martes, 30 de abril de 2019

Evento del mes de abril 

Publicado por David Arbizu

UN ACUERDO GLOBAL PARA LA NATURALEZA
Conforme aumenta el desequilibrio de los patrones climáticos que rigen y sostienen nuestra biosfera y nuestro planeta, también aumenta el número de personas que conciben que si no se actúa, si no se acepta y se afronta la crisis planetaria, el cambio climático y todo el daño y destrucción que está causando la actividad humana, nos dirigimos hacia a un punto de no retorno, sin posibilidades de recuperación, hacia una situación catastrófica global, donde ya no habrá unas partes del planeta más seguras que otras porque cualquier efecto devastador podrá llegar a cualquier lugar, algo que prácticamente ya se puede ver que está pasando.

Este incremento de lo que, de algún modo, podríamos llamar “conciencia planetaria”, se está observando en los diversos movimientos sociales que se están llevando a cabo en muchas partes del planeta para exigir que los gobiernos, las instituciones, las organizaciones con capacidad de toma de decisiones y de legislar, trabajen y pongan en marcha medidas de protección ambiental, de la naturaleza, de los ecosistemas, de nuestra Tierra. Un movimiento importante es el de las huelgas estudiantiles por el clima, que están siendo apoyadas cada vez en más partes del planeta, con organizaciones y grupos de padres, de profesores y, algo muy importante, de científicos que declaran con fuerza que hay que tomar medidas, que hay que buscar soluciones y que hay que hacerlo ya, sin más retrasos, sin más excusas y decretos improductivos que solo sirven para alargar posibles implementaciones de leyes y restricciones importantes dejándolas para el siguiente encuentro, para la siguiente reunión, mientras sigue la destrucción del planeta para beneficio de unos pocos.

Gracias a todo este movimiento social, se impulsan y salen a la luz proyectos y trabajos de organizaciones y grupos que llevan muchos años entregados al estudio e implementación de acciones para contrarrestar el cambio climático, para que sea posible que el ser humano viva en perfecta armonía en este planeta sin tener que “devorarlo”. Junto con todo este movimiento y presión social, durante este año y especialmente durante las últimas semanas, estamos siendo testigos de cómo algunos países aprueban leyes para proteger la naturaleza, tanto terrestre como marina, frente a actividades destructivas como la minería, la extracción de petróleo y gas, la deforestación o cualquier actividad que provoque contaminación y alteraciones inadecuadas. También en algunos países hay ríos que han recibido el reconocimiento de entidad con personalidad legal y, por ejemplo, hace pocos días que se ha sabido que un pueblo indígena de Ecuador, los Waorani, ha ganado un litigio con el Ministerio de Energía e Hidrocarburos, lo cual significa que ha habido un fallo judicial que prohíbe la explotación petrolífera en una parte de la Amazonía ecuatoriana. Este tipo de noticias son importantes porque impulsan nuevas demandas ante la justicia conforme aumenta la confianza en el poder judicial, conforme se conocen sentencias de jueces que defienden los espacios naturales y reconocen el daño causado y la necesidad de repararlo y detenerlo. Y, tal como he indicado antes, tenemos una parte cada vez más importante de la comunidad científica manifestándose contra la falta de acción para detener el calentamiento global, impulsando y publicando estudios para ofrecer nuevas alternativas y también para demostrar el terrible futuro que nos aguarda, un futuro que ya estamos viendo en el presente y que, con dureza, nos muestra la siguiente imagen.


Uno de los proyectos que están teniendo un rol importante dentro de la lucha contra el cambio climático es el de la Fundación Leonardo DiCaprio. DiCaprio estableció su fundación en 1998 con la misión de proteger los últimos lugares salvajes del mundo, pero con el paso de los años la fundación ha ido creciendo y enfocándose también en la investigación y búsqueda de soluciones para abordar los problemas ambientales de nuestro planeta. Todo ello ha dado forma e impulsado el proyecto de la fundación llamado “One Earth”, que muestra la posibilidad de superar la crisis climática basándose en tres acciones fundamentales que deberían estar totalmente conseguidas para el año 2050: haber alcanzado el 100% de energía renovable, la protección y restauración del 50% de las tierras y océanos del mundo y una transición a la agricultura regenerativa, todo ello de forma gradual pero con objetivos marcados en años concretos dentro de este período de tiempo.


Una gran parte de los resultados de todo este trabajo se recoge en el libro “Achieving the Paris Climate Agreement” (“Alcanzando los objetivos del Acuerdo Climático de París”). El libro, que representa la culminación de dos años de trabajo y colaboración de 17 científicos reconocidos, ha sido publicado por la prestigiosa editorial científica “Springer Nature” y ofrece una hoja de ruta para cumplir y superar los objetivos establecidos en el Acuerdo Climático de París, demostrando que se puede resolver la crisis climática global con las tecnologías actualmente disponibles y las soluciones climáticas naturales. Esta declaración de Sven Teske, coautor y editor del libro y Director de Investigación del Instituto para Futuros Sostenibles de la Universidad de Tecnología de Sídney (UTS), muestra perfectamente el objetivo principal de todo su trabajo: “Los científicos no pueden predecir el futuro por completo, pero el modelo avanzado nos permite trazar los mejores escenarios para crear un sistema energético global apto para el siglo XXI. Y dado que el impulso en torno al Acuerdo de París se está retrasando, es crucial que las personas de todo el mundo que tienen el poder de tomar decisiones puedan ver que podemos, de hecho, satisfacer la demanda mundial de energía a un costo menor con energías renovables limpias”.

Directamente relacionado con el contenido del libro y también bajo el patrocinio de la Fundación Leonardo DiCaprio y el proyecto One Earth, el viernes 19 de abril se publicó, en la revista “Science Advances”, el artículo “Un Acuerdo Global para la Naturaleza: principios rectores, hitos y objetivos”. Los coautores de este artículo son científicos líderes de instituciones de investigación, organizaciones no gubernamentales, grandes empresas tecnológicas y grupos de conservación. Uno de los aspectos importantes que aporta este artículo es que se considera que el problema de la extinción masiva y el de la crisis climática son inseparables, están totalmente vinculados, y por ello se deben abordar conjuntamente para definir las acciones que se deben tomar para frenar el calentamiento global y el deterioro de la biosfera. Por esta razón, este acuerdo muestra un objetivo unificado: proteger los ecosistemas para combatir el cambio climático y combatir el cambio climático para proteger los ecosistemas, y declara que “el presupuesto de carbono y el presupuesto de biodiversidad son dos caras de la misma moneda, ya que la degradación del hábitat representa una fuente de emisiones que es imprescindible evitar”.

El estudio afirma que es necesario implementar un plan de acción para que el planeta no se caliente 1,5ºC por encima de la temperatura de la era preindustrial, ya que superar esa cifra representaría acercarse a un punto de no retorno, a un fuerte aumento de los trastornos climáticos, de la extinción de especies y de un deterioro de partes de la biosfera que podrían poner en peligro la supervivencia en enormes áreas del planeta e incluso a nivel global. Tal como declara Thomas Lovejoy, biólogo y coautor del artículo: “La ciencia nos está diciendo que si superamos los 1,5ºC, podríamos experimentar un “tsunami de extinción” que provocaría el colapso de muchos ecosistemas clave”, y añade: “No podemos resolver la crisis de la biodiversidad sin resolver la crisis climática, y no podemos resolver la crisis del clima sin resolver la crisis de la biodiversidad. Las dos están interconectadas”.

El plan fija dos líneas de acción: una enfocada en llegar a cero emisiones netas de gases de efecto invernadero en las próximas décadas y otra enfocada en el cuidado y protección de la naturaleza, de sus hábitats y ecosistemas, sabiendo que para ello hay que frenar la deforestación, la caza furtiva y otras amenazas a las especies y todo lo que forma esos ecosistemas antes de que sea demasiado tarde. En este sentido, se establece el objetivo de controlar, preservar y restaurar, para el año 2030, el 30 por ciento de las tierras del planeta mediante diversos grados de protección contra el abuso y la destrucción, al mismo tiempo que se implementan protecciones adicionales para otro 20 por ciento, que representarían “Áreas de Estabilización del Clima” para apoyar el conjunto de tierras protegidas. Dentro de estas áreas a proteger, también se establecen objetivos para la conservación y cuidado de los océanos y los ecosistemas de agua dulce. Coincidiendo con el estudio y hoja de ruta que plantea el libro “Achieving the Paris Climate Agreement”, el Acuerdo Global para la Naturaleza también incluiría el planteamiento que se conoce como “Modelo Climático One Earth”, que incluye objetivos sobre los siguientes temas: expansión agrícola, carreteras, represas, sobrepesca, comercio de especies silvestres, especies invasoras, plásticos, toxinas y productos químicos que agotan la capa de ozono. Algo que tienen también en común todos los proyectos y estudios es el respeto y consideración por las formas de vida y de relación con la naturaleza de los pueblos nativos, ya que se considera que tienen mucho que aportar y enseñar y además ocupan el 37% de las tierras naturales que quedan en el planeta.

En el gráfico que sigue a continuación se puede observar cómo la disminución de producción de energía a partir de combustibles fósiles, junto con la disminución de producción de cemento, hacen que bajen en picado las emisiones de CO2 y, especialmente, cómo el uso de la tierra, su protección y recuperación, algo directamente relacionado con el control sobre la obtención de energía a partir de la minería y de la extracción y también sobre la agricultura intensiva, permiten que, en el año 2027, ese apartado pase de ser positivo en emisiones a ser negativo, pudiendo absorber y retener emisiones de CO2. Y también es importante toda la gestión con los sumideros naturales terrestres y marinos que almacenan y retienen carbono y otros gases de efecto invernadero, para que se mantengan intactos y sin emitir todo ese contenido a la atmósfera.


Hay otro factor o pieza clave que forma parte de este propósito, de este proyecto, que es imprescindible para que se ponga en marcha y que incluso puede parecer la parte más complicada, más enclaustrada y difícil de cambiar, de hacer avanzar. Esta parte la forman principalmente la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica y todas las Cumbres por el Clima, como la última que se celebró en Polonia a finales de 2018 (COP24). Los proyectos y acuerdos de estas organizaciones llevan un ritmo extremadamente lento y ni siquiera se enfocan y trabajan adecuadamente debido a todas las presiones de grandes grupos de poder del planeta que no quieren cambios que puedan perjudicar su control y sus ingresos. A pesar de que se han alcanzado acuerdos para proteger el planeta y su biodiversidad, parece que no avancen y siempre hay países que no los ratifican o simplemente no los implementan. Por esta razón, el Acuerdo Global para la Naturaleza busca el compromiso del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica y muestra que, frente a las dificultades que supone todo cambio sobre las estructuras políticas, económicas y energéticas de la sociedad, que requieren un tiempo para que realmente se lleven a cabo y den sus frutos, hay muchas soluciones basadas en el poder de la naturaleza que están listas para funcionar ahora, que forman lo que se llama “soluciones climáticas naturales rentables”, pero que requieren una gestión responsable y respetuosa con partes de la tierra en las que se tiene que recuperar el equilibrio que las actividades humanas han deteriorado a través de actividades como la agricultura intensiva, la ganadería intensiva, la urbanización, etc. Hay que ser consciente de que se requiere que se empiecen a respetar y cuidar los espacios naturales tal como debería hacerse, incluyendo los que ya están protegidos por la ley y siguen sufriendo los abusos de la actividad humana, cuando en realidad van a ser imprescindibles para nuestra supervivencia, porque la propia biosfera, la naturaleza, no es una alternativa a la descarbonización de los sistemas de energía, sino que es una parte esencial de la solución global de mitigación del clima. 

Así que los líderes mundiales, los grupos que interfieren en esos convenios y reuniones, podrían ver que se puede empezar con un “mínimo esfuerzo” por su parte, algo que permitiría que pudieran interesarse por la inversión en la producción de nuevas formas de energía renovables, ya que estos estudios y modelos demuestran que es posible la transición al 100% de energías renovables. Hay que tener en cuenta que la fabricación del tipo de energía actual a través de la extracción también representa un gasto de energía, una alta contaminación tóxica por la quema de combustibles, que está relacionada con millones de muertes al año, y que muchas empresas dependan de los subsidios de los gobiernos, sin los cuales no serían tan rentables, unos subsidios que además representan que los contribuyentes estamos financiando involuntariamente la crisis climática. La investigación también señala que el futuro empresarial está en las energías renovables y que van a representar la creación de muchas empresas y puestos de trabajo.


Todo lo explicado hasta aquí no tiene el potencial ni el impulso suficiente si no está respaldado por una demanda fuerte, numerosa, concienciada, de seres humanos que quieren que se tomen medidas y que el planeta alcance un equilibrio y armonía adecuados para la prosperidad de su biosfera. Ahora hay una opinión pública que exige responsabilidades, que comprende el abuso que se está haciendo sobre el planeta, sobre todos los seres vivos, que gracias a Internet y los medios de comunicación puede recibir noticias como la de la iniciativa del empresario y filántropo Hansjörg Wyss, que a través de su “Wyss Campaign for Nature” (Campaña de Wyss por la Naturaleza) donará 1.000 millones de dólares para que el 30% de las tierras y océanos del planeta sean áreas protegidas; como la de las protestas de los activistas del grupo  “Extinction Rebellion” en Inglaterra, que van a presentarse en las elecciones europeas como un nuevo grupo llamado Climate Emergency Independents (Independientes por la Emergencia Climática); como la de todas las acciones y discursos de la activista sueca Greta Thunberg; como la de una parte de la población española quejándose porque en los debates electorales que ha habido antes de las pasadas elecciones ningún político ha hablado de medidas frente al cambio climático. Debe haber una masa crítica presionando, exigiendo y también expandiendo la preocupación por la crisis que sufre el planeta, que sufrimos todos y que irá aumentando si no se toman medidas contundentes. Y esa masa crítica, al mismo tiempo que transmite esa preocupación, también debe transmitir el amor por el planeta y todos sus seres vivos, debe transmitir el reconocimiento de la interdependencia de todos como parte esencial de la biosfera, debe transmitir los verdaderos valores elevados del ser humano como especie líder y de conciencia elevada de nuestra hermosa Tierra.

Finalizo adjuntando el enlace del Acuerdo Global por la Naturaleza, por si alguna persona quiere más información o firmar la petición de este acuerdo: https://www.globaldealfornature.org/petition/es/


Fuentes:


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