martes, 14 de noviembre de 2017

Eventos destacados del mes de noviembre

Publicado por David Arbizu

LA DESAPARICIÓN DE LOS INSECTOS: UN ARMAGEDÓN ECOLÓGICO
Los insectos representan un grupo de animales con una capacidad de resistencia y supervivencia que siempre he considerado impresionante, sorprendente. En muchas ocasiones, al estudiar la crisis planetaria y la sexta extinción masiva a la que nos estamos enfrentando, he pensado que los insectos serían los más resistentes, los últimos que vería extinguirse.

Durante cientos de millones de años, los insectos se han expandido por todos los continentes, por todos los hábitats, han prosperado en el suelo, en el aire y en el agua, aunque no lo han hecho en el océano. Incluso, aunque se pensaba que no era así, como mínimo hay una especie endémica de la Antártida que se llama “Belgica antárctica” y es una especie de mosquito alargado no volador que puede sobrevivir durante dos años al congelamiento de sus fluidos corporales y también puede sobrevivir sin oxígeno de dos a cuatro semanas, además de tener otras capacidades asombrosas que le permiten vivir en ese ecosistema prácticamente inhabitable. No es de extrañar que los científicos consideren que los insectos son “el grupo de criaturas más exitoso de toda la historia de la Tierra”.

Aunque, en general, los insectos son animales que no nos gusta encontrar en nuestro camino y, muchos menos, en nuestra casa, son absolutamente imprescindibles para el equilibrio y funcionamiento de la biosfera, representan un eslabón muy importante de la cadena alimenticia global, ya que forman la base de miles y miles de cadenas alimentarias y cumplen muchas funciones que benefician a otras especies y al mantenimiento de hábitats y ecosistemas, como, por ejemplo, todo el trabajo de oxigenación, limpieza y enriquecimiento del subsuelo que hacen los insectos al moverse por debajo de la superficie y también, algo que últimamente ha aparecido en muchos medios de comunicación, el importante rol que algunas especies tienen como polinizadores, como parte esencial de la fertilización y reproducción de muchas plantas y árboles frutales.


Cuando hablamos de la extinción de especies que ahora está habiendo en la Tierra, podemos pensar en mamíferos, en reptiles, en peces, pero es más difícil pensar que los insectos se estén extinguiendo. Durante los últimos cinco años se han realizado varios estudios relacionados con la extinción de los insectos, estudios que han demostrado una notable disminución de su biomasa, aunque no sea algo fácil de demostrar debido a que es imposible calcular su número o realizar un monitoreo y también es difícil concretar cuántas especies de insectos hay incluso solo en una región o en un país. Por ejemplo, solo en el Reino Unido se considera que hay, aproximadamente, 24 500 especies de insectos y la mayoría son desconocidas para todos excepto para algunos especialistas.

Algunos estudios se han basado en el análisis de otras especies, como es el caso de un estudio realizado en Gran Bretaña que ha relacionado la desaparición de los insectos con que, desde 1970, se haya reducido a más de la mitad el número de aves. También la Unión Europea ha confirmado oficialmente una disminución de la población de aves que dependen de los insectos como fuente básica de alimentación. Otros estudios se han centrado en especies de insectos particulares, como el que ha demostrado que el número de mariposas de pastizales europeas ha disminuido en un 50% en las últimas décadas. Otras situaciones, menos científicas, que han demostrado la disminución de insectos es lo que se conoce como el “fenómeno del parabrisas” del automóvil, que en verano queda salpicado de insectos después de un desplazamiento y se ha constatado que cada año el número de insectos que quedan en el parabrisas es menor.

A nivel personal, yo mismo he coincidido con otras personas, después del verano de este año, en que no ha habido tantas moscas ni tantos mosquitos como otros años, pero hay que tener en cuenta que esta extinción no es solo de los insectos voladores sino también de los no voladores. En este sentido, el pasado mes de febrero la Unión Europea (UE), en colaboración con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), publicó un estudio que indicaba que entre el 25,7% y el 28% de las especies de ortópteros (saltamontes, grillos, chicharras y similares) que fueron evaluadas se encuentran amenazadas o en peligro de extinción. Relacionado con estos datos, la organización SEO/BirdLife también ha alertado de una importante disminución de grillos y saltamontes en España.


El último estudio o investigación que se ha publicado y que ha hecho, por así decirlo, saltar del todo las alarmas, se ha realizado en Alemania y se basa en el trabajo de decenas de entomólogos que comenzaron a utilizar formas estrictamente estandarizadas de recolección de insectos en 1989. Después de 27 años, las últimas muestras han demostrado una reducción del 76% sobre el promedio anual y, en verano, cuando se supone que el número de insectos alcanzó su punto máximo, la caída llegó al 82%. La importancia de este estudio es que ha tenido en cuenta todos los insectos voladores, sin determinar ninguna especie en concreto y por eso representa un indicador mucho más determinante. Además, las muestras se tomaron en áreas protegidas, muchas de ellas reservas naturales, lo cual significa que las cifras son todavía más preocupantes.

Para la doctora Lynn Dicks, de la Universidad de East Anglia, Inglaterra: “Esta investigación proporciona una nueva e importante evidencia de un descenso alarmante que muchos entomólogos sospechan que está ocurriendo desde hace algún tiempo”. También añade: “Si la biomasa total de insectos voladores está genuinamente disminuyendo a este ritmo, aproximadamente un 6% por año, esto es algo extremadamente preocupante. Los insectos voladores tienen funciones ecológicas realmente importantes, por lo que sus números importan mucho. Polinizan las flores: las moscas, polillas y mariposas son tan importantes como las abejas para muchas plantas con flores, incluidos algunos cultivos. Proporcionan alimento para muchos animales: aves, murciélagos, algunos mamíferos, peces, reptiles y anfibios. Las moscas, los escarabajos y las avispas también son depredadores y descomponedores, controlan las plagas y limpian el lugar en general”.

La “mantis religiosa” es un insecto depredador que contribuye 
al mantenimiento del equilibrio biológico de su hábitat.

Todos estos datos, todos estos estudios que alertan de los peligros de esta extinción, conllevan una pregunta clave: ¿Cuál es la causa de esta extinción? La respuesta científica es clara e indiscutible: “Nosotros, los humanos, la actividad humana”. Nuestra forma de tratar la naturaleza, de extraer todo lo que necesitamos sin tener en cuenta a otros seres vivos ni al equilibrio y la salud de los ecosistemas, está potenciando la sexta extinción masiva y la extinción de los insectos como una parte de la extinción global. En este caso concreto, la agricultura intensiva, basada en pesticidas, plaguicidas y fertilizantes que son verdaderos venenos para toda forma de vida, está aniquilando a los insectos, creando áreas que podríamos comparar con las “zonas muertas” de los océanos, áreas que nos muestran ese “Armagedón ecológico”, biológico, que se está extendiendo por el planeta, tal como declara el profesor Dave Goulson, de la Universidad de Sussex, Inglaterra, que ha formado parte de esta investigación realizada desde Alemania: “Parece que estamos haciendo vastas extensiones de tierra inhóspitas para la mayoría de las formas de vida y actualmente estamos en camino de un Armagedón ecológico. Si perdemos los insectos, todo se colapsará”.

Junto a todos los efectos destructivos y aniquiladores de las sustancias utilizadas en la agricultura, también hay que nombrar todo el daño que provoca la ganadería, la deforestación, la destrucción de áreas silvestres, la contaminación que afecta a todas las vías fluviales, a los acuíferos, al suelo, a la pérdida de nutrientes y de vegetación que también forma parte de todas esas cadenas alimentarias donde los insectos representan eslabones básicos y que están estrechamente vinculadas con los ciclos de reproducción de las especies y con el equilibrio del sistema que nutre y proporciona la vida de este planeta, un equilibrio que está siendo bombardeado por continuos “desajustes fenológicos” causados principalmente por la actividad humana, por la falta de conciencia del ser humano. Como se puede observar, todas son causas relacionadas con la crisis planetaria, con el desequilibrio climático, con el Antropoceno.

Si miramos hacia el futuro, podemos hacernos otras preguntas: ¿Cuál es el futuro de los insectos en el siglo XXI? ¿Cuál es el futuro de toda forma de vida de este planeta? Ahora mismo, las respuestas no pueden ser muy optimistas. La superpoblación humana sigue aumentando y, desgraciadamente, la manera de actuar que se puede esperar del ser humano es la de potenciar las formas de agricultura y ganadería intensivas, una todavía mayor utilización de los productos químicos, de la manipulación genética e incluso de geoingeniería que no van a tener en cuenta todo el daño y todo el exterminio que van a provocar sobre otros seres vivos, sobre los ecosistemas y la biosfera. Por otro lado, cada vez se realizan y publican más investigaciones que demuestran la gravedad de la situación actual y que se tienen que poner en marcha medidas para contrarrestar todo el impacto destructivo que está provocando la actividad humana, porque el hecho de que estén desapareciendo los insectos, los organismos más exitosos de toda la historia de la Tierra, significa que la extinción masiva avanza con fuerza y que, tarde o temprano, va a afectar a toda las formas de vida del planeta, incluida la humana. 



viernes, 27 de octubre de 2017

Eventos destacados del mes de octubre

Publicado por David Arbizu

LA GRAN MURALLA VERDE AFRICANA
Uno de los problemas más graves que están sufriendo muchas zonas de la Tierra es la desertificación o degradación del suelo. En la mayoría de las zonas amenazadas se observa claramente el desequilibrio cada vez más extremo de los patrones climáticos, algo que provoca sequías severas por la falta de precipitaciones y también graves inundaciones por la llegada de enormes tormentas de forma inusual e inesperada, tormentas cuya lluvia normalmente no sirve para la recuperación de la tierra debido a que está extremadamente seca y a que los acuíferos y corrientes subterráneas están tan agotados que es muy difícil que se recuperen. Otro problema principal de la mayoría de estas zonas es la superpoblación y la sobreexplotación de la tierra y de la vegetación debido a formas de agricultura, de ganadería y pastoreo muy agresivas que no tienen en cuenta el punto de inflexión a partir del cual la tierra ya no se puede recuperar ni el respeto por los ciclos naturales imprescindibles para la salud y supervivencia de cada ecosistema.

Desde el año 2007, en la zona del Sahel, que es la franja o zona de transición que separa el desierto del Sahara de la sabana africana y que se extiende horizontalmente sobre el continente africano, cruzándolo desde el océano Atlántico hasta el mar Rojo, se puso en marcha un proyecto llamado “Gran Muralla Verde” con la intención de crear un enorme corredor de vegetación para evitar el avance del desierto del Sahara hacia el sur, la desertificación y degradación de la tierra y los efectos del cambio climático. El proyecto se puso en marcha liderado por la Unión Africana y cuenta con el respaldo y la colaboración de organizaciones y grupos entre los que destaca la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y el Banco Mundial. Cuando el proyecto se termine, esta Gran Muralla Verde tendrá 7700 kilómetros de largo, 15 kilómetros de ancho y atravesará 14 países africanos a lo ancho de todo el continente.


Aparte de frenar la desertificación, el proyecto se presenta como un gran impulso que va a transformar la vida de millones de personas creando un gran mosaico de paisajes verdes y productivos que va a beneficiar en gran medida a todos sus habitantes. También se espera que sea un factor determinante como fuente de humedad y aprovechamiento de las precipitaciones, de forma que haya una óptima recarga de pozos y acuíferos que represente un beneficio para el propio ecosistema y para las personas que lo habiten, como suministro de agua potable y como recepción de agua para sus actividades económicas. Por esta razón, el proyecto también se considera una herramienta de planificación para el desarrollo rural cuyo objetivo es mejorar la gestión de los ecosistemas, proteger el patrimonio rural y mejorar las condiciones de vida de las poblaciones locales para que disminuya la inseguridad alimentaria.

En algunos países, como Nigeria, Senegal y Etiopía, ya se han puesto en marcha programas especiales que están creando empleos y mejorando las tierras de cultivo. Desde 2007, en Senegal se han plantado más de 11 millones de árboles, en Nigeria se han creado 20 000 puestos de trabajo y en Etiopía se han restaurado 15 millones de hectáreas de tierras degradadas.

Parte de la Gran Muralla Verde Africana

A simple vista, esta Gran Muralla Verde parece un proyecto muy ambicioso y beneficioso, tal como transmiten las palabras de la doctora Janet Edeme, experta agrícola de la UA (Unión Africana): “Una década después de que comenzó la iniciativa, hoy la Gran Muralla Verde se erige como uno de los esfuerzos más innovadores y audaces en la historia de la humanidad, una maravilla del mundo real”, pero algunos científicos, como los que forman el CSFD (Comité Científico Francés de la Desertificación) no consideran que se vayan a obtener resultados tan positivos y que también se van a causar perjuicios y daños en los ecosistemas, en el equilibrio y la salud de toda la zona.

Estos científicos advierten que se debe realizar un estudio muy detallado de las especies que se van a plantar, de que esas plantaciones y los cultivos que se hagan sean igualmente resistentes a la sequía, que tiene que haber estanques de retención y, sobre todo, conseguir que la población sea partícipe y realmente vea que todo el proyecto va a beneficiar su vida. En algunos países ya se ha constatado una falta de interés por parte de la población, ya sea por falta de programas educativos o porque no ha habido una verdadera intención de transmitir todo lo que significa el proyecto. Si no hay una inclusión y un verdadero acercamiento sobre las personas que habitan la zona para que aumente su interés y su sensibilidad, muchos programas locales no van a seguir adelante e incluso se pueden llegar a perder zonas ya forestadas. Hay que tener en cuenta que en muchos países sigue habiendo conflictos militares, violencia y abuso por parte de grupos de poder y de gobiernos corruptos cuyos programas difícilmente van a ser creídos y apoyados por poblaciones muy pobres que han sufrido abusos continuadamente. Por lo tanto, aunque en algunas zonas ya se haya avanzado bastante creando la Gran Muralla Verde, si los responsables del proyecto no son capaces de transmitir su importancia y no desarrollan actividades paralelas que ya empiecen a beneficiar a la población, esos bosques y plantaciones no van a recibir el trato y cuidado adecuado para su subsistencia y la desertificación aumentará debido a que los propios árboles recién plantados secarán y degradarán la tierra si no son cuidados ni reciben la aportación hídrica necesaria para subsistir.

Este proyecto de Gran Muralla Verde no es el primero que se implementa. En 1977 se inició el proyecto de la Gran Muralla Verde China con el objetivo de forestar una extensión de 4480 kilómetros para frenar el avance del desierto de Gobi, la desertificación y todo el daño que causan las grandes tormentas de arena sobre los cultivos y las infraestructuras. De momento se han plantado más de 66 000 millones de árboles y se espera que el proyecto finalice a finales del año 2050. Los problemas que se están observando, al igual que ya empieza a pasar en África, es que se plantan muchos árboles pero nadie los cuida y muchos acaban muriendo. También se ha constatado que la reforestación puede sobrepasar la capacidad de la tierra, lo cual perjudica la salud del suelo, provoca un rápido descenso de la humedad y de la capa freática y también acaba con la vida de todo lo plantado.

Vista parcial de la Gran Muralla Verde China

Otro proyecto parecido es el de la Presa Verde en Argelia, que empezó en 1962 después de años de degradación de la tierra y donde, a pesar de que el proyecto sigue en marcha, grandes zonas siguen bajo la amenaza de la desertificación. En este caso también se observa la necesidad de que las poblaciones locales participen en los programas de desarrollo para que la implementación del proyecto pueda tener éxito, pero para favorecer esa participación es necesario que haya un acercamiento y una voluntad real desde las personas que dirigen el proyecto y realizar un verdadero trabajo de educación para aumentar la conciencia sobre el gran valor de los ecosistemas, de los hábitats, de toda su biodiversidad y de que se puede obtener un beneficio personal si se trabaja para conseguir un beneficio más amplio, global.

Esperemos que estos proyectos se lleven a cabo y sirvan para que haya ese aumento de conciencia, para que se trate a la naturaleza con más cuidado y respeto y se comprenda cómo funcionan los ecosistemas, cómo incidimos en ellos y cómo podemos actuar para que no se degraden y se puedan recuperar y mantener en el mejor estado de salud posible; de ello depende nuestra propia salud y nuestra vida.



Fuentes:

viernes, 13 de octubre de 2017

Eventos destacados del mes de octubre

Publicado por David Arbizu

LOS VIENTOS CATABÁTICOS DE LA ANTÁRTIDA
El viento catabático se origina cuando el aire entra en contacto con un suelo o superficie fría, normalmente elevada. Este contacto hace que este aire se enfríe y se densifique creándose un flujo descendente debido a la fuerza de la gravedad y a la diferencia de temperaturas entre esas zonas frías, que habitualmente son las partes elevadas de las laderas de las montañas y el valle, la zona donde la temperatura es más alta y el aire es menos denso. Si hablamos de zonas montañosas del planeta que no están permanentemente cubiertas de hielo, lo normal es que el viento catabático se origine cuando empieza la noche y cesa la radiación solar, de manera que las partes geográficamente más altas se enfrían antes que las partes más bajas, que serían los valles. En muchas ocasiones, este movimiento del aire es el que hace que se genere el fenómeno conocido como "Inversión térmica", ya que provoca que el aire frío quede estancado en el fondo del los valles.

Los vientos catabáticos de la Antártida se originan en el interior, en las altas mesetas del continente, que representan la parte elevada y más fría y se dirigen hacia la zona costera. Como el viento encuentra una superficie fuerte y lisa, cubierta de hielo, mantiene la baja temperatura y se mueve con mucha rapidez, pudiendo alcanzar los 300 kilómetros por hora cuando llega a los acantilados costeros.


Un reciente estudio realizado por un grupo de científicos de la Escuela Politécnica de Lausana (Suiza) ha demostrado que los vientos catabáticos de la Antártida reducen la cantidad de precipitaciones, que normalmente son en forma de nieve. Estas nevadas son un factor clave para la formación y mantenimiento de toda la capa de hielo, especialmente en las zonas costeras, algo imprescindible para el equilibrio de todo el continente.
El estudio demuestra que la corriente de los vientos catabáticos forma una capa de aire muy seca que empieza a ras del suelo y puede llegar a tener hasta 300 metros de altura. Esta capa que forman estos vientos provoca que, por encima, se forme otra capa de aire mucho más seca y cálida, sobre la cual, a alturas que pueden estar sobre los 3000 metros, se forman las nubes que contienen los cristales o copos de nieve. Se ha comprobado que cuando esos copos de nieve caen y pasan a través de la segunda capa, más seca y cálida, se subliman, pasan de un estado sólido directamente a un estado gaseoso, convirtiéndose en vapor de agua que pasa a la atmósfera y no llegando a la superficie en forma de nieve. Debido a este fenómeno, los copos de nieve muchas veces no llegan a tocar el suelo y esto significa una reducción de la cantidad de nieve, algo que también tiene un efecto directo sobre el aumento del nivel del mar.


Hasta hace unos años, los registros no mostraban que hubiera pérdidas significativas de la capa de hielo marino ni del hielo continental de la Antártida, aunque sí que ya había habido alguna rotura y desmembramiento importante en las plataformas que rodean la península Antártica y alguna otra zona concreta de la parte occidental del continente. Desde el año pasado, 2016, aumentaron considerablemente las preocupaciones por la pérdida de hielo y al mismo tiempo también se incrementaron el interés y los estudios científicos relacionados con este continente. Estos estudios han demostrado que los vientos catabáticos también causan una fuerte erosión de la capa de nieve que cubre el hielo, algo que favorece que los rayos solares impacten con más fuerza y disminuya el efecto albedo, que es la capacidad de reflejo que tiene una superficie respecto a la radiación solar, lo cual provoca un debilitamiento de la capa de hielo y su progresiva fracturación y fusión.
Otro estudio publicado en julio de este año, 2017, ha demostrado cómo el viento en la zona oriental de la Antártida favorece el deshielo en la península Antártica, situada a unos 6000 kilómetros, en el lado opuesto del continente. Esto sucede porque ese viento del este puede generar un oleaje que llega a velocidades cercanas a los 700 kilómetros por hora, lo que se conoce como "Onda Kelvin", que da la vuelta a todo el continente y afecta especialmente a la península Antártica al empujar aguas cálidas contra el hielo de las plataformas que la rodean.

Vientos catabáticos llegando a los acantilados de la Antártida

Algunos eventos, como el desprendimiento de una parte de la plataforma Larsen C, que sucedió el pasado mes de julio y generó un enorme iceberg después de que se estuviera agrietando durante mucho tiempo, así como otras roturas que han sufrido otras plataformas que son muy importantes por su función de sostener los grandes glaciares del continente e incluso la formación del gran agujero que ha aparecido hace unas semanas en la capa de hielo interior, a cientos de kilómetros de la costa, donde esa formación de agujeros es habitual, han hecho que la Antártida cobre mayor importancia y se considere una parte fundamental a tener en cuenta a la hora de estudiar los efectos que cualquier evento puede tener sobre el equilibrio climatológico planetario, sobre el equilibrio y salud de la biosfera y, en este caso concreto, sobre el aumento del nivel del mar. Tal como declaró Mark Serreze, director del NSIDC (Centro Nacional de Datos de Nieve y de Hielo de Estados Unidos): "Nosotros siempre hemos pensado en la Antártida como un elefante dormido que está comenzando a moverse. Bueno, quizás está comenzando a moverse ahora".

Realmente, al igual que todo el planeta, la Antártida está cambiando y ya no se puede ver como un "elefante dormido" separado del resto del planeta, cada vez hay mayor conciencia y constatación de que todo está interconectado y de que es toda la Tierra la que se está moviendo. Tal como dicen los Inuit: "La Tierra ha cambiado, se ha movido" y afirman que el cambio climático no se debe al calentamiento global sino a que el planeta ha oscilado, se ha movido; ellos dicen que el Sol ya no sale ni se pone por donde siempre solía hacerlo hasta ahora. 
Científicamente sabemos que hay un movimiento de los polos geográficos, aparte del de los polos magnéticos y que, por lo tanto, hay un cambio del eje de rotación del planeta. Este cambio de inclinación también afecta al equilibrio de la Antártida, a su relación con el Sol y con la formación de los vientos, a las corrientes oceánicas que rodean al continente e incluso a la actividad de todos los volcanes que se han descubierto bajo sus kilométricas capas de hielo. Es muy importante que estas capas de hielo continental se mantengan en buen estado y no aumente su fusión, porque es el derretimiento de ese hielo el que puede aumentar considerablemente y peligrosamente el nivel de los océanos. El hielo marino no tiene unas consecuencias tan impactantes, pero es vital para el sostenimiento de los glaciares y el equilibrio de este continente tan especial que nos muestra, como cualquier otra parte de la Tierra, que todo está conectado.


Fuentes:

sábado, 30 de septiembre de 2017

Eventos destacados del mes de septiembre

Publicado por David Arbizu

LOS EFECTOS DE LA PÉRDIDA DE SEDIMENTOS DE LOS RÍOS POR EL IMPACTO DE LAS PRESAS
Desde hace siglos, el hombre ha construido diques y embalses en los ríos para poder aprovechar su agua por diferentes motivos. De hecho, se han encontrado esbozos de presas y redes de canales que se considera que fueron planificados antes del año 2000 a. C. y hasta el momento presente sigue habiendo proyectos de construcción en muchas partes del mundo. Actualmente las presas y reservorios de agua fluvial se planifican para el riego, la distribución de agua potable a zonas habitadas, la distribución de agua para uso industrial, controlar el cauce para evitar crecidas e inundaciones y también para generar energía al formar parte de centrales hidroeléctricas.

Desde el siglo pasado, algunos científicos, expertos medioambientales e ingenieros fluviales han centrado sus estudios en los cambios que causan, sobre todo, las grandes presas, ya que normalmente crean embalses que afectan áreas geográficas muy extensas y que no solo afectan al río sino también a toda la superficie que queda inundada. Además, la presa tiene una influencia y provoca unos cambios medioambientales que se extienden desde los límites superiores del embalse hasta lo que se puede considerar la cuenca hidrográfica del río a partir de la presa, incluyendo la desembocadura e incluso la costa y el mar.

Presa Jinping-I en el río Yalong (China)

Estos grandes diques y estos grandes reservorios de agua provocan muchos efectos ambientales sobre la fauna, el suelo y su compacidad y la vegetación, además de todos los efectos provenientes de su construcción, de su mantenimiento y toda la destrucción que se realiza al necesitar carreteras de acceso y, en el caso de una central hidroeléctrica, todo lo que suponen sus instalaciones, funcionamiento y sistemas de transporte de la electricidad. También hay que tener en cuenta que, al crear un embalse, posiblemente van a aumentar algunas actividades agrícolas, industriales y, en algunos casos, incluso turísticas alrededor de toda la zona.

Todo esto ya deja entrever una agresión sobre hábitats y ecosistemas relacionados con el río y con la pérdida de suelo, donde el gran impacto lo recibe todo el sistema fluvial debido a la pérdida de la calidad de sus aguas, de la fuerza del flujo y del cauce junto con un desequilibrio de la salud de todo el sistema debido al aumento de plagas, como pueden ser algas y plantas invasoras y de la contaminación, sobre todo la que provocan las actividades humanas. También existe una agresión a nivel energético, ya que muchos ríos coinciden con meridianos del planeta y estas modificaciones provocan cortes de energía y bloqueo de meridianos. De todas maneras, el tema que últimamente y principalmente atrae y preocupa a los expertos y científicos es el relacionado con los sedimentos, sedimentos que quedan frenados en la presa y que afectan toda la estructura del río y, en especial, su desembocadura.

Estos sedimentos, estas partículas que se asientan en el embalse y no pueden seguir aguas abajo, son la causa de graves problemas que ahora, con el cambio climático y la severidad extrema tanto de las tormentas como de las sequías junto al aumento del nivel del mar y del oleaje que está afectando a las costas, han hecho que se valoren mucho más todos los problemas que causan las presas y esa falta de sedimentos que son vitales en todos los sentidos. Por esta razón, a pesar de que sigue habiendo proyectos de construcción de presas, algunos países, sobre todo de Europa, las están eliminando. En estos momentos se calcula que hay 57 000 grandes presas en el mundo, sin contar las innumerables presas pequeñas y que estas presas bloquean miles de millones de metros cúbicos de sedimentos naturales fluviales que son muy necesarios y cuya falta está creando graves problemas especialmente en desembocaduras, deltas, estuarios, manglares y todo tipo de humedales.

Presa en el río Colorado, situada más arriba del Parque del Gran Cañón (Arizona)

Todos los sedimentos que los ríos aportan en su desembocadura, en la zona costera, mantienen la estructura y la salud de esos ecosistemas vitales para muchas especies vegetales y animales, además son imprescindibles por su función de amortiguador contra el aumento del nivel del mar y de las mareas y oleajes. Gracias a los sedimentos se mantienen los hábitats costeros y facilitan que haya una mejor adaptación frente al aumento del nivel del mar. Para Robin Grossinger, científico del Instituto Estuario de San Francisco (California-Estados Unidos), la falta de sedimentos “es casi como privar la comida de estos sistemas, privar los nutrientes, los minerales y las vitaminas para que puedan crecer y adaptarse”.

En la actualidad, muchos estudios se enfocan en la búsqueda de maneras para que los sedimentos bloqueados en las presas puedan llegar a la parte baja de los ríos, porque es importante restaurar los humedales, las tierras que se han perdido de muchos deltas, estuarios y manglares, porque ahora el ser humano ve cómo aumenta el gran peligro de la erosión y la invasión de las aguas del mar en zonas habitadas o donde tiene intereses que preservar y se da cuenta de todo el daño que hacen esas grandes presas. Por suerte, avanzar y conseguir esta restauración y reequilibrio de estos ecosistemas va a beneficiar a muchos animales y plantas, ya que son áreas muy ricas y productivas que proporcionan lugares de anidación y hábitats para peces, aves y otras especies.

Aunque, tal como he dicho antes, en algunos países se están eliminando algunas presas importantes, muchos estudios buscan formas de restaurar el flujo de sedimentos sin llegar a destruir la presa. En todos los casos, es necesario estudiar antes las características de cada río y cada presa, para qué se construyó (control de inundaciones, generación de energía, planes de distribución del agua) y en qué momento mover esos sedimentos teniendo en cuenta los ciclos naturales del propio río y de todos los hábitats y ecosistemas que atraviesa y de los que forma parte. Voy a enumerar algunos ejemplos donde se han hecho cambios para facilitar la llegada de sedimentos río abajo:

El río Mississippi (Estados Unidos): Es uno de los grandes ríos del planeta más castigados y del que, al mismo tiempo, dependen millones de personas y también de animales y plantas. En él hay muchísimas presas y una red de diques, compuertas y canales para controlar las inundaciones que el río provocaba en sus ciclos naturales y que aportaban riqueza a toda la tierra. Estos bloqueos han impedido que la gran cantidad de sedimentos que genera el Mississippi hayan llegado durante años a su delta, formado por humedales y pantanos costeros y que, desde hace decenas de años, esté perdiendo tierra mientras las aguas del mar van invadiendo toda la zona, algo potenciado por el aumento del nivel del mar y las tormentas, cada vez más fuertes, que llegan al Golfo de México. Toda esta zona costera es el hogar de una quinta parte de las aves acuáticas de América del Norte, allí viven millones de personas y, por desgracia, también es uno de los centros más importantes de la industria del petróleo y el gas, tanto por las actividades de extracción como por las de refinación y exportación.

La línea costera del delta del Mississippi tiene una longitud de 650 km., lo cual refleja la magnitud de este río y su poder, aunque toda esta franja esté cambiando, deteriorándose e incluso hundiéndose por esa falta de visión y respeto por los ciclos y llegada de sedimentos del río. Durante la última década, la Autoridad de Restauración y Protección Costera de Luisiana (CPRA), un organismo estatal, ha restaurado miles de hectáreas de pantanos, transportando hasta esta zona sedimentos desde los lugares donde están bloqueados y desde el lecho marino y ha dragado decenas de islas artificiales para contrarrestar la destrucción e iniciar una recuperación del delta, pero estas acciones no son suficientes y los humedales y pantanos se siguen perdiendo por la entrada del mar. Ahora se quiere poner en marcha un proyecto para abrir las compuertas de algunos diques permitiendo que las aguas inunden partes del delta y puedan transportar sedimentos, pero este proyecto está siendo frenado por grupos poderosos como las grandes compañías petroleras e incluso por la industria pesquera, grupos que han contribuido a la destrucción del río y sus ecosistemas, sobre todo con la contaminación, las perforaciones de pozos y la construcción de canales, algo que ha facilitado la entrada de agua salada y ha debilitado la compactación de la tierra, grupos a los que no les interesa que cambie la configuración actual del río porque podría perjudicar sus instalaciones e intereses.

En todo caso, es tanto el daño generado, que no tan solo difícilmente se podrá recuperar el delta, aunque se pongan en marcha todos los proyectos, sino que se calcula que se seguirán perdiendo grandes áreas pantanosas y humedales debido al aumento del nivel del mar, algo que en esa zona va a ser muy difícil de controlar.

Mapa que muestra todo el alcance y majestuosidad del río Mississippi

El río Amarillo (China): El río Amarillo es el segundo río más grande de China y es el que contiene más arena y barro del mundo debido a que pasa por una meseta y se produce una gran entrada de sedimentos en sus aguas. Es uno de los ríos que provocaba grandes inundaciones, lo cual se ha solucionado con la construcción de diques y presas. También, debido a la actividad humana, junto a la superpoblación, ahora es un río muy contaminado, con gran parte de su ribera destruida por los campos de cultivos y las industrias. Desde el año 2015, China puso en marcha un plan para detener el grave deterioro de las aguas de sus ríos y todo el bloqueo de sus sedimentos debido a la gran cantidad de enormes presas que se han construido. En algunas presas del río Amarillo se han construido portales especiales que permiten que los sedimentos sean descargados aguas abajo. En el caso de la gran presa de Xiaolangdi, durante dos semanas al año, grandes cantidades de agua limpia y llena de sedimento son arrojadas por debajo de la presa para permitir que fluya por el río y pueda alimentar las tierras y llegar a la desembocadura para evitar la destrucción del delta y favorecer los recursos naturales que evitan la erosión del mar.

Río Amarillo (China)

Muchos de los grandes ríos del planeta forman deltas con humedales y pantanos en sus desembocaduras que representan zonas de un gran valor para la biosfera e incluso para el equilibrio de los patrones climáticos. En algunas zonas no existen apenas acciones para su cuidado y mantenimiento y se está llegando a un punto de inflexión a partir del cual ya van a ser imposibles de recuperar. Son zonas donde también hay superpoblación que vive de forma precaria y donde también se han instalado grandes industrias que han contaminado grandes áreas sin recibir controles ni penalizaciones. Algunos de los deltas y humedales destacables donde hay una gran devastación son los Sundarbans, que forman el bosque de manglar más grande del mundo y ocupa una parte de la costa norte del Golfo de Bengala, entre India y Bangladesh, donde desembocan grandes ríos como el Ganges, el Brahmaputra y el Meghna; el delta del río Niger (África), totalmente devastado y contaminado por las grandes industrias petroleras; el río Yangtsé, donde está la presa de las Tres Gargantas, la más grande del mundo y el río Mekong, ambos en China; el río Amazonas; el río Paraná, que junto con el río Uruguay y el río Paraguay forma el estuario del Río de la Plata, en Argentina; el río Nilo, en Egipto, donde las presas, la superpoblación que explota y depende del río, la agricultura y la contaminación, junto con la severa sequía que está sufriendo desde su lugar de nacimiento, en Burundi y a través de todo su cauce por países como Etiopía, están diezmando el río, causando la destrucción de su delta y facilitando la entrada de agua salada del mar Mediterráneo que está devastando la línea costera y, aguas arriba, toda la fertilidad de un suelo que siempre ha dependido de las inundaciones y llegada de ricos sedimentos del río.

Las luces de ciudades y pueblos superpoblados delimitan el delta del Nilo

Otros ríos más pequeños también tienen los mismos problemas, como es el caso del río Ebro, en España, del río Rin, que desemboca en el mar del Norte y del río Ródano, que desemboca en el mar Mediterráneo, por citar algunos.
Algunos científicos ya llevan muchos años alertando de los grandes problemas que causan las devastaciones de los deltas de los ríos en el planeta, algo que afecta a todas las capas de la biosfera, a todas las formas de vida, al clima de todo el planeta, porque la salud de los ríos y costas es vital para el equilibrio de la Tierra. También advierten que si sigue aumentando la temperatura del planeta y el ser humano no frena sus actividades destructivas y contaminantes, el deshielo y el aumento del nivel del mar van a provocar la desaparición de todos esos deltas, incluso ni que se recuperara todo el transporte de sedimentos de los ríos.
Así que, una vez más, observamos la falta de conciencia, criterio y respeto del ser humano sobre otra parte fundamental que forma la biosfera y que es fuente de vida, una vida que seguimos poniendo en peligro y que, tarde o temprano, va a afectarnos a todos.


jueves, 14 de septiembre de 2017

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Publicado por David Arbizu

LOS HURACANES: ¿CÓMO SE FORMAN? ¿CÓMO AUMENTAN SU POTENCIA? ¿CÓMO SE PREDICE SU RUTA? ¿QUÉ SUCEDE BAJO EL AGUA CUANDO ESTÁN EN MAR ABIERTO?
El principio de un huracán está en la formación de una perturbación climática u onda tropical, que es un fenómeno atmosférico que generalmente se forma sobre mares u océanos cuando se combinan el aire, un aumento de la temperatura del agua del mar y el calor de los rayos solares. Conforme va aumentando la fuerza del sistema atmosférico y, en especial, la velocidad del viento que lo forma, va cambiando de nombre y pasa por ser una depresión tropical, una tormenta tropical y, finalmente, un huracán o tifón.
Se considera que cuando la temperatura del agua del mar o del océano llega a los 26-27ºC, se inicia un proceso de evaporación facilitado por el aire o viento seco, que normalmente proviene del continente y el calor del Sol. Al evaporarse, el agua asciende atrayendo todavía más el calor de los rayos solares y toda esa energía térmica se va transfiriendo al aire. Ese vapor de agua transporta la energía hacia arriba, donde el aire es más frío, se condensa en forma de nubes y libera todo su calor elevando la temperatura del aire, que empieza a rotar ligeramente originando nubes cada vez más compactas y más altas.
 
Estas características necesarias para la formación de este sistema atmosférico se encuentran en las áreas tropicales, donde fácilmente se produce una situación de baja presión en la superficie del océano. El aire se eleva cada vez más rápido para llenar este espacio de baja presión, atrayendo a su vez más aire cálido de la superficie del mar. Este aire, en forma de vientos con determinadas direcciones debido a la rotación de la Tierra, hace que la tormenta gire sobre sí misma y tenga un desplazamiento este-oeste. Si permanece sobre el agua caliente, la tormenta tropical va creciendo y fortaleciéndose y también se va desplazando conforme aumenta la velocidad del aire que va siendo succionado desde el centro de la baja presión, de tal modo que puede llegar a convertirse en un huracán con vientos estructurados rotando a velocidades superiores a los 120 kilómetros por hora. El huracán se caracteriza porque tiene lo que se conoce como “ojo del huracán”, que es la parte central con condiciones más calmadas y donde la presión atmosférica es más baja. El ojo del huracán está rodeado de una banda nubosa, donde el aire se va enfriando a medida que se aleja del ojo. Toda la banda nubosa, formada por grandes espirales en continua rotación, está cargada con fuertes vientos y tormentas que provocan lluvias torrenciales y grandes descargas eléctricas.
 

La fuerza del huracán se mide según su categoría y para ello se utiliza la “escala Saffir-Simpson”, que fue creada para medir la fuerza de los huracanes en el continente americano pero ha acabado siendo utilizada, generalmente, como el sistema para categorizar los huracanes, ciclones y tifones. La escala Saffir-Simpson clasifica los huracanes según la intensidad del viento y describe los efectos y daños que pueden ocasionar teniendo en cuenta el oleaje y las inundaciones. Por ejemplo, esta es la descripción de un huracán categoría 5: Vientos superiores a 252 km/h. Daños destructivos en todo tipo de construcciones. Cortes de las vías principales. Árboles y postes derribados.
Quiero señalar que la palabra “huracán” se utiliza cuando este tipo de fenómeno atmosférico sucede en el Atlántico y en el noreste del Pacífico, cerca de las costas de América; cuando sucede en el Índico se utiliza la palabra “ciclón” y cuando es en el oeste del Pacífico, cerca de las costas de Asia y todas sus islas, se utiliza la palabra “tifón”.

Para predecir la formación, la intensidad y la ruta de un huracán, los meteorólogos se fijan primero en las tormentas que pueden potencialmente convertirse en huracanes. Actualmente tienen acceso a mucha información acumulada durante decenas de años sobre este tipo de fenómenos, pero la precisión a la que se ha llegado últimamente se debe a la tecnología y, en particular, a las imágenes que toman los satélites y a los datos que recogen los aviones especializados. De acuerdo con la NASA, trazar la ruta de un huracán depende de la precisión con la que se predicen los vientos en modelos computarizados y para ello es necesario que haya una precisión en el monitoreo y un seguimiento continuado.
A pesar de todos los avances tecnológicos, los expertos advierten que todavía es difícil predecir con 100% de exactitud la ruta que tendrá un huracán, ya que en cualquier momento puede bajar repentinamente su intensidad de maneras que la ciencia todavía no termina de entender.


Ahora ya estamos acostumbrados a las imágenes de los huracanes tomadas desde los satélites y también a los mapas meteorológicos donde se observa su situación, la posible trayectoria que puede seguir y su proceso de fortalecimiento o debilitamiento, pero quizás pocas personas se han hecho esta pregunta: ¿Qué sucede bajo el agua cuando un huracán está en mar abierto? La respuesta es que pueden suceder cosas positivas y cosas negativas. Los vientos del huracán soplan sobre la superficie del agua creando olas cada vez más grandes, que interaccionan más con el viento y siguen aumentando. Durante este proceso, bajo el agua se forman movimientos circulares bajo las olas y estos movimientos circulares, cuya potencia depende de la fuerza del viento al crear las olas, van creando círculos más pequeños, uno bajo el otro, formando movimientos orbitales conforme se internan profundamente. Para los peces que se desplazan lentamente, como el caballito de mar, los cangrejos o las tortugas marinas, estas olas y turbulencias pueden ser muy peligrosas, así como para otros seres cuyos hábitats se encuentran en zonas menos profundas, como es el caso de los corales, mientras que la mayoría de los peces y mamíferos marinos simplemente se apartan y se alejan del peligro.
En algunos casos, cuando hay huracanes muy potentes, estos movimientos orbitales pueden llegar al fondo del océano y entonces se aplastan y se forman movimientos horizontales que pueden tener gran envergadura y rapidez, levantar sedimentos e incluso mover objetos grandes como, por ejemplo, barcos hundidos. Al removerse el fondo del mar también se liberan muchos nutrientes que proporcionan una fuente de alimento para muchas formas de vida y fortalecen la cadena alimenticia.
Los movimientos orbitales provocan que se mezclen las aguas calientes de la superficie con las aguas frías de las profundidades consiguiendo que se refresque la capa más superficial del océano. Cuando esto sucede en zonas poco profundas da un alivio a los corales que pueden estar en peligro debido a las altas temperaturas, aunque, por otro lado, su supervivencia, así como la de otros animales como cangrejos, ostras, etc., se ve amenazada por la fuerza del oleaje.


En la imagen superior se observa el huracán Irma pasando por encima de la República Dominicana. Irma ha sido noticia durante toda la semana pasada, pocos días después de que otro huracán, el huracán Harvey, de categoría 4, causara gravísimas inundaciones en Texas y Luisiana. El huracán Irma llegó a categoría 5, considerándose un súper-huracán, llegó a tener un tamaño similar al de Francia y en su trayectoria por el Caribe arrasó varias islas con sus vientos sostenidos de casi 300 km/h., sus lluvias torrenciales y el gran oleaje provocado. También afectó con fuerza la península de Florida, aunque allí llegó debilitado a categoría 4 pero igualmente causando destrucción y graves inundaciones. Ambos huracanes dejaron decenas de muertos a su paso. 

Aunque se considera extraño que, en el Atlántico, un huracán pueda llegar a categoría 5, el cambio climático que está experimentando la Tierra favorece todas las condiciones para que se genere un huracán de estas dimensiones. Hay que tener en cuenta que las temperaturas del océano son cada vez más elevadas y que los patrones del viento sufren cambios y alteraciones, algo que también puede favorecer que el aire pueda elevarse sin encontrar flujos de viento cortantes que impidan su intensificación. Esa rápida formación facilita que lo que en principio es una tormenta tropical, que se forma frente a las islas de Cabo Verde (África), encuentre un largo camino a recorrer (la anchura del Atlántico) sobre aguas cálidas y sin encontrar masas de tierra que pudieran debilitarla.

El paso del huracán Irma por el Caribe y Florida nos dejó imágenes como la que sigue a continuación, donde se observa cómo ha desaparecido el agua de las playas y costas, como si el huracán la hubiera engullido.

Retroceso del mar en una de las playas de Tampa (Florida)

Este fenómeno sucede porque, al haber una presión atmosférica muy baja, el nivel del agua del mar sube en el centro del huracán y, por lo tanto, allí existe una gran atracción de agua. Si a esto añadimos la gran velocidad y potencia de los fuertes vientos del huracán moviéndose de forma circular en las zonas periféricas, nos encontramos con que en algunas costas los vientos empujan el agua en forma de gran oleaje hacia el interior provocando inundaciones, mientras que en otras desplazan el agua hacia el ojo del huracán, de manera que el agua va retrocediendo y deja una amplia zona sin agua, dando la sensación de que ha desaparecido. Tal como se pudo observar en las zonas donde sucedió esto, al cabo de varias horas el agua volvió sin hacerlo de forma violenta, ocupando de nuevo todo el espacio hasta la línea costera.

Esperemos que la formación de estos huracanes tan potentes no se vuelva habitual en el Atlántico ni tampoco en el Pacífico, a pesar de que en ambos océanos existen las circunstancias favorables para que se produzcan y al hecho de que, según los científicos, el cambio climático está haciendo que las tormentas sean cada vez más destructivas y que todavía quedan más de 2 meses para que finalice la temporada de huracanes del 2017, que acaba el 30 de noviembre en ambos océanos.


Fuentes: