Redactado y publicado por David Arbizu
En 1945, en la ceremonia en la que se le concedió el
premio Nobel, Alexander Fleming pronunció estas palabras: "Llegará un día en
que cualquier persona pueda comprar la penicilina en las tiendas. Entonces
existirá el peligro de que un hombre ignorante pueda fácilmente tomar una dosis
insuficiente, y que al exponer a sus microbios a cantidades no letales del
fármaco los haga resistentes". En el momento presente podemos afirmar que esa
profecía se ha cumplido y que no solo se debe a la facilidad de adquirir
fármacos en un tienda o farmacia, sino que se ha llegado desde hace años a un
uso excesivo en muchos otros ámbitos, especialmente en el sector de la
agricultura y la ganadería, además de en todo el amplio sector de la salud si
consideramos las recetas médicas y el abuso generalizado en hospitales e
instalaciones enfocadas en la salud humana. Este abuso, que para muchas
personas y sectores llega a un nivel extremo de dependencia, representa un gran
peligro para la salud humana y también para la salud de toda la biosfera, de
todos los seres vivos.
Relacionado con todo esto, ya hace años que se escucha
hablar de "superbacterias" para referirse a bacterias y microbios que son
resistentes a todos o a la mayoría de los fármacos existentes, algo que se
genera porque las bacterias hacen mutaciones como respuesta al uso de fármacos.
Muchas organizaciones, científicos y médicos están alertando del gran peligro
que representa que los antibióticos dejen de funcionar, y que nos dirigimos
hacia un futuro que sería como retroceder en el tiempo perdiendo todo lo que se
ha ganado a nivel de salud y expectativas de vida. Algunas enfermedades
bacterianas, como la neumonía, la tuberculosis, la gonorrea, la salmonelosis y las
enfermedades de transmisión alimentaria, ya se están quedando sin tratamientos
eficaces. Esto significa que si no se toman medidas urgentes nos dirigimos
hacia un futuro cada vez más próximo sin antibióticos útiles y efectivos, donde
una infección o lesión común considerada menor se podrá volver potencialmente
mortal, o donde tratamientos como la quimioterapia, administrada a pacientes
con cáncer y que provoca la bajada de defensas y la posibilidad de infecciones,
potenciará un alto riesgo para la vida del paciente.
Podemos observar que
estamos hablando del peligro general para la salud y, como siempre, del peligro
para nuestro sistema inmunitario y todo lo que significa. Tal como ha
demostrado la pandemia de la Covid-19, la globalización implica la transmisión
de enfermedades y favorece las pandemias, y esto también es aplicable a que la
resistencia a los antimicrobianos también se vaya extendiendo a nivel global.
Además, tal como se ha visto con el virus de la Covid-19, las bacterias y
microbios también tienen una forma de actuar con un nivel de inteligencia,
acelerando mutaciones e incluso traspasando nuevas capacidades de resistencia a
otras bacterias incluso ni que no sean de su misma familia o categoría.
En la
década de 1980 se efectuó uno de los primeros descubrimientos de bacterias
resistentes a antibióticos, al ver la resistencia de algunas cepas de la
bacteria Klebsiella pneumonie a muchos medicamentos hasta entonces efectivos.
Entonces se empezó a utilizar otro grupo de antibióticos de última generación para
sustituir a los que ya no daban resultados, pero en 1996 las bacterias habían
desarrollado capacidades para destruir a esos antibióticos. En el año 2009 se
observaron nuevos mecanismos de resistencia y también cómo esa bacteria había
transmitido el mecanismo de resistencia a otra bacteria de otra especie, en
este caso de la E-coli. Este aumento y expansión de capacidades ha obligado a
la utilización de antibióticos más potentes en algunos casos, como la
colistina, que altera la membrana celular de la bacteria y la mata, aunque ya
exige mucha precaución en su suministro por su elevada toxicidad, pero en el
año 2010 ya se comprobó la resistencia de esa cepa de bacterias también a la
colistina y en el año 2015 la capacidad de resistencia se había extendido a
otras bacterias. En el año 2016 ya hubo un caso de una mujer que murió en Reno,
Estados Unidos, debido a una infección incurable provocada por ese tipo de cepa
del que he hablado, que en ese momento ya era resistente a los 26 antibióticos
diferentes disponibles en Estados Unidos y los hacía inefectivos.
En el año
2016 el Gobierno británico realizó un estudio con la conclusión de que los
microbios resistentes a fármacos mataban a 700.000 personas cada año en el
planeta, y añadía que en 2050 se podría llegar a 10 millones de muertes. El
microbiólogo español Bruno González Zorn alerta de que la Covid-19 ha empeorado
la pandemia silenciosa de las superbacterias y ha declarado: "Puede que los 10
millones de muertes ya no ocurran en 2050, sino en 2040 o en 2030".
Entre otros, destacan dos
aspectos importantes y a la vez muy negativos de este problema. Uno de ellos
tiene que ver con la imagen superior, de una persona tapándose la
nariz debido al fuerte olor pestilente del río Isakavagu, en India, y se
refiere a la gran contaminación que causan las fábricas de antibióticos con sus
vertidos, con sus residuos y legislaciones permisivas en la mayoría de países
de todo el mundo. Si además se trata de países como India, referente de países
con mínimo control y legislación, la contaminación de vías fluviales, de
acuíferos, del suelo y del aire puede llegar a ser catastrófica y totalmente
enfermiza provocando la extensión de antibióticos por la biosfera y
resistencias y mutaciones de bacterias y microbios. Pero también son noticias
países como Croacia, donde la contaminación producida por una fábrica de
azitromicina, situada además muy cerca de Zagreb, ha provocado la contaminación del río Sava, que ha quedado ampliamente colonizado por bacterias resistentes a
antibióticos. Otro tema relacionado directamente con la industria farmacéutica
es que no hay interés ni inversión en desarrollar nuevos antibióticos porque no
obtienen suficientes beneficios económicos, pero sí que investigan e invierten
en productos contra el cáncer y lo han hecho y siguen haciendo para la vacuna
de la Covid-19, especialmente porque esto sí que les interesa económicamente.
Esto implica un futuro a corto plazo sin nuevos medicamentos que superen las
superbacterias y una dramática situación para la salud a nivel global.
Tal como
ya he señalado antes, otro aspecto que tiene que ver con la Covid-19 es el
aumento de la utilización de fármacos en la mayoría de hospitales, ya que se
ha estado buscando alguno que fuera efectivo. En España, solo entre febrero y
marzo de 2020, el uso de la azitromicina aumentó un 400%, y el de la
doxiciclina un 517%, y aunque después de ese momento tan extremo se volvió a
reducir su utilización, el daño ocasionado a nivel de resistencia
bacteriológica ha sido muy impactante. En Chile, por ejemplo, se considera que ya
hay niveles de resistencia a los fármacos que no se esperaban detectar hasta el
año 2030. Es interesante el dato de que actualmente en los hospitales se
registran la mitad de infecciones que en 1990, pero las infecciones actuales
son más severas y mortales. A esto se le llama "capitalismo genético" y significa
que una bacteria con un índice de resistencia tiene mayor capacidad de
subsistir y por lo tanto de seguir adquiriendo más mecanismos de resistencia,
volviéndose una potente superbacteria.
En la imagen vemos el inicio del proceso a
partir de los antibióticos, que vemos representados en la parte superior central dentro de un hexágono. A partir
de ahí, siguiendo a la izquierda se señala que los reciben los animales y que
se desarrolla resistencia de las bacterias que llegan a los humanos tanto a
través del consumo de los propios animales como a través de vegetales
infectados por fertilizantes o regadío.
Si desde la imagen de los
antibióticos vamos a la derecha vemos cómo llegan directamente al ser humano al
ingerirlos y cómo la persona los propaga sobre las personas más próximas y
también si ingresa en un hospital, infectando a otros pacientes que al regresar
a sus casas llevan consigo la infección y la expanden.
Algo que también es
importante y que ha beneficiado a todo el sector farmacéutico es la falta de
información y explicaciones sobre el peligro del abuso de fármacos, permitiendo
que las personas se automediquen y que también los médicos los prescriban
masivamente, y todo ello impulsa que muchas personas se hagan
farmacodependientes, siendo además manipuladas por anuncios y la permisibilidad
de que se mantengan en la ignorancia. En España, por ejemplo, hay una gran
dependencia de productos farmacéuticos, muchas veces sin una constatación
médica real de que la persona lo necesite, y en una encuesta realizada en 2018
se demostró que uno de cada tres encuestados pensaba que los antibióticos curan
los resfriados, cuando en realidad los resfriados están provocados por virus,
no por bacterias.
Entonces es necesario un cambio urgente del uso de los
antibióticos, de la forma de prescribirlos, de ese comportamiento arraigado y
muchas veces peligroso y erróneo de buscar siempre la solución rápida en una
pastilla. Pero también son necesarias las investigaciones científicas enfocadas
en soluciones que no estén solo influenciadas por los beneficios económicos, también
es necesario que los gobiernos pongan en marcha planes para concienciar a la
población sobre cómo se deben utilizar los fármacos y al mismo tiempo evitar la
propagación de enfermedades, y realizar un buen control sobre el sector de la
agricultura y la ganadería para detener el uso inadecuado de antibióticos y buscar
alternativas saludables. Todo ello, resumido en pocas palabras, sería decir que
el ser humano debe actuar desde un nivel de conciencia más elevado, siendo
consciente de los resultados negativos que conllevan sus decisiones
egocéntricas, unos resultados y respuestas que cada vez llegan con más rapidez
y que ya le afectan directamente a él mismo, no solo a otros seres vivos y a la
biosfera, de forma que ese comportamiento y actos desde un nivel de conciencia
más elevado van a ser fundamentales para la propia subsistencia.
Fuentes:
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