domingo, 30 de mayo de 2021

Evento del mes de mayo

 Redactado y publicado por David Arbizu

LA INFERTILIDAD DE LAS ESPECIES DEBIDO AL CALENTAMIENTO GLOBAL, UNA DE LAS CAUSAS PRINCIPALES DE LA SEXTA EXTINCIÓN MASIVA

Desde hace años, muchas investigaciones focalizadas en la extinción de especies de todo tipo se han focalizado en lo que se llama “temperatura letal” de una especie, que es la temperatura a partir de la cual la especie ya no puede sobrevivir, y cómo esto provoca migraciones forzadas, si la especie está capacitada para hacerlo y lo hace a tiempo, y reajustes para intentar adaptarse a temperaturas demasiado elevadas para su supervivencia, o mortandad y en algunos casos extinción.

Varios artículos científicos publicados recientemente, durante el mes de mayo de 2021, alertan sobre un aspecto al que no se le había dado excesiva importancia y que puede ser más determinante que la temperatura letal, y es la temperatura, el grado de calor a partir del cual existe un grave deterioro de las condiciones reproductivas de una especie, algo que demuestra con rotundidad cómo el calentamiento global afecta gravemente al funcionamiento de los sistemas reproductivos, que este grado de calor está por debajo de la temperatura letal y que puede ser una causa determinante de extinción de especies que requiere una atención prioritaria. Tal como señala el doctor Steven Parratt, investigador principal de la Universidad de Liverpool: “Desgraciadamente, no tenemos forma de saber qué organismos son fértiles hasta su temperatura letal y cuáles se esterilizan a temperaturas más bajas. Así que muchas especies pueden tener una vulnerabilidad oculta a las altas temperaturas que ha pasado desapercibida. Esto dificultará la conservación, ya que podemos estar sobrestimando el rendimiento de muchas especies a medida que el planeta se calienta”.

El estudio publicado recientemente se realizó sobre 43 especies de moscas de la fruta, y se pudo constatar que los machos de casi la mitad de las especies se volvían estériles a partir de una temperatura concreta, algo que se denomina “infertilidad térmica”. La infertilidad afecta más a los machos y antes que a las hembras en relación con el aumento de temperatura, pero en las hembras también se advierten disminuciones de reservas ováricas y sobre todo aumento de riesgos durante el embarazo. Esto tiene una relación directa con otro estudio publicado este mes que relaciona el aumento de las temperaturas con el incremento de mortinatos, algo que se ha comprobado en varias especies de animales y en el ser humano, porque se ha constatado que mujeres embarazadas que estuvieron expuestas a temperaturas ambientales muy elevadas durante su embarazo presentaban un mayor riesgo de muerte fetal.


Aunque los estudios actuales respecto a la infertilidad térmica se centran en animales, es lógico que también suceda lo mismo en el mundo vegetal. Para poder sobrevivir y reproducirse, la propia inteligencia e instinto de cada especie va a generar un tipo de respuesta concreta dependiendo de las capacidades de la especie, incluso de su genética y su rapidez y dinamismo para realizar cualquier cambio de aclimatación o migración. Lo que ahora se está viendo en el planeta son grandes migraciones de especies que abandonan las zonas y ecosistemas, donde siempre habían existido, para desplazarse a zonas más frescas y húmedas del planeta, algo que normalmente significa un movimiento hacia los polos. Cada una de estas migraciones está expresando un “efecto mariposa”, y es un cambio que provoca un reajuste completo de la biodiversidad y la cadena alimenticia global, aunque pueda parecer que solo incida sobre la zona que abandona la especie y sobre la que ingresa.

La rapidez y efectividad de ese reajuste necesario también dependen del estado de salud de la biosfera del planeta, porque todo está interconectado y en plena dependencia. Con todo el deterioro causado por el ser humano sobre la naturaleza, podemos pensar que ese reequilibrio va a ser muy complicado y que, por el contrario, se van a crear desajustes fenológicos, pérdida de otras especies o migraciones de otras siguiendo a la que forma parte de su alimentación y supervivencia, además de formación de plagas y transmisión de enfermedades, y todo ello va a seguir impulsando la extinción masiva.

Ya hace muchos años que se investiga la pérdida de fertilidad a altas temperaturas en todo tipo de animales, desde cerdos hasta avestruces, pasando por peces, flores, abejas e incluso seres humanos, pero hasta ahora eran investigaciones aisladas, sin una perspectiva global ni relacionadas con la extinción de cada especie ni su relación con la extinción masiva. Ahora se considera que posiblemente la mitad de las especies del planeta sean vulnerables a la infertilidad térmica.

Normalmente los estudios se centran más en los machos, que son los que muestran con más claridad las señales de infertilidad. Ahora es ampliamente conocido que hay un gran aumento de infertilidad en el género masculino del ser humano, con un deterioro y disminución constante de la cantidad y calidad de sus espermatozoides, pero también en el género femenino se han observados alteraciones en la ovulación y especialmente durante el embarazo. Muchos estudios demuestran que este aumento de la incapacidad reproductiva está relacionado con toda la contaminación que entra en nuestros cuerpos continuamente, desde la alimentación hasta toda la exposición diaria a sustancias químicas e incluso elementos sensoriales. Muchos productos químicos, además de provocar enfermedades como el cáncer, perjudican nuestros sistemas de reproducción, y cada vez está más claro todo el daño que causan los plásticos, toda la contaminación atmosférica, la contaminación lumínica y la acústica. A esto hay que añadirle todo el estrés que nos llega desde la forma de vida insalubre que hemos creado en nuestras urbes, al que se añade el que nos llega por la propia crisis climática, porque tanto instintivamente como subconscientemente sabemos que las condiciones de vida se van a deteriorar cada vez más en todos los sentidos, de manera que también hay que considerar todas las preocupaciones emocionales y mentales.

Dejando a un lado al ser humano, que ha perdido su parte de conexión con el planeta y la biosfera, y también con su propia naturaleza como ser vivo que requiere unas condiciones que no va a poder fabricar artificialmente, algunas especies ya están reaccionando para poder cumplir con su instinto de reproducción, que es el que va a mantener la existencia de la especie integrando los ajustes necesarios para llevarla a cabo. Uno de los ejemplos más claros es el que nos muestran las tortugas, que están cambiando sus lugares de anidación buscando zonas más frías, algo que se ha constatado con una disminución de tortugas desovando en litorales del norte de África, lugares hasta ahora preferidos para hacerlo, y un aumento de desoves en playas del norte del Mediterráneo español.


Al igual que sucede con otros reptiles, las temperaturas externas que afectan al huevo determinan el sexo de la cría. Cuanto más elevadas son las temperaturas, mayor es el aumento del nacimiento de hembras y menor el de machos, y esto significa un desequilibrio para la especie con signos de extinción si no hay suficientes machos para cumplir su parte reproductiva. Por lo tanto, existe un discernimiento que está en la conciencia de la especie, y la hembra actúa y decide buscar zonas más frías que no pongan en peligro su especie por falta de nacimiento de machos; por lo tanto, se puede decir que hace lo posible para corregir los efectos negativos del clima. Esto ha sido fácil de observar con las tortugas al desovar en las playas, pero pueden estar haciéndolo muchas otras especies, tanto de reptiles como de anfibios. También otras especies de animales, mamíferos, peces y/o aves, pueden estar cambiando rutinas, hábitats o haciendo migraciones diversas para poder mantener su nivel de apareamiento y fertilidad. 
Esto también es interesante si se analiza desde ese aspecto de toma de decisiones, donde los individuos más líderes o atrevidos de una población son los que van a implementar en primer lugar ese cambio para que luego esa modificación sea integrada y adquirida por toda la población o por toda la especie, así que nos encontramos ante un “Efecto del Mono número 100” muy interesante y demostrativo de una inteligencia y conciencia de los seres vivos, que al menos en este caso se podría decir que supera a la del ser humano.

La relación entre especies también va a ser fundamental para que esos cambios sean efectivos. Por ejemplo, si las tortugas desovan en playas con temperaturas más adecuadas pero que son hábitats de especies que pueden devorar sus huevos o atacar a las tortugas recién nacidas, ya sea en la arena como en el agua, el cambio no va a ser tan positivo, pero al mismo tiempo es comprensible que el animal buscará todas las condiciones óptimas, no solo la temperatura sino todas las características y formas de vida del lugar para que sus huevos y los recién nacidos estén en el menor riesgo posible.
Desgraciadamente, un riesgo que los animales evitan, pero no siempre consiguen hacerlo, es la presencia del ser humano con su falta de respeto y de conciencia para invadir y destruir en un momento lo que para otra especie es el fruto de un proceso evolutivo donde se refleja la fuerza de vida de la biosfera, del campo de energía equilibrado que forma toda la vida interconectada con ciclos, sistemas, patrones climáticos, estaciones, etc. y que es uno de los valores tan maravillosos de este planeta.

Como un apunte interesante relacionado con este tema, ahora se está investigando cómo el entorno acústico afecta al embrión, cómo la escucha transmite la información de las condiciones externas y eso también implica cambios que afectan a su desarrollo y nacimiento. En este sentido, Mylene Mariette, de la Universidad de Deakin (Australia), explica: “Hemos encontrado pruebas de que esto ocurre en las aves, donde las llamadas de los padres pueden advertir a los embriones sobre las olas de calor o los depredadores”, y añade: “Por ejemplo, en todos los grupos de animales que ponen huevos, como los insectos, las ranas, los reptiles y las aves, los embriones utilizan el sonido o la vibración para saber cuándo es el mejor momento para eclosionar. Esto sugiere que es probable que la programación acústica del desarrollo se produzca en muchas especies animales y en toda una serie de condiciones. Pero, hasta hace poco, no sabíamos que ocurría”.

Así que el sonido es muy importante, es el mensajero del mundo externo en el momento presente y también en el futuro si los padres están advirtiendo de la llegada de posibles depredadores u olas de calor. El feto humano también escucha los sonidos externos, y hay un estudio interesante sobre bebés de padres chinos, que durante la gestación habían escuchado el idioma mandarín y que justo al nacer fueron adoptados por padres franceses, así que durante sus primeros años de vida solo escucharon francés, pero al escuchar el mandarín eran capaces de entender la diferente entonación semántica de ese idioma, una entonación que no tiene el francés.

Entonces, la contaminación acústica es muy negativa para el desarrollo de las especies. Imaginemos huevos de tortuga en una playa donde se hacen actividades con motos de agua, o huevos de aves en bosques donde hay deforestación y tala de árboles con sierras eléctricas y otra maquinaria pesada, o el embrión de una ballena recibiendo todo el impacto de las ondas emitidas por los barcos que buscan petróleo en el fondo oceánico, o todas las pruebas militares tanto en la atmósfera, en tierra o en los océanos. 

Todo forma parte de la crisis planetaria y la sexta extinción masiva, y de momento la situación global sigue en continua degradación debido a todo lo que significa el Antropoceno. Hace pocos días que se ha publicado una actualización climática realizada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) que indica que existe una probabilidad del 40% de que el planeta alcance un incremento de temperatura global de 1,5ºC con respecto a niveles preindustriales en, al menos, uno de los próximos 5 años. Si el ser humano no cambia y esto no se detiene, ningún ser vivo, el humano incluido, va a encontrar condiciones mínimas adecuadas para la vida y la reproducción en ninguna parte del planeta, y si no hay posibilidad de engendrar vida, la biosfera colapsará. Esperemos no tener que llegar a un nivel de destrucción mucho mayor del que ya hay ahora para no sobrepasar más puntos de inflexión de los que ya hemos sobrepasado, y que la posibilidad de reequilibrio y de reparación sean una verdadera realidad en este espléndido planeta lleno de vida.




Fuentes:

domingo, 25 de abril de 2021

Evento del mes de abril

Redactado y publicado por David Arbizu

REWILDING: LOS GRANDES BENEFICIOS DE RESILVESTRAR Y RENATURALIZAR ECOSISTEMAS DEGRADADOS
Una de las noticias impactantes publicadas durante el mes de abril de 2021 hace referencia a que solo un 2,8% de la superficie del planeta se mantiene con una huella humana baja, con un hábitat intacto y una mínima pérdida de especies, algo que se define como “integridad ecológica”. Esta integridad ecológica solo se encuentra en regiones prístinas donde no ha habido una actividad o influencia humana que haya desequilibrado el ecosistema provocando cambios estructurales y biológicos, dañando esa integridad. El porcentaje estimado en estudios anteriores era de entre el 20% y el 40%, pero no tenía en cuenta cualquier pérdida o reducción de especies, algo que ahora sí se ha contabilizado, especialmente si tiene relación con esa influencia antropogénica negativa como, por ejemplo, la llegada de especies invasoras fruto de actividades humanas, aunque a veces no se califique como “impacto humano” directo.

Frente al deterioro de ecosistemas, e incluso frente al avance de la sexta extinción masiva, ya hace muchos años que científicos, expertos y estudiosos de áreas naturales, de la biodiversidad y también del planeta como una entidad dinámica, con áreas con su propia idiosincrasia, con su forma de operar específica pero vinculadas a un equilibrio global que define a este planeta que cada vez más personas denominan Gaia, empezaron a impulsar iniciativas que iban más allá de las protecciones que ofrecen los parques naturales, las reservas, o la atención enfocada en recuperar y/o preservar una especie animal o vegetal concreta. Estas iniciativas, estudios y planteamientos se basan y dan forma al concepto de “Rewilding”, que se podría traducir como “resilvestración”, aunque muchos artículos que tratan este tema lo denominan “reconstrucción” o también “restauración ecológica”.

En todo caso, la meta del rewilding es conseguir que una zona o espacio, que normalmente se considera un ecosistema, se conserve salvaje o recupere su estado salvaje restaurando todo lo que formaba parte del estado silvestre del lugar antes de cualquier influencia humana. Por lo tanto, al hablar de reconstrucción o restauración, queda claro que normalmente no se trata de un abandono súbito de un lugar para que la naturaleza haga su curso sin ningún tipo de control o análisis de la situación y estado de salud de cada ecosistema, sino que se estudian y deciden unas pautas a seguir para que el rewilding sea efectivo y se pueda generar un espacio que recupere su estado silvestre de forma equilibrada y saludable, con una asistencia del ser humano para impulsar la recuperación facilitando que vuelva a tener la estructura biótica y la biodiversidad que había tenido antes de la depredación y de cualquier tipo de desajuste provocado directa o indirectamente por el propio ser humano, pero también desde el conocimiento de que todo espacio natural es dinámico y crea sus flujos y compensaciones frente a los diversos efectos que van surgiendo por el simple hecho de ser un ecosistema, un espacio vivo.


La experiencia obtenida gracias a muchas acciones realizadas en muchas partes del mundo demuestra que se trata de una acción compleja. De hecho, este tipo de restauración ecológica también tiene muchos detractores, mayormente porque consideran que de algún modo sigue siendo una intrusión sobre ecosistemas que ya han cambiado, que no son los mismos que cuando, por ejemplo, había bisontes y lobos en esas tierras, o cuando las ballenas llegaban a unas costas concretas para alimentarse o parir a sus crías, o cuando un tipo de ave rapaz dominaba los cielos de un lugar y fue exterminada por cacerías realizadas durante el siglo XIX. Estos son factores que tienen que ver con la reintroducción de especies de animales o plantas que fueron exterminadas y pertenecían al ecosistema que se esté evaluando, y son acciones que en muchos casos se llevan a cabo al realizar una restauración ecológica. En este sentido, efectivamente ha habido casos con resultados negativos, como la reintroducción de bisontes en la isla de Børnholm (Dinamarca), donde se habían extinguido hace 10.000 años y ahora contraen un parásito que ataca su hígado y los acaba matando, un parásito que seguramente no estaba allí hace 10.000 años. Otro caso sobre el que alertan algunos expertos es el de la posible reintroducción del lince europeo en Escocia, en lugares en los que se considera que no hay linces desde la Edad Media, donde posiblemente pueda ser útil para equilibrar el exceso de población de grandes herbívoros, pero donde pondría en peligro especies de aves como, por ejemplo, el urogallo, que ni siquiera sabría cómo reaccionar ante un depredador que no reconoce porque hace cientos de años que no interactúa con él.

Pero el rewilding también puede implicar eliminar barreras físicas como presas y grandes vallados, crear corredores para facilitar los desplazamientos de especies e incluso realizar reforestaciones concretas o reconfigurar espacios acuáticos, como lagunas o marismas, para que pueda haber una recuperación de los factores abióticos, que incluyen los componentes físicos y químicos que afectan al funcionamiento de un ecosistema, como la llegada o no de la luz solar, las condiciones y estado de salud a nivel de nutrientes del suelo, los grados de temperatura y humedad que se pueden sostener, e incluso la contaminación acústica, especialmente en ecosistemas acuáticos, algo que tiene una relación directa con otro factor importantísimo, que es la reducción y control de cualquier gestión activa humana.

Los estudios más importantes sobre el rewilding coinciden en que para realizar una correcta evaluación de reconstrucción se debe tener en cuenta la reducción de cualquier producto material que sea extraído por el ser humano, la complejidad trófica, la dispersión o conectividad del paisaje, y la restauración de la estocasticidad natural, que se refiere a la probabilidad de que, por puro azar, una población de habitantes de un ecosistema concreto se vea gravemente afectada por alguna catástrofe natural (estocasticidad ambiental) o por un vaivén demasiado marcado de la variación habitual del número de individuos (estocasticidad demográfica).
Al mismo tiempo que se evalúan todos estos aspectos, también hay que considerar lo que se denomina “atributos socioeconómicos”, porque una de las metas del rewilding también es el bienestar y mejora de la salud de los seres humanos. Para ello es necesario que las comunidades humanas cercanas a los ecosistemas restaurados puedan beneficiarse de ellos, por ejemplo con actividades turísticas u otras relacionadas con el contacto con esa naturaleza que ha recuperado su parte salvaje, mostrando los beneficios que aportan tanto la conexión como el respeto, mostrando cómo un ecosistema equilibrado en toda su estructura, sin abuso ni destrucción humana, es básico para reciclar y purificar el aire, el agua, para prevenir inundaciones, para sostener la compacidad del suelo, para contener la formación de posibles plagas de todo tipo, para almacenar carbono y ser un elemento básico de las medidas para detener el calentamiento global y la crisis climática y, algo de especial relevancia en estos momentos, para mantener la distancia saludable entre la vida salvaje y la actual forma de vida humana, una distancia que dificulta la llegada de patógenos que puedan infectar al ser humano y provocar pandemias extremadamente mortales. 

Todo ello significa un mayor nivel de conciencia y comprensión de la naturaleza por parte del ser humano, un equilibrio entre la forma de vida moderna, tanto rural como urbana, y un estado de la naturaleza más salvaje que muestra los beneficios que puede aportar y que acerca al ser humano a una percepción del planeta como una entidad viva, donde hay cabida para una enorme biodiversidad y sistemas diversos de los cuales sentirse orgulloso y con los cuales se puede cohabitar desde el respeto e incluso gracias a tecnologías bien aplicadas en busca del equilibrio más apropiado para todos los seres vivos, incluida la propia Tierra. De hecho, varias investigaciones han concluido que la restauración de un tercio de las áreas más degradadas del planeta lograría almacenar carbono equivalente a la mitad de todas las emisiones de gases de efecto invernadero emitidas desde la revolución industrial, y que, además, se evitaría el 70% de las extinciones de especies. Esto tiene una relación directa con el acuerdo “30x30” elaborado por el Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB) de la ONU, que se propuso en la Cumbre sobre Biodiversidad celebrada el 30 de septiembre de 2020. Esta propuesta, conocida como “30x30” implica convertir el 30% del planeta en áreas protegidas para el año 2030.


Frente a la gestión de control continuo que se realiza en los parques naturales y reservas, el objetivo de la restauración o reconstrucción ecológica también es dejar que la naturaleza siga su curso, permitir que gestione los ecosistemas una vez evaluados y llevadas a cabo las acciones consideradas necesarias para la correcta restauración. Se ha demostrado que los lugares autorregulados son más sostenibles a largo plazo, pero también que no se puede prever con seguridad cómo va a responder un ecosistema a partir de un proceso de restauración, porque son muchos los factores que determinan su funcionamiento y capacidad de resiliencia. Por ejemplo, cada vez son más las tierras que se abandonan en todo el mundo, y el rewilding plantea renaturalizar esos espacios para que no se pierdan al haber sido degradados por las actividades humanas. Por ejemplo, las grandes granjas abandonadas, donde vivían animales herbívoros domésticos, se degradan rápidamente cuando ya no están estos animales, se llenan de matorrales que no ayudan a la recuperación natural porque el suelo también se ha desequilibrado, pero con la introducción de animales que pertenecían a ese ecosistema se recupera el equilibrio del suelo, el crecimiento de plantas propias del lugar y la llegada de otros animales que hacen prosperar la salud de la tierra y reestablecen la cadena trófica.

Cualquier reintroducción en un ecosistema de una especie animal o vegetal que se hubiera extinguido o que ya no vivía en ese lugar por cualquier motivo, va a crear un desajuste, un movimiento de aclimatación de todo el sistema a esa nueva especie. Por ejemplo, la salud del suelo, su oxigenación y contenido de nutrientes depende en gran medida de animales que pasan parte de su vida bajo la superficie y cazan o hacen corredores y madrigueras subterráneas, como es el caso de muchos roedores pero también de la mayoría de invertebrados como caracoles e insectos, y se ha demostrado que cuando en un lugar no hay mamíferos grandes, entonces aumentan las interacciones de las otras especies y su entorno abiótico, mejorando las propiedades químicas y nutricionales del suelo, algo que permite el crecimiento de plantas que saben beneficiarse de esa situación al no ser consumidas por grandes herbívoros. Pero, por otro lado, también se ha demostrado que cuando falta cualquier especie que forma parte de un sistema ya equilibrado, entonces disminuyen las interacciones entre el mundo vegetal y las bacterias del suelo y todos los componentes del ecosistema quedan menos acoplados. Por eso no se puede obviar la importancia de los grandes herbívoros ni de los depredadores del ecosistema, pero tampoco de los carroñeros, todo forma parte de la cadena trófica y de la salud de cada enclave natural libre.

Un ejemplo destacable de recuperación salvaje de un amplio espacio, aunque en este caso sin la colaboración del ser humano, solo son su abandono, lo encontramos en Chernóbil, donde ha aumentado notablemente todo tipo de vida animal y vegetal. También hay muchos casos donde se ha realizado la restauración siguiendo una hoja de ruta bien planificada que ha logrado resultados muy positivos, como es el caso del delta del río Oder, en la laguna de Szczecin, ubicada a lo largo de la costa báltica entre Alemania y Polonia. En esta zona se han reintroducido águilas de cola blanca, bisontes y castores, y se han desarrollado rentables negocios de turismo natural. Los investigadores que desarrollaron la hoja de ruta explicaron que lo importante no es querer conseguir un ecosistema idílico, sino analizar toda la situación del sistema en la actualidad y tratar de restaurar procesos interrumpidos mientras se minimiza la actividad humana, entendiendo que hay que permitir obrar a la dinámica natural, a la resilvestración, y que hay resultados a corto, medio y largo plazo que serán los que determine la propia naturaleza.

En Europa destaca el trabajo de Rewilding Europe, una fundación independiente sin fines de lucro que se estableció formalmente en junio del 2011 en los Países Bajos y que ha ido creciendo y progresando para implementar el rewilding y también para concienciar a las personas sobre la necesidad de recuperar la naturaleza salvaje, tanto para respetarla como para reconectarse con ella desde los valores más elevados y constructivos, consiguiendo al mismo tiempo que prosperen economías locales con una nueva visión de futuro. En la actualidad, esta organización está trabajando principalmente en la restauración de ocho grandes áreas, y dos de los animales más impactantes que se están introduciendo en zonas donde se habían extinguido son el bisonte europeo y el castor. Como todas las especies, ambas son fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas. El bisonte es un gran caminador que mueve la tierra a su paso y equilibra el crecimiento de los vegetales que ingiere, y el castor es uno de los grandes “ingenieros de ecosistemas” al talar árboles y construir presas que facilitan el flujo de los ríos, evitan inundaciones y permiten que muchos animales se beneficien de sus construcciones. Otro animal que se está extendiendo rápidamente es el jabalí, que mayormente no se ha necesitado reintroducir. Estos animales también facilitan y hacen necesaria la expansión y aumento de depredadores como el lince, el lobo y el oso, de lo contrario se produciría un desequilibrio por un exceso de las especies que no tuvieran depredadores directos, algo que ya está sucediendo con el jabalí y su expansión invadiendo muchas zonas habitadas de muchos países. Al mismo tiempo, el lobo y el oso son los animales que entran más en conflicto con los intereses del ser humano, especialmente con los ganaderos, ya que al lince normalmente no le gusta salir de su hábitat para cazar. Pero también cada vez llegan más noticias de ganaderos que han encontrado formas de detener a los depredadores, muchas veces con perros adiestrados cuya misión es que el otro animal decida no acercarse a las zonas que ellos protegen.

Cuando un ecosistema está equilibrado, todos los animales forman parte de su engranaje y cualquiera es imprescindible para la existencia de un ambiente estable y con las mejores condiciones para sustentar todas las formas de vida que contiene. Un ejemplo de ello es una noticia que hace muchos años ya circuló por las redes sociales explicando cómo la reintroducción de lobos en el Parque Nacional de Yellowstone (USA), en 1995, provocó la reaparición de muchas especies vegetales que el exceso de ciervos había llevado a su extinción. Los herbívoros cambiaron su comportamiento manteniéndose en zonas más elevadas para evitar a los lobos, y esto facilitó que se empezara a regenerar la vida en los valles y praderas, que se poblaran de bosques y vegetación y consecuentemente de animales que viven gracias a esa parte del mundo vegetal, como castores, todo tipo de roedores, reptiles, nutrias, etc., que a su vez facilitaron el establecimiento de sus respectivos depredadores particulares, como algunas aves rapaces. Además, lo más significativo fue que la recuperación de la vegetación en los valles fortaleció la compacidad del terreno, de forma que el cauce de los ríos, que habían perdido parte de su fuerza y flujo debido a la debilidad de las riberas, se estabilizó al recuperarse la fuerza del suelo, facilitando la recuperación de charcas necesarias para otras formas de vida y la estabilidad de la corriente necesaria para muchas especies de peces y anfibios. Así que en realidad podemos decir que, en un ecosistema natural completo, todos los animales y plantas son ingenieros del ecosistema donde residen. Y esto también es aplicable a los ecosistemas acuáticos, donde tenemos el ejemplo de los tiburones, comparable al de los lobos de Yellowstone, como peces imprescindibles para el buen funcionamiento de la biodiversidad y el equilibrio de espacios marinos. De hecho, se considera que ver tiburones en un ecosistema es señal de su buen estado de salud.

Como conclusión, el rewilding se tiene que observar desde su perspectiva de regeneración y restauración con visión de futuro, con todo ese aspecto principal de regresar a ese estado de naturaleza más salvaje que aporta beneficios en todos los sentidos, para toda la biodiversidad, para la biosfera, para el planeta, y que también tiene en consideración los factores socioeconómicos para que sea implementable, para que se abra la mente del ser humano a esa posibilidad que aporta un amplio abanico de beneficios, donde también destacan los relacionados con la salud frente a microbios, la absorción de dióxido de carbono y el equilibrio de los patrones climáticos. También se tiene que observar reconociendo el análisis profundo que requiere cada ecosistema y que algunas partes de la Tierra pueden estar ya tan deterioradas y cambiadas que la restauración no sea la solución ideal y requieran otro tipo de acciones de recuperación y sanación. En todo caso son acertadas y celebradas estas palabras de Frans Schepers, director general de Rewilding Europe: “Rewilding devuelve la vida a nuestros paisajes. Nos ayuda a reconectarnos con las maravillas de la espectacular naturaleza salvaje de Europa. Es nuestra mejor esperanza para un futuro en el que las personas y la naturaleza no solo coexistan, sino que prosperen”.




miércoles, 31 de marzo de 2021

Evento del mes de marzo

Redactado y publicado por David Arbizu

LA SIEMBRA DE NUBES
Al hablar de geoingeniería, normalmente parece que se está hablando de tecnologías y programas que se han desarrollado recientemente, como si fuera algo de este siglo, pero hace décadas que se realizan investigaciones de todo tipo para realizar intervenciones climáticas, para intentar dominar factores climáticos, ya sea provocándolos o deteniéndolos. De hecho, ya hace muchos años que es de dominio público la existencia del HAARP (Proyecto de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia), cuya primera instalación se ubicó en Alaska en 1993 y dio paso a muchas otras estaciones similares ubicadas por todo el mundo. En general, se sabe que este tipo de estaciones de antenas apuntando a la ionosfera pueden crear distorsiones de todo tipo, y se han relacionado con el desarrollo de catástrofes naturales e incluso de problemas de salud.

Quizás el término más conocido y utilizado a nivel general es el de “chemtrails”, o estelas químicas, y aunque sigue habiendo muchas personas e incluso científicos que niegan su existencia, cada vez hay más investigaciones e incluso documentos fotográficos que lo confirman con rotundidad. Fue a finales del siglo pasado cuando en muchos países se empezó a hablar de las nubes artificiales generadas a partir de las estelas de los aviones, y durante años se consideró que su misión principal era fumigar yoduro de plata en la atmósfera con la intención de reflejar la luz solar y debilitar el calentamiento global. Con el paso de los años y las declaraciones de personas afectadas, desde ecologistas y científicos hasta agricultores y responsables de espacios naturales, se ha demostrado cómo los productos químicos rociados acaban llegando al suelo, contaminando la tierra, los sistemas acuáticos y a todos los seres vivos. Un ejemplo concreto se encuentra en las pruebas que se realizaron hace más de diez años en el suelo y las fuentes de agua del área del Monte Shasta (California-EE. UU.), que mostraron el alto nivel de contaminación provocado por el bario, el aluminio y el estroncio que había llegado desde las fumigaciones, desde los chemtrails. Al mismo tiempo, muchas personas constataban cómo tras el paso de algunos aviones se disipaban las nubes, nubes típicas de tormentas y lluvias, y no llegaba a caer la lluvia prevista.


La siembra de nubes, o siembra glaciogénica, se basa en la introducción de aerosoles en las nubes que contienen agua líquida superenfriada, lo cual provoca la nucleación de cristales de hielo y la consecuente formación de partículas de hielo, que cuando alcanzan tamaños suficientemente grandes pueden caer como gotas de lluvia o nieve. En 1955 ya se descubrió que el yoduro de plata causaba la nucleación, y que también lo hacía la introducción de hielo seco (dióxido de carbono sólido). Actualmente, aparte de la utilización de estos dos componentes, también se ha utilizado propano líquido y otros materiales higroscópicos, que son todos los compuestos que atraen agua en forma de vapor o de líquido y que incluyen la sal de mesa. Algunos de estos productos facilitan la nucleación y formación de cristales de hielo en nubes donde las temperaturas son más elevadas, ampliando así las posibilidades de realizar siembras en más tipos de nubes y con menos limitaciones relacionadas con las temperaturas.

Como sucede en gran parte de la tecnología desarrollada por el ser humano, las primeras investigaciones dentro del campo de la geoingeniería tuvieron propósitos militares y se realizaron desde los países más potentes y más ambiciosos a nivel mundial. El país más destacable dentro de esta línea tecnológica es Estados Unidos, donde desde mediados del siglo pasado se pusieron en marcha varios proyectos relacionados con la gestión de la radiación solar, la electricidad de la atmósfera, y en especial de la ionosfera, junto con otros relacionados con la fumigación de químicos en el aire para conseguir resultados como la creación de tormentas eléctricas, fuertes lluvias, huracanes o también persistentes sequías para perjudicar zonas o países enemigos. Un ejemplo de este tipo de maniobras militares fue la denominada Operación Popeye, que tenía como objetivo generar suficiente lluvia para interrumpir las rutas de suministro enemigas en la guerra de Vietnam. Después, en 1977, un tratado internacional prohibió el uso de modificaciones climáticas con fines militares.

A partir de los avances alcanzados en este tipo de proyectos, se empezó a contemplar el control del clima no solo con fines bélicos sino con fines económicos e incluso medioambientales. A principios de la década de 1960, en Estados Unidos se financió una serie de experimentos de siembra de nubes conocidos como Proyecto Skywater, destinados a impulsar los recursos hídricos en los estados occidentales de Estados Unidos. También otros países empezaron a realizar pruebas, aunque en todos los casos siempre era muy difícil poder cuantificar la eficacia de la siembra, si realmente las precipitaciones o nevadas tenían una relación directa con la manipulación realizada. Fue especialmente a partir del año 2017 cuando gracias a los avances tecnológicos, con sistemas de radar y otras tecnologías, se empezaron a realizar mediciones fiables que demostraban que la siembra de nubes daba buenos resultados. Esto estuvo ligado con el inicio del Proyecto SNOWIE en Estados Unidos, que representó una aceleración y multiplicación de las investigaciones creando mejoras a nivel tecnológico que tuvieron su repercusión a nivel global y que amplificaron el abanico de utilidades que podía ofrecer la siembra de nubes.

Además de Estados Unidos, otros países que destacan por realizar asiduamente la siembra de nubes y desarrollar proyectos para impulsar esta tecnología son China, India, Australia, Israel, Emiratos Árabes Unidos y algunos países del África subsahariana, aunque cada vez son más los países que están haciendo pruebas y considerando su implementación. Muchos países buscan el aumento de precipitaciones en forma de lluvia directa, pero también se pretende que aumenten las nevadas sobre las zonas montañosas donde ha ido disminuyendo la cantidad de nieve anual registrada. Otros beneficios obtenidos son evitar perjudiciales caídas de granizo, especialmente sobre zonas agrícolas, disipar la niebla, algo que ya se ha realizado en algunos aeropuertos, y reducir la formación de relámpagos.

Aparte de los proyectos oficiales de algunos países o regiones, actualmente existen decenas de empresas privadas que ofrecen los servicios de siembra de nubes. Normalmente la siembra se realiza desde un avión que utiliza bengalas de combustión y/o bengalas expulsables para liberar los aerosoles, algo que se puede hacer atravesando la nube o sobrevolándola por encima. Últimamente está aumentando la utilización de drones en lugar de aviones, y también se va avanzando en técnicas para elevar desde el suelo los diversos productos que se quiere que alcancen las nubes. Estas técnicas se basan en la colocación de una especie de chimenea en las partes de las montañas donde se generan corrientes de aire ascendentes. Se utiliza el propano para encender la chimenea, después se abre la válvula de entrada del aerosol, que normalmente es yoduro de plata, y así se genera su emisión y elevación hacia las zonas nubladas.


La mayoría de los estudios sobre la siembra de nubes advierten que no se debe considerar que vayan a ser la gran solución frente a déficits hídricos o sequías, ya que el aumento de precipitaciones que provocan las siembras no es muy elevado y además se requieren condiciones climáticas concretas para obtener buenos resultados. Como es lógico, hay científicos y expertos a favor y en contra, pero algo en lo que parece que coinciden ambas partes es que se está llevando a cabo con muy poco asesoramiento profesional, ya que se están realizando siembras por la simple decisión del responsable de una zona concreta, o de una región, sin necesidad de atenerse a ninguna normativa. En muchos casos esto sucede justamente porque no existen normativas diseñadas para estructurar y permitir o no la multiplicación de este tipo de acciones sin una valoración más amplia, determinada como mínimo por los responsables del medio ambiente del estado o país.

Dentro de esta forma de operar destacan los proyectos de China, cuyo gobierno ha declarado la intención de ampliar su programa de lluvia o nieve artificial para llegar a cubrir 5,5 millones de kilómetros cuadrados en 2025, casi el 60% de su territorio (casi tres veces la superficie de México), con la intención de evitar catástrofes, proteger la producción agrícola y responder a incendios, sequías o aumentos inusuales de temperaturas. John C. Moore, científico jefe de la Facultad de Ciencias del Sistema Terrestre y Cambio Global de la Universidad Normal de Pekín, explica que con el paso de los años se ha ido expandiendo la siembra de nubes sin ninguna validación científica, que es una simple cuestión operacional que se hace a nivel comunal, de ciudades y pueblos, y que hasta 50.000 municipios chinos ejercen la siembra de nubes de forma habitual. Pero el enorme programa de China ha sacado a la luz los problemas que pueden llegar al crear precipitaciones artificialmente, y que tanto India como Taiwán hayan advertido que podrían llegar a acusaciones de “robo de lluvia”, ya que estas intervenciones podrían afectar al monzón asiático, cuya llegada es vital para muchos países.

Lo primero que advierten los investigadores y expertos contrarios a la siembra de nubes es que es una intervención sobre los sistemas de la Tierra, sobre sistemas que todavía no se conocen suficientemente. Además, como la mayor parte de programas de geoingeniería de nivel planetario, no hay posibilidades verdaderas de hacer experimentos y pruebas antes de implementarlos, y los riesgos podrían ser muy elevados y catastróficos. De hecho, aumentan constantemente los eventos climáticos extremos, y puede que el origen de algunos de ellos no sea solo el calentamiento global, el deshielo, la deforestación, etc., sino también todas las intervenciones que el ser humano está realizando para manipular un sistema planetario que sobrepasa su capacidad de razonamiento y también su desarrollo tecnológico. Un ejemplo podrían ser las nevadas y precipitaciones torrenciales que se han visto en países de Oriente Próximo, en zonas desérticas que de repente se transforman en enormes lagos o ríos que cuando llegan a zonas habitadas causan una gran devastación.

Si volvemos al proyecto de China, uno de los objetivos es provocar más nevadas en el Tíbet, y se sabe que el monzón se origina gracias a las diferencias de temperatura entre la meseta tibetana y el océano Índico. Entonces, ¿cómo se puede dudar de que forzar nevadas en el Tíbet no va a provocar cambios en la atmósfera? Las temperaturas del aire, de la tierra, de las vías fluviales, incluso de los océanos, no son las mismas si hay o no una cubierta de nubes, si ha llovido o nevado, si los rayos solares pueden llegar con mayor o menor facilidad, si hay mayor o menor reflejo de los rayos solares, si las nubes están sosteniendo una gran carga eléctrica o si están evitando el reflejo de la luz solar desde la superficie del planeta hacia el exterior. Y todo esto sin tener en cuenta todo el impacto antropogénico, ya que la lluvia artificial, por ejemplo, podrá limpiar la contaminación atmosférica de un lugar, pero también provocará que otros contaminantes, como herbicidas y pesticidas, lleguen con más facilidad a acuíferos y suministros de agua de los cuales dependen todos los seres vivos.

El ejemplo de China es aplicable a todo el planeta, un planeta donde todo está relacionado, conectado, donde el ser humano se lo tendría que pensar millones de veces más antes de “mover ficha”, y más si hablamos de geoingeniería. Incluso científicamente se conoce el efecto de los rayos solares sobre las placas tectónicas y, por lo tanto, sobre la estabilidad magmática del manto del planeta. También cada vez hay más estudios que relacionan la llegada de rayos cósmicos con la formación de nubes, así como el paso de grandes tormentas y huracanes con el posterior desarrollo de movimientos sísmicos. Otras investigaciones demuestran las diversas relaciones entre las capas de la atmósfera, donde destaca la relación del estado de la capa inferior, la troposfera, donde se forman las nubes y se siembra con productos químicos, con la capa de ozono e incluso con la formación más o menos estructurada y estable del vórtice polar sobre el Polo Norte. Podría enumerar muchos otros factores que muestran esa perspectiva global que hay que alcanzar, porque desde esa perspectiva uno no puede pensar que provocar lluvia en una zona no va a afectar ni siquiera a las nubes que están a pocos kilómetros.

Por desgracia, los efectos de muchos programas y desarrollos tecnológicos que afectan al planeta no siempre son fáciles de demostrar científicamente, y eso da pie a que se investiguen y se quieran implementar nuevas tecnologías que solo han podido ser probadas a escala de laboratorio pero que están pensadas para afectar a todo el planeta. Algunos de los nuevos proyectos, que también están de alguna manera relacionados con la siembra de nubes y que ahora marcan algunos de los caminos de investigación más ambiciosos, son los que están involucrados en conseguir el enfriamiento del planeta al aumentar la reflectividad, el reflejo de los rayos solares hacia el exterior debido a la dispersión de aerosoles reflejantes en diversas capas de la atmósfera. Uno de los proyectos más actuales, financiado por Bill Gates a través de la Universidad de Harvard, consiste en lanzar un enorme globo a la estratosfera con 600 kg de carbonato cálcico, o tiza, que se rociaría a 19 kilómetros por encima de la superficie de la Tierra. Los resultados obtenidos servirían para determinar si sería efectivo hacer lo mismo a gran escala. Es posible que esta prueba se realice el próximo mes de junio desde Suecia.

Por suerte, conforme se conocen todos los nuevos proyectos y programas también cogen fuerza las manifestaciones de científicos que alertan sobre sus grandes y graves peligros. Un ejemplo llega desde las declaraciones de Sir David King, de la Universidad de Cambridge, que advirtió que la aplicación de la técnica del proyecto de la Universidad de Harvard, de rociar tiza, “podría ser desastrosa para los sistemas meteorológicos de un modo que nadie puede predecir”. Esperemos que si se aplican estos peligrosos proyectos se pueda recibir una respuesta rápida y de poca gravedad que demuestre su peligrosidad y que sirva para avanzar en el conocimiento de los sistemas que sostienen la biosfera, para realmente llegar a esa “nueva normalidad” de la que se habla cuando se supere la pandemia del Covid-19, una nueva normalidad que no debería representar buscar soluciones para sustituir unas acciones negativas por otras, o para encontrar sistemas e implementaciones tecnológicas para que todo siga igual al neutralizar algunos efectos perjudiciales, sino realmente para dejar de hacer lo que está destruyendo el planeta y sus formas de vida conforme avanzamos en la ya reconocida sexta extinción masiva, pero también conforme avanzamos hacia un nivel de conciencia que represente un ser humano que se implica completamente en detener la crisis planetaria y de la humanidad.

 



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domingo, 28 de febrero de 2021

Evento del mes de febrero

Redactado y publicado por David Arbizu

NUESTROS FÁRMACOS: GRANDES CONTAMINANTES ANTROPOGÉNICOS DE LAS AGUAS DEL PLANETA Y DE TODA LA BIODIVERSIDAD

Gracias a los diversos estudios y noticias publicadas cuando se observan altos niveles de contaminación en acuíferos, ríos, lagos y océanos, sabemos que la escorrentía de los productos agrícolas, como fertilizantes y pesticidas, tiene efectos devastadores sobre la salud de las aguas, impulsando el crecimiento de algas tóxicas, la muerte de peces y plantas acuáticas y que cada vez haya mayor número de zonas muertas en los mares y océanos del planeta, al mismo tiempo que se van extendiendo y llegando a punto de inflexión que señala una gran dificultad de recuperación. Si, tal como estamos viendo, las tormentas van a ser cada vez más frecuentes y potentes, y con una muy baja calidad de filtración y gestión de la lluvia en los suelos debido a la degradación provocada por las actividades humanas, donde se suman la deforestación y los incendios, las perspectivas no son muy halagüeñas para el agua del planeta, que es nuestra fuente de vida y la de toda la biosfera.

Existen otro tipo de contaminantes antropogénicos, a los que a veces se llama “contaminantes emergentes”, que ya se encuentran en las aguas del todo el planeta, incluso hace años que se detectaron en la Antártida. Estos contaminantes, además de los que corresponden a los residuos industriales de fábricas de todo tipo, provienen de los fármacos, de los narcóticos, de los productos de limpieza y de los productos de belleza y cuidado personal, y llegan al agua principalmente a través de las aguas residuales. Sabemos que los protectores solares son muy dañinos y que las personas los introducen en el agua cuando se bañan en el mar, pero no somos tan conscientes de cómo muchos productos salen de nuestras viviendas y localidades en forma de aguas residuales, entrando en el alcantarillado y red de aguas que se dirigen hacia instalaciones de depuración, en el caso de que las haya. Esas aguas residuales están formadas por restos químicos de productos de belleza y cuidado personal, que eliminamos al limpiarnos y ducharnos, y por todo tipo de fármacos que consumimos y en parte excretamos porque nuestro cuerpo solo los absorbe parcialmente.

A pesar de que los tratamientos en las plantas depuradoras son cada vez más eficaces y que ya se han realizado pruebas que demuestran cómo la utilización de un tipo de hongos, llamados hongos ligninolíticos, favorece la eliminación de este tipo de microcontaminantes emergentes, todavía no se ha conseguido evitar que estos contaminantes sigan su camino llegando a acuíferos, ríos y océanos. De esta forma, siguiendo el propio ciclo del agua, la contaminación llega a plantas y peces y entra en la cadena alimenticia y, por lo tanto, vuelve a nosotros, los seres humanos, a través de los alimentos que ingerimos y también desde las fuentes de agua dulce que forman los sistemas de abastecimiento de agua potable para muchas personas del planeta. Además, se ha demostrado que este tipo de contaminación química afecta directamente a las bacterias de los ríos, creando resistencia a los antibióticos, una resistencia que también se transmite a las bacterias de nuestro cuerpo al beber agua potable que contiene restos de fármacos y otros químicos.


Durante los últimos años se han realizado varias investigaciones utilizando peces y plantas, exponiéndolos de diversas formas y períodos de tiempo a la exposición de contaminantes concretos. En todos los casos se han demostrado efectos nocivos y alteraciones de todo tipo: reproductivas, de crecimiento, de rango de vida y supervivencia, de inmunidad y desarrollo de enfermedades, como tumores cancerígenos y desequilibrios neuronales.

Un factor impactante en el que también coinciden los estudios realizados, especialmente en peces, es en el cambio de comportamiento y actividad de los individuos. El pasado 10 de febrero de 2021, un grupo de científicos dirigido por el ecólogo evolutivo Giovanni Polverino, de la Universidad de Australia Occidental, publicó los resultados de su investigación en la Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural (The Royal Society). Para sus investigaciones utilizaron una especie de pez de agua dulce llamado “guppy”, haciendo múltiples pruebas en las que el agua tenía diversas concentraciones de fluoxetina, el componente principal del fármaco Prozac, que es un fármaco psicoactivo, un antidepresivo que a día de hoy es uno de los medicamentos recetados más vendidos en el mundo. Incluso con concentraciones muy bajas de fluoxetina, los peces cambiaban su comportamiento y especialmente su individualidad, su carácter particular diferenciador dentro del grupo, de forma que se generaba una homogeneización de la actividad de todos los individuos, algo que implica un deterioro de la especie y una muy posible aceleración de su extinción.

¿Por qué la homogeneización de la actividad, del comportamiento de los individuos, implica un peligro para la supervivencia de una especie? Las diversas estrategias de comportamiento entre individuos de una especie, de una manada, de un banco de peces, es lo que impulsa el avance evolutivo de esa especie, es lo que marca el poder de selección, de que los más fuertes y activos se apareen más veces y se consiga un éxito reproductivo. Los individuos que afrontan decisiones y riesgos hacen avanzar conductas y comportamientos que se traducen en aprendizajes para todos los demás miembros y que acaban siendo desarrollados genéticamente, impulsando las capacidades e instintos de supervivencia de las especies. Al mismo tiempo, mayor atrevimiento también implica mayor mortalidad, así que existe un equilibrio con otros individuos más cautos, y en general se favorece la conducta y evolución de toda la especie gracias a la diferenciación, no a la homogeneización.

Al leer este estudio y estas diferencias necesarias individuales dentro del grupo, pensaba en las manadas de ñus, con miles de individuos realizando lo que se considera la mayor migración terrestre del mundo, y en esas imágenes que todos hemos visto cuando la manada llega al río Mara y lo tiene que cruzar, incluso sabiendo que hay cocodrilos y que no todos van a cruzarlo. Pero los más atrevidos señalan el paso, el camino, al mismo tiempo que la propia energía de la manada los impulsa. No habría migración si ningún individuo diera el paso y ninguno se atreviera a cruzar, si no sintieran esa energía que también forma parte de su genética y de su instinto.

Seguro que hay especies en las que todo esto no sea tan claro, pero si lo trasladamos a la crisis planetaria actual, al cambio climático y la extinción masiva, las especies necesitan su instinto, sus capacidades, y que haya individuos que tomen decisiones arriesgadas para poder aumentar su resiliencia, para impulsar cambios genéticos que permitan la adaptación que signifique la supervivencia. Desde una perspectiva más amplia, todo esto no afecta solo a las especies por separado, sino que cualquier cambio va a producir un desajuste fenológico, cambios en los ecosistemas donde de repente las presas pueden pasar a ser mayores depredadores, donde una especie pierda una de sus fuentes de alimentación básica o se requiera una gran capacidad de adaptación para buscar zonas más frías y con condiciones mínimas para asegurar la subsistencia.

Está claro que ningún animal o planta necesita tomar Prozac, o paracetamol, o protector solar, o drogas como la cocaína o la nicotina. También es evidente que todo lo que entre en la cadena alimenticia va a llegar al ser humano, y que en el caso del agua está más que asegurado el efecto bumerán de todo lo que generamos como aguas residuales. Por eso existe una alta preocupación por este tipo de contaminación antropogénica, que es muy difícil de evitar en una sociedad que se puede considerar globalmente adicta al consumo de medicamentos y de todo tipo de productos químicos sin ser consciente de todos estos residuos que genera en forma de aguas residuales. Por lo tanto, los científicos e investigadores se centran en aumentar la efectividad de las plantas depuradoras, pero muchas veces encuentran soluciones a problemas que tienen graves contraindicaciones y van a impulsar una nueva contaminación y un nuevo desequilibrio en otro ámbito o sistema que va a afectar la vida y armonía de la biosfera y del planeta.

Planta depuradora

Por otro lado, algo muy importante al analizar este tema es la salud de los ríos del planeta, porque acuíferos y ríos potentes, cargados y dinámicos soportarían mejor todo este perjuicio provocado por el ser humano, pero la destrucción de los ríos es general en todo el mundo con la construcción de presas, desviaciones, trasvases y extracciones abusivas de agua que han devastado cuencas y ecosistemas completos. Y a esta lista de actividades nefastas antropogénicas tendríamos que añadir todo lo relacionado con la sobrepesca, los daños que causan las piscifactorías y las graves contaminaciones de vertidos industriales, de la minería, de centrales nucleares, etc. Un estudio reciente informa que solo el 14% de los ríos del mundo no han sido dañados por el ser humano, y que son ríos donde las poblaciones de peces se mantienen y no han sufrido alteraciones.

Desde la perspectiva de la crisis planetaria, con el cambio climático y el calentamiento global, se está observando cómo muchas especies están realizando migraciones forzadas para asegurar su supervivencia. En los océanos, muchas especies se van trasladando hacia los polos conforme aumenta la temperatura del agua de los ecosistemas a los que pertenecen. Tal como he explicado, los efectos de esta contaminación sobre el comportamiento pueden dificultar que individuos tomen decisiones que podrían salvar a una especie, pero, al mismo tiempo, estas migraciones también implican que peces que pueden estar contaminados lleguen a zonas más puras, algo que también tiene una relación directa con el problema de las especies invasoras. El resultado de todo esto es un deterioro de salud de ecosistemas, animales y plantas con los que la especie recién llegada se relacione e interactúe como parte de la cadena alimenticia, y representa una contaminación que llega a todos los seres vivos, al agua, al suelo e incluso al aire, algo que, tal como han advertido algunos expertos, conduce a un problema de salud mundial que todavía no se ha valorado adecuadamente.



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domingo, 31 de enero de 2021

Evento del mes de enero

 Redactado y publicado por David Arbizu

ENTRANDO EN EL 2021

Conforme se acercaban los últimos días de diciembre de 2020, en anuncios y publicaciones de muchos medios, y desde muchos países, se enviaba un mensaje donde se transmitía que el año 2020 había sido duro y nefasto y que el inicio del año 2021 representaba el final de toda fatalidad, como si al cambiar de año, de número, pudiéramos dejar superado todo lo que el 2020 nos ha mostrado. En realidad, el año 2020 nos ha mostrado con más fuerza y expresión el resultado de toda la agresión del ser humano sobre el planeta, algo que no se detiene, que no se ha querido ver ni aceptar, pero que hace mucho tiempo que se observa. Por ejemplo, el año 2020 se ha calificado como el más caluroso desde que hay registros, empatado con el año 2016, y los años más calurosos registrados pertenecen al último decenio, así que el año 2020 muestra ese proceso ascendente de crisis planetaria y climática, de trastorno de los patrones meteorológicos, de eventos cada vez más extremos. Si hiciéramos un análisis global veríamos con claridad como el gran desajuste climático, de los sistemas del planeta que mantienen en equilibrio la biosfera, la biodiversidad, se ha ido agravando año tras año, y el planeta no ha cesado de enviar señales de alerta para no llegar a puntos de inflexión que representan la puesta en marcha de ajustes planetarios que conllevan unas condiciones cada vez más extremas y difíciles para la supervivencia.

¿Qué hemos de esperar del año 2021? La respuesta es: El resultado de nuestras acciones. ¿Acaso se está deteniendo la pandemia del Covid-19?, ¿podemos asegurar que esta pandemia vaya a quedar controlada con las medidas que se están tomando actualmente?, y lo que es más importante: ¿se están implementando realmente políticas y acciones para respetar la naturaleza, los espacios para otros seres vivos, el respeto por todas las formas de vida? Porque todas las formas de vida son indispensables para el equilibrio de la biosfera y también para que todo el potencial zoonótico que tienen algunos animales no contacte con la especie humana.

La crisis planetaria se expresa desde la crisis del ser humano, desde lo que llamamos el Antropoceno, la era que corresponde al dominio excesivo del ser humano sobre el planeta y todos sus seres vivos, la era que conduce a la sexta extinción masiva y a un mundo humano polarizado, de abuso entre los propios humanos, de bienestar de unos gracias a la explotación y pobreza extrema de otros. Pero dentro de esta polarización también hay que ser consciente de que cada vez más personas se posicionan para detener el desastre, cambiando personal y positivamente, por el propio bien y del planeta, y empezando a exigir que este cambio se lleve a cabo en ámbitos más amplios, desde ciudades a estados o países, y con la mirada puesta en una perspectiva cada vez más global sabiendo también que cada pequeño avance cuenta y suma. Al mismo tiempo, la polarización también se observa en la ciencia y la tecnología, que hasta ahora mayormente ha contribuido aplicándose solo para el beneficio de los intereses egoístas del ser humano, pero que también se rompe en esa polaridad que significa que cada vez hay más estudios e investigaciones para conseguir avances para superar y contrarrestar aspectos negativos de la actividad humana, donde un objetivo principal es dejar de destruir y de contaminar buscando alternativas que dirigen hacia conceptos como “economía circular”, “economía verde” y “energías alternativas”, que van emergiendo como pasos intermedios hacia soluciones más concluyentes, enfocadas hacia un futuro probable de estabilidad planetaria en todos los sentidos y para todas las formas de vida del planeta. Desde esta perspectiva sí que vale la pena poner nuevas esperanzas en el 2021 como punto culminante y expansivo a nivel global de todo este movimiento, de toda esta conciencia que va a coger fuerza y puede ser más determinante para que se implementen todas las legislaciones y cambios necesarios para afrontar la crisis planetaria. Entonces, el Antropoceno puede dar paso a otra época donde el ser humano restablece el equilibrio que él mismo ha roto y reconfigura un planeta cuya riqueza puede permitir una vida plena cuando se comprende hasta dónde puede llegar el control planetario de una sola especie.


De momento, para que se cumplan los deseos más positivos y emerja una verdadera voluntad de reparación y de respeto hacia todo lo que todavía está siendo demacrado, es necesario analizar y ser consciente de lo que está sucediendo. Al igual que nos muestra la pandemia del Covid-19, los eventos destructivos provocados por el desajuste climático ya llegan a todas las partes del globo y cada vez es más difícil poder afirmar que haya una zona donde exista un nivel de seguridad elevado, que no pueda ser afectado por algún tipo de evento.

Siguiendo con la relación entre los años 2020 y 2021, durante el primer mes del año 2021 se han seguido manifestando los resultados del calentamiento climático, de todo el conflicto que las actividades humanas provocan sobre los sistemas que mantienen el equilibrio planetario y conducen la capacidad de resiliencia del planeta a un punto de no retorno. Voy a enumerar y analizar brevemente algunas noticias y reportes de eventos que se han publicado en el año 2021 viendo su vinculación con el 2020 y los efectos de la humanidad sobre el planeta: 
- Conforme avanzaba el mes de enero, también aumentaba la actividad volcánica y sísmica en el planeta, especialmente en la zona del Anillo de Fuego. Desde mediados del 2020 empezó a ser notable el aumento de la actividad de volcanes de Indonesia, Japón, la Península de Kamchatka (Rusia), Guatemala, Ecuador, Perú y Chile, y actualmente la actividad se mantiene o sigue incrementándose. Junto con los volcanes del Anillo de Fuego, también mantienen su actividad los volcanes Etna y Stromboli de Italia, y actualmente está en proceso eruptivo el volcán Kilauea de Hawái. Respecto a la actividad sísmica, durante el mes de enero de 2021 se ha mantenido el nivel de sismicidad elevada que también se observó durante el año 2020, con terremotos de gran magnitud. Desde el sábado 23 de enero de 2021, se registra una importante actividad sísmica en Granada (España), inusual en cuanto a cantidad y magnitud. También durante este mes ha sido noticia la publicación de un estudio que demuestra que cada vez es más fuerte la divergencia de las placas tectónicas euroasiática y africana respecto a las placas norteamericana y sudamericana, un movimiento que se genera en la dorsal mesoatlántica, que separa el fondo oceánico del Atlántico de norte a sur. Esta separación favorece la llegada a la superficie de materiales internos del planeta que forman nueva corteza oceánica y parte de la importancia de la investigación es que se ha demostrado que la subida a la superficie de estos materiales empieza desde 600 km de profundidad, a mucha más distancia de lo que hasta ahora se pensaba, de forma que la influencia sobre las placas tectónicas que forman la superficie del planeta puede llegar desde grandes distancias internas.

- En el hemisferio norte, a pesar de estar fuera de temporada de huracanes en todos los océanos, durante el mes de enero de 2021 estamos siendo testigos de formaciones continuas de borrascas invernales severas que afectan las islas británicas, la península ibérica y la península balcánica, así como descenso de tormentas polares que afectan partes de Canadá y Estados Unidos. Al igual que el año pasado, el vórtice polar se ha dividido impulsado por un calentamiento súbito estratosférico, y entonces la corriente jet stream se debilita y empieza a ondularse facilitando la subida de aire cálido hacia el norte y el descenso de aire polar hacia el sur. La formación del fenómeno atmosférico La Niña, desde septiembre de 2020, ha impulsado la formación de tormentas al este de Filipinas, afectando Filipinas y llegando a Vietnam y otros países colindantes, además de Indonesia y el oeste de Oceanía. También ha impulsado tormentas en el océano Índico, con ciclones formándose en la Bahía de Bengala y al este de Madagascar, afectando países del este de África. La Niña también ha provocado tormentas que han causado inundaciones y muchos daños en países de Sudamérica, especialmente en Bolivia, Ecuador y Brasil. En todos los casos, y desde el año pasado, las tormentas provocan precipitaciones torrenciales y súbitas, así como vientos cada vez más huracanados en todas partes. Algunas zonas del planeta no tienen tiempo de recuperarse de las inundaciones, de reparar el daño de los deslizamientos de tierra, de reconstruir sus viviendas, porque la llegada de otro frente se lo impide y acentúa condiciones severas que multiplican la inseguridad alimentaria en muchas partes del mundo. Por otro lado, también hay zonas donde se acentúa constantemente la sequía, incluso con la llegada de precipitaciones, tal como sucede en gran parte del sur de Estados Unidos y norte de México. 



- Relacionado con la inseguridad alimentaria, durante el mes de enero vuelven a ser noticia las plagas de langostas que están devastando especialmente los países del Cuerno de África y partes de la península arábiga. Las lluvias facilitan la reproducción y formación de nuevos enjambres que destruyen campos de cultivo. También se han detectado enjambres en Namibia, con la posibilidad de expansión a otros países del sur de África. Hay que recordar que el año pasado los enjambres se extendieron por Oriente Medio y el suroeste de Asia llegando a la India. Así que las precipitaciones aportando humedad junto a temperaturas suaves o cálidas son la fórmula perfecta para estas plagas brutales.

- La gran noticia que empezó en el año 2019 y se mantiene es la de la pandemia del Covid-19. Independientemente de toda su gravedad como enfermedad y toda la mortandad que está causando, ha mostrado cómo cualquier efecto y condición hay que verlo en su globalidad y también ha conseguido que seamos conscientes de todo el peligro de transmisión de enfermedades que puede llegar debido a todo el abuso sobre los animales, al estrés que provocamos sobre toda la vida en el planeta a cambio de nuestros beneficios egoicos, de esquilmar zonas naturales imprescindibles, de diezmar la biodiversidad, de contaminarlo todo. Durante este mes de enero ha destacado una noticia que presentaba el “Proyecto Viroma Global”. Desde este proyecto se ha calculado que en la fauna silvestre circulan en torno a 1,6 millones de virus desconocidos, y la mitad de los mismos tienen potencial zoonótico. Esta iniciativa pretende desarrollar una red de organizaciones para detectar la mayoría de las amenazas virales desconocidas para la salud y la seguridad alimentaria, y hace hincapié en la importancia de evitar nuevas pandemias, ya que la velocidad de aparición y propagación de nuevos virus, así como de todas sus mutaciones, siempre estarán por encima del control que se pueda realizar desde la tecnología y medicina actual. Esto lo observamos en los continuos brotes de gripe aviar y porcina que suceden continuamente por todo el mundo, que siempre acaban con el sacrificio de cientos de miles de animales, y con brotes inesperados, como el de tuberculosis bovina en una granja de Alemania, donde el 20 de enero se confirmaron tres casos de transmisión de la enfermedad, de bovinos a humanos.

- Durante este mes de enero de 2021, se han hecho varias declaraciones importantes desde grupos de investigadores y científicos. Destaca la publicación de la Declaración Científica de Groninba, publicada el 22 de enero, justo antes de la celebración de la Cumbre de Adaptación al Cambio Climático. Desde esa declaración, unos 3.000 científicos de más de cien países, incluidos algunos premios Nobel, pidieron a los líderes mundiales, legisladores e inversores que “cambien la forma” de entender, planificar e invertir para “limitar los daños futuros” del cambio climático, advirtiendo que el planeta se encuentra en “una creciente emergencia climática que requiere una acción inmediata”. Otra noticia importante fue la publicación, el pasado 27 de enero, de un sondeo elaborado por Naciones Unidas y la Universidad de Oxford, donde participaron 1,2 millones de personas de cincuenta países, incluidos medio millón de menores de 14 años. El resultado principal del sondeo, que se realizó a finales del año pasado, es que el 64 % de los entrevistados considera que el cambio climático constituye una emergencia global, incluso a pesar del estallido de la pandemia de coronavirus. Estas noticias del 2021 llegan tras un año 2020 donde, a pesar de la pandemia, ha habido importantes movimientos y acciones reclamando la verdadera implementación de medidas para detener el calentamiento global, especialmente el aumento de carbono y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera. Se considera que esa alarma lanzada desde el activismo climático, junto con todos los eventos cada vez más dramáticos y globales, ha conseguido que actualmente el negacionismo climático haya perdido completamente su fuerza. 

- Durante el mes de enero de 2021 también se han publicado dos artículos sobre dos científicos climáticos relevantes y reconocidos. Uno de ellos es Michael Mann, que ha publicado el libro “La nueva guerra climática: la lucha para recuperar nuestro planeta”, donde explica las estrategias de las grandes industrias e inversores para seguir con la extracción de los combustibles fósiles y mantener su consumo. Mann explica que estas empresas ya han visto que no pueden apoyarse más en el negacionismo climático y el ataque sobre los científicos que les han estado perjudicando, y ahora sus campañas de márquetin se focalizan en conseguir que las personas, los consumidores, se sientan culpables del calentamiento global mientras argumentan que es demasiado tarde para evitar impactos catastróficos. Si pensamos en ello, hay personas que expresan que poco se puede hacer, que les sabe mal por sus hijos y que no hay solución posible, así que se consigue otro tipo de negacionismo basado en el derrotismo. Otro científico climático muy reconocido, Gavin Schmidt, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, ha declarado recientemente que los estudios científicos sobre las predicciones climáticas son cada vez más certeros, pero que el verdadero comodín de cada conclusión es si las personas modificarán su comportamiento y cambiarán sus mundos en respuesta al calentamiento del planeta. Schmidt expresa su decepción por el hecho de que las advertencias de la ciencia no hayan estimulado más acciones e insiste: “Pero la incertidumbre sobre lo que hará la sociedad humana es real. No está muy claro cómo la sociedad, la tecnología y la organización social responderán a lo que está sucediendo”.

Podría enumerar y detallar muchos más tipos de eventos y situaciones trágicas que se están experimentando desde hace mucho tiempo, como los grandes incendios, la deforestación, la incesable contaminación que el ser humano provoca desde la extracción de materiales del planeta, con sus perforaciones, con todo el desequilibrio y destrucción de hábitats y ecosistemas, con todo lo referente a la energía nuclear, con centrales nucleares viejas que se van volviendo cada vez más inseguras y peligrosas, y con Fukushima como ejemplo de accidentes que pueden suceder, donde durante este mes de enero se ha constatado que los niveles de radiación en algunas zonas de los reactores siguen siendo tan elevados que se vuelven a demorar los plazos de limpieza y desmantelamiento, todo ello mientras sigue el conflicto por la posible liberación de las toneladas de agua contaminada almacenada, ya que las instalaciones se quedan sin espacio de almacenamiento.

Quiero finalizar con otra noticia impactante, publicada durante el mes de enero, que informaba que últimamente nuestro planeta está girando más rápido sobre su eje, de manera que el año pasado se vivieron algunos de los días más cortos jamás registrados. Algunos de los factores de esta aceleración pueden llegar desde el tirón gravitacional de la Luna y del Sol, pero también se ha constatado la importancia de los niveles de nieve en los continentes, del deshielo, de la erosión de las montañas. Esto significa que las actividades humanas, que continuamente están cambiando la superficie del planeta, también influyen en su velocidad de rotación y en el desplazamiento del eje de rotación, y que no somos conscientes de que vivimos sobre una entidad planetaria con unos sistemas perfectamente ensamblados para que haya un equilibrio y una biosfera en la que vivir. Si la erosión de las montañas influye sobre el giro de todo el planeta, imaginemos su influencia, junto con la gran deforestación, sobre los sistemas de vientos que mueven y forman las borrascas y los anticiclones para equilibrar las diferencias térmicas de la superficie y la atmósfera, que a su vez influirán en los ciclos oceánicos, imprescindibles para la estabilidad de los patrones climáticos. Necesitamos esa comprensión, conciencia y reconocimiento del planeta como una entidad completa, como un cuerpo que además tiene una relación directa con su entorno, con el sistema solar al que pertenece. Sabemos que el Sol y la Luna también influencian las placas tectónicas, pero también tenemos que comprender que aunque la sismicidad y la actividad volcánica se concentren en el cinturón orogenético Peripacífico conocido como Anillo de Fuego, este cinturón está conectado con el otro gran cinturón orogenético que es el Mesogeico o Alpino-Himalayo, que justamente incluye volcanes activos como el Etna (Isla de Sicilia-Italia), todas las fallas de la zona de Granada que ahora están en plena actividad e incluso llega a conectar con la dorsal mesoatlántica, que ahora es noticia, tal como he nombrado, porque está aumentando su divergencia, ensanchando el océano Atlántico y separando las placas tectónicas. 


Así que el verdadero mensaje a integrar y desde el cual actuar para superar la crisis planetaria es que el planeta es un cuerpo, al igual que el nuestro, con sus sistemas, con sus ciclos, con sus reacciones, y que el actual nivel de conciencia del ser humano ha desequilibrado todo ese cuerpo y lo dirige a un colapso si no hay cambios, reparación y sanación. Es necesaria una nueva conciencia para que aparezcan nuevas tecnologías, para realmente generar energía limpia, para respetar y cuidar la biodiversidad, para que las soluciones a implementar en un área no supongan la degradación de otra. Tal como explicaba al principio de este artículo, hay un movimiento cada vez mayor de personas que quieren soluciones, que quieren cambios y ya los hacen en sus propias vidas, y esto tiene que llegar con más contundencia a las instituciones políticas y económicas, incluso al poder judicial, para que realmente se cumplan los objetivos pactados y no vayan pasando los años sin avances importantes, tal como está sucediendo, por ejemplo, con el Acuerdo de París. Esperemos que esta sea la verdadera diferencia que identifique al 2021, y que realmente signifique un punto de inflexión hacia el cumplimiento de acuerdos globales que expresen el final de la destrucción y el inicio de una nueva era con un ser humano cumpliendo su rol en el planeta desde el respeto, el amor y la protección de esta formidable entidad planetaria que llamamos Tierra.




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