martes, 21 de marzo de 2023

CAMBIO CLIMÁTICO Y CALENTAMIENTO GLOBAL: DOS CONCEPTOS VINCULADOS PERO DISTINTOS

Redactado y publicado por David Arbizu


En su artículo 1, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) define el cambio climático como “cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera global y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables”. Otra definición de cambio climático relevante es la que aparece en el Glosario del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático): “El cambio climático hace referencia a una variación del estado del clima identificable (p. ej., mediante pruebas estadísticas) en las variaciones del valor medio o en la variabilidad de sus propiedades, que persiste durante períodos prolongados, generalmente décadas o períodos más largos”. Existe una diferencia notable entre estas dos definiciones, ya que desde Naciones Unidas el cambio climático se atribuye y vincula con las actividades humanas y se hace referencia a “variabilidad natural del clima” como el cambio debido a procesos y reajustes que se considerarían naturales dentro del funcionamiento y evolución de la biosfera planetaria. Por otro lado, desde el IPCC se contempla que el cambio climático puede ser impulsado y sostenido tanto por cualquier tipo de proceso natural como por cualquier actividad antropogénica.

En todo caso, desde ambas definiciones queda claro que no es lo mismo cambio climático que calentamiento global, y se podría decir que el calentamiento global es un resultado posible de un cambio climático. En la actualidad, se utiliza el término calentamiento global para señalar el aumento sostenido de la temperatura media global en superficie, y se expresa con valores que se relacionan con los niveles preindustriales, anteriores a lo que llamamos Revolución Industrial. Donde sí que encontramos una similitud, tanto si se habla de cambio climático como de calentamiento global, es que se están usando valores planetarios, no locales o regionales, y que es desde esa perspectiva global como se deben analizar las variaciones de patrones, ciclos y sistemas que nos muestran que nuestro planeta está pasando por una travesía climática complicada que a priori nos conduce, en general, hacia una existencia con temperaturas más elevadas y trastornos severos en forma de déficits hidrológicos que conllevan una grave situación de sequía general.


A pesar de que el cambio climático puede ser impulsado por motivos, procesos y reajustes naturales, actualmente no hay ninguna duda de que el desequilibrio climático sostenido que estamos experimentando se debe a las consecuencias de las actividades humanas y al aumento constante y progresivo de las emisiones de gases de efecto invernadero junto con todo el envenenamiento generado por toda la toxicidad vertida, sea cual sea su fuente, en la superficie terrestre, en los océanos y vías fluviales y en la atmósfera. Obviamente, aquí podríamos empezar a añadir otras causas relacionadas directamente y tan graves como la deforestación, la captura y mortandad de todo tipo de especies de animales y plantas, las presas y todo tipo de obstáculos artificiales que cortan el flujo vital de ríos, de meridianos energéticos, etc. De algún modo sería más adecuado hablar de “crisis climática global”, porque los trastornos de los patrones y ciclos relacionados con el clima están provocando una crisis que impacta a todos los seres vivos del planeta y que llega a todas sus áreas, por muy alejadas que puedan estar de zonas urbanizadas y/o afectadas por la presencia del ser humano.

De momento no hay duda de que afrontamos un calentamiento global y que ese aumento de las temperaturas provoca que se desarrollen eventos climáticos extremos cada vez con mayor continuidad y virulencia. Se podría decir que este gran trastorno climático global, esta crisis planetaria provocada por el ser humano, es lo que realmente definiría la época que llamamos Antropoceno. El término que utiliza la climatóloga Katharine Hayhoe para hablar de esta situación planetaria es “rareza global”, y hace referencia a ese desequilibrio que va más allá de lo que podría provocar un cambio climático fundamentado en procesos naturales, “biosféricos”, siendo en realidad un cambio que demuestra cómo la actividad humana ha sido el detonante para el final del período conocido como Holoceno, donde la estabilidad climática planetaria permitió el desarrollo y expansión del ser humano por todo el planeta, para dar paso al Antropoceno. Pero el problema está en que la sociedad humana se ha construido bajo las condiciones favorables del Holoceno y de momento no puede y/o no quiere gestionar las consecuencias del Antropoceno para poder alcanzar de nuevo una estabilidad climática vital para la propia supervivencia y para detener la sexta extinción masiva.


Algo que transmite sin lugar a dudas la crisis climática es que se debe alcanzar esa perspectiva global, y esto es algo de lo que ya son conscientes gran parte de los expertos y científicos. Desde los patrones climáticos hasta los efectos de las temperaturas, la humedad o la sequía y, determinantemente, el final e inicio de las estaciones del año, todo tiene un efecto directo sobre la biosfera, sobre las pautas que establecen las condiciones adecuadas para la vida de todas las especies, porque todo está conectado. Haciendo una comparación con la estabilidad climática del Holoceno, los patrones y sistemas que dan forma a nuestra biosfera son el resultado de siglos o milenios de evolución, y ese resultado implica que todo proceso de vida, todo proceso ecológico, sigue un patrón marcado por una temporalidad, por un reloj perfeccionado para encajar, conectar y cocrear lo que llamamos biosfera, biodiversidad a nivel planetario.

Así que si se avanza la primavera o el verano y si se retrasa el otoño o el invierno, o viceversa, los cambios sobre ese reloj fundamental e imprescindible para sostener la vida tal como la conocemos, dentro de los parámetros y armonía que muestran la belleza y la gran diversidad de formas de vida que habitan la Tierra, provocan lo que llamamos desajustes fenológicos, y si se agrava el desequilibrio estacional empieza una verdadera remodelación de la vida que va afectando a todas las especies y, retroactivamente, afecta también a los patrones climáticos y a las pautas temporales básicas necesarias para el equilibrio y buen estado de salud de nuestra biosfera.

Cada vez hay más estudios sobre el comportamiento de especies relacionado con el cambio climático, donde los expertos observan cómo cambian, avanzan o retroceden, los períodos de floración, de puesta de huevos, de nacimientos, de migraciones, y a pesar de que en ocasiones solo se estudie una especie en concreto, se observa con contundente claridad cómo todo está vinculado, cómo el comportamiento y pautas de una especie afectan a otras y a la salud de un ecosistema llegando a tener un efecto global. Por ejemplo, en más de la mitad del planeta ya ha cambiado el momento en que aparecen y caen las hojas de muchos árboles y plantas. También se ha observado que muchos peces desovan antes, que algunas aves avanzan sus migraciones y que hay reptiles que retrasan la llegada a sus lugares de reproducción.

El desajuste también se produce porque cada especie responde de una forma distinta. Entonces puede parecer que el cambio climático actual puede favorecer a algunas especies y perjudicar a otras, pero con el tiempo todo dirige a situaciones de estrés y de dificultades para sobrevivir. También está habiendo especies que todavía no se han visto afectadas por los desajustes climáticos, pero sí que va cambiando sin cesar el ecosistema en el que viven y finalmente van a ser afectadas. Este todavía es el caso de muchos seres humanos cuya forma de vida no ha sufrido cambios incómodos o difíciles, pero que en general sí que están viendo cómo aumentan las catástrofes y alcanzan cada vez más zonas del planeta, preguntándose si su lugar de residencia va a permanecer libre de inundaciones, graves sequías, huracanes o temperaturas extremas. Tal como señala David Inouye, profesor emérito de la Universidad de Maryland e investigador líder en fenología: “Ninguna especie vive aislada”, así que si el ser humano no implementa verdaderas acciones para detener el cambio climático que ha provocado, las consecuencias van a ser cada vez más globales y van a llegar a todos los seres vivos.


La crisis climática también tiene efectos directos sobre los sistemas económicos sobre los que se asienta la sociedad humana. Está claro que cualquier evento climático extremo tiene un coste económico elevado, pero también los desajustes fenológicos y la falta de biodiversidad ya están afectando sistemas de producción de alimentos e incluso cadenas de suministros, algo que podría conducir a una grave crisis económica global. Actualmente se tienen en cuenta todos estos factores para determinar la viabilidad económica de un proyecto empresarial, y esto es algo que también tiene consecuencias globales e incluso medioambientales, porque en los momentos actuales cualquier acción que impulse el cambio climático, por pequeña que sea, puede provocar una aceleración de la crisis y de las situaciones adversas y desequilibrantes.

Relacionado con todo esto, el 20 de marzo de 2023, poco antes de publicar este artículo, salía a la luz el informe de síntesis de la sexta evaluación sobre el cambio climático. En este informe, los científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC) muestran un panorama negativo y complicado, aunque señalan que “existen múltiples opciones factibles y efectivas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarse al cambio climático causado por el hombre”. Estos científicos declaran que estas opciones están disponibles y pueden implementarse, pero por desgracia cuesta pensar que eso se vaya a hacer teniendo en cuenta los pocos y muchas veces nulos resultados de todas las reuniones de la Conferencia de las Partes (COP) celebradas, donde ni tan siquiera se están obteniendo resultados para poder cumplir el Acuerdo de París, que entró en vigor en el año 2016 estableciendo medidas para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero que no se han cumplido. Sería importante que las personas que participan en estas reuniones tuvieran muy presente el lema que marca la página Web de las Naciones Unidas en su apartado sobre el cambio climático, un lema hermoso que seguro que la mayoría queremos sentir y experimentar en nuestro amado planeta: “Paz, dignidad e igualdad en un planeta sano”. 





Fuentes:

Imágenes:
1ª imagen - planeta Tierra-sequía: Imagen de Enrique (ELG21) en Pixabay
2ª imagen - termómetro: Imagen de Gerd Altmann en Pixabay
3ª imagen – contaminación industrial: Imagen de Peggychoucair en Pixabay

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