sábado, 23 de septiembre de 2023

RELACIÓN ENTRE EL CALENTAMIENTO GLOBAL Y EL TAMAÑO Y FORMA DE LOS SERES VIVOS

 Redactado y publicado por David Arbizu


El desequilibrio climático que estamos observando en la Tierra cada vez da más muestras de su realidad a través de eventos que afectan de diversas formas al ser humano, ya sea por graves sequías como por tormentas con enormes lluvias, terremotos o mareas que se adentran e inundan zonas habitadas que eran consideradas seguras e inalcanzables por mares y océanos. Todo ello va dando forma y definiendo la era actual que llamamos Antropoceno, un nombre ya plenamente aceptado, al igual que lo es el hecho de que nos encontramos ante la sexta extinción masiva.

Una de las características del Antropoceno es la colonización de casi todo el planeta por parte del ser humano, junto con un sistema plenamente enfocado en obtener ganancias materiales a toda costa. Los avances científicos y tecnológicos han permitido desarrollar técnicas aplicadas a la caza, a la pesca, a la agricultura y a la ganadería con las que se obtienen grandes rendimientos, pero a cambio de destrucción de hábitats y ecosistemas junto con una incontrolable y mortal contaminación de la biosfera, de todo el planeta. De hecho, es difícil imaginar que haya una sola zona prístina donde no hayan llegado microplásticos, donde no se pueda encontrar la huella radiactiva de pruebas y accidentes nucleares, donde no se hayan hecho estudios para deforestar o construir minas, empresas de fracking, o simplemente crear complejos turísticos de gran rendimiento.

Todas estas condiciones afectan a todos los seres vivos de muy diversas formas, y uno de estos cambios son las modificaciones en cuanto al tamaño corporal, algo que principalmente se relaciona con el aumento de las temperaturas. Últimamente se han publicado varios estudios relacionados con este tema, especialmente focalizados en aves y peces, y comparando los resultados se concluye que de momento no existe una teoría común que determine si el tamaño de las especies aumenta o disminuye conforme aumentan las temperaturas. Lo que sí queda claro y ampliamente aceptado es que se producen transformaciones físicas como respuesta tanto al calentamiento global como al de las zonas habitadas en particular, y que todo conduce a desajustes que provocan cambios en las especies para neutralizar los desequilibrios, e incluso las posibles extinciones, en busca de una nueva homeostasis que permita su supervivencia y la de sus hábitats, demostrando cómo la salud de un lugar, de un ecosistema, está definida y sostenida por todas las formas de vida que contiene, que le dan características y condiciones propias y contribuyen a su salud y equilibrio vital.


Siempre ha habido biólogos y científicos que han enfocado sus estudios en los efectos del medio ambiente y el clima sobre los animales. En el siglo XIX se desarrollaron dos reglas a partir de los trabajos y observaciones de un biólogo y un zoólogo. Una de ellas es la “Regla de Bergmann”, que fue expuesta por el biólogo alemán Carl Bergmann y concluye que los individuos de una misma especie, o subespecie, de animales homeotermos, que normalmente conocemos como de sangre caliente, tendrán mayor tamaño cuanto más frío sea el clima de su hábitat. Esta regla se basa en la relación entre la superficie corporal y la masa del cuerpo, estableciendo que los animales grandes tienen menor área de superficie en proporción a su masa corporal y pierden menos calor que un animal pequeño, donde la proporción expresa mayor área de superficie y mayor pérdida de calor corporal. La otra regla es la “Regla Allen”, postulada por el zoólogo estadounidense Joel Allen, en la que establece que los animales homeotermos desarrollan sus cuerpos de forma distinta dependiendo de si viven en climas fríos o cálidos. Cuando estas especies viven en hábitats fríos, sus apéndices (orejas, orificios nasales, patas, manos) tienden a ser más pequeños para conservar el calor corporal, mientras que los apéndices de las especies de hábitats cálidos son más grandes para poder liberar el exceso de calor.

Aunque estas reglas puedan ser ampliamente acertadas, desde que se formularon hasta el momento actual la situación del planeta ha cambiado mucho y obviamente a peor. Los últimos estudios realizados no solo contemplan el aumento de las temperaturas, también tienen que tener en cuenta la contaminación y degradación de la atmósfera, de las aguas, del suelo. Todo ello afecta la salud de todas las especies, empezando por las del reino vegetal como fuerte fundamento de toda cadena alimenticia. Se podría decir que una alimentación desde la que se ingieren menos nutrientes, vitaminas, etc., también es un factor destacado que contribuirá a un menor desarrollo de los animales y plantas. También las variaciones en la duración de las estaciones es un factor decisivo, porque el reloj biológico de la mayoría de las especies está sincronizado con las estaciones del año, y cualquier cambio es negativo para sus procesos evolutivos, de reproducción, incluso de supervivencia. Todos estos cambios alteran el equilibrio de la biosfera y de cada hábitat, y aunque a primera vista pueda parecer que algunas especies se benefician de ellos mientras que otras se ven perjudicadas, la realidad es que muchos científicos lo ven como algo alarmante por los desajustes fenológicos que se crean y porque no se detienen las extinciones de especies.

A finales del año pasado se publicó un estudio de la Universidad de California (UCLA, por sus siglas en inglés) realizado sobre el tamaño de las aves migratorias. Se ha constatado que han reducido su tamaño como respuesta al aumento de las temperaturas, para poder disipar el calor con mayor facilidad. En cambio, también se observó que las alas no se hacen más pequeñas sino que cogen mayor proporción respecto a los cuerpos, ya que las aves no usan las alas para disipar el calor.

Otro estudio publicado en mayo de este año, 2023, ha mostrado que algunas especies de peces crecen más rápido a medida que sus hábitats se vuelven más cálidos, pero también aumentan las tasas de mortalidad, de manera que aumenta el número de peces jóvenes que rápidamente han alcanzado un mayor tamaño, pero como peces adultos su tamaño puede ser inferior al esperado y afrontar mayor mortandad.

Uno de los últimos estudios publicados es el realizado por la Universidad de St. Andrews, y demuestra que muchas especies están disminuyendo su tamaño corporal y que las especies más grandes están siendo reemplazadas por especies más pequeñas. El estudio transmite que las especies de gran tamaño están continuamente más amenazadas por las difíciles condiciones que se producen en sus hábitats, y entran con mayor rapidez en un estado de estrés y procesos que conllevan gran disminución de individuos o extinción. Tal como señala la profesora María Dornelas, autora principal del estudio: “Creemos que esto sugiere que, cuando los organismos grandes desaparecen, otros intentan ocupar su lugar y consumir los recursos que quedan disponibles”, y añade: “Está claro que el reemplazo generalizado de especies que vemos en todo el mundo está teniendo consecuencias mensurables. El hecho de que los organismos se vuelvan más pequeños tiene efectos importantes ya que el tamaño de los animales media su contribución al funcionamiento de los ecosistemas y cómo los humanos se benefician de ellos”. Estas declaraciones nos muestran cómo todo está interconectado, cómo todas las formas de vida crean las condiciones de un ecosistema, cómo se intentan equilibrar las pérdidas y mantener la actividad vital de un lugar y su biomasa. Se puede afirmar que los ecosistemas buscan continuamente la homeostasis frente a todos los cambios de la vida que contienen, frente a todos los eventos climáticos que los afecten, y esto se puede observar a pequeña y gran escala, incluso a nivel planetario.

Es muy interesante ver todos estos cambios, estos reajustes y modificaciones en busca de la estabilidad y la supervivencia mientras existe esa relación directa y vital entre todas las formas de vida de un lugar, donde también se tiene que contar con sus ríos, su atmósfera, la salud del suelo, pero tal como indica Sara Ryding, investigadora de la Universidad de Deakin (Australia) y una de las autoras de un estudio que alerta sobre las incipientes transformaciones detectadas: “Este fenómeno no debe verse como algo positivo, sino como algo alarmante. No sabemos si estos cambios fisiológicos en muchas especies realmente están contribuyendo a su supervivencia. Muchas no sobrevivirán, y en el caso de las que lo consigan, no podemos saber aún si las transformaciones que experimentan son realmente o no beneficiosas, no solo para esas especies, sino para los hábitats y los demás seres que los cohabitan”. Esto es así por toda la complejidad que han alcanzado hábitats y ecosistemas durante la enorme cantidad de tiempo en la que se han formado, una complejidad bien estructurada que ahora se deteriora y sucumbe con una rapidez excesiva, con una crisis climática, calentamiento global y cambios bruscos y acelerados de patrones climáticos que no permiten una adaptación apropiada, que hacen temer que signifique simplemente que algunas extinciones tarden más en suceder, así como el colapso de ecosistemas y de partes de la biosfera.

De algún modo, lo que se está viendo son adaptaciones forzadas para sobrevivir en un entorno cada vez más inhabitable para todos y cuya degradación es demasiado rápida. Todo estos trastornos afectan a todo lo que compone la naturaleza, el medio ambiente, los sistemas que son verdaderos flujos de vida y de prosperidad, como es el caso de los ríos, que sufren una gran degradación y se están calentando y perdiendo más oxígeno que los océanos. Esta pérdida de oxígeno sería comparable a las zonas muertas de los océanos, suponiendo la extinción de muchas especies que no pueden cambiar de lugar, amenazando la diversidad acuática y la de todos los seres que dependen de ese flujo de agua y de vida como parte esencial de la cadena alimenticia, además de la degradación de la calidad del agua hasta una toxicidad extrema.


La imagen superior corresponde a una piscifactoría de Loch Ainort, en Escocia, y sirve de ejemplo para expresar cómo el ser humano provoca también cambios directos en los ecosistemas con sus actividades, que ahora son mucho más perjudiciales debido al cambio climático, en este caso al calentamiento de los océanos. En muchos casos, este tipo de invasiones provocan la degradación de las especies enjauladas y también la de la misma especie que sigue libre en su hábitat natural. Por ejemplo, en las piscifactorías de Escocia está habiendo una enorme plaga de piojos de mar e invasión de medusas, y tal como indica Lex Rigby, jefe de investigaciones de la organización inglesa Vegetarian’s International Voice for Animals (VIVA!): “La intensificación de la piscicultura como “solución” a la sobrepesca ha creado un caldo de cultivo para enfermedades en las que el salmón sufre terriblemente”.

A pesar de todo, los ecosistemas y la biosfera muestran grandes capacidades de adaptación y de intentar realizar ajustes lo más rápido posible. Creo que muchos hemos sido testigos de cómo casi instantáneamente los árboles y las plantas se vuelven más verdes y exuberantes cuando llueve después de semanas o meses de sequía. De igual modo, los ecosistemas responden a los cambios, reajustan su pulso, su respiración como una entidad viva. El pasado mes de julio, investigadores de la Academia de Ciencias de China publicaron un estudio sobre la respiración de los ecosistemas, considerada como la suma de la respiración de todos los organismos vivos que lo habitan, teniendo en cuenta la fotosíntesis de las plantas y la respiración celular de los animales. En el estudio se habla de cómo la respiración del ecosistema está basada y ajustada a la temperatura habitual de la zona en la que se encuentra, una temperatura llamada “óptimo térmico”, y que incluso se va reajustando a las variaciones de subida y bajada de la temperatura. Aunque el estudio reconoce la complejidad de analizar estos reajustes a los cambios de temperatura, sí que afirma que de algún modo los ecosistemas se modifican y autogestionan para que su óptimo térmico pueda ser más elevado conforme aumenta el calentamiento global.

Así que todos los seres vivos, los ecosistemas, la biosfera, la propia Tierra, nos muestran su capacidad de gestión de la crisis planetaria, algo muy importante porque no hablamos solo de adaptación y sostenimiento de formas de vida, sino también de todo lo que representa para el equilibrio climático, que también depende de esa respiración que tiene la biosfera como suma de ecosistemas, y para la retención de gases de efecto invernadero evitando que lleguen a la atmósfera. Y dentro de toda esa respiración también está la nuestra, respiramos gracias a que somos parte de todo ello, así que tenemos que empezar a actuar con esa conciencia. 





Fuentes:


Imágenes:
Imagen piscifactoría: Richard Dorrell /  Piscifactoría de Loch Ainort  / CC BY-SA 2.0

sábado, 29 de julio de 2023

LA MINERÍA SUBMARINA: UNA GRAN AMENAZA PARA EL OCÉANO Y PARA EL PLANETA

Redactado y publicado por David Arbizu 


Los océanos ocupan el 71% de la superficie de nuestro planeta, un espacio enorme y al mismo tiempo vital para la vida, para sostener y generar las condiciones que definen una biosfera tan especial y repleta de biodiversidad. Por desgracia, sabemos que esa enorme superficie de agua, que en realidad es un solo cuerpo porque es el ser humano el que lo ha dividido y nombrado según su parecer, está cada vez más contaminada y negativamente alterada por todo tipo de actividades humanas donde reina la falta de respeto junto con un abuso que está conduciendo a la multiplicación de zonas muertas y la aceleración de la sexta extinción masiva, donde también hay que tener en cuenta que el océano, como entidad, también se está muriendo.

Todos podríamos enumerar actividades humanas perjudiciales, desde la pesca de arrastre hasta los vertidos contaminantes de todo tipo junto con la destrucción de manglares y costas imprescindibles para la salud y equilibrio oceánico y planetario. Algunas de las actividades más impactantes y destructivas, tanto en la superficie terrestre como oceánica, son las que están relacionadas con la extracción de materiales. Hasta el momento, en el océano estas actividades estaban centradas en la extracción de gas y petróleo a través de las plataformas que perforan el lecho marino, y ha habido muchos accidentes, como el de la plataforma Deepwater Horizon en el Golfo de México, que han provocado devastación y contaminaciones de tal envergadura que en realidad se desconoce si algunas zonas llegarán a recuperarse.

La primera plataforma petrolífera se instaló en 1846 en el Mar Caspio, en aguas de Azerbayán, y pocos años después también se construyeron plataformas en el Gran Lago Saint Marys, en Ohio (Estados Unidos), que luego fueron trasladadas al Canal de Santa Bárbara (California), en aguas del océano Pacífico. Todo esto ya señalaba un enfoque de negocio hacia el océano y el inicio de investigaciones para analizar qué se podía extraer de él, y en 1873 se descubrió que en algunas partes del fondo marino se forman nódulos polimetálicos, que contienen manganeso, níquel, cobalto y cobre. Años más tarde, en 1948, se descubrieron los sulfuros polimetálicos, que pueden contener cobre, plomo, zinc, oro y plata, además de otros minerales. Los depósitos de sulfuros polimetálicos se forman a lo largo de los límites submarinos de las placas tectónicas, ya que se originan a partir de los fluidos hidrotermales relacionados con la emisión de materiales internos, subterráneos, junto con la actividad volcánica submarina, por lo tanto hablamos de depósitos que se encuentran a partir de los 1.400 metros de profundidad. Toda esta actividad también forma relieves y montes submarinos donde se encuentran costras de ferromanganeso que contienen cobalto, titanio, níquel, platino, molibdeno, telurio, cerio y otros elementos muy atractivos para la denominada “minería submarina” o “minería de aguas profundas”. Ahora se sabe que desde la minería submarina se podría tener acceso al 96 % del cobalto, al 84 % del níquel, al 79 % del manganeso y al 35 % del cobre del total de las reservas estimadas en el planeta.


Toda esta riqueza y potencial ha generado la preparación de negocios y actividades de exploración por parte de grandes empresas mineras y estados, todo ello con vistas a poder iniciar extracciones a gran escala. Los estados que limitan con mares y océanos tienen derechos soberanos sobre sus aguas territoriales, incluso esos derechos pueden llegar a lo que se llama la “Plataforma Continental”, que es una franja que en algunos casos se encuentra a más de 550 kilómetros de la costa. Por suerte, esos derechos dejan de existir en aguas internacionales, donde se encuentran zonas de alto interés para las compañías mineras.

Conforme el océano se iba convirtiendo en una gran zona a explotar comercialmente, también se impulsó la necesidad de protegerlo y legislar y limitar toda actividad realizada en los fondos marinos. En la década de los años ochenta del siglo pasado, la mayoría de países del mundo, a excepción de Estados Unidos, firmaron la “Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar” y crearon la Autoridad Internacional de Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés), con la misión de proteger los fondos marinos y al mismo tiempo organizar su explotación comercial, algo que ahora mismo se podría tachar como mínimo de incoherente e imposible.

Una de las principales misiones de la ISA era elaborar la legislación para controlar y limitar el impacto de las actividades mineras, aunque en el momento de su creación todavía no existía la industria minera de fondos marinos, que ahora sí que se ha potenciado y exige empezar las explotaciones. De momento la ISA no ha conseguido desarrollar esa legislación porque las personas encargadas de hacerlo, como representantes de diversos países, no se ponen de acuerdo. Tal como indica Pradeep Singh, experto oceanográfico: “Una de las cosas que realmente no hemos debatido y acordado en la ISA es qué niveles de daño se consideran aceptables y qué niveles de daño no son aceptables. Ni siquiera nos hemos acercado a estar de acuerdo en esto todavía. Así que va a llevar mucho tiempo”. Desde la fundación de la ISA, la minería a gran escala está prohibida, pero sí que se han concedido permisos de exploración al menos a 22 empresas y gobiernos, así que se están realizando exploraciones en amplias zonas del Atlántico, Pacífico e Índico, y estas empresas y gobiernos pueden reservar las zonas exploradas para su posterior explotación comercial, algo que implica una gran presión porque van a querer rentabilizar todo lo invertido.

Curiosamente, el pasado 9 de julio (2023) era la fecha tope para que la ISA publicara la legislación reguladora de la minería en aguas profundas, pero tal como he señalado en el párrafo anterior, esto no se cumplió. Entre 15 y 20 países miembros han pedido una moratoria para desarrollar las normativas, pero son unos pocos respecto a los 167 estados miembros totales. Además, dentro del tratado sobre la prohibición de la minería submarina hay una sección, conocida como “párrafo 15”, que establece que si cualquier país miembro notifica formalmente a la Autoridad de los Fondos Marinos que quiere iniciar la minería marina en aguas internacionales, la organización tendrá dos años para adoptar una normativa completa, de lo contrario ese plan de explotación presentado quedará provisionalmente aprobado. Y el pasado 9 de julio hizo 2 años que un representante del gobierno de Nauru, un pequeño país de Micronesia, notificó formalmente a la ISA su plan para iniciar la extracción de minerales del fondo marino, así que legalmente podría quedar aprobado su plan de explotación. Después de esa notificación de hace 2 años, esta nación se asoció con la empresa canadiense The Metals Company, que ya ha realizado actividades de exploración y está preparada para la explotación. Así que: “hecha la ley, hecha la trampa”, aunque en este caso ni siquiera está hecha la ley todavía, y también es curiosa la pequeñísima diferencia de solo una letra entre las palabras “exploración” y “explotación”.

El continuo avance tecnológico significa mayor poder, mayores capacidades, mayor alcance. De hecho, cada vez se está pescando a mayor profundidad, cada vez se está perforando a mayor profundidad y se pueden realizar exploraciones en fosas marinas con las que hasta ahora no se contaba. Algunas empresas, como The Metals Company, ya han realizado muchas pruebas piloto y están preparadas para empezar la explotación. Las empresas explican que se requieren estos minerales para la expansión definitiva de las energías y tecnologías verdes y renovables, y que las nuevas tecnologías también permiten encontrar métodos menos invasivos y peligrosos, pero solo con observar ligeramente los métodos de extracción uno ya puede discernir todo lo que van a significar, toda la destrucción y muerte que van a provocar. Por algo países como Alemania, Chile, España y algunas naciones insulares del Pacífico están apoyando a organizaciones ecologistas y de defensa del océano para pedir un aplazamiento temporal de esta minería. También algunos bancos han declarado que no concederán préstamos a empresas mineras, e importantes empresas, como BMW, Microsoft, Google, Volvo y Volkswagen, han notificado abiertamente que no comprarán metales extraídos de fondos marinos hasta que no exista una seria evaluación de su impacto ambiental. Todo ello forma parte de una presión con la que se ha logrado que el pasado 21 de julio las naciones miembros de la ISA (Autoridad Internacional de los Fondos Marinos) acordaran una hoja de ruta de dos años para desarrollar y concluir la legislación y regulaciones de la minería submarina, pero desde las organizaciones ecologistas hay el temor de que igualmente se puedan aceptar planes de explotación.

Extracción con bomba hidráulica

En el caso de los nódulos polimetálicos, estos se hayan en una capa delgada superior del lecho marino, una capa de solo 10 centímetros de espesor, así que se requerirá arrasar con miles y miles de kilómetros de fondo marino para extraer los minerales, y sucede lo mismo con las costras de ferromanganeso que se hayan en montes submarinos, que deberán ser diezmados para recolectar la fina capa donde están los minerales. La extracción se realiza utilizando bombas hidráulicas o sistemas de cubos que suben el material a la superficie para que sea procesado en barcos o plataformas, y una vez extraídos los minerales se devuelve el material restante al océano. Todas estas operaciones implican grandes alteraciones, contaminación y toxicidad tanto del fondo como de la propia agua, ya que se pueden crear capas de partículas de desechos flotantes, que incluso pueden ser radiactivos, afectando a muchos seres, incluso impidiendo el paso de la luz solar a través del agua. Todo ello implica muerte de seres que viven en esas zonas, alteración de la cadena alimenticia, destrucción de ecosistemas, posible colapso de corrientes oceánicas, etc. Además, las máquinas que se muevan por el fondo marino destruirán corales y muchas especies vitales para la salud del área y de todo el océano. Todo el proceso de explotación conlleva ruido y luminosidad afectando especialmente zonas muy silenciosas y oscuras, y ese ruido también afectará a muchos animales marinos que requieren la frecuencia limpia e inalterable de las aguas para orientarse, para alimentarse, para reproducirse, incluso hay animales que utilizan la bioluminiscencia para comunicarse, cazar, etc. Y hay que tener presente que estamos hablando de actividades mineras masivas, tanto a nivel de extracción como de vertido del “sobrante”, de lo que ya no interesa, sin tener en cuenta toda la destrucción que se va a provocar.

También hay que considerar que todo ello provocará la liberación de grandes cantidades de carbono que está atrapado en el fondo marino. De hecho, recientemente se ha demostrado que debido a la pesca de arrastre se libera anualmente tanto dióxido de carbono como el que emite la aviación mundial. Por lo tanto, estamos ante una situación extremadamente peligrosa para el océano y para el planeta, y el ser humano va a invadir zonas oceánicas que en realidad desconoce, que todavía no se han valorado correctamente a nivel científico, zonas en las que su equilibrio y salud pueden ser verdaderos puntos cruciales para que la crisis climática no se acelere todavía más. Y científicamente sí que se sabe que el océano, además del dióxido de carbono, absorbe gran parte del exceso de calor, que muchos patrones climáticos dependen del estado y condiciones del océano, que sin el océano no puede existir la vida. Tal como advierte Diva Amon, una científica marina que incluso ha trabajado como contratista de una de las empresas de minería marina: “Esto tiene el potencial de transformar los océanos, y no para mejor. Podríamos llegar a perder partes del planeta y especies que viven allí antes de que las conozcamos, las entendamos y las valoremos”.





Fuentes: 
Gráfico de extracción minera - G.Mannaerts, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=120579344

viernes, 23 de junio de 2023

IMPACTOS GLOBALES DEL DESHIELO EN LA ANTÁRTIDA

Redactado y publicado por David Arbizu


Actualmente, conforme avanza el cambio climático y se observa el desequilibrio de los patrones climáticos afectando de diversas formas muchas zonas del planeta, son cada vez más los estudios científicos que se desarrollan bajo la convicción de que todo está interconectado, de que vivimos en una biosfera que se rige bajo sistemas y ciclos globales, aunque cada uno de ellos pueda tener partes de su engranaje centradas en zonas concretas del planeta. Los medios de comunicación también están ayudando a transmitir esta idea de globalidad, de que un patrón climático que pueda evolucionar en un área específica puede tener una influencia sobre la meteorología de cualquier otra zona. Por ejemplo, ya hace meses que se publican artículos sobre la formación del patrón climático de El Niño en el Pacífico ecuatorial, y existe un mayor conocimiento a nivel público de que este es un patrón de calor, frente a La Niña que es de frío, que ambos son patrones que tienen que ver con los vientos alisios planetarios y las aguas del Pacífico central, y que afectan de una u otra forma a todos los continentes y océanos.

Esta visión más real, más holística de la Tierra como un cuerpo planetario complejo que está desajustado por la actividad humana, tiene sus efectos positivos en la comunidad científica en general, de forma que hay una mayor apertura a poner en marcha estudios que parten de contemplar posibilidades y realidades del funcionamiento del planeta que antes no eran concebidos. Si hablamos de los polos del planeta, ahora hay una mayor atención en el Polo Sur de la que había hasta hace algunos años, cuando parecía como si el polo magnético solo se estuviera desplazando en el Polo Norte o incluso se hablaba de la inversión de los polos pero solo enfocándose en el Ártico, prestando muy poca atención a la Antártida, cuando, de hecho, la Antártida es el depósito de hielo más grande del mundo. También durante mucho tiempo todo el problema del deshielo se estuvo focalizando en Groenlandia y el océano Ártico, hasta que se observó la rotura de plataformas y el debilitamiento de los grandes glaciares de la Antártida, cómo se formó algún iceberg tan enorme que sus movimientos fueron seguidos por bastantes medios de comunicación y se empezó a hablar de que el derretimiento de alguno de esos glaciares tan imponentes podía provocar una importante subida del nivel del mar a nivel global. El ejemplo más contundente es el del glaciar Thwaites, al que también han llamado “glaciar del fin del mundo” porque su derretimiento, sumado al deshielo que provocaría en las capas heladas circundantes, generaría una subida del nivel del mar que podría llegar a los 3 metros.

Plataforma de hielo en la Antártida 

Las últimas investigaciones sobre el deshielo de la Antártida muestran ese nivel de impacto global, y uno de sus principales y más preocupantes efectos es la alteración del cinturón transportador oceánico o circulación termohalina. Siempre se ha pensado que el debilitamiento o incluso colapso de este cinturón oceánico se produciría debido a las condiciones producidas por el deshielo en el Atlántico Norte, algo que es lo que sucede en la película “El Día de Mañana”, donde empieza una importante y rápida glaciación que afecta gran parte del hemisferio norte. La circulación termohalina se mueve por todos los océanos del planeta. Esta circulación tiene dos puntos cruciales e impulsores que son el Atlántico Norte, a la altura de Groenlandia e Islandia y el principio del océano Ártico, y también la Antártida. En ambos lugares, enormes cantidades de agua se hunden a causa del enfriamiento del agua y el aumento de su índice de salinidad y activan todo un cinturón global, formado también por otras corrientes de menor envergadura, que cumple con funciones vitales para la salud de la biosfera planetaria, de todas las formas de vida de la Tierra.


En la imagen podemos observar el cinturón transportador oceánico con los dos puntos a los que me refiero señalados como “Deep Water Formation”, y cómo las corrientes frías surcan parte del planeta por el fondo de los océanos para volver a emerger mientras se calientan y pierden salinidad y también se van aligerando de todo el transporte de nutrientes extremadamente vital que esta circulación va moviendo y que es el alimento de muchas zonas, ecosistemas y hábitats de todo el planeta, teniendo en cuenta que, tal como he indicado, muchas otras corrientes más pequeñas y locales dependen de este impulso mayor que reciben al formar parte de este gran cinturón que en realidad conecta con todos los flujos y movimientos acuáticos oceánicos, pues en realidad podríamos hablar de un solo océano terrestre.

En la Antártida se hunden anualmente unos 250 billones de toneladas de agua salada, que se distribuye por el fondo del océano hacia los océanos Pacífico, Atlántico e Índico, y se considera que una cantidad similar es la que anualmente se hunde en el Atlántico Norte. Algunos cálculos determinan que el agua tarda unos mil años en completar el recorrido de todo el cinturón, también se cree que hace miles de años que existe esta enorme corriente en la Tierra y hay una total certeza de que el equilibrio de los patrones climáticos del planeta depende de su correcto funcionamiento. El agua que se hunde en el fondo del océano Austral y rodea la Antártida se conoce como “Agua del Fondo Antártico” (AABW, por sus siglas en inglés). Se considera el agua de fondo más fría y densa de todos los océanos. Es un agua con un alto contenido de oxígeno, se considera que es como un pulmón bombeando oxígeno, carbono y nutrientes a todos los océanos.

Un estudio de la Universidad de Berna publicado el pasado mes de abril concluía que al final de la última glaciación (hace unos 15.000 años) no se produjo un gran debilitamiento o colapso de la circulación termohalina en el Atlántico Norte tal como se pensaba, de manera que en ese punto la circulación es menos propensa a llegar a un punto de inflexión, de interrupción, de lo que hasta ahora se creía. Sin embargo, fundamentada en un estudio publicado el pasado mes de marzo, ahora coge mayor fuerza la predicción de que el temido colapso sí podría suceder en la Antártida, donde, según este estudio, para el año 2050 habría una disminución del 42% de formación de aguas profundas, algo que sería un indicador claro de un posible colapso del cinturón transportador oceánico para finales de siglo. Obviamente, este colapso también estaría impulsado por toda la situación provocada por el calentamiento global y el deshielo en el Atlántico Norte, donde se calcula que para el año 2050 la disminución de formación de aguas profundas sería del 19%. Si todo esto sucede, el colapso de la formación de aguas profundas, directamente relacionado con la circulación termohalina, se mantendría durante siglos, prácticamente hasta que se detuviera el derretimiento en la Antártida.

Estos porcentajes son sorprendentes y preocupantes. Conforme se acentúe la desaceleración de la circulación termohalina aumentarán los eventos climáticos, se alterará el equilibrio de calor, agua dulce y salada, oxígeno y carbono en todos los océanos, en el océano global. De hecho, ya hay importantes disminuciones de oxígeno en las aguas profundas de la Antártida, algo que altera determinantemente la salud del propio océano y su capacidad de fuente de vida. Otra característica importante de las aguas profundas que se va perdiendo es su facultad de almacenar dióxido de carbono manteniéndolo alejado de la superficie. Se calcula que, a nivel global, los océanos capturan una cuarta parte de las emisiones de dióxido de carbono que genera la humanidad.

Algo que preocupa particularmente a muchos ecologistas marinos es el colapso del ciclo de nutrientes. Este ciclo también afecta a todos los océanos de diversas formas y bajo diversas corrientes frías y calientes, profundas y superficiales, que están interconectadas y dependen unas de las otras. Básicamente, los nutrientes llegan a las aguas profundas conforme mueren las criaturas marinas, y el cinturón transportador oceánico los desplaza alcanzando de nuevo la superficie gracias a sus corrientes. Si se agrava el debilitamiento del cinturón, disminuirá esa llegada de nutrientes y peligrará el equilibrio de muchos ecosistemas y formas de vida, acelerando todavía más los desplazamientos de especies hacia lugares externos a sus hábitats, creando desajustes fenológicos y acelerando la sexta extinción masiva. Además, la retención de nutrientes en una zona provocará una gran acumulación, algo que igualmente sería muy perjudicial, porque todo en la biosfera está configurado para que se mantengan los ciclos y sistemas que sustentan la vida, y cualquier deterioro importante de uno de sus componentes tiene causas dramáticas.


En la imagen superior se observa el glaciar Thwaites, algunas de las plataformas que lo ayudan a sostenerse, cómo hay una gran zona donde en su capa superficial ya se observan irregularidades y agujeros (Mélange) debido a la pérdida de compacidad del hielo. También se observa toda la fragmentación en el mar de Amundsen fruto del deshielo. La desaparición de capas heladas también acelera el calentamiento global al perderse zonas de reflejo al espacio de la luz solar. La absorción del calor del Sol va aumentando considerablemente conforme grandes superficies blancas son sustituidas por aguas no congeladas, y esto alimenta un bucle de retroalimentación donde se va multiplicando el deshielo con el incremento de las temperaturas en aguas que deberían estar heladas.

Otro factor e impulsor decisivo de este gran desequilibrio de ámbito global es la formación del patrón meteorológico de El Niño en el Pacífico, que ya se considera que ha empezado sustituyendo al patrón de La Niña. El Niño es un patrón de calor que podría acelerar el deshielo de las plataformas y glaciares de la Antártida llegando a un punto de no retorno. Además, una investigación de la Agencia Científica del Gobierno de Australia (CSIRO, por sus siglas en inglés) ha señalado que los efectos de El Niño en la Antártida generarán una bajada de temperaturas de las aguas superficiales y un aumento de temperaturas en las aguas submarinas. Todo ello es la expresión de más deshielo y de un mayor desajuste de la circulación termohalina y todas las consecuencias que hemos visto, y se suma a que el pasado mes de febrero de este año (2023) ya se registró la menor proporción de hielo antártico, llegando a un 34% menos de la media habitual, y a que en la Antártida ya se registran olas de calor con temperaturas que superan los 18ºC.

Algunos científicos han considerado positivo que los efectos del deshielo y el calentamiento en el Atlántico Norte no sean tan directamente impactantes sobre la circulación termohalina, pero tal como señala Stefan Rahmstorf, oceanógrafo y jefe de análisis del sistema terrestre en el Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático en Alemania: “Tal optimismo está mal fundado. Incluso si las emisiones futuras no aumentan tanto como se predijo, es "irrelevante" para el destino a corto plazo del transportador oceánico”. Rahmstorf deja claro que todo el perjuicio del debilitamiento o colapso de la formación de aguas profundas ya no es evitable y esto será un potenciador de un mayor debilitamiento de la corriente termohalina, y también declara: “El escenario que sigamos solo comenzará a marcar una gran diferencia más allá de la década de 2040”, todo ello si realmente se implementan políticas agresivas y contundentes para detener el calentamiento global y todo el deterioro de la biosfera.

La Tierra no cesa de demostrarnos que es un cuerpo planetario único, interconectado, con sistemas y ciclos que todavía no comprendemos y que van más allá de nuestra entendimiento del espacio y del tiempo, con ajustes que son fundamentales para la necesaria salud de la biosfera, mostrándonos las características del Efecto Mariposa y que respetando cada hábitat, cada pequeña parte de este planeta bellísimo, estamos respetando a toda la globalidad. Este efecto global de cada área, de cada ciclo, de cada corriente oceánica, atmosférica, etc., lo encontramos en estas palabras de la oceanóloga Nancy Liliana Villegas, profesora de la Facultad de Ciencias de la UNAL (Universidad Nacional de Colombia): “Lo que ocurre en el Pacífico y Caribe colombiano tiene un impacto en la Antártica y viceversa: los sistemas de agua están directamente relacionados, y el aumento de la temperatura en esos lugares que parecen lejanos está más cerca de lo que parece”.




Fuentes:

Imágenes:
1- Plataforma de hielo: De W. Bulach - imagen propia, CC BY-SA 4.0,, vía Wikimedia Commons
2- Cinta transportadora: De Avsa, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons
3- Glaciar Thwaites: De NASA Earth Observatory. Imagen de Lauren Dauphin. Dominio público, vía Wikimedia Commons
 

martes, 2 de mayo de 2023

EL PUNTO NEMO

Redactado y publicado por David Arbizu


En el océano Pacífico hay un lugar llamado “Punto Nemo” o “polo de inaccesibilidad”. De todos los océanos del planeta, esta zona concreta del Pacífico es la que está más alejada de cualquier tierra firme, de cualquier línea de costa. Se encuentra en el sur del océano, aproximadamente a 2.688 kilómetros de la isla Maher (Antártida) y prácticamente también a la misma distancia de varias islas pequeñas como la isla Chatham (Nueva Zelanda), la isla Ducie (Polinesia) y el archipiélago Campana (Chile).


El ingeniero croata-canadiense Hrvoje Lukatela descubrió este lugar en 1992 mediante un programa de geolocalización y en primer lugar lo nombró “Polo oceánico de inaccesibilidad”, pero con el tiempo ese nombre y descripción han quedado sustituidos por el de “Punto Nemo”, haciendo referencia al capitán Nemo de la novela “Veinte mil leguas de viaje submarino” de Julio Verne.

A nivel biológico, esta es la región menos activa de todos los océanos de la Tierra, es un espacio que casi no contiene vida debido a que se encuentra dentro de la corriente “Giro del Pacífico Sur”, una corriente circular que bloquea la entrada de aguas ricas en nutrientes que puedan llegar de otras regiones. Además, el Punto Nemo se encuentra en una de las zonas más internas de esta corriente, zonas que están tan lejos de cualquier línea de costa que las corrientes de aire que llegan no transportan partículas orgánicas desde la tierra, de manera que las aguas superficiales del Punto Nemo puede que sean de las más cristalinas del mundo pero también de las que menos vida contienen, de las que menos nutrientes reciben para poder sostener vida en ellas, por eso a estas zonas se las llama “desiertos marinos”.

Antes del descubrimiento del ingeniero Hrvoje Lukatela, las agencias espaciales ya conocían todas estas características naturales de esta región, que algunos astronautas denominan “Zona Deshabitada del Pacífico Sur”. Por desgracia, tal como sucede habitualmente cuando hablamos de la actividad humana, se decidió aprovechar esa singularidad para utilizar el Punto Nemo y la zona circundante como cementerio de naves espaciales, encontrando así la solución para deshacerse de naves espaciales que por su gran tamaño no se queman al reentrar en la atmósfera terrestre y que pueden ser controladas y dirigidas para que se estrellen en esa área concreta. Así que, desde 1971, especialmente las agencias espaciales de Rusia, Europa, China y Japón empezaron a dirigir hacia esa zona objetos espaciales, fragmentos de satélites e incluso de la Estación Espacial Mir, y se calcula que hasta el año 2016 ya se acumulaban en ese fondo oceánico más de 263 naves espaciales o fragmentos.

La justificación para que la zona del Punto Nemo sea un basurero de desechos espaciales es que no se considera que esté amenazando el ecosistema ni la vida que pueda contener, que en este caso, por poca que sea, está mayormente en las profundidades. Pero sabemos perfectamente que cualquier objeto, como por ejemplo el resto de un naufragio, o incluso las columnas o pilotes de las plataformas petroleras, provocan que se cree una colonización al ser aprovechadas por muchas formas de vida. Así que una vez más se está impulsando artificialmente un desequilibrio de hábitats y ecosistemas sin tener conciencia de lo que ello pueda generar a medio o largo plazo. Y esto es así porque sigue sin tenerse la visión y perspectiva del planeta como un sistema complejo y completo, donde todo está interconectado y donde el ser humano tendría que ser más consciente de lo que significa el Efecto Mariposa.

Junto a las repercusiones que pueda tener haber creado ese cementerio de naves y restos espaciales, también desde el año 2013 se confirmó la existencia de un gran parche o isla de basura en la zona del Giro del Pacífico Sur. Esta isla de basura está formada por plásticos, sedales y fragmentos provenientes de barcos y de la costa, y en este caso los científicos sí que afirman que esto crea desequilibrios en el sistema favoreciendo el movimiento de especies, colonizaciones y desajustes que facilitan que unas especies prosperen y otras no, además de la llegada de especies invasoras y de todas las enfermedades fruto de la contaminación causada por los plásticos y otros materiales nocivos.

Así que la actividad humana ha utilizado e invadido el Punto Nemo por sus características y condiciones, y está justamente destruyendo esas características y condiciones. Esperemos que crezca la conciencia y comprensión de la importancia de los lugares que todavía se mantienen poco alterados gracias a la poca presencia del ser humano, que se entienda la importancia de que haya puntos prístinos, puros, sean cuales sean sus características, sea cual sea el provecho y beneficios que podrían aportar humana y egoístamente hablando, porque hay que mantener puntos de referencia, de posibilidades de algo que muestre el ejemplo de que todo se puede recuperar dentro de todo el desequilibrio que en muchos niveles y aspectos estamos experimentando en todo el planeta.



Fuentes:  

Imagen: Wikimedia Commons. Autor: Timwi. Imagen de dominio público. Polo oceánico de inaccesibilidad.

martes, 21 de marzo de 2023

CAMBIO CLIMÁTICO Y CALENTAMIENTO GLOBAL: DOS CONCEPTOS VINCULADOS PERO DISTINTOS

Redactado y publicado por David Arbizu


En su artículo 1, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) define el cambio climático como “cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera global y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables”. Otra definición de cambio climático relevante es la que aparece en el Glosario del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático): “El cambio climático hace referencia a una variación del estado del clima identificable (p. ej., mediante pruebas estadísticas) en las variaciones del valor medio o en la variabilidad de sus propiedades, que persiste durante períodos prolongados, generalmente décadas o períodos más largos”. Existe una diferencia notable entre estas dos definiciones, ya que desde Naciones Unidas el cambio climático se atribuye y vincula con las actividades humanas y se hace referencia a “variabilidad natural del clima” como el cambio debido a procesos y reajustes que se considerarían naturales dentro del funcionamiento y evolución de la biosfera planetaria. Por otro lado, desde el IPCC se contempla que el cambio climático puede ser impulsado y sostenido tanto por cualquier tipo de proceso natural como por cualquier actividad antropogénica.

En todo caso, desde ambas definiciones queda claro que no es lo mismo cambio climático que calentamiento global, y se podría decir que el calentamiento global es un resultado posible de un cambio climático. En la actualidad, se utiliza el término calentamiento global para señalar el aumento sostenido de la temperatura media global en superficie, y se expresa con valores que se relacionan con los niveles preindustriales, anteriores a lo que llamamos Revolución Industrial. Donde sí que encontramos una similitud, tanto si se habla de cambio climático como de calentamiento global, es que se están usando valores planetarios, no locales o regionales, y que es desde esa perspectiva global como se deben analizar las variaciones de patrones, ciclos y sistemas que nos muestran que nuestro planeta está pasando por una travesía climática complicada que a priori nos conduce, en general, hacia una existencia con temperaturas más elevadas y trastornos severos en forma de déficits hidrológicos que conllevan una grave situación de sequía general.


A pesar de que el cambio climático puede ser impulsado por motivos, procesos y reajustes naturales, actualmente no hay ninguna duda de que el desequilibrio climático sostenido que estamos experimentando se debe a las consecuencias de las actividades humanas y al aumento constante y progresivo de las emisiones de gases de efecto invernadero junto con todo el envenenamiento generado por toda la toxicidad vertida, sea cual sea su fuente, en la superficie terrestre, en los océanos y vías fluviales y en la atmósfera. Obviamente, aquí podríamos empezar a añadir otras causas relacionadas directamente y tan graves como la deforestación, la captura y mortandad de todo tipo de especies de animales y plantas, las presas y todo tipo de obstáculos artificiales que cortan el flujo vital de ríos, de meridianos energéticos, etc. De algún modo sería más adecuado hablar de “crisis climática global”, porque los trastornos de los patrones y ciclos relacionados con el clima están provocando una crisis que impacta a todos los seres vivos del planeta y que llega a todas sus áreas, por muy alejadas que puedan estar de zonas urbanizadas y/o afectadas por la presencia del ser humano.

De momento no hay duda de que afrontamos un calentamiento global y que ese aumento de las temperaturas provoca que se desarrollen eventos climáticos extremos cada vez con mayor continuidad y virulencia. Se podría decir que este gran trastorno climático global, esta crisis planetaria provocada por el ser humano, es lo que realmente definiría la época que llamamos Antropoceno. El término que utiliza la climatóloga Katharine Hayhoe para hablar de esta situación planetaria es “rareza global”, y hace referencia a ese desequilibrio que va más allá de lo que podría provocar un cambio climático fundamentado en procesos naturales, “biosféricos”, siendo en realidad un cambio que demuestra cómo la actividad humana ha sido el detonante para el final del período conocido como Holoceno, donde la estabilidad climática planetaria permitió el desarrollo y expansión del ser humano por todo el planeta, para dar paso al Antropoceno. Pero el problema está en que la sociedad humana se ha construido bajo las condiciones favorables del Holoceno y de momento no puede y/o no quiere gestionar las consecuencias del Antropoceno para poder alcanzar de nuevo una estabilidad climática vital para la propia supervivencia y para detener la sexta extinción masiva.


Algo que transmite sin lugar a dudas la crisis climática es que se debe alcanzar esa perspectiva global, y esto es algo de lo que ya son conscientes gran parte de los expertos y científicos. Desde los patrones climáticos hasta los efectos de las temperaturas, la humedad o la sequía y, determinantemente, el final e inicio de las estaciones del año, todo tiene un efecto directo sobre la biosfera, sobre las pautas que establecen las condiciones adecuadas para la vida de todas las especies, porque todo está conectado. Haciendo una comparación con la estabilidad climática del Holoceno, los patrones y sistemas que dan forma a nuestra biosfera son el resultado de siglos o milenios de evolución, y ese resultado implica que todo proceso de vida, todo proceso ecológico, sigue un patrón marcado por una temporalidad, por un reloj perfeccionado para encajar, conectar y cocrear lo que llamamos biosfera, biodiversidad a nivel planetario.

Así que si se avanza la primavera o el verano y si se retrasa el otoño o el invierno, o viceversa, los cambios sobre ese reloj fundamental e imprescindible para sostener la vida tal como la conocemos, dentro de los parámetros y armonía que muestran la belleza y la gran diversidad de formas de vida que habitan la Tierra, provocan lo que llamamos desajustes fenológicos, y si se agrava el desequilibrio estacional empieza una verdadera remodelación de la vida que va afectando a todas las especies y, retroactivamente, afecta también a los patrones climáticos y a las pautas temporales básicas necesarias para el equilibrio y buen estado de salud de nuestra biosfera.

Cada vez hay más estudios sobre el comportamiento de especies relacionado con el cambio climático, donde los expertos observan cómo cambian, avanzan o retroceden, los períodos de floración, de puesta de huevos, de nacimientos, de migraciones, y a pesar de que en ocasiones solo se estudie una especie en concreto, se observa con contundente claridad cómo todo está vinculado, cómo el comportamiento y pautas de una especie afectan a otras y a la salud de un ecosistema llegando a tener un efecto global. Por ejemplo, en más de la mitad del planeta ya ha cambiado el momento en que aparecen y caen las hojas de muchos árboles y plantas. También se ha observado que muchos peces desovan antes, que algunas aves avanzan sus migraciones y que hay reptiles que retrasan la llegada a sus lugares de reproducción.

El desajuste también se produce porque cada especie responde de una forma distinta. Entonces puede parecer que el cambio climático actual puede favorecer a algunas especies y perjudicar a otras, pero con el tiempo todo dirige a situaciones de estrés y de dificultades para sobrevivir. También está habiendo especies que todavía no se han visto afectadas por los desajustes climáticos, pero sí que va cambiando sin cesar el ecosistema en el que viven y finalmente van a ser afectadas. Este todavía es el caso de muchos seres humanos cuya forma de vida no ha sufrido cambios incómodos o difíciles, pero que en general sí que están viendo cómo aumentan las catástrofes y alcanzan cada vez más zonas del planeta, preguntándose si su lugar de residencia va a permanecer libre de inundaciones, graves sequías, huracanes o temperaturas extremas. Tal como señala David Inouye, profesor emérito de la Universidad de Maryland e investigador líder en fenología: “Ninguna especie vive aislada”, así que si el ser humano no implementa verdaderas acciones para detener el cambio climático que ha provocado, las consecuencias van a ser cada vez más globales y van a llegar a todos los seres vivos.


La crisis climática también tiene efectos directos sobre los sistemas económicos sobre los que se asienta la sociedad humana. Está claro que cualquier evento climático extremo tiene un coste económico elevado, pero también los desajustes fenológicos y la falta de biodiversidad ya están afectando sistemas de producción de alimentos e incluso cadenas de suministros, algo que podría conducir a una grave crisis económica global. Actualmente se tienen en cuenta todos estos factores para determinar la viabilidad económica de un proyecto empresarial, y esto es algo que también tiene consecuencias globales e incluso medioambientales, porque en los momentos actuales cualquier acción que impulse el cambio climático, por pequeña que sea, puede provocar una aceleración de la crisis y de las situaciones adversas y desequilibrantes.

Relacionado con todo esto, el 20 de marzo de 2023, poco antes de publicar este artículo, salía a la luz el informe de síntesis de la sexta evaluación sobre el cambio climático. En este informe, los científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC) muestran un panorama negativo y complicado, aunque señalan que “existen múltiples opciones factibles y efectivas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarse al cambio climático causado por el hombre”. Estos científicos declaran que estas opciones están disponibles y pueden implementarse, pero por desgracia cuesta pensar que eso se vaya a hacer teniendo en cuenta los pocos y muchas veces nulos resultados de todas las reuniones de la Conferencia de las Partes (COP) celebradas, donde ni tan siquiera se están obteniendo resultados para poder cumplir el Acuerdo de París, que entró en vigor en el año 2016 estableciendo medidas para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero que no se han cumplido. Sería importante que las personas que participan en estas reuniones tuvieran muy presente el lema que marca la página Web de las Naciones Unidas en su apartado sobre el cambio climático, un lema hermoso que seguro que la mayoría queremos sentir y experimentar en nuestro amado planeta: “Paz, dignidad e igualdad en un planeta sano”. 





Fuentes:

Imágenes:
1ª imagen - planeta Tierra-sequía: Imagen de Enrique (ELG21) en Pixabay
2ª imagen - termómetro: Imagen de Gerd Altmann en Pixabay
3ª imagen – contaminación industrial: Imagen de Peggychoucair en Pixabay

martes, 27 de diciembre de 2022

DESHIELO Y ACIDIFICACIÓN DEL OCÉANO ÁRTICO

Redactado y publicado por David Arbizu


Estamos siendo testigos de notables cambios y desequilibrios en los patrones climáticos que durante muchos años han contribuido a la formación de una biosfera con unas condiciones muy favorables para el sostenimiento y prosperidad de la maravillosa biodiversidad de nuestro planeta. De hecho, el equilibrio climático ha sido uno de los fundamentos del Holoceno, el período posglacial que empezó hace más de 11.700 años y que ahora ha dado paso a lo que denominamos Antropoceno, el período donde la actividad humana está siendo determinante para generar cambios en la biosfera y los patrones y sistemas del planeta, así como sobre todas sus formas de vida. Estos cambios han conducido a la actual crisis planetaria, a la ya científicamente reconocida “sexta extinción masiva” y a una situación donde el clima y otros eventos nos muestran que también nuestra supervivencia está en peligro.

Una de las zonas más estudiadas del planeta es el Ártico, tanto por su importancia sobre los patrones y la estabilidad climática planetaria como por otros efectos determinantes como son el aumento del nivel del mar y las implicaciones sobre la cadena alimentaria. Aparte de todos los estudios y mediciones relacionadas con el deshielo, un tema cada vez más preocupante es el aumento de las temperaturas de la atmósfera, especialmente porque ya hace años que toda la región muestra un calentamiento mucho más rápido que el promedio mundial. Desde que empezaron las mediciones en 1900, los últimos siete años han sido los más cálidos del Ártico, algo que indica el drástico cambio que está habiendo y que conlleva muchos más desequilibrios y trastornos que afectan tanto a la propia región como a todo el planeta y sus formas de vida.


El pasado mes de octubre se publicó un estudio que demostraba el drástico aumento de las temperaturas, y especialmente el gran incremento de la acidez del agua del Océano Ártico. El estudio está elaborado por un equipo internacional de científicos y dirigido desde la Universidad de Delaware (E.E. U.U.), y se basa en mediciones realizadas entre 1996 y 2020 que indican que desde las primeras mediciones el Océano Ártico se ha vuelto un 50% más ácido y que la tasa de acidificación ha sido de 3 a 4 veces más rápida que en otros océanos. La principal causa de la acidificación es la gran cantidad de dióxido de carbono que hay en la atmósfera debido a las emisiones provocadas por las actividades del ser humano. En condiciones normales, el hielo marino dificulta la absorción del dióxido de carbono, pero el deshielo y las capas cada vez más delgadas de hielo, junto con el aumento de la temperatura del agua, favorecen la absorción y que cambie la química del agua volviéndose más ácida. Además, el calor y el deshielo favorecen que desde los otros océanos que conectan con el Ártico, especialmente desde el Océano Pacífico, estén entrando corrientes ricas en nutrientes y que, sobre todo en verano, las aguas libres de hielo se llenen de fitoplancton, que mediante la fotosíntesis absorbe mucho dióxido de carbono. Entonces, esa agua muy cargada de dióxido de carbono fluye por debajo de las capas de hielo y provoca y extiende la acidificación.

Uno de los principales efectos de la acidez del agua es el descenso de aragonito, que es un mineral imprescindible para que moluscos, diatomeas y corales puedan construir sus caparazones. Algunos de estos organismos son esenciales como fuente de alimento de muchas especies de peces, y su disminución altera notablemente la red alimentaria del Ártico y también del planeta, ya que afecta a especies como el salmón y el arenque del Ártico, de los cuales dependen otros depredadores, y también afecta a ballenas y otros animales que emigran hacia el norte en busca de alimento.

Otro estudio sobre el Ártico muy importante es el Arctic Report Card, que este año se publicó el pasado 13 de diciembre. Este informe anual es el decimoséptimo de una serie que comenzó en el año 2006, y en el de este año han contribuido casi 150 científicos de 11 países. La principal evaluación que todos los científicos han querido transmitir es la enorme urgencia de reducir los gases de efecto invernadero, pero el informe también aborda más temas y situaciones alarmantes que están sucediendo y que, junto a la acidificación, están interrelacionados. Estos son algunos de los eventos y condiciones problemáticos reflejados en el informe:
- Temperaturas elevadas y deshielo: El aumento de las temperaturas afecta a los patrones climáticos del Ártico, a todas las formas de vida y acelera el deshielo. Todo desajuste en el Ártico acaba afectando a todo el planeta, tal como se observa cuando se rompe el vórtice polar y descienden terribles tormentas polares hacia el sur, o cuando el jet stream está debilitado facilitando que llegue más calor al Ártico y se formen olas de calor sobre otros continentes. Además, el deshielo tiene un efecto directo sobre el aumento del nivel del mar a nivel global.

- Lluvia: Ya hace muchos años que están aumentando las precipitaciones en forma de lluvia en todo el Ártico, en parte debido a que la falta de hielo marino deja al descubierto más agua que se va evaporando, todo ello impulsado por el aumento de las temperaturas y también de la humedad. La lluvia acelera el derretimiento del permafrost, dejando amplias zonas con suelos frágiles y empapados de agua. Todo ello dificulta la supervivencia de muchos animales y plantas, aunque algunos salen beneficiados. Por ejemplo, en muchas zonas del sur del Ártico está habiendo una expansión de plantas, arbustos y árboles que cubren áreas de tundra, y esto ha beneficiado a algunos animales en algunas zonas, como los renos de Svalbard, cuyas poblaciones han aumentado, pero cuando la lluvia es más frecuente se congela al caer sobre la capa de nieve de la superficie. Esa capa de agua congelada dificulta que los animales, como los caribúes y también los renos, puedan cavar en busca de alimento y es el principal motivo de la disminución de sus poblaciones en áreas árticas de Rusia, Canadá y Alaska.

- Sequía: Frente al aumento de las precipitaciones, también hay zonas, sobre todo en Alaska, donde se han registrado condiciones de grave sequía, y es un patrón que se prevé que también se siga manifestando en el futuro.

- Incendios: El “reverdecimiento” que está habiendo en algunas zonas, con la expansión de plantas y árboles, también ha conducido a un aumento de los incendios forestales. La expansión de la vegetación se combina con el incremento de tormentas, y por lo tanto de rayos, favoreciendo la ignición de incendios.


- Tráfico marítimo: La pérdida de hielo marino implica que cada vez haya más tráfico de buques por muchas zonas del Ártico, con todo lo que significa a nivel de contaminación y alteraciones de zonas prístinas, de ecosistemas y hábitats frágiles frente a este tipo de incursiones agresivas. Se prevé que en el año 2035 puedan quedar libres de hielo las rutas marítimas del Ártico.

- Explotaciones y actividades humanas peligrosas: El ser humano no cesa de realizar actividades que conllevan grandes peligros de contaminación y destrucción de ecosistemas, así como la alteración de ciclos naturales que son imprescindibles para el equilibrio del planeta y de su biosfera. Un ejemplo reciente es que la empresa rusa Gazprom va a construir un nuevo campo de extracción de gas en el Ártico, y además tiene planes para construir más campos. Esto sucede mientras las exportaciones de gas ruso han disminuido debido a la guerra con Ucrania y las sanciones de la Unión Europea, pero los planes siguen en marcha e incluso van a suponer la construcción de gaseoductos hacia China para buscar nuevos mercados. De hecho, el Ártico ya se considera muy contaminado por residuos radiactivos y otros contaminantes mortales, y cualquier actividad que luego no es rentable representa el abandono de instalaciones que contienen productos muy tóxicos y se dejan abandonadas sin control alguno.

- Supervivencia de animales: Todas las situaciones y factores enumerados hasta ahora afectan la supervivencia de los animales, ya sean terrestres o marinos. El deterioro de la calidad del agua, tanto por la acidificación como por el calentamiento, la contaminación de todo tipo, desde cualquier polución hasta las contaminaciones acústicas y lumínicas, provoca la disminución de las poblaciones de muchas especies e incluso el avance hacia su extinción. Tal como he presentado al inicio de este artículo, la acidificación afecta a muchos animales pequeños que son la base de la nutrición de muchos peces y mamíferos marinos, y estos a su vez están en la red alimentaria de la cual dependen y forman parte muchos otros animales terrestres y aves. Hay zonas donde se está detectando una gran mortandad de aves marinas como pardelas y frailecillos por falta de alimentos. También ya he comentado la disminución de poblaciones de renos y caribúes en algunas zonas. Otro claro ejemplo es la disminución de poblaciones de osos polares por la dificultad de encontrar alimentos en zonas que ya no están congeladas como antes y donde el deterioro de los hábitats ha provocado que sus presas habituales se hayan tenido que desplazar o que sus poblaciones hayan mermado.Algunas especies se han beneficiado de estos desajustes. Por ejemplo, algunas especies de gansos se han ajustado a estos cambios, anidando antes gracias a la calidez de la primavera y al rápido deshielo. También se ha comprobado que los renos de algunas regiones de Svalbard han modificado su dieta al pasar de comer musgos cada vez más difíciles de encontrar a plantas parecidas a las gramíneas que ahora se han extendido y que les aportan suficientes nutrientes.

Todas estas condiciones adversas, en las que siempre vamos a encontrar la influencia directa del ser humano, dirigen al Ártico hacia un desequilibrio que va a afectar a todo el planeta. Al escribir este artículo, apenas hace una semana que finalizó la COP 15 en Canadá, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica. En esta cumbre se reunieron 188 gobiernos y el último día se adoptó el “Marco mundial Kunming-Montreal de la diversidad biológica”, con el objetivo de abordar la pérdida de biodiversidad, restaurar los ecosistemas y proteger los derechos de los Pueblos Indígenas. Esto incluye que para el año 2030 se haya implementado la protección del 30% del planeta y el 30% de los ecosistemas degradados, y otros objetivos enfocados en reducir el ritmo la extinción masiva para el 2050. Por desgracia, los informes y declaraciones de los científicos no dan estos márgenes de tiempo y alertan de que se están sobrepasando puntos de inflexión que pueden suponer riesgos muy graves para la supervivencia y el sostenimiento de las condiciones de la biosfera. Esperemos que no sea necesario un mayor desequilibrio de los patrones climáticos y de la salud de nuestro planeta para que se empiece a actuar de verdad dejando de lado todos los intereses económicos y políticos que hasta ahora han permitido que vayan pasando los años sin realizar ninguna acción notable y efectiva, y que el 2023 sea un año en el que los gobernantes y toda la humanidad alcancen un mayor grado de conciencia en su relación con el planeta y su biosfera, comprendiendo que está en juego la supervivencia de todo ser vivo, que todos estamos interrelacionados y somos imprescindibles para sostener la vida tan plena y diversa de este maravilloso planeta. 




Fuentes:

Imágenes:
Imagen del Ártico de David Mark en Pixabay
Imagen del barco rompehielos de B-A Brewitz en Pixabay