jueves, 30 de noviembre de 2017

Eventos destacados del mes de noviembre

Publicado por David Arbizu

LOS INCENDIOS SUBTERRÁNEOS
El año 2017 ya se considera uno de los años donde, a nivel planetario, ha habido mayor cantidad de incendios forestales y mayor cantidad de hectáreas quemadas. La crisis planetaria y en concreto, el calentamiento global, junto con el desequilibrio de todos los sistemas que forman parte y sostienen la biosfera, están provocando graves desajustes en los ciclos hidrológicos que causan fuertes y persistentes sequías. El constante aumento de las temperaturas, junto a esas condiciones de sequía extrema y la llegada de vientos más cálidos de lo normal, son los factores más importantes que facilitan el incremento de los incendios. Existen más factores que podríamos añadir y que tienen una relación directa con el hombre, con el Antropoceno, como, por ejemplo, la deforestación, los incendios provocados por accidentes fruto de la actividad humana y también los incendios intencionados, provocados por el hombre.

Hay un tipo de incendios que, en general, es poco conocido y del que los medios de comunicación no hablan, a pesar de que muchos expertos consideran que ocupan o “queman” mayores extensiones que los incendios forestales y de que una gran mayoría nunca son controlados ni mucho menos apagados; se trata de los incendios subterráneos.
Los incendios subterráneos se pueden iniciar por varias causas, como, por ejemplo, a partir de un incendio forestal en la superficie, por la caída de un rayo o también por una fuga de gas, tal como pasó hace 59 años en Chongqing (China), donde una exploración de petróleo perforó un pozo de gas natural y los trabajadores abandonaron el pozo sin controlar o reparar esa fuga de gas. En todo caso, para que se inicie una combustión y permanezca, es necesario un combustible y este combustible lo pueden formar dos tipos de biomasa: el que formarían capas gruesas de ramas de árboles o troncos, cuya quema tiende a ser más rápida y menos duradera y el que formaría la turba, que es un suelo rico en carbón creado a partir de la vegetación parcialmente descompuesta y anegada acumulada durante muchos años, incluso milenios y donde puede haber una “combustión espontánea de carbón”, algo que sucede cuando esas áreas subterráneas con grandes lechos de carbón, suficientemente cerca de la superficie, reciben el oxígeno necesario para generar una reacción química que produce calor y ese calor no se puede disipar adecuadamente iniciando lo que algunos expertos llaman “fugas térmicas donde se produce un incendio subterráneo”, incendios que normalmente no tienen llama o producen poca llama, aunque sí mucho humo y emisiones tóxicas.


Humaredas desde el incendio subterráneo de Jharia (India)

Se calcula que hay miles de incendios de carbón o, como también se les llama, “incendios de turba” y que se encuentran en todos los continentes menos en la Antártida. Son incendios muy difíciles de detectar y extinguir, que arden lentamente a baja temperatura, aunque pueden superar los 540ºC y que se extienden bajo la superficie y también hacia abajo, hacia el interior de la Tierra, pudiendo llegar a profundidades de cientos de metros siempre que les pueda llegar aire a través de las fisuras de las rocas o cualquier paso microscópico que pueda tener la tierra. Un incendio subterráneo puede arder durante años o incluso décadas sin mostrar señales en la superficie, aunque en algún momento creará señales de su existencia como el hundimiento y derrumbe del terreno debido a los huecos subterráneos generados por la combustión del carbón, que se convierte en ceniza, la salida de humo y el notable daño a la vegetación, que normalmente acaba muriendo dejando una zona árida y sin vida. Muchos estudios de ingenieros y geólogos han llegado a la conclusión de que la única forma de extinguir estos incendios es mediante la excavación total, pero es una solución de un coste muy elevado y que no se puede parar hasta que no queda ningún punto activo, ya que al excavar también se está alimentando el fuego con oxígeno y además muchas veces no es fácil situar con exactitud dónde está el incendio, ya que las salidas de gases y vapor pueden estar lejos del punto de combustión; incluso los satélites programados para detectar incendios forestales a alta temperatura fallan cuando se trata de incendios de turba debido a que estos no alcanzan la temperatura suficiente para ser detectados.

Los incendios subterráneos también representan una amenaza para el medio ambiente y para la salud pública. A través del humo llega a la atmósfera una mezcla tóxica de monóxido de carbono, dióxido de azufre y polvo de carbón, además de otras sustancias tóxicas como, por ejemplo, benceno, sulfuro de hidrógeno, mercurio y arsénico. Este humo tóxico contamina el aire y además agrava el cambio climático debido a la emisión de gases de efecto invernadero como el metano y el dióxido de carbono. Otra gran amenaza es que pueden provocar un incendio forestal en la superficie si alcanzan zonas de bosques o de suficiente vegetación donde haya las condiciones necesarias para que se inicie fácilmente un fuego. También, en algunos casos, los incendios amenazan poblaciones y carreteras, tanto por la contaminación como por la formación de grietas y agujeros que pueden llegar a ser de gran tamaño. Además, las sustancias tóxicas liberadas también llegan a los acuíferos contaminándolos y consecuentemente, contaminando los ríos y llegando a los océanos.

La actividad humana, especialmente desde el inicio del Antropoceno, ha provocado muchos de estos incendios que, en la mayoría de los casos, están relacionados con la minería. Debido a esta relación directa con la minería, los países donde hay más incendios subterráneos son Estados Unidos, que tiene las reservas de carbón más grandes del mundo y donde se calcula que hay más de 200 incendios subterráneos, China, India e Indonesia, donde la deforestación incontrolada se realiza quemando zonas boscosas y por lo tanto, provocando miles de incendios subterráneos.

Estos son algunos de los incendios subterráneos más importantes:
- Monte Wingen (Australia): Conocido como “Burning Mountain”. Se considera el incendio más antiguo del planeta. Lleva 6000 años ardiendo sin parar en una zona de Nueva Gales del Sur donde hay una gran veta de carbón. El incendio avanza un metro por año, está a una profundidad de 30 metros y hasta ahora ha cubierto una superficie de más de 6,5 km. El incendio ha causado un gran daño ecológico a la vegetación de la zona, dejando toda el área afectada sin rastros de vida.

Burning Mountain (Australia)

- Centralia (Pensilvania-Estados Unidos): Se considera que este incendio se inició en 1962, cuando unos trabajadores de saneamiento quemaron basura a las afueras de la ciudad de Centralia, sobre una antigua entrada de una gran mina de carbón, lo cual provocó que se encendiera el carbón subyacente. Durante unos 20 años, los bomberos intentaron apagarlo ocho veces utilizando diversas técnicas, pero el fuego siempre les superó. Al cabo de un tiempo de iniciarse el incendio, el monóxido de carbono se empezó a filtrar a través de los sótanos de las viviendas de la ciudad y muchos residentes comenzaron a desmayarse en sus casas. Otros problemas fueron que en algunos jardines y patios de viviendas se formaron agujeros y grietas, aumentó peligrosamente la temperatura de los tanques subterráneos de una gasolinera y una parte de una carretera principal se desmoronó y se formaron grietas desde donde salía el vapor. En 1985, un niño de 12 años se cayó en un orificio desde un patio y aunque se pudo salvar, esto fue como un detonante que hizo que la mayoría de la población decidiera abandonar la ciudad y que se aceptara la solución de dejar que se fueran quemando todas esas vastas vetas de carbón. Este incendio llega a profundidades de 100 metros y sigue emitiendo gases tóxicos y abriendo agujeros en la superficie. Se considera que puede seguir activo otros 250 años y tanto el gobierno federal como el estatal no están haciendo nada por apagarlo, en gran parte porque representaría un coste muy elevado.

Centralia (Estados Unidos)

- Chongqing (China): Este incendio comenzó hace 59 años cuando un equipo de exploración de petróleo perforó un pozo de gas natural y lo abandonó dejando gran parte del pozo sin explorar y permitiendo que hubiera emanaciones de gas que, desde entonces, han ido alimentando el fuego, que sale por unos pequeños orificios en un área de cuatro metros cuadrados. Los habitantes de la aldea cercana utilizan los fuegos para cocinar sin tomar precauciones por la toxicidad de las emanaciones. China es uno de los países con más incendios subterráneos debido a que en las zonas rurales se acostumbra a cavar a mano en busca de carbón para uso doméstico y cuando la cavidad se vuelve muy profunda se abandona, dejando la tierra perforada, llena de pequeños pozos por donde el aire llega hasta el carbón.

- Jharia (India): India es un país con una minería de carbón a gran escala y es donde hay la mayor concentración de incendios subterráneos, que han dejado amplias zonas con aguas y suelos contaminados y han forzado la reubicación de aldeas y carreteras debido al deterioro del suelo y al avance del fuego. En las minas de carbón de la ciudad de Jharia se registran incendios subterráneos desde 1916, que en muchas zonas han llegado a la superficie principalmente debido a las excavaciones mineras intensivas. A pesar de la alta toxicidad y de que hay muchos casos de personas con enfermedades pulmonares y otros problemas de salud, muchos habitantes de las poblaciones cercanas trabajan en las minas porque es su única fuente de subsistencia, aunque los que han podido hacerlo han abandonado la zona y muchos pueblos han desaparecido.

Jharia (India)

- Tablas de Daimiel (España): Las Tablas de Daimiel es un Parque Nacional situado en Ciudad Real calificado como Reserva de la Biosfera. Se trata de un humedal, un ecosistema que se denomina “tablas fluviales”, que se forma por el desbordamiento de los ríos debido principalmente a la falta de pendiente. En el año 2009, debido a la degradación del suelo, a la sequía y principalmente, a la sobreexplotación de su principal acuífero, junto con la falta de atención y mantenimiento por parte de los organismos oficiales, se encendieron incendios subterráneos en las turbas del parque. A principios del año 2010 se aprobó un trasvase desde el río Tajo, que no se finalizó gracias a la llegada de abundantes lluvias que sofocaron de forma natural los incendios y devolvieron las condiciones hídricas adecuadas para el sustento del humedal. En estos momentos, la situación vuelve a ser delicada debido a la sequía, a la pérdida de agua por evaporación y a la falta de control que sigue habiendo sobre la explotación de los acuíferos. Esto ha provocado que amplias zonas ya no estén inundadas y se tema que puedan volver a iniciarse los incendios subterráneos.

Si sigue el desequilibrio de los patrones climáticos del planeta, con un aumento constante y general de las temperaturas y de las severas sequías, cada vez habrá más incendios subterráneos. Hay que tener en cuenta que, cuando afectan zonas frías del planeta, como sucede en Alaska y Siberia, los incendios también facilitan un incremento del deshielo del permafrost, con todos los peligros que conlleva.
Aunque algunos incendios subterráneos son de origen natural, la actividad humana los intensifica y multiplica y son una muestra más de todo el daño y destrucción que se provoca al perforar la superficie del planeta para extraer todo tipo de materiales y de que en cualquier momento se puede perder el control sobre situaciones que pueden volverse muy peligrosas para la salud y supervivencia de los seres vivos de nuestro bello planeta.


Fuentes:

martes, 14 de noviembre de 2017

Eventos destacados del mes de noviembre

Publicado por David Arbizu

LA DESAPARICIÓN DE LOS INSECTOS: UN ARMAGEDÓN ECOLÓGICO
Los insectos representan un grupo de animales con una capacidad de resistencia y supervivencia que siempre he considerado impresionante, sorprendente. En muchas ocasiones, al estudiar la crisis planetaria y la sexta extinción masiva a la que nos estamos enfrentando, he pensado que los insectos serían los más resistentes, los últimos que vería extinguirse.

Durante cientos de millones de años, los insectos se han expandido por todos los continentes, por todos los hábitats, han prosperado en el suelo, en el aire y en el agua, aunque no lo han hecho en el océano. Incluso, aunque se pensaba que no era así, como mínimo hay una especie endémica de la Antártida que se llama “Belgica antárctica” y es una especie de mosquito alargado no volador que puede sobrevivir durante dos años al congelamiento de sus fluidos corporales y también puede sobrevivir sin oxígeno de dos a cuatro semanas, además de tener otras capacidades asombrosas que le permiten vivir en ese ecosistema prácticamente inhabitable. No es de extrañar que los científicos consideren que los insectos son “el grupo de criaturas más exitoso de toda la historia de la Tierra”.

Aunque, en general, los insectos son animales que no nos gusta encontrar en nuestro camino y, muchos menos, en nuestra casa, son absolutamente imprescindibles para el equilibrio y funcionamiento de la biosfera, representan un eslabón muy importante de la cadena alimenticia global, ya que forman la base de miles y miles de cadenas alimentarias y cumplen muchas funciones que benefician a otras especies y al mantenimiento de hábitats y ecosistemas, como, por ejemplo, todo el trabajo de oxigenación, limpieza y enriquecimiento del subsuelo que hacen los insectos al moverse por debajo de la superficie y también, algo que últimamente ha aparecido en muchos medios de comunicación, el importante rol que algunas especies tienen como polinizadores, como parte esencial de la fertilización y reproducción de muchas plantas y árboles frutales.


Cuando hablamos de la extinción de especies que ahora está habiendo en la Tierra, podemos pensar en mamíferos, en reptiles, en peces, pero es más difícil pensar que los insectos se estén extinguiendo. Durante los últimos cinco años se han realizado varios estudios relacionados con la extinción de los insectos, estudios que han demostrado una notable disminución de su biomasa, aunque no sea algo fácil de demostrar debido a que es imposible calcular su número o realizar un monitoreo y también es difícil concretar cuántas especies de insectos hay incluso solo en una región o en un país. Por ejemplo, solo en el Reino Unido se considera que hay, aproximadamente, 24 500 especies de insectos y la mayoría son desconocidas para todos excepto para algunos especialistas.

Algunos estudios se han basado en el análisis de otras especies, como es el caso de un estudio realizado en Gran Bretaña que ha relacionado la desaparición de los insectos con que, desde 1970, se haya reducido a más de la mitad el número de aves. También la Unión Europea ha confirmado oficialmente una disminución de la población de aves que dependen de los insectos como fuente básica de alimentación. Otros estudios se han centrado en especies de insectos particulares, como el que ha demostrado que el número de mariposas de pastizales europeas ha disminuido en un 50% en las últimas décadas. Otras situaciones, menos científicas, que han demostrado la disminución de insectos es lo que se conoce como el “fenómeno del parabrisas” del automóvil, que en verano queda salpicado de insectos después de un desplazamiento y se ha constatado que cada año el número de insectos que quedan en el parabrisas es menor.

A nivel personal, yo mismo he coincidido con otras personas, después del verano de este año, en que no ha habido tantas moscas ni tantos mosquitos como otros años, pero hay que tener en cuenta que esta extinción no es solo de los insectos voladores sino también de los no voladores. En este sentido, el pasado mes de febrero la Unión Europea (UE), en colaboración con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), publicó un estudio que indicaba que entre el 25,7% y el 28% de las especies de ortópteros (saltamontes, grillos, chicharras y similares) que fueron evaluadas se encuentran amenazadas o en peligro de extinción. Relacionado con estos datos, la organización SEO/BirdLife también ha alertado de una importante disminución de grillos y saltamontes en España.


El último estudio o investigación que se ha publicado y que ha hecho, por así decirlo, saltar del todo las alarmas, se ha realizado en Alemania y se basa en el trabajo de decenas de entomólogos que comenzaron a utilizar formas estrictamente estandarizadas de recolección de insectos en 1989. Después de 27 años, las últimas muestras han demostrado una reducción del 76% sobre el promedio anual y, en verano, cuando se supone que el número de insectos alcanzó su punto máximo, la caída llegó al 82%. La importancia de este estudio es que ha tenido en cuenta todos los insectos voladores, sin determinar ninguna especie en concreto y por eso representa un indicador mucho más determinante. Además, las muestras se tomaron en áreas protegidas, muchas de ellas reservas naturales, lo cual significa que las cifras son todavía más preocupantes.

Para la doctora Lynn Dicks, de la Universidad de East Anglia, Inglaterra: “Esta investigación proporciona una nueva e importante evidencia de un descenso alarmante que muchos entomólogos sospechan que está ocurriendo desde hace algún tiempo”. También añade: “Si la biomasa total de insectos voladores está genuinamente disminuyendo a este ritmo, aproximadamente un 6% por año, esto es algo extremadamente preocupante. Los insectos voladores tienen funciones ecológicas realmente importantes, por lo que sus números importan mucho. Polinizan las flores: las moscas, polillas y mariposas son tan importantes como las abejas para muchas plantas con flores, incluidos algunos cultivos. Proporcionan alimento para muchos animales: aves, murciélagos, algunos mamíferos, peces, reptiles y anfibios. Las moscas, los escarabajos y las avispas también son depredadores y descomponedores, controlan las plagas y limpian el lugar en general”.

La “mantis religiosa” es un insecto depredador que contribuye 
al mantenimiento del equilibrio biológico de su hábitat.

Todos estos datos, todos estos estudios que alertan de los peligros de esta extinción, conllevan una pregunta clave: ¿Cuál es la causa de esta extinción? La respuesta científica es clara e indiscutible: “Nosotros, los humanos, la actividad humana”. Nuestra forma de tratar la naturaleza, de extraer todo lo que necesitamos sin tener en cuenta a otros seres vivos ni al equilibrio y la salud de los ecosistemas, está potenciando la sexta extinción masiva y la extinción de los insectos como una parte de la extinción global. En este caso concreto, la agricultura intensiva, basada en pesticidas, plaguicidas y fertilizantes que son verdaderos venenos para toda forma de vida, está aniquilando a los insectos, creando áreas que podríamos comparar con las “zonas muertas” de los océanos, áreas que nos muestran ese “Armagedón ecológico”, biológico, que se está extendiendo por el planeta, tal como declara el profesor Dave Goulson, de la Universidad de Sussex, Inglaterra, que ha formado parte de esta investigación realizada desde Alemania: “Parece que estamos haciendo vastas extensiones de tierra inhóspitas para la mayoría de las formas de vida y actualmente estamos en camino de un Armagedón ecológico. Si perdemos los insectos, todo se colapsará”.

Junto a todos los efectos destructivos y aniquiladores de las sustancias utilizadas en la agricultura, también hay que nombrar todo el daño que provoca la ganadería, la deforestación, la destrucción de áreas silvestres, la contaminación que afecta a todas las vías fluviales, a los acuíferos, al suelo, a la pérdida de nutrientes y de vegetación que también forma parte de todas esas cadenas alimentarias donde los insectos representan eslabones básicos y que están estrechamente vinculadas con los ciclos de reproducción de las especies y con el equilibrio del sistema que nutre y proporciona la vida de este planeta, un equilibrio que está siendo bombardeado por continuos “desajustes fenológicos” causados principalmente por la actividad humana, por la falta de conciencia del ser humano. Como se puede observar, todas son causas relacionadas con la crisis planetaria, con el desequilibrio climático, con el Antropoceno.

Si miramos hacia el futuro, podemos hacernos otras preguntas: ¿Cuál es el futuro de los insectos en el siglo XXI? ¿Cuál es el futuro de toda forma de vida de este planeta? Ahora mismo, las respuestas no pueden ser muy optimistas. La superpoblación humana sigue aumentando y, desgraciadamente, la manera de actuar que se puede esperar del ser humano es la de potenciar las formas de agricultura y ganadería intensivas, una todavía mayor utilización de los productos químicos, de la manipulación genética e incluso de geoingeniería que no van a tener en cuenta todo el daño y todo el exterminio que van a provocar sobre otros seres vivos, sobre los ecosistemas y la biosfera. Por otro lado, cada vez se realizan y publican más investigaciones que demuestran la gravedad de la situación actual y que se tienen que poner en marcha medidas para contrarrestar todo el impacto destructivo que está provocando la actividad humana, porque el hecho de que estén desapareciendo los insectos, los organismos más exitosos de toda la historia de la Tierra, significa que la extinción masiva avanza con fuerza y que, tarde o temprano, va a afectar a toda las formas de vida del planeta, incluida la humana. 



viernes, 27 de octubre de 2017

Eventos destacados del mes de octubre

Publicado por David Arbizu

LA GRAN MURALLA VERDE AFRICANA
Uno de los problemas más graves que están sufriendo muchas zonas de la Tierra es la desertificación o degradación del suelo. En la mayoría de las zonas amenazadas se observa claramente el desequilibrio cada vez más extremo de los patrones climáticos, algo que provoca sequías severas por la falta de precipitaciones y también graves inundaciones por la llegada de enormes tormentas de forma inusual e inesperada, tormentas cuya lluvia normalmente no sirve para la recuperación de la tierra debido a que está extremadamente seca y a que los acuíferos y corrientes subterráneas están tan agotados que es muy difícil que se recuperen. Otro problema principal de la mayoría de estas zonas es la superpoblación y la sobreexplotación de la tierra y de la vegetación debido a formas de agricultura, de ganadería y pastoreo muy agresivas que no tienen en cuenta el punto de inflexión a partir del cual la tierra ya no se puede recuperar ni el respeto por los ciclos naturales imprescindibles para la salud y supervivencia de cada ecosistema.

Desde el año 2007, en la zona del Sahel, que es la franja o zona de transición que separa el desierto del Sahara de la sabana africana y que se extiende horizontalmente sobre el continente africano, cruzándolo desde el océano Atlántico hasta el mar Rojo, se puso en marcha un proyecto llamado “Gran Muralla Verde” con la intención de crear un enorme corredor de vegetación para evitar el avance del desierto del Sahara hacia el sur, la desertificación y degradación de la tierra y los efectos del cambio climático. El proyecto se puso en marcha liderado por la Unión Africana y cuenta con el respaldo y la colaboración de organizaciones y grupos entre los que destaca la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y el Banco Mundial. Cuando el proyecto se termine, esta Gran Muralla Verde tendrá 7700 kilómetros de largo, 15 kilómetros de ancho y atravesará 14 países africanos a lo ancho de todo el continente.


Aparte de frenar la desertificación, el proyecto se presenta como un gran impulso que va a transformar la vida de millones de personas creando un gran mosaico de paisajes verdes y productivos que va a beneficiar en gran medida a todos sus habitantes. También se espera que sea un factor determinante como fuente de humedad y aprovechamiento de las precipitaciones, de forma que haya una óptima recarga de pozos y acuíferos que represente un beneficio para el propio ecosistema y para las personas que lo habiten, como suministro de agua potable y como recepción de agua para sus actividades económicas. Por esta razón, el proyecto también se considera una herramienta de planificación para el desarrollo rural cuyo objetivo es mejorar la gestión de los ecosistemas, proteger el patrimonio rural y mejorar las condiciones de vida de las poblaciones locales para que disminuya la inseguridad alimentaria.

En algunos países, como Nigeria, Senegal y Etiopía, ya se han puesto en marcha programas especiales que están creando empleos y mejorando las tierras de cultivo. Desde 2007, en Senegal se han plantado más de 11 millones de árboles, en Nigeria se han creado 20 000 puestos de trabajo y en Etiopía se han restaurado 15 millones de hectáreas de tierras degradadas.

Parte de la Gran Muralla Verde Africana

A simple vista, esta Gran Muralla Verde parece un proyecto muy ambicioso y beneficioso, tal como transmiten las palabras de la doctora Janet Edeme, experta agrícola de la UA (Unión Africana): “Una década después de que comenzó la iniciativa, hoy la Gran Muralla Verde se erige como uno de los esfuerzos más innovadores y audaces en la historia de la humanidad, una maravilla del mundo real”, pero algunos científicos, como los que forman el CSFD (Comité Científico Francés de la Desertificación) no consideran que se vayan a obtener resultados tan positivos y que también se van a causar perjuicios y daños en los ecosistemas, en el equilibrio y la salud de toda la zona.

Estos científicos advierten que se debe realizar un estudio muy detallado de las especies que se van a plantar, de que esas plantaciones y los cultivos que se hagan sean igualmente resistentes a la sequía, que tiene que haber estanques de retención y, sobre todo, conseguir que la población sea partícipe y realmente vea que todo el proyecto va a beneficiar su vida. En algunos países ya se ha constatado una falta de interés por parte de la población, ya sea por falta de programas educativos o porque no ha habido una verdadera intención de transmitir todo lo que significa el proyecto. Si no hay una inclusión y un verdadero acercamiento sobre las personas que habitan la zona para que aumente su interés y su sensibilidad, muchos programas locales no van a seguir adelante e incluso se pueden llegar a perder zonas ya forestadas. Hay que tener en cuenta que en muchos países sigue habiendo conflictos militares, violencia y abuso por parte de grupos de poder y de gobiernos corruptos cuyos programas difícilmente van a ser creídos y apoyados por poblaciones muy pobres que han sufrido abusos continuadamente. Por lo tanto, aunque en algunas zonas ya se haya avanzado bastante creando la Gran Muralla Verde, si los responsables del proyecto no son capaces de transmitir su importancia y no desarrollan actividades paralelas que ya empiecen a beneficiar a la población, esos bosques y plantaciones no van a recibir el trato y cuidado adecuado para su subsistencia y la desertificación aumentará debido a que los propios árboles recién plantados secarán y degradarán la tierra si no son cuidados ni reciben la aportación hídrica necesaria para subsistir.

Este proyecto de Gran Muralla Verde no es el primero que se implementa. En 1977 se inició el proyecto de la Gran Muralla Verde China con el objetivo de forestar una extensión de 4480 kilómetros para frenar el avance del desierto de Gobi, la desertificación y todo el daño que causan las grandes tormentas de arena sobre los cultivos y las infraestructuras. De momento se han plantado más de 66 000 millones de árboles y se espera que el proyecto finalice a finales del año 2050. Los problemas que se están observando, al igual que ya empieza a pasar en África, es que se plantan muchos árboles pero nadie los cuida y muchos acaban muriendo. También se ha constatado que la reforestación puede sobrepasar la capacidad de la tierra, lo cual perjudica la salud del suelo, provoca un rápido descenso de la humedad y de la capa freática y también acaba con la vida de todo lo plantado.

Vista parcial de la Gran Muralla Verde China

Otro proyecto parecido es el de la Presa Verde en Argelia, que empezó en 1962 después de años de degradación de la tierra y donde, a pesar de que el proyecto sigue en marcha, grandes zonas siguen bajo la amenaza de la desertificación. En este caso también se observa la necesidad de que las poblaciones locales participen en los programas de desarrollo para que la implementación del proyecto pueda tener éxito, pero para favorecer esa participación es necesario que haya un acercamiento y una voluntad real desde las personas que dirigen el proyecto y realizar un verdadero trabajo de educación para aumentar la conciencia sobre el gran valor de los ecosistemas, de los hábitats, de toda su biodiversidad y de que se puede obtener un beneficio personal si se trabaja para conseguir un beneficio más amplio, global.

Esperemos que estos proyectos se lleven a cabo y sirvan para que haya ese aumento de conciencia, para que se trate a la naturaleza con más cuidado y respeto y se comprenda cómo funcionan los ecosistemas, cómo incidimos en ellos y cómo podemos actuar para que no se degraden y se puedan recuperar y mantener en el mejor estado de salud posible; de ello depende nuestra propia salud y nuestra vida.



Fuentes:

viernes, 13 de octubre de 2017

Eventos destacados del mes de octubre

Publicado por David Arbizu

LOS VIENTOS CATABÁTICOS DE LA ANTÁRTIDA
El viento catabático se origina cuando el aire entra en contacto con un suelo o superficie fría, normalmente elevada. Este contacto hace que este aire se enfríe y se densifique creándose un flujo descendente debido a la fuerza de la gravedad y a la diferencia de temperaturas entre esas zonas frías, que habitualmente son las partes elevadas de las laderas de las montañas y el valle, la zona donde la temperatura es más alta y el aire es menos denso. Si hablamos de zonas montañosas del planeta que no están permanentemente cubiertas de hielo, lo normal es que el viento catabático se origine cuando empieza la noche y cesa la radiación solar, de manera que las partes geográficamente más altas se enfrían antes que las partes más bajas, que serían los valles. En muchas ocasiones, este movimiento del aire es el que hace que se genere el fenómeno conocido como "Inversión térmica", ya que provoca que el aire frío quede estancado en el fondo del los valles.

Los vientos catabáticos de la Antártida se originan en el interior, en las altas mesetas del continente, que representan la parte elevada y más fría y se dirigen hacia la zona costera. Como el viento encuentra una superficie fuerte y lisa, cubierta de hielo, mantiene la baja temperatura y se mueve con mucha rapidez, pudiendo alcanzar los 300 kilómetros por hora cuando llega a los acantilados costeros.


Un reciente estudio realizado por un grupo de científicos de la Escuela Politécnica de Lausana (Suiza) ha demostrado que los vientos catabáticos de la Antártida reducen la cantidad de precipitaciones, que normalmente son en forma de nieve. Estas nevadas son un factor clave para la formación y mantenimiento de toda la capa de hielo, especialmente en las zonas costeras, algo imprescindible para el equilibrio de todo el continente.
El estudio demuestra que la corriente de los vientos catabáticos forma una capa de aire muy seca que empieza a ras del suelo y puede llegar a tener hasta 300 metros de altura. Esta capa que forman estos vientos provoca que, por encima, se forme otra capa de aire mucho más seca y cálida, sobre la cual, a alturas que pueden estar sobre los 3000 metros, se forman las nubes que contienen los cristales o copos de nieve. Se ha comprobado que cuando esos copos de nieve caen y pasan a través de la segunda capa, más seca y cálida, se subliman, pasan de un estado sólido directamente a un estado gaseoso, convirtiéndose en vapor de agua que pasa a la atmósfera y no llegando a la superficie en forma de nieve. Debido a este fenómeno, los copos de nieve muchas veces no llegan a tocar el suelo y esto significa una reducción de la cantidad de nieve, algo que también tiene un efecto directo sobre el aumento del nivel del mar.


Hasta hace unos años, los registros no mostraban que hubiera pérdidas significativas de la capa de hielo marino ni del hielo continental de la Antártida, aunque sí que ya había habido alguna rotura y desmembramiento importante en las plataformas que rodean la península Antártica y alguna otra zona concreta de la parte occidental del continente. Desde el año pasado, 2016, aumentaron considerablemente las preocupaciones por la pérdida de hielo y al mismo tiempo también se incrementaron el interés y los estudios científicos relacionados con este continente. Estos estudios han demostrado que los vientos catabáticos también causan una fuerte erosión de la capa de nieve que cubre el hielo, algo que favorece que los rayos solares impacten con más fuerza y disminuya el efecto albedo, que es la capacidad de reflejo que tiene una superficie respecto a la radiación solar, lo cual provoca un debilitamiento de la capa de hielo y su progresiva fracturación y fusión.
Otro estudio publicado en julio de este año, 2017, ha demostrado cómo el viento en la zona oriental de la Antártida favorece el deshielo en la península Antártica, situada a unos 6000 kilómetros, en el lado opuesto del continente. Esto sucede porque ese viento del este puede generar un oleaje que llega a velocidades cercanas a los 700 kilómetros por hora, lo que se conoce como "Onda Kelvin", que da la vuelta a todo el continente y afecta especialmente a la península Antártica al empujar aguas cálidas contra el hielo de las plataformas que la rodean.

Vientos catabáticos llegando a los acantilados de la Antártida

Algunos eventos, como el desprendimiento de una parte de la plataforma Larsen C, que sucedió el pasado mes de julio y generó un enorme iceberg después de que se estuviera agrietando durante mucho tiempo, así como otras roturas que han sufrido otras plataformas que son muy importantes por su función de sostener los grandes glaciares del continente e incluso la formación del gran agujero que ha aparecido hace unas semanas en la capa de hielo interior, a cientos de kilómetros de la costa, donde esa formación de agujeros es habitual, han hecho que la Antártida cobre mayor importancia y se considere una parte fundamental a tener en cuenta a la hora de estudiar los efectos que cualquier evento puede tener sobre el equilibrio climatológico planetario, sobre el equilibrio y salud de la biosfera y, en este caso concreto, sobre el aumento del nivel del mar. Tal como declaró Mark Serreze, director del NSIDC (Centro Nacional de Datos de Nieve y de Hielo de Estados Unidos): "Nosotros siempre hemos pensado en la Antártida como un elefante dormido que está comenzando a moverse. Bueno, quizás está comenzando a moverse ahora".

Realmente, al igual que todo el planeta, la Antártida está cambiando y ya no se puede ver como un "elefante dormido" separado del resto del planeta, cada vez hay mayor conciencia y constatación de que todo está interconectado y de que es toda la Tierra la que se está moviendo. Tal como dicen los Inuit: "La Tierra ha cambiado, se ha movido" y afirman que el cambio climático no se debe al calentamiento global sino a que el planeta ha oscilado, se ha movido; ellos dicen que el Sol ya no sale ni se pone por donde siempre solía hacerlo hasta ahora. 
Científicamente sabemos que hay un movimiento de los polos geográficos, aparte del de los polos magnéticos y que, por lo tanto, hay un cambio del eje de rotación del planeta. Este cambio de inclinación también afecta al equilibrio de la Antártida, a su relación con el Sol y con la formación de los vientos, a las corrientes oceánicas que rodean al continente e incluso a la actividad de todos los volcanes que se han descubierto bajo sus kilométricas capas de hielo. Es muy importante que estas capas de hielo continental se mantengan en buen estado y no aumente su fusión, porque es el derretimiento de ese hielo el que puede aumentar considerablemente y peligrosamente el nivel de los océanos. El hielo marino no tiene unas consecuencias tan impactantes, pero es vital para el sostenimiento de los glaciares y el equilibrio de este continente tan especial que nos muestra, como cualquier otra parte de la Tierra, que todo está conectado.


Fuentes:

sábado, 30 de septiembre de 2017

Eventos destacados del mes de septiembre

Publicado por David Arbizu

LOS EFECTOS DE LA PÉRDIDA DE SEDIMENTOS DE LOS RÍOS POR EL IMPACTO DE LAS PRESAS
Desde hace siglos, el hombre ha construido diques y embalses en los ríos para poder aprovechar su agua por diferentes motivos. De hecho, se han encontrado esbozos de presas y redes de canales que se considera que fueron planificados antes del año 2000 a. C. y hasta el momento presente sigue habiendo proyectos de construcción en muchas partes del mundo. Actualmente las presas y reservorios de agua fluvial se planifican para el riego, la distribución de agua potable a zonas habitadas, la distribución de agua para uso industrial, controlar el cauce para evitar crecidas e inundaciones y también para generar energía al formar parte de centrales hidroeléctricas.

Desde el siglo pasado, algunos científicos, expertos medioambientales e ingenieros fluviales han centrado sus estudios en los cambios que causan, sobre todo, las grandes presas, ya que normalmente crean embalses que afectan áreas geográficas muy extensas y que no solo afectan al río sino también a toda la superficie que queda inundada. Además, la presa tiene una influencia y provoca unos cambios medioambientales que se extienden desde los límites superiores del embalse hasta lo que se puede considerar la cuenca hidrográfica del río a partir de la presa, incluyendo la desembocadura e incluso la costa y el mar.

Presa Jinping-I en el río Yalong (China)

Estos grandes diques y estos grandes reservorios de agua provocan muchos efectos ambientales sobre la fauna, el suelo y su compacidad y la vegetación, además de todos los efectos provenientes de su construcción, de su mantenimiento y toda la destrucción que se realiza al necesitar carreteras de acceso y, en el caso de una central hidroeléctrica, todo lo que suponen sus instalaciones, funcionamiento y sistemas de transporte de la electricidad. También hay que tener en cuenta que, al crear un embalse, posiblemente van a aumentar algunas actividades agrícolas, industriales y, en algunos casos, incluso turísticas alrededor de toda la zona.

Todo esto ya deja entrever una agresión sobre hábitats y ecosistemas relacionados con el río y con la pérdida de suelo, donde el gran impacto lo recibe todo el sistema fluvial debido a la pérdida de la calidad de sus aguas, de la fuerza del flujo y del cauce junto con un desequilibrio de la salud de todo el sistema debido al aumento de plagas, como pueden ser algas y plantas invasoras y de la contaminación, sobre todo la que provocan las actividades humanas. También existe una agresión a nivel energético, ya que muchos ríos coinciden con meridianos del planeta y estas modificaciones provocan cortes de energía y bloqueo de meridianos. De todas maneras, el tema que últimamente y principalmente atrae y preocupa a los expertos y científicos es el relacionado con los sedimentos, sedimentos que quedan frenados en la presa y que afectan toda la estructura del río y, en especial, su desembocadura.

Estos sedimentos, estas partículas que se asientan en el embalse y no pueden seguir aguas abajo, son la causa de graves problemas que ahora, con el cambio climático y la severidad extrema tanto de las tormentas como de las sequías junto al aumento del nivel del mar y del oleaje que está afectando a las costas, han hecho que se valoren mucho más todos los problemas que causan las presas y esa falta de sedimentos que son vitales en todos los sentidos. Por esta razón, a pesar de que sigue habiendo proyectos de construcción de presas, algunos países, sobre todo de Europa, las están eliminando. En estos momentos se calcula que hay 57 000 grandes presas en el mundo, sin contar las innumerables presas pequeñas y que estas presas bloquean miles de millones de metros cúbicos de sedimentos naturales fluviales que son muy necesarios y cuya falta está creando graves problemas especialmente en desembocaduras, deltas, estuarios, manglares y todo tipo de humedales.

Presa en el río Colorado, situada más arriba del Parque del Gran Cañón (Arizona)

Todos los sedimentos que los ríos aportan en su desembocadura, en la zona costera, mantienen la estructura y la salud de esos ecosistemas vitales para muchas especies vegetales y animales, además son imprescindibles por su función de amortiguador contra el aumento del nivel del mar y de las mareas y oleajes. Gracias a los sedimentos se mantienen los hábitats costeros y facilitan que haya una mejor adaptación frente al aumento del nivel del mar. Para Robin Grossinger, científico del Instituto Estuario de San Francisco (California-Estados Unidos), la falta de sedimentos “es casi como privar la comida de estos sistemas, privar los nutrientes, los minerales y las vitaminas para que puedan crecer y adaptarse”.

En la actualidad, muchos estudios se enfocan en la búsqueda de maneras para que los sedimentos bloqueados en las presas puedan llegar a la parte baja de los ríos, porque es importante restaurar los humedales, las tierras que se han perdido de muchos deltas, estuarios y manglares, porque ahora el ser humano ve cómo aumenta el gran peligro de la erosión y la invasión de las aguas del mar en zonas habitadas o donde tiene intereses que preservar y se da cuenta de todo el daño que hacen esas grandes presas. Por suerte, avanzar y conseguir esta restauración y reequilibrio de estos ecosistemas va a beneficiar a muchos animales y plantas, ya que son áreas muy ricas y productivas que proporcionan lugares de anidación y hábitats para peces, aves y otras especies.

Aunque, tal como he dicho antes, en algunos países se están eliminando algunas presas importantes, muchos estudios buscan formas de restaurar el flujo de sedimentos sin llegar a destruir la presa. En todos los casos, es necesario estudiar antes las características de cada río y cada presa, para qué se construyó (control de inundaciones, generación de energía, planes de distribución del agua) y en qué momento mover esos sedimentos teniendo en cuenta los ciclos naturales del propio río y de todos los hábitats y ecosistemas que atraviesa y de los que forma parte. Voy a enumerar algunos ejemplos donde se han hecho cambios para facilitar la llegada de sedimentos río abajo:

El río Mississippi (Estados Unidos): Es uno de los grandes ríos del planeta más castigados y del que, al mismo tiempo, dependen millones de personas y también de animales y plantas. En él hay muchísimas presas y una red de diques, compuertas y canales para controlar las inundaciones que el río provocaba en sus ciclos naturales y que aportaban riqueza a toda la tierra. Estos bloqueos han impedido que la gran cantidad de sedimentos que genera el Mississippi hayan llegado durante años a su delta, formado por humedales y pantanos costeros y que, desde hace decenas de años, esté perdiendo tierra mientras las aguas del mar van invadiendo toda la zona, algo potenciado por el aumento del nivel del mar y las tormentas, cada vez más fuertes, que llegan al Golfo de México. Toda esta zona costera es el hogar de una quinta parte de las aves acuáticas de América del Norte, allí viven millones de personas y, por desgracia, también es uno de los centros más importantes de la industria del petróleo y el gas, tanto por las actividades de extracción como por las de refinación y exportación.

La línea costera del delta del Mississippi tiene una longitud de 650 km., lo cual refleja la magnitud de este río y su poder, aunque toda esta franja esté cambiando, deteriorándose e incluso hundiéndose por esa falta de visión y respeto por los ciclos y llegada de sedimentos del río. Durante la última década, la Autoridad de Restauración y Protección Costera de Luisiana (CPRA), un organismo estatal, ha restaurado miles de hectáreas de pantanos, transportando hasta esta zona sedimentos desde los lugares donde están bloqueados y desde el lecho marino y ha dragado decenas de islas artificiales para contrarrestar la destrucción e iniciar una recuperación del delta, pero estas acciones no son suficientes y los humedales y pantanos se siguen perdiendo por la entrada del mar. Ahora se quiere poner en marcha un proyecto para abrir las compuertas de algunos diques permitiendo que las aguas inunden partes del delta y puedan transportar sedimentos, pero este proyecto está siendo frenado por grupos poderosos como las grandes compañías petroleras e incluso por la industria pesquera, grupos que han contribuido a la destrucción del río y sus ecosistemas, sobre todo con la contaminación, las perforaciones de pozos y la construcción de canales, algo que ha facilitado la entrada de agua salada y ha debilitado la compactación de la tierra, grupos a los que no les interesa que cambie la configuración actual del río porque podría perjudicar sus instalaciones e intereses.

En todo caso, es tanto el daño generado, que no tan solo difícilmente se podrá recuperar el delta, aunque se pongan en marcha todos los proyectos, sino que se calcula que se seguirán perdiendo grandes áreas pantanosas y humedales debido al aumento del nivel del mar, algo que en esa zona va a ser muy difícil de controlar.

Mapa que muestra todo el alcance y majestuosidad del río Mississippi

El río Amarillo (China): El río Amarillo es el segundo río más grande de China y es el que contiene más arena y barro del mundo debido a que pasa por una meseta y se produce una gran entrada de sedimentos en sus aguas. Es uno de los ríos que provocaba grandes inundaciones, lo cual se ha solucionado con la construcción de diques y presas. También, debido a la actividad humana, junto a la superpoblación, ahora es un río muy contaminado, con gran parte de su ribera destruida por los campos de cultivos y las industrias. Desde el año 2015, China puso en marcha un plan para detener el grave deterioro de las aguas de sus ríos y todo el bloqueo de sus sedimentos debido a la gran cantidad de enormes presas que se han construido. En algunas presas del río Amarillo se han construido portales especiales que permiten que los sedimentos sean descargados aguas abajo. En el caso de la gran presa de Xiaolangdi, durante dos semanas al año, grandes cantidades de agua limpia y llena de sedimento son arrojadas por debajo de la presa para permitir que fluya por el río y pueda alimentar las tierras y llegar a la desembocadura para evitar la destrucción del delta y favorecer los recursos naturales que evitan la erosión del mar.

Río Amarillo (China)

Muchos de los grandes ríos del planeta forman deltas con humedales y pantanos en sus desembocaduras que representan zonas de un gran valor para la biosfera e incluso para el equilibrio de los patrones climáticos. En algunas zonas no existen apenas acciones para su cuidado y mantenimiento y se está llegando a un punto de inflexión a partir del cual ya van a ser imposibles de recuperar. Son zonas donde también hay superpoblación que vive de forma precaria y donde también se han instalado grandes industrias que han contaminado grandes áreas sin recibir controles ni penalizaciones. Algunos de los deltas y humedales destacables donde hay una gran devastación son los Sundarbans, que forman el bosque de manglar más grande del mundo y ocupa una parte de la costa norte del Golfo de Bengala, entre India y Bangladesh, donde desembocan grandes ríos como el Ganges, el Brahmaputra y el Meghna; el delta del río Niger (África), totalmente devastado y contaminado por las grandes industrias petroleras; el río Yangtsé, donde está la presa de las Tres Gargantas, la más grande del mundo y el río Mekong, ambos en China; el río Amazonas; el río Paraná, que junto con el río Uruguay y el río Paraguay forma el estuario del Río de la Plata, en Argentina; el río Nilo, en Egipto, donde las presas, la superpoblación que explota y depende del río, la agricultura y la contaminación, junto con la severa sequía que está sufriendo desde su lugar de nacimiento, en Burundi y a través de todo su cauce por países como Etiopía, están diezmando el río, causando la destrucción de su delta y facilitando la entrada de agua salada del mar Mediterráneo que está devastando la línea costera y, aguas arriba, toda la fertilidad de un suelo que siempre ha dependido de las inundaciones y llegada de ricos sedimentos del río.

Las luces de ciudades y pueblos superpoblados delimitan el delta del Nilo

Otros ríos más pequeños también tienen los mismos problemas, como es el caso del río Ebro, en España, del río Rin, que desemboca en el mar del Norte y del río Ródano, que desemboca en el mar Mediterráneo, por citar algunos.
Algunos científicos ya llevan muchos años alertando de los grandes problemas que causan las devastaciones de los deltas de los ríos en el planeta, algo que afecta a todas las capas de la biosfera, a todas las formas de vida, al clima de todo el planeta, porque la salud de los ríos y costas es vital para el equilibrio de la Tierra. También advierten que si sigue aumentando la temperatura del planeta y el ser humano no frena sus actividades destructivas y contaminantes, el deshielo y el aumento del nivel del mar van a provocar la desaparición de todos esos deltas, incluso ni que se recuperara todo el transporte de sedimentos de los ríos.
Así que, una vez más, observamos la falta de conciencia, criterio y respeto del ser humano sobre otra parte fundamental que forma la biosfera y que es fuente de vida, una vida que seguimos poniendo en peligro y que, tarde o temprano, va a afectarnos a todos.