Redactado y publicado por David Arbizu
ENTRANDO EN EL 2021
Conforme se acercaban los últimos días de diciembre de 2020, en anuncios
y publicaciones de muchos medios, y desde muchos países, se enviaba un mensaje
donde se transmitía que el año 2020 había sido duro y nefasto y que el inicio
del año 2021 representaba el final de toda fatalidad, como si al cambiar de año, de número, pudiéramos dejar superado todo lo que el 2020 nos ha mostrado. En realidad, el
año 2020 nos ha mostrado con más fuerza y expresión el resultado de toda la
agresión del ser humano sobre el planeta, algo que no se detiene, que no se ha
querido ver ni aceptar, pero que hace mucho tiempo que se observa. Por ejemplo,
el año 2020 se ha calificado como el más caluroso desde que hay registros,
empatado con el año 2016, y los años más calurosos registrados pertenecen al
último decenio, así que el año 2020 muestra ese proceso ascendente de crisis
planetaria y climática, de trastorno de los patrones meteorológicos, de eventos
cada vez más extremos. Si hiciéramos un análisis global veríamos con claridad
como el gran desajuste climático, de los sistemas del planeta que mantienen en
equilibrio la biosfera, la biodiversidad, se ha ido agravando año tras año, y
el planeta no ha cesado de enviar señales de alerta para no llegar a puntos de
inflexión que representan la puesta en marcha de ajustes planetarios que
conllevan unas condiciones cada vez más extremas y difíciles para la
supervivencia.
¿Qué hemos de esperar del año 2021? La respuesta es: El
resultado de nuestras acciones. ¿Acaso se está deteniendo la pandemia del Covid-19?,
¿podemos asegurar que esta pandemia vaya a quedar controlada con las medidas que se están tomando actualmente?, y lo que es más importante: ¿se están
implementando realmente políticas y acciones para respetar la naturaleza, los
espacios para otros seres vivos, el respeto por todas las formas de vida? Porque
todas las formas de vida son indispensables para el equilibrio de la biosfera y
también para que todo el potencial zoonótico que tienen algunos animales no
contacte con la especie humana.
La crisis planetaria se expresa desde la
crisis del ser humano, desde lo que llamamos el Antropoceno, la era que
corresponde al dominio excesivo del ser humano sobre el planeta y todos sus
seres vivos, la era que conduce a la sexta extinción masiva y a un mundo humano
polarizado, de abuso entre los propios humanos, de bienestar de unos gracias a
la explotación y pobreza extrema de otros. Pero dentro de esta polarización
también hay que ser consciente de que cada vez más personas se posicionan para
detener el desastre, cambiando personal y positivamente, por el propio bien y
del planeta, y empezando a exigir que este cambio se lleve a cabo en ámbitos
más amplios, desde ciudades a estados o países, y con la mirada puesta en una
perspectiva cada vez más global sabiendo también que cada pequeño avance cuenta
y suma. Al mismo tiempo, la polarización también se observa en la ciencia y la
tecnología, que hasta ahora mayormente ha contribuido aplicándose solo para el
beneficio de los intereses egoístas del ser humano, pero que también se rompe
en esa polaridad que significa que cada vez hay más estudios e investigaciones
para conseguir avances para superar y contrarrestar aspectos negativos de la
actividad humana, donde un objetivo principal es dejar de destruir y de
contaminar buscando alternativas que dirigen hacia conceptos como “economía
circular”, “economía verde” y “energías alternativas”, que van emergiendo como
pasos intermedios hacia soluciones más concluyentes, enfocadas hacia un futuro
probable de estabilidad planetaria en todos los sentidos y para todas las
formas de vida del planeta. Desde esta perspectiva sí que vale la pena poner
nuevas esperanzas en el 2021 como punto culminante y expansivo a nivel global
de todo este movimiento, de toda esta conciencia que va a coger fuerza y puede
ser más determinante para que se implementen todas las legislaciones y cambios
necesarios para afrontar la crisis planetaria. Entonces, el Antropoceno puede
dar paso a otra época donde el ser humano restablece el equilibrio que él mismo
ha roto y reconfigura un planeta cuya riqueza puede permitir una vida plena
cuando se comprende hasta dónde puede llegar el control planetario de una sola
especie.

De momento, para que se cumplan los deseos más positivos y emerja una
verdadera voluntad de reparación y de respeto hacia todo lo que todavía está
siendo demacrado, es necesario analizar y ser consciente de lo que está
sucediendo. Al igual que nos muestra la pandemia del Covid-19, los eventos
destructivos provocados por el desajuste climático ya llegan a todas las partes
del globo y cada vez es más difícil poder afirmar que haya una zona donde
exista un nivel de seguridad elevado, que no pueda ser afectado por algún tipo
de evento.
Siguiendo con la relación entre los años 2020 y 2021, durante el
primer mes del año 2021 se han seguido manifestando los resultados del
calentamiento climático, de todo el conflicto que las actividades humanas
provocan sobre los sistemas que mantienen el equilibrio planetario y conducen
la capacidad de resiliencia del planeta a un punto de no retorno. Voy a
enumerar y analizar brevemente algunas noticias y reportes de eventos que se
han publicado en el año 2021 viendo su vinculación con el 2020 y los efectos de
la humanidad sobre el planeta:
- Conforme avanzaba el mes de enero, también
aumentaba la actividad volcánica y sísmica en el planeta, especialmente en la
zona del Anillo de Fuego. Desde mediados del 2020 empezó a ser notable el
aumento de la actividad de volcanes de Indonesia, Japón, la Península de Kamchatka
(Rusia), Guatemala, Ecuador, Perú y Chile, y actualmente la actividad se
mantiene o sigue incrementándose. Junto con los volcanes del Anillo de Fuego,
también mantienen su actividad los volcanes Etna y Stromboli de Italia, y
actualmente está en proceso eruptivo el volcán Kilauea de Hawái. Respecto a la
actividad sísmica, durante el mes de enero de 2021 se ha mantenido el nivel de
sismicidad elevada que también se observó durante el año 2020, con terremotos
de gran magnitud. Desde el sábado 23 de enero de 2021, se registra una
importante actividad sísmica en Granada (España), inusual en cuanto a cantidad
y magnitud. También durante este mes ha sido noticia la publicación de un
estudio que demuestra que cada vez es más fuerte la divergencia de las placas
tectónicas euroasiática y africana respecto a las placas norteamericana y
sudamericana, un movimiento que se genera en la dorsal mesoatlántica, que separa
el fondo oceánico del Atlántico de norte a sur. Esta separación favorece la
llegada a la superficie de materiales internos del planeta que forman nueva
corteza oceánica y parte de la importancia de la investigación es que se ha
demostrado que la subida a la superficie de estos materiales empieza desde 600
km de profundidad, a mucha más distancia de lo que hasta ahora se pensaba, de
forma que la influencia sobre las placas tectónicas que forman la superficie
del planeta puede llegar desde grandes distancias internas.
- En el hemisferio
norte, a pesar de estar fuera de temporada de huracanes en todos los océanos,
durante el mes de enero de 2021 estamos siendo testigos de formaciones
continuas de borrascas invernales severas que afectan las islas británicas, la
península ibérica y la península balcánica, así como descenso de tormentas
polares que afectan partes de Canadá y Estados Unidos. Al igual que el año
pasado, el vórtice polar se ha dividido impulsado por un calentamiento súbito
estratosférico, y entonces la corriente jet stream se debilita y empieza a
ondularse facilitando la subida de aire cálido hacia el norte y el descenso de
aire polar hacia el sur. La formación del fenómeno atmosférico La Niña, desde
septiembre de 2020, ha impulsado la formación de tormentas al este de
Filipinas, afectando Filipinas y llegando a Vietnam y otros países colindantes,
además de Indonesia y el oeste de Oceanía. También ha impulsado tormentas en el
océano Índico, con ciclones formándose en la Bahía de Bengala y al este de
Madagascar, afectando países del este de África. La Niña también ha provocado
tormentas que han causado inundaciones y muchos daños en países de Sudamérica,
especialmente en Bolivia, Ecuador y Brasil. En todos los casos, y desde el año
pasado, las tormentas provocan precipitaciones torrenciales y súbitas, así como
vientos cada vez más huracanados en todas partes. Algunas zonas del planeta no
tienen tiempo de recuperarse de las inundaciones, de reparar el daño de los
deslizamientos de tierra, de reconstruir sus viviendas, porque la llegada de
otro frente se lo impide y acentúa condiciones severas que multiplican la
inseguridad alimentaria en muchas partes del mundo. Por otro lado, también hay
zonas donde se acentúa constantemente la sequía, incluso con la llegada de
precipitaciones, tal como sucede en gran parte del sur de Estados Unidos y
norte de México.
- Relacionado con la inseguridad alimentaria, durante el mes
de enero vuelven a ser noticia las plagas de langostas que están devastando
especialmente los países del Cuerno de África y partes de la península arábiga.
Las lluvias facilitan la reproducción y formación de nuevos enjambres que
destruyen campos de cultivo. También se han detectado enjambres en Namibia, con
la posibilidad de expansión a otros países del sur de África. Hay que recordar
que el año pasado los enjambres se extendieron por Oriente Medio y el suroeste
de Asia llegando a la India. Así que las precipitaciones aportando humedad
junto a temperaturas suaves o cálidas son la fórmula perfecta para estas plagas
brutales.
- La gran noticia que empezó en el año 2019 y se mantiene es la de la
pandemia del Covid-19. Independientemente de toda su gravedad como enfermedad y
toda la mortandad que está causando, ha mostrado cómo cualquier efecto y
condición hay que verlo en su globalidad y también ha conseguido que seamos
conscientes de todo el peligro de transmisión de enfermedades que puede llegar
debido a todo el abuso sobre los animales, al estrés que provocamos sobre toda
la vida en el planeta a cambio de nuestros beneficios egoicos, de esquilmar
zonas naturales imprescindibles, de diezmar la biodiversidad, de contaminarlo
todo. Durante este mes de enero ha destacado una noticia que presentaba el “Proyecto
Viroma Global”. Desde este proyecto se ha calculado que en la fauna silvestre
circulan en torno a 1,6 millones de virus desconocidos, y la mitad de los
mismos tienen potencial zoonótico. Esta iniciativa pretende desarrollar una red
de organizaciones para detectar la mayoría de las amenazas virales desconocidas
para la salud y la seguridad alimentaria, y hace hincapié en la importancia de
evitar nuevas pandemias, ya que la velocidad de aparición y propagación de
nuevos virus, así como de todas sus mutaciones, siempre estarán por encima del
control que se pueda realizar desde la tecnología y medicina actual. Esto lo
observamos en los continuos brotes de gripe aviar y porcina que suceden
continuamente por todo el mundo, que siempre acaban con el sacrificio de
cientos de miles de animales, y con brotes inesperados, como el de tuberculosis
bovina en una granja de Alemania, donde el 20 de enero se confirmaron tres
casos de transmisión de la enfermedad, de bovinos a humanos.
- Durante este mes
de enero de 2021, se han hecho varias declaraciones importantes desde grupos de
investigadores y científicos. Destaca la publicación de la Declaración Científica
de Groninba, publicada el 22 de enero, justo antes de la celebración de la Cumbre
de Adaptación al Cambio Climático. Desde esa declaración, unos 3.000 científicos de más
de cien países, incluidos algunos premios Nobel, pidieron a los líderes
mundiales, legisladores e inversores que “cambien la forma” de entender,
planificar e invertir para “limitar los daños futuros” del cambio climático,
advirtiendo que el planeta se encuentra en “una creciente emergencia climática
que requiere una acción inmediata”. Otra noticia importante fue la publicación,
el pasado 27 de enero, de un sondeo elaborado por Naciones Unidas y la
Universidad de Oxford, donde participaron 1,2 millones de personas de cincuenta
países, incluidos medio millón de menores de 14 años. El resultado principal
del sondeo, que se realizó a finales del año pasado, es que el 64 % de los
entrevistados considera que el cambio climático constituye una emergencia
global, incluso a pesar del estallido de la pandemia de coronavirus. Estas
noticias del 2021 llegan tras un año 2020 donde, a pesar de la pandemia, ha
habido importantes movimientos y acciones reclamando la verdadera
implementación de medidas para detener el calentamiento global, especialmente
el aumento de carbono y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera. Se
considera que esa alarma lanzada desde el activismo climático, junto con todos
los eventos cada vez más dramáticos y globales, ha conseguido que actualmente
el negacionismo climático haya perdido completamente su fuerza.
- Durante el
mes de enero de 2021 también se han publicado dos artículos sobre dos
científicos climáticos relevantes y reconocidos. Uno de ellos es Michael Mann,
que ha publicado el libro “La nueva guerra climática: la lucha para recuperar
nuestro planeta”, donde explica las estrategias de las grandes industrias e
inversores para seguir con la extracción de los combustibles fósiles y mantener
su consumo. Mann explica que estas empresas ya han visto que no pueden apoyarse
más en el negacionismo climático y el ataque sobre los científicos que les han
estado perjudicando, y ahora sus campañas de márquetin se focalizan en
conseguir que las personas, los consumidores, se sientan culpables del
calentamiento global mientras argumentan que es demasiado tarde para evitar
impactos catastróficos. Si pensamos en ello, hay personas que
expresan que poco se puede hacer, que les sabe mal por sus hijos y que no hay
solución posible, así que se consigue otro tipo de negacionismo basado en el
derrotismo. Otro científico climático muy reconocido, Gavin Schmidt, director
del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, ha declarado
recientemente que los estudios científicos sobre las predicciones climáticas
son cada vez más certeros, pero que el verdadero comodín de cada conclusión es
si las personas modificarán su comportamiento y cambiarán sus mundos en
respuesta al calentamiento del planeta. Schmidt expresa su decepción por el
hecho de que las advertencias de la ciencia no hayan estimulado más acciones e
insiste: “Pero la incertidumbre sobre lo que hará la sociedad humana es real.
No está muy claro cómo la sociedad, la tecnología y la organización social
responderán a lo que está sucediendo”.
Podría enumerar y detallar muchos más
tipos de eventos y situaciones trágicas que se están experimentando desde hace
mucho tiempo, como los grandes incendios, la deforestación, la incesable
contaminación que el ser humano provoca desde la extracción de materiales del
planeta, con sus perforaciones, con todo el desequilibrio y destrucción de
hábitats y ecosistemas, con todo lo referente a la energía nuclear, con
centrales nucleares viejas que se van volviendo cada vez más inseguras y
peligrosas, y con Fukushima como ejemplo de accidentes que pueden suceder, donde
durante este mes de enero se ha constatado que los niveles de radiación en algunas zonas de los reactores siguen siendo tan elevados que se vuelven a demorar los
plazos de limpieza y desmantelamiento, todo ello mientras sigue el conflicto
por la posible liberación de las toneladas de agua contaminada almacenada, ya
que las instalaciones se quedan sin espacio de almacenamiento.
Quiero finalizar
con otra noticia impactante, publicada durante el mes de enero, que informaba
que últimamente nuestro planeta está girando más rápido sobre su eje, de manera
que el año pasado se vivieron algunos de los días más cortos jamás registrados.
Algunos de los factores de esta aceleración pueden llegar desde el tirón
gravitacional de la Luna y del Sol, pero también se ha constatado la
importancia de los niveles de nieve en los continentes, del deshielo, de la
erosión de las montañas. Esto significa que las actividades humanas, que
continuamente están cambiando la superficie del planeta, también influyen en su
velocidad de rotación y en el desplazamiento del eje de rotación, y que no
somos conscientes de que vivimos sobre una entidad planetaria con unos sistemas
perfectamente ensamblados para que haya un equilibrio y una biosfera en la que
vivir. Si la erosión de las montañas influye sobre el giro de todo el planeta,
imaginemos su influencia, junto con la gran deforestación, sobre los sistemas
de vientos que mueven y forman las borrascas y los anticiclones para equilibrar
las diferencias térmicas de la superficie y la atmósfera, que a su vez
influirán en los ciclos oceánicos, imprescindibles para la estabilidad de los
patrones climáticos. Necesitamos esa comprensión, conciencia y reconocimiento
del planeta como una entidad completa, como un cuerpo que además tiene una
relación directa con su entorno, con el sistema solar al que pertenece. Sabemos
que el Sol y la Luna también influencian las placas tectónicas, pero también
tenemos que comprender que aunque la sismicidad y la actividad volcánica se
concentren en el cinturón orogenético Peripacífico conocido como Anillo de Fuego,
este cinturón está conectado con el otro gran cinturón orogenético que es el Mesogeico
o Alpino-Himalayo, que justamente incluye volcanes activos como el Etna (Isla
de Sicilia-Italia), todas las fallas de la zona de Granada que ahora están en
plena actividad e incluso llega a conectar con la dorsal mesoatlántica, que
ahora es noticia, tal como he nombrado, porque está aumentando su divergencia,
ensanchando el océano Atlántico y separando las placas tectónicas.
Así que el verdadero mensaje a integrar y desde el cual actuar para
superar la crisis planetaria es que el planeta es un cuerpo, al igual que el
nuestro, con sus sistemas, con sus ciclos, con sus reacciones, y que el actual
nivel de conciencia del ser humano ha desequilibrado todo ese cuerpo y lo
dirige a un colapso si no hay cambios, reparación y sanación. Es necesaria una
nueva conciencia para que aparezcan nuevas tecnologías, para realmente generar
energía limpia, para respetar y cuidar la biodiversidad, para que las
soluciones a implementar en un área no supongan la degradación de otra. Tal
como explicaba al principio de este artículo, hay un movimiento cada vez mayor
de personas que quieren soluciones, que quieren cambios y ya los hacen en sus
propias vidas, y esto tiene que llegar con más contundencia a las instituciones
políticas y económicas, incluso al poder judicial, para que realmente se
cumplan los objetivos pactados y no vayan pasando los años sin avances
importantes, tal como está sucediendo, por ejemplo, con el Acuerdo de París. Esperemos
que esta sea la verdadera diferencia que identifique al 2021, y que realmente signifique
un punto de inflexión hacia el cumplimiento de acuerdos globales que expresen el final de la destrucción y el inicio de una nueva era con un ser humano
cumpliendo su rol en el planeta desde el respeto, el amor y la protección de
esta formidable entidad planetaria que llamamos Tierra.
Fuentes: