente bajos, y grandes extensiones cubiertas por la nieve y el hielo que sí que hacían pensar en una posible mini-edad de hielo. Pero también llegan noticias informando de la primera ola de calor del año en India, donde han llegado a los 44,5ºC y para la próxima semana, la primera del mes de abril, en varias zonas del país se esperan temperaturas por encima de los 40ºC.

En lo que sí que parece que toda la comunidad científica está de acuerdo es que el Sol pasa por los llamados “ciclos solares”, que tienen una duración promedio de 11 años y que ahora nos encontramos en el final del ciclo solar 24 y en lo que se llama “mínimo solar”, que es un período donde la actividad solar es muy baja. Ya hace años que la actividad del Sol va menguando, algo que se constata con la falta de manchas solares durante largos períodos, tal como ha pasado durante el mes de febrero de este año, con sus 28 días sin manchas solares. La previsión es que la actividad todavía disminuya mucho más durante este año, con la entrada en el ciclo solar 25 y que entre 2030 y 2040, durante lo que ya sería el ciclo solar 26, se pueda llegar a una reducción de la actividad del 60%.


Uno de los temas que sí divide a los climatólogos y científicos es la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera y todas sus consecuencias relacionadas con el cambio climático y el calentamiento global, para unos, o el enfriamiento global para otros. Muchos científicos y grandes organizaciones, como la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) consideran que las emisiones de dióxido de carbono (CO2) son contaminantes y determinantes para el calentamiento global. Por otro lado, se pueden encontrar muchas declaraciones de científicos y expertos que advierten que toda la focalización en las emisiones de dióxido de carbono forma parte de una estrategia política y económica de grandes empresas y grupos de presión de ámbito global para aumentar el control y la obtención de sus propios beneficios. 
A nivel puramente científico, encontramos declaraciones que expresan que el dióxido de carbono tiene una influencia menor sobre el clima. Por ejemplo, James Taylor, investigador principal de política ambiental en el centro de estudios del Instituto Heartland (Illinois, Estados Unidos), afirma que: “El clima del mundo real prueba que los alarmistas modelos de computadora exageran las propiedades de calentamiento del dióxido de carbono”. Incluso desde la NASA se ha aceptado y demostrado, a través de sus propias mediciones, que el dióxido de carbono es un refrigerante, no un gas de calentamiento, porque los gases de efecto invernadero en realidad bloquean la llegada a la superficie del planeta de hasta el 95% de los rayos solares dañinos, de manera que reducen el impacto del calor del Sol; esto ha provocado que ahora una parte de la NASA esté en conflicto con sus propios climatólogos. Otro ejemplo nos lo da Willie Soon, astrofísico y geocientífico de la División de Física Solar y Estelar del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica (Massachussets, Estados Unidos), que ha declarado: “Decir que el sistema climático está completamente dominado por la cantidad de dióxido de carbono que tenemos en el sistema es una locura, algo completamente erróneo. El dióxido de carbono no es el principal motor del sistema Tierra/clima” y añade: “El clima es totalmente, completamente, dependiente de lo que el Sol le está haciendo al sistema. El Sol es el principal impulsor del sistema climático de la Tierra”.

A raíz de estas declaraciones y estudios, se podría decir que “el presupuesto de radiación de la Tierra” es lo que define el clima y, consecuentemente, el cambio climático. La Tierra mantiene un clima y una temperatura adecuada para el sostenimiento y salud de su biosfera al estar envuelta en su capa protectora de gases atmosféricos contra el Sol en ebullición y el espacio helado, al tener la capacidad de reflejar, absorber y reemitir la cantidad justa de radiación solar. Entonces, para mantener una cierta temperatura global promedio, la Tierra debe emitir tanta radiación como la que absorbe y en estos momentos ese presupuesto de radiación está mostrando un exceso del reflejo de radiación, una liberación de calor hacia el espacio exterior desde las capas más externas de la atmósfera, especialmente desde la termosfera o, tal como también se conoce, ionosfera.

Imagen del satélite Timed, que controla la temperatura de la termosfera
La termosfera es la capa de la atmósfera terrestre que se encuentra entre la mesosfera y la exosfera. Su extensión comienza aproximadamente entre 80 y 120 kilómetros de la Tierra y se extiende hasta entre 500 y 1.000 kilómetros de la superficie terrestre. La termosfera absorbe gran parte de los rayos X y la radiación ultravioleta que llegan desde el Sol y tanto su tamaño como su temperatura y su capacidad de regulación e influencia sobre los patrones climáticos del planeta dependen principalmente de la actividad solar, de forma que cuando el Sol está muy activo y emite más radiación de alta energía, la termosfera se calienta y se expande, se “hincha”, pudiendo llegar a alcanzar una temperatura de 1.500ºC. En cambio, tal como sucede en la actualidad y se ha comprobado mediante las mediciones del satélite Timed, cuando nos encontramos con un mínimo solar, la termosfera se contrae y se enfría. Los científicos han establecido el “Índice Climático de la Termosfera” (TCI, por sus siglas en inglés), un número expresado en vatios que indica la cantidad de calor que las moléculas están vertiendo al espacio; así que ahora tenemos un TCI muy bajo, muy “frío”, con poca cantidad de calor absorbida y una liberación de calor que se escapa al espacio. De hecho, el Índice Climático de la Termosfera está a punto de establecer un récord de frío en la era espacial.

Pero no se puede hacer un análisis climático solo basándose en una capa de la atmósfera ni tan solo en la actividad solar. Todas las capas de la atmósfera están interconectadas, se afectan entre sí y desempeñan un rol importante para la salud y equilibrio del planeta. En este sentido, el aumento de la concentración de dióxido de carbono también afecta a las capas altas de la atmósfera, pero de forma contraria a como lo hace en la capa inferior. Mientras que en la capa inferior de la atmósfera se comporta, en parte, como un gas de efecto invernadero al retener el calor que se expulsa desde la superficie del planeta, tanto desde la superficie de los continentes como de los océanos, en las capas medias y altas de la atmósfera produce un enfriamiento y, como consecuencia, una contracción y una liberación del calor absorbido que, desde las capas más altas, se escapa hacia el espacio exterior. Entre 2002 y 2014, en las capas altas de la atmósfera ha habido un notable incremento de la cantidad de dióxido de carbono, un incremento superior al detectado en las capas bajas.

Todo esto también está relacionado con la gran importancia que tiene la formación y cobertura de nubes, tanto a baja cota como a cotas altas, ya que, tal como declara Roy Spencer, profesor, climatólogo, y científico investigador de Estados Unidos: “Las nubes son la sombrilla de la Tierra y si la cubierta de nubes cambia por alguna razón, entonces tenemos calentamiento global o enfriamiento global”. La formación de nubes depende en gran medida de la actividad solar pero también de otros factores que actualmente tienen una gran influencia sobre nuestro planeta como es la llegada de rayos cósmicos.

Representación de la llegada de rayos cósmicos al planeta
Los rayos cósmicos son una mezcla de fotones de alta energía y partículas subatómicas aceleradas hacia la Tierra por explosiones de supernovas y otros eventos violentos en el cosmos. La cantidad de rayos cósmicos que pueda llegar a la Tierra depende de la actividad solar, que va a provocar que la Tierra genere un campo magnético de mayor o menor potencia, y de la posición del sistema solar en su desplazamiento por la galaxia, que en estos momentos favorece esa llegada. Por otro lado, la capacidad de penetración de rayos cósmicos en nuestra atmósfera también dependerá de la fuerza de la magnetosfera, que actualmente está debilitada debido a la propia actividad solar y a condiciones terrestres como el desplazamiento de los polos magnéticos. Además, es importante la resistencia y capacidad de la propia atmósfera, donde el dióxido de carbono de las capas altas también va a influir al retener parte de la radiación de los rayos cósmicos.

Al igual que algunas partículas subatómicas procedentes del Sol, los rayos cósmicos tienen propiedades de “nucleación”, favorecen la formación de nubes al condensar el vapor de agua, así que tendrán un papel importante sobre el clima al provocar que la “sombrilla” generada por las nubes dificulte más o menos la llegada de los rayos solares. También tendrán un papel importante sobre la formación de tormentas y, tal como estamos viendo en la actualidad en algunas partes del planeta, sobre la formación de ríos atmosféricos cargados de grandes cantidades de agua que pueden descargar enormes y destructivas precipitaciones. Entonces, junto con estas condiciones, la emisión de dióxido de carbono que se mantiene en las capas más bajas de la atmósfera, que provoca el calentamiento de la superficie del planeta, está impulsando patrones climáticos extremos y todos los desajustes que estamos observando y que ponen en peligro la biosfera.

Analizando todo lo expuesto hasta aquí, podemos deducir que el clima de la Tierra depende en gran medida de la actividad solar, que estamos llegando al final de un período interglacial y que, aunque pueda parecer que hay un calentamiento global, en realidad el planeta está en plena fase de enfriamiento global. Todo ello también afecta a la capa de ozono como capa protectora frente a la radiación solar y ya se ha constatado un adelgazamiento de esta capa, algo que eventualmente afecta a las capas inferiores y en especial a los patrones de viento y, por lo tanto, al clima.

También es importante no olvidar toda la degradación y destrucción que la actividad humana está haciendo sobre el planeta, algo que a veces parece quedar escondido detrás de ese interés por mantener una fijación en las emisiones de dióxido de carbono, pero que está teniendo un gran impacto sobre todos los sectores que están afectando al desequilibrio de los patrones climáticos. El ser humano sigue sin comprender el funcionamiento del planeta, sus sistemas de homeostasis, su relación con el Sol y con la galaxia, todo lo que configura la biosfera, los patrones climáticos, la influencia de los cambios en el interior del planeta, todo lo que se genera desde el núcleo de la Tierra. Desde esta falta de comprensión se ponen en marcha proyectos de geoingeniería con el fin de controlar el clima. Algunos de estos proyectos se centran en la dispersión de “aerosoles con propiedades de nucleación”, tanto a cotas bajas como altas, para manipular el clima, para poder crear tormentas artificiales, muchas veces como pruebas destinadas al uso militar. También existe la “Tecnología de Ondas de Choque” para impedir la formación natural de nubes y el uso de nanotecnología con la finalidad de modificar patrones climáticos. En muchos casos, con todos estos proyectos y experimentos, se está acelerando el enfriamiento global. Además, muchas siembras de nubes (chemtrails) están destinadas a reflejar hacia el exterior los rayos solares y no hay suficiente conocimiento científico para poder saber las consecuencias que pueden tener todas estas acciones, algo que se está demostrando con la llegada de los rayos cósmicos, cuyo flujo está aumentando más de lo previsto cuando se implementaron y planificaron todos los programas de control climático y atmosférico.

Algo que manifiestan la mayoría de los científicos que defienden el enfriamiento global es que esta no va a ser una glaciación extrema, sino que va a ser una mini-glaciación o mini-edad de hielo, así que hay que esperar que el ser humano reaccione y aprenda a responder a estos cambios con mayor conciencia, encontrando la tecnología apropiada para el mantenimiento de la biosfera, de todas las formas de vida y no acelerando la destrucción y la extinción masiva. Esperemos que haya un margen de tiempo para el aprendizaje, para detenerse y cambiar, porque otro tema donde la mayoría de los científicos también está de acuerdo es que “cuando comienzan las glaciaciones, lo pueden hacer muy rápido”.


Fuentes:

jueves, 28 de febrero de 2019

Evento del mes de febrero

Publicado por David Arbizu

LAS "HUELGAS CLIMÁTICAS" ESTUDIANTILES Y OTROS MOVIMIENTOS SOCIALES Y POLÍTICOS EN LA LUCHA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO
Continuamente estamos observando cómo se van agravando los efectos del cambio climático a nivel mundial y cada vez hay más áreas del planeta que están sufriendo sus consecuencias, ya sea en forma de lluvias torrenciales, inundaciones, enormes nevadas y granizadas, incendios devastadores, sequías, olas extremas de calor y también de frío, etc. Al mismo tiempo, es increíble ver cómo el ser humano es capaz de integrar y normalizar una situación global tan grave junto a eventos concretos devastadores, donde puede haber pérdida de vidas humanas y de otros seres vivos o daños materiales muy destructivos. Tal como declaró la presidenta del Boletín de Científicos Atómicos, Rachel Bronson: “Hemos entrado en un periodo que llamamos “nuevo anormal”. Este “nuevo anormal” que el mundo ahora habita es insostenible e inquietante. Parece que estamos normalizando un mundo muy peligroso”. Por desgracia, esto lo que genera una sociedad competitiva, que separa en lugar de unir, donde se fomenta la lucha entre las personas por alcanzar un estatus económico, un “estado del bienestar”, donde un problema solo es grave y alarmante si le afecta a uno mismo, en particular, o a la zona donde reside.

Frente a esta adaptabilidad egoica y la falta de iniciativas sociales, comunitarias, en busca de un cambio, de mejoras y beneficios comunes reales frente a la terrible destrucción que las actividades y la forma de vida del ser humano están causando sobre todo el planeta, en Estados Unidos se empezaron a poner en marcha movimientos, iniciativas, acciones y proyectos que, desde el pasado 6 de noviembre, fecha de las elecciones legislativas, pasaron a tener una representación política reconocida e impactante a través de Alexandria Ocasio-Cortez, que ganó el escaño del distrito 14 de Nueva York con un mensaje de lucha contra el cambio climático, contra la utilización de combustibles fósiles y a favor de las energías renovables, por la justicia social y la vinculación con el Green New Deal, que es una reforma ambiciosa que busca abordar el cambio climático y la desigualdad de ingresos al mismo tiempo. A principios de este mes de febrero de 2019, la Representante Alexandria Ocasio-Cortez y el Senador Ed Markey han presentado una resolución que describe los objetivos de la reforma, que incluye la transición del país a energía 100% renovable en la próxima década, la mejora de la infraestructura para que sea eficiente en energía, descarbonizando los procesos de fabricación y la agricultura, y la creación de nuevos empleos verdes junto con la promoción de una mayor justicia social.


Aunque mientras se expandía y fortalecía todo este movimiento en Estados Unidos, parecía que en Europa no pasaba nada, lo cierto es que sí que se estaba incubando y desarrollando un gran movimiento social que ha surgido desde la preocupación de los jóvenes, de los estudiantes, al ver que los políticos europeos no toman medidas para hacer frente al cambio climático y todo se reduce a reuniones y a leyes cuya implementación se programa a tan largo plazo que uno, además de sorprenderse, piensa que nunca llegarán a ser efectivas porque llegarán demasiado tarde.

Uno de los movimientos y organizaciones más destacados y conocidos es “FridaysforFuture”, un movimiento que comenzó en agosto de 2018 cuando Greta Thunberg, estudiante y activista sueca, se sentó frente al parlamento sueco todos los días escolares, durante tres semanas, para protestar contra la falta de acción en la crisis climática. Ella publicó lo que estaba haciendo en Instagram y en Twitter y pronto se volvió viral. A partir de septiembre, Greta Thunberg decidió continuar manifestándose todos los viernes hasta que las políticas suecas proporcionaran un camino seguro por debajo de los 2ºC, en línea con el acuerdo de París, y gracias a las redes sociales, con hashtags como #FridaysForFuture y #Climatestrike, muchos estudiantes y adultos comenzaron a protestar fuera de sus parlamentos y ayuntamientos locales en todo el mundo. Durante el mes de diciembre de 2018, Thunberg realizó un discurso en la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas (COP24) que le dio mayor notoriedad a nivel mundial y fortaleció la expansión de este tipo de movimientos, reclamaciones y manifestaciones sociales por toda Europa y también por muchos otros países de todo el mundo. En ese discurso, Greta Thunberg dejó claro que las personas que se manifestaban ya no creían en los políticos, que si el sistema no podía dar soluciones, entonces habría que cambiar el sistema, que había que escuchar a los científicos y que el verdadero poder pertenece a la gente. Thunberg también participó en el Foro de Davos (Suiza) el pasado 25 de enero, donde señaló que los políticos deben tomar grandes pasos para detener la crisis climática y proteger la Tierra para las generaciones futuras, y que la Unión Europea (UE) debe duplicar su objetivo de reducción de gases de efecto invernadero. De momento ha conseguido que el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, haya hecho esta declaración: “En el próximo periodo financiero de 2021 a 2027, uno de cada cuatro euros gastados dentro del presupuesto de la UE se destinará a medidas para mitigar el cambio climático”.

Greta Thunberg, llevando un cartel y participando en una manifestación en París

A partir de la organización “FridaysforFuture” se han desarrollado otras como “Youth For Climate”, que en España se ha establecido con el nombre de “Juventud por el Clima”. Desde principios de 2019, las manifestaciones por el cambio climático han ido en aumento por toda Europa y a finales de enero y durante el mes de febrero se ha llegado a cifras considerables, como las más de 80.000 personas que se manifestaron el domingo 27 de enero en pueblos y ciudades de Francia y las 70.000 que se manifestaron en Bruselas al mismo tiempo. Entre semana, las manifestaciones de estudiantes también han llegado a cifras elevadas, como los 35.000 estudiantes que se reunieron en Bruselas frente al Parlamento Europeo y los 15.000 estudiantes que se manifestaron en más de 60 pueblos y ciudades de todo el Reino Unido el día 15 de febrero, día en que miles de estudiantes también se manifestaron en distintas ciudades de Alemania.

El éxito de esta llamada, de este movimiento que está unificando a sectores diversos de la sociedad y en el que se van sumando personas de todas las edades, no solo estudiantes, ha creado reacciones de todo tipo, tanto de censura como de apoyo, en diversos estamentos políticos y sociales. Un ejemplo de descrédito es el de la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, que criticó a los estudiantes a través de un portavoz y dijo: “La interrupción aumenta la carga de trabajo de los maestros y desperdicia el tiempo de las lecciones que los maestros han preparado cuidadosamente”, pero rápidamente tuvo esta respuesta de Greta Thunberg, que tiene más de 175.000 seguidores en Twitter: “Los líderes políticos han perdido 30 años de inacción”. Por otro lado, muchos maestros y académicos de varios países están mostrando su apoyo a las manifestaciones y, como ha sucedido en el Reino Unido, están pidiendo que el tema de la crisis climática y ecológica sea una prioridad educativa.

En estos momentos se están preparando muchas concentraciones y manifestaciones, en muchísimos países, para realizar una gran huelga escolar climática coordinada a nivel internacional el viernes 15 de marzo. Cada vez son más los eventos programados que se suman a una lista donde están apareciendo localidades y países de todos los continentes, de todo el planeta. En el mapa que aparece a continuación se pueden observar, señalados en color granate, todos los eventos programados para el día 15 de marzo. Los otros colores señalan eventos que se realizan semanalmente, así que algunos también son efectivos para el 15 de marzo; el color gris hace referencia a eventos ya pasados.


En Estados Unidos, las huelgas climáticas están tardando más en arraigarse y expandirse, pero ya hay personas que se están manifestando y publicando sus acciones en las redes sociales, como es el caso de algunas personas que ya llevan semanas manifestándose frente a la sede de la ONU en Nueva York.
En España, las primeras ciudades que se sumaron a este movimiento fueron Girona, Barcelona y Madrid; en estas ciudades ya se han hecho concentraciones y “sentadas”, normalmente los viernes. También, recientemente, ha nacido la plataforma “Juventud por el Clima”, que a través de sus perfiles en redes sociales busca ejercer de “paraguas” que aglutine los intereses de los diferentes colectivos que, de momento, han emergido también en Asturias, Cádiz, Alicante y Valencia. A través de un documento, y tal como está sucediendo en otros países, muchos académicos, en su mayoría profesores de universidad e investigadores, han expresado su apoyo a la iniciativa de huelga climática internacional convocada por los estudiantes para el próximo día 15 de marzo en demanda de medidas contra el cambio climático. Estos académicos también han expresado que “en el Estado español sorprende el silencio climático y la falta de voluntad política para enfrentar el problema, sobre todo porque la Península Ibérica es extremadamente vulnerable al cambio climático” y han añadido que ante la “ineficaz acción política climática global y los perturbadores escenarios que acechan nuestro futuro común, como miembros de la comunidad científica y educativa, ofrecemos nuestro pleno apoyo a los estudiantes que están organizando una huelga el 15 de marzo en diferentes ciudades del estado español para pedir a todas las instancias gubernamentales que declaren la emergencia climática”.

Cartel publicitario “Sentada por el Clima” en Madrid
 
Junto a la extrema gravedad de la crisis climática, del avance de la sexta extinción masiva y de muchos conflictos políticos y armados, también se fortalecen y se ponen en marcha proyectos que muestran una voluntad de cambio, un aumento de la conciencia del ser humano y del deseo y necesidad de agruparse, unirse, para desarrollar planes de acción que impulsen cambios que contrarresten todo lo que está destruyendo y desequilibrando el planeta, la biosfera como sistema de vida. Algunos ejemplos son los movimientos por la defensa del agua, que muchos consideran que nacieron con las protestas de los nativos americanos en la Reserva Standing Rock, movimientos como los que defienden y promueven la eliminación de presas de los ríos o incluso como el que está sucediendo en la ciudad de Toledo (Ohio-Estados Unidos), donde los habitantes de la ciudad votarán una medida radical para reconocer que un cuerpo de agua, el Lago Erie y su cuenca, tiene derechos legales, algo que ya ha sucedido en países como Ecuador y Bolivia, donde ya hay leyes nacionales por los derechos de la naturaleza. Otros proyectos interesantes e importantes, impulsados por diversas organizaciones en varios países, son los que se centran en impulsar el desarrollo de una localidad para que pueda abandonar el consumo de energías contaminantes y pasar a energías renovables mientras se cuida y promueve la economía local, la participación de la sociedad en esos proyectos y que todos los sectores se sientan atendidos y se puedan enfocar en un bien común. Otro proyecto y organización importante es “Justice4Climate”, que engloba a ciudades, ONG y juristas con la finalidad de recurrir a los tribunales para obligar a los Estados a cumplir sus compromisos medioambientales. Relacionado con esta organización está el “C40”, que es una red de 95 ciudades de todo el mundo, donde, entre otras, se encuentran París, Barcelona y Madrid, agrupadas para emprender acciones contra el cambio climático y por la calidad del aire.

Todas las acciones que se ponen en marcha son importantes, tanto las globales como las locales, ya que todas van a tener su influencia, su efecto, su mensaje para que se pueda avanzar más hacia un cambio de mentalidad y de conducta del ser humano, un cambio de su nivel de conciencia para poder frenar el colapso de la biosfera, la extinción masiva y todo el gran desequilibrio de los patrones climáticos que estamos experimentando y que cada vez es más extremo y potencialmente peligroso para todos los seres vivos que habitamos este bellísimo y maravilloso planeta. 


Fuentes: