sábado, 18 de septiembre de 2021

Evento del mes de septiembre

Redactado y publicado por David Arbizu

LAS ENFERMEDADES ZOONÓTICAS 
Una zoonosis es una enfermedad o infección que se transmite de forma natural de los animales a los humanos. Los patógenos zoonóticos pueden ser bacterias, virus, parásitos o agentes no convencionales. Hay más de 200 tipos conocidos de zoonosis. Algunas enfermedades, como la provocada por virus VIH, que puede causar el SIDA, comienzan como una zoonosis pero más tarde mutan en cepas exclusivas de los humanos. Otras zoonosis pueden causar brotes recurrentes de enfermedades, como la enfermedad por el virus del Ébola y la salmonelosis. Otras, como la Covid-19 causada por el nuevo coronavirus, tienen el potencial de causar pandemias mundiales. Aunque algunas puedan parecen controladas, muchas zoonosis siguen presentes en muchas partes del planeta y podrían emerger con fuerza y expandirse, especialmente con condiciones climáticas favorables para su propagación.

Las vías de transmisión de un patógeno de un animal a un ser humano son principalmente cuatro: por contacto directo, que por ejemplo sería teniendo contacto con mucosas, heces u orina del animal infectado; por contacto indirecto, que sería al tocar zonas de sus hábitats o materiales que hayan tocado; por transmisión alimentaria, que sería al ingerir alimentos contaminados; y a través de vectores, que se refiere a otros animales, como algunas especies de mosquitos, que transmiten un agente infeccioso de un animal infectado a un ser humano o a otro animal.

Al observar las vías de transmisión, queda claro que toda intrusión del ser humano en ecosistemas o hábitats naturales y toda agresión sobre el equilibrio de la vida animal van a multiplicar la posibilidad de contraer alguna enfermedad y provocar su propagación. Por desgracia, el ser humano está acaparando y urbanizando cada vez más partes del planeta, y también está dificultando la supervivencia de muchas especies, provocando que se produzcan contactos o intrusiones porque muchos animales pierden sus hábitats y la posibilidad de encontrar alimento. Por lo tanto, muchas bacterias y virus que dentro de sus ecosistemas naturales no multiplican su peligrosidad ni realizan mutaciones pueden propagarse mediante animales que se convierten en vectores o mediante animales que pueden albergar patógenos que en su organismo cumplen funciones saludables, pero que bajo otras condiciones y en otros organismos pueden llegar a ser mortales y altamente infecciosos. Si a toda la devastación producida por el ser humano le añadimos la crisis climática, muchas zonas del planeta se van convirtiendo en caldo de cultivo para que emerjan y se expandan patógenos peligrosos.

La idea de que los factores medioambientales pueden impactar en la salud humana se puede remontar hasta los tiempos del médico griego Hipócrates, que en su tratado "Sobre Los Aires, Aguas, y Lugares" explicó cómo la salud pública dependía de un entorno limpio. Pero el ser humano ha ensuciado todo el planeta, porque ha transformado y degradado hasta romper el equilibrio natural de hábitats y ecosistemas, alterando su biodiversidad y estructura particular, creando plagas y la llegada de especies invasoras, contaminando el suelo, el aire y el agua, tanto superficial como de los acuíferos, como de los océanos, sin ser consciente de que toda esa contaminación no se va a quedar solo en ese lugar, porque tal como va quedando cada vez más claro: "Todo Está Conectado", y los movimientos de los animales, incluso sus migraciones naturales, pueden pasar a ser enormes propagaciones de patógenos que no sucederían si el ser humano no hubiera intervenido. Al mismo tiempo, los movimientos del propio ser humano y de todas sus actividades comerciales, con medios de transporte recorriendo todo el planeta, representan un sistema inmejorable de transmisión, tal como ha quedado perfectamente demostrado con la pandemia de la enfermedad Covid-19.

Es importante valorar la importancia de todos los microbios para el mantenimiento de la biosfera, para el buen funcionamiento de muchas partes del propio cuerpo, para mantener a raya posibles plagas o desequilibrios que afectarían toda la cadena alimentaria mundial. Normalmente relacionamos la palabra “microbio”, y especialmente la palabra “virus”, con enfermedades peligrosas y algo con lo que no interesa contactar, pero hay que saber que los virus son las entidades más abundantes del planeta, son los principales depredadores del mundo microbiano, y cada vez se publican más estudios científicos demostrando su importancia para la salud de todos los seres vivos, de los ecosistemas tanto terrestres como marinos, e incluso sobre el equilibrio de compuestos de la atmósfera como el carbono y el nitrógeno, siendo verdaderos reguladores de sistemas que forman parte de patrones climáticos.


El aumento de casos de zoonosis está directamente vinculado con la sexta extinción masiva, porque la transformación de hábitats, donde destaca la deforestación junto con toda la contaminación, y donde también se incluyen todos los químicos utilizados en la agricultura, toda la geoingeniería aplicada en la atmósfera, que además acaba cayendo a la superficie, todos los antibióticos que se utilizan en la ganadería y nos llegan a nosotros alterando nuestros sistemas; todo ello también es parte de la sexta extinción masiva y también es parte de un posible aumento de enfermedades en animales de explotaciones ganaderas, de un posible aumento de productos agrícolas alterados genéticamente y conteniendo sustancias nocivas que no solo nos pueden transmitir directamente enfermedades sino también provocar el debilitamiento de nuestro sistema inmunitario y que los patógenos sean cada vez más farmacorresistentes. De hecho, los investigadores advierten que la agricultura y la ganadería están asociadas a más del 50 % de las enfermedades zoonóticas que han afectado a los humanos desde 1940.

Hay enfermedades antiguas que están controladas a nivel mundial pero siguen en algunos lugares, como la peste bubónica, el sarampión o el cólera, que tienen picos de infección en zonas donde son endémicas o donde la falta de higiene, normalmente relacionada con las aguas residuales generadas por el ser humano, provoca su resurgimiento. Otras enfermedades están relacionadas con zonas climáticas y condiciones de vida del ser humano, como la enfermedad de Chagas en América Latina, que la transmite la picadura de un insecto llamado vinchuca y se calcula que provoca la muerte de unas 14.000 personas al año. Algunas enfermedades como la tuberculosis están presentes en el mundo desde hace siglos. De hecho, la tuberculosis ya está descrita en la época de los egipcios, unos 3.000 años antes de Cristo. Incluso hay cálculos que exponen que una tercera parte de la población mundial tiene tuberculosis latente, que significa que las personas están infectadas pero no desarrollan la enfermedad ni la transmiten.

Efectos del deshielo del permafrost

Otras enfermedades pueden haber quedado muy atrás en la historia del planeta, incluso sin haber llegado a ser padecidas por el ser humano. Estas enfermedades corresponden a patógenos que no conocemos pero que ahora, con el cambio climático, pueden reaparecer. En concreto, me refiero a patógenos que están enterrados y encapsulados bajo la enorme capa de hielo del permafrost. El permafrost es la capa de la corteza terrestre que está permanentemente congelada y que puede llegar prácticamente a la superficie y también hasta una profundidad que, en Siberia, llega a los 1.500 metros. Por lo tanto, se encuentra en regiones muy frías de la Tierra como son las áreas circumpolares de Canadá, Alaska, Siberia, Tíbet, Noruega y en varias islas del Océano Atlántico Sur como las Islas Georgias del Sur y las Islas Sandwich del Sur.

Uno de los grandes peligros del deshielo del permafrost es la liberación de dióxido de carbono y especialmente de metano, pero también lo es la liberación de patógenos capturados en el hielo durante siglos o milenios. En 2011, dos investigadores rusos advirtieron: “Como consecuencia de la fusión del permafrost, los vectores de infecciones mortales de los siglos XVIII y XIX pueden volver, especialmente cerca de los cementerios donde fueron enterradas las víctimas de estas infecciones”. En el año 2014, en un fragmento de permafrost siberiano, se encontraron tres virus gigantes que todavía conservaban su capacidad infecciosa y tenían una antigüedad próxima a los treinta mil años. Afortunadamente se trataba de tres virus que afectaban exclusivamente a las amebas. En el año 2016, un equipo de científicos descubrió momias del siglo XVIII fallecidas a consecuencia de la viruela, una enfermedad infecciosa que en este momento se encuentra erradicada. También en el año 2016 fue noticia un brote de ántrax en Siberia. El ántrax lo provoca una bacteria y tiene una alta tasa de mortalidad. Se considera que se liberó la bacteria al quedar desenterrados huesos de animales que murieron por ántrax. Esta liberación provocó la muerte de dos personas, la hospitalización de más de 70 y la muerte de más de 2.300 renos. El problema siempre es la propagación, y se teme que alguna vez pueda suceder a través de carne infectada que pueda llegar a los consumidores a través del mercado negro de los cazadores furtivos. 
Respecto al permafrost, algunos expertos van más allá y alertan del hipotético peligro de que incluso puedan emerger virus que afectaron a otras especies de humanos extintas, como los denisovanos o los neandertales. Así que el permafrost es como un gran frigorífico que se deshiela y no sabemos realmente lo que puede contener y cómo nos puede llegar a afectar.


Aparte del Covid-19, ya hay enfermedades que podrían expandirse y convertirse en pandemias. Por ejemplo, una de las mayores amenazas actuales es la cepa H5N1 de la gripe aviar, que representa una mutación que afecta a los humanos. De hecho, la gripe española de 1918, por la que murieron entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo, es una variación del virus H1N1. Las aves son el reservorio del virus y lo pueden transmitir a través de la saliva y las secreciones nasales y fecales. La transmisión del virus a aves salvajes, junto con el movimiento de aves de granja realizado por el ser humano, ha provocado la expansión de este virus. Al igual que sucede con la peste porcina, con los enormes sacrificios de animales que se realizan cuando se detecta, también la gripe aviar provoca grandes matanzas de animales.

Otra gran amenaza tiene que ver con los patógenos transmitidos por insectos, especialmente por mosquitos y garrapatas. Conforme aumenta el calentamiento global, estos insectos están alcanzando zonas que antes eran demasiado frías para ellos. Algunas especies de mosquitos son las principales transmisoras de enfermedades como malaria, virus del Nilo Occidental y dengue, por nombrar algunas. Se sabe que las garrapatas pueden transmitir diversos tipos de fiebres hemorrágicas y la enfermedad de Lyme. También otros animales, como los roedores, son transmisores de enfermedades y pueden convertirse en verdaderas plagas por su capacidad de reproducción y de adaptación y supervivencia frente a venenos y medidas de aniquilación. Muchas de estas especies ya son plenamente urbanas, y conforme las grandes ciudades crecen y también se acentúa la marginalidad y falta de condiciones adecuadas en los barrios marginales, encuentran muchas formas de subsistencia y expansión. Así que para el ser humano cada vez aumenta más el peligro de infección por el cambio climático, por toda su invasión y abuso sobre hábitats y ecosistemas, porque con sus actividades causa insalubridad, plagas y también potencia pandemias con todos sus desplazamientos por el planeta.

Al mismo tiempo, tal como sucede con el Covid-19, el ser humano también se convierte en vector y propagador de la infección. Con la ingestión de alimentos deficientes, adulterados, genéticamente modificados, con formas de vida en localidades que son centros de deterioro de la salud, con contaminación lumínica y acústica, con la continua recepción de ondas electromagnéticas enfermizas y desequilibrantes y todo lo que forma la actividad antropogénica, los sistemas de defensa del ser humano se debilitan y el sistema inmunitario no puede reaccionar correctamente frente a ataques potentes, porque toda la crisis planetaria también es un campo de cultivo para que virus y bacterias aprendan a ser efectivos y a hacer sus mutaciones para sobrevivir, que es a lo que todo ser vivo tiene derecho en este planeta, solo que ahora todo está desequilibrado, en exceso o en defecto, por el ser humano. Y esto, una vez más, es la expresión de la sexta extinción masiva.

Aunque el ser humano exhiba esa gran falta de conciencia y amor por el planeta, por la biosfera y por todos sus seres vivos, incluyéndole a él mismo, también es capaz de desarrollar proyectos y estudios para impulsar una conciencia más elevada, un mayor conocimiento y soluciones desde una perspectiva global y de futuro frente al egocentrismo actual. Un bello ejemplo es el concepto One Health (Una Sola Salud), que se basa en este decreto: “La salud global es la suma interactiva de la salud animal, la salud ambiental y la salud humana”.

En 2008, la OMS (Organización Mundial de la Salud) fue un socio en el establecimiento de un marco estratégico para One Health con el fin de abordar los problemas mundiales de salud. One Health es una estrategia mundial para aumentar la comunicación y la colaboración interdisciplinar en el cuidado de la salud de las personas, los animales y el medio ambiente, entendiendo que todas están ligadas entre sí. La plataforma One Health es una red científica de referencia que une a investigadores y expertos para comprender y prepararse mejor frente a brotes de enfermedades zoonóticas transmitidas de animales a humanos y resistencia a antibióticos, incluyendo una mejor comprensión de los factores ambientales que afectan la dinámica de las enfermedades.

Los expertos han señalado: “Nadie quiere más pandemias, pero la probabilidad de que aparezca otra es mayor que nunca”. Y añaden que si se reforesta, si se regulan los mercados de animales salvajes, entre otros, estamos contribuyendo a disminuir la probabilidad de que esos virus lleguen a los humanos. La deforestación provoca la huida de muchas especies y se ha comprobado que las que tienen mayor poder para permanecer en la zona deforestada también son la que tienen mayor capacidad de hospedar patógenos. También se ha observado cómo murciélagos, roedores y primates albergan una mayor proporción de virus zoonóticos que otros grupos. Y esto nos conduce al comercio de animales silvestres y también a los mercados de animales silvestres como un alto factor de riesgo de transmisión de enfermedades peligrosas. Dentro del comercio de animales silvestres también destacan los efectos negativos que ejerce la industria de la moda que utiliza pieles de animales, animales que en muchos casos son transmisores de enfermedades. El año pasado se vieron varios ejemplos de cómo el Covid-19 se transmitió a los visones de granjas de peletería. Se tuvieron que hacer sacrificios de millones de animales, pero también se comprobó cómo en algunas granjas los animales habían sido infectados por los humanos.

Tal como expresa Camila González Rosas, bióloga, doctora en Ciencias y docente del Centro de Investigaciones en Microbiología y Parasitología Tropical de la Universidad de los Andes: “Las acciones a tomar para evitar una nueva pandemia son tan contundentes como las del cambio climático. Los virus están saliendo porque estamos haciendo cosas que no deberíamos hacer. Abusamos de la capacidad de los sistemas de ser resilientes y estamos apuntando a un límite de no retorno”.




Fuentes:

domingo, 29 de agosto de 2021

Evento del mes de agosto

Redactado y publicado por David Arbizu

EL DESHIELO DE GROENLANDIA 
Groenlandia tiene una gran importancia sobre el clima a nivel global. Su estabilidad influye en muchos aspectos diversos, que van desde el aumento del nivel del mar hasta el equilibrio de las placas tectónicas, el buen funcionamiento del jet stream y de corrientes oceánicas como la Cinta Transportadora Oceánica, el reflejo de los rayos solares y el equilibrio de todo el Ártico y del planeta.

Groenlandia es la isla más grande del mundo después de la isla continente de Australia. Aproximadamente, un 80 % de la isla está cubierto de hielo, así que es la segunda mayor reserva de hielo del planeta por detrás de la Antártida. Se calcula que la masa de hielo mide unos 2.400 kilómetros de norte a sur y 1.100 kilómetros de este a oeste en su parte más ancha. El espesor del hielo supera los 2 km en muchos lugares, llegando incluso a los 3 km. Groenlandia cuenta con algo más de 58.000 habitantes de los que prácticamente casi el 90 % son inuit.


La crisis climática actual, con el calentamiento global, está afectando la estabilidad de la capa de hielo de Groenlandia. Uno de los desequilibrios climáticos es la subida de aire cálido desde zonas tropicales, en parte gracias a las ondulaciones que sufre la corriente atmosférica jet stream, aunque también influye el debilitamiento de la Corriente del Golfo, con el atasco que se genera en esa parte del Atlántico Norte al ralentizarse el descenso de las corrientes hacia el fondo oceánico, algo que afecta a la Cinta Transportadora Oceánica. En ocasiones se produce un bloqueo de altas presiones sobre Groenlandia, con temperaturas elevadas. Esto es algo que los expertos han visto que siempre ha sucedido, aunque ocasionalmente, y los efectos de ese patrón sobre la capa de hielo rápidamente se recuperaban y no eran extremos.

De igual modo, lógicamente cada verano se derrite de forma natural una parte de la superficie de la capa de hielo, pero en muchas zonas, en condiciones normales, el hielo derretido se volvía a congelar rápidamente. Pero ahora no existe esa recuperación porque las condiciones globales aceleran, multiplican e intensifican toda la fuerza del deshielo. Esta situación afecta negativamente la estabilidad de esta enorme capa de hielo, que se va deteriorando junto con un Ártico que también se desequilibra y alcanza temperaturas récord de calor, así como superficie sin hielo y un proceso de derretimiento que no se detiene porque no se recuperan patrones que aporten temperaturas bajas de forma constante junto con nevadas copiosas.

El pasado mes de mayo de 2021, algunos investigadores informaron que una parte significativa de la capa de hielo de Groenlandia se estaba acercando a un punto de inflexión, después del cual el derretimiento acelerado sería inevitable incluso si se detuviera el calentamiento global. Y el último informe del IPCC, que es el Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático, señala a Groenlandia como una de las 9 zonas del planeta cuya degradación representa poder llegar a puntos de inflexión muy graves y con consecuencias locales y planetarias.



Las dos imágenes superiores corresponden a uno de los dos episodios de derretimiento intenso de este año. El primero sucedió el 28 de julio, y el segundo, al que corresponden las imágenes, sucedió entre el 14 y 15 de agosto. Este segundo derretimiento intenso se vio agravado por la caída de precipitaciones en forma de lluvia. La imagen superior es del 12 de agosto y muestra el estado de la capa de hielo antes del evento de derretimiento intenso. La imagen inferior es del 15 de agosto. Hay que tener en cuenta que hablamos de derretimiento afectando extensiones de hielo enormes. El derretimiento de finales de julio afectó un área de unos 881.000 kilómetros cuadrados y el de agosto un área de 872.000 kilómetros cuadrados. Para hacerse una idea, la península ibérica, lo que sería la superficie de los países de España y Portugal juntos, es de 583.000 kilómetros cuadrados, así que estamos hablando de una extensión enorme, de toda la península ibérica más la mitad de Francia, por ejemplo.

El 14 de agosto se vio llover por primera vez desde que hay registros, que empezaron en 1980, en la estación de investigación Summit Station, que está en la parte más elevada de la gran capa de hielo, en el centro de la isla, a más de 3.200 metros de altura. Fue algo tan inesperado que los científicos no tenían medidores para medir la cantidad de lluvia caída. Llovió casi durante tres días que fueron extremadamente calurosos, con temperaturas 18ºC más altas que el promedio.


Tanto la lluvia como el derretimiento afectan la capa superficial, una zona compuesta de un tipo de nieve en proceso de helarse completamente y convertirse en hielo. También pueden oscurecer la superficie dificultando el efecto albedo, que es el reflejo de los rayos solares, y pueden facilitar formación de flujos y escorrentías.
Si se derritiera todo el hielo de Groenlandia, el nivel del mar aumentaría unos 6 metros, aunque según los científicos esto tardaría siglos o milenios en ocurrir. Pero según el IPCC ya ha subido unos 20 centímetros y se calcula que para finales de siglo podría subir entre 28 centímetros y 1 metro, aunque se podría llegar incluso a los dos metros.

Voy a enumerar otros posibles desequilibrios graves relacionados con el deshielo de Groenlandia y que están conectados con toda la estabilidad planetaria: 
- Desplazamiento del eje de rotación de la Tierra: la pérdida de masa de hielo afecta al eje de rotación. Si comparamos la Tierra con una peonza y a la peonza le quitamos peso de una parte veremos que ya no girará igual y tendrá que encontrar otro giro para hacerlo con estabilidad. Tal como muestra la imagen, las pérdidas de masa del planeta afectan al eje de rotación estirándolo hacia puntos diversos dependiendo de la fuerza de la masa ganada o perdida de cada zona. Ahora, con toda la pérdida de lagos y reservorios de agua dulce, incluso de masa forestal, de permafrost, y todo ello junto con todas las extracciones que realiza el ser humano, podría haber un movimiento notable del eje de rotación, algo que especialmente afecta a la relación del planeta con el Sol, y también a todos los ciclos y sistemas que sostienen la biosfera y los patrones climáticos.
- La pérdida de masa y peso por el deshielo afecta a las fallas y placas tectónicas porque la superficie se eleva y también se desplaza, y eso puede provocar nuevos movimientos ascendentes de magma que produzcan erupciones volcánicas incluso en volcanes considerados inactivos, además de movimientos sísmicos que pueden reflejarse en la misma zona o en cualquier parte del planeta.
- La formación de encharcamientos de agua fruto del deshielo favorece el crecimiento de algas que aceleran más el deshielo y también impiden el reflejo correcto de los rayos solares, aumentando más las temperaturas en la superficie.
- El deshielo hace que salgan a la superficie residuos químicos y nucleares de antiguas instalaciones que tuvo Estados Unidos en Groenlandia durante la 2ª guerra mundial y la guerra fría. La base militar abandonada más conocida es la de Camp Century. Se trataba de una especie de búnker de grandes dimensiones con un complejo sistema de túneles que, de construirse completamente, hubieran llegado a los 3 km de longitud y hubieran dado cobijo a 200 militares y 600 misiles nucleares. La energía de la base era generada por un reactor nuclear y en ella se hicieron pruebas nucleares secretas. La idea era tener una base de misiles nucleares apuntando a la Unión Soviética. La base se tuvo que abandonar por el desplazamiento de capas de hielo de forma no prevista y muy rápida, algo que iba a afectar al reactor nuclear. Al retirarse y abandonar esta base, se dejaron grandes cantidades de residuos nucleares, biológicos y radiactivos y aumenta el peligro de que todo salga a la superficie o se deteriore y produzca eventos mortales o extremadamente perjudiciales.
- Puede haber un posible aumento de icebergs bajando hacia latitudes inusuales, provocando situaciones peligrosas para el ser humano pero también para ecosistemas y formas de vida al recibir agua muy fría conforme el iceberg se va derritiendo.
- Groenlandia es un lugar estratégico en el Ártico, no solo a nivel militar, ya que Estados Unidos considera que la isla es fundamental para la seguridad y defensa de Norteamérica, sino también económico. Con una isla con menos hielo se esperan obtener riquezas naturales gracias a la minería y a todo tipo de perforaciones, y también crear accesos hacia el Ártico y puntos estratégicos de apoyo y aprovisionamiento conforme se abren vías marítimas gracias al deshielo del polo norte. De hecho, el presidente Trump propuso comprar la isla durante su mandato, y aunque no lo consiguió, sí que firmó acuerdos económicos con los gobiernos de Dinamarca, que tiene la soberanía, y también de la propia Groenlandia, porque tiene un gobierno propio al disponer de un sistema autonómico con amplias competencias.
- También aumentan las expectativas en cuanto a que se vuelva un lugar de gran atracción turística.

Así que el deshielo puede favorecer muchas situaciones peligrosas, por desgracia en muchos casos relacionadas con la falta de conciencia del ser humano. Ahora se sabe que en algún momento del último millón de años, Groenlandia no tenía hielo y era verde, con bosques y muchos tipos de vegetación, y que incluso fue habitada por vikingos. En ese momento el clima no era mucho más caluroso que el actual, y además el aire no tenía la condensación de gases de efecto invernadero que tiene en este momento. Pero para el equilibrio de la Tierra y la biosfera que conocemos ahora, sobre la que se ha desarrollado la especie humana, se necesita una Groenlandia con toda su capa de hielo en perfecto estado, influyendo en el buen funcionamiento de patrones, ciclos y sistemas básicos para la estabilidad de la biosfera y el mantenimiento de las mejores condiciones para que el ser humano pueda avanzar hacia una forma de vida que neutralice todo el daño cometido y permita la recuperación de toda la vida, belleza y perfecto equilibrio de nuestro amado planeta.



sábado, 7 de agosto de 2021

Evento del mes de agosto

Redactado y publicado por David Arbizu

TODO ESTÁ CONECTADO 
Habitamos un planeta de fuego, tierra y agua, pero también de diversos tipos de gas. Todo ello ha permitido el desarrollo de una biosfera y toda la gran diversidad que la habita. Esta es la perspectiva observando solo el planeta en sí mismo, pero existe una relación con el espacio exterior, especialmente con el Sol, sin la cual no sería posible que se dieran las condiciones que hacen de la Tierra un planeta tan excepcional, tan vital y luminoso como para haberse ganado el nombre de la Joya Azul, porque es así como se ve desde el espacio.

Para analizar el clima del planeta, lo primero es observar su relación con el Sol. En concreto, la cantidad de energía que recibe del Sol, que absorbe en la atmósfera y en la superficie, y la cantidad de esa energía que la Tierra refleja y emite al espacio. Para la Tierra y su biosfera es imprescindible la llegada de los rayos solares, pero también lo es su irradiación hacia el exterior. Cualquier desequilibrio entre estos dos factores va a suponer una alteración climática, ya sea por exceso de calor o de frío. Desde 2005 se ha duplicado la absorción de energía solar, se ha debilitado su reflejo. Parte de este desequilibrio se debe a las actividades humanas, con la gran emisión de gases de efecto invernadero y toda la destrucción que se está haciendo en el planeta, especialmente desde el período que llamamos Antropoceno.

Para llegar a la situación actual, hay que comprender que hubo un momento en que, una vez formado el planeta, también se formó su atmósfera, su océano y su superficie, así como la estructura interna con su núcleo interno y externo y sus capas del manto que llegan hasta la superficie, hasta la litosfera. Tal como he dicho al principio, habitamos un planeta de fuego, tierra, agua y gas. Se calcula que la atmósfera se formó hace unos 4.500 millones de años, a partir de los gases emitidos por los volcanes y todos los movimientos geológicos. El vapor de agua emitido en forma de gas se condensó y formó los océanos, y esto facilitó que hace unos 3.500 millones de años aparecieran las primeras bacterias y algas, que se iniciara un enorme proceso de fotosíntesis y la atmósfera almacenara gran cantidad de oxígeno, permitiendo también la aceleración del desarrollo de formas de vida.


Al estudiar la historia de la Tierra se constata que estamos en un planeta donde se intercalan períodos glaciares con interglaciares, y algunos períodos glaciares han coincidido con extinciones masivas. Actualmente, a falta de realmente definir y aceptar definitiva y científicamente que estamos en una nueva época llamada Antropoceno, seguimos dentro del Holoceno, que es una época posglacial que empezó hace unos 11.700 años y donde ya solo ha vivido una especie humana, el Homo sapiens. El deshielo que marcó la entrada al Holoceno configuró la superficie con una forma parecida a la que conocemos ahora, con casquetes polares que se redujeron hasta el tamaño actual y un aumento del nivel del mar que dibujó los continentes y las separaciones de los océanos existentes.

En general, el Holoceno es una época de bonanza climática, con pocas situaciones extremas y peligrosas para la supervivencia. Esto ha permitido la evolución de la especie humana y también la biodiversidad del planeta, así como la estructuración de unos patrones climáticos suficientemente equilibrados como para sostener los diversos ecosistemas, los diversos climas que permiten la biodiversidad y que las diferencias sean justamente parte del equilibrio.

Es importante comprender que cuando hablamos de patrones climáticos no hablamos solo del planeta en concreto, sino también de su relación con el exterior. Ya he nombrado que una relación vital es la que tiene la Tierra con el Sol, y de hecho se ha demostrado científicamente que existen unos corredores espaciales que conectan el planeta y la estrella. El Sol también pasa por sus ciclos de mayor y menor actividad, y para que la relación sea óptima la Tierra tiene que tener su sistema de protección funcionando adecuadamente, su magnetosfera. Actualmente se está detectando un desequilibrio en el núcleo interno de la Tierra que también afecta al núcleo externo, que es el que sostiene el campo de protección del planeta, al igual que se ha comprobado esa debilidad en la reflectividad solar que está habiendo ahora. También sabemos que el Sol ha pasado por un ciclo de muy baja actividad solar, y que ahora, en el ciclo 25, considerado también de baja actividad, se espera que aumente la actividad entre los años 2024 y 2025.

La baja actividad solar permite una mayor entrada de rayos cósmicos, que también cargan de radiación el planeta y pueden provocar un aumento de la cobertura de nubes, algo que se ha demostrado que tiene más efecto sobre el bloqueo de la radiación que expulsa el planeta que sobre la entrada de radiación solar. Por otro lado, hay teorías científicas, como la Teoría de Milankovitch, que consideran que esa relación Tierra-Sol no depende tanto del ciclo solar y la capacidad de reflexión de la Tierra sino de la situación de la Tierra respecto al Sol, tanto a nivel de la excentricidad de su órbita (que sea más o menos elíptica) como del movimiento de precesión y su oblicuidad o ángulo del eje de rotación de la Tierra. Actualmente se considera que la órbita va perdiendo excentricidad y volviéndose más circular, algo que significa menos diferencias entre estaciones. También se está perdiendo oblicuidad, algo que expresaría menos diferencias climáticas entre veranos e inviernos y un patrón de enfriamiento general porque los rayos solares llegan con menos fuerza a los polos y latitudes altas, favoreciendo el aumento y mantenimiento de las capas de hielo y nieve, un mayor reflejo solar y una posible glaciación. Actualmente, la precesión muestra que en el hemisferio norte el solsticio de verano coincide con el afelio (máxima distancia del planeta respecto al Sol), algo que supone veranos más frescos. Así que, aunque parezca increíble, respecto a los Ciclos de Milankovitch nos encontramos en una situación favorable para una mini-glaciación o al menos enfriamiento muy notable. Pero actualmente no se puede considerar ninguna teoría sin tener en cuenta toda la situación actual en muchos otros aspectos, y especialmente con todo lo que significa la acción del ser humano como desencadenante de enormes desequilibrios planetarios. También puede haber cambios planetarios de gran envergadura por diversos motivos. Por ejemplo, en el año 2010, los Inuit ya advirtieron a la NASA que el planeta había cambiado su posición, refiriéndose al eje de rotación. 

Para hablar de la actual crisis climática, es imprescindible entender la interconexión que hay entre todos los sistemas, ciclos, patrones y energías que intervienen. Si hablamos de los rayos cósmicos, también estamos hablando de la atmósfera de la Tierra porque es el primer punto de contacto con esos rayos. Actualmente se ha detectado un debilitamiento y desequilibrio general de la atmósfera, cómo partes de la atmósfera superior se están contrayendo debido al aumento de los gases de efecto invernadero. Esta contracción también está relacionada, curiosamente, con un enfriamiento, porque el dióxido de carbono acumulado en la capa inferior de la atmósfera atrapa el calor y también lo emite con una rapidez inusual, dificultando que ese calor se mantenga en las capas superiores y favoreciendo que se pierda en el espacio exterior. Cualquier desequilibrio de una capa de la atmósfera va a afectar a las otras capas, como a la capa de ozono, a la ionosfera y a la exosfera, la capa más externa que entra en relación con todas las partículas, rayos y energías extraplanetarias, donde es importante que exista una fuerza energética que permita esa relación conforme se desvanece la energía y se dispersan los gases del planeta al fundirse en una composición similar a la del espacio exterior.

El gran desequilibrio actual afecta a todos los elementos que se expresan en la Tierra y que son parte de los patrones climáticos, unos patrones climáticos que se forman por la interrelación entre ellos. Además, los patrones climáticos no solo hay que observarlos en la zona superficial donde consideramos que se desarrolla la biosfera, desde el fondo marino hasta la altura de la atmósfera que permite la vida, sino también en la interrelación entre el interior y el exterior del planeta. Parece que en el interior del planeta domine el elemento fuego, y de hecho se ha constatado cómo materiales del núcleo se elevan a través de todos los movimientos de convección y filtrado entre capas y pueden llegar a la superficie en forma de magma. Pero también últimamente se han publicado investigaciones que demuestran cómo el agua vuelve a entrar en el interior desde las zonas de subducción entre placas tectónicas, y que esa agua puede entrar a mucha más profundidad de lo que se pensaba. Y junto con el agua también entran gases que se descomponen, que se adhieren a rocas, a flujos magmáticos. Así que todo es un gran cuerpo planetario con todas sus relaciones externas, porque, por ejemplo, se sabe que los rayos solares afectan al movimiento de las placas tectónicas. También es un gran cuerpo planetario con toda una complejidad propia que es muy difícil de imaginar por su enorme envergadura y precisión. El desequilibrio y crisis climática actual es una fórmula donde se expresan todas estas variables y funciones, y donde todas ellas, de algún modo, han sido alteradas por el ser humano.

Actualmente, a 6 de agosto de 2021, el planeta está lleno de incendios devastadores y de tormentas extremadamente destructivas. Las altas temperaturas generan domos de calor que forman un clima propio en la zona donde se establecen. También los grandes incendios están creando condiciones atmosféricas inusuales y particulares que los alimentan todavía más. Las olas y cúpulas de calor se asientan sobre la superficie terrestre, y el calor de la superficie del agua de océanos y mares también se fortalece. Muchos incendios han sido provocados por caída de rayos, pero también muchos lo han sido por accidentes de líneas eléctricas que están saturadas y expuestas a temperaturas que no pueden tolerar.

Las corrientes de vientos están desestructuradas porque también dependen del gradiente térmico entre los polos y el ecuador, que cada vez muestra menos diferencia de temperaturas, con un Ártico principalmente llegando a puntos de inflexión en su capa de hielo que dificultan la formación correcta de altas y bajas presiones, la relación con los océanos Atlántico y Pacífico y, consecuentemente, una corriente jet stream débil y desequilibrada, con oscilaciones que provocan descensos de frío polar en invierno hacia latitudes más bajas y ascensos de corrientes cálidas hacia el Ártico. La debilidad de la corriente jet stream también provoca que las tormentas se muevan con más lentitud y las altas temperaturas retengan mucha más carga de humedad. Entonces se desarrollan tormentas terribles como las de Alemania, Bélgica, China, incluso en zonas con sequía.


La gran cantidad de gases de efecto invernadero acumulada en la atmósfera favorece el calentamiento global y que, en general, el planeta se esté literalmente tostando. Por eso las sequías son tan devastadoras y se están secando ríos, lagos, acuíferos, y también se está acelerando el deshielo del permafrost. Las cenizas de los incendios también contaminan la atmósfera y pueden absorber gases contaminantes. Aparte de los efectos nocivos para la salud, cuando llegan al Ártico o a los grandes glaciares ensucian la capa superior impidiendo el correcto reflejo de los rayos solares y un todavía mayor deshielo.

Son muchos los volcanes en actividad, emitiendo gases y cenizas que influyen en el calentamiento global y en la densificación de la atmósfera. También los terremotos muestran un notable movimiento de las placas tectónicas por la presión interna, pero también hay que tener en cuenta la presión externa de las placas, tanto por la presión que genera el paso de grandes tormentas como por la mayor o menor llegada de rayos solares y el enorme cambio de peso sobre diversas placas que produce el deshielo o también que un gran lago se seque. Esto también afecta el equilibrio del planeta en su cuerpo, como esfera que gira alrededor de un eje que muestra una inclinación concreta, porque un cambio de peso sobre una zona va a ocasionar un reajuste sobre el giro y su eje. Un pequeño cambio en el ángulo del eje de rotación también implica cambios y desajustes en las estructuras que sostienen los vientos, como las celdas que se observan en la imagen superior. También provoca cambios en la estructura de altas y bajas presiones que se relaciona con las celdas y las corrientes atmosféricas. Se ha comprobado que algunos grandes terremotos han movido el eje de la Tierra. Por ejemplo, esto sucedió debido al terremoto de Sumatra de 9,1 grados del 2004, al terremoto de 8,8 grados de Chile del 2010 y al terremoto de Japón de 9,0 grados del 2011.

Acaban de publicarse dos noticias que anuncian el debilitamiento de la Corriente del Golfo y de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC por sus siglas en inglés). Ambas corrientes forman parte del Cinturón Transportador Oceánico o Circulación Termohalina, de la cual depende la estabilidad de muchos patrones climáticos, tanto de nivel planetario como más regionales o locales.

Todo está interconectado y la crisis climática nos muestra su aspecto global y también concreto en diversas zonas, de manera que estamos ante un funcionamiento holográfico de un planeta, donde los efectos de un árbol que se quema en Canadá pueden influenciar el clima de Filipinas, por ejemplo. La situación actual, donde destacan los grandes incendios, sequías y olas de calor junto con las grandes tormentas con caída de granizo e inundaciones son un patrón global que también se repite por zonas. El calentamiento del este del océano Pacífico afecta toda la zona oeste de Norteamérica, con partes con mucho calor e incendios, principalmente en Estados Unidos y Canadá, y zonas de paso de tormentas e inundaciones, especialmente en el centro-oeste y noroeste de México. En el oeste del Pacífico se forman tormentas al este de Filipinas que conforme avanzan impulsan el poder de los monzones, provocando lluvias torrenciales en China, Bangladesh y otros países del este asiático. El debilitamiento de la Corriente del Golfo también impulsa la formación de tormentas frente a la costa este de Estados Unidos, y una mayor posibilidad de altas mareas sobre las costas, con los efectos de la subida del nivel del mar. El mar Mediterráneo también está muy caliente y es un mar extremadamente degradado, ya que casi es un mar cerrado y muy contaminado, y la renovación que debería llegar de su contacto con el Atlántico no es suficiente. Así que también nos encontramos con sequías e incendios, y la formación repentina de tormentas devastadoras que se forman en el interior de Europa al chocar con masas de aire más frío. Aunque principalmente hablamos del hemisferio norte, también en el hemisferio sur está habiendo graves sequías y grandes tormentas. Por ejemplo, en la Amazonia los ríos van muy cargados gracias a las lluvias, pero en el sur de Brasil y toda la cuenca del río Paraná la sequía ha conducido a uno de los cauces más bajos jamás registrados. En África se han registrado graves inundaciones en Sudán y también severas sequías en Angola, con un nivel de hambruna extremo.

Si todo lo observamos desde la influencia que está teniendo el ser humano sobre la crisis climática, podemos observar muchos factores diversos:
- Las grandes detonaciones nucleares también pueden haber afectado al eje de rotación.
- La continúa extracción de todo tipo de materiales produce cambios en el equilibrio del suelo. Se sabe que el fracking provoca movimientos sísmicos, o que las enormes extracciones de arena que, por ejemplo, se han realizado en importantes ríos de China, han provocado cambios del flujo, del cauce y de todo el ecosistema.
- La continua emisión de gases de efecto invernadero está desequilibrando las capas de la atmósfera e impulsando el calentamiento global.
- La deforestación provoca que no se produzcan lluvias en zonas determinadas que son básicas para el funcionamiento de otros patrones.
- La urbanización de las ciudades, con cemento y alquitrán cubriendo el suelo, hace aumentar las temperaturas, impide que respire la Tierra y provoca inundaciones porque el agua pierde lugares por donde ser absorbida por el suelo.
- La geoingeniería provoca desequilibrios. En especial, la siembra de nubes puede estar impulsando muchos eventos de tormentas imprevistas y con caída de precipitaciones récord tanto a nivel de cantidad como de intensidad en poco tiempo.
- La extinción de animales también provoca desajustes en los sistemas de la Tierra. Por ejemplo, los cetáceos activan los meridianos y líneas energéticas del planeta. También muchos hábitats y ecosistemas dependen de la biodiversidad que los habita, del equilibrio de su cadena trófica para subsistir.
- La reforestación que se está realizando en muchos lugares debería tener en cuenta qué especies utilizar. Los monocultivos son perjudiciales y hay que respetar la flora y fauna de cada región, de lo contrario el efecto es peor que dejar que la naturaleza se recupere a su ritmo y voluntad.
- El ser humano es el gran generador de plagas de especies invasivas que destruyen y desequilibran ecosistemas.
- Los incendios son cada vez más devastadores porque las áreas urbanizadas entran en exceso en los bosques. Ahora muchos incendios se deben a accidentes de la red eléctrica porque no soporta la demanda excesiva y no está preparada para las altas temperaturas actuales.
- En la agricultura, siguen utilizándose pesticidas y herbicidas que cuando llegan a arroyos, ríos o al mar producen zonas muertas, hipoxia y gran mortandad de peces, así como la floración de algas tóxicas y la muerte de la vegetación marina por la falta de llegada de luz solar.
- Sigue habiendo grandes accidentes marítimos, ferroviarios, etc. que provocan enormes contaminaciones sobre el suelo, los ríos, los océanos, las costas, los manglares y los arrecifes de coral. Se están perjudicando estructuras que pueden ser vitales para el buen funcionamiento de una pequeña corriente marina, y de esa pequeña corriente puede depender otra mayor.
- La producción de energía es extremadamente contaminante y peligrosa, tanto si es a través del carbón como si hablamos de centrales nucleares cuyas fugas y accidentes deterioran los sistemas de todo el planeta.
- La contaminación del plástico alcanza a todos los océanos y también a todos los continentes.

Está claro que este planeta tiene un funcionamiento muy preciso y todo está interconectado para que los desequilibrios sean mínimos o exista la suficiente energía y vitalidad para afrontarlos en una adaptación saludable. Ahora todo está acelerado y desequilibrado, y la aceleración conlleva estrés de los patrones, ciclos y sistemas, incluso reacciones de ralentización. De hecho, las extinciones masivas corresponden a eventos como el impacto del meteorito en el Yucatán, grandes erupciones volcánicas o, tal como se ha publicado esta semana: “La gran extinción registrada hace 252 millones de años coincidió con un repentino aumento y posterior descenso del contenido de oxígeno en el océano”.

PRINCIPALES ZONAS AFECTADAS POR INCENDIOS Y TORMENTAS EN EL MOMENTO DE PUBLICAR ESTE ARTÍCULO:

INCENDIOS:
- Turquía
- Oeste de Estados Unidos
- Oeste de Canadá
- Grecia
- Norte de Macedonia
- Albania
- Líbano
- Norte de Rusia
- Zambia
- República Democrática del Congo

TORMENTAS E INUNDACIONES:
- Alemania
- Bélgica
- China
- Norte de México
- India
- Filipinas
- Bangladesh
- Myanmar
- Afganistán
- Colombia
- Sudán y Sudán del Sur

sábado, 31 de julio de 2021

Evento del mes de julio

 Redactado y publicado por David Arbizu

ACELERACIÓN GLOBAL DEL DESEQUILIBRIO CLIMÁTICO 
Una de las noticias interesantes del mes de julio de 2021 ha sido la publicación de una carta de Bill McGuire, profesor emérito de Riesgos Geofísicos y Climáticos en la UCL (University College de Londres), dirigida a los científicos del planeta. El título del escrito es: “Es hora de decir las cosas como son”, y se refiere a la falta de conciencia, seriedad y rigor que una parte importante de los científicos han mostrado y siguen mostrando al tratar y dar sus opiniones respecto al cambio climático actual. Bill McGuire los acusa de la ocultación de lo que realmente piensa la clase científica, de que la gran mayoría sabe sin ninguna duda que la situación planetaria es muy complicada, que se deberían tomar medidas basadas en un nivel de ciencia al servicio de la supervivencia y la recuperación, de la reparación de todo lo necesario para intentar reequilibrar todo el daño causado, todos los puntos de inflexión que ya se han superado. Un contundente párrafo del escrito manifiesta: “No hace falta que les diga que el abismo que existe entre lo que se necesita para hacer frente a la emergencia climática y las medidas que se están adoptando en la actualidad pone de manifiesto la extraordinaria magnitud de la batalla que tenemos por delante”.

A pesar de que ya llevamos años observando todo el desequilibrio de los patrones climáticos y cómo los eventos son cada vez más extremos y destructivos, durante el mes de julio hemos sido testigos de un desbordamiento de sucesos dramáticos en todo el planeta, siendo prácticamente imposible encontrar alguna zona no castigada por severas sequías e incendios, olas de calor, tormentas con lluvias torrenciales nunca vistas, caídas de granizo o tornados. Algunos artículos publicados en medios reconocidos han expresado cómo ya es difícil valorar en qué zona del planeta sería mejor vivir para tener la seguridad de estar a salvo, y que todo lo que se está viendo seguramente va a empeorar. Michael E. Mann, director del Centro de Ciencias del Sistema Terrestre de la Universidad Penn State, ha declarado que los patrones climáticos han llegado a límites de desestructuración que no pueden negarse, y que demuestran un proceso climático que potencia lo que antes eran situaciones locales poco importantes para convertirse en eventos históricos, tal como hemos visto con las terribles inundaciones en Alemania y Bélgica, los enormes incendios que siguen castigando el noroeste de Estados Unidos, las inundaciones de China, los incendios del norte de Rusia y Siberia y muchos otros eventos similares que han pasado en muchas partes del planeta.

Aunque en general las temperaturas son muy elevadas, especialmente ahora en el hemisferio norte, hace pocos meses que se daba por finalizado el fenómeno La Niña del Pacífico, y ahora se prevé que vuelva a reproducirse entre el próximo otoño e invierno. Curiosamente, La Niña es un patrón frío, y algunos expertos han señalado que posiblemente este año será uno de los más fríos del siglo XXI, pero ahora mismo creo que no sirven predicciones ni tampoco conceptos que se han podido mantener por ser correctos y coherentes. Así que el próximo patrón de La Niña estará señalando un enfriamiento de las aguas en la zona ecuatoriana del Pacífico, con vientos moviendo las aguas superficiales calientes del océano hacia las costas e islas de Asia, donde podrá haber muchas más tormentas, pero las estimaciones ya no tienen datos fiables para ser mínimamente establecidas. Por ejemplo, está claro cómo los trópicos son cada vez más anchos, cómo la diferencia necesaria de temperatura entre los Polos y el Ecuador cada vez es menor, cómo las altas temperaturas del Ártico, junto con el deshielo, la debilidad de corrientes que forman parte de la estabilidad de los grandes océanos Atlántico y Pacífico y todos los problemas que causan los incendios, provocan la desestabilidad de la corriente jet stream.


Todo ello implica destrucción de hábitats, desajustes fenológicos y cambios demasiado contundentes para la supervivencia de muchas especies, y una parte importante de la destrucción la lleva a cabo el ser humano con sus explotaciones, urbanizaciones y abuso del planeta. El ser humano de este tiempo, lo que significa el Antropoceno, ha cambiado, incluso me atrevería a decir “desfigurado”, la Tierra. Tal como advertían los Inuit a la NASA en el año 2010, muchas cosas ya no se comportan como antes: “Los vientos llegan desde otras zonas, el Sol se pone lejos de su punto habitual, las estrellas ya no están donde deberían estar”.

A pesar de todos los avances tecnológicos y científicos, parece que todavía no se comprende que el planeta es una entidad con una estructura, sistemas y ciclos preparados para sostener un estado de salud óptimo, una correcta homeostasis, y que nosotros dependemos totalmente de ese estado de salud. Y ese mecanismo que sostiene la energía y el poder que transmite la Tierra a través de la formación de su biosfera, de toda su biodiversidad, de todas las relaciones que favorecen las condiciones tan espléndidas de este planeta, es un mecanismo extremadamente preciso y con todas sus partes interrelacionadas y dependientes entre ellas. Por lo tanto, un pequeño desajuste del eje de rotación del planeta puede crear un enorme desequilibrio, pero también la desaparición de una especie, el aumento inusual y extremo de la temperatura del agua de un río, la pérdida de un acuífero, el exceso de emisiones de ceniza y gas si entran en erupción muchos volcanes al mismo tiempo, etc. Y esta lista se llena de energía negativa y destructiva si añadimos todo lo que representan las actividades humanas sobre los elementos de la Tierra, con todas las contaminaciones, extracciones, deforestaciones, emisiones desde centrales nucleares, pruebas armamentísticas y todo el gran desarrollo que ahora está teniendo la geoingeniería.

En una noticia reciente se informa de que se ha detectado que el núcleo interno de la Tierra se está deformando al crecer más de un lado que de otro. El núcleo interno de la Tierra es una masa compacta de hierro y níquel que tiene un radio de 1.200 kilómetros, una medida que aproximadamente corresponde a tres cuartas partes del tamaño de la Luna. Según los expertos que han publicado este estudio, esto puede tener implicaciones en la formación y estabilidad del campo magnético de la Tierra, que se genera gracias a los movimientos de convección del núcleo externo, unos movimientos que están impulsados por la liberación de calor desde el núcleo interno. Al igual que observamos la interconexión que existe en todo lo que podemos considerar la superficie del planeta, incluyendo las zonas que sostienen la biosfera, desde la atmósfera hasta el subsuelo, también existe una interconexión entre las diversas capas del planeta, entre su núcleo interno y la capa atmosférica llamada exosfera, que es el lugar donde también se forma la magnetosfera. La exosfera representa la zona de tránsito entre la atmósfera terrestre y el espacio interplanetario, es el primer lugar de recepción y relación con el polvo cósmico, con la radiación solar que llega desde los vientos solares que impactan con el flujo o plasma que sostiene la magnetosfera para así formar los Cinturones de Van Allen.


En uno de los Cinturones internos de Van Allen existe una región denominada “Anomalía del Atlántico Sur”, donde ese cinturón está más cerca de la superficie y por lo tanto cumple menos con su labor protectora, permitiendo la llegada de una mayor intensidad de radiación solar a la superficie del planeta. Esta región cubre gran parte del centro de Sudamérica, especialmente parte de Chile, Brasil y Argentina, y también toda la zona del Atlántico que corresponde a estas latitudes hasta llegar a la zona costera de Sudáfrica. Volviendo a lo comentado sobre el desequilibrio del núcleo interno de la Tierra, “curiosamente” la zona donde se ha detectado la deformación, donde está creciendo el núcleo interno de la Tierra, corresponde a la parte que se considera que está debajo de esta misma zona de la anomalía, concretamente debajo de Brasil.

El planeta nos está mostrando que es una entidad completa, que no se puede estudiar solo el desequilibrio de la corriente jet stream sin tener en cuenta, por ejemplo, el deshielo del Ártico, o la debilidad de la Corriente del Golfo, o que se haya desplazado el eje de rotación y que se siga desplazando el eje magnético de la Tierra. Y así se podría estar enumerando todo suceso, todo desajuste, donde también hablaríamos del impacto del ser humano, un impacto que no solo es físico, con todo el daño provocado continuamente en todas las áreas diversas de la Tierra, sino que también es emocional y mental, con la falta de amor y respeto por el planeta y la falta de conciencia para no cambiar y detener la devastación. Un ejemplo de esta falta de conciencia llegaba a finales de junio desde una noticia cuyo titular es: “Fukushima no le enseñó nada a Japón: el mundo ya está asustado”. La noticia hacía referencia a cómo el gobierno y responsables de Japón se van abriendo de nuevo a la energía nuclear, y que se acababa de otorgar el permiso para reiniciar el reactor que corresponde a la tercera unidad de la central nuclear de Mihama, después de estar parado casi diez años y siendo uno de los más antiguos no solo de Japón sino del mundo. Todo esto sucede mientras se alerta de las reacciones de fisión nuclear que pueden estar sucediendo en Chernóbil, después de 35 años de la catástrofe, y que si se siguen multiplicando estas reacciones podrían conducir a un incidente muy grave.

El planeta también muestra la enfermedad del ser humano, la simetría de ambos cuerpos, y cómo la debilidad del sistema inmunitario del ser humano también se expresa en la debilidad de la respuesta y reacción del planeta frente a la recuperación de espacios y el sostenimiento de ciclos, patrones y ecosistemas que enferman y pierden el potencial de reequilibrio y sanación, especialmente con un ser humano que sigue estresando y llevando al límite toda capacidad de respuesta, de resiliencia de la Tierra. No comprender el cuerpo planetario, no respetarlo y cuidarlo, acaba expresándose en la crisis climática que estamos sufriendo, y la ciencia y tecnología siguen sin tener un mínimo nivel de conciencia como para ponerse al servicio para detener la crisis, algo que enlaza de nuevo con el escrito de Bill McGuire con el que he empezado este artículo. El futuro se decide ahora más que nunca, mientras no paran de llegar las advertencias sobre todos los puntos de inflexión que se van superando y que aceleran todavía más un cambio climático cuya solución se va alejando.






Fuentes:

lunes, 28 de junio de 2021

Evento del mes de junio

Redactado y publicado por David Arbizu

EL DESEQUILIBRIO ENERGÉTICO DE LA TIERRA
Conforme avanzan los descubrimientos y estudios científicos sobre el funcionamiento de nuestro planeta, especialmente respecto a su estabilidad climática y a sus patrones y ciclos que permiten la existencia y sostenimiento de la biosfera y, por lo tanto, de la vida, también aumenta la comprensión sobre la importancia de la relación del planeta con el Sol y cómo esa relación es la que realmente y definitivamente marca que un planeta pueda existir con unas condiciones apropiadas para el desarrollo de formas de vida.

Junto a todos los estudios sobre esta gestión vital que expresa la relación Tierra-Sol, algunos científicos centran sus investigaciones en planetas como Venus para averiguar cómo ese planeta se encuentra en las condiciones actuales, con una atmósfera tóxica, densas nubes de ácido sulfúrico y altas concentraciones de CO2. Aunque no se prevé que la Tierra pueda llegar a esas condiciones, con una temperatura media de 500ºC, el estudio del proceso que ha conducido a Venus a la situación actual puede ser de utilidad para analizar y prevenir posibles cambios negativos en la Tierra conforme aumentan el calentamiento global y los eventos climáticos severos y devastadores.


El clima de la Tierra está principalmente determinado por el equilibrio entre la cantidad de energía que recibe del Sol, que absorbe en la atmósfera y en la superficie, y la cantidad de esa energía, llamada radiación infrarroja térmica, que la Tierra refleja y emite al espacio. Este es un equilibrio extremadamente delicado porque la vida en la Tierra no podría existir sin la energía del Sol, pero tampoco podría hacerlo si el planeta no irradiara hacia el exterior la mayor parte de la energía recibida. Cuanto mayor sea el equilibrio, mayor será la estabilidad planetaria, la calidad y estado de salud de la biosfera, la regularidad y armonía de los patrones climáticos y cualquier ciclo o sistema que sea parte de toda esa regulación de energías, de calor, tanto a nivel de absorción como de emisión. A partir de un cierto desequilibrio, cualquier mínima alteración puede conducir a cambios que van a representar un calentamiento o enfriamiento global. En la Tierra no se ha registrado un equilibrio exacto entre esa absorción y reflejo o emisión, y por eso al tratar este tema se hace refiriéndose al “desequilibrio energético de la Tierra”, también llamado “forzamiento radiativo” o “forzamiento climático”.

Un estudio publicado el 15 de junio de 2021 en Geophysical Research Letters demuestra que la cantidad de calor que absorbe la Tierra se ha duplicado desde 2005 hasta 2019. Se sabe que la Tierra absorbe 240 vatios por metro cuadrado de energía solar, y cuando empezó este estudio, en el año 2005, el reflejo o irradiación era de 239,5 vatios por metro cuadrado, lo cual significaba un desequilibrio positivo de aproximadamente 0,5 vatios por metro cuadrado. Al finalizar el estudio, en 2019, el desequilibrio se había duplicado prácticamente a 1 vatio por metro cuadrado, algo que impulsa el calentamiento del planeta y que significa que el planeta está capturando energía que no refleja hacia el exterior.

Este estudio se llevó a cabo utilizando datos satelitales comparando dos mediciones independientes realizadas por científicos de la NASA y la NOAA de Estados Unidos, y las coincidencias mostrando datos y tendencias calificadas de “alarmantes” dan una mayor seguridad sobre los resultados obtenidos. Tal como señala Gregory Johnson, oceanógrafo del Laboratorio Ambiental Marino del Pacífico de la NOAA y coautor del estudio: “Es una cantidad enorme de energía y es un número difícil de entender”. Él explicó que el aumento de energía es equivalente a cuatro detonaciones por segundo de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima, así que son valores extremadamente elevados y complicados de asimilar.

Los científicos consideran que una parte importante de este aumento del desequilibrio se debe a lo que llamamos “forzamiento antropogénico”, a las actividades humanas que están impulsando el calentamiento global con el aumento de gases de efecto invernadero y todo el abuso y devastación que se está haciendo sobre el planeta, afectando a su estabilidad y a todo lo que sostiene la biosfera, que sin duda es fruto de sistemas y ciclos en los que interviene el planeta completo, desde su núcleo hasta la parte más externa de la atmósfera y su campo de energía. También hay patrones que influyen en la relación absorción-emisión de energía que hace el planeta y que en principio no son de origen antropogénico, aunque seguro que podríamos encontrar relaciones con los desajustes provocados por la humanidad. Algunos de estos patrones tienen una relación directa con los vientos y especialmente con los océanos, con el calor y energía que acumulan, con sus fases frías y cálidas, tal como se observa con las formaciones de El Niño y La Niña en el océano Pacífico. Hay que tener en cuenta que los océanos absorben la mayor parte del calor acumulado por el cambio climático, y de hecho se calcula que el 90% del exceso de energía fruto del desequilibrio energético acaba almacenado en los océanos.


En la imagen superior se observa la instalación de un flotador Argo para entrar a formar parte de un conjunto de flotadores oceánicos colocados para medir la velocidad a la que se están calentando los océanos del mundo. La temperatura de los océanos también tiene una relación directa con la cobertura de nubes, que en general disminuyó durante el período del estudio, dejando pasar más radiación solar, y con la formación de vapor de agua, que atrapa la radiación reflejada, saliente.

El propio calentamiento global favorece las condiciones para que aumente la absorción y disminuya el reflejo, algo que sucede con el aumento del deshielo, tanto de los polos como de los glaciares, y con la formación irregular de tormentas y sistemas nubosos que se focalizan repentinamente en zonas concretas del planeta, en algunos casos ayudados por la geoingeniería, mientras que en otras zonas se forman sequías extremas y se secan lagos, impulsando el calentamiento de amplias áreas terrestres que en muchos casos, además, sufren de incendios y deforestación.

Otro factor importante al analizar este aumento del desequilibrio energético es que ha sucedido durante un período donde la actividad solar ha sido bastante baja. Por lo tanto, si persisten las condiciones de desequilibrio observadas en las mediciones satelitales y con la previsión actual de que el Sol vaya aumentando su actividad, especialmente a partir de los años 2024 y 2025, la diferencia puede aumentar conforme la Tierra absorbe más energía y pierde sus capacidades de emisión hacia el exterior.

Al principio de este artículo hablaba de Venus y sus extremas condiciones actuales, y también de que no se prevé que la Tierra pueda llegar a una situación tan terrible e imposible para la vida tal como la conocemos. Pero el ser humano no parece ser consciente de todo lo que está aconteciendo y de que el desequilibrio climático afecta a todo el planeta y va empeorando. Y la geoingeniería no puede ser la solución, en realidad parece que esté causando efectos negativos a nivel global y es un gran peligro si no se deja en manos de verdaderos expertos que puedan calibrar y deliberar conscientemente todos sus efectos, no solo en una zona sino a nivel planetario y teniendo en cuenta esta vital relación Tierra-Sol. Además, tal como explica la doctora Karina von Schuckmann, oceanógrafa y autora de un informe sobre el desequilibrio energético publicado por el Sistema Global de Observación del Clima (GCOS, por sus siglas en inglés): “Este calor que se almacena en el sistema de la Tierra es, de hecho, “calor en la tubería”, que significa que el sistema de la Tierra aún no ha respondido a este calor, aunque haya aumentado rápidamente”. Así que de momento observamos una respuesta leve y tenemos que ser conscientes de que si en algún momento hay una respuesta mayor, una liberación súbita y potente de energía y calor acumulado, se pueden desencadenar muchos puntos gatillo que conduzcan a eventos mucho más destructivos de los que ya estamos siendo testigos.