sábado, 7 de agosto de 2021

Evento del mes de agosto

Redactado y publicado por David Arbizu

TODO ESTÁ CONECTADO 
Habitamos un planeta de fuego, tierra y agua, pero también de diversos tipos de gas. Todo ello ha permitido el desarrollo de una biosfera y toda la gran diversidad que la habita. Esta es la perspectiva observando solo el planeta en sí mismo, pero existe una relación con el espacio exterior, especialmente con el Sol, sin la cual no sería posible que se dieran las condiciones que hacen de la Tierra un planeta tan excepcional, tan vital y luminoso como para haberse ganado el nombre de la Joya Azul, porque es así como se ve desde el espacio.

Para analizar el clima del planeta, lo primero es observar su relación con el Sol. En concreto, la cantidad de energía que recibe del Sol, que absorbe en la atmósfera y en la superficie, y la cantidad de esa energía que la Tierra refleja y emite al espacio. Para la Tierra y su biosfera es imprescindible la llegada de los rayos solares, pero también lo es su irradiación hacia el exterior. Cualquier desequilibrio entre estos dos factores va a suponer una alteración climática, ya sea por exceso de calor o de frío. Desde 2005 se ha duplicado la absorción de energía solar, se ha debilitado su reflejo. Parte de este desequilibrio se debe a las actividades humanas, con la gran emisión de gases de efecto invernadero y toda la destrucción que se está haciendo en el planeta, especialmente desde el período que llamamos Antropoceno.

Para llegar a la situación actual, hay que comprender que hubo un momento en que, una vez formado el planeta, también se formó su atmósfera, su océano y su superficie, así como la estructura interna con su núcleo interno y externo y sus capas del manto que llegan hasta la superficie, hasta la litosfera. Tal como he dicho al principio, habitamos un planeta de fuego, tierra, agua y gas. Se calcula que la atmósfera se formó hace unos 4.500 millones de años, a partir de los gases emitidos por los volcanes y todos los movimientos geológicos. El vapor de agua emitido en forma de gas se condensó y formó los océanos, y esto facilitó que hace unos 3.500 millones de años aparecieran las primeras bacterias y algas, que se iniciara un enorme proceso de fotosíntesis y la atmósfera almacenara gran cantidad de oxígeno, permitiendo también la aceleración del desarrollo de formas de vida.


Al estudiar la historia de la Tierra se constata que estamos en un planeta donde se intercalan períodos glaciares con interglaciares, y algunos períodos glaciares han coincidido con extinciones masivas. Actualmente, a falta de realmente definir y aceptar definitiva y científicamente que estamos en una nueva época llamada Antropoceno, seguimos dentro del Holoceno, que es una época posglacial que empezó hace unos 11.700 años y donde ya solo ha vivido una especie humana, el Homo sapiens. El deshielo que marcó la entrada al Holoceno configuró la superficie con una forma parecida a la que conocemos ahora, con casquetes polares que se redujeron hasta el tamaño actual y un aumento del nivel del mar que dibujó los continentes y las separaciones de los océanos existentes.

En general, el Holoceno es una época de bonanza climática, con pocas situaciones extremas y peligrosas para la supervivencia. Esto ha permitido la evolución de la especie humana y también la biodiversidad del planeta, así como la estructuración de unos patrones climáticos suficientemente equilibrados como para sostener los diversos ecosistemas, los diversos climas que permiten la biodiversidad y que las diferencias sean justamente parte del equilibrio.

Es importante comprender que cuando hablamos de patrones climáticos no hablamos solo del planeta en concreto, sino también de su relación con el exterior. Ya he nombrado que una relación vital es la que tiene la Tierra con el Sol, y de hecho se ha demostrado científicamente que existen unos corredores espaciales que conectan el planeta y la estrella. El Sol también pasa por sus ciclos de mayor y menor actividad, y para que la relación sea óptima la Tierra tiene que tener su sistema de protección funcionando adecuadamente, su magnetosfera. Actualmente se está detectando un desequilibrio en el núcleo interno de la Tierra que también afecta al núcleo externo, que es el que sostiene el campo de protección del planeta, al igual que se ha comprobado esa debilidad en la reflectividad solar que está habiendo ahora. También sabemos que el Sol ha pasado por un ciclo de muy baja actividad solar, y que ahora, en el ciclo 25, considerado también de baja actividad, se espera que aumente la actividad entre los años 2024 y 2025.

La baja actividad solar permite una mayor entrada de rayos cósmicos, que también cargan de radiación el planeta y pueden provocar un aumento de la cobertura de nubes, algo que se ha demostrado que tiene más efecto sobre el bloqueo de la radiación que expulsa el planeta que sobre la entrada de radiación solar. Por otro lado, hay teorías científicas, como la Teoría de Milankovitch, que consideran que esa relación Tierra-Sol no depende tanto del ciclo solar y la capacidad de reflexión de la Tierra sino de la situación de la Tierra respecto al Sol, tanto a nivel de la excentricidad de su órbita (que sea más o menos elíptica) como del movimiento de precesión y su oblicuidad o ángulo del eje de rotación de la Tierra. Actualmente se considera que la órbita va perdiendo excentricidad y volviéndose más circular, algo que significa menos diferencias entre estaciones. También se está perdiendo oblicuidad, algo que expresaría menos diferencias climáticas entre veranos e inviernos y un patrón de enfriamiento general porque los rayos solares llegan con menos fuerza a los polos y latitudes altas, favoreciendo el aumento y mantenimiento de las capas de hielo y nieve, un mayor reflejo solar y una posible glaciación. Actualmente, la precesión muestra que en el hemisferio norte el solsticio de verano coincide con el afelio (máxima distancia del planeta respecto al Sol), algo que supone veranos más frescos. Así que, aunque parezca increíble, respecto a los Ciclos de Milankovitch nos encontramos en una situación favorable para una mini-glaciación o al menos enfriamiento muy notable. Pero actualmente no se puede considerar ninguna teoría sin tener en cuenta toda la situación actual en muchos otros aspectos, y especialmente con todo lo que significa la acción del ser humano como desencadenante de enormes desequilibrios planetarios. También puede haber cambios planetarios de gran envergadura por diversos motivos. Por ejemplo, en el año 2010, los Inuit ya advirtieron a la NASA que el planeta había cambiado su posición, refiriéndose al eje de rotación. 

Para hablar de la actual crisis climática, es imprescindible entender la interconexión que hay entre todos los sistemas, ciclos, patrones y energías que intervienen. Si hablamos de los rayos cósmicos, también estamos hablando de la atmósfera de la Tierra porque es el primer punto de contacto con esos rayos. Actualmente se ha detectado un debilitamiento y desequilibrio general de la atmósfera, cómo partes de la atmósfera superior se están contrayendo debido al aumento de los gases de efecto invernadero. Esta contracción también está relacionada, curiosamente, con un enfriamiento, porque el dióxido de carbono acumulado en la capa inferior de la atmósfera atrapa el calor y también lo emite con una rapidez inusual, dificultando que ese calor se mantenga en las capas superiores y favoreciendo que se pierda en el espacio exterior. Cualquier desequilibrio de una capa de la atmósfera va a afectar a las otras capas, como a la capa de ozono, a la ionosfera y a la exosfera, la capa más externa que entra en relación con todas las partículas, rayos y energías extraplanetarias, donde es importante que exista una fuerza energética que permita esa relación conforme se desvanece la energía y se dispersan los gases del planeta al fundirse en una composición similar a la del espacio exterior.

El gran desequilibrio actual afecta a todos los elementos que se expresan en la Tierra y que son parte de los patrones climáticos, unos patrones climáticos que se forman por la interrelación entre ellos. Además, los patrones climáticos no solo hay que observarlos en la zona superficial donde consideramos que se desarrolla la biosfera, desde el fondo marino hasta la altura de la atmósfera que permite la vida, sino también en la interrelación entre el interior y el exterior del planeta. Parece que en el interior del planeta domine el elemento fuego, y de hecho se ha constatado cómo materiales del núcleo se elevan a través de todos los movimientos de convección y filtrado entre capas y pueden llegar a la superficie en forma de magma. Pero también últimamente se han publicado investigaciones que demuestran cómo el agua vuelve a entrar en el interior desde las zonas de subducción entre placas tectónicas, y que esa agua puede entrar a mucha más profundidad de lo que se pensaba. Y junto con el agua también entran gases que se descomponen, que se adhieren a rocas, a flujos magmáticos. Así que todo es un gran cuerpo planetario con todas sus relaciones externas, porque, por ejemplo, se sabe que los rayos solares afectan al movimiento de las placas tectónicas. También es un gran cuerpo planetario con toda una complejidad propia que es muy difícil de imaginar por su enorme envergadura y precisión. El desequilibrio y crisis climática actual es una fórmula donde se expresan todas estas variables y funciones, y donde todas ellas, de algún modo, han sido alteradas por el ser humano.

Actualmente, a 6 de agosto de 2021, el planeta está lleno de incendios devastadores y de tormentas extremadamente destructivas. Las altas temperaturas generan domos de calor que forman un clima propio en la zona donde se establecen. También los grandes incendios están creando condiciones atmosféricas inusuales y particulares que los alimentan todavía más. Las olas y cúpulas de calor se asientan sobre la superficie terrestre, y el calor de la superficie del agua de océanos y mares también se fortalece. Muchos incendios han sido provocados por caída de rayos, pero también muchos lo han sido por accidentes de líneas eléctricas que están saturadas y expuestas a temperaturas que no pueden tolerar.

Las corrientes de vientos están desestructuradas porque también dependen del gradiente térmico entre los polos y el ecuador, que cada vez muestra menos diferencia de temperaturas, con un Ártico principalmente llegando a puntos de inflexión en su capa de hielo que dificultan la formación correcta de altas y bajas presiones, la relación con los océanos Atlántico y Pacífico y, consecuentemente, una corriente jet stream débil y desequilibrada, con oscilaciones que provocan descensos de frío polar en invierno hacia latitudes más bajas y ascensos de corrientes cálidas hacia el Ártico. La debilidad de la corriente jet stream también provoca que las tormentas se muevan con más lentitud y las altas temperaturas retengan mucha más carga de humedad. Entonces se desarrollan tormentas terribles como las de Alemania, Bélgica, China, incluso en zonas con sequía.


La gran cantidad de gases de efecto invernadero acumulada en la atmósfera favorece el calentamiento global y que, en general, el planeta se esté literalmente tostando. Por eso las sequías son tan devastadoras y se están secando ríos, lagos, acuíferos, y también se está acelerando el deshielo del permafrost. Las cenizas de los incendios también contaminan la atmósfera y pueden absorber gases contaminantes. Aparte de los efectos nocivos para la salud, cuando llegan al Ártico o a los grandes glaciares ensucian la capa superior impidiendo el correcto reflejo de los rayos solares y un todavía mayor deshielo.

Son muchos los volcanes en actividad, emitiendo gases y cenizas que influyen en el calentamiento global y en la densificación de la atmósfera. También los terremotos muestran un notable movimiento de las placas tectónicas por la presión interna, pero también hay que tener en cuenta la presión externa de las placas, tanto por la presión que genera el paso de grandes tormentas como por la mayor o menor llegada de rayos solares y el enorme cambio de peso sobre diversas placas que produce el deshielo o también que un gran lago se seque. Esto también afecta el equilibrio del planeta en su cuerpo, como esfera que gira alrededor de un eje que muestra una inclinación concreta, porque un cambio de peso sobre una zona va a ocasionar un reajuste sobre el giro y su eje. Un pequeño cambio en el ángulo del eje de rotación también implica cambios y desajustes en las estructuras que sostienen los vientos, como las celdas que se observan en la imagen superior. También provoca cambios en la estructura de altas y bajas presiones que se relaciona con las celdas y las corrientes atmosféricas. Se ha comprobado que algunos grandes terremotos han movido el eje de la Tierra. Por ejemplo, esto sucedió debido al terremoto de Sumatra de 9,1 grados del 2004, al terremoto de 8,8 grados de Chile del 2010 y al terremoto de Japón de 9,0 grados del 2011.

Acaban de publicarse dos noticias que anuncian el debilitamiento de la Corriente del Golfo y de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC por sus siglas en inglés). Ambas corrientes forman parte del Cinturón Transportador Oceánico o Circulación Termohalina, de la cual depende la estabilidad de muchos patrones climáticos, tanto de nivel planetario como más regionales o locales.

Todo está interconectado y la crisis climática nos muestra su aspecto global y también concreto en diversas zonas, de manera que estamos ante un funcionamiento holográfico de un planeta, donde los efectos de un árbol que se quema en Canadá pueden influenciar el clima de Filipinas, por ejemplo. La situación actual, donde destacan los grandes incendios, sequías y olas de calor junto con las grandes tormentas con caída de granizo e inundaciones son un patrón global que también se repite por zonas. El calentamiento del este del océano Pacífico afecta toda la zona oeste de Norteamérica, con partes con mucho calor e incendios, principalmente en Estados Unidos y Canadá, y zonas de paso de tormentas e inundaciones, especialmente en el centro-oeste y noroeste de México. En el oeste del Pacífico se forman tormentas al este de Filipinas que conforme avanzan impulsan el poder de los monzones, provocando lluvias torrenciales en China, Bangladesh y otros países del este asiático. El debilitamiento de la Corriente del Golfo también impulsa la formación de tormentas frente a la costa este de Estados Unidos, y una mayor posibilidad de altas mareas sobre las costas, con los efectos de la subida del nivel del mar. El mar Mediterráneo también está muy caliente y es un mar extremadamente degradado, ya que casi es un mar cerrado y muy contaminado, y la renovación que debería llegar de su contacto con el Atlántico no es suficiente. Así que también nos encontramos con sequías e incendios, y la formación repentina de tormentas devastadoras que se forman en el interior de Europa al chocar con masas de aire más frío. Aunque principalmente hablamos del hemisferio norte, también en el hemisferio sur está habiendo graves sequías y grandes tormentas. Por ejemplo, en la Amazonia los ríos van muy cargados gracias a las lluvias, pero en el sur de Brasil y toda la cuenca del río Paraná la sequía ha conducido a uno de los cauces más bajos jamás registrados. En África se han registrado graves inundaciones en Sudán y también severas sequías en Angola, con un nivel de hambruna extremo.

Si todo lo observamos desde la influencia que está teniendo el ser humano sobre la crisis climática, podemos observar muchos factores diversos:
- Las grandes detonaciones nucleares también pueden haber afectado al eje de rotación.
- La continúa extracción de todo tipo de materiales produce cambios en el equilibrio del suelo. Se sabe que el fracking provoca movimientos sísmicos, o que las enormes extracciones de arena que, por ejemplo, se han realizado en importantes ríos de China, han provocado cambios del flujo, del cauce y de todo el ecosistema.
- La continua emisión de gases de efecto invernadero está desequilibrando las capas de la atmósfera e impulsando el calentamiento global.
- La deforestación provoca que no se produzcan lluvias en zonas determinadas que son básicas para el funcionamiento de otros patrones.
- La urbanización de las ciudades, con cemento y alquitrán cubriendo el suelo, hace aumentar las temperaturas, impide que respire la Tierra y provoca inundaciones porque el agua pierde lugares por donde ser absorbida por el suelo.
- La geoingeniería provoca desequilibrios. En especial, la siembra de nubes puede estar impulsando muchos eventos de tormentas imprevistas y con caída de precipitaciones récord tanto a nivel de cantidad como de intensidad en poco tiempo.
- La extinción de animales también provoca desajustes en los sistemas de la Tierra. Por ejemplo, los cetáceos activan los meridianos y líneas energéticas del planeta. También muchos hábitats y ecosistemas dependen de la biodiversidad que los habita, del equilibrio de su cadena trófica para subsistir.
- La reforestación que se está realizando en muchos lugares debería tener en cuenta qué especies utilizar. Los monocultivos son perjudiciales y hay que respetar la flora y fauna de cada región, de lo contrario el efecto es peor que dejar que la naturaleza se recupere a su ritmo y voluntad.
- El ser humano es el gran generador de plagas de especies invasivas que destruyen y desequilibran ecosistemas.
- Los incendios son cada vez más devastadores porque las áreas urbanizadas entran en exceso en los bosques. Ahora muchos incendios se deben a accidentes de la red eléctrica porque no soporta la demanda excesiva y no está preparada para las altas temperaturas actuales.
- En la agricultura, siguen utilizándose pesticidas y herbicidas que cuando llegan a arroyos, ríos o al mar producen zonas muertas, hipoxia y gran mortandad de peces, así como la floración de algas tóxicas y la muerte de la vegetación marina por la falta de llegada de luz solar.
- Sigue habiendo grandes accidentes marítimos, ferroviarios, etc. que provocan enormes contaminaciones sobre el suelo, los ríos, los océanos, las costas, los manglares y los arrecifes de coral. Se están perjudicando estructuras que pueden ser vitales para el buen funcionamiento de una pequeña corriente marina, y de esa pequeña corriente puede depender otra mayor.
- La producción de energía es extremadamente contaminante y peligrosa, tanto si es a través del carbón como si hablamos de centrales nucleares cuyas fugas y accidentes deterioran los sistemas de todo el planeta.
- La contaminación del plástico alcanza a todos los océanos y también a todos los continentes.

Está claro que este planeta tiene un funcionamiento muy preciso y todo está interconectado para que los desequilibrios sean mínimos o exista la suficiente energía y vitalidad para afrontarlos en una adaptación saludable. Ahora todo está acelerado y desequilibrado, y la aceleración conlleva estrés de los patrones, ciclos y sistemas, incluso reacciones de ralentización. De hecho, las extinciones masivas corresponden a eventos como el impacto del meteorito en el Yucatán, grandes erupciones volcánicas o, tal como se ha publicado esta semana: “La gran extinción registrada hace 252 millones de años coincidió con un repentino aumento y posterior descenso del contenido de oxígeno en el océano”.

PRINCIPALES ZONAS AFECTADAS POR INCENDIOS Y TORMENTAS EN EL MOMENTO DE PUBLICAR ESTE ARTÍCULO:

INCENDIOS:
- Turquía
- Oeste de Estados Unidos
- Oeste de Canadá
- Grecia
- Norte de Macedonia
- Albania
- Líbano
- Norte de Rusia
- Zambia
- República Democrática del Congo

TORMENTAS E INUNDACIONES:
- Alemania
- Bélgica
- China
- Norte de México
- India
- Filipinas
- Bangladesh
- Myanmar
- Afganistán
- Colombia
- Sudán y Sudán del Sur

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