domingo, 30 de septiembre de 2018

Evento del mes de septiembre

Publicado por David Arbizu

EL DESPLAZAMIENTO DEL EJE DE ROTACIÓN DE LA TIERRA 
Nuestro planeta no es una esfera perfecta, no es la esfera que podemos imaginar y observamos cuando se dibuja o incluso a través de las imágenes tomadas desde el espacio, que no muestran todo su relieve y mucho menos sus movimientos. Sabemos que uno de los movimientos de la Tierra es el de “rotación”, una rotación que hace a 1700 kilómetros por hora y que está relacionada con un movimiento de bamboleo, como el de una peonza, movimiento que se debe a las oscilaciones que hace el planeta sobre su línea de rotación trazada a partir del eje, un eje que atraviesa el globo desde el Polo Norte al Polo Sur y que tiene un movimiento, un desplazamiento que provoca un cambio en la ubicación de los polos geográficos, algo que se conoce como “movimiento polar”.


Hasta ahora, la explicación científica a esta desviación del eje de rotación de la Tierra daba por hecho que solo existía un proceso principal que causara ese movimiento y este proceso es el “rebote glacial” o “ajuste glacial”. El rebote glacial es el movimiento de elevación de las masas terrestres hacia lo que se considera su “posición original” antes de la última glaciación, que finalizó hace unos 11 000 años, ya que el peso de las enormes y espesas capas de hielo que se formaron, sobre todo en los casquetes glaciares pero también sobre otras partes del planeta, presionaron y hundieron la corteza terrestre en el manto y tras la glaciación se inició un proceso de recuperación, de elevación, algo que se considera que todavía puede durar unos 10 000 años más.

Un estudio publicado recientemente y elaborado por un grupo de investigadores de la NASA ha identificado otros dos procesos que, junto con el rebote glacial, son los más importantes impulsores del desplazamiento del eje de rotación. Estos otros dos procesos son el deshielo global, especialmente el que sufre Groenlandia, y la convección del manto terrestre, que es responsable del movimiento de las placas tectónicas debido a la circulación del material contenido en el manto, de todo lo que forma el magma que provoca movimientos en la superficie, en las placas, tanto cuando asciende como cuando desciende.

Todos estos factores inciden plenamente en la redistribución de la masa terrestre, tanto a nivel de superficie como en sus capas más internas, y todo gran cambio de masa afecta al eje de rotación. Los datos calculados del deshielo que ha habido en Groenlandia durante el siglo pasado y, concretamente, desde que el aumento de temperaturas fue más notable, superan nuestra capacidad de imaginación y asimilación, porque se considera que se han derretido y, por lo tanto, llegado al océano, 7 500 gigatoneladas de hielo, una cantidad que representa el peso de más de 20 millones de edificios como el Empire State. Todo ese peso enorme ha pasado al océano, ha provocado el aumento del nivel del mar y que hubiera una redistribución de la masa planetaria con la correspondiente deriva del eje de rotación. También se está derritiendo parte del hielo de la Antártida, pero la ubicación de Groenlandia hace que su deshielo tenga un efecto más impactante.


Las mediciones astrométricas y geodésicas han demostrado que, durante el siglo XX, el eje de rotación de la Tierra se desplazó hacia la región de Labrador, al este de Canadá, pero a partir del año 2000 cambió y las mediciones realizadas entre 2003 y 2015 demuestran que ahora se mueve a lo largo del meridiano de Greenwich. Los científicos consideran que este cambio se debe a que se ha acelerado el deshielo, no solo en Groenlandia y el Ártico, sino también en grandes áreas donde han desaparecido grandes lagos, enormes superficies de agua e incluso grandes acuíferos debido a la extrema sequía, tal como sucede en Oriente Medio y el suroeste de Asia, donde han mermado ostensiblemente los grandes glaciares y capas de hielo y nieve, algo que también está sucediendo en los Alpes y, principalmente, en el Himalaya. De hecho, se considera que una parte importante del movimiento polar actual se debe al déficit de agua de Eurasia y, en concreto, de la zona de India y del Mar Caspio.

En la imagen que sigue a continuación podemos observar, a la izquierda, el desplazamiento del eje de rotación antes del año 2000 y, a la derecha, el desplazamiento sobre el meridiano de Greenwich calculado según los datos obtenidos entre los años 2003 y 2015. La imagen central nos muestra cómo cada situación estira o desplaza el eje hacia una dirección concreta, de manera que el resultado final es la suma de todos esos vectores. También se puede observar, en color azul, la pérdida de masa en Groenlandia y en Oriente Medio y el suroeste de Asia, así como en la Antártida, donde la parte oeste sufre un fuerte deshielo mientras que la parte este oscila entre temporadas en que se mantiene o incluso aumenta la superficie helada y temporadas donde se debilitan los glaciares y se teme por la rotura de las plataformas heladas, algo que en estos momentos sí que está alarmando a los científicos debido a que están observando unas condiciones que podrían dar como resultado una gran aceleración del deshielo.
El estudio publicado recientemente también expone la relación con todos estos desequilibrios y la actividad humana y habla del “cambio climático antropogénico” como una de las causas principales del movimiento del eje de rotación de la Tierra, ya que puede llegar a afectar a los tres procesos principales que antes he mencionado. El cambio climático, el calentamiento global que estamos experimentando y que está directamente relacionado con el Antropoceno, con los excesos que la humanidad está haciendo sobre el planeta, está acelerando el deshielo, está provocando una contaminación atmosférica que afecta también a la masa de la atmósfera, cuyo peso enorme también incide sobre la rotación del planeta y su eje. Además, la humanidad altera completamente la estructura de la masa terrestre con la deforestación, con toda la extracción de recursos y el consumo de combustibles fósiles, con la sismicidad que provocan actividades como el fracking, con la rotura de la superficie terrestre, provocando falta de compacidad del suelo, con todas las presas e incluso la puesta en marcha de programas de geoingeniería que afectan la llegada de los rayos solares y provocan cambios atmosféricos y desequilibrio en patrones que también tienen un gran impacto sobre el movimiento de masas, como por ejemplo el cinturón oceánico o circulación termohalina, que distribuye y mueve enormes corrientes oceánicas a escala global. Así que no solo aceleramos el deshielo con el calentamiento global, sino que estamos desequilibrando capas de la superficie y capas más internas afectando la sismicidad y, por lo tanto, el movimiento de placas y del magma terrestre. Se ha comprobado que los terremotos también afectan al eje de rotación de la Tierra y a su velocidad de rotación; por ejemplo, se calcula que el terremoto de Indonesia del año 2014, que afectó la isla de Sumatra, causó que la Tierra girara un poco más rápido acortando la duración del día en 6,9 microsegundos y que el eje de rotación se desplazara unos 7 centímetros.

Tras leer estas cifras, creo que es importante ser conscientes de que estamos hablando de centímetros y metros. En este sentido, el mayor desplazamiento puntual observado hasta ahora del eje de la Tierra ha sido de unos 12 metros. Quizás puedan parecer cifras ridículas y, tal como algunos científicos indican, inofensivas, pero seguimos sin tener un buen conocimiento de los sistemas que hacen funcionar los patrones climáticos y que sostienen la biosfera y no sabemos ciertamente qué consecuencias puede tener un desplazamiento que nos parezca mínimo del eje de rotación de la Tierra, así como un pequeño aumento o disminución de su velocidad de rotación. Tampoco sabemos qué pasaría si hubiera un evento más catastrófico o varios seguidos de gran magnitud que provocaran que ese desplazamiento pasara de ser de unos cuantos metros a cientos de metros. Lo que sí vemos cada vez con más claridad es que estamos viendo cómo los patrones atmosféricos están cambiando y cómo un cambio o desequilibrio de un patrón puede afectar a otros patrones y sistemas sin importar lo cerca o lejos que estén geográficamente, porque todo está entrelazado, vinculado, para sostener la biosfera. 

Relacionado con todo esto, vale la pena recordar las declaraciones de algunos miembros de la tribu Inuit (tribu del Ártico canadiense, Groenlandia, Siberia y Alaska) cuando hace unos cuantos años ya alertaban del cambio de posición de la Tierra porque habían constatado que el Sol ya no salía por el mismo lugar, que los días se volvían más calientes y que también la Luna y las estrellas estaban situadas de forma distinta en el cielo. Para ellos ese cambio sí que está relacionado con la supervivencia, porque afecta sus capacidades de navegación, sus estrategias de pesca, incluso que algunas especies que no llegaban a sus aldeas, como los osos polares, ahora sí lo hagan. Mientras tanto, una gran mayoría de la humanidad no es consciente de todo ello, pero algún día veremos cómo los movimientos de la Tierra, el desplazamiento de su eje de rotación, tiene relación con la estabilidad y salud de la biosfera, de la vida y nos encontraremos con un factor más a tener en cuenta si queremos reequilibrar el planeta, frenar la sexta extinción masiva y que finalmente el Antropoceno pueda llegar a ser la época donde el hombre, la humanidad, detiene la destrucción y el abuso que está haciendo sobre la Tierra y pone en marcha acciones basadas en el respeto, el cuidado y la limpieza y reequilibrio de todo lo dañado.


Fuentes:


jueves, 30 de agosto de 2018

Evento del mes de agosto

Publicado por David Arbizu

DESPERTANDO AL GIGANTE
El título de este artículo: “Despertando al Gigante” corresponde a la traducción de la parte principal del título del libro de Bill McGuire: Waking The Giant - How a Changing Climate Triggers Earthquakes, Tsunamis, and Volcanoes; Londres: Oxford University Press (2012).
Bill McGuire es un escritor académico y científico, es Profesor Emérito de Riesgos Geofísicos y Climáticos en el University College London y es uno de los principales vulcanólogos de Gran Bretaña. Sus principales intereses incluyen el estudio de los volcanes, la naturaleza y el impacto de los eventos geofísicos mundiales y el efecto del cambio climático en los peligros geológicos.

En el libro explica las épocas por las que ha pasado el planeta, el Gigante, a lo largo de toda su historia y cómo se han ido desarrollando las situaciones que han desembocado en crisis planetarias con grandes eventos destructivos y extinciones masivas. También analiza especialmente situaciones concretas, en lugares concretos, que se están observando y estudiando en la actualidad y desde el principio del libro se percibe que el estudio principal, la propia finalidad del libro, es, por un lado, poner de manifiesto todo el impacto que el ser humano ha tenido y sigue teniendo sobre la biosfera y el equilibrio y la salud de todo el planeta y, por otro lado, hacer referencia a ese “Gigante” que sería mejor no despertar pero que en realidad ya se ha despertado.

Portada del libro

Como muchos otros científicos, Bill McGuire hace referencia al período que se ha vivido en la Tierra desde el final de la última glaciación, hace unos 12 000 años, hasta el momento actual y en especial desde que el ser humano empezó a expandirse, a urbanizar el planeta, mientras avanzaba su evolución y también su tecnología. Durante este período las condiciones en la Tierra han sido muy favorables para la supervivencia, para el crecimiento, para el impulso de una raza humana que ha llegado a ser la especie dominante y ha considerado suyo todo lo que tiene a su alcance apoyándose en la tecnología y, de alguna manera, en el despotismo. De hecho, una de las palabras que más se repiten en el libro es “antropogénico”, refiriéndose a los efectos, procesos o materiales que son el resultado de actividades humanas, a diferencia de los que tienen causas naturales sin influencia humana. Esto enlaza con el “Antropoceno”, que es el nombre con el que se conoce la época que ahora estamos viviendo, una época donde la actividad del hombre está provocando serias y graves consecuencias que están afectando a toda la biosfera, a toda forma de vida y al equilibrio de todo el planeta, una época que para algunos empieza con la Revolución Industrial y para otros con las primeras pruebas atómicas y otros ensayos científicos y tecnológicos que han dejado una huella estratigráfica, geológica, en la mayor parte de nuestro planeta.

El libro de Bill McGuire se publicó en el año 2012 y desde entonces hemos ido experimentando un continuo aumento de la inestabilidad en todos los sentidos, en todos los elementos: tierra, agua, aire y fuego. En estos momentos, a finales de agosto de 2018, la mayoría de nosotros, especialmente los que vivimos en el hemisferio norte, habrá experimentado un verano con temperaturas muy elevadas, con olas de calor extremas y también con lluvias torrenciales, caída de granizo e inundaciones. También hemos podido recibir información sobre un notable aumento de la actividad volcánica a la que ahora se ha añadido un incremento de la actividad sísmica, con varios terremotos casi a diario de más de 6 grados. Sabemos que sigue aumentando sin parar la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera y que hay continuas fugas de gases y productos químicos tóxicos y radiactivos desde empresas y centrales nucleares que no pueden satisfacer ni alcanzar el grado de seguridad necesario que requeriría el trato con ese tipo de productos y su manipulación. También, si queremos, podemos estar bien informados del deshielo en los polos y también en los glaciares y montañas de todo el mundo y muchas noticias alertan de la ralentización del Cinturón Oceánico o Circulación Termohalina junto con el desequilibrio de la Corriente del Golfo, algo vital para sostener las corrientes oceánicas, la formación estructurada y correcta de tormentas y para que en Europa y Norteamérica, principalmente, los inviernos sean menos duros. Para hablar también sobre el elemento tierra, se puede decir que estamos siendo testigos de enormes deslizamientos de tierra que, aunque muchas veces son provocados por las lluvias, muestran la falta de compacidad del terreno, algo relacionado con la deforestación, la minería, el fracking, el abuso de los acuíferos, la construcción de presas, etc. También hemos visto cómo la superficie de la Tierra se rompe en lugares donde las fallas tectónicas están recibiendo aumentos o cambios de presión que en muchos casos pueden estar relacionados con la sequía, con la desaparición de grandes lagos que quedan totalmente secos, con el aumento del nivel del mar y todos los excesos antropogénicos llevados a cabo durante demasiados años consecutivos, sin respeto y sin descanso.

Es imposible nombrar todos los eventos y situaciones, ya que también tendríamos que observar las influencias externas como, por ejemplo, el impacto que supone el comportamiento del Sol y la llegada de rayos cósmicos, pero todo ello está afectando la biosfera del planeta y se podría englobar en lo que llamamos “calentamiento global”, un patrón de ámbito planetario de aumento de las temperaturas que puede conducir a situaciones más catastróficas como un aumento del nivel del mar que afecte a millones de personas, una olas de calor que puedan llegar a ser intolerables para la supervivencia, la falta de agua potable y, además de todos los efectos extremos sobre todos los patrones climáticos, la pérdida de grandes extensiones dedicadas al cultivo de alimentos y la expansión de especies invasoras, algunas de ellas muy perjudiciales para la salud por su capacidad de transmitir enfermedades y que, habitualmente, son devastadoras para las otras especies autóctonas y se convierten en verdaderas plagas.


El mapa que aparece en la imagen superior, incluido en la “Evaluación del clima global del mes de julio de 2018”, realizado por la agencia científica del Departamento de Comercio de los Estados Unidos "NOAA" (National Oceanic and Atmospheric Administration), lleno de termómetros de color rojo, transmite el calentamiento que está dominando la mayor parte del planeta y tal como informa el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) en uno de sus informes: “El calentamiento antropogénico se está extendiendo y van a ir extremándose los eventos a nivel general”. 
Todos estos análisis y estudios se basan en el pronóstico de un aumento de las temperaturas y un desenlace dramático en cuanto a desertización de amplias zonas del planeta y subida del nivel del mar que en muchas ocasiones se sitúa a largo plazo, después de varias décadas, pero lo que estamos observando es que los cambios pueden ser repentinos, muy rápidos. Nadie esperaba que este verano se rompieran tantos récords de calor en tantos lugares de Europa, de Estados Unidos, de África y de Japón y otras zonas de Asia. Tampoco se calculaba con suficiente exactitud que sería una temporada con pocos huracanes en el Atlántico ni en las costas del Pacífico de México, pero sí que ha habido muchos tifones en el oeste del Pacífico y la temporada de monzones ha sido larguísima y devastadora para muchos países asiáticos. Tampoco se esperaba esta temporada de incendios terribles, incontrolables, que alertan sobre la sequedad de los bosques, sobre el exceso de urbanización, sobre la deforestación y la plantación de especies no autóctonas. Tampoco se preveía que muchas costas se llenarían de algas tóxicas hasta niveles extremos y que veríamos una gran mortandad de especies además de sentir en nuestra propia piel los efectos de esa toxicidad fruto del desequilibrio causado por las “actividades antropogénicas”. Tal como expresa Bill McGuire en su libro (recordemos que se publicó en el año 2012, hace ya 6 años): “En lugar de un aumento lineal constante en la respuesta geológica, esa respuesta puede proceder en saltos y saltos repentinos a medida que se cruzan los umbrales críticos y se exceden los puntos de inflexión… Tan complejo e intrincado es el Sistema de la Tierra que, mirando al futuro, nada puede considerarse inmune a la influencia del calentamiento antropogénico. Lo que sí está claro es que ahora todo el planeta se está movilizando”. (página 241) Y todo ello mientras ya está aceptado científicamente que estamos ante la sexta extinción masiva y están pereciendo, desapareciendo a gran velocidad, muchas especies de animales y plantas del planeta.


La imagen superior nos muestra la belleza de este planeta visto desde el espacio, pero también me gustaría que sirviera para transmitir que es una estructura única, compacta. Con esto quiero introducir la idea del planeta como un organismo biológico con sistemas desarrollados para evolucionar, para sostener sus estructuras, para adaptarse a nuevas situaciones, incluso a nuevas influencias externas, por ejemplo. En este sentido nos encontramos con la “Hipótesis Gaia”, que fue ideada por el químico James Lovelock en 1969 y luego apoyada y extendida por la bióloga Lynn Margulis. Esta teoría se basa en la idea de que la biosfera autorregula las condiciones del planeta para hacer su entorno físico más hospitalario con las especies que conforman la “vida”. La Hipótesis Gaia define esta “hospitalidad” como una completa homeostasis, donde Gaia representa un enorme sistema de control global retroalimentado cuya función es conseguir y mantener un entorno físico y químico óptimo para la vida en el planeta. La Hipótesis Gaia no reconoce al planeta como un organismo vivo, sino como un sistema interactivo cuyos componentes son seres vivos y que es la propia vida la que provoca cambios en el planeta en pleno acuerdo con el sistema de control retroalimentado planetario. En palabras de James Lovelock: “La vida claramente hace más que adaptarse a la Tierra, cambia la Tierra para sus propios fines. La evolución es una danza estrechamente unida, con la vida y el entorno material como socios. Del baile emerge la entidad Gaia”.

Otra declaración de James Lovelock que demuestra la estructura de ese sistema completo interactivo es la siguiente: “Toda la gama de materia viviente en la Tierra, desde las ballenas hasta los virus y desde los robles hasta las algas, podría considerarse como una entidad viviente única capaz de mantener la atmósfera de la Tierra para satisfacer sus necesidades generales y dotada de facultades y poderes que van mucho más allá de sus componentes partes”, lo cual  nos transmite la idea de “entidad planetaria” y de que “todo está conectado”. Independientemente de estar o no de acuerdo con todo lo que comprende la Hipótesis Gaia, ya que muchas personas consideramos que la Tierra sí que es un ser vivo que toma decisiones y que tiene vida y por lo tanto “vive” un proceso evolutivo, las palabras de Lovelock demuestran cómo toda forma de vida es imprescindible y forma parte de esa entidad viviente única que se mueve y desenvuelve para que existan las condiciones de supervivencia más favorables en el planeta. Si observamos la conducta y actividades del ser humano, de todo lo que define el Antropoceno, podemos afirmar que nos hemos apartado de esa unidad, de ese sistema y que hemos provocado una crisis planetaria, un “despertar del gigante”, cuya solución cada vez parece más lejana debido a que no se percibe un cambio de conciencia en el ser humano, sino que persisten y aumentan las actividades perjudiciales y desequilibrantes de los sistemas de la Tierra, de Gaia. Y junto con esta grave crisis planetaria también aumenta la crisis de la humanidad, de sus propios valores y vemos cómo cada vez son más conocidos a nivel general los casos de abusos, de esclavitud, de pederastia y otro tipo de violaciones y enfrentamientos entre seres humanos. Mientras se va agravando toda esta situación, los eventos planetarios nos muestran que cada vez habrá más “refugiados climáticos”, personas que por diferentes motivos no podrán seguir viviendo en sus hogares, en sus tierras, personas que tendrán que desplazarse para sobrevivir, pero además también nos están demostrando que toda la superficie del planeta está cada vez más expuesta a estos eventos, de una u otra forma, no solo las zonas donde ya estamos acostumbrados a que, de tanto en tanto, pase alguna tragedia, así que vamos a sentir más cerca el desequilibrio que da forma a la crisis planetaria actual.

Protesta en Estados Unidos por la construcción de oleoductos

Al mismo tiempo, parte de esta humanidad que ha “despertado al gigante” al llegar a un punto límite de explotación del planeta, también está despertando, abriendo su conciencia, preocupándose por todo el daño que se está causando y empezando a movilizarse para defender a Gaia, a ese sistema, a ese planeta que, en conjunto y unidad con todas las formas de vida que contiene en su superficie, mantiene una biosfera para que sea posible la vida, la propia existencia. Es el momento de comprender el respeto y amor que la mayoría de tribus nativas siempre demuestran por el planeta, por la “Madre Tierra”, como muchos la llaman para mostrar que ella nos cuida, nos protege, nos da la vida; es el momento de actuar desde ese respeto y amor por el planeta, sus sistemas y todas sus formas de vida recordando que “todo está conectado”, que hay una relación interdependiente entre todos para sostener la biosfera y todos sus mecanismos en equilibrio. Para ello el ser humano tiene que elevar su conciencia y ser responsable de sus actos, porque tal como declaraba James Lovelock en el año 2010: “Si hubiera mil millones de personas viviendo en el planeta, podríamos hacer lo que quisiésemos. Pero hay casi 7000 millones. En esta escala, la vida tal como la conocemos hoy no es sostenible”. Y hay que tener en cuenta que ahora ya somos más de 7600 millones.

Por otro lado, es importante ser conscientes de que la ciencia sigue sin comprender cómo funciona el planeta, cómo se mueven sus sistemas para reequilibrarse. El ser humano sigue haciendo pruebas y ejercicios de geoingeniería sin realmente saber cuáles pueden ser verdaderamente los resultados a nivel global, porque todavía no ha comprendido que está interfiriendo en un todo holístico, en una entidad planetaria, no en partes o zonas del planeta. Y el planeta es un gigante de dimensiones colosales con un cuerpo que, al igual que el nuestro, funciona como una totalidad. Así que no podemos pensar solo en la biosfera, en esa parte donde existe la vida en el planeta, esa franja de unos 20 kilómetros que rodea al planeta y que va desde las más profundas fosas marinas hasta las capas habitables de la atmósfera, sino que hemos de pensar en todas las capas del planeta, en las capas magmáticas subterráneas, en la influencia que el núcleo del planeta también tiene sobre la biosfera, sobre su equilibrio, sobre su salud. Incluso está probado científicamente que el núcleo de la Tierra juega un papel primordial sobre la estructura del campo magnético que rodea y protege al planeta y también sobre los movimientos planetarios de rotación, etc. Todo ello es imprescindible y forma parte de la estructura y sistemas de la Tierra.

Es el momento de dejar de ser la pieza del puzle que no encaja y que se mueve por su cuenta desequilibrando y destruyendo todo lo establecido en armonía y equilibrio. Es el momento de ver la oportunidad de cambio, de progreso, como humanidad, como ser humano, que nos da esta crisis planetaria para que seamos realmente la especie más evolucionada del planeta, la especie que lo respeta y se mueve para que esa interrelación que da forma a todo este maravilloso sistema planetario en el que vivimos se sostenga y funcione en plenitud y magnificencia, de lo contrario nos acercaremos a lo que Bill McGuire explica al final de su libro: “A menos que haya un cambio dramático y completamente inesperado en la forma en que la raza humana se maneja a sí misma y al planeta, entonces las perspectivas futuras para nuestra civilización se ven cada vez más desalentadoras”. (página 270) Espero que sepamos aprovechar la oportunidad antes de que sea demasiado tarde y que conectemos con amor y respeto con el “Gigante” para que su despertar no llegue a un punto insostenible para la supervivencia de todos los seres vivos, incluidos los seres humanos.



Fuentes:
Libro: Bill McGuire - Waking The Giant - How a Changing Climate Triggers Earthquakes, Tsunamis, and Volcanoes; Londres: Oxford University Press (2012).

lunes, 30 de julio de 2018

Evento del mes de julio

Publicado por David Arbizu

LAS ÁREAS PROTEGIDAS DEL PLANETA
Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), un área protegida es “un espacio geográfico claramente definido, reconocido, dedicado y gestionado, mediante medios legales u otros tipos de medios eficaces, para conseguir la conservación a largo plazo de la naturaleza y de sus servicios ecosistémicos y sus valores culturales asociados”. Esta definición implica una implementación de acciones enfocadas en el cuidado, mantenimiento y protección de un área protegida, algo que forma parte de las responsabilidades de los gobiernos de cada país, pero también, especialmente, del nivel de conciencia con el que lo seres humanos se relacionan e interactúan con esas áreas.

Actualmente en la Tierra hay más de 200 000 áreas protegidas terrestres que en total cubren un 15% de su superficie terrestre. En el mapa que sigue a continuación se muestran las áreas protegidas terrestres (color rojo) y las áreas protegidas marinas y costeras (color azul).


La primera área protegida se creó en 1872 y fue el Parque Nacional de Yellowstone (USA). A partir de entonces empezó el movimiento mundial de creación de áreas protegidas. La UICN considera que la denominación “área protegida” abarca las siguientes categorías de espacios dependiendo del grado de protección que el área requiere:
1. Reserva Natural Estricta o Área Natural Estricta: Son lugares donde es necesaria una gran protección para la supervivencia de ecosistemas, especies y otros rasgos de geodiversidad que se degradarían y/o destruirían si se vieran sometidos a cualquier impacto humano significativo.
2. Parque Nacional: Áreas donde el objetivo es proteger la biodiversidad natural junto con la estructura ecológica subyacente y los procesos ambientales sobre los que se apoya. El objetivo también es promover la educación y el uso recreativo. 
3. Monumento Natural: Lugares donde se quieren proteger los rasgos naturales específicos sobresalientes y la biodiversidad y los hábitats asociados a ellos.
4. Áreas de Manejo de Hábitat/Especies: Áreas donde hay mayor interacción con actividades humanas enfocadas en el mantenimiento, conservación y restauración de especies y hábitats.
5. Paisajes Terrestres y Marinos Protegidos: Lugares donde el objetivo es proteger y mantener el paisaje (terrestre y/o marino) y la conservación de la naturaleza del lugar y también promover la interacción con actividades humanas desde valores de respeto y conservación.
6. Áreas Protegidas con Recursos Manejados: Son zonas donde el objetivo es que se haga un uso sostenible de los recursos naturales. Es la categoría de menor grado de protección. El enfoque sigue siendo la protección y conservación pero con actividades humanas enfocadas en el uso de los recursos del lugar.

Parque Nacional de Yellowstone (USA)

A pesar de que cada vez hay más áreas protegidas y el objetivo de que para el año 2020 se llegue a un 17% de superficie terrestre planetaria protegida, la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas, hábitats y estructuras que forman la naturaleza del planeta están cada vez más dañados por la actividad humana y sigue avanzando con gran rapidez la sexta extinción masiva. Hace pocos días hemos sabido que el “Overshoot Day” o “Día del Exceso Terrestre”, que representa el día del año en el cual el consumo de recursos naturales por parte de los seres humanos excede la capacidad del planeta de regenerar tales recursos durante ese mismo año, es el próximo 1 de agosto, la fecha más temprana jamás registrada y que para mantener nuestro apetito devastador actual por los recursos necesitaríamos el equivalente a 1,7 Tierras.

Relacionado con esta perspectiva pesimista, un estudio publicado en la revista Science el pasado 18 de mayo revela que 3,7 millones de kilómetros cuadrados de las áreas protegidas, es decir, el 32,8%, están muy degradadas por la presión humana, otro 42% está sometido a la influencia de nuestras actividades sin que, de momento, haya constatación de perjuicios notables y solo el 10% está completamente libre de amenaza, aunque ese 10% corresponde a zonas remotas de Rusia, Canadá y una parte muy austral de la Patagonia Argentina y Chilena. Las zonas más degradadas son los lugares donde hay una intensa presión humana debido, sobre todo, a la construcción de carreteras, la agricultura intensiva y la urbanización y todo ello va de la mano de actividades devastadoras como la deforestación, la minería y la extracción de todo tipo de materiales especialmente a través de la perforación del suelo, ya sea en los continentes o en los océanos. A todo esto hay que añadir la degradación que provoca la superpoblación del planeta y el avance tecnológico que permite accesos y desplazamientos a todos los puntos del planeta junto con toda la expansión contaminante que eso conlleva y el desequilibrio que supone el desplazamiento de especies invasoras, algo que se considera una de las situaciones de mayor destrucción de ecosistemas y hábitats a nivel planetario.

Una plataforma petrolera varada junto a la isla de Sitkalidak (Alaska)

El pasado mes de mayo se celebró en Medellín (Colombia) la sexta sesión de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (IPBES). Esta Plataforma cuenta con 129 Estados Miembros y cuatro Socios Institucionales de las Naciones Unidas: UNESCO, PNUMA, FAO y PNUD. En la sesión se expusieron y aprobaron informes de evaluación correspondientes a tres años de trabajo y estudio sobre la biodiversidad y los ecosistemas. Estos informes constatan la devastación de la biosfera y cómo esta situación alarmante pone en peligro la propia subsistencia humana, de manera que apuntan a proporcionar una base de conocimiento para la acción global sobre la biodiversidad, de la misma manera que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas es utilizado por los legisladores para establecer objetivos de emisión de carbono.

Estas son algunas declaraciones interesantes de dos personas relevantes del IPBES: Según la Dra. Anne Larigauderie, Secretaria Ejecutiva de IPBES: “Actuar para proteger y promover la biodiversidad es al menos tan importante para lograr estos compromisos (acuerdos de la Plataforma) y para el bienestar humano como lo es la lucha contra el cambio climático global”. Robert Watson, presidente de IPBES, declaró: “El momento de actuar fue ayer o anteayer” y añadió: “Los gobiernos reconocen que tenemos un problema. Ahora necesitamos acción, pero desafortunadamente la acción que tenemos ahora no está en el nivel que necesitamos”.

Realmente el momento de actuar fue hace mucho tiempo. De hecho, desde 1977 ha habido más de 140 informes científicos advirtiendo sobre el deterioro del clima y de la naturaleza, de toda la biosfera y sus sistemas, sin contar todos los informes alarmantes que año tras año van saliendo a la luz, muchos de ellos realizados por grandes empresas, en los que se reconoce el gran perjuicio que va a representar seguir adelante con políticas enfocadas solo en los beneficios y ganancias de dichas empresas, en la mayoría de los casos también involucradas con los gobiernos de cada país afectado. Ahora el desafío ambiental exige una respuesta del ser humano de ámbito global, donde toda la humanidad adopte la firme postura y convicción de que se acaba el plazo para poder mantener ese “bienestar humano” a costa de la destrucción del planeta, porque esa destrucción, ahora ya a corto plazo, también va a ser la del propio ser humano. 


 

viernes, 29 de junio de 2018

Evento del mes de junio

Publicado por David Arbizu

LOS REFUGIADOS CLIMÁTICOS
Estamos siendo testigos del gran conflicto político, social y económico que supone la continua llegada de refugiados e inmigrantes a muchos de los considerados países “desarrollados”, destacando especialmente Estados Unidos y la Unión Europea. Durante la madrugada de hoy, 29 de junio de 2018, los líderes europeos han acordado la creación de “centros controlados” para acoger a las personas que llegan a los países miembros y separarlas dependiendo si son refugiados y se les otorga el estatus de protección o si son inmigrantes económicos, en cuyo caso serían devueltos a sus países de origen. Al mismo tiempo, hace pocos días que también se estableció un preacuerdo para crear “plataformas de desembarco” en países terceros donde llevar de vuelta las embarcaciones que transporten inmigrantes interceptadas en el Mediterráneo con el fin de “clasificar a las personas” según su derecho o no al asilo y así permitir o no su entrada.
No es el motivo ni el enfoque de este artículo hacer ningún análisis político ni de otro tipo sobre estas situaciones y acuerdos, pero son importantes a tener en cuenta para el desarrollo del verdadero tema principal, que son los refugiados climáticos.

Durante las últimas semanas de este mes de junio, diplomáticos de todo el mundo se reunieron en Nueva York y Ginebra para elaborar nuevos acuerdos globales que apuntan a establecer nuevas pautas sobre cómo los países deben lidiar con un aumento sin precedentes en el número de personas desplazadas, que ahora ha alcanzado la cifra de 65,6 millones en todo el mundo. Estas nuevas pautas, al igual que todo lo comentado en el párrafo anterior, se centran en las políticas de acceso a los países más desarrollados y en cómo conseguir proteger sus fronteras, pero estas reuniones y acuerdos no están teniendo en cuenta una categoría de migrante que es la persona que se ve obligada a dejar el lugar donde vive debido a que ya no es habitable, a que ya no es posible la supervivencia por razones climáticas, por lo que conocemos como “desastres naturales”. Este tipo de migrante es el “refugiado climático”, una persona en una situación que no se puede clasificar tal como estos acuerdos pretenden y que de momento carece de una definición formal, reconocimiento o protección según el derecho internacional, algo que es sorprendente si se analizan datos como los que establecen que desde el año 2008 ha habido un promedio de 24 millones de personas que cada año han tenido que desplazarse debido a las catástrofes naturales y que estas catástrofes, estos eventos, son cada vez más numerosos y devastadores, lo cual significa que esa cifra seguirá aumentando.

Puerto Rico. Devastación tras el paso del huracán María (2017)

El pasado mes de marzo, el Banco Mundial publicó el “Informe Groundswell: Preparación para la migración climática interna”, basado en el estudio de tres regiones que juntas representan el 55% de la población del mundo en desarrollo: África subsahariana, Asia meridional y América Latina. El informe concluye que para el año 2050 el cambio climático empujará a decenas de millones de personas a migrar dentro de sus países y prevé que, sin una gestión y acciones de desarrollo enfocadas en frenar los efectos negativos sobre los patrones climáticos, alrededor de 143 millones de personas podrían verse obligadas a desplazarse dentro de sus propios países. El informe también explica que las áreas más pobres y más vulnerables al clima serán las más afectadas y que lo que principalmente forzará las migraciones será la falta de agua junto con la baja productividad de los cultivos y también el aumento del nivel del mar y todas las inundaciones costeras provocadas por tormentas y huracanes.

Aunque las tres regiones elegidas para realizar el informe puedan ser las más afectadas, los patrones atmosféricos extremos, el aumento del nivel del mar y los eventos relacionados con erupciones volcánicas, terremotos y todo lo relacionado con las fisuras que se están abriendo en muchos lugares diversos de la Tierra, nos están mostrando que cualquier parte del planeta puede ser afectada y que de repente puede haber un gran número de personas, de cualquier país o región, que necesiten ayuda y asistencia para sobrevivir; además, estamos siendo testigos de que parte de lo que prevé el informe para el año 2050 ya está sucediendo ahora. Un ejemplo de esto son los terribles incendios forestales que el año pasado azotaron y destruyeron enormes áreas de Estados Unidos, otro ejemplo es la situación que afecta parte de la zona del Ártico, sobre todo de Alaska, donde tanto el deshielo de la superficie helada como del permafrost están provocando daños irreparables en muchos pueblos que ya están iniciando los procesos de reubicación y abandono de residencias que van a quedar sumergidas o destrozadas por las grietas y movimientos del terreno. La foto que sigue a continuación corresponde al pueblo de Kivalina (Alaska), que va siendo devorado por el aumento del nivel de mar. La imagen superior derecha muestra cómo era todo antes del deshielo.


Muchos expertos y científicos están alertando del problema de los refugiados climáticos y cada vez son más los estudios e informes que establecen relaciones directas entre el calentamiento global, el aumento del nivel del mar, el incremento de huracanes e incluso el movimiento de las placas tectónicas y la actividad volcánica. De hecho, algunas situaciones son cada vez más de conocimiento público, como las que soportan algunas islas del Pacífico que con el paso del tiempo van quedando más inundadas y las de algunos países africanos donde la sequía ha causado abandono de tierras de cultivo, granjas y poblados.

Pariahan (islas Filipinas): aldea que ha quedado inundada y está prácticamente abandonada

En una jornada llamada “Migraciones climáticas”, realizada el 26 de enero en Madrid, se señalaron tres fenómenos que se iniciaron el siglo pasado y que se consideran ocasionadores del cambio climático y, por lo tanto, del surgimiento del refugiado climático. El primer fenómeno es la brecha entre la economía y el medio ambiente: cuanto mejor le va a la industria, peor le va a la naturaleza. Tal como explica Víctor Viñuales, director de la Fundación Ecología y Desarrollo: “Llamamos producción de petróleo a lo que es extracción. Un eufemismo, porque no se está produciendo nada. Se produce en un cultivo; aquí solo se extrae. Y en cada extracción nos quedamos un poco más pobres”. Esta continua extracción y perforación de la superficie y capas subterráneas de la Tierra está provocando falta de compacidad, fisuras y grietas, movimientos sísmicos, avalanchas y deslizamientos de tierra cuando el terreno queda debilitado por las lluvias, incluso se ha relacionado con erupciones volcánicas, como algunos medios han hecho al relacionar la erupción del volcán Kilauea (Hawái) con las operaciones de perforación de la planta geotérmica que estaba operando dentro de una zona considerada parte del caldera volcánica.
El segundo fenómeno es la ruptura social, el aumento de los conflictos entre seres humanos, ya sea por la religión, la raza o cuestiones económicas y/o políticas como la propiedad del territorio. Esto no tan solo dificulta la acción unificada que requiere la lucha contra el calentamiento global, sino que provoca migraciones por genocidios y todo tipo de ataques donde se pueden incluir las guerras y conflictos armados que ahora hay en el planeta.
El tercer fenómeno es “la ruptura en nuestro propio yo” o lo que también se podría llamar la caída de los valores del individuo, del ser humano. Tal como señala Víctor Viñuales: “En el año 2000, hubo más muertes por suicidios que por tráfico y terrorismo. Esto delata un desapego a la vida y, por extensión, al planeta en que vivimos”. Esta falta de conciencia, de amor y de respeto por el prójimo y por el planeta y todos sus seres vivos es el resultado de una sociedad cada vez más individualista, egocentrista, donde solo se procura el bienestar de uno mismo y de lo más próximo, de lo que puede afectar ese bienestar personal.

Vista aérea de la destrucción causada por la erupción del volcán Fuego (Guatemala)

A todos los efectos negativos que pueden causar las catástrofes naturales hay que añadir no tan solo que la actividad humana es la principal causante del desequilibrio de los sistemas que sostienen la biosfera y de la sexta extinción masiva, sino que muchos de estos eventos naturales pueden provocar situaciones muy graves y devastadoras al poder afectar instalaciones relacionadas con actividades altamente peligrosas que el hombre está llevando a cabo, como pueden ser las centrales nucleares, tal como pasó en Fukushima, el almacenamiento de enormes cantidades de productos químicos mortalmente tóxicos, el desarrollo y pruebas de armamento y tecnología militar, la puesta en marcha de proyectos de geoingeniería cuyo resultado puede ser peor que el previsto, etc.

Entramos de lleno en un período de tiempo donde aumentarán los refugiados climáticos y cada vez más personas serán conscientes del gran problema que se tendrá que afrontar en un planeta superpoblado donde va quedando menos margen para la rectificación y la puesta en marcha de acciones que detengan el desequilibrio y el deterioro de la biosfera, donde también podrán aumentar las zonas afectadas por los eventos y catástrofes que dificulten la supervivencia y donde el tema de los refugiados climáticos deberá ser abordado desde una perspectiva global, planetaria.

jueves, 31 de mayo de 2018

Evento del mes de mayo

Publicado por David Arbizu

LA ERUPCIÓN DEL VOLCÁN KILAUEA
El próximo domingo, 3 de junio, se cumplirá un mes desde que el volcán Kilauea (Big Island- Hawái) inició una potente e impactante erupción que forma parte de un proceso eruptivo que empezó en enero de 1983, un proceso que representa una de las erupciones más longevas del mundo. La palabra “Kilauea” significa “escupiendo” o “mucha propagación” y hace referencia a los frecuentes derramamientos de lava que se producen en el volcán. Es el más activo de los cinco volcanes que hay en la isla y también uno de los más activos del planeta. Los primeros geólogos que estudiaron los volcanes de la isla pensaron que el Kilauea formaba parte de la caldera del Manua Loa, que es el volcán más elevado y de mayor dimensión, pero después se pudo comprobar que cada uno tiene una cámara magmática diferente.

Como se puede observar en el mapa que sigue a continuación, el Kilauea está situado en el sureste de la Isla Grande. Se trata de un volcán “en escudo” cuyo punto más elevado llega a los 1227 metros sobre el nivel del mar y que ocupa un 14% del área terrestre de la isla. Un volcán en escudo es un volcán de grandes dimensiones que se ha formado a partir de las capas de sucesivas erupciones basálticas fluidas que han ido llegando a la superficie a través de fisuras y pequeñas chimeneas. Se podría decir que se trata de una gran caldera volcánica que se extiende a lo ancho, ocupando una gran extensión y que no forma el típico cono volcánico en forma de montaña cuyo interior contiene una gran chimenea, aunque sí forme una cumbre y pueda tener otros puntos de ventilación y salida de magma. En el caso del volcán Kilauea, la cumbre se llama Halema'uma'u y se trata de un cráter de grandes dimensiones que contiene un lago de lava; el Kilauea también tiene un gran cono de salida de magma que se llama Puu Ōō.
 

La actual erupción, que empezó el pasado 3 de mayo, se inició con un gran derrumbamiento en el cono Puu Ōō, un aumento de la sismicidad, la deformación del terreno y la aparición de varias fisuras, todo ello debido a la enorme presión del magma subterráneo. Durante este mes se han formado 24 fisuras por las que emana la lava, en ocasiones formando fuentes que han llegado a los 60 metros de altura y flujos que se han ido volviendo cada vez más fluidos y rápidos, llegando a moverse a casi 500 metros por hora. Las primeras fisuras ya crearon grietas en algunas carreteras y provocaron la evacuación de muchas personas cuyas viviendas e instalaciones se encontraban en peligro. Se calcula que hay más de 2000 personas evacuadas y que la lava ha destruido más de 70 propiedades y cientos de postes eléctricos y ha cortado muchas carreteras, aparte de quemar grandes extensiones de bosque y terrenos que forman parte del Parque Nacional de los Volcanes de Hawái, que ahora se ha cerrado al público y donde ha afectado gravemente a toda forma de vida. También se han formado grandes columnas de ceniza y gases que se han extendido sobre diversas partes de la isla, dependiendo de los vientos y que hace pocos días incluso llegaron a las islas Marshall, situadas a más de 3700 kilómetros de Hawái. Estas nubes o “niebla volcánica” representan un gran riesgo para la salud, sobre todo porque provocan graves problemas respiratorios. En los próximos días se espera que la nube que se extiende desde el Kilauea llegue a Micronesia e incluso más al oeste. Otro efecto peligroso es la lluvia ácida, que también se ha producido en varias ocasiones.

La lava emerge desde las fisuras formando grandes flujos de lava

Debido a que en muchos medios de comunicación y redes sociales ya aparece mucha información e imágenes sobre esta erupción, voy a enumerar y explicar brevemente algunos datos y situaciones destacables y sus consecuencias:

El peligro de la Central Geotérmica de Puna: Desde que empezó la erupción y la continua aparición de fisuras, saltó la alarma por la posibilidad de que los flujos alcanzarán la Central Geotérmica de Puna y pudieran generarse grandes explosiones y la emisión de gases altamente tóxicos y mortales. Cuando se inició el proyecto de instalación de esta planta ya hubo mucha controversia y oposición, tanto por el hecho de que se iba a construir dentro de una región volcánica muy activa como porque la central iba a utilizar técnicas de fracking para funcionar y producir electricidad. A pesar de la negación de los propietarios de la central, muchos estudios demuestran la utilización del fracking y su relación directa con la actividad sísmica de toda la zona, incluso en las publicaciones de algunos medios de comunicación se ha podido leer que esta erupción está vinculada directamente a la actividad de la central. Además, para su funcionamiento la central utiliza gas pentano, un gas altamente inflamable, aunque el mayor temor por la llegada de la lava siempre ha sido la posible liberación de grandes cantidades de sulfuro de hidrógeno, un gas inflamable e incoloro extremadamente nocivo y que disuelto en el aire, incluso en cantidades muy pequeñas, puede llevar a la asfixia y llegar a ser mortal por sobreexposición. A principios de mes, al contemplar la posibilidad de que la lava alcanzara la central, se eliminaron unos 200 000 litros de gas pentano para reducir la posibilidad de explosiones y se enfriaron y despresurizaron los once pozos que hay en la central. Durante el pasado fin de semana la lava alcanzó la central y cubrió dos de sus pozos sin que se haya detectado una liberación de sulfuro de hidrógeno, aunque se desconoce si puede haber otro tipo de liberaciones o consecuencias, ya que hasta este momento en ninguna parte del planeta la lava había afectado una planta geotérmica.

Actividad explosiva relacionada con el descenso del nivel de lago de lava del cráter Halema'uma'u: Desde que empezó este proceso eruptivo, con la continua aparición de fisuras, la presión magmática se ha desplazado y extendido y el nivel del lago de lava ha bajado ostensiblemente. Cuando este nivel baja puede provocar que haya un contacto de la lava con los acuíferos y la capa freática, ya que el propio magma calienta las rocas y sella el conducto magmático frente a posibles filtraciones de agua, de manera que cuando el nivel de magma cae por debajo de la capa freática y la roca que está encima se enfría, se abren pequeñas grietas a través de las cuales puede fluir agua hacia los conductos magmáticos. Cuando eso sucede, el calor convierte el agua en vapor y aumenta la presión en el conducto y cuando hay mucha presión acumulada se producen violentas explosiones llamadas “explosiones freatomagmáticas”, tal como ha sucedido desde mediados de mes. La caída del nivel del lago y las explosiones también han provocado el aumento de la sismicidad, de la deformación y el desprendimiento de rocas desde las paredes del cráter, algo que también puede haber taponado el respiradero impulsando el aumento de la presión y las consecuentes explosiones con grandes emisiones de ceniza y gas. Estas explosiones pueden lanzar bloques de varias toneladas de peso a grandes distancias y, de hecho, se han encontrado bloques de hasta 60 cm de tamaño a cientos de metros del cráter. Las emisiones de ceniza crean columnas que superan los 5 km de altura y que pueden ser muy peligrosas para la salud y alcanzar largas distancias dependiendo de los vientos.



La llegada de la lava al océano: Desde el pasado día 20-05, dos amplios flujos de lava llegan a la costa y al océano. Cuando la lava entra en contacto con el agua del océano se forma el “Laze” (palabra inglesa formada por las palabras “lava” y “haze”, que significa “niebla”). Laze son peligrosas nubes de vapor cargadas de humos ácidos como el cloruro de hidrógeno, que puede llegar a ser mortal y pequeñas partículas de vidrio volcánico que se forman cuando el agua del mar hierve al contactar con la lava. Estas nubes o Laze pueden extenderse a más de 25 km y por eso se ha advertido a los habitantes de las zonas más próximas, ya que puede dañar los pulmones, irritar los ojos y la piel e incluso provocar la muerte en casos graves.

Formación de Laze con la llegada de la lava al océano

La cámara magmática interna y la incertidumbre de los científicos: Los científicos desconocen por qué se producen cambios en la presión del magma que hacen que caiga en picado el nivel del lago o que de pronto una fisura que se daba por mitigada vuelva a recobrar una fuerza tremenda. También desconocen si la erupción va a seguir aumentando o puede empezar a debilitarse, aunque lo más seguro es que puedan aparecer más fisuras y que haya mayor riesgo de inundación de lava en muchos lugares que todavía no están afectados.Tal como declara Qin Cao, un sismólogo del Instituto de Tecnología de Massachusetts: “Tenemos que pensar en diferentes tipos de plumas del manto. La imagen de la dinámica interna de la Tierra y los procesos de intercambio de materiales entre el manto superior e inferior son más complicados de lo que la gente ha pensado hasta ahora”. Qin Cao cree que existe una gigantesca anomalía térmica profunda de cientos de millas de ancho situada al oeste de Hawái y que es lo que alimenta los volcanes de la isla. Se cree que la cámara magmática está relacionada con toda la formación insular del archipiélago de Hawái y que el movimiento y la presión del magma responden al desplazamiento y relación de la placa tectónica del Pacífico con las otras placas circundantes.

Cámara y salida del magma desde el manto, bajo la Isla Grande

Últimas noticias en el momento de la publicación de este artículo: 
- Se amplían las evacuaciones debido a los rápidos movimientos de los flujos de lava, que pueden afectar nuevas comunidades y cortar carreteras principales dejando a personas aisladas. Hay más carreteras y autopistas cortadas por la lava y se recomienda que las personas estén atentas a las noticias que se emiten desde las estaciones de radio locales debido a que las comunicaciones por teléfono fijo han quedado limitadas por la gran destrucción de postes de electricidad y cables de líneas telefónicas.
- Hay altas concentraciones de dióxido de azufre en varias zonas y se recomienda mantener, sobre todo a niños y bebés, alejados de la exposición, incluso si llevan máscaras protectoras. 
- Un nuevo flujo de lava se acerca al océano. 
- En el cráter Halema'uma'u siguen las explosiones y la emisión de ceniza y gas. Se pronostica que las condiciones del viento pueden favorecer que la ceniza se expanda de forma generalizada por la isla de Hawái.
- Algunas fisuras, como la nº 8, han aumentado la fuerza de la emisión de lava y el flujo de lava que alimentan ha alcanzado velocidades de 550 metros/hora. También es muy elevada la emisión de gas desde las fisuras.

Mapa actualizado del día 30-05-18

Esta gran erupción nos demuestra el gran poder del planeta. Las imágenes que se pueden observar en muchos de los vídeos publicados en medios de comunicación y redes sociales son muy impactantes al ver las enormes fuentes de lava y la impresionante cantidad de lava fluyendo sin cesar. Esperemos que la erupción se vaya calmando y que no produzca daños o consecuencias más graves, tanto a nivel local como planetario, ya que un evento de este tipo afecta a muchos sistemas que forman parte de la estructura de la biosfera.