domingo, 25 de abril de 2021

Evento del mes de abril

Redactado y publicado por David Arbizu

REWILDING: LOS GRANDES BENEFICIOS DE RESILVESTRAR Y RENATURALIZAR ECOSISTEMAS DEGRADADOS
Una de las noticias impactantes publicadas durante el mes de abril de 2021 hace referencia a que solo un 2,8% de la superficie del planeta se mantiene con una huella humana baja, con un hábitat intacto y una mínima pérdida de especies, algo que se define como “integridad ecológica”. Esta integridad ecológica solo se encuentra en regiones prístinas donde no ha habido una actividad o influencia humana que haya desequilibrado el ecosistema provocando cambios estructurales y biológicos, dañando esa integridad. El porcentaje estimado en estudios anteriores era de entre el 20% y el 40%, pero no tenía en cuenta cualquier pérdida o reducción de especies, algo que ahora sí se ha contabilizado, especialmente si tiene relación con esa influencia antropogénica negativa como, por ejemplo, la llegada de especies invasoras fruto de actividades humanas, aunque a veces no se califique como “impacto humano” directo.

Frente al deterioro de ecosistemas, e incluso frente al avance de la sexta extinción masiva, ya hace muchos años que científicos, expertos y estudiosos de áreas naturales, de la biodiversidad y también del planeta como una entidad dinámica, con áreas con su propia idiosincrasia, con su forma de operar específica pero vinculadas a un equilibrio global que define a este planeta que cada vez más personas denominan Gaia, empezaron a impulsar iniciativas que iban más allá de las protecciones que ofrecen los parques naturales, las reservas, o la atención enfocada en recuperar y/o preservar una especie animal o vegetal concreta. Estas iniciativas, estudios y planteamientos se basan y dan forma al concepto de “Rewilding”, que se podría traducir como “resilvestración”, aunque muchos artículos que tratan este tema lo denominan “reconstrucción” o también “restauración ecológica”.

En todo caso, la meta del rewilding es conseguir que una zona o espacio, que normalmente se considera un ecosistema, se conserve salvaje o recupere su estado salvaje restaurando todo lo que formaba parte del estado silvestre del lugar antes de cualquier influencia humana. Por lo tanto, al hablar de reconstrucción o restauración, queda claro que normalmente no se trata de un abandono súbito de un lugar para que la naturaleza haga su curso sin ningún tipo de control o análisis de la situación y estado de salud de cada ecosistema, sino que se estudian y deciden unas pautas a seguir para que el rewilding sea efectivo y se pueda generar un espacio que recupere su estado silvestre de forma equilibrada y saludable, con una asistencia del ser humano para impulsar la recuperación facilitando que vuelva a tener la estructura biótica y la biodiversidad que había tenido antes de la depredación y de cualquier tipo de desajuste provocado directa o indirectamente por el propio ser humano, pero también desde el conocimiento de que todo espacio natural es dinámico y crea sus flujos y compensaciones frente a los diversos efectos que van surgiendo por el simple hecho de ser un ecosistema, un espacio vivo.


La experiencia obtenida gracias a muchas acciones realizadas en muchas partes del mundo demuestra que se trata de una acción compleja. De hecho, este tipo de restauración ecológica también tiene muchos detractores, mayormente porque consideran que de algún modo sigue siendo una intrusión sobre ecosistemas que ya han cambiado, que no son los mismos que cuando, por ejemplo, había bisontes y lobos en esas tierras, o cuando las ballenas llegaban a unas costas concretas para alimentarse o parir a sus crías, o cuando un tipo de ave rapaz dominaba los cielos de un lugar y fue exterminada por cacerías realizadas durante el siglo XIX. Estos son factores que tienen que ver con la reintroducción de especies de animales o plantas que fueron exterminadas y pertenecían al ecosistema que se esté evaluando, y son acciones que en muchos casos se llevan a cabo al realizar una restauración ecológica. En este sentido, efectivamente ha habido casos con resultados negativos, como la reintroducción de bisontes en la isla de Børnholm (Dinamarca), donde se habían extinguido hace 10.000 años y ahora contraen un parásito que ataca su hígado y los acaba matando, un parásito que seguramente no estaba allí hace 10.000 años. Otro caso sobre el que alertan algunos expertos es el de la posible reintroducción del lince europeo en Escocia, en lugares en los que se considera que no hay linces desde la Edad Media, donde posiblemente pueda ser útil para equilibrar el exceso de población de grandes herbívoros, pero donde pondría en peligro especies de aves como, por ejemplo, el urogallo, que ni siquiera sabría cómo reaccionar ante un depredador que no reconoce porque hace cientos de años que no interactúa con él.

Pero el rewilding también puede implicar eliminar barreras físicas como presas y grandes vallados, crear corredores para facilitar los desplazamientos de especies e incluso realizar reforestaciones concretas o reconfigurar espacios acuáticos, como lagunas o marismas, para que pueda haber una recuperación de los factores abióticos, que incluyen los componentes físicos y químicos que afectan al funcionamiento de un ecosistema, como la llegada o no de la luz solar, las condiciones y estado de salud a nivel de nutrientes del suelo, los grados de temperatura y humedad que se pueden sostener, e incluso la contaminación acústica, especialmente en ecosistemas acuáticos, algo que tiene una relación directa con otro factor importantísimo, que es la reducción y control de cualquier gestión activa humana.

Los estudios más importantes sobre el rewilding coinciden en que para realizar una correcta evaluación de reconstrucción se debe tener en cuenta la reducción de cualquier producto material que sea extraído por el ser humano, la complejidad trófica, la dispersión o conectividad del paisaje, y la restauración de la estocasticidad natural, que se refiere a la probabilidad de que, por puro azar, una población de habitantes de un ecosistema concreto se vea gravemente afectada por alguna catástrofe natural (estocasticidad ambiental) o por un vaivén demasiado marcado de la variación habitual del número de individuos (estocasticidad demográfica).
Al mismo tiempo que se evalúan todos estos aspectos, también hay que considerar lo que se denomina “atributos socioeconómicos”, porque una de las metas del rewilding también es el bienestar y mejora de la salud de los seres humanos. Para ello es necesario que las comunidades humanas cercanas a los ecosistemas restaurados puedan beneficiarse de ellos, por ejemplo con actividades turísticas u otras relacionadas con el contacto con esa naturaleza que ha recuperado su parte salvaje, mostrando los beneficios que aportan tanto la conexión como el respeto, mostrando cómo un ecosistema equilibrado en toda su estructura, sin abuso ni destrucción humana, es básico para reciclar y purificar el aire, el agua, para prevenir inundaciones, para sostener la compacidad del suelo, para contener la formación de posibles plagas de todo tipo, para almacenar carbono y ser un elemento básico de las medidas para detener el calentamiento global y la crisis climática y, algo de especial relevancia en estos momentos, para mantener la distancia saludable entre la vida salvaje y la actual forma de vida humana, una distancia que dificulta la llegada de patógenos que puedan infectar al ser humano y provocar pandemias extremadamente mortales. 

Todo ello significa un mayor nivel de conciencia y comprensión de la naturaleza por parte del ser humano, un equilibrio entre la forma de vida moderna, tanto rural como urbana, y un estado de la naturaleza más salvaje que muestra los beneficios que puede aportar y que acerca al ser humano a una percepción del planeta como una entidad viva, donde hay cabida para una enorme biodiversidad y sistemas diversos de los cuales sentirse orgulloso y con los cuales se puede cohabitar desde el respeto e incluso gracias a tecnologías bien aplicadas en busca del equilibrio más apropiado para todos los seres vivos, incluida la propia Tierra. De hecho, varias investigaciones han concluido que la restauración de un tercio de las áreas más degradadas del planeta lograría almacenar carbono equivalente a la mitad de todas las emisiones de gases de efecto invernadero emitidas desde la revolución industrial, y que, además, se evitaría el 70% de las extinciones de especies. Esto tiene una relación directa con el acuerdo “30x30” elaborado por el Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB) de la ONU, que se propuso en la Cumbre sobre Biodiversidad celebrada el 30 de septiembre de 2020. Esta propuesta, conocida como “30x30” implica convertir el 30% del planeta en áreas protegidas para el año 2030.


Frente a la gestión de control continuo que se realiza en los parques naturales y reservas, el objetivo de la restauración o reconstrucción ecológica también es dejar que la naturaleza siga su curso, permitir que gestione los ecosistemas una vez evaluados y llevadas a cabo las acciones consideradas necesarias para la correcta restauración. Se ha demostrado que los lugares autorregulados son más sostenibles a largo plazo, pero también que no se puede prever con seguridad cómo va a responder un ecosistema a partir de un proceso de restauración, porque son muchos los factores que determinan su funcionamiento y capacidad de resiliencia. Por ejemplo, cada vez son más las tierras que se abandonan en todo el mundo, y el rewilding plantea renaturalizar esos espacios para que no se pierdan al haber sido degradados por las actividades humanas. Por ejemplo, las grandes granjas abandonadas, donde vivían animales herbívoros domésticos, se degradan rápidamente cuando ya no están estos animales, se llenan de matorrales que no ayudan a la recuperación natural porque el suelo también se ha desequilibrado, pero con la introducción de animales que pertenecían a ese ecosistema se recupera el equilibrio del suelo, el crecimiento de plantas propias del lugar y la llegada de otros animales que hacen prosperar la salud de la tierra y reestablecen la cadena trófica.

Cualquier reintroducción en un ecosistema de una especie animal o vegetal que se hubiera extinguido o que ya no vivía en ese lugar por cualquier motivo, va a crear un desajuste, un movimiento de aclimatación de todo el sistema a esa nueva especie. Por ejemplo, la salud del suelo, su oxigenación y contenido de nutrientes depende en gran medida de animales que pasan parte de su vida bajo la superficie y cazan o hacen corredores y madrigueras subterráneas, como es el caso de muchos roedores pero también de la mayoría de invertebrados como caracoles e insectos, y se ha demostrado que cuando en un lugar no hay mamíferos grandes, entonces aumentan las interacciones de las otras especies y su entorno abiótico, mejorando las propiedades químicas y nutricionales del suelo, algo que permite el crecimiento de plantas que saben beneficiarse de esa situación al no ser consumidas por grandes herbívoros. Pero, por otro lado, también se ha demostrado que cuando falta cualquier especie que forma parte de un sistema ya equilibrado, entonces disminuyen las interacciones entre el mundo vegetal y las bacterias del suelo y todos los componentes del ecosistema quedan menos acoplados. Por eso no se puede obviar la importancia de los grandes herbívoros ni de los depredadores del ecosistema, pero tampoco de los carroñeros, todo forma parte de la cadena trófica y de la salud de cada enclave natural libre.

Un ejemplo destacable de recuperación salvaje de un amplio espacio, aunque en este caso sin la colaboración del ser humano, solo son su abandono, lo encontramos en Chernóbil, donde ha aumentado notablemente todo tipo de vida animal y vegetal. También hay muchos casos donde se ha realizado la restauración siguiendo una hoja de ruta bien planificada que ha logrado resultados muy positivos, como es el caso del delta del río Oder, en la laguna de Szczecin, ubicada a lo largo de la costa báltica entre Alemania y Polonia. En esta zona se han reintroducido águilas de cola blanca, bisontes y castores, y se han desarrollado rentables negocios de turismo natural. Los investigadores que desarrollaron la hoja de ruta explicaron que lo importante no es querer conseguir un ecosistema idílico, sino analizar toda la situación del sistema en la actualidad y tratar de restaurar procesos interrumpidos mientras se minimiza la actividad humana, entendiendo que hay que permitir obrar a la dinámica natural, a la resilvestración, y que hay resultados a corto, medio y largo plazo que serán los que determine la propia naturaleza.

En Europa destaca el trabajo de Rewilding Europe, una fundación independiente sin fines de lucro que se estableció formalmente en junio del 2011 en los Países Bajos y que ha ido creciendo y progresando para implementar el rewilding y también para concienciar a las personas sobre la necesidad de recuperar la naturaleza salvaje, tanto para respetarla como para reconectarse con ella desde los valores más elevados y constructivos, consiguiendo al mismo tiempo que prosperen economías locales con una nueva visión de futuro. En la actualidad, esta organización está trabajando principalmente en la restauración de ocho grandes áreas, y dos de los animales más impactantes que se están introduciendo en zonas donde se habían extinguido son el bisonte europeo y el castor. Como todas las especies, ambas son fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas. El bisonte es un gran caminador que mueve la tierra a su paso y equilibra el crecimiento de los vegetales que ingiere, y el castor es uno de los grandes “ingenieros de ecosistemas” al talar árboles y construir presas que facilitan el flujo de los ríos, evitan inundaciones y permiten que muchos animales se beneficien de sus construcciones. Otro animal que se está extendiendo rápidamente es el jabalí, que mayormente no se ha necesitado reintroducir. Estos animales también facilitan y hacen necesaria la expansión y aumento de depredadores como el lince, el lobo y el oso, de lo contrario se produciría un desequilibrio por un exceso de las especies que no tuvieran depredadores directos, algo que ya está sucediendo con el jabalí y su expansión invadiendo muchas zonas habitadas de muchos países. Al mismo tiempo, el lobo y el oso son los animales que entran más en conflicto con los intereses del ser humano, especialmente con los ganaderos, ya que al lince normalmente no le gusta salir de su hábitat para cazar. Pero también cada vez llegan más noticias de ganaderos que han encontrado formas de detener a los depredadores, muchas veces con perros adiestrados cuya misión es que el otro animal decida no acercarse a las zonas que ellos protegen.

Cuando un ecosistema está equilibrado, todos los animales forman parte de su engranaje y cualquiera es imprescindible para la existencia de un ambiente estable y con las mejores condiciones para sustentar todas las formas de vida que contiene. Un ejemplo de ello es una noticia que hace muchos años ya circuló por las redes sociales explicando cómo la reintroducción de lobos en el Parque Nacional de Yellowstone (USA), en 1995, provocó la reaparición de muchas especies vegetales que el exceso de ciervos había llevado a su extinción. Los herbívoros cambiaron su comportamiento manteniéndose en zonas más elevadas para evitar a los lobos, y esto facilitó que se empezara a regenerar la vida en los valles y praderas, que se poblaran de bosques y vegetación y consecuentemente de animales que viven gracias a esa parte del mundo vegetal, como castores, todo tipo de roedores, reptiles, nutrias, etc., que a su vez facilitaron el establecimiento de sus respectivos depredadores particulares, como algunas aves rapaces. Además, lo más significativo fue que la recuperación de la vegetación en los valles fortaleció la compacidad del terreno, de forma que el cauce de los ríos, que habían perdido parte de su fuerza y flujo debido a la debilidad de las riberas, se estabilizó al recuperarse la fuerza del suelo, facilitando la recuperación de charcas necesarias para otras formas de vida y la estabilidad de la corriente necesaria para muchas especies de peces y anfibios. Así que en realidad podemos decir que, en un ecosistema natural completo, todos los animales y plantas son ingenieros del ecosistema donde residen. Y esto también es aplicable a los ecosistemas acuáticos, donde tenemos el ejemplo de los tiburones, comparable al de los lobos de Yellowstone, como peces imprescindibles para el buen funcionamiento de la biodiversidad y el equilibrio de espacios marinos. De hecho, se considera que ver tiburones en un ecosistema es señal de su buen estado de salud.

Como conclusión, el rewilding se tiene que observar desde su perspectiva de regeneración y restauración con visión de futuro, con todo ese aspecto principal de regresar a ese estado de naturaleza más salvaje que aporta beneficios en todos los sentidos, para toda la biodiversidad, para la biosfera, para el planeta, y que también tiene en consideración los factores socioeconómicos para que sea implementable, para que se abra la mente del ser humano a esa posibilidad que aporta un amplio abanico de beneficios, donde también destacan los relacionados con la salud frente a microbios, la absorción de dióxido de carbono y el equilibrio de los patrones climáticos. También se tiene que observar reconociendo el análisis profundo que requiere cada ecosistema y que algunas partes de la Tierra pueden estar ya tan deterioradas y cambiadas que la restauración no sea la solución ideal y requieran otro tipo de acciones de recuperación y sanación. En todo caso son acertadas y celebradas estas palabras de Frans Schepers, director general de Rewilding Europe: “Rewilding devuelve la vida a nuestros paisajes. Nos ayuda a reconectarnos con las maravillas de la espectacular naturaleza salvaje de Europa. Es nuestra mejor esperanza para un futuro en el que las personas y la naturaleza no solo coexistan, sino que prosperen”.




miércoles, 31 de marzo de 2021

Evento del mes de marzo

Redactado y publicado por David Arbizu

LA SIEMBRA DE NUBES
Al hablar de geoingeniería, normalmente parece que se está hablando de tecnologías y programas que se han desarrollado recientemente, como si fuera algo de este siglo, pero hace décadas que se realizan investigaciones de todo tipo para realizar intervenciones climáticas, para intentar dominar factores climáticos, ya sea provocándolos o deteniéndolos. De hecho, ya hace muchos años que es de dominio público la existencia del HAARP (Proyecto de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia), cuya primera instalación se ubicó en Alaska en 1993 y dio paso a muchas otras estaciones similares ubicadas por todo el mundo. En general, se sabe que este tipo de estaciones de antenas apuntando a la ionosfera pueden crear distorsiones de todo tipo, y se han relacionado con el desarrollo de catástrofes naturales e incluso de problemas de salud.

Quizás el término más conocido y utilizado a nivel general es el de “chemtrails”, o estelas químicas, y aunque sigue habiendo muchas personas e incluso científicos que niegan su existencia, cada vez hay más investigaciones e incluso documentos fotográficos que lo confirman con rotundidad. Fue a finales del siglo pasado cuando en muchos países se empezó a hablar de las nubes artificiales generadas a partir de las estelas de los aviones, y durante años se consideró que su misión principal era fumigar yoduro de plata en la atmósfera con la intención de reflejar la luz solar y debilitar el calentamiento global. Con el paso de los años y las declaraciones de personas afectadas, desde ecologistas y científicos hasta agricultores y responsables de espacios naturales, se ha demostrado cómo los productos químicos rociados acaban llegando al suelo, contaminando la tierra, los sistemas acuáticos y a todos los seres vivos. Un ejemplo concreto se encuentra en las pruebas que se realizaron hace más de diez años en el suelo y las fuentes de agua del área del Monte Shasta (California-EE. UU.), que mostraron el alto nivel de contaminación provocado por el bario, el aluminio y el estroncio que había llegado desde las fumigaciones, desde los chemtrails. Al mismo tiempo, muchas personas constataban cómo tras el paso de algunos aviones se disipaban las nubes, nubes típicas de tormentas y lluvias, y no llegaba a caer la lluvia prevista.


La siembra de nubes, o siembra glaciogénica, se basa en la introducción de aerosoles en las nubes que contienen agua líquida superenfriada, lo cual provoca la nucleación de cristales de hielo y la consecuente formación de partículas de hielo, que cuando alcanzan tamaños suficientemente grandes pueden caer como gotas de lluvia o nieve. En 1955 ya se descubrió que el yoduro de plata causaba la nucleación, y que también lo hacía la introducción de hielo seco (dióxido de carbono sólido). Actualmente, aparte de la utilización de estos dos componentes, también se ha utilizado propano líquido y otros materiales higroscópicos, que son todos los compuestos que atraen agua en forma de vapor o de líquido y que incluyen la sal de mesa. Algunos de estos productos facilitan la nucleación y formación de cristales de hielo en nubes donde las temperaturas son más elevadas, ampliando así las posibilidades de realizar siembras en más tipos de nubes y con menos limitaciones relacionadas con las temperaturas.

Como sucede en gran parte de la tecnología desarrollada por el ser humano, las primeras investigaciones dentro del campo de la geoingeniería tuvieron propósitos militares y se realizaron desde los países más potentes y más ambiciosos a nivel mundial. El país más destacable dentro de esta línea tecnológica es Estados Unidos, donde desde mediados del siglo pasado se pusieron en marcha varios proyectos relacionados con la gestión de la radiación solar, la electricidad de la atmósfera, y en especial de la ionosfera, junto con otros relacionados con la fumigación de químicos en el aire para conseguir resultados como la creación de tormentas eléctricas, fuertes lluvias, huracanes o también persistentes sequías para perjudicar zonas o países enemigos. Un ejemplo de este tipo de maniobras militares fue la denominada Operación Popeye, que tenía como objetivo generar suficiente lluvia para interrumpir las rutas de suministro enemigas en la guerra de Vietnam. Después, en 1977, un tratado internacional prohibió el uso de modificaciones climáticas con fines militares.

A partir de los avances alcanzados en este tipo de proyectos, se empezó a contemplar el control del clima no solo con fines bélicos sino con fines económicos e incluso medioambientales. A principios de la década de 1960, en Estados Unidos se financió una serie de experimentos de siembra de nubes conocidos como Proyecto Skywater, destinados a impulsar los recursos hídricos en los estados occidentales de Estados Unidos. También otros países empezaron a realizar pruebas, aunque en todos los casos siempre era muy difícil poder cuantificar la eficacia de la siembra, si realmente las precipitaciones o nevadas tenían una relación directa con la manipulación realizada. Fue especialmente a partir del año 2017 cuando gracias a los avances tecnológicos, con sistemas de radar y otras tecnologías, se empezaron a realizar mediciones fiables que demostraban que la siembra de nubes daba buenos resultados. Esto estuvo ligado con el inicio del Proyecto SNOWIE en Estados Unidos, que representó una aceleración y multiplicación de las investigaciones creando mejoras a nivel tecnológico que tuvieron su repercusión a nivel global y que amplificaron el abanico de utilidades que podía ofrecer la siembra de nubes.

Además de Estados Unidos, otros países que destacan por realizar asiduamente la siembra de nubes y desarrollar proyectos para impulsar esta tecnología son China, India, Australia, Israel, Emiratos Árabes Unidos y algunos países del África subsahariana, aunque cada vez son más los países que están haciendo pruebas y considerando su implementación. Muchos países buscan el aumento de precipitaciones en forma de lluvia directa, pero también se pretende que aumenten las nevadas sobre las zonas montañosas donde ha ido disminuyendo la cantidad de nieve anual registrada. Otros beneficios obtenidos son evitar perjudiciales caídas de granizo, especialmente sobre zonas agrícolas, disipar la niebla, algo que ya se ha realizado en algunos aeropuertos, y reducir la formación de relámpagos.

Aparte de los proyectos oficiales de algunos países o regiones, actualmente existen decenas de empresas privadas que ofrecen los servicios de siembra de nubes. Normalmente la siembra se realiza desde un avión que utiliza bengalas de combustión y/o bengalas expulsables para liberar los aerosoles, algo que se puede hacer atravesando la nube o sobrevolándola por encima. Últimamente está aumentando la utilización de drones en lugar de aviones, y también se va avanzando en técnicas para elevar desde el suelo los diversos productos que se quiere que alcancen las nubes. Estas técnicas se basan en la colocación de una especie de chimenea en las partes de las montañas donde se generan corrientes de aire ascendentes. Se utiliza el propano para encender la chimenea, después se abre la válvula de entrada del aerosol, que normalmente es yoduro de plata, y así se genera su emisión y elevación hacia las zonas nubladas.


La mayoría de los estudios sobre la siembra de nubes advierten que no se debe considerar que vayan a ser la gran solución frente a déficits hídricos o sequías, ya que el aumento de precipitaciones que provocan las siembras no es muy elevado y además se requieren condiciones climáticas concretas para obtener buenos resultados. Como es lógico, hay científicos y expertos a favor y en contra, pero algo en lo que parece que coinciden ambas partes es que se está llevando a cabo con muy poco asesoramiento profesional, ya que se están realizando siembras por la simple decisión del responsable de una zona concreta, o de una región, sin necesidad de atenerse a ninguna normativa. En muchos casos esto sucede justamente porque no existen normativas diseñadas para estructurar y permitir o no la multiplicación de este tipo de acciones sin una valoración más amplia, determinada como mínimo por los responsables del medio ambiente del estado o país.

Dentro de esta forma de operar destacan los proyectos de China, cuyo gobierno ha declarado la intención de ampliar su programa de lluvia o nieve artificial para llegar a cubrir 5,5 millones de kilómetros cuadrados en 2025, casi el 60% de su territorio (casi tres veces la superficie de México), con la intención de evitar catástrofes, proteger la producción agrícola y responder a incendios, sequías o aumentos inusuales de temperaturas. John C. Moore, científico jefe de la Facultad de Ciencias del Sistema Terrestre y Cambio Global de la Universidad Normal de Pekín, explica que con el paso de los años se ha ido expandiendo la siembra de nubes sin ninguna validación científica, que es una simple cuestión operacional que se hace a nivel comunal, de ciudades y pueblos, y que hasta 50.000 municipios chinos ejercen la siembra de nubes de forma habitual. Pero el enorme programa de China ha sacado a la luz los problemas que pueden llegar al crear precipitaciones artificialmente, y que tanto India como Taiwán hayan advertido que podrían llegar a acusaciones de “robo de lluvia”, ya que estas intervenciones podrían afectar al monzón asiático, cuya llegada es vital para muchos países.

Lo primero que advierten los investigadores y expertos contrarios a la siembra de nubes es que es una intervención sobre los sistemas de la Tierra, sobre sistemas que todavía no se conocen suficientemente. Además, como la mayor parte de programas de geoingeniería de nivel planetario, no hay posibilidades verdaderas de hacer experimentos y pruebas antes de implementarlos, y los riesgos podrían ser muy elevados y catastróficos. De hecho, aumentan constantemente los eventos climáticos extremos, y puede que el origen de algunos de ellos no sea solo el calentamiento global, el deshielo, la deforestación, etc., sino también todas las intervenciones que el ser humano está realizando para manipular un sistema planetario que sobrepasa su capacidad de razonamiento y también su desarrollo tecnológico. Un ejemplo podrían ser las nevadas y precipitaciones torrenciales que se han visto en países de Oriente Próximo, en zonas desérticas que de repente se transforman en enormes lagos o ríos que cuando llegan a zonas habitadas causan una gran devastación.

Si volvemos al proyecto de China, uno de los objetivos es provocar más nevadas en el Tíbet, y se sabe que el monzón se origina gracias a las diferencias de temperatura entre la meseta tibetana y el océano Índico. Entonces, ¿cómo se puede dudar de que forzar nevadas en el Tíbet no va a provocar cambios en la atmósfera? Las temperaturas del aire, de la tierra, de las vías fluviales, incluso de los océanos, no son las mismas si hay o no una cubierta de nubes, si ha llovido o nevado, si los rayos solares pueden llegar con mayor o menor facilidad, si hay mayor o menor reflejo de los rayos solares, si las nubes están sosteniendo una gran carga eléctrica o si están evitando el reflejo de la luz solar desde la superficie del planeta hacia el exterior. Y todo esto sin tener en cuenta todo el impacto antropogénico, ya que la lluvia artificial, por ejemplo, podrá limpiar la contaminación atmosférica de un lugar, pero también provocará que otros contaminantes, como herbicidas y pesticidas, lleguen con más facilidad a acuíferos y suministros de agua de los cuales dependen todos los seres vivos.

El ejemplo de China es aplicable a todo el planeta, un planeta donde todo está relacionado, conectado, donde el ser humano se lo tendría que pensar millones de veces más antes de “mover ficha”, y más si hablamos de geoingeniería. Incluso científicamente se conoce el efecto de los rayos solares sobre las placas tectónicas y, por lo tanto, sobre la estabilidad magmática del manto del planeta. También cada vez hay más estudios que relacionan la llegada de rayos cósmicos con la formación de nubes, así como el paso de grandes tormentas y huracanes con el posterior desarrollo de movimientos sísmicos. Otras investigaciones demuestran las diversas relaciones entre las capas de la atmósfera, donde destaca la relación del estado de la capa inferior, la troposfera, donde se forman las nubes y se siembra con productos químicos, con la capa de ozono e incluso con la formación más o menos estructurada y estable del vórtice polar sobre el Polo Norte. Podría enumerar muchos otros factores que muestran esa perspectiva global que hay que alcanzar, porque desde esa perspectiva uno no puede pensar que provocar lluvia en una zona no va a afectar ni siquiera a las nubes que están a pocos kilómetros.

Por desgracia, los efectos de muchos programas y desarrollos tecnológicos que afectan al planeta no siempre son fáciles de demostrar científicamente, y eso da pie a que se investiguen y se quieran implementar nuevas tecnologías que solo han podido ser probadas a escala de laboratorio pero que están pensadas para afectar a todo el planeta. Algunos de los nuevos proyectos, que también están de alguna manera relacionados con la siembra de nubes y que ahora marcan algunos de los caminos de investigación más ambiciosos, son los que están involucrados en conseguir el enfriamiento del planeta al aumentar la reflectividad, el reflejo de los rayos solares hacia el exterior debido a la dispersión de aerosoles reflejantes en diversas capas de la atmósfera. Uno de los proyectos más actuales, financiado por Bill Gates a través de la Universidad de Harvard, consiste en lanzar un enorme globo a la estratosfera con 600 kg de carbonato cálcico, o tiza, que se rociaría a 19 kilómetros por encima de la superficie de la Tierra. Los resultados obtenidos servirían para determinar si sería efectivo hacer lo mismo a gran escala. Es posible que esta prueba se realice el próximo mes de junio desde Suecia.

Por suerte, conforme se conocen todos los nuevos proyectos y programas también cogen fuerza las manifestaciones de científicos que alertan sobre sus grandes y graves peligros. Un ejemplo llega desde las declaraciones de Sir David King, de la Universidad de Cambridge, que advirtió que la aplicación de la técnica del proyecto de la Universidad de Harvard, de rociar tiza, “podría ser desastrosa para los sistemas meteorológicos de un modo que nadie puede predecir”. Esperemos que si se aplican estos peligrosos proyectos se pueda recibir una respuesta rápida y de poca gravedad que demuestre su peligrosidad y que sirva para avanzar en el conocimiento de los sistemas que sostienen la biosfera, para realmente llegar a esa “nueva normalidad” de la que se habla cuando se supere la pandemia del Covid-19, una nueva normalidad que no debería representar buscar soluciones para sustituir unas acciones negativas por otras, o para encontrar sistemas e implementaciones tecnológicas para que todo siga igual al neutralizar algunos efectos perjudiciales, sino realmente para dejar de hacer lo que está destruyendo el planeta y sus formas de vida conforme avanzamos en la ya reconocida sexta extinción masiva, pero también conforme avanzamos hacia un nivel de conciencia que represente un ser humano que se implica completamente en detener la crisis planetaria y de la humanidad.

 



Fuentes:

domingo, 28 de febrero de 2021

Evento del mes de febrero

Redactado y publicado por David Arbizu

NUESTROS FÁRMACOS: GRANDES CONTAMINANTES ANTROPOGÉNICOS DE LAS AGUAS DEL PLANETA Y DE TODA LA BIODIVERSIDAD

Gracias a los diversos estudios y noticias publicadas cuando se observan altos niveles de contaminación en acuíferos, ríos, lagos y océanos, sabemos que la escorrentía de los productos agrícolas, como fertilizantes y pesticidas, tiene efectos devastadores sobre la salud de las aguas, impulsando el crecimiento de algas tóxicas, la muerte de peces y plantas acuáticas y que cada vez haya mayor número de zonas muertas en los mares y océanos del planeta, al mismo tiempo que se van extendiendo y llegando a punto de inflexión que señala una gran dificultad de recuperación. Si, tal como estamos viendo, las tormentas van a ser cada vez más frecuentes y potentes, y con una muy baja calidad de filtración y gestión de la lluvia en los suelos debido a la degradación provocada por las actividades humanas, donde se suman la deforestación y los incendios, las perspectivas no son muy halagüeñas para el agua del planeta, que es nuestra fuente de vida y la de toda la biosfera.

Existen otro tipo de contaminantes antropogénicos, a los que a veces se llama “contaminantes emergentes”, que ya se encuentran en las aguas del todo el planeta, incluso hace años que se detectaron en la Antártida. Estos contaminantes, además de los que corresponden a los residuos industriales de fábricas de todo tipo, provienen de los fármacos, de los narcóticos, de los productos de limpieza y de los productos de belleza y cuidado personal, y llegan al agua principalmente a través de las aguas residuales. Sabemos que los protectores solares son muy dañinos y que las personas los introducen en el agua cuando se bañan en el mar, pero no somos tan conscientes de cómo muchos productos salen de nuestras viviendas y localidades en forma de aguas residuales, entrando en el alcantarillado y red de aguas que se dirigen hacia instalaciones de depuración, en el caso de que las haya. Esas aguas residuales están formadas por restos químicos de productos de belleza y cuidado personal, que eliminamos al limpiarnos y ducharnos, y por todo tipo de fármacos que consumimos y en parte excretamos porque nuestro cuerpo solo los absorbe parcialmente.

A pesar de que los tratamientos en las plantas depuradoras son cada vez más eficaces y que ya se han realizado pruebas que demuestran cómo la utilización de un tipo de hongos, llamados hongos ligninolíticos, favorece la eliminación de este tipo de microcontaminantes emergentes, todavía no se ha conseguido evitar que estos contaminantes sigan su camino llegando a acuíferos, ríos y océanos. De esta forma, siguiendo el propio ciclo del agua, la contaminación llega a plantas y peces y entra en la cadena alimenticia y, por lo tanto, vuelve a nosotros, los seres humanos, a través de los alimentos que ingerimos y también desde las fuentes de agua dulce que forman los sistemas de abastecimiento de agua potable para muchas personas del planeta. Además, se ha demostrado que este tipo de contaminación química afecta directamente a las bacterias de los ríos, creando resistencia a los antibióticos, una resistencia que también se transmite a las bacterias de nuestro cuerpo al beber agua potable que contiene restos de fármacos y otros químicos.


Durante los últimos años se han realizado varias investigaciones utilizando peces y plantas, exponiéndolos de diversas formas y períodos de tiempo a la exposición de contaminantes concretos. En todos los casos se han demostrado efectos nocivos y alteraciones de todo tipo: reproductivas, de crecimiento, de rango de vida y supervivencia, de inmunidad y desarrollo de enfermedades, como tumores cancerígenos y desequilibrios neuronales.

Un factor impactante en el que también coinciden los estudios realizados, especialmente en peces, es en el cambio de comportamiento y actividad de los individuos. El pasado 10 de febrero de 2021, un grupo de científicos dirigido por el ecólogo evolutivo Giovanni Polverino, de la Universidad de Australia Occidental, publicó los resultados de su investigación en la Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural (The Royal Society). Para sus investigaciones utilizaron una especie de pez de agua dulce llamado “guppy”, haciendo múltiples pruebas en las que el agua tenía diversas concentraciones de fluoxetina, el componente principal del fármaco Prozac, que es un fármaco psicoactivo, un antidepresivo que a día de hoy es uno de los medicamentos recetados más vendidos en el mundo. Incluso con concentraciones muy bajas de fluoxetina, los peces cambiaban su comportamiento y especialmente su individualidad, su carácter particular diferenciador dentro del grupo, de forma que se generaba una homogeneización de la actividad de todos los individuos, algo que implica un deterioro de la especie y una muy posible aceleración de su extinción.

¿Por qué la homogeneización de la actividad, del comportamiento de los individuos, implica un peligro para la supervivencia de una especie? Las diversas estrategias de comportamiento entre individuos de una especie, de una manada, de un banco de peces, es lo que impulsa el avance evolutivo de esa especie, es lo que marca el poder de selección, de que los más fuertes y activos se apareen más veces y se consiga un éxito reproductivo. Los individuos que afrontan decisiones y riesgos hacen avanzar conductas y comportamientos que se traducen en aprendizajes para todos los demás miembros y que acaban siendo desarrollados genéticamente, impulsando las capacidades e instintos de supervivencia de las especies. Al mismo tiempo, mayor atrevimiento también implica mayor mortalidad, así que existe un equilibrio con otros individuos más cautos, y en general se favorece la conducta y evolución de toda la especie gracias a la diferenciación, no a la homogeneización.

Al leer este estudio y estas diferencias necesarias individuales dentro del grupo, pensaba en las manadas de ñus, con miles de individuos realizando lo que se considera la mayor migración terrestre del mundo, y en esas imágenes que todos hemos visto cuando la manada llega al río Mara y lo tiene que cruzar, incluso sabiendo que hay cocodrilos y que no todos van a cruzarlo. Pero los más atrevidos señalan el paso, el camino, al mismo tiempo que la propia energía de la manada los impulsa. No habría migración si ningún individuo diera el paso y ninguno se atreviera a cruzar, si no sintieran esa energía que también forma parte de su genética y de su instinto.

Seguro que hay especies en las que todo esto no sea tan claro, pero si lo trasladamos a la crisis planetaria actual, al cambio climático y la extinción masiva, las especies necesitan su instinto, sus capacidades, y que haya individuos que tomen decisiones arriesgadas para poder aumentar su resiliencia, para impulsar cambios genéticos que permitan la adaptación que signifique la supervivencia. Desde una perspectiva más amplia, todo esto no afecta solo a las especies por separado, sino que cualquier cambio va a producir un desajuste fenológico, cambios en los ecosistemas donde de repente las presas pueden pasar a ser mayores depredadores, donde una especie pierda una de sus fuentes de alimentación básica o se requiera una gran capacidad de adaptación para buscar zonas más frías y con condiciones mínimas para asegurar la subsistencia.

Está claro que ningún animal o planta necesita tomar Prozac, o paracetamol, o protector solar, o drogas como la cocaína o la nicotina. También es evidente que todo lo que entre en la cadena alimenticia va a llegar al ser humano, y que en el caso del agua está más que asegurado el efecto bumerán de todo lo que generamos como aguas residuales. Por eso existe una alta preocupación por este tipo de contaminación antropogénica, que es muy difícil de evitar en una sociedad que se puede considerar globalmente adicta al consumo de medicamentos y de todo tipo de productos químicos sin ser consciente de todos estos residuos que genera en forma de aguas residuales. Por lo tanto, los científicos e investigadores se centran en aumentar la efectividad de las plantas depuradoras, pero muchas veces encuentran soluciones a problemas que tienen graves contraindicaciones y van a impulsar una nueva contaminación y un nuevo desequilibrio en otro ámbito o sistema que va a afectar la vida y armonía de la biosfera y del planeta.

Planta depuradora

Por otro lado, algo muy importante al analizar este tema es la salud de los ríos del planeta, porque acuíferos y ríos potentes, cargados y dinámicos soportarían mejor todo este perjuicio provocado por el ser humano, pero la destrucción de los ríos es general en todo el mundo con la construcción de presas, desviaciones, trasvases y extracciones abusivas de agua que han devastado cuencas y ecosistemas completos. Y a esta lista de actividades nefastas antropogénicas tendríamos que añadir todo lo relacionado con la sobrepesca, los daños que causan las piscifactorías y las graves contaminaciones de vertidos industriales, de la minería, de centrales nucleares, etc. Un estudio reciente informa que solo el 14% de los ríos del mundo no han sido dañados por el ser humano, y que son ríos donde las poblaciones de peces se mantienen y no han sufrido alteraciones.

Desde la perspectiva de la crisis planetaria, con el cambio climático y el calentamiento global, se está observando cómo muchas especies están realizando migraciones forzadas para asegurar su supervivencia. En los océanos, muchas especies se van trasladando hacia los polos conforme aumenta la temperatura del agua de los ecosistemas a los que pertenecen. Tal como he explicado, los efectos de esta contaminación sobre el comportamiento pueden dificultar que individuos tomen decisiones que podrían salvar a una especie, pero, al mismo tiempo, estas migraciones también implican que peces que pueden estar contaminados lleguen a zonas más puras, algo que también tiene una relación directa con el problema de las especies invasoras. El resultado de todo esto es un deterioro de salud de ecosistemas, animales y plantas con los que la especie recién llegada se relacione e interactúe como parte de la cadena alimenticia, y representa una contaminación que llega a todos los seres vivos, al agua, al suelo e incluso al aire, algo que, tal como han advertido algunos expertos, conduce a un problema de salud mundial que todavía no se ha valorado adecuadamente.



Fuentes:


domingo, 31 de enero de 2021

Evento del mes de enero

 Redactado y publicado por David Arbizu

ENTRANDO EN EL 2021

Conforme se acercaban los últimos días de diciembre de 2020, en anuncios y publicaciones de muchos medios, y desde muchos países, se enviaba un mensaje donde se transmitía que el año 2020 había sido duro y nefasto y que el inicio del año 2021 representaba el final de toda fatalidad, como si al cambiar de año, de número, pudiéramos dejar superado todo lo que el 2020 nos ha mostrado. En realidad, el año 2020 nos ha mostrado con más fuerza y expresión el resultado de toda la agresión del ser humano sobre el planeta, algo que no se detiene, que no se ha querido ver ni aceptar, pero que hace mucho tiempo que se observa. Por ejemplo, el año 2020 se ha calificado como el más caluroso desde que hay registros, empatado con el año 2016, y los años más calurosos registrados pertenecen al último decenio, así que el año 2020 muestra ese proceso ascendente de crisis planetaria y climática, de trastorno de los patrones meteorológicos, de eventos cada vez más extremos. Si hiciéramos un análisis global veríamos con claridad como el gran desajuste climático, de los sistemas del planeta que mantienen en equilibrio la biosfera, la biodiversidad, se ha ido agravando año tras año, y el planeta no ha cesado de enviar señales de alerta para no llegar a puntos de inflexión que representan la puesta en marcha de ajustes planetarios que conllevan unas condiciones cada vez más extremas y difíciles para la supervivencia.

¿Qué hemos de esperar del año 2021? La respuesta es: El resultado de nuestras acciones. ¿Acaso se está deteniendo la pandemia del Covid-19?, ¿podemos asegurar que esta pandemia vaya a quedar controlada con las medidas que se están tomando actualmente?, y lo que es más importante: ¿se están implementando realmente políticas y acciones para respetar la naturaleza, los espacios para otros seres vivos, el respeto por todas las formas de vida? Porque todas las formas de vida son indispensables para el equilibrio de la biosfera y también para que todo el potencial zoonótico que tienen algunos animales no contacte con la especie humana.

La crisis planetaria se expresa desde la crisis del ser humano, desde lo que llamamos el Antropoceno, la era que corresponde al dominio excesivo del ser humano sobre el planeta y todos sus seres vivos, la era que conduce a la sexta extinción masiva y a un mundo humano polarizado, de abuso entre los propios humanos, de bienestar de unos gracias a la explotación y pobreza extrema de otros. Pero dentro de esta polarización también hay que ser consciente de que cada vez más personas se posicionan para detener el desastre, cambiando personal y positivamente, por el propio bien y del planeta, y empezando a exigir que este cambio se lleve a cabo en ámbitos más amplios, desde ciudades a estados o países, y con la mirada puesta en una perspectiva cada vez más global sabiendo también que cada pequeño avance cuenta y suma. Al mismo tiempo, la polarización también se observa en la ciencia y la tecnología, que hasta ahora mayormente ha contribuido aplicándose solo para el beneficio de los intereses egoístas del ser humano, pero que también se rompe en esa polaridad que significa que cada vez hay más estudios e investigaciones para conseguir avances para superar y contrarrestar aspectos negativos de la actividad humana, donde un objetivo principal es dejar de destruir y de contaminar buscando alternativas que dirigen hacia conceptos como “economía circular”, “economía verde” y “energías alternativas”, que van emergiendo como pasos intermedios hacia soluciones más concluyentes, enfocadas hacia un futuro probable de estabilidad planetaria en todos los sentidos y para todas las formas de vida del planeta. Desde esta perspectiva sí que vale la pena poner nuevas esperanzas en el 2021 como punto culminante y expansivo a nivel global de todo este movimiento, de toda esta conciencia que va a coger fuerza y puede ser más determinante para que se implementen todas las legislaciones y cambios necesarios para afrontar la crisis planetaria. Entonces, el Antropoceno puede dar paso a otra época donde el ser humano restablece el equilibrio que él mismo ha roto y reconfigura un planeta cuya riqueza puede permitir una vida plena cuando se comprende hasta dónde puede llegar el control planetario de una sola especie.


De momento, para que se cumplan los deseos más positivos y emerja una verdadera voluntad de reparación y de respeto hacia todo lo que todavía está siendo demacrado, es necesario analizar y ser consciente de lo que está sucediendo. Al igual que nos muestra la pandemia del Covid-19, los eventos destructivos provocados por el desajuste climático ya llegan a todas las partes del globo y cada vez es más difícil poder afirmar que haya una zona donde exista un nivel de seguridad elevado, que no pueda ser afectado por algún tipo de evento.

Siguiendo con la relación entre los años 2020 y 2021, durante el primer mes del año 2021 se han seguido manifestando los resultados del calentamiento climático, de todo el conflicto que las actividades humanas provocan sobre los sistemas que mantienen el equilibrio planetario y conducen la capacidad de resiliencia del planeta a un punto de no retorno. Voy a enumerar y analizar brevemente algunas noticias y reportes de eventos que se han publicado en el año 2021 viendo su vinculación con el 2020 y los efectos de la humanidad sobre el planeta: 
- Conforme avanzaba el mes de enero, también aumentaba la actividad volcánica y sísmica en el planeta, especialmente en la zona del Anillo de Fuego. Desde mediados del 2020 empezó a ser notable el aumento de la actividad de volcanes de Indonesia, Japón, la Península de Kamchatka (Rusia), Guatemala, Ecuador, Perú y Chile, y actualmente la actividad se mantiene o sigue incrementándose. Junto con los volcanes del Anillo de Fuego, también mantienen su actividad los volcanes Etna y Stromboli de Italia, y actualmente está en proceso eruptivo el volcán Kilauea de Hawái. Respecto a la actividad sísmica, durante el mes de enero de 2021 se ha mantenido el nivel de sismicidad elevada que también se observó durante el año 2020, con terremotos de gran magnitud. Desde el sábado 23 de enero de 2021, se registra una importante actividad sísmica en Granada (España), inusual en cuanto a cantidad y magnitud. También durante este mes ha sido noticia la publicación de un estudio que demuestra que cada vez es más fuerte la divergencia de las placas tectónicas euroasiática y africana respecto a las placas norteamericana y sudamericana, un movimiento que se genera en la dorsal mesoatlántica, que separa el fondo oceánico del Atlántico de norte a sur. Esta separación favorece la llegada a la superficie de materiales internos del planeta que forman nueva corteza oceánica y parte de la importancia de la investigación es que se ha demostrado que la subida a la superficie de estos materiales empieza desde 600 km de profundidad, a mucha más distancia de lo que hasta ahora se pensaba, de forma que la influencia sobre las placas tectónicas que forman la superficie del planeta puede llegar desde grandes distancias internas.

- En el hemisferio norte, a pesar de estar fuera de temporada de huracanes en todos los océanos, durante el mes de enero de 2021 estamos siendo testigos de formaciones continuas de borrascas invernales severas que afectan las islas británicas, la península ibérica y la península balcánica, así como descenso de tormentas polares que afectan partes de Canadá y Estados Unidos. Al igual que el año pasado, el vórtice polar se ha dividido impulsado por un calentamiento súbito estratosférico, y entonces la corriente jet stream se debilita y empieza a ondularse facilitando la subida de aire cálido hacia el norte y el descenso de aire polar hacia el sur. La formación del fenómeno atmosférico La Niña, desde septiembre de 2020, ha impulsado la formación de tormentas al este de Filipinas, afectando Filipinas y llegando a Vietnam y otros países colindantes, además de Indonesia y el oeste de Oceanía. También ha impulsado tormentas en el océano Índico, con ciclones formándose en la Bahía de Bengala y al este de Madagascar, afectando países del este de África. La Niña también ha provocado tormentas que han causado inundaciones y muchos daños en países de Sudamérica, especialmente en Bolivia, Ecuador y Brasil. En todos los casos, y desde el año pasado, las tormentas provocan precipitaciones torrenciales y súbitas, así como vientos cada vez más huracanados en todas partes. Algunas zonas del planeta no tienen tiempo de recuperarse de las inundaciones, de reparar el daño de los deslizamientos de tierra, de reconstruir sus viviendas, porque la llegada de otro frente se lo impide y acentúa condiciones severas que multiplican la inseguridad alimentaria en muchas partes del mundo. Por otro lado, también hay zonas donde se acentúa constantemente la sequía, incluso con la llegada de precipitaciones, tal como sucede en gran parte del sur de Estados Unidos y norte de México. 



- Relacionado con la inseguridad alimentaria, durante el mes de enero vuelven a ser noticia las plagas de langostas que están devastando especialmente los países del Cuerno de África y partes de la península arábiga. Las lluvias facilitan la reproducción y formación de nuevos enjambres que destruyen campos de cultivo. También se han detectado enjambres en Namibia, con la posibilidad de expansión a otros países del sur de África. Hay que recordar que el año pasado los enjambres se extendieron por Oriente Medio y el suroeste de Asia llegando a la India. Así que las precipitaciones aportando humedad junto a temperaturas suaves o cálidas son la fórmula perfecta para estas plagas brutales.

- La gran noticia que empezó en el año 2019 y se mantiene es la de la pandemia del Covid-19. Independientemente de toda su gravedad como enfermedad y toda la mortandad que está causando, ha mostrado cómo cualquier efecto y condición hay que verlo en su globalidad y también ha conseguido que seamos conscientes de todo el peligro de transmisión de enfermedades que puede llegar debido a todo el abuso sobre los animales, al estrés que provocamos sobre toda la vida en el planeta a cambio de nuestros beneficios egoicos, de esquilmar zonas naturales imprescindibles, de diezmar la biodiversidad, de contaminarlo todo. Durante este mes de enero ha destacado una noticia que presentaba el “Proyecto Viroma Global”. Desde este proyecto se ha calculado que en la fauna silvestre circulan en torno a 1,6 millones de virus desconocidos, y la mitad de los mismos tienen potencial zoonótico. Esta iniciativa pretende desarrollar una red de organizaciones para detectar la mayoría de las amenazas virales desconocidas para la salud y la seguridad alimentaria, y hace hincapié en la importancia de evitar nuevas pandemias, ya que la velocidad de aparición y propagación de nuevos virus, así como de todas sus mutaciones, siempre estarán por encima del control que se pueda realizar desde la tecnología y medicina actual. Esto lo observamos en los continuos brotes de gripe aviar y porcina que suceden continuamente por todo el mundo, que siempre acaban con el sacrificio de cientos de miles de animales, y con brotes inesperados, como el de tuberculosis bovina en una granja de Alemania, donde el 20 de enero se confirmaron tres casos de transmisión de la enfermedad, de bovinos a humanos.

- Durante este mes de enero de 2021, se han hecho varias declaraciones importantes desde grupos de investigadores y científicos. Destaca la publicación de la Declaración Científica de Groninba, publicada el 22 de enero, justo antes de la celebración de la Cumbre de Adaptación al Cambio Climático. Desde esa declaración, unos 3.000 científicos de más de cien países, incluidos algunos premios Nobel, pidieron a los líderes mundiales, legisladores e inversores que “cambien la forma” de entender, planificar e invertir para “limitar los daños futuros” del cambio climático, advirtiendo que el planeta se encuentra en “una creciente emergencia climática que requiere una acción inmediata”. Otra noticia importante fue la publicación, el pasado 27 de enero, de un sondeo elaborado por Naciones Unidas y la Universidad de Oxford, donde participaron 1,2 millones de personas de cincuenta países, incluidos medio millón de menores de 14 años. El resultado principal del sondeo, que se realizó a finales del año pasado, es que el 64 % de los entrevistados considera que el cambio climático constituye una emergencia global, incluso a pesar del estallido de la pandemia de coronavirus. Estas noticias del 2021 llegan tras un año 2020 donde, a pesar de la pandemia, ha habido importantes movimientos y acciones reclamando la verdadera implementación de medidas para detener el calentamiento global, especialmente el aumento de carbono y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera. Se considera que esa alarma lanzada desde el activismo climático, junto con todos los eventos cada vez más dramáticos y globales, ha conseguido que actualmente el negacionismo climático haya perdido completamente su fuerza. 

- Durante el mes de enero de 2021 también se han publicado dos artículos sobre dos científicos climáticos relevantes y reconocidos. Uno de ellos es Michael Mann, que ha publicado el libro “La nueva guerra climática: la lucha para recuperar nuestro planeta”, donde explica las estrategias de las grandes industrias e inversores para seguir con la extracción de los combustibles fósiles y mantener su consumo. Mann explica que estas empresas ya han visto que no pueden apoyarse más en el negacionismo climático y el ataque sobre los científicos que les han estado perjudicando, y ahora sus campañas de márquetin se focalizan en conseguir que las personas, los consumidores, se sientan culpables del calentamiento global mientras argumentan que es demasiado tarde para evitar impactos catastróficos. Si pensamos en ello, hay personas que expresan que poco se puede hacer, que les sabe mal por sus hijos y que no hay solución posible, así que se consigue otro tipo de negacionismo basado en el derrotismo. Otro científico climático muy reconocido, Gavin Schmidt, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, ha declarado recientemente que los estudios científicos sobre las predicciones climáticas son cada vez más certeros, pero que el verdadero comodín de cada conclusión es si las personas modificarán su comportamiento y cambiarán sus mundos en respuesta al calentamiento del planeta. Schmidt expresa su decepción por el hecho de que las advertencias de la ciencia no hayan estimulado más acciones e insiste: “Pero la incertidumbre sobre lo que hará la sociedad humana es real. No está muy claro cómo la sociedad, la tecnología y la organización social responderán a lo que está sucediendo”.

Podría enumerar y detallar muchos más tipos de eventos y situaciones trágicas que se están experimentando desde hace mucho tiempo, como los grandes incendios, la deforestación, la incesable contaminación que el ser humano provoca desde la extracción de materiales del planeta, con sus perforaciones, con todo el desequilibrio y destrucción de hábitats y ecosistemas, con todo lo referente a la energía nuclear, con centrales nucleares viejas que se van volviendo cada vez más inseguras y peligrosas, y con Fukushima como ejemplo de accidentes que pueden suceder, donde durante este mes de enero se ha constatado que los niveles de radiación en algunas zonas de los reactores siguen siendo tan elevados que se vuelven a demorar los plazos de limpieza y desmantelamiento, todo ello mientras sigue el conflicto por la posible liberación de las toneladas de agua contaminada almacenada, ya que las instalaciones se quedan sin espacio de almacenamiento.

Quiero finalizar con otra noticia impactante, publicada durante el mes de enero, que informaba que últimamente nuestro planeta está girando más rápido sobre su eje, de manera que el año pasado se vivieron algunos de los días más cortos jamás registrados. Algunos de los factores de esta aceleración pueden llegar desde el tirón gravitacional de la Luna y del Sol, pero también se ha constatado la importancia de los niveles de nieve en los continentes, del deshielo, de la erosión de las montañas. Esto significa que las actividades humanas, que continuamente están cambiando la superficie del planeta, también influyen en su velocidad de rotación y en el desplazamiento del eje de rotación, y que no somos conscientes de que vivimos sobre una entidad planetaria con unos sistemas perfectamente ensamblados para que haya un equilibrio y una biosfera en la que vivir. Si la erosión de las montañas influye sobre el giro de todo el planeta, imaginemos su influencia, junto con la gran deforestación, sobre los sistemas de vientos que mueven y forman las borrascas y los anticiclones para equilibrar las diferencias térmicas de la superficie y la atmósfera, que a su vez influirán en los ciclos oceánicos, imprescindibles para la estabilidad de los patrones climáticos. Necesitamos esa comprensión, conciencia y reconocimiento del planeta como una entidad completa, como un cuerpo que además tiene una relación directa con su entorno, con el sistema solar al que pertenece. Sabemos que el Sol y la Luna también influencian las placas tectónicas, pero también tenemos que comprender que aunque la sismicidad y la actividad volcánica se concentren en el cinturón orogenético Peripacífico conocido como Anillo de Fuego, este cinturón está conectado con el otro gran cinturón orogenético que es el Mesogeico o Alpino-Himalayo, que justamente incluye volcanes activos como el Etna (Isla de Sicilia-Italia), todas las fallas de la zona de Granada que ahora están en plena actividad e incluso llega a conectar con la dorsal mesoatlántica, que ahora es noticia, tal como he nombrado, porque está aumentando su divergencia, ensanchando el océano Atlántico y separando las placas tectónicas. 


Así que el verdadero mensaje a integrar y desde el cual actuar para superar la crisis planetaria es que el planeta es un cuerpo, al igual que el nuestro, con sus sistemas, con sus ciclos, con sus reacciones, y que el actual nivel de conciencia del ser humano ha desequilibrado todo ese cuerpo y lo dirige a un colapso si no hay cambios, reparación y sanación. Es necesaria una nueva conciencia para que aparezcan nuevas tecnologías, para realmente generar energía limpia, para respetar y cuidar la biodiversidad, para que las soluciones a implementar en un área no supongan la degradación de otra. Tal como explicaba al principio de este artículo, hay un movimiento cada vez mayor de personas que quieren soluciones, que quieren cambios y ya los hacen en sus propias vidas, y esto tiene que llegar con más contundencia a las instituciones políticas y económicas, incluso al poder judicial, para que realmente se cumplan los objetivos pactados y no vayan pasando los años sin avances importantes, tal como está sucediendo, por ejemplo, con el Acuerdo de París. Esperemos que esta sea la verdadera diferencia que identifique al 2021, y que realmente signifique un punto de inflexión hacia el cumplimiento de acuerdos globales que expresen el final de la destrucción y el inicio de una nueva era con un ser humano cumpliendo su rol en el planeta desde el respeto, el amor y la protección de esta formidable entidad planetaria que llamamos Tierra.




Fuentes:

martes, 29 de diciembre de 2020

Evento del mes de diciembre

Redactado y publicado por David Arbizu

LAS CAPAS MAGMÁTICAS DE LA TIERRA Y EL MOVIMIENTO DE LAS PLACAS TECTÓNICAS

Para poder descubrir y conocer la estructura interna de la Tierra, los geofísicos se basan principalmente en las ondas sísmicas y en el estudio de su comportamiento para comprender y determinar las diversas estratificaciones de nuestro planeta. Como es lógico, las partes más conocidas y estudiadas son las más superficiales, las que forman lo que se llama el manto superior, que está formado por la litosfera, una capa rígida que también incluye la superficie de la Tierra, su corteza, y otra capa más dúctil, la astenosfera, que conecta con el manto interior y, por lo tanto, más influenciada por el magnetismo y las altas temperaturas del núcleo planetario.

La litosfera está fragmentada en placas tectónicas, y el estudio de su formación y de su movimiento, que se conoce como tectónica de placas o deriva continental, implica también a la astenosfera, ya que el movimiento se produce por la relación dinámica entre las dos capas. Conocer el desplazamiento y conducta de las placas tectónicas es imprescindible para avanzar en la comprensión de la sismicidad y vulcanología del planeta, pero esa deriva tectónica también produce muchas otras condiciones y efectos que son básicos para que pueda existir una biosfera con todas sus formas de vida.

Por ejemplo, el movimiento de las placas representa una renovación constante de la superficie del planeta al facilitar la salida de materiales que van formando nueva corteza, algo que sucede entre dos placas divergentes, y también al facilitar la entrada de partes de la corteza hacia el interior del planeta, que es el caso de la subducción. Además, desde estos movimientos también se regula el carbono que entra de nuevo al interior del planeta, así como el que llega a la atmósfera con rocas frescas que generan reacciones químicas liberando minerales y materiales necesarios para el equilibrio de la superficie terrestre, oceánica y de la propia atmósfera. Sin tener en cuenta todo el desequilibrio provocado por la actividad humana, si no hubiera este ciclo del carbono, donde principalmente llega dióxido de carbono a la atmósfera a través del vulcanismo, el planeta podría enfriarse en exceso y no ser capaz de sostener la vida en su superficie. Al mismo tiempo, todas estas acciones, que están directamente relacionadas con la convección y almacenamiento del magma en las diversas capas del planeta, permiten una liberación de posibles excesos de calor y energía que permiten una estabilidad del propio núcleo del planeta, algo que también es muy importante para el mantenimiento y efectividad de su campo magnético.

Volviendo a la litosfera y la astenosfera: para que las placas tectónicas que forman la litosfera se deslicen sobre la astenosfera, tiene que haber una cierta flexibilidad, ductilidad, fluidez, diferencias de presión, de densidad y, especialmente, de condiciones y conductas magmáticas, diversos niveles y comportamientos internos relacionados con el nivel de fundición de las rocas y con todos los procesos de convección. Durante mucho tiempo se ha considerado que el agua disuelta en los minerales de la astenosfera era la causa principal de la ductilidad necesaria para el movimiento de placas, pero un estudio realizado en Francia y publicado el pasado mes de octubre en la revista Nature ha demostrado que el movimiento de las placas se produce gracias a la cantidad de magma que se encuentra en la parte superior de la astenosfera, a los lugares donde hay mayor concentración y, por lo tanto, subida de magma desde el manto inferior y el núcleo terrestre, y al nivel de viscosidad que alcanza esa capa magmática.

Otra investigación realizada por geofísicos de la Universidad de Maryland y publicada en la revista Science el pasado mes de junio mostró que entre el núcleo fundido y el manto interior existen muchas áreas de roca que alcanzan densidades y temperaturas muy elevadas. Estas áreas superan en extensión y número todas las estimaciones anteriores y demuestran que las capas que forman el planeta no son capas totalmente separadas, tal como podemos imaginar o ver en los mapas e imágenes que muestran la estructura del planeta, sino que los movimientos de convección interrelacionan todas las capas. Todo ese gran movimiento de energía, tanto en forma de fundición de materiales a temperaturas muy elevadas como también de enfriamiento y solidificación, no solo afecta a la litosfera y a la astenosfera sino a todo el planeta, desde su núcleo hasta su superficie, e incluso hasta la parte más alta de la atmósfera si se observa a nivel de energía y frecuencias que mantienen las capas atmosféricas y, en especial, la magnetosfera. Entonces, existe una relación directa entre todas las capas y también unas temperaturas, materiales y energías que conectan dos capas entre sí y al mismo tiempo facilitan que cada una mantenga sus propiedades, llegando al nivel de separación adecuado y, al mismo tiempo, al nivel de filtración y fluidez para que el calor y la energía formen todos los movimientos de convección.

De algún modo, si se unifican los resultados de ambos estudios, se puede decir que existe una convección global que representa el ascenso de altas temperaturas y energías que llegan a formar una capa magmática del grosor y viscosidad adecuados para que las placas tectónicas se desplacen, para que haya ese dinamismo en la superficie, esa renovación, ese rejuvenecimiento necesario para sostener las características óptimas que requiere nuestra biosfera. Se ha constatado que la capa magmática que reúne las condiciones apropiadas para la tectónica de placas se encuentra principalmente bajo los puntos calientes del planeta (Islas de Hawái, Tahití, Reunión) y bajo las dorsales oceánicas, pero también bajo todas las placas oceánicas en general. Esto significa que las condiciones magmáticas adecuadas para el movimiento tectónico afectan zonas de divergencia, de salida de materiales internos al fondo marino, pero también facilitan e impulsan las zonas de subducción, donde una parte de la litosfera entra hacia el interior del planeta, algo que sucede en los límites de placas que corresponden a las líneas de costa, donde una placa oceánica subduce bajo otra continental. También se ha constatado que esa capa magmática de roca fundida es mayor y más efectiva en las zonas donde las placas se mueven con mayor rapidez, tal como sucede con la placa del Pacífico, que representa el componente principal de la estructura de fallas, volcanes, fosas y arcos insulares que forman el Anillo de Fuego, donde domina la subducción bajo las placas continentales que rodean esa placa oceánica.

Observando todo esto desde la vulcanología, la viscoelasticidad de la capa magmática junto con los movimientos de las placas y todo el ascenso o subida de magma y energía desde las capas internas, va a impulsar la aglomeración de magma en las calderas que alimentan los depósitos y chimeneas internas de los volcanes. Toda la presión que reciba ese magma almacenado, junto con el grado de fusión debido a las temperaturas alcanzadas, va a impulsar la liberación de esa presión hacia el exterior a través de los volcanes. Se considera que una inyección de magma elevada, junto con una presión elevada, provoca erupciones relativamente pequeñas y frecuentes, mientras que una recarga magmática lenta, con poca presurización o baja viscosidad de los materiales fundidos, que facilite su expansión interna y no su condensación, conduce a erupciones más potentes y poco frecuentes.


Algo que no siempre se consigue en los estudios e investigaciones científicas es esa perspectiva y conciencia de que la Tierra es una entidad, es un sistema complejo y completo. Justamente, aunque quizás las publicaciones no expresen esa conciencia, los nuevos descubrimientos exponen esa conexión, ese equilibrio que hay que comprender desde esa visión única, de que se está analizando un solo cuerpo que no se puede fragmentar, de que estamos tratando con un sistema equilibrado donde un pequeño cambio puede conducir a un nuevo desequilibrio. Por lo tanto, al hablar de placas tectónicas, de fallas, de sismología y vulcanología, no se puede dejar de tener en cuenta toda la agresión que el ser humano realiza sobre el planeta, con todo tipo de perforaciones, de instalaciones que producen energías y tensiones tanto térmicas como contaminantes, y muchas otras actividades de todo tipo que deterioran el planeta y una biosfera que también está en conexión con todo ese sistema, cuyo nivel de salud también va a influenciar de algún modo en la estabilidad de toda la estructura y entidad que llamamos Tierra.

También es importante ser consciente de toda la influencia y conexión que llega desde el entorno exterior del planeta, principalmente desde su relación con el Sol y con la Luna. Por ejemplo, se sabe que el tirón gravitacional que realizan tanto el Sol como la Luna sobre el planeta influencian especialmente las mareas oceánicas, y que cuando sube la marea se genera una presión sobre el lecho marino que se traduce en un aumento de la sismicidad. Se pensaba que esa presión, ese aumento de peso, debilitaría la capacidad de movimiento de la placa afectada, pero sucede lo contrario. Si relacionamos esto con la explicación de esa capa magmática de una dimensión y viscosidad concretas para permitir el deslizamiento, un aumento de presión implica un aplastamiento del magma, una alteración de la viscosidad, y que la placa deslizante roce con más contundencia sobre la otra placa involucrada. Algo que puede provocar resultados similares es el paso de grandes tormentas sobre zonas tectónicas concretas, y es muy habitual que tras el paso de un huracán o un ciclón se produzcan movimientos sísmicos en las zonas afectadas, fruto de una presión y una posterior liberación.

Creo que los descubrimientos científicos han de apoyar y fortalecer el desarrollo de una forma superior de compresión de nuestro planeta, y que es importante que el ser humano sea consciente de todo el gran daño que causan todos los desajustes planetarios que está creando con sus actividades de abuso y falta de respeto por el planeta y todas sus formas de vida. Observamos que todo está relacionado y que cada parte del planeta, cada forma de vida, dependen de un equilibrio y salud planetaria que se consigue entre todos, donde nada puede ser obviado ni olvidado. Hay que ser conscientes y respetar cada gramo de magma, cada flujo, cada convección, y podemos hacerlo respetando nuestro entorno, que es la superficie del planeta con su atmósfera, sus océanos, sus continentes, sus casquetes polares, su vida. Si una marea tiene un efecto sobre una placa tectónica, ¡imaginemos el efecto que tiene el enorme deshielo del Ártico, o de enormes glaciares, o de eliminar el peso de todo un bosque con la deforestación! Hay que alcanzar una nueva conciencia planetaria que tenga en cuenta todos los factores y también al planeta como entidad viviente. El ser humano es un factor más, pero también es un factor que debe evolucionar para ser una pieza clave del nuevo equilibrio planetario, del final de la crisis planetaria y el florecimiento de la verdadera armonía y expresión de vida que muestren la grandiosidad de este extraordinario planeta Tierra que habitamos.  



Fuentes: